jueves, 31 de enero de 2008

Jueves lardero

Tal día como hoy, en mi niñez íbamos de casa en casa a pedir los huevos o chorizos y pan que luego juntaríamos todos en una merienda bulliciosa.
En mi pueblo no celebrábamos el carnaval con disfraces y demás alharacas, pero este día sí. Hoy os lo dejo aquí y hago un poquito de historia que nos ilustra de su origen.
Felicidades a quienes, como yo, guardáis este recuerdo de la infancia.

En la sociedad occidental que ya no se plantea cómo se las compondrá para matar el hambre, sino qué tiene que hacer para darle al paladar y al estómago
todos los gustos, pero sin engordar por ello, cuesta entender lo afanosos que anduvieron nuestros antepasados tras la comida, y la importancia que tuvo
ésta para ellos.
Hemos olvidado ya que cuando hablamos de Cuaresma (palabra de cuyo significado son cada vez menos los que pueden dar cuenta), nos referimos a una institución
que tenía que ver con el comer, más concretamente con el no comer, haciendo virtud de una necesidad, y sobre todo haciéndosela padecer a los que vivían
en la abundancia, e igualándolos de ese modo con los pobres.
La propia celebración del Carnaval, fuese cual fuese el origen remoto de la palabra y de la fiesta, se convirtió en la fiesta de despedida de la carne.
De ahí que se procurase gozar de ella todo lo posible en esos días; no sólo porque iban a seguir 40 días en los que la religión les iba a prohibir catar
la carne, sino también para desquitarse de los largos ayunos de carne que la pobreza les imponía durante todo el año. Los términos carnestolendas (carnes
que han de ser quitadas) y carnestoltas (carnes que han sido quitadas) nos hablan bien a las claras de cómo ha sido entendido el Carnaval por nuestra cultura.
Y bien, entrando en la materia prima de la fiesta, que era la carne, se instituyó en la versión de extensión media del Carnaval (la de una semana), el
Jueves Lardero, inventado ni más ni menos que para iniciar solemnemente la tanda de días en que había que aprovechar para hartarse de carne, a fin de no
echarla en falta durante la inminente Cuaresma.
Lardero es un adjetivo procedente del antiguo lardo, que es el tocino o gordo (que así se llama también el sebo o manteca del animal), es decir, la grasa.
No perdamos de vista que al fin y al cabo se refiere a la parte menos valiosa del animal, con la que sin embargo nuestras abuelas eran capaces de hacer
auténticas maravillas culinarias. Procede del latín lardum o lardium, palabra con la que los romanos denominaban el tocino y la manteca de cerdo. Ahora
bien, el significado usual de tocino es el de carne gorda (con grasa) del cerdo; carne en fin de cuentas, con lo que vino a ser sinónimo de carne de cerdo.
Y esto era lo que en especial caracterizaba al Jueves Lardero, el abundante consumo de esta carne o de sus productos secundarios. Fue típica de este día,
por ejemplo, la tortilla de chicharrones, que la comían en el campo, sobre todo los niños que iban a la escuela, para los que éste era un día de gran fiesta,
en el que además empezaban a lucir sus disfraces. Pero éste no es más que el último reducto de una fiesta que tuvo mejores tiempos. En sus momentos de
esplendor, se veían por las calles y en especial por los mercados, e iban de casa en casa, las primeras comparsas del Carnaval, pidiendo carne o lo que
buenamente pudieran dar, para celebrar esta comida. Ésta llegó a arraigarse e institucionalizarse de tal modo que en muchos lugares era costumbre que en
este día el dueño de la fábrica o del taller les pagase a los trabajadores una comida a base de cerdo. En torno a ella se celebraban los primeros combates
entre carniceros y pescateros y los primeros bailes y rúas de Carnaval.

4 comentarios:

Lua dijo...

Hola Alberto muchas gracias por tus palabras y ya me leere tu blog porque creo que merece la pena .Besitos

Anónimo dijo...

Hola Alberto, al leer tu relato he recordado cosas de mi niñez. Yo también celebraba en mi pueblo los carnavales, nos disfrazábamos y tocábamos en la puerta de las casas de mi pequeño pueblo y unas mujeres nos daban huevos, otras patatas, chorizo de la matanza, (que rico), morcillas, galletas etc..., y después del recorrido por todas las calles y haber llamado a todas las puertas nos recogíamos en una cochera que nos dejaba algún padre, tío o quien fuese y preparábamos una merendola; hacíamos tortilla de patata, imagínate freír patatas en una carretilla con brasas, (te digo que tendríamos no más de 12 años, ahora tengo 36), aquellas patatas no terminaban de freír pero gozábamos haciéndolo y posteriormente comiendo todo lo que nos habíamos preparado; luego preparábamos un baile pero no con estos aparatos de ahora sino con esos radiocasetes y cintas, ¡que bien no lo pasábamos!, en mi pueblo ya no hacen esto también porque casi no quedan niños. Yo esta semana cada día he tenido que hacerle una cosa a mi chico de 2 añicos, pintarle la cara, llevarle longaniza a la guarde y hoy disfraces, me gusta que disfrute con estas cosas.
Yo

Me gustan tus relatos, les pones mucho empeño ya cariño.

Saludos.

Alberto dijo...

Gracias a vosotros que habéis dejado vuestra huella en este pasaje de mi niñez y de la Historia.
La única forma de enriquecerme es mediante vuestro apoyo y aliento.
Os espero.
Que el tiempo que me dedicáis merezca la pena.

Anónimo dijo...

Hola Alberto. Gracias por tus reflexiones, a la vez íntimas e históricas. Yo no tengo esas vivencias y me gusta conocerlas en directo. Fuí una niña de capital y de familia sencilla. En mi entorno no se conocía ni se hacía nada de lo que tú cuentas. Claro que se conocen muchas cosas de los carnavales, pero siempre desde fuera, no desde dentro y para compartir algo con los demás. Un abrazo CAS.

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