lunes, 13 de marzo de 2017

La leyenda del Castillo inexpugnable

La leyenda del castillo inexpugnable  Nadie podrá asaltar el castillo. Sólo él lo sabe. Su fortaleza es inexpugnable: el foso hondo, el rastrillo puntiagudo, las almenas pertrechadas de arqueros. Desde lejos vendrán las huestes enemigas a galope tendido, pero de nada les valdrá. Fortaleza recia de recias piedras, sólida en sus muros, misteriosa en su interior, hogar de gigantes. Castillo legendario en la frontera de la morisma, campo de simpares justas de nobles caballeros. Sí, sólo él sabe que siempre será inexpugnable su castillo. Lo será, mientras las piezas del lego encajen y su mamá no le ordene que las vuelva a recoger en su caja de juguetes. Y volverá otro día en que la leyenda del castillo inexpugnable vuelva a levantarse mientras sus padres y su hermana, la pesada, ven la tele otra tarde de sábado.

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domingo, 19 de febrero de 2017

El valor de obedecer



Después de tiempo sin hacerlo le dedico esta historia a Pilar, aquella niña que conocí en Silos un lejano mes de septiembre. Espero le guste, lo mismo que a ti.
Un abrazo.

El valor de obedecer

El tiempo de la temporada de esquí se acaba. La primavera ya anuncia su esplendor. La oscuridad del invierno y la falta de colorido dejarán pronto paso al vigor y la efervescencia de la nueva vida de flores y árboles.
Vanesa y Raquel, sin embargo, no quieren que eso suceda. Quieren prolongar sus paseos en trineo por la montaña. Es tan bonito deslizarse por la alfombra blanca de la sierra que poco les importa el abanico de colores que traerá la nueva estación.
Vanesa y Raquel son dos niñas, unidas por la amistad de verdad. No sólo es que jueguen juntas, es que sueñan y ríen juntas.
Se conocieron hace un par de años cuando Vanesa y sus papás llegaron a la urbanización para ocupar una de las viviendas adaptadas al acceso de sillas de ruedas, con sus rampas y sus puertas adecuadas.
Raquel la vio enseguida. Vio cómo Vanesa empujaba su silla un poco torpe, cómo su mamá la ayudaba a subir la entrada y cómo le enseñaba los alrededores.
Puede que a Raquel debiera haberle importado que su nueva vecina no pudiera saltar la comba o correr en pos de los pajarillos de rama en rama, pero el caso es que le cayó bien desde el principio.
Así que, niñas mediante, las respectivas familias, amén de la de vecindad, habían entablado una estrecha relación de amistad.
Los papás de la una y de la otra se sentían bien entre sí y eran felices al contemplar lo bueno que era semejante amistad para las dos. Su grado de complicidad y unión había alcanzado lo milagroso.
Lo de pasear en trineo había resultado sensacional. Casi volaban conducidas por los perros y en semejante vehículo Vanesa se sentía libre, al fin.
La montaña queda muy cerca de la urbanización por lo que es fácil eso de montarse en trineo. Sólo es cuestión de acercarse al funicular que conduce a la estación de trineos y aguardar turno.
-Papi, ¿nos dejas que vayamos en trineo esta tarde?
-No, Raquel. Ya apenas queda nieve y no es seguro el hacerlo. Ya lo haréis al año que viene otra vez.
-Joooo, papi… si aún hay nieve.
-Pero no la suficiente para que Vanesa no corra peligro. Sabes que ella necesita unas condiciones especiales.
-Buuuueno, papito. Iremos, entonces, a merendar al salón de futbolines.
Así queda conforme establecido, pero las niñas no piensan renunciar a su deseo. Piensan que no pasará nada. Total, otros suben también.
El señor Hans, el dueño de los trineos no está muy convencido de dejarlas subir, pero al fin cede a sus miradas tristes. Confía en sus buenos Sultán y Dogo para que todo acabe bien.
-Como me metáis en un lío… os acordaréis de mí.
-Que no, señor Hans. Iremos con cuidado.
Al principio así hacen. Pero pronto se olvidan del peligro y azuzan a los perros para que cojan velocidad. Es tan guay sentir el aire en la cara y deslizarse por la ladera que resulta imposible hacer caso de la prudencia.
Crrronc crash croc.
-Ooooh, Raquel, qué daño. Me duele todo. ¿Qué haremos ahora?
Los perros se han soltado de las bridas pero su instinto les dicta lo que han de hacer.
-¿Tienes frío? ¿Te duele mucho? Seguro que vendrán a por nosotras. No tengas miedo.
-Tengo miedo y me duele mucho.
Los papás de las niñas intuyen que algo no va bien. Deciden acercarse al salón de futbolines y, como imaginan, allí no están sus hijas.
-¡Niñas del demonio! ¿Por qué me fiaría de ellas?
-Anda, Juan. Deja el cabreo para luego y veamos qué ha pasado.
-Sí, Amparo. Pero es que les voy a dar una somanta de palos. Que esto no se hace. Mira que les advertí. ¿No crees, Rafa, que esto no puede consentirse?
-Claro que no, pero ya lo solucionaremos después. De momento veamos si fueron dónde imaginamos.
Cuando están a punto de encaminar sus pasos hacia el puesto de trineos, el móvil de Ana suena.
-Sí, vamos enseguida. ¿Es grave? Ya, lo entiendo.
-Vamos, cariño. ¿Qué ha pasado?
-Vanesa se ha roto la muñeca. Está en el hospital. Raquel tan solo tiene algunos moratones. Se ve que el trineo tropezó con una piedra que al haber poca nieve no pudieron salvarla los perros.
-Papiiiii… lo siento mucho. Sé que no estuvo bien. Por mi culpa Vanesa se ha roto la muñeca. Te juro que no volveré a desobedecerte nunca más. He aprendido la lección.
-Ay, hija. Debería darte una somanta de palos, pero creo que lo mal que te sientes por lo que le ha pasado a Vanesa por tu capricho, es más doloroso para ti. Anda, ven; dame un abrazo y no lo hagas más.
Algo más de un mes después, Vanesa puede recuperar la movilidad en su muñeca y volver a manejar su silla de ruedas. Han aprendido una lección muy dura pero que no se les olvidará nunca.

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domingo, 22 de enero de 2017

Muero

Muero

Muero cuando 
Tú, por otros, vives
Y a otros vas amando.

Muero si al viento
Le confiesas
Cuál es tu sentimiento.

Muero cada vez que te vas
Sabiendo que será otro 
Al que abrazarás.

Muero al saber
Que son las flores
Las que saben cuál es tu verdadero querer.

Muero si me señalas
El camino de tus labios
Pero pones la frontera
A la puerta de tus besos.

Muero por tu vida
Tan misteriosa,
Tan sugerente y atrevida.

Muero soñando
La exuberancia de tus pechos
Y el contoneo de tus caderas, caminando.

Muero por seguir
Las huellas de tus pies celestes
Y la estela de tu mirada al sonreír.

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viernes, 20 de enero de 2017

¿Y qué le voy a hacer…?

¿Y qué le voy a hacer…?  Sí, qué le voya hacer Si no soy un pájaro de celeste plumaje y pico bermejo Para cantarle a la aurora su amanecer Por mucho que sepa que ella es, de tu belleza, su espejo.  Sí, qué le voy a hacer Si no tengo una mágica alfombra Para, de tus deseos, hacer Un único viaje entre la luz y la sombra.  Sí, que le voy a hacer Si no sé luchar Con las armas del tener Para, tus besos, conquistar.  Sí, que le voy a hacer Si ni soy guapo ni fuerte, Si ni le gano la mano al poder Pero que tanto daría por, la más feliz, verte.  Que le voy a hacer. Nada soy. Tan solo soy Alguien que busca tu querer.

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martes, 17 de enero de 2017

Crónica de mi bautismo de ultraligero

Crónica de mi bautismo de ultraligero: el domingo, por los aires  Ya se sabe… “el viento es aire en movimiento” y darse un paseo celestial en ultraligero también es andar (entre comillas) por los aires. Pero más aún. Mi amigo Juanjo, compañero de la Fundación Alaine, Alaine vuelve a regalarme momentos únicos, me deparó una apasionante experiencia en eso de la aeronáutica, algo más que dar el paseo. Quedamos a temprana hora para dirigirnos al campo de vuelo Loring, en la zona del Molar, carretera nacional 1 donde tienen su sede un grupo de pilotos de este sistema de navegación. Se trataba, por un lado, de asistir a un taller, impartido por Alfredo, piloto veterano de línea y controlador aéreo, acerca de la seguridad y las comunicaciones y, por otro, disfrutar de la convivencia con una estupenda comida. El día, como decían, estaba “guarrete”, tanto como para que apenas si algún atrevido se le ocurriera aparecer, como es habitual, en su ultraligero. Luego me enteraría, al llegar a casa, del accidente mortal de avioneta en Casarrubios, otro campo de vuelo. En fin, que ya que estaba allí, Juanjo hizo lo posible, dentro de la debida precaución y normas que rigen la cosa, para que pudiera montarme en su Tecnam P-96 de fabricación italiana y 400 kgs de peso, de ala baja a última hora de la tarde, cuando el viento amaina pero con tiempo suficiente para que no se nos hiciera de noche, que no les está permitido volar sin luz diurna. La jornada fue genial. Aprender un poco de ese mundillo, reírme con anécdotas que contaban sobre aterrizajes forzosos y menos forzosos, términos propios como los vectores o flaps o compensadores. Y los distintos tipos o modelos, como el llamado Colchón doblado, el pendular, el de ala alta o baja. El de Juanjo es de ala baja, es decir, que para montarse ha de hacerse por encima del ala. Eso también tuvo su gracia: poner el pie en el estribo, auparme al ala y meterme en la cabina para sentarme con la distancia justa para llegar a los pedales y coger la palanca. Es que es de los que tienen doble mando. No estaba el tiempo para que yo lo manejara, pero todo se andará… Conocí a algunos de los que se autodenominan “aerotrastornados” jejejejje, su sencillez y calidez. Me acogieron como a uno más y, encima, me vine de regalo con un libro supercurioso, Aviones bizarros de Alejandro Polanco y José Manuel Gil, JM, que me lo dedicó y que ya he solicitado me lo adapten en la ONCE, un libro que recoge la historia e historias de los más curiosos artefactos para volar y la osadía de personajes como el Ícaro español, Diego Marín Aguilera. Total, que el día iba pasando. El viento no amainaba. Ya me veía sin bautismo de vuelo. Juanjo me enseñó su avión y otros que por allí había, dejándome tocar todos sus componentes y explicándome la estructura, desde el morro con la hélice, de dos o tres palas, hasta la cola, con su timón. Unos y otros fueron marchándose hasta quedar Fernando, y Juanjo, socios que llevan Loring y yo.Pero sí, sí que volé jejejje. Hubo primero que calentar el avión, durante 10 minutos y luego subir a él y colocarme, algo que tuvo su miga. Pero una vez bien sentado y asegurado con los cinturones, y los cascos para comunicarnos,  nos pusimos en marcha para despegar por la pista hasta elevarnos a 300 ms de altura y una velocidad de 240 kms, eso sí con aire de 60 kms por hora lo cual desaconsejaba hacer muchas florituras, pero fue genial. Pude percibir, con el culo, como ellos dicen, todas las sensaciones, unas más moviditas que otras, giros, subidas, bajadas, baches, la bravura del viento al acercarnos a la sierra de la Cabrera… En fin, que no pude por menos de acordarme de mi lamentable actuación en la montaña rusa de Copenhague y cómo esta vez sí disfruté pese  a lo movidito del garbeo. Incluso el aterrizaje fue estupendo. Claro que volar con un tío que lleva 25 años haciéndolo es toda una garantía de comodidad y seguridad. Me aguarda aún, de su mano, hacerme un selfie en el aire, ir más lejos y acariciar yo la palanca para comprobar cómo, otra vez más, esto de volar es  tan delicado como ha de tratarse a las mujeres jejejejje. Y no olvidaré tampoco a personajes que ese día conocí, de la talla de Laty, simpática marroquí que parece ser da los masajes como nadie y que quiso que le cogiera las manos; Paco, que pronunciar su nombre verdadero nadie hace, y que fue piloto en las fuerzas armadas iraquíes, un auténtico crac; o Pol, piloto de acrobacias polaco. Sin olvidar a JM que estuvo pendiente de mí para que no me faltara de nada y que nos dio clases magistrales de ingeniería aeronáutica. En fin, que si el sábado recibí un regalo de Reyes estupendo, el domingo no quedó a la zaga. Además, jejejje, sin novatadas, que para eso Juanjo es un tío cabal. Otra experiencia más, otra batallita más que contar y recordar. Qué cosas, que un cacharro que se mueve con la mano para girarlo sea capaz de llevarte por los aires, aunque sea en domingo.

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domingo, 8 de enero de 2017

Busco

Busco

Busco en el mar,
Las caricias que tú no me quieres dar.
Las yemas de tus dedos, las olas;
La suavidad de tu piel, su espuma.

Busco en la flor,
De tus labios su sabor.
Los pétalos de sus pliegues, mi fervor;
Las espinas de sus rechazos, mi dolor.


Busco en el cielo,
La estrella que alumbra tu sueño.
Los rizos de la luna, tu pelo;
Mi Vía Láctea, tu anhelo.

Busco en la espesura,
La senda de tu cintura.
Me pierde su bravura,
Me encuentro en tu dulzura.

Busco en el mar y en la flor,
En la espesura y en el cielo.
Busco tu mano
Para no perderme en el laberinto del amor.

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La escarcha

#Imagen del día. Paz y bien, feliz domingo. La imagen de hoy representa a los tejados de las casas cubiertos con el manto de la escarcha, de uno de ellos sale humo de la chimenea, el cielo aún no es claro del todo pues está amaneciendo. Al lado también la escarcha está presente, pero en este caso es en forma del azúcar que cubre las frutas de una bandeja. A todo ello le acompaña el siguiente texto: "Puede ser lo mismo, pero depende de los ingredientes con que se haga producirá un resultado u otro. Que tu risa sea escarcha dulce y no gélida." Un apretaíno abrazo, nunca te rindas, quiero ser azúcar para tus amaneceres fríos.

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sábado, 7 de enero de 2017

El tesoro

La frase. Feliz sábado. "Abro mi libro, aquél que me trajeron el dí 1 y comienzo a escribir. Cada sábado en una página la frase de la semana y el dibujo con que acompañarla.  "Ser acogido es el tesoro, ser abrazado la joya, ser concernido la llave." El dibujo de un cofre repleto de monedas y una llave rústica en punta. Tu abrazo, mi tesoro; tu sonrisa, mi brazalete; tu felicidad, mi llave.  El próximo sábado pasamos de página.


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viernes, 6 de enero de 2017

Un acto de egoísmo

Un acto de egoísmo

¿No te lo crees? Mientras ayer tarde, quién más quién menos, pensaba y actuaba bajo el signo de la generosidad, el Albertito, se ve que por aquello de llevar la contraria, participaba de un acto egoísta. Y es que dedicar tu tiempo para hacer felices a los demás no deja de tener una componente egoísta al recibir mucho más de lo que entregas para sembrar felicidad e ilusión.
Así que el Albertito, de la mano de un grupo de personas locas como él, tanto como para creer en las utopías, se acercó a la residencia de ancianos que las hermanitas de los desamparados tienen en Carabanchel Alto, para acompañar a los Reyes Magos y sus respectivos pajes, en la entrega de regalos a los 200 residentes que la habitan, cuidados con el amor y la sencillez del auténtico Jesús.
Ir hasta allí en Metro, que no estaba la ciudad para que vinieran a buscarme en coche, recorriendo unas estaciones ignotas, saber que me esperaban a la salida, llegar al lugar y poner los sentidos a trabajar:
La memoria y la atención para retener las voces y nombres de las personas que me presentaban, y los detalles de lo que se me describía para que yo viera la belleza de los trajes y belenes que engalanaban todo el entorno.
La imaginación para visualizar los rostros emocionados y de paz.
El oído para escuchar los sonidos de la música de villancicos, pero también alguna palabra "hiperemocionada" de sorpresa o gratitud.
La sensibilidad para sentir la magia que había detrás de lo aparente, una magia que no pudo por menos, por contraposición, que evocarme al horror de muerte y desolación que percibí en Aüswitz y cómo en cambio aquí percibía, siquiera por unas horas, Vida, esperanza y futuro. ¿Absurda paradoja sentir la Vida entre personas ancianas? Puede, pero así es la magia que surge de la entrega y la bondad.
Las manos, para recibir el calor de quien me cogía para guiarme o para desearme felicidad en este año o para quien me trajo una pasta de las monjas, un vaso para brindar, que suene que suene, o el llavero y la chapita con la Virgen de la Misericordia.
Y, por qué no, la vista,que se alegraba, viendo con el corazón, la belleza de tanto colorido en los trajes, las miradas y las escenas representadas.
No, no hice nada. Tan solo estuve. Imaginé, sí… a un Albertito anciano, ciego y solitario, alojado en aquella, u otra residencia, al que le anunciaban su nombre porque también él le habría dictado su carta y al que, esa vez sí, recibía su regalo con su envoltorio y su lazo incluidos.
Fue bonito, sí; emotivo, sí; alentador, sí. Y el Albertito estuvo allí, en el colofón de un proyecto loco puesto en marcha dos meses atrás por Fernando De Oyarbide y que llevó regalos por valor de 13.500€ a 330 residentes en los madrileños hogares de las hermanitas de los desamparados.
No, no quise ser protagonista, tan solo quise estar atrás, saber que alguien estaba recibiendo un perfume por mediación mía, qué importa quién si le hizo ilusión. Tal vez…
Volví a casa. No había regalos en ella. No podía haberlos porque estaban dentro de mí, en mi alma. Había tocado la capa de armiño de Gaspar y la melena de Melchor, ¿o era la de Juani?e

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La imagen del día

#Imagen del día. Feliz día de Reyes, feliz viernes, porque si la noche fue mágica el día no lo será menos. La imagen de hoy representa a una anciana emocionada junto a la monjita que la cuida. Encima de ellas, a una estrella brillante, se asoman un grupo de personas transformados por arte de la magia de la fe, en Reyes Magos y pajes. A todo ello le acompaña el siguiente texto: "Es mágico sentir que hay vida allá donde pudiera parecer que sólo puede haber preludios de muerte." Un abrazo apretaíno, nunca te rindas, tu magia hace de mis muertes, destellos de Vida.


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jueves, 5 de enero de 2017

Mi carta a los Reyes Magos, 2017

Comparto la carta que escribí el pasado 20 de diciembre a los Reyes Magos. Espero te guste y mandes energía buena para que se vea cumplida.  Jesús Alberto Gil Pardo  Madrid, 20 de diciembre de 2016  Queridos Reyes Magos Melchor, Gaspar y Baltasar: Os escribo hoy aunque no pensaba hacerlo hasta ese día en que vosotros estáis ocupados repartiendo regalos y yo me suelo encontrar solo aquí, junto al ordenador, en mi madrileña casa. En esta habitación que es mi ventana al mundo de las letras, la magia y los sueños. Sí, los 5 de enero ha pasado así, aunque no siempre, claro. Dicen que no estoy solo, que mucha gente me quiere, pero… vosotros bien sabéis que muchas veces es verdad que sí lo estoy. Vaya novedad, ¿verdad? ¿Qué os puedo pedir, entonces? Que el día 5 esta vez no esté solo, que pueda encontrarme siendo vuestro paje de alguna persona mayor que con eso sea feliz. Que sirva de fuente de la ilusión cada día con mis motivos para sonreír, mis imágenes de palabras y mis pequeñas acciones. Que, aunque sea una vez cada cierto tiempo alguien me diga: “Albertito, ven con nosotros que vamos a compartir un rato de tus sueños.”   Que encuentre nuevos caminos para recorrerlos de la mano de la sensibilidad y con la compañía de gentes buenas. Que, ¿por qué no? Reciba un regalo sencillo pero bonito, símbolo de la grandeza de quien me lo entregue. Quizá… una planta artificial pero muy bonita, o un bono para visitar algún lugar de ésos que a mí tanto me gustan, con su Historia y sus historias, su encanto y su poder evocador o un abrazo apretaíno de verdad, no sólo virtual.. No, no os voy a pedir ni una cámara de fotos _que las fotos las hago mediante el teleobjetivo de la imaginación_ ni un mapamundi _que para viajar, acariciando ya me vale_ ni siquiera el mar _que para navegar por él me apaño con buscar una melena en la que sumergirme_. No seré original si os pido salud y paz para cuantas más personas, mejor. Pero sobre todo para quienes me dedican su tiempo y pensamientos, que por eso han de tener enchufe. Pedir puede pedirse mucho, pero es que me da apuro pedir. Me gusta más dar aunque ni sea Rockefelerd Millonetis ni tenga pinta de hada. Ya lo sabéis: me gusta mirar a los ojos y transmitir esperanza, me gusta sembrar Vida, me gusta pellizcar los corazones, sí eso que alguien dijo… “¡jooooo, Albertito!” Ya me despido, queridos míos. Me despido ofreciéndoos constancia y esfuerzo, una copita de vino bueno, un plato repleto de un surtido rico, un frufrú de aroma a jazmín y una caricia entregada. Que no dejéis que se olviden de vosotros las almas sensibles, que sigáis llegando hasta el más pobre.  Albertito P.D.: mis ojos ciegos buscan las estrellas en la sonrisa de los niños. P.D.: mis manos hambrientas se sacian en las mejillas de las mujeres que se dejan ver para mí. P.D.: Mi felicidad se prende en las ascuas de quien sonríe gracias a lo que hago. Vale.

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miércoles, 4 de enero de 2017

Homenaje a Louis Braille



A continuación comparto mi sencillo, pero sentido, homenaje al maestro francés que hoy cumpliría 208 años. Con cariño.
Por su ejemplo y legado, que permanezca siempre viva su memoria.

El duende tras las palabras

Me asomo al hueco de mi árbol. Soy curioso por naturaleza. Me gusta agazaparme y observar lo que sucede en mi bosque de robles milenarios.
Por él he visto transitar a caballeros dirigiéndose a la guerra, a esforzados leñadores en busca del tronco mejor con el que calentar sus cabañas, a doncellas que, de manera furtiva, buscaban encontrarse con apuestos galanes.
Y es que por mi condición, la vida es eterna en mis días. Años y lustros y siglos cuentan los humanos, mientras yo, y los de mi raza, permanecemos incólumes a los ciclos del tiempo.
Me asomo, sí, otro instante más. No sé qué encontraré. Puede que un cervatillo huyendo de sus perseguidores o una alondra cantando a la aurora o, en fin, algún desconocido visitante.
Es hermoso mi bosque, fértil y acogedor. Las hojas y raíces lo alfombran de mullido suelo, el azul claro celeste lo cubre cuando no, el arco iris o la capa de estrellas lo reviste de mágico fulgor.
Ya lo veo a lo lejos. Se acercan. Es una pareja. No sé, que últimamente se me nubla cada vez más la vista, si son dos enamorados o un padre con su hijo. Lo que sí distingo bien es que uno, o una, va cogido del brazo del otro. Ojalá tenga suerte y se detengan en el tronco cercano, sí, ése que lleva ahí al lado desde siempre, tupido de musgo, cómodo asiento. Sí, sí; se van a sentar.
 -Papá, cuéntame otra vez la historia de aquel niño que llegó a ser organista y profesor de su cole, aunque, como yo, fuera ciego.
Ah, qué novedad. Me gustan las historias que cuentan los humanos mayores a sus retoños. Me gusta, me gusta. Y dice el padre a la chiquilla que hubo una vez en la lejana Francia quien a base de puntos creó un alfabeto, qué cosas. Cómo sería eso. Aquí lo único que leemos son los mensajes de la brisa escritos en las hojas secas de los árboles, traídas por mensajeras palomas.
-Papi, déjame otra vez que acaricie los puntos del cuento que me regalaste el otro día, qué chulo es. Me gustó mucho aunque tendré que trabajar mucho para leerlo con mis manitas.
Un cuento, qué bien. Me chiflan los cuentos y las historias. Yo me las aprendo y luego las narro en las asambleas de duendes. Seguro que en ese cuento habrá un palacio y una bruja y un lobo y un hechizo.
-¿Sabes, Lucía? Dejaremos tu cuento en el hueco de este tronco y cuando sepas leer bien braille vendremos en su busca y serás tú entonces quien me lo lea. ¿Te parece bien la idea?
-Chupi. Así tendremos una excusa para volver a este lugar tan chulo. Qué bien se está, huele genial, los sonidos son como de terciopelo.
Ya se van, ya cae la tarde. Jejejej. En cuanto se haga de noche me colaré por los pliegues del tronco y cogeré el cuento. Luego, ya me pensaré si lo devuelvo o me lo quedo juajuajua.
Las hojas son gruesas, los puntos, finos. Tenía razón la niña, hacen cosquillas. ¿Qué dirán? Tendré que hacer magia para averiguarlo.
-Eh, tú. No hagas trampas.
-Calla, bruja malvada. Dedícate a lo tuyo, que como me enfade verás lo que es bueno. Te quitaré la manzana con la que engañas a Blanca Nieves.
-Duende del demonio. Carapedo. Como te pille…
A ver, a ver qué pone aquí. Uy…
Me asomo al hueco de mi árbol. Soy curioso por naturaleza. Me gusta agazaparme y observar lo que sucede en mi bosque de robles milenarios..
Pero si es mi historia. Claro, una historia de un duende y su roble, qué otra cosa podía haber, si no, detrás de algo tan bonito como son estos puntos.
Bien, bien. Devolveré el cuento al tronco y esperaré a que Lucía venga a leérselo a su padre. Me gustará escucharla y ver cómo pasa sus manitas por esos puntos. Sí, me gustará porque lo que, en realidad hará, es pasarlas por mí.
-Papi… ¿será verdad lo que dice el cuento? Me gustaría preguntárselo a él.
-Hija, si lees mucho y aprendes a jugar con la imaginación, podrás preguntárselo y más aún, las estrellas serán amiguitas tuyas y el sol dejará que sus rayos sean tu corona y muchas más cosas.





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domingo, 4 de diciembre de 2016

La ternura de la abuela Pura



Dedicado a mi querida Leire por recordarme que cada día hay motivos para sonreír. Besines.

Cuentos a la luz de los valores

La ternura de mi abuela Pura

Mi abuela Pura es la caña. Cada vez que voy a visitarla siempre está igual: junto al hogar entre pucheros, con su moño canoso bien alto y con su delantal de cuadritos blancos y negros. Me da un abrazo muy fuerte muy fuerte y me pellizca la mejilla.
Yo la quiero mucho porque me da peladillas y me cuenta cuentos.
Yo sé que a veces está triste porque su cara, de normal es como la luna, y entonces es como si el cielo estuviera nublado. Debe ser que piensa en el abuelo Fermín que subió al cielo hace años. Yo no había nacido aún, así que no le conocí.
Me encanta mi abuela Pura, con sus dichos y consejos. Me dice que aprenda mucho para ser algo el día de mañana y yo le digo que así lo haré aunque no la entienda mucho. A mí lo que más me importa es estar con ella.
Mi abuelita Pura me habló un día de su gato Cenizo y me dijo que se perdió y que ella lo pasó muy mal porque no volvía. Pensó que algún gamberro lo habría destripado sin razón. Me dijo que lo anduvo buscando por el corral y las eras y que al final lo encontró con otros gatos. Supo, vaya usted a saber cómo, que se iba a servir a la Reina de Corazones por lo que viviría mejor que con ella, así que le dejó marchar.
Y otro día que se encontró con un cochinillo cojo. Estaba muy flacucho. Ella, aunque siempre fue pobre, lo cogió para curarlo. Mientras el cochinillo pudo estar con ella siempre la seguía a todas partes, incluso cuando entraban al gallinero para recoger los huevos recién puestos. El cochinillo no les hacía nada a las gallinas, sólo acompañaba a la abuelita. Luego el cochinillo se hizo grande y lo convirtieron en chorizos y morcillas y salchichones.
Y lo ricos que son sus guisos. A mami no se le da mal tampoco eso de cocinar, pero hasta que le salgan como a ella falta mucho. Me chupo los dedos con sus pechugas de pollo o con sus macarrones con atún o con sus patatas fritas. Ummmm, se me hace la boca agua.
Les cuento todo esto porque resulta que me he decidido escribirle la carta a Papá Noel pensando en ella. Me pregunto qué regalos querría que le trajese. Es difícil. Ella nunca pide nada. Aunque igual si le trajera un corazón nuevo no le iría mal. Es que mami me dice que está malita y que su corazón está viejo. No sé. Yo le dije un día de regalarle mi muñeca de trenzas pero me dijo que ella ya tenía la mejor muñeca del mundo, no tengo ni idea de cuál será, yo nunca se la he visto.
Igual Papá Noel me hace caso si le pido eso del corazón nuevo. Estaría chupi rechupi. Bueno, se lo pediré a ver qué pasa. Y si no se lo trae… ya le daré yo alguno de los regalos que me traiga a mí, igual el coche teledirigido o el juego de las gemelas.
Estoy contenta. Mami me ha dicho que la abuelita vendrá a pasar con nosotros la Navidad. Ojalá venga para ver mi actuación en el cole. Es que voy a hacer de corderito y si está ella me saldrá mejor.
Ay, mi abuelita Pura, cuánto la quiero, es tan tierna… parece un peluche grande. La quiero tanto que por estar más tiempo con ella hasta haría lo posible por aprobar las mates, que es lo que peor se me da.
Me voyh que ya llaman a la puerta. Sé que es ella que viene ya, qué ilu.
    

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domingo, 27 de noviembre de 2016

El encuentro del Café Novelti



Dedico mi cuento dominical a Mercedes Reinosa por querer visitar Salamanca no sólo mirándola a través de la vista, si no contemplándola con todos los sentidos. Gracias por su amistad y comprensión.

El encuentro del Café Novelti

El viajero solitario camina por las sobrias calles de la ciudad del Tormes. Busca la musa que le inspire en su ceguera de escritor perdido. Muchos son los lugares recorridos, pocos en los que se ha sentido pleno de luz creativa. Intuye que esta vez sí lo va a conseguir, que volverá a encontrarse con aquélla que mueva sus dedos por la sensual y tentadora piel de la Literatura. No sabe, busca, persigue sin descanso una luz que él sabe bien, vedada para siempre. Desemboca en la Plaza Mayor, recorre despacio sus soportales.
-anda, Mercedes. Vamos a hacer una paradita en ese café tan chulo, que tanta Cultura da mucha sed. No veas cómo tengo los pies de patear esta ciudad. Que sí, que está genial pero que ya no doy más de sí.
-Hija, Ana, si queremos ver cosas, habremos de caminar. Pero, sí; entremos en ese café de tanta Historia e historias como es el Novelti. Es uno de los sitios que marqué en la guía como imprescindibles. ¿Sabes que fue inaugurado en 1905 y que es uno de los más antiguos de España?
El viajero franquea las puertas del Novelti. Recuerda que allí tuvieron asiento insignes como Unamuno, Ortega y Gasset, Martín Gaite  o Torrente Ballester; que fue allí donde nacería Radio Nacional y que las tertulias literarias alcanzarían categoría de magno acontecimiento. Mesas de mármol, sillones de piel, decoración suntuosa, consumiciones bien servidas. Se sentará allí y escuchará. Qué otra cosa habrá de hacer. Lo suyo es escuchar, observar, soñar, escribir. Solitario siempre, viajero que nunca termina de encontrar su Ítaca o acaso es que no exista para él, como tampoco la Penélope que tanto ansía conocer..
-Ufff, qué chulo es todo esto, Ana. ¿Te imaginas? ¿Te imaginas que nosotras fuéramos escritoras. Abriríamos un cuaderno en blanco y con la pluma trazaríamos letras al aire.
-Yo ahora lo único que me imagino es una cerveza bien fría.
-En ese cuaderno escribiríamos la historia de un valiente príncipe que simula ser mendigo y una cautiva mora de ojos negros como la noche y voz sensual como de madrugada.
El viajero se ha sentado en una de las mesas del fondo. Pedirá un café solo, solo como él y se pondrá a contemplar, oído en ristre. No lejos de donde él se encuentra, las voces de dos mujeres conversan animadas. De entre el resto, son ellas las que más le llamarán la atención. ¿Tal vez por la discordancia de la una y la otra? ¿Acaso por lo prometedor de lo que transmite una de ellas? Sí, ésa que fabula un cuento de príncipes valientes y moras cautivas tan cercano a las leyendas románticas de su siglo predilecto.
¿Cómo serán ellas? ¿De qué color serán sus ojos? ¿Y su melena? Vestirán de manera informal, no en vano son turistas, o igual no, igual son salmantinas, qué sabe él.
-Buenas tardes, señoritas, ¿me dejan que les recite un poema de pícaro estudiante?
El viajero solitario escucha y sonríe. Otro pedigüeño más. A él, igual, al momento de entrar en la Plaza Mayor también se le acercó otra poeta ofreciéndole la misma mercancía. Se ve que lo tienen bien organizado: a ellas, un galante letrista de capa y sombrero; a ellos, una damisela de saya y escote picarescos.
-No estamos para poemas ni para nada. Por cierto, vaya rollo eso de la Cueva. Mucho hablar del demonio y de sus clases y nada de nada. Humedad, muchas escaleras y angostos pasillos. Lo que sí me ha gustado es el Jardín de Calixto y Melibea.
-Bueno, Ana. Ya sabemos que a ti te va más la naturaleza, pero no me digas que no hay aquí materia de inspiración literaria. Y que no se te olvide el bueno del Lazarillo.
El pedigüeño pasa de largo, una vez que les ha dejado un pliego con un poema. Luego regresará, bien a recogerlo o bien a cobrarse alguna moneda a cambio.
 -Vaya, se me ha olvidado cómo seguía nuestro cuento del príncipe y la mora. Claro, tú ni idea, seguro.
-¿Yo? Ni idea. Ya sabes que a mí me interesan más las historias policiacas de intriga. Los amores y lo exótico te lo dejo a ti. Mira que nos llevamos bien y que viajamos juntas por tantos sitios, pero qué distintas somos.
-Disculpen… ¿qué les parece si hacemos que el príncipe salte desde el puente al río que da acceso a la mazmorra en que está cautiva la mora?
.-Ah, podría ser. Muchas gracias, señor.
-Espero no molestarlas, pero… no he podido por menos que interesarme por su cuento.
-No es molestia. Seguro que a usted también le habrá distraído el tipo ése de los poemas.
-Ah, no. A mí, no. Creo que sólo se pasa por las mesas en que hay señoras. ¿Son ustedes de aquí?
-No, hemos venido a conocer Salamanca. Pero siéntese. ¿Me querrá ayudar a ponerle fin al cuento? Mientras tanto mi amiga Ana descansa.
-¿Qué final le gustaría ponerle? Lo fácil es el clásico rescate y amor eterno. Otro podría ser más atrevido… la mora es una bruja que encanta a todos los que quieren liberarla y los convierte en piedra…
-jajajajja. Sí sí, eso me gusta.
-Ana, qué poco romántica eres. A mí me gusta que los cuentos accaben bien. ¿Y a usted?
-Bueno, me gustaría poder decir lo mismo, aunque por desgracia lo normal es que acaben mal. Si esto que ahora nos está ocurriendo fuera un cuento, puede que lo deseable es que acabara en un flechazo entre alguna de ustedes y yo, pero lo que sucederá es que ustedes se marcharán por su camino y yo por el mío. Así son los cuentos.
-¿Así? O a lo mejor no. Usted me enseña a buscarles finales a mis cuentos y yo a encontrar principios a los romances.
-Ah. No está mal, no está mal.
-Uy uy uy, cómo se pone la cosa.
-Bah, no se crean. Total, es solo un cuento. Miren, ya vuelve el poeta. ¿Qué le van a decir?
-Que se meta el poema por donde le quepa.
-jajajjajaja. Un poema que quema no es poema si no compone zalema.
El viajero sabe que los cuentos, cuentos son. Pronto pondrá una excusa y dirá que le esperan. Dejará a las dos amigas, aceptará la invitación al café y partirá de nuevo.
-Qué simpático ese señor. Es raro. No sé, me ha dejado perpleja.
-Ay, ay. Qué cosas tiene la Literatura. Anda, vamos a seguir visitando la ciudad. Que si no me dirás que vaya sosa que soy. Saca la guía y…
¿Y si…? ¿Y si por una vez los cuentos acabaran bien? Qué sabe el viajero solitario. Una mujer con aires de mora saldrá a su encuentro, ¿qué le dirá? ¿Qué hará con él?




  

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