lunes, 26 de septiembre de 2016

La partida de cartas y otras historias de la Vieja Dama

#Imagen del día. Feliz lunes. La imagen del día corresponde a mi querido nuevo libro. Ya está listo a falta de imprimirse y ponerle el relieve correspondiente. Próximamente, muy pronto, podrás adquirirlo en papel al precio de 10€ y a 2,99€ en ebook. Recuerda que los beneficios van destinados a la Fundación Le Atiendo. Con una extensión de 162 pgs se podrá conseguir enviando un correo a la editorial, cauartistic@gmail.com para el caso de los impresos o a través de Amazon o Casa del Libro para el caso de los ebooks. Los primeros 25 ejemplares adquiridos en papel serán dedicados de forma especial añadiendo un pequeño cuento personalizado. Es mucha la ilusión que hemos puesto, la ONG lo merece y la experiencia de los anteriores me ha enseñado a hacer las cosas mejor. Gracias, una vez más por ayudarme a alcanzar mis metas. Un abrazo apretaíno y que la tenacidad guíe siempre tus pasos.



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viernes, 23 de septiembre de 2016

Qasiory

  Soy  Soy eso que buscan los locos En sus madrugadas sin sueños. Locuras de años Buscando tu horizonte a lo lejos.  Soy un libro abandonado En ignoto lugar. Abandonado con pesar Por ser, de ti, ignorado.  Soy una flor marchita Que, para nada, sirve. Jardín tuve Siendo tus besos mi agua bendita.  Soy una brújula sin imán Que perdió su Norte. Imán era, para mí, verte Y ahora ya, para siempre, mis ojos velados están.  Soy un niño sin risa Ni mañana ni almohada. La risa la perdí en tu almohada Y la mañana en tu fría mirada.  Soy esa brisa sin viento Que, del mar, brota. Mi alma fue rota por el salado llanto de tu arrepentimiento.  Soy sin saber ser. Un loco, un libro y un niño; Una flor, una brújula y una brisa. Soy si sé que vivo para a ti querer.


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lunes, 12 de septiembre de 2016

La partida de cartas y otras historias de la Vieja Dama


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domingo, 11 de septiembre de 2016

El comienzo de curso



Buena noche de domingo.
Retomamos la costumbre de crear cuentecillos y compartirlos. Feliz curso, felices lecturas.
Un abrazo agradecido y… acaso tú también seas una flor que habrás dibujado en el cuaderno mágico el dibujo de tu destino.

Cuentos a la luz de los valores

El comienzo de curso

Las flores andan alborotadas.También ellas van a comenzar el nuevo curso. ¿Su escuela? Un jardín. ¿Su maestra? Una jardinera.
Se preguntan qué les deparará el nuevo curso. A lo mejor algunas de ellas serán elegidas para celebrar una boda, incluso otras serán testigos de declaraciones amorosas o se las distinguirá con el honor de adornar la mesa real en recepción honorífica o serán colocadas en la melena de alguna joven rumbosa y simpar belleza para que hagan juego con su boca.
Claro que, también, habrá a las que les toque servir de acompañamiento de ataúdes o ser arrinconadas en el olvido de quien creyó que, poseyéndolas, vería alegrar su espíritu y fracasar en su lucha y las que serán arrancadas sin razón para ser arrojadas al suelo sin más ni más. O ser apresadas entre las hojas de un libro que nadie volverá a abrir.
 Unas se muestran cohibidas, otras no pueden dejar de lado su carácter presuntuoso, otras, en fin, se mantienen a la espera.
La escuela jardín es acogedora, se conserva fresquita y ordenada, con sus jarrones de colores en los que, cada una de ellas, serán colocadas.
La maestra llega. ¡Es una niña! Qué curioso.
La rosa le dice a la margarita:
-Vaya maestrucha nos ha tocado este año. Esperaba que repitiera la del año pasado que, según me dijo mi prima la rosa blanca las trató con mucha distinción. Ésta puede que no tenga ni idea y no sepa ver las que somos buenas y las que no valen para nada.
-No presuma tanto, señorita rosita de pitiminí, que igual nos sorprende. Además, yo me suelo llevar bien con las niñas.
La maestra niña se sube a la escalera para acariciar, con sus manos de adolescente precoz, a cada una de sus pupilas. Quiere familiarizarse con el tacto de sus pétalos y el perfume que cada una emana. Se da cuenta, en contra de lo que supuso la rosa de pitiminí de cómo es cada flor, de su carácter: discreto, el de la margarita; presumida, la rosa; pacífica,la azucena; elegante, la gardenia; tímido, el crisantemo; fuerte, el gladiolo; fanfarrón, el clavel; triste, la camelia; inteligente, la cala; cariñosa, la orquídea; agradecido, el pensamiento; ingenioso, el tulipán…
  -Señores, señoras… me han encargado que sea su maestra. Ya sé, soy una niña y puede que crean que nada sé de la Vida, pero se equivocan. Sé ser sensible y además mi abuelita me ha enseñado mucho. Durante los próximos meses las cuidaré y me haré cargo de ustedes para que, cuando sea el momento de cumplir con su destino, puedan hacerlo como las mejores. Creen los mayores, creerán ustedes, que yo, por ser niña, nada sabré. Se equivocan. Mis manos son sabias porque han recorrido las arrugas de mi abuelita, mi nariz es sabia porque desde pequeñita aprendí a cerrar los ojos y oler con el alma. Mis orejas son sabias porque están acostumbradas a escuchar. Mis ojos son sabios porque la luna les enseñó a mirar.Mi boca es sabia porque el sol me enseñó a sonreír. Cada una de ustedes es importante para mí, me da igual su colorido o perfume, lo importante es que aprendan a estar en la situación que el destino les tenga reservada. A mí, mi abuelita, fue lo primero que me enseñó. Yo no me lo podía imaginar. Cómo una niña iba a ser maestra de flores. Se empeñó en enseñarme y aquí estoy. Es que… mi abuelita es un hada. Sí, de ésas que llevan varita y todo. Es el hada de las flores y por eso yo estoy aquí.
Después de semejante discurso, la maestra niña les da a cada flor un cuaderno y un lápiz de cera. En él, habrán de hacer un dibujo cada una. Así transcurrirá el primer día del nuevo curso. Al final, serán regadas y alimentadas convenientemente y, unas y otra, se dirán que tampoco está tan mal, que el curso promete.
¿Y los dibujos? La maestra niña se los lleva para enseñárselos a su abuelita. A la vista de ellos, se decidirá el destino de las flores de ese curso… ¿Te lo imaginas?




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domingo, 21 de agosto de 2016

Cuentan

Cuentan

Que a la mariposa nadie la quería cuando era gusano pero cuando se hizo mariposa todos envidiaron la suavidad de sus alas y el colorido de su cuerpecillo.
Que del cisne todos se burlaban cuando a todos les parecía el patito más feo del mundo mundial de los patos, pero que luego todos deseaban su elegancia y prestancia.
Que del patizambo negro todos huían, pero luego, cuando fue campeón olímpico de las pruebas de velocidad y batió récords, todos aseguraban conocerle y ser amigos suyos.
¿Y qué más cuentan?
Que no importa lo que uno es cuando se es pequeño, por mucho que te desprecien o se sea objeto de burla. Lo que verdaderamente importa es es lo que uno está destinado a ser y que dan igual los desprecios o los rechazos de quienes no saben ver.

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miércoles, 10 de agosto de 2016

El destino de Ekaitz



Buena noche:
Dedico, con todo cariño, este pequeño cuento a Ekaitz, ese niño que siente curiosidad por mi mundo, hijo de gente buena. Ojalá le guste y resulte premonitorio de su felicidad.
Un abrazo.

El destino de Ekaitz

La Gran Madre Mari sabe que ya no le queda tiempo, que su tiempo ya ha pasado. Los hombres la olvidarán, las mujeres dejarán de honrarla. Se avecinan lunas de desprecio y oscuridad.
Su hogar de siglos está en peligro. La mentira, la injusticia y la calumnia imperarán en ese nuevo tiempo.
Los bosques y montes arderán arrasados por el fuego de la guerra y la muerte.
Los humanos se entregarán al odio y la traición, renunciarán a las raíces de la Tierra. Mari lo sabe pero siente que su poder se agota.
Ha visto el futuro, un futuro de máquinas, desierto, frío y soledad.
El trueno suena, la lluvia y el viento la acompañan en su desolación.
-Mami, mola este parque. Está guay.
-Sí, sí; cariño. Es bonito. ¿Sabes? Tu padre y yo nos conocimos aquí y aquí supimos que siempre nos querríamos.
La tormenta arrecia. La Gran Madre Mari siente que tal vez aún no esté todo perdido. Puede que si coge un puñado de tierra y exala su aliento sobre él surgirá una piedra misteriosa. Una piedra a la que sólo acudirán los elegidos para guardar su memoria. No importará entonces los siglos que pasen, la piedra siempre estará allí y quien la merezca la encontrará sin tener que buscarla.
-¿En serio? ¡Uaaaaaala! ¿hace mucho de eso?
-Mucho, hijo mío. Era un día de verano, vinimos con una excursión de la escuela a pasar el día. Hasta entonces yo no me había fijado en aquel muchachote recio y tímido. Nos lo estábamos pasando bien, recorriendo el parque, descubriendo sus leyendas y sus plantas y dándonos chapuzones en la poza.
-¿No teníais entonces móviles?
-Ni móviles ni maquinetas de marcianos. Jugábamos al escondite o a la soga o al corro.
Junto al roble, la Gran Madre Mari deja la piedra que ha surgido de su aliento. Pronto quedará enterrada por la maleza y las raíces. Un potente trueno acompaña su gesto lo mismo que unas fuertes rachas de viento la arrastran. La Gran Madre desaparece, disuelta entre el granizo y la tormenta. Y entonces todo es silencio.
Será silencio durante muchos siglos. Hasta que quién sabe quién regresará y se prendará del lugar. Y entonces ese quién que nadie sabe quién pueda ser decidirá que es hora de hacer de lo agreste, un vergel. Y se empeñará en despejarlo y acondicionarlo como parque magnífico al que, a saber por qué, le pondrá por nombre Paz.
-Faltaba poco para regresar a casa, yo quise llevarme unas ramitas de romero y laurel. Me aparté un poco y entonces le vi. Se apoyaba en el tronco de un hermoso roble, parecía estar fundido con él. Nos miramos, nos sonreímos, nos comprendimos.
-Nunca me lo habías contado, mami. ¿Sabes? Yo os quiero mucho aunque, a veces…
Aquel alguien que quién sabe quién era no ahorró en esfuerzos para lograrlo. El día de la inauguración no faltó nadie de los importantes del pueblo. Se felicitaban por lo oportuno de la idea. Aquello que, siempre parecía estar maldito, tan lleno de zarzas y espesura que daba miedo, se convertía ahora en ese parque tan hermoso, poblado de fuentes y flores, de paseos y bancos. Alguno de los que encuentran cualquier ocasión para hacer negocio, vio claro que allí podría instalarse un merendero y hasta un zoológico que le producirían sus buenas ganancias.
-Ay ay, Ekaitz, cariño. Te estás convirtiendo en hombre. Cómo has crecido. Déjame que te acaricie la mejilla. Déjame sentir que aún eres niño.
-Mami, no te rayes, no seas pesada. Tarda mucho papá.
-Tenemos nosotros que ir en su busca. Estará preparando la comida.
-Ah, ¿entonces qué hacemos aquí?
-No sé. El corazón me trajo hasta aquí después de tiempo que no venía. Mira, ése es el roble. Está viejo, pero sigue en pie. Es… no sé… es valiente. Tú serás como él.
-¿Yo como un roble? Qué raro, mami.
-Firme, valiente, apegado a lo profundo y lo auténtico porque tus raíces nacen de la justicia y la honradez.
-No sé, mami. Mira, qué chulo.
-¿Qué?
-Una piedra. Es bonita.
-No la veo.
Que sí, mami. Que está ahí, debajo de esa raíz gorda, entre las hojas y la hierba.
Nadie la ve, pero la Gran Madre Mari se asoma por entre las ramas del árbol. Y lo hace con una sonrisa luminosa.
-Que pasada. Qué piedra tan chula. Es fina y suave. Le pediré a papá que me haga un llavero con ella.
-¿Un llavero? No será demasiado grande? Mejor un colgante, como si fuera un amuleto. Sí, un amuleto que te ayudará en tu porvenir.
-¡Papá, papá! Mira qué me he encontrado!
-Sí, hijo. ¿Tú también lo has encontrado?
-Yo también ¿qué dices?
-Sí, hijo. ¿No te lo ha dicho tu madre? El día que nos conocimos ella y yo, yo también descubrí una piedra como ésa, esa piedra. Cuando llegó aquella muchacha vivaracha y pecosa yo estaba disfrutando del tesoro. Al llegar tu madre, lo primero en que pensé, tal fue lo que sentí por ella, fue en regalársela. Pero ella, entonces no lo entendí aunque tampoco quise torcer su deseo, fue que la volviera a depositar donde la había encontrado, que aún no era el momento de que fuera de nadie.
Ekaitz, la piedra, la tormenta, la Gran Madre, el futuro. La paz.
Pasarán los años y ese niño, al que su madre ya ve como un hombre, se hará hombre, sí sí. Nunca se separará del colgante que su padre le fabricó.Ekaitz destacará como justo entre los justos, se hará famoso por sus consejos y a él acudirán desde los más lejanos lugares quienes tengan sed de Justicia y necesiten saciarla.

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miércoles, 3 de agosto de 2016

Bulgaria: la encrucijada olvidada



Bulgaria: la encrucijada olvidada

2016 me lleva a un país desconocido para muchos, pero muy atractivo en realidad. Un país como Bulgaria, lugar de paso desde los albores de la Historia, si bien atrapado tradicionalmente entre dos imperios: el otomano y el ruso.
Cuando me ofrecieron la oportunidad de descubrirlo a través de mi viaje anual al extranjero, no dudé en que las espectativas de aprender y disfrutar se verían plenamente cumplidas.
Recordé, entonces, las palabras de Elias Canetti (1905-1994), que recibiera el Premio Nobel de Literatura en 1981 y que, aunque sus obras estén escritas en alemán, nació en Bulgaria: "No se puede odiar a nadie al que se ha visto dormir." No sé, me parece algo muy hermoso.
Así que me preparé para aprender algo de ese país.
Supe que tiene una extensión de poco más de 110.000
km²,y algo menos de 7.5 millones de habitantes, que linda con Rumania, al Norte; con Serbia y Macedonia, al Oeste; y con Grecia y Turquía, al Sur; mientras que al Este es el mar Negro su frontera. Que tiene una gran diversidad geográfica, desde los picos nevados en la cordillera de los Balcanes o en las montañas Pirin, hasta las cálidas costas orientales del mar Negro. O que es allí donde se encontraba la Tracia previa a los romanos y que es en Bulgaria donde se creó el alfabeto cirílico allá por el siglo IX por los santos Cirilo y Metodio.
 A este país llegamos a mediodía del 26 de julio. Aterrizamos en el aeropuerto Vrazhdebna donde nos esperaban para trasladarnos al hotel, justo enfrente del parlamento y la catedral Alexander Nevsky.
Una vez instalados, como es propio, dimos un primer paseo por los alrededores que nos llevaría a las iglesias rusa de san Nicolás y a la ortodoxa de san Jorge, la más antigua de la ciudad, en esta última tuvimos ocasión de asistir a una emocionante ceremonia en la que, semejante al gregoriano, los oficiantes recitaban los textos cantándolos, fuimos bendecidos por uno de ellos y vimos cómo se movían entrando y saliendo del iconostasio, especie de panel de madera pintado con iconos que separa el altar del resto de la iglesia; a unas ruinas de la Serdica romana tras atravesar la sede del Ministerio de Educación. Después de recorrerlas sin que nadie nos pusiera pega alguna, tocando incluso, columnas truncadas y salas distintas; dirigimos nuestros pasos a la plaza Sveta-Nedelya y el bulevar Vitosha. La primera impresión no podía ser más favorable: anchas avenidas y plazas, jalonadas de parques y zonas ajardinadas, fuentes y pasos subterráneos a modo de galerías comerciales.
    Tan a gusto estábamos que no pudimos hacer otra cosa que buscar una terracita para tomarnos un refrigerio. De los bares que por allí había, Alfonso sugirió a Paloma, el Happy Bar & Grill, un lugar muy agradable y, por cierto, que las camareras lucían unas minifaldas que robaban la vista, claro, a quien la tenga, que yo… nada de nada. Sufrido cieguito con su cerveza y nada más. Claro, y de ahí a cenar algo, que llevábamos todo el día de acá para allá, aeropuertos mediante. Y eso que los de LZB, la compañía aérea que nos llevó, tuvieron a bien obsequiarnos con un bocadillo, bien que algo chicloso y café. Así que a buscar otra terraza, qué temeridad. Casi no habíamos empezado a darle al diente cuando cayó un aguacero que para qué contarte, tan hermoso como las camareras minifalderas. Y nosotros sin paraguas, y sin otra opción que ir al hotel en taxi, por cerca que estuviéramos de él. A ver cómo cogemos, no uno, si no dos taxis y les indicamos en búlgaro dónde nos han de llevar. Bueno, no sé, el caso, es que pillamos uno al azar y en él que nos metimos los cinco, aún no sé cómo, lo mismo que tampoco sé cómo se entendió Alfonso con el generoso conductor. Total, que ya estábamos a resguardo en el hotel. Y mientras nos ubicábamos en la habitación y organizábamos el equipaje, quise recoger en una fotito lo que quiera que se veía desde la ventana de la habitación para compartir lo que yo tenía delante pero no veía: parece que una bonita estampa que reflejaba la luz de las farolas en el suelo mojado y la catedral iluminada. Hasta dijeron que era bonita y todo.
Al día siguiente, una vez saciados en exceso a cuenta del desayuno, nos recogió Silvia, la guía que nos acompañaría al monasterio de Rila y a Plovdiv durante dos intensas jornadas.
A 120 kms. De Sofia, en dirección a la griega Tesalónica se encuentra el monasterio de Rila que fuera fundado en la primera mitad del siglo X. Su historia está directamente relacionada con el primer ermitaño búlgaro San Juan de Rila (Iván Rilska), que se estableció en la zona y se dedicó al ayuno y la oración. El sitio original del monasterio estaba cerca de la cueva que el santo escogió como residencia. Después de su muerte en 946, San Juan de Rila fue enterrado en la cueva en la que buscaba su aislamiento. A través de los siglos el monasterio fue un centro espiritual, educativo y cultural de Bulgaria. Con su forma actual, el Monasterio de Rila data del siglo XIX, y la única parte del siglo XX es el ala este. El edificio más antiguo del claustro es la Torre Jreliyova, que fue construida en el siglo XIV (1335). La torre fue la fortaleza del monasterio, y también vivienda de los monjes en tiempos de guerra. Toda la zona del monasterio, incluidos los edificios de la iglesia, los residenciales y los agrícolas, se extienden sobre una superficie de 8800 metros. Murallas de piedra de 22 metros de alto rodean el amplio patio, el templo de "Rozhdestvo Bogorodichno”, la Torre Jreliyova, el museo, los edificios residenciales y los agrícolas. Consta de alrededor de 300 salas, 100 de las cuales son celdas monásticas.
La exposición del museo incluye ejemplos del arte búlgaro y extranjero durante el periodo de los siglos XIV-XIX. La pieza más valiosa es una cruz de madera con una exquisita talla en miniatura, hecha por el Padre Rafael. El maestro tallador de madera llevaba trabajando durante muchos años sobre ella, utilizando las mejores herramientas y cinceles, y la terminó en 1802, cuando quedó cegado por el duro trabajo en esta obra maestra. En ella se representan 36 escenas bíblicas, 18 a cada lado de la cruz, y más de 600 figuras en miniatura.
Impresiona el entorno, el silencio entre las montañas, la profusión de iconos que envuelven al visitante en un ambiente de recogimiento y espiritualidad. Silvia nos los fue describiendo, imaginé al creador de la cruz, dejándose los ojos en una obra increíble, dimos un paseo por el claustro, casi desierto de turistas, nos sorprendimos con la paradójica imagen de un sacerdote ortodoxo tradicional, con su larga barba y su gorro, pero que ha sucumbido a la modernidad del teléfono móvil. Parece ser que llamaba la atención por su altura, por su atuendo y lo extraño de verle con el móvil.
  De regreso a Sofia, paramos a comer en un restaurante bien pintoresco, junto al río Rilska. Apenas si había nadie por lo que pudimos degustar la sencilla, pero rica comida: ensalada de tomate con queso y, algunos trucha de río, y otros una especie de salchichas o rollitos de carne picada para terminar con un postre a base de yohgurt helado con frutos del bosque. Fue fantástico.
La tarde la reservamos para visitar a pie los principales enclaves de la capital de los que me quedo con la inmensa catedral con capacidad para 5000 personas, las fuentes termales, junto a la mezquita Banya Bashi,, que manan agua caliente de manera natural, la sinagoga sefardí, los puentes de los Leones y las Águilas, el Teatro Nacional Ivan Vazov, el monumento a Vasil Levski, luchador por la liberación de Bulgaria en el siglo XIX del imperio otomano o la gran estatua de Santa Sofía y, cómo no, alguno de sus parques como el Jardín Boris.
Al día siguiente, tocaba conocer Plodvid, la ciudad más antigua de Europa con una edad de 6000 años. Una ciudad, construida sobre colinas a modo de Roma junto al río Maritsa en el valle de Tracia. Durante la antigüedad los tracios habitaron el territorio entre las tres colinas y construyeron un asentamiento fortificado que fue la ciudad más grande de Tracia. En el siglo IV a.C. Plovdiv fue conquistada por Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno. Él le dio uno de sus muchos nombres, Philippopolis, y la rodeó de gruesas murallas. Más tarde los tracios la reconquistaron, pero después de una serie de batallas en el siglo I, la ciudad cayó en el territorio del Imperio Romano. Durante el siglo II, Plovdiv (entonces llamado Trimontium) fue residencia de Trajano y un importante centro regional. Estuvo en pleno auge y había actividades a gran escala de construcción de edificios e instalaciones y de carreteras. De aquella época quedan muchos restos bien conservados de una ciudad próspera: calles empedradas, murallas, edificios, abastecimiento de agua y alcantarillado. Trimontium creció tanto que trascendió los muros fortificados y eso impuso la construcción de otros nuevos. Muchas de las partes de la ciudad se situaron no en la colina, sino a sus pies.
 Los ejércitos otomanos conquistaron Plovdiv en 1364, dándole una nueva orientación de desarrollo. La arquitectura bizantina fue sustituida por un tipo completamente diferente de construcción, de características típicas orientales. El nuevo nombre que recibió la ciudad fue Filibé.
 Durante el Renacimiento, fue un importante centro económico. En la ciudad residían muchas personas adineradas y educadas que viajaban por toda Europa. De sus viajes ellas traían no solo los bienes exóticos, sino también las nuevas corrientes culturales. Los ricos comerciantes de Plovdiv mostraban su bienestar mediante la construcción de casas hermosas, ricamente ornamentadas, que se convirtieron en el emblema de la Ciudad Antigua. Fue también un importante centro cultural y tuvo una importante contribución en el despertar del espíritu búlgaro.
Me impresionó pisar semejante territorio, saber que allí la Historia era protagonista. Cierto que pasear por las calles empedradas y ascender a sus colinas resultó fatigoso, pero sin duda que mereció la pena. Me traigo la visita a una de las casas de rico comerciante de sedas, la contemplación del teatro romano y el saber que allí se recuperó de la enfermedad que contrajera en su viaje del Transiberiano el escritor Alphonse de
Lamartine y un par de curiosas esculturas que pudimos tocar: la del chismoso que se toca la oreja con la mano y que representa a un personaje real al que la gente siempre le preguntaba pues estaba al tanto de la vida y milagros de la ciudad y la de un violinista muy bien caracterizado.
De vuelta nos detuvimos a visitar la bodega de vino Julia en la que degustamos una cata de un blanco afrutado y un par de tintos a base de uvas pinot y mavrud. Cata que acompañamos con un queso muy rico y un salchichón típico cuyo nombre es lukanka. 
, Lo que quedaba de viaje, el viernes y sábado, lo dedicamos a pasear por Sofia, incluso cogimos el Metro, que nos sorprendió por su modernidad. Callejeamos hasta el monumento al ejército soviético, una mole que representa a un soldado, fusil en mano, dominando a los “pobrecitos” (entre comillas) búlgaros y que es objeto de disputas entre los nostálgicos de la época comunista y los nacionalistas o el monumento al Trabi, el coche del pueblo, hecho a base de fenoplast, un material creado con resina fenólica, algodón y serrín.
Silvia, la guía, además de contarnos todo esto nos relató su experiencia de la vida en tiempos del comunismo, algo que también me impresionó de manera notable: hija de un ingeniero y una traductora, escuchó de labios de su abuela cómo resultó herida en el atentado de 1925 en la iglesia de Sveta-Nedelya, cómo de niña correteaba por el patio de la casa familiar mientras el ambiente estaba impregnado de hortalizas naturales y cómo de adulta sufrió la escasez de alimentos tras la caída del régimen en 1990 haciendo colas interminables para conseguir un poco de queso o una botella de leche.
Así transcurrieron esos cinco intensos días en los que mis sensaciones se enriquecieron con un entorno relajado por el escaso bullicio que se escuchaba, tan alejado del habitual de otros destinos turísticos, con el sonido del agua por doquier y el de las voces de sus habitantes, mezcla de eslavo, turco y griego, sabores mediterráneos de ensaladas y productos lácteos ricos ricos, texturas de piedras milenarias y árboles centenarios que me llenaron de energía, ytolerancia religiosa que ojalá fuera ejemplo seguido frente a los fanatismos que tanto parecen imperar hoy día. La accesibilidad también tuvo su cuota de protagonismo, ya que los semáforos son acústicos y se verbalizan las paradas en el Metro.
Bulgaria, encrucijada olvidada, deja en mí un poso dulce y con ganas de regresar. Sí, regresar para seguir descubriéndola y conocer su majestuoso Valle de las Rosas, sus montañas y bosques, su acogedora hospitalidad. Puede que regrese, quién sabe. Entonces el Orfeo tracio, heredado por los griegos, acaso salga a recibirme con su lira y Homero le acompañe para cantarme las hazañas de quienes forjaron la historia y el exotismo del que, al leer, nos hace soñar.

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viernes, 29 de julio de 2016

La música

La núsica  Dicen que música es La cítara y el tamboril, Dicen pero no saben lo que dicen.  Juran que una balada Y una copla y una tonada, Juran pero no saben lo que juran.  Profetizan que los trinos  Y las coplas y los cantos, Profetizan pero no saben lo que profetizan.  Dicen y juran y profetizan, Pero no, no saben Como yo sí sé.  Música es tu risa Y tu caricia y tu mirada.  Música sí, yo sí sé. Es la que nace de tus manos Y tus labios y tus ojos,  ¿El instrumento? El laúd de tu cintura abrazado por el viento Y el violín de tu sentimiento.  ¿Y la partitura? Las notas de tu ternura Y el diapasón de tu dulzura.  Sí, la música eres tú, Su instrumento, tú, Su partitura, tú.



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jueves, 21 de julio de 2016

La subasta del collar

Buenas noches: Por fin, nuestro amigo Benigno Pérez y su particular confidente, regresan a mis dedos para teclear otra de sus historias. Espero te guste. Un abrazo vacacional.  La subasta del collar  -Lo más importante del plan para que nos salgamos con la nuestra es que Benigno Pérez y su gente no esté allí. Hay que evitarlo como sea. ¿Quién es el que así habla? ¿Qué crimen pretende cometer? Es evidente que la fama del bueno del detective Pérez también llega a los artistas del hampa. -Si queremos que Pérez y los suyos no nos molesten, habremos de pensar en algo gordo que les distraiga. De otro modo, no habrá forma de quitárnoslos de encima. A nadie se le podrá ocurrir que el policía más listo de Madrid no vaya a asistir a la subasta del collar. Hemos de contar con que las medidas de seguridad en la Casa Ansorena serán extremas. Hace años que no se produce un acontecimiento de semejante envergadura. Cuatro hombres se confabulan en el rincón apartado de uno de los muchos bares en torno a la Plaza de Santa Ana y del Barrio de las Letras. Un lugar bullicioso, plagado de turistas y nostálgicos de extintas tertulias conspiranoicas de pasados siglos. Nadie les presta atención. Aparentan ser otros de tantos clientes que charlan en torno a la mesa cuadrada de mármol desportillado mientras remojan el gaznate a base de rubias bien tiradas a espita de barril. -Lo mejor será que nos carguemos a alguna fulana. Eso sí, que esté buena y tenga las carnes prietas. De paso que entretenemos a ese gachó gilí, nos damos un gusto. Yo apuesto por alguna rusa de ésas que andaban hasta hace poco por Montera y que ahora se pasean por el Polígono del Gato, en Villaverde. Llevan un rato los cuatro. Los cuatro son hombres duros, semejantes a trabajadores de mediana edad, hechos a lo físico en talleres o carga y descarga de mercancías en Mercamadrid, pero es uno de ellos quien lleva la voz cantante. Le dicen Pepón o jefe. -Ni hablar de eso. Una muerta más no sería caso para Pérez. Hemos de pensar en algo más… nuevo. Menos visto.    -Pepón, ya sé lo que haremos. Montar un incendio en alguno de los museos de la capital, el de la Ciudad, ongamos por caso, daremos aviso mediante una llamada anónima o un mensaje, de que el único que podrá parar la tragedia es Pérez, yendo al lugar y, mientras, nosotros hacemos lo nuestro en la subasta.  -No me parece mala idea. Tendremos que tenerlo todo listo para la tarde del jueves, una hora antes de que la tal Cristina Mato de Ansorena, como Directora de la Galería, inagure el acontecimiento. ¿Has encargado los trajes, Pulgas? -Sí, ya los tengo conforme las tallas que me disteis. Lo mismo que la cartera de piel en que nos lo llevaremos, una vez demos el cambiazo. Y es que al jueves siguiente en que semejante reunión tiene lugar en la Cervecería Alemana se va a celebrar la subasta del collar de perlas negras que Alfonso XIII regaló a su esposa Victoria Eugenia, entre otros presentes, para que lo luciera en la fiesta de aniversario de su boda, el 31 de mayo de 1907. Con semejante fiesta y regalos quiso, el monarca, compensar la nefasta ceremonia del año anterior a cuenta del atentado que sufrieron cuando, una vez casados, se dirigían desde los Jerónimos al Palacio Real, a la altura del número 88 de la Calle Mayor. El collar constaba de 44 perlas negras de simpar rareza, engarzadas en oro blanco y con broche de aguamarinas. Un collar que, por los avatares de la Historia, fue vendido en los años del exilio y que ese día retornará, como si de un ciclo se tratara, a las manos de donde fue concebido aunque ya ni el orfebre ni el taller que lo crearon exista. -Repasemos entonces el plan: tú, Mañas, te encargas de la maniobra de distracción y todo lo que conlleve en el Museo de la Ciudad, creo que está situado en la Calle Fuencarral, habrás de contar con que los bomberos no puedan apagar fácilmente el fuego prendiéndolo con disolventes químicos; tú, Pulgas, serás quien, justo en el momento en que vayan a subastar el collar, cortes los fusibles y luces de emergencia, el tiempo justo para que a mí me dé tiempo a suplantar el collar auténtico por el falso que llevaré en el maletín, serán suficientes un par de minutos para mí, pasados los cuales volverás a dar las luces; tú, Gafitas, nos esperarás a la salida con el coche, listo para largarnos de la sala sin llamar la atención. Cuando el que haya pujado más alto por la joya proceda al proceso de identificación se darán cuenta del fraude pero nosotros ya estaremos fuera. Nos reuniremos los cuatro en la casa de Ríos Rosas para de allí, en cuanto nos deshagamos de todo lo empleado, quemándolo, coger el AVE. ¿Está todo claro? -Nítido, jefe. El ambiente en la Sala de Subastas Ansorena, sita en la Calle Alcalá 52, es el propio de las grandes ocasiones. Como es habitual el ágape, a base de finos canapés y champán francés aacompañan la bienvenida de los habituales. Las lentejuelas, los trajes cortados a medida y las sonrisas profesionales protagonizan el preludio de semejantes negocios, vestidos de eventos culturales. La anunciada subasta del collar será la última de entre los diversos objetos de orfebrería con historia que esa noche van a pasar a manos de apasionados del lujo y especuladores del Arte. Todo marchará conforme lo previsto para todos. Para la organización y para los participantes, para los ladrones y para… Tras la sorpresa producida por el momentáneo apagón el acto se reanuda sin aparente novedad. Ni Pepón ni el Pulgas ni, mucho menos, el Gafitas han reparado en una distinguida señora que no se pierde detalle de nada. Pasa por una más de las asistentes, pero no tiene el más mínimo interés en lo que esa noche se está vendiendo. Sabe muy bien cuál es su objetivo. Camino de la Calle Ríos rosas un camión de la basura impactará contra el coche que conducía un hombre al que, por sus típicos anteojos que siempre le acompañaron, le denominan Gafitas. Los tres ocupantes del vehículo, alquilado con nombre falso, por cierto, morirán en el acto. De igual forma, sucederá a aquél que ha provocado un voraz incendio, a duras penas sofocado por los bomberos y el equipo policial del detective Benigno Pérez. Nada podía hacerle suponer que una motocicleta le atropellaría cuando se disponía a coger el Metro en la estación de San Bernardo. También morirá en el acto. Y es que la anónima señora que ha controlado los movimientos de la banda del Pepón, tiene muy claro que a ella nadie la puede vencer ni ganar por la mano. Mientras, como si se tratara de gavillas de paja, recoge las negras almas de los cuatro matones, hará que le entreguen a su amigo Benigno un maletín que contiene un collar, ese mismo collar que un comprador reclama, de forma vehemente, ante la atribulada gerencia de la famosa Casa de Subastas Ansorena.


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