domingo, 17 de octubre de 2010

Buscando setas

Un domingo mas, escribo para desearos feliz semana.
Que os haga sonreír y soñar.
Con mis mejores deseos.


Casi no la vi. Estuvo a punto de pasarnos desapercibida y, sin embargo…
Habíamos salido, mi mujer y yo, aquella mañana de octubre en busca de setas que sirvieran de acompañamiento en sus guisos _todo un placer para mí y para cuantos tuviesen la ocasión de paladearlos_. Y, a qué negarlo, con ganas de oxigenarnos tras la dura semana de trabajo .
Solíamos darnos buena maña en ello. Bien provistos de la cesta donde depositarlas y del atuendo que nos protegiese de la humedad reinante, teníamos claro el paraje al que nos dirigiríamos. Era un lugar poco conocido, pero que a nosotros nos gustaba por estar bastante aislado, prácticamente solitario, lejos de otros más concurridos. ¿La razón de aquello? Posiblemente, que no era fácil descubrirlo, ya que había de atravesarse un roquedal algo inhóspito.
Llegamos temprano. Daríamos una primera batida y haríamos un alto en nuestro rincón preferido: un tronco de roble caído pero, no obstante, eterno, casi fosilizado, donde siempre que íbamos nos gustaba cogernos de la mano sentados sobre él, sintiendo como si su sostén nos impregnase de magia, de fuerza; nos uniese más.
La jornada se desarrollaba bien. Llevábamos ya casi llena la canasta, nutrida con senderillas, nícalos y las de cardo, nuestras preferidas.
 Mi mujer, Mercedes, estaba contenta. Su cabellera castaña era lamida por unos persistentes rayos de sol otoñales y sus ojos refulgían de goce dichoso ante lo hermoso de la mañana. Cómo me gusta verla así.
 Yo pensé que podíamos darnos por satisfechos y pensar en buscar sitio para el almuerzo. Así se lo dije a ella, pero…
-Cariño, mira qué cosa tan bonita.
Yo no veía nada más hermoso que sus manos, pero ella insistía.
-No seas bobo. Te digo que ahí, delante de tus narices, hay una medalla o una moneda o algo así.
Me agaché y efectivamente, era algo bonito aunque ni una medalla ni una moneda. Era una piedra redonda de color rojizo tornasolado con pintas verdes y azules. Sí que era curioso aquello.
Cuando me dispuse a cogerla para hacérsela suya _nadie podría merecer aquello más que ella_ oímos una vocecilla protestar:
-¿Quién osa robar el tejado de mi morada?
¿Quién podía ser la dueña de aquellas enojadas palabras?
-Soy una de cuantos seres diminutos poblamos este bosque. No queremos que nadie nos moleste.
-Bueno, bueno. Pero es que Es tan precioso eso que tú llamas tejado que quise regalárselo a mi querida esposa, ella que tan buena es.
-Vosotros los humanos siempre tan caprichosos.
-Déjalo, cariño. No quiero incomodar a esta simpática niña. Déjala tranquila.
-¿Y no podría… hacerse algo para que nos la dieses?
-Que no, que no. Si te la quedas mi vivienda y mi mundo se inundará y yo, y los míos, moriremos sin remedio. Claro, que tú eres más fuerte que yo y si quisieses…
-Ah, no. No se trata de eso, que nosotros somos muy respetuosos con la naturaleza.
-Bueno, si así fuera podría regalaros, a cambio, otra cosa. Me habéis caído bien. Tomad.
-¿Qué es? ¿De qué se trata?
-Acercamoss nuestras manos, acuclillados hacia la voz de aquel extraño personajillo, y en la palma de Mercedes depositó una especie de lágrima cristalizada de color ambarino.
-Cada vez que vuestros ojos se llenen de tristeza, pasadla por ellos y se iluminarán. Cada vez que vuestra boca se entristezca, besadla y sonreirá. Cada vez que sintáis frío en el corazón, apoyadla en él y el calor de la vida os fortalecerá. Cada vez que os sintáis solos, aferraos a ella y os sentiréis cerca el uno del otro. ¿Os gusta?
-Es genial, ¿verdad, querida?
-La guardaré y la cuidaré. Este día va a ser inolvidable. Menos mal que estuve atenta y vi eso que tú llamas tejado, y qué más podría desear, si tengo el amor de alguien que ve algo bonito y, en lo primero en que piensa, es en regalármelo. ¡Qué afortunada soy!
    
  
  
   

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viernes, 15 de octubre de 2010

El nogal

A cuenta de las 4 nueces con que cada día desayuno y de la imagen que me envían del nogal que hay en el huerto de mi abuelo, os cuento algunas curiosidades acerca de este árbol, cuyo fruto es tan suculento.
Este gran árbol, tan preciado en ebanistería, que alcanza unos 15 metros de altura, es un ejemplo de fuerza y de constancia; antes de dar fruto, necesita, al menos, 20 años de preparación. Existen dos tipos, el Jungla regia, de orígen europeo y el Jungla australis también llamado Criollo o Salteño.
Desde la Antigüedad, también se conocían las propiedades curativas de este árbol: el extracto obtenido por el cocimiento de las hojas posee propiedades astringentes. Además actúa contra las escrófulas (paperas), previniendo los efectos contraproducentes de la edad adulta (debilidad general, impotencia, enfermedades infecciosas y en casos graves tuberculosis).
Por otra parte la nuez integra las costumbres del amor y el casamiento: es símbolo del abandono de la casa paterna y de la época de solteros. En países como Italia, aún hoy se arroja junto con arroz a los novios, siguiendo la costumbre de los antiguos romanos que tiraban nueces a la multitud para simbolizar el fin de todas las aventuras amorosas anteriores a la boda.
Pero curiosamente, desde la antigüedad la nuez era símbolo de renovación de la vida y superación de la muerte. Así, podía simbolizar tanto una cosa como la otra. Veamos algunos ejemplos: La medicina ayurvédica atribuye a la nuez un valor nutritivo cuatro veces superior al de la carne y los médicos chinos la emplean para aumentar la potencia sexual del varón. Así su uso se ha difundido como tónico para la potencia y la inteligencia, ya que es símbolo de fertilidad tanto física como mental (históricamente se asociaba la nuez con el cerebro y la cáscara con la cabeza, y al mismo tiempo se la relacionaba con los testículos y con la capacidad de procrear). En cambio en Eslovaquia, la infusión hecha con sus hojas es un excelente anticonceptivo.
Mientras que en el Cercano Oriente se considera aún el árbol de los difuntos y por ello se lo planta en los cementerios, en Europa se lo planta cuando nace un niño. En la zona del Mediterráneo se pensaba que el nogal era un árbol embrujado, pero como contrapartida, se colocan sus ramas en las ventanas para protegerse de los hechizos de las brujas.
Son muy conocidas sus propiedades de antídoto universal contra todo tipo de envenenamientos, gracias al mitridato, uno de sus componentes. Sin embargo Plinio, el estudioso romano autor de la Historia Natural, prevenía que dormirse bajo un nogal podía provocar fuertes dolores de cabeza. Y una leyenda judía cuenta que nueve demonios habitaban bajo cada nogal. Nueve es el número del fin de ciclo, del final, de la perfección y de la transición a un nuevo ciclo. También son nueve los meses del embarazo, al cabo de los cuales surge una nueva vida que reemplaza a la vieja.
Todas las etapas de transformación o transición en la vida están ligadas a la nuez. Para lograr la adaptación de las mismas se deben superar las inseguridades personales que nos producen indecisión y ambigüedad. y , estas contradicciones y similitudes, no hacen más que mostrarnos que las propiedades y leyendas sobre este árbol acercan aún más la vida y la muerte.

De la revista Crecimiento interior, nº 9

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jueves, 14 de octubre de 2010

Chen Guangcheng

Cómo no hablar de este personaje, luchador en defensa de la vida pese a su ceguera.


Apodado el «abogado en alpargatas» por sus orígenes humildes, Chen, de 39 años, fue condenado por criticar una masiva campaña de abortos y esterilizaciones en los pueblos de su provincia natal de Shandong, al este de China. Sus denuncias, profusamente documentadas, pusieron el dedo en la llaga de la política del «hijo único» impuesta por el Gobierno a finales de los 70 y destapó las irregularidades en su cumplimiento por parte de las autoridades locales, que a menudo recurrían a la violencia para intimidar a los campesinos para cumplir los cupos de nacimientos.
Aunque Chen se quedó ciego durante la infancia, con tesón estudió leyes de forma autodidacta y pronto empezó a interesarse por los abusos que sufrían sus vecinos, especialmente los disminuidos, a los que asesoraba gratis desde 1996. Tras desvelar la campaña de esterilizaciones y abortos, las autoridades de Linyi acosaron a Chen y a su esposa, la también abogada Yuan Weijing, hasta el punto de impedir sus movimientos y comunicaciones.
Mientras su mujer lleva desde 2005 constantemente vigilada y, en ocasiones, es confinada bajo arresto domiciliario, él fue sentenciado en 2006 después de que tres de sus abogados fueran detenidos la noche antes del juicio, otro más recusado por el tribunal y el quinto sufriera una paliza. Dentro de las irregularidades del proceso, sus partidarios aseguran que las pruebas contra Chen por instigar un ataque contra las oficinas del Gobierno y dirigir a un grupo de manifestantes para cortar el tráfico estaban amañadas.
Al cabo de cuatro años entre rejas, la Policía llevó al abogado a su casa, en el pueblo de Dongshigu, el jueves, día 9 de septiembre,  al amanecer, justo cuando sus familiares se disponían a ir a recogerlo a la prisión. No se trataba de una cortesía del régimen, sino del modo de asegurarse de que Chen pasaba de su celda en la cárcel a su confinamiento domiciliario sin armar demasiado alboroto y, lo más importante, sin hablar ante la Prensa extranjera.
Desde varios días antes de su liberación, la Policía ha estrechado el cerco sobre su esposa, a la que incluso ha seguido en sus compras al mercado, y ha colocado agentes junto a su casa y en la entrada a Dongshigu, donde ha instalado varias cámaras de seguridad. Los periodistas que han intentado acercarse para entrevistar a Chen, con un equipo de la agencia AP, han sido interceptados de inmediato en estos controles de carretera.
Además, su teléfono y el de su esposa permanecen bloqueados y nadie puede ponerse en contacto por ellos. A través de sus familiares, Chen Guangcheng ha asegurado que su estancia en la cárcel no le ha cambiado, pero su salud ha empeorado desde julio de 2008 y padece diarreas crónicas por las frecuentes intoxicaciones que sufrió en prisión sin recibir el tratamiento médico adecuado. Mientras cumplía condena, también denunció que otro interno le había dado una paliza.
Desde Hong Kong, la ONG Defensores Chinos de los Derechos Humanos ha apelado a la ONU y al Gobierno chino para acabar con los abusos que sufre Chen Guangcheng.

Diario ABC, 11 de septiembre

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martes, 12 de octubre de 2010

¡Vivan las fiestas del Pilar!

Cómo no escribir hoy sobre la festividad del Pilar, felicitar a las Pilares (que bien lo merecen) y presumir de pertenencia a esta España con todas sus letras, sin eufemismos ni pacatas vergüenzas.
Quiero compartir mis recuerdos de otras fiestas pilaristas, de aquellos tiempos en los que veía…


Esas quedadas en la Bola del mundo de la plaza zaragozana del Pilar mientras mi sobrina Susana pasaba a dejar las flores ante la Virgen.
Ese colorido de trajes típicos de baturra, tantas y tantas flores, el manto, la devoción de miles y miles de personas a quienes no les ha importado tener que permanecer oras para llegar hasta allí y que una vez desfilado comparten almuerzos en armónica alegría.
Y, claro, la música de la tierra, las jotas, el son de castañuelas, de gaitas y bandurrias.
Pero también recuerdo cómo me afanaba en ver los fuegos artificiales porque era la forma de ver colores cuando ya mis ojos empezaban a perderlos. Recuerdo las tonalidades naranjas, verdes, blancas en medio de la noche, las culebrinas, los rosetones. Ahora ya ¿para qué verlos si ya sólo me queda la nostalgia de lo que vi y ya no veo?
Y esos conciertos en las calles, esa feria de productos gastronómicos de Aragón y, por qué no, esos intentos de cenar en medio del gentío en céntricos bares del Casco Viejo.
En fin, y hoy, en mi casa madrileña alejado de la fiesta.
Me gustaría ir a ver el desfile de nuestras fuerzas Armadas, pero ésos son de los lugares a los que sólo iría viendo. ¿Qué queréis? Hay ocasiones en las que no me conformo sólo con estar.
Bueno, sonríamos y brindemos por la fiesta y por las Pilares y Pilaricas.
  

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lunes, 11 de octubre de 2010

Ir por lana y salir trasquilado

Me contaba mi padre, en uno de nuestros paseos veraniegos por los campos sorianos, cómo alguien, dándoselas de listo, quiso burlarse de un pastorcillo.
Me decía que el sucedido discurrió así:

-Niño, ¿cuánto hay de aquí adónde voy?
Y el rapaz, tras unos instantes de silencio meditativo, rascándose su cabezuela, le contestó, con ingenua sonrisa:
-Pues si va a la mierda, poco porque acabo de cagar ahí al lado.
Parece que el iluso “sabio” quedó con la boca abierta y sonrojado ante tamaña respuesta.
Coincidireis conmigo que se le estuvo muy bien empleado porque, a veces, nos crecemos ensoberbecidos por la creencia de tener más títulos,olvidando que de todo el mundo puede aprenderse algo, incluso de las personas, supuestamente, más ignorantes.
        

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domingo, 10 de octubre de 2010

Una tarde de lluvia

¿Qué hacer cuando tienes previsto salir al campo y no parece que vaya a dejar de llover?
Lo que en principio es una contrariedad, tal vez pueda ser una ventaja.
El entorno intensifica sus aromas, los árboles te regalan su cobijo haciéndote sentir arropada y, en medio del bosque, descubres una cabaña.
Tú, por lo pronto,  has salido preparada con indumentaria para protegerte y con esa cesta que se nutre de viandas caseras y mantel de cuadros.
Te decides a empujar la puerta del humilde refugio y un hombre te sorprende.
-Pasa, pasa; guapa. Aquí estarás bien. Déjate caldear por este mísero fuego.
Le miras, a un tiempo atemorizada y a otro seducida por sus ademanes seguros de hombre de campo.
Charláis. Le das las gracias y te dispones a compartir tu merienda con la suya.
      Le cuentas que tu chico salió temprano, en busca de setas y moras, y que habías quedado en encontrarte con él, pero que la lluvia te desvió de tu camino. Que le has llamado al móvil y te ha dicho que regresaras, pero ahí estás.
El hombre, te dice, es pastor, de los pocos que van quedando ya, que las cosas del ganado cada vez andan peor, pero que aún quedan locos como él. Eso sí, ahora se desplaza en moto y sus soledades se ven acompañadas  por las voces de la radio.
Parece que el aguacero se calma. Mientras, habéis saciado  vuestra hambre. Se ofrece a llevarte. ¿Por qué no?
Preferirías andar, pero todo está empapado y tu tito te espera.
Llegáis a tu casa. Es ya noche y, a vuestro paso, han salido los habitantes de ese bosque que te ha deparado una nueva amistad y una tarde de esencias en estado puro.
Te dices que bien valió la pena mojarse y además ahora tu casa te parece más hogar, más mágica.
El pastor os ha deseado buen descanso a tu tesoro y a ti y habéis quedado para un segundo encuentro de tres personas amantes de la buena naturaleza.
 ¿No valió la pena, acaso, arriesgarse? ¿Y si te hubieras dejado vencer por la comodidad de la pereza?
Cuántas cosas no nos perdemos por no salir un día de lluvia.
Qué importa que nos mojemos, que no haya quien nos sujete el paraguas. ¿Y si una persona de cuento se ofreciera a hacerlo?


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viernes, 8 de octubre de 2010

Ayora y su fiesta de la miel


El Valle de Ayora se viste de fiesta el fin de semana del Pilar, 12 de octubre, fecha elegida por los pueblos del valle para exponer sus trabajos y productos más tradicionales. Completan los cuatro días de celebración distintas actuaciones musicales, casetas donde se realizan actividades artesanales y se puede saborear los alimentos más típicos del valle y, sobre todo... ¡Miel!, motivo principal de la convocatoria y que ha hecho famoso este enclave en todo el mundo por su calidad y sabor.
La feria se desarrolla principalmente en la Plaza Mayor de la localidad valenciana de Ayora y toda la celebración gira alrededor de la miel. La producción apícola de Ayora, es resultado de una arraigada tradición en la cultura de esta villa; se refleja de la forma más natural y directa en pleno siglo XXI en el Primer Corte de la Miel.
La miel de Ayora, es un producto de calidad, natural obtenida desde el respeto y la valoración de la biodiversidad y del medio ambiente a través de los siglos hasta nuestros días, y ofrecida directamente a los consumidores como producto agroalimentario con un gran valor añadido.

El Primer Corte de la Miel, permite conocer directamente todos los productos de la colmena: miel, jalea, propóleos, cera, y es una excelente ocasión para ver una extracción en directo en un colmenar vivo y degustar la miel en el panal. La muestra de gastronomía local, artesanía y nuestro patrimonio completan la oferta de este evento.
Desde sus orígenes la actividad apícola está vinculada a Ayora, a su territorio y a los apicultores que aúnan tradición e innovación para ofrecer productos diferenciados por su calidad y saber hacer. Trabajamos por ese merecido reconocimiento y situar la miel en el puesto que se merece, entre los productos saludables y de primera calidad que deben integrar nuestra famosa dieta mediterránea.
El Primer Corte de la Miel es una oportunidad única para conocer de cerca la apicultura: la colmena, su organización, los utensilios y tareas, productos como la miel, el polen, la jalea y sus propiedades.
El visitante puede degustar, además,  productos locales como aceites, embutidos, vinos, salazones, o quesos, así como los platos más típicos de la cocina de Ayora y su comarca.
Los recursos patrimoniales, históricos, medioambientales del Valle de Ayora ofrecen y complementan una oferta atractiva y diferenciada para el disfrute de los asistentes a este evento.
Desde lejanos tiempos, la naturaleza y el buen hacer de los ayorenses han ido dando forma a este enclave hasta convertirlo hoy en un referente del turismo de interior. Su variada oferta de casas rurales, en el casco urbano o en plena naturaleza, casas de uso compartido o de alquiler completo, actividades en contacto con la naturaleza y el rico patrimonio natural y cultural del Valle de Ayora se complementan entre sí. Un conjunto de alicientes y servicios bien conexionados y que hacen de este valle del interior valenciano una excelente opción a tener en cuenta al planificar un viaje de fin de semana o para estancias de mayor duración.

Este reportaje ha sido tomado de Revista ibérica.
 

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jueves, 7 de octubre de 2010

La ayuda que te ofrece una mano amiga es tan hermosa como una manzana olorosa

Tenía hoy previsto compartir otra entrada con vosotras y vosotros en Tiflohomero. Pero al escuchar esta frase en “El auriga de Hispania”, la novela que estoy leyendo, no me he podido resistir a regalárosla.

Sí, regalárosla porque me parece muy apropiada y cierta.
Yo que cada día, a las 2 de la tarde, haciendo un paréntesis en el trabajo,  degusto una manzana, que cada día recibo esa ayuda de manos amigas, doy fe de que, tanto lo uno como lo otro, es verdaderamente hermoso y alentador.
Ojalá mis manos puedan ser también fuente de amistad gozosa.
Y de las manzanas, ¿qué decir? Que me encantan, ya sea en forma de tarta, asada o mordida con delectación paladeando su sabor y disfrutando de su aroma. Y mira que hay variedades…
Buena noche.   

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miércoles, 6 de octubre de 2010

Felicidades al cine sonoro

Hace hoy 83 años que se estrenó la primera película del cine sonoro. Todo un acontecimiento. Su título “El cantor de jazz”.

Aunque actualmente no sea yo muy practicante del cine, no quiero dejar pasar esta efeméride.
Recuerdo de mis tiempos de cuando veía escenas clásicas como aquella en que buster Queeton escala por una pared hasta que se queda colgado de las agujas del reloj, o esos mares azules en los que desarrollaba sus hazañas Errol Flim o ese rascacielos ardiendo en El coloso en llamas o, cómo no, esa carrera de cuadrigas de Ben hur.
Y aún veo al león de la Metro o el 20 de la Fox dando paso a promesas de emoción y aventuras.
Ahora, la mejor forma que tengo de acceder a las pelis es a través de la audiodescripción y sus narraciones en off para describirnos lo que aparece en pantalla más allá de los diálogos. Aunque también podría aceptar, eso sí, en buena compañía, el ver una comedia o una de intriga inteligente.
En cualquier caso, vaya mi felicitación al cine sonoro.
Si pincháis en el título de esta entrada, podréis recordar un fragmento de aquel Cantor de jazz.
      ¡Cámaras, acción! ¡Se rueda!

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martes, 5 de octubre de 2010

Las paradojas de nuestro tiempo

Hace ya días que vengo pensando en las paradojas que nos toca vivir de la mano de nuestros políticos en su afán por “protegernos” (entre comillas).
Y es que me resulta curioso que a la vez que se llena la boca de palabras que hablan de libertad y tolerancia, se promulgan leyes que prohiben.


Se prohiben los espectáculos taurinos, la venta de bollería en los colegios, el fumar en espacios cerrados… y quién sabe qué ocurrencias más.
Y yo no digo que no esté bien o mal el consumo de esas prohibiciones, pero lo que sí digo es que más que prohibir, vetar, debería tratarse de convencer, concienciar.
¿No os parece?
En cualquier caso, siempre que se anuncia una nueva prohibición , so pretexto de velar por la buena salud de los sufridos ciudadanos, algo chirría en mi mente.   

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domingo, 3 de octubre de 2010

Excursión en el Tren de la fresa: viaje al pasado

¿Y si os hablo de mi último viaje?
Se produjo el sábado y podríamos decir que lo fue al pasado, tanto por el medio utilizado como por lo que vimos.
Eso sí, que los cinco ciegos que fuimos debimos echar mano de la imaginación, porque la vista… nada de nada.
Se trataba de visitar uno de los reales sitios, Aranjuez. Y de hacerlo en uno de esos trenes turísticos que persiguen emular el pasado ferroviario de nuestro país: el Tren de la Fresa.


La experiencia como tal no fue mala: evocar sobre cómo se viajaba en tiempos pretéritos, parece que ya olvidados. Nos hemos acostumbrado a la velocidad y comodidades del AVE, pero hubo épocas en que los trenes eran de madera y estaban tirados por locomotoras de vapor y, sin embargo, aquéllos eran también notables avances frente a diligencias y caballerías. Además, te ofrecen conocer espacios emblemáticos. La idea es interesante y la organización buena.
La incomodidad de los asientos y resto de peculiaridades, se daban por hecho. Ahora bien, el comportamiento de los niños que nos tocaron en suerte (más bien, podría decirse en desgracia) en nuestro vagón. Una jauría desbocada, que ni a la ida ni a la vuelta dejaron de berrear, eso sí que no podía esperarse. Cuán alejados estaban ellos de lo que debió ser el comportamiento de los que viajaran en su día. Me parecieron, a más de insufribles, tan fuera de lugar..
En el transcurso de la ida, unas simpáticas azafatas, ataviadas al uso del siglo XIX, nos repartieron unas cajitas con fresas que, pese a no ser de temporada, no estaban nada malas (digo las fresas, porque las azafatas, ni idea).
Y a la llegada, subimos a autobuses que nos condujeron al palacio, donde se nos hizo una breve explicación de alguna de las principales dependencias para acabar invitándonos a que, ya por nuestra cuenta, diésemos una vuelta por el museo de la vida _con sus carruajes, abanicos y trajes_. Por supuesto, a nosotros no nos dejaron tocar nada, así que decidimos salir cuanto antes en busca de los jardines y el sonido de sus fuentes.
Tras la comida, en un restaurante asturiano, al que nos llevó la ermana de elena (así da gusto), la tarde ofrecía dos posibilidades: el museo de las falúas (barcas utilizadas por la realeza) o plaza de toros y museo. Como aquél no disponía de guía y éstos sí, nos decidimos por darnos un baño de sabor taurino. Y a mí, al menos, me encantó sobre todo por cómo nos fue explicado su contenido y el tono de la guía: todo casticismo y gracia. La mar de simpática y voluntariosa con los cinco cegatones que le cayeron en gracia esa tarde de sábado: suertes del toreo, anécdotas, historia de una plaza construida en 1787.
El regreso a la estación volvió a ser en autocar tras breve paseo por el centro de la ciudad con sus palacios nobiliarios y tiendas modernas: pasado y futuro unidos enmarcando el deambular de los turistas que nos acercamos ese día de postrer veranillo, vislumbrando a aquellos otros veraneantes de una época de nuestra Historia tan lejana ya.
Llegué a casa cansado, pero con la satisfacción de haber acumulado otra experiencia más y con las ganas de repetir otro viaje en tren, esta vez a Sigüenza. Veremos, veremos.

                            

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viernes, 1 de octubre de 2010

Recomendaciones narrativas octubre 2010

Un mes más, os traigo algunas sugerencias que ayuden a la práctica de ese sano vicio que constituye la práctica de la lectura.



EL BRILLO DE LA SEDA
Anne Perry
Ediciones B, 2010. 576 págs.
Novela de aventuras
La joven Anna Zarides llega a Constantinopla disfrazada de eunuco dispuesta a dedicarse a la medicina. La acompañan sus dos fieles sirvientes y amigos: la criada Simonis y el eunuco Leo. Desde el momento mismo en que llegan a la bulliciosa Constantinopla del siglo XIII, amenazada por las cruzadas, Anna pasa a ser Anastasius. Detrás del viaje de Anna hay otra motivación: su hermano gemelo, Justinian, ha sido acusado de asesinar al emperador Bessarion, y ella está decidida a probar su inocencia. Pasados los años, Anastasius llega a ser un doctor conocido y respetado que se relaciona con la alta nobleza. Mientras tanto, Constantinopla y todo Bizancio están bajo el asedio de las tropas de Carlos de Anjou, y Anna aprovecha la oportunidad de salvar a su hermano.

UN CORAZÓN LLENO DE ESTRELLAS
Francesc Miralles, Alex Rovira
Ed. Aguilar, 2010. 220 págs.
Libros infantiles y juveniles
Gabriel tiene nueve años y ha crecido en un orfanato junto a su fiel amiga Eri. Una mañana ella no se despierta y es llevada a un hospital, donde los médicos diagnostican que la niña ha entrado en coma por causas desconocidas. Muy asustado, el niño sale en busca de ayuda. Nadie sabe darle consejo. Sin embargo, al entregar su única moneda a una mendiga, ésta le explica que Eri tiene el corazón enfermo por la falta de amor. Para curarla existe un remedio: debe encontrar las nueve cualidades del amor y hallar a nueve personas que sean un ejemplo de estas virtudes. Recortará a cada una de ellas una estrella de su ropa sin que se den cuenta. Antes de diez días, Gabriel debe entregar los nueve retales a la mendiga para que confeccione con ellos «un corazón lleno de estrellas» que devolverá la vida a Eri. Pero aún faltará algo: una estrella secreta —la número diez— que es la que permite que las otras nueve tengan poder. Para hallarla, Gabriel tendrá que descubrir por sí mismo cuál es el secreto último del amor que todo lo cura.

DINERO GRATIS
Carlo Padial
Ed. Libros del silencio, 2010. 232 págs.
Cuentos y relatos
Carlo Padial recupera la mejor tradición satírica para crear una potente y desquiciada comedia humana por la que desfilan, entre otros, un fotógrafo de National Geographic atrapado en incómodos dilemas morales, un hombre tiranizado por las manías higiénicas de su mujer, un tipo obsesionado por el éxito artificial de un escritor sin talento, un cafeinómano dispuesto a acabar con el imperio Starbucks, un desempleado enfrentado a una empresa intangible de dimensiones monstruosas y hasta el mismísimo Ángel Pavlovsky.

INCERTIDUMBRES, RETOS Y POTENCIALIDADES DEL S.XXI: GRANDES TENDENCIAS INTERNACIONALES
Ediciones Fundación Sistema, 2010.
Sociología
El siglo XXI se presenta como un período apasionante de retos y potencialidades, que no están exentos de riesgos e incertidumbres. En este volumen se abordan tres grandes cuestiones: 1) Las grandes tendencias de las sociedades del siglo XXI, 2) Las potencialidades y oportunidades de la revolución científico- tecnológica y 3) Los principales escenarios del siglo XXI, tal como son anticipados por los expertos y por la opinión pública.

INVITACIÓN A UN ASESINO
Carmen Posadas
Ed. Planeta, 2010. 320 pags.
Novela de intriga
Recién divorciada de su quinto marido y completamente arruinada, la perfecta y glamurosa vida de Olivia Uriarte se está yendo a pique. Con la intención de evitar el inminente declive, Olivia traza un plan minucioso para provocar su muerte… o mejor dicho, su asesinato. Un lujoso velero en mitad del océano y ocho invitados muy especiales: aquellos que, por oscuras razones del pasado, estarían dispuestos a asestar el último golpe sin dudarlo. Olivia ha dejado todo dispuesto para su gran final, incluidas aquellas pistas que deberá seguir su hermana Ágata para resolver correctamente el rompecabezas. Una tarea liberadora que la empujará a empezar de nuevo sin el peso de la sombra de su hermana. “Invitación a un asesinato” supone una vuelta de tuerca a las clásicas novelas de detectives en un escenario social dominado por los nuevos ricos. Una obra repleta de humor exquisito, ingenio, y una trama que juega con el lector y lanza constantes guiños a los amantes de Agatha Christie, Conan Doyle y Hitchcock.

LO QUE SÉ DE LOS HOMBRECILLOS
Juan José Millás
Ed. Seix Barral, 2010. 192 págs.
Novela fantástica
La rutina diaria de un profesor universitario se ve perturbada por la irrupción de perfectas réplicas humanas en miniatura que se mueven con soltura por el mundo de los hombres. Un día, uno de estos hombrecillos, creado a imagen y semejanza del catedrático, establece una conexión especial con él y convierte en realidad sus deseos más inconfesables. En este libro, el académico narra el último de estos encuentros secretos, que resulta también el más intenso y peligroso, pues además de averiguar dónde viven, qué costumbres tienen y cómo se reproducen estos hombrecillos, interviene en su pequeño mundo mientras la vida sin inhibiciones convierte el suyo en una verdadera pesadilla. Piénsalo por un segundo: ¿soportarías ver cumplidos todos tus deseos?

MAPA DE LOS LUGARES SIN NOMBRE
Tania James
Ed. Salamandra, 2010. 416 págs.
Novela de aventuras
Las hermanas Linno y Anju Vallara se crían en un pequeño pueblo de Kerala, en el sudoeste de la India. Linno tiene un talento innato para el dibujo, y Anju, una de las mejores estudiantes de la región, sueña con ir a Estados Unidos. Así que, cuando le ofrecen una beca para estudiar en una exclusiva escuela de Nueva York, no duda un segundo en aceptar. Acogida por una acomodada familia neoyorquina de origen indio, Anju descubrirá un mundo lleno de privilegios y desafíos que hasta entonces nunca había imaginado. Linno, por su parte, se vale de su talento artístico para iniciar su propia andadura por la vida. Pero cuando la familia pierde todo contacto con Anju, Linno traza un plan para encontrar a su hermana menor. Emprenderá un viaje apasionante, un itinerario que la guiará a través de su mundo interior hacia la revelación de un secreto familiar insospechado.

SALVATIERRA
Pedro Mayral
Ed. El aleph, 2010. 144 págs.
Novela de intriga
A los nueve años, Juan Salvatierra quedó mudo después de un accidente de caballo. A los veinte, empezó a pintar en secreto una serie de larguísimos rollos de tela que registraban minuciosamente la vida de un pueblo del litoral. Tras la muerte de Salvatierra, sus hijos viajan desde Buenos Aires para hacerse cargo de la herencia: un galpón inmenso atestado de rollos pintados. Intrigado por la obra monumental creada por su padre, el hijo menor, Miguel, se dispone a ordenarla. Junto con las telas, desenrolla una intriga de secretos familiares que se hunde en el pasado y esparce sus sombras sobre el presente. Salvatierra parece haberlo pintado todo. Solamente falta un rollo para completar el inmenso cuadro y Miguel siente la imperiosa necesidad de encontrarlo para que no sea infinito.

LA TIERRA DORADA
Barbara Wood
Ed. Grijalbo, 2010. 512 págs.
Novela romántica
Hannah Conroy quiere ser doctora, pero una mujer tiene todas las puertas cerradas para ejercer esta profesión. Tras la muerte de su padre, Hannah se embarca hacia Australia, donde espera tener más oportunidades de conseguir su sueño. Durante la larga travesía se enamora de Neal Scott, un científico americano también ilusionado con el trabajo de investigación que podrá realizar en este nuevo país emergente. Ambos están seguros de su amor, pero, al mismo tiempo, dedicados a su profesión; por eso, aceptan que pasará tiempo antes de poder estar juntos. Una gran historia de amor en la tierra de las oportunidades: la Australia de mediados del siglo XIX.

UN TRAIDOR COMO LOS NUESTROS
John Le Carré
Ed. Plaza y Janés, 2010. 384 págs.
Novela de intriga
¿Qué pasa cuando un mafioso ruso quiere dar la espalda a su pasado, contarlo todo y pedir asilo político? ¿Y si sus confesiones implican a miembros del gobierno? Una joven pareja inglesa, Gail y Perry, decide ir de vacaciones a Antigua, la pequeña isla caribeña. Perry, aficionado al tenis, acaba jugando un partido contra Dima, un carismático millonario ruso. Pero éste, en realidad, es un criminal que quiere pedir asilo político en Inglaterra para él y toda su familia, a cambio de contar todo lo que sabe. Esta introducción es el motor que impulsa este fascinante relato de John Le Carré, que se mueve entre la avaricia y la corrupción, entre las infernales aguas del archipiélago de Gulgan y el yate de un millonario anclado en aguas del Adriático, entre la final masculina de Roland Garros y una localidad suiza enclavada a la sombra del Eiger. Una historia que avanza inquietante hacia un terrorífico final.

ZAIRA
Catalin Dorian Florescu
Ed. Maeva, 2010. 430 págs.
Novela realista
El siglo XX está a punto de finalizar y Zaira Izvoreanu ha decidido que pasará los últimos años de su vida en su Rumanía natal. Sentada en una cafetería de Timisoara en 1998, Zaira inicia un viaje al pasado, comenzando a partir del año de su nacimiento, 1928, en una estación de tren rumana. Así vemos desfilar la vida de esta fantástica mujer y, con ella, los más importantes acontecimientos del siglo. Junto al relato de sus primeros años en la granja familiar con su tía, su abuela y su primo Zizi, sus problemas amorosos, el descubrimiento de su pasión por el teatro y su marcha a Estados Unidos, presenciaremos cómo el pueblo rumano sufrió primero la invasión de los alemanes y luego la de los rusos. A través del relato de la vida de esta mujer excepcional, el autor suizo-rumano nos ofrece un retrato magnífico del siglo XX.


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jueves, 30 de septiembre de 2010

Felicidades, Maestras y Maestros

Os hablaba en mi anterior entrada de la petulancia de ciertos profesores y del ingenio de sus alumnos. Quiero hoy, no obstante, destacar la figura del Maestro con mayúsculas y felicitarle. Que para eso se celebra su día y bien merecido lo tiene.

Recuerdo a doña Rafaela, mi primera maestra cuando aún había escuela en mi pueblo y recuerdo a don Hermilo o don Arsenio. Les recuerdo cuando aún se les llamaba de usted y cuando te enseñaban a su estilo, bien es verdad, algo más que meros conocimientos académicos, valores y cariño.
Considero que es muy difícil enseñar, ser Maestro. Y si siempre lo ha sido, lo es más aún en la actualidad, cuando han perdido buena parte de su autoridad y, en más de una ocasión, se les pretende pasar la función de los padres en materia educativa.
Vaya mi reconocimiento hacia ellos y mi respeto a los que me enseñaron buena parte de lo que sé.
Recuerdo cómo aprendí el alfabeto, a don Arsenio que dibujaba en la pizarra los rostros de personajes célebres, cómo salíamos a buscar hojas para identificarlas o cómo doña Tere se esforzaba por hacerme comprender los misterios de la Física y la matemática, yo que siempre tuve mentalidad de letras. Cómo me recomendaron que comprase la enciclopedia Salvat de Arte para ayudarme a ver lo que no podía a través de las filminas (diapositivas). Ah, lo que daría por ver ahora lo que veía entonces y cómo me esforzaba por escribir con buena caligrafía..
        Bueno, lo dicho… un brindis por esas personas abnegadas y vocacionales que se esfuerzan por sembrar semillas de sólidos cimientos a base de tolerancia, interés y espíritu de aprendizaje en sus alumnos/as.

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martes, 28 de septiembre de 2010

Un cafecito

Os pongo una anécdota que me pasaron hace unos días y que me parece enormemente aleccionadora.

En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta: "¿Cuántos riñones tenemos?"
"¡Cuatro!", responde el alumno.
"¿Cuatro?", replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos.
"Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala", le ordena el profesor a su auxiliar.
 "¡Y para mí un cafecito!", replicó el alumno al auxiliar del maestro.
El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. El alumno era el humorista Aparício Torelly, conocido como el Barón de Itararé (1895-1971)
Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro:
"Usted me preguntó cuántos riñones 'tenemos'.
'Tenemos' cuatro: dos míos y dos suyos. Porque 'tenemos' es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto".
La vida exige mucho más comprensión que conocimiento. A veces, las personas, por tener un poco más de conocimiento o 'creer' que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás...



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lunes, 27 de septiembre de 2010

Going-back

Por aquello de poner aquí buenas canciones, si pincháis en el título de la entrada, podréis escuchar lo nuevo de este cantante, todo un clásico ex de Génesis.
Que os guste.
Se admite explicación sobre las imágentes que aparecen.


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domingo, 26 de septiembre de 2010

El viejo marino

Con mis mejores deseos para esta semana que comienza, transcurrido el verano, vuelvo con mis cuentecillos.
Que os guste.


Cuando llegas al final de tu vida y sólo te quedan recuerdos, te das cuenta de que,total, tampoco estuvo tan mal. Tantas veces como te obcecaste con que tenías que hacer muchas cosas, que buscar gentes que te quisiesen, que alcanzar metas. Y, sin embargo, ¿ahora qué? Un blanco bastón nudoso, una gorraarrugada, una caracola y un sencillo crucifijo.
Perdida toda resistencia, apenas te quedan ganas de protestar, ¡tú que tan cascarrabias eras! Te llevaron a aquel asilo, so pretexto de que estarías bien, sin que quisieran ver que lo que a ti te habría agradado habría sido continuar residiendo en tu universo.
     Y es que tú, desde siempre, sentiste que pertenecías al mar. De niño construías barquitos de papel que botabas en la charca del pueblo. De mayor soñaste con que harías realidad aquellas fantasías de infancia, mas… no, no pudo ser.
Cuando los chicos de tu pueblo, iban a estudiar al seminario, tú te fuiste en pos de tu ideal. Convenciste a tu santa madre, ah ella, tan abnegada, de que triunfarías como capitán de navío, de aquellos buques cargados de tesoros con los que alimentabas tus noches en blanco.
Aunque ahora que lo piensas, a lo mejor, en realidad, a quien buscabas era a las sirenas con sus cantos. ¿Y si te acercas a tu viejo oído esa caracola? Susurros, murmullos, promesas…
Sigues fijando tu mirada glauca hacia el horizonte a través del ventanal que da al pequeño jardín mientras recuerdas, evocas, vislumbras.
Conociste a un encantador de serpientes, le seguiste con fe de adepto y descubriste que él sólo te quiso para explotarte. Claro, ¡eras tan joven, entonces!
Te dejaste arrastrar, seducir,  al son de su música:
-Rodrigo, mi nombre es Joham. Vine de lejos, de un país en el que la noche y el día se turnan durante seis meses, dejándose paso, la una al otro. De un lugar en el que pescar ballenas es lo más heroico, mientras sabes que una rubia mujer te espera. ¿Querrías acompañarme?
¿Qué podías hacer? Habías comprometido tu futuro ante tus mayores y creíste que el destino te salía al encuentro en forma de un rubicundo hombre de mirada de fuego. ¿Cómo te podían afectar, entonces, sus ademanes feroces, su voz bronca o sus manos de oso? Eras joven. Nada te daba miedo.
No te importó, tampoco, que al cruzarte con él, la atmósfera se tiñese de rojo sangre
ni que el aire se volviese inmisericorde. Pronto tuviste que saberlo. comprender que estabas en una inmunda bodega oscura, opresiva, lúgubre, en la que, tú y otros como tú, deberían vérselas con la suciedad y la herrumbre de un decrépito mercante cuyo puerto de destino os había sido ocultado pero que,desde luego, no era el prometedor oasis de riquezas anunciado, ni tampoco ninguna doncella de cabellos de oro te regalaría sus dones, al encontrarse contigo.
 El tiempo pasó viendo cómo te embrutecías hasta que… ¿Cuándo pudo ser? Un enorme estrépito se apoderó de tu mundo infecto. La más horrísona de las confusiones os rodeó. Sólo pudiste hacer una cosa: aferrarte al primer pedazo de madera que alcanzaste y dejarte llevar.
Y cuando quisiste abrir los ojos, la noche se había hecho eterna para ti, ompañera para siempre.
Con la torpeza de un recién nacido, tuviste que gatear a tientas sobre un lecho de arena.
Eso sí, algo habías ganado. Tu oído se había convertido en un experto paladeador de sonidos: hojas dejándose acunar por vientos amables, trinos de pájaros cantando al amor, olas de aquel océano que te llevó lamiendo labios de arenas puras.
Y entonces escuchaste aquella voz infantil que se dirigía a alguien. Tú no podías saber a quién, ni tampoco qué le decía ni cómo sería, pero lo que sí supiste fue que estaba pintada de bondad y que el futuro, para ti, cambiaba de rumbo, giraba el timón desde aquella playa ignota.
       Unas manos callosas de viejo se apoderaron de tus hombros, te ayudaron a ponerte en pie, mientras la niña seguía con su melodía y un perro correteaba a vuestro alrededor.
Te condujeron tierra adentro hasta una estancia fresca, acogedora. Te recostaron en una mullida cama al tiempo que te ofrecían un cuenco con leche tibia.
-Gracias, buenas gentes por vuestro auxilio _pudiste, apenas bisbisear_.
-Descansa, que ya nos contarás. Mi nieta, Isabel y yo te cuidaremos bien. Supongo que serás un superviviente del naufragio que ha habido hace dos noches.   Aunque se dijo que nadie se había salvado, por suerte, parece que no ha sido así.
  Los días fueron transcurriendo tranquilos, mientras tus heridas iban sanando. La niña, una muchacha despierta, vivaracha, alegre, te guiaba al borde de las rocas para oír cómo las olas os arrullaban. Explicaba cómo su abuelo y ella habían llegado a encontrarte y cómo ella disfrutaba acompañándole  
    Te acogieron, dejaron que te familiarizases con su cotidianeidad. Aprendiste a ayudarles. El perro, Canelo, te servía de lazarillo y te hiciste un hueco entre aquellos pastores.
Isabel retomó sus clases. Te contaron que sus padres habían querido emigrar en pos de mejor fortuna y que algún día vendrían en su busca. Todo iba bien asta que…
Cómo pudo ser, tú nunca lo supiste. El caso es que una mañana, unos hombres vinieron por ti. Dijeron que se te tenían que llevar para que testificases en un juicio a consecuencia del naufragio del Odín. ¿Qué te iba a ti en ello? ¿Mas qué podían hacer nieta y abuelo? Qué podías hacer tú?
Todo se trastocó. Una vorágine de abogados, papeleo, interrogatorios… para al final recibir una exigua pensión. Te planteaste regresar a casa de tus padres, pero te dio vergüenza llevar el fracaso como único bagaje y te quedaste.
Fuiste sobreviviendo, la pensión y tu espíritu de luchador fueron tus aliados hasta ace un año.
Entonces dijeron que eras ya demasiado viejo para vivir solo _como si no hubiera sido eso lo que he hecho toda mi vida_ y la asistenta social del ayuntamiento se empeñó en traerte aquí.
Es cierto, las cuidadoras se esfuerzan por agradar, hasta igual podría deciros que he ganado algún amigo, pero qué queréis. Éste no es mi hogar. Mi hogar debería estar en el mar.
¿Qué habrá sido de Isabel? ¿Sus padres la habrán visto feliz? Al menos, ojalá que ellos sí hayan tenido esa suerte. Los míos perdieron a su hijo, raptado por los sueños. Y encima, estoy seguro, de que me habrán perdonado y todo. Así de buenos eran ellos.
-Vamos, don Rodrigo. Cójase de mi brazo, que hoy se le ve triste.
-Hay, hija. Es que estoy cansado. ¿Querrías llevarme a la habitación para acostarme un rato?
Ya en su lecho, siente como si el mar meciese su alma y nota que sus manos han sido enlazadas por una niña con cara de ángel, con figura de aquella Isabel. Y se duerme en paz, sonríe al fin.
A la mañana siguiente, los residentes y demás personal de la residencia asisten a otro funeral, el de aquel viejo que decía había querido ser marino.            

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jueves, 23 de septiembre de 2010

Somos

Os hablaba de la muerte de José Antonio Labordeta coincidiendo con la de mi abuelo.
Independientemente de otras cuestiones, sus canciones son poesía pintadas  de buenos deseos. Su figura representa a Aragón en buena medida y no puedo olvidar cómo mi mejor amigo, Juan Rafa _otra estrella en el cielo_ lo idolatraba y me enseñó a conocerlo.
Vaya aquí mi pequeño recuerdo en forma de una de sus canciones. Como siempre, si pincháis en el título de la entrada, podreis escucharla.
 Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.
Hemos
perdido compañeros
paisajes y esperanzas
en nuestro caminar.
Vamos
hundiendo en las palabras
las huellas de los labios
para poder besar
tiempos
futuros y anhelados,
de manos contra manos
izando la igualdad.
Somos
como la humilde adoba
que cubre contra el tiempo
la sombra del hogar.
Hemos
perdido nuestra historia
canciones y caminos
en duro batallar.
Vamos
a echar nuevas raíces
por campos y veredas,
para poder andar
tiempos
que traigan en su entraña
esa gran utopía
que es la fraternidad.
Somos
igual que nuestra tierra
suaves como la arcilla
duros del roquedal.
Hemos
atravesado el tiempo
dejando en los secanos
nuestra lucha total.
Vamos
a hacer con el futuro
un canto a la esperanza
y poder encontrar
tiempos
cubiertos con las manos
los rostros y los labios
que sueñan libertad.
Somos
como esos viejos árboles.


el texto

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martes, 21 de septiembre de 2010

In memóriam, abuelo

Quienes hayáis mirado al cielo estos días, con esa mirada soñadora e ilusionada con la que ha de hacerse, estoy seguro de que os habréis percatado de que, desde el viernes pasado, hay una nueva estrella. Fijaos, hasta yo que sólo las veo cuando me topo con alguno de los innumerables obstáculos con los que uno suele tropezarse, también la he visto.
¿Que a qué se deberá esa nueva estrella? Yo os lo diré… es mi abuelo, que desde ese día y a sus 96 años de edad, partió para volver a compartir espacios con Susana, la que fuese su mujer hasta 1984 y que allá arriba le ha estado esperando hasta ese 17 de septiembre.
¿Qué puedo deciros de él y de su fallecimiento?
Que fue un hombre ligado a la tierra, a la naturaleza. Fue cazador, de los de antes, de los que tenían en la actividad cinegética un medio de supervivencia (su perra Caspita, su escopeta rudimentaria, sus capturas escabechadas por la abuela Susana o vendidas en Soria). Fue herrero, por ese apelativo se le conocía, supo forjar los aperos de labranza y las herraduras que calzasen las caballerías que tirarían de ellas. Y fue quien, con su hacer, ayudaba a que la matanza del cerdo fuese un ritual al par que una fuente de suculentas viandas para las gentes de mi pueblo. Cómo olvidar la manzanilla que cogía, las moras “pal Alberto _decía_” o las nueces que me cascaba para que yo no me tuviese que molestar.
Nos enseñó esa máxima de la que yo, a veces, os hablo: “el estar ahí”. Ser partícipe pese a no oír _su trabajo en la fragua le privó de ese sentido_, como fue su caso; o no ver, como es el mío. Cada domingo, casi hasta el final, iba a misa sin importar que no oyese lo que en ella se decía. Estuvo en el vermut de las fiestas de este año queriendo no perderse el ambiente y tantas y tantas veces como salió a los solanos del pórtico _portigao_ de la Iglesia, la báscula de la carretera o el quiosco de la música (éste ocupando lo que fuera la fragua en la que él trabajó hasta que dejó de ser necesaria al ser superada por la maquinaria agrícola).
Supo regalar sonrisas a quien se paraba a saludarle, o se acercaba a decirle algo. Y supo, también, crearlas por medio de sus expresiones y calidez, eso sí con la sobriedad del castellano.
No se resignó a la pasividad de ir dejando que la vida transcurriese vacía. Mantuvo el afán por enterarse de cuanto sucedía _siempre pendiente de la tele o el periódico_, vigilando quién iba o venía, pidiendo que le dejasen ayudar en casa.
Ejemplificó el gusto por la disciplina: ése darle cuerda al reloj de bolsillo cada día, ése tomarse las gotas que le habían prescrito sin dejárselas ni un solo día, esa rigidez en los horarios…
No puedo olvidar cómo me hablaba de los tiempos en que, allá por la posguerra, había venido a Madrid y los recuerdos que le quedaron (la pensión en la calle Amor de Dios, la farmacia El Globo…). Lo mismo que cuanto narró de su experiencia en la Guerra y tantos otros recuerdos como cuando condujo el Man, el primer tractor que venía  al pueblo (una novedad transcendental para Fuentestrún) o cuando conoció a Manolo Escobar y sus hermanos.
Al tiempo que escribo estos recuerdos, le veo, vislumbro su porte erguido, alto, su boina, la gayata. Veo cómo se afana en darnos los “aguilandos” y cómo cada vez le digo “que nos los des muchos años”…
Oigo los martillazos en el yunque, el calor de la fragua alimentado por el fuelle…
 Morir en casa, con la mente lúcida, sin apenas dolores,teniendo sus manos sostenidas por sus dos hijas, recibiendo el respeto y la compañía de mucha gente y siendo objeto de una misa para él, no como esos tantos funerales hechos a modo de plantilla en los que sólo varía el nombre de los protagonistas. Y aún más, recibiendo _estoy  seguro de que él lo contempló, el sentimiento ejemplar,genuino, pleno, desgarrado, de sus dos biznietas (han sido unas maestras) con un gesto como muestra: Isabel pidiendo que se introdujese en el ataúd la baraja con la que jugaban (esosí, sólo las cartas; la funda se la quedó ella) o cómo Susana llora sostenida por mi brazo firme son imágenes para el recuerdo.
El domingo moría otro Abuelo, José Antonio Labordeta _mucho se ha dicho de él y su figura_. Yo también le admiré como cantautor y poeta, como maestro de escuela en ese Teruel mío y como idolatrado por mi buen Juan Rafa. Vaya para él, también mi homenaje, pero Alejandro, mi abuelo, ocupa hoy estas torpes líneas, trazadas desde el corazón.
Gracias a Dios por regalarme el haber podido presumir de un abuelo como él durante tantos años y gracias a Él por dejarme recuerdos compartidos.
¡Va por ti, Abuelo!
In memóriam!
       

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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Fuentestrún: los logros de un pueblo y sus gentes


Os he hablado de mi odisea zamorana, pero ahora toca reseñar la otra parte de mis vacaciones, ésa que he compartido  con familia y raíces.
  Y he de hacerlo, resaltando los logros de mi pueblo,todo un ejemplo, un milagro en medio de la amenaza del despoblamiento castellano.
Convivencia en forma de fiestas. Éstas, en honor a San Pedro apóstol, tuvieron como nexo ese sano ejercicio a través de momentos endulzados en torno a la gastronomía de por allí (chorizo, torreznos, aperitivos regados con “perolo”, vino dulce con melocotón y azúcar) y la música en forma de verbena, charanga y misas ensalzadas por, entre otras, la voz celestial de una jotera. Nadie fue menos, todos fuimos uno.
Generosidad y hospitalidad compuestas de entrega. El mejor saber hacer, invitando a quienes allí iban, a sentirse como unos más. Como ejemplo ese local siempre abierto en el que a nadie le faltaba un vaso del ya citado perolo condimentado, éste sí, por la mano sabia de los hombres mayores.
Saber agradecer a quienes nos han legado valores y nos han forjado ese carácter tan señero como es el del soriano. Una escultura, cuya imagen corona esta entrada, que representa al agricultor de toda la vida, con su arado, su caballería y su mirada limpia al frente. Y un texto que habla de no cejar ante las inclemencias y de sembrar semillas de tesón, esfuerzo y lealtad dan fe de ello.
Cuidar lo de todos haciéndolo acogedor dentro de la sencillez: esas eras que ahora son un parque arbolado, esas plazas o aquellas que otrora fueran escuelas y ahora son punto de encuentros.
¿Podréis creerlo? Cuando no hace muchos años, el futuro se pintaba negro, ahora acercarse a Fuentestrún constituye un regalo envuelto en los colores de la naturaleza o la sorpresa.   
   

  
    

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lunes, 13 de septiembre de 2010

Zamora a través del tacto

Como os comentaba ayer al narraros mis andanzas zamoranas, os pongo el artículo que apareció en La opinión de Zamora, el pasado domingo.
Aunque tiene algunas inexactitudes tal vez sirviese para quealguno de quienes lo leyeron, tengan otra imagen de la discapacidad y de lo que puede alcanzarse con ganas.


Alberto Gil es un turista madrileño que ha aprovechado sus vacaciones para conocer Zamora, «una ciudad preciosa». Nada llamaría la atención en él si no fuera porque se trata de una persona ciega, que se ha atrevido a venir solo a una ciudad desconocida. Su día a día es toda una historia de superación, ya que realiza prácticamente todas las actividades que puede llevar a cabo una persona con visión normal. Ha aprovechado para conocer la Catedral, las distintas iglesias y monumentos de la ciudad o pasear por el Duero. Con el tiempo, ha aprendido a usar mejor otros sentidos, por lo que se trata de un viajero que saber apreciar especialmente bien todos los placeres gastronómicos que ofrece la ciudad del románico.
DIEGO GONZÁLEZ «La gente me pregunta que saco con viajar si no veo nada. Pues estar en los sitios, que es lo más bonito». Así resume Alberto Gil, un turista ciego de 44 años que visita estos días la ciudad, su experiencia viajera. «Como si los ciegos no pudiéramos hacer turismo?»

Alberto Gil, soriano de nacimiento y madrileño de adopción, llegó a Zamora el pasado domingo por la noche y se desplazó solo desde la estación de autobuses hasta el Parador, maleta incluida. «Fue fácil, cualquier persona a la que pido ayuda me la ofrece enseguida. Gracias a la gente me llevo una impresión inmejorable de Zamora. Nadie me ha negado acompañarme hasta cualquier sitio en los días que llevo aquí».
El turista destaca de Zamora su accesibilidad para personas ciegas. «Son cosas que los que tienen una buena visión no aprecian, pero por ejemplo la alfombra verde de la calle Balborraz me ha ayudado muchísimo cuando he querido acercarme al río. Sólo tengo que seguirla y me deja allí». Una vez en la orilla del río solo tiene que seguir el sonido de la corriente. «Además hay algo parecido a caminitos por muchas calles, se combina diseño y accesibilidad. Es una ciudad bastante fácil para los invidentes, casi todo el casco antiguo es peatonal y eso facilita mucho las cosas».
Alberto Gil apunta que, al carecer del sentido de la vista, ha aprendido a apreciar más otros, y la mejor prueba es el gusto. «He estado en pocos sitios dónde se coma mejor que en Zamora. Todo lo que he probado me ha gustado». Cosas como tomar una cerveza o un café en un bar tampoco quedan fuera del alcance de este turista, «lo único que tengo que hacer es pedir ayuda para que me digan dónde hay una terraza».
No debe ser fácil imaginar una ciudad que no se puede ver, pero para Alberto ya es algo habitual. «Yo tengo mucha imaginación, una de mis aficiones es escribir cuentos para niños. Es bonito imaginarte una ciudad entera por la que estás caminando». Además de esto, se confiesa un gran aficionado de la historia de España. «No puedo explicar lo que sentí al lado de la estatua de Viriato. ¿Qué pensaría si viera que tiene una estatua en su honor en una ciudad?, ¿Cuál sería su personalidad? Esto es vivir la historia».
En principio una de las mayores dificultades que se le pueden plantear a una persona ciega es reconocer los monumentos de una ciudad nueva. Alberto Gil tiene su propia técnica. «Lo que suelo hacer es acercarme a las tiendas de regalos y pedir al dependiente que me preste una figura. Como son réplicas exactas, con tocarlas se hace fácil tener una imagen mental del monumento en cuestión». De esta manera Alberto conoce la Catedral de Zamora o la estatua de Viriato «igual que cualquier otro».
Y no todo son maquetas. Antes de entrar a cualquier tienda de souvenirs el turista ya tenía una imagen bastante cercana de los monumentos. «Los invidentes sabemos aprovechar mejor otros sentidos. Más o menos tenía una idea de la amplitud y la altura de la Catedral gracias a la voz. Sólo hay que hablar y percatarse de dónde rebota el sonido para tener una idea aproximada, y bastante cercana, de la altura del edificio». Además aprovechó para tocar algunas partes del templo. «No me hace falta verla para saber que la sillería es impresionante».
El sistema se repite con la estatua de Viriato, pero la imagen no fue tan exacta. «Me ayudaron y conseguí tocar la cabeza de carnero y una parte del pedestal, pero no alcancé más arriba. Simplemente estar tan cerca es más de lo que conseguiría si la pudiera ver».
Durante su estancia Alberto Gil ha realizado dos visitas guiadas a la ciudad: una solo y otra en grupo. «Lo único que necesitamos es más tiempo para las visitas, tenemos que ir más despacio». Por lo demás, exactamente igual. «En la visita que hice en grupo simplemente tuve que agarrarme del brazo de la guía para seguir el ritmo normal».
Entre risas, confiesa que «algo que también me gusta mucho es escuchar las conversaciones de la gente que se sienta a mi lado en las terrazas o en algún bar. No porque yo sea un cotilla, si no porque me gusta imaginarme las caras de la gente por su forma de hablar y lo que cuentan».
Durante los días que ha pasado en la capital, Alberto Gil ha tenido tiempo de vivir alguna anécdota divertida. «Mientras paseaba por el Duero sentí que necesitaba sentarme. Espere hasta que pasó alguien y le pregunté por un banco. Debió entender que quería ingresar dinero, porque me contestó que no era de aquí. ¡Si sólo quería sentarme!».
Alberto Gil no cuenta en sus viajes con muchos instrumentos que le ayuden a desenvolverse mejor. Tan solo ha traído desde Madrid su bastón y un reproductor portátil de música para amenizar las horas. «En casa tengo más cosas para poder llevar a cabo una vida normal, como un ordenador adaptado con voz, pero a mis viajes sólo llevo esto». Con este material Alberto a viajado, solo, a Toledo, Ciudad Rodrigo, León, Barcelona y Soria.
Con el tiempo ha aprendido ha aprovechar las situaciones del día a día para poder guiarse. «La gente no suele darse cuenta, pero en la mayoría de los hoteles los números de habitación están escritos en relieve. Una persona con la vista sana ni se percata, pero a nosotros nos ayuda a no meternos en la habitación del vecino».
Apunta que no se ha planteado hasta el momento hacerse con un perro guía. «Mucha gente me pregunta que por qué no lo hago, pero es que un perro requiere muchos cuidados. De esta manera, cuando llego a casa tan solo tengo que doblar mi bastoncito y guardarlo en cualquier sitio».

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Zamora, la ciudad de los caminos

Permitidme que comparta mi verano. Empezaré haciéndolo narrando de cómo fui a Zamora y qué imágenes me he traído de esa ciudad.
Zamora, la Perla del Duero, la ciudad del románico con sus murallas, su catedral, sus edificios modernistas,sus plazas y calles peatonales, Viriato, el Cid y doña Urraca.
Llegar un domingo a mediodía, comenzar la aventura decidiendo dar un paseo hasta su parador, un palacio del siglo XV en el que tenía reservado alojamiento. “¿Está lejos el parador? ¿Puede irse andando? Ah,no es difícil… ya te pongo en un punto y a partir de ahí, todo recto. Que disfrutes y tengas suerte”. Al cabo de un buen rato de callejear, objetivo cumplido.
Haces los trámites para que te asignen la habitación. Has de esperar a que te la preparen porque el día de antes ha habido una boda y aún no está disponible. Entretanto puedes tomarte la consumición de bienvenida con que te obsequian por ser Amigo de Paradores.
La habitación es amplia, no te da tiempo, entonces, de comprobar que en la puerta tiene el número en relieve. Eso sí, tocas los cuarterones de las puertas y balcón, típicos de Castilla. Haces el reconocimiento de rigor: el cuarto de baño con sus botecitos de aseo rotulados en braille, el escritorio, el sofá de dos plazas, las camas y dos silloncitos en torno a una mesa redonda. Preguntas cómo se maneja el aire acondicionado, pasas de la tele, pero no de la cajita con bombones que endulzan tu llegada. Hora es de buscar el comedor para alimentar cuerpo y espíritu.
Creías que la carta con los menús estaría en braille, pero no. Bueno, te la leen y piensas que habrás de ir probándolo todo, que debe estar buenísimo. De momento, una parrillada de espárragos, lomo de ternera de Aliste y cañas zamoranas de postre. Días vendrán para degustar ese bacalao a la tranca, ese arroz con boletus, ese trío de lechugas con frutos secos, manzana y queso fresco, ese gazpacho de sandía o ese solomillo de pato -este último manjar no llegaré a catarlo pues al pedirlo se confundirán y el solomillo que me preparen resultará ser de ternera (no será malo el cambio, qué va)-. Esos helados sobre tulipa de barquillo o esas aceitadas serán los postres ideales para acompañarlos. Un vino de la zona, cómo no: un rosado de nombre Valdeoscuro (por algo mis ojos están teñidos de ese color).
A la tarde, tras justa y necesaria siesta, pides que te enseñen el edificio con su patio interior acristalado, su pozo y sus escudos nobiliarios en columnas, su armadura a caballo, su jardín con la piscina, sus escaleras y pasillos de piedra cubiertos de una alfombra que te servirá de encaminamiento (el primero de los que irás descubriendo y que tanto te ayudarán a llegar sin perderte).
La tarde de domingo va declinando, piensas que es hora de buscar otro camino, el que te conduzca al Duero. Alguien te ayuda, cree que te caerás,que es muy difícil, que cómo se te ocurre explorar. Pero de algo sirven sus atemorizadas explicaciones. Escuchas el rumor del agua que quiere acompañarte, acaricias la barandilla que te servirá de guía y te concentras en memorizar el itinerario. Para una primera toma de contacto ya es suficiente.
La noche es amable, el clima bueno y el ánimo dulce. Busco una mesa donde pueda tomarme un café bajo la atenta mirada de aquel legendario luchador lusitano que acabaría siendo traicionado. Me pregunto qué pensará, si se sonreirá al ver cómo un ciego ha acabado allí, imaginando qué aspecto tendrán quienes le rodean, qué anécdotas y recuerdos le quedarán de ese viaje.
Al día siguiente, después de un majestuoso desayuno, visita guiada. Esta actividad, junto con otra que la complemente, hará que pise los puntos emblemáticos de la ciudad: el Portillo de la Traición, la Plaza Mayor, el Barrio de Olivares con sus aceñas y molinos, las iglesias -la de San Claudio tiene unos capiteles increíbles que puedo tocar, la de la Madalena, un sepulcro magnífico y la catedral, unos tapices y un coro superiores-.
Las guías te cuentan historias y leyendas, informaciones que te enriquecen: cómo los zamoranos disponen de su playa, la de Pelambres, cómo ha sido restaurado el castillo, cómo San Atilano encontró su anillo en el estómago de un pez o cómo, para acoger la exposición Las edades del hombre en 2001, renovaron el pavimento del casco histórico dotándolo de una textura granítica en el centro de las calles para señalar metas a las que dirigirse. Sin ellos pretenderlo, hicieron que para mí fuese fácil seguirlos.
El tiempo fue pasando. Me familiaricé con los paseos por el río -ni me caí ni me perdí-. Localicé unos bancos donde sentarme a escuchar el agua -a quien le pregunté por ellos debió creer que buscaba ingresar dinero ya que, en vez de mirar y verlos, se limitó a decirme que no era de allí (¡toma castaña!)- y atravesé sus puentes, el medieval de piedra y el de hierro con tablas en su acera (otro camino).
A alguien le llamaron la atención las andanzas de este cegato y los del periódico La opinión quisieron entrevistarle. El resultado lo tenéis aquí:
http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2010/09/12/zamora-traves-tacto/462463.html
Con todo llegó el viernes, el regreso, el balance.
Una aventura plena, sentirse un turista más, en el sentido de explorador, el haber adquirido nuevos conocimientos a “primera vista”,de manera directa, haber transitado por la Historia, haber estado allí.
Las atenciones de quienes me ayudaron, unos con más normalidad y otros con extrañeza y hasta temor, la magia de pasear y soñar, la tranquilidad del entorno por el que deambulaba al ser peatonal, y el orgullo de haberme enriquecido otra vez más.

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sábado, 11 de septiembre de 2010

Mi vuelta al cole

Hace nada era 19 de agosto, daba vacaciones a Tiflohomero y expresaba mis deseos y reflexiones.

Hoy, 11 de septiembre, día tan cargado de significados, vuelvo al cole, retomo mi actividad con ilusión y ansias de poder seguir ahí aspirando a ser uno más.

Espero que me acompañéis en mi propósito porque vuestro aliento resulta esencial para mí.

¿Que cuáles son esos proyectos? Ahí van algunos…





Esforzarme más aún para que en mi actividad cotidiana, tanto laboral como personal, mis acciones puedan ayudar a alegrar el espíritu de quienes se crucen en mi camino.


Brindar mi experiencia y posibilidades, siempre menos de lo que me gustaría, para mostrar que merece la pena sonreír, mirar hacia delante y romper límites.

Continuar llenando mi existir de aprendizaje y vivencias.

Crear relatos en los que la fantasía envuelva la transmisión de valores y optimismo.

Y seguir dejando huellas a través de Tiflohomero, pero además vertiendo trazos de viajes en un nuevo espacio: “Explorando a tientas” que dejen constancia de una pequeña parte de lo que puede lograrse a base de empeño, tenacidad e ilusión.

¿Y beber cultura? ¿Saborear amistad? ¿Acariciar belleza? Claro, cómo no. ¿Quién podría resistirse? Estoy seguro de que vosotras y vosotros tampoco lo vais a hacer.

Mucho ánimo y adelante siempre, y si es con una sonrisa mejor aún.

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