domingo, 27 de julio de 2014

Feliz domingo



Paz y bien. Feliz domingo.
Hoy mi amigo Paco Alvarez me ha recordado esa vieja historia conforme en una habitación de hospital residían dos pacientes muy enfermos. Uno de ellos, cada día durante una hora le contaba al otro lo que se veía a través de la ventana y eso hacía feliz a su compañero, dándole fuerzas para continuar resistiendo.
Al fin, el que contaba lo que se veía murió antes que el otro, seguramente contra todo pronóstico. Así que el que hasta entonces había escuchado pidió a la enfermera le acercase a la ventana para seguir viendo lo que hasta ese día su compañero le describió. Una vez concedido el deseo, con gran esfuerzo se aupó para no dejar de ver lo que tanto le había hecho feliz, aquellas hermosas vistas que su compañero le narraba.
Con enorme sorpresa lo que vio fue simplemente una pared sin bellos paisajes ni estanques ni niños jugando ni parejas de enamorados queriéndose.
Tanto se sorprendió que le preguntó a la enfermera cómo era que su compañero le hubiese contado todo aquello cada día, contado lo que siempre dijo que veía si, en realidad, no pudo ser que lo viera.
A lo cual ella le respondió que era imposible que nada de aquello hubiera visto porque ¡era ciego!
Se dio cuenta de que el compañero de habitación fallecido, lo que había pretendido y conseguido fue hacerle feliz, darle esperanza y se emocionó mucho.
Pero esta historia con semejante moraleja da mucho de sí para reflexionar.
La parte buena: entregarse al otro para que éste sea feliz, siquiera durante un instante, una hora para el enfermo del cuento que escuchaba las descripciones, la importancia de la imaginación para generar ilusión y esperanza, el sobreponerte a tu propio dolor, dejándolo de lado, para que los de tu alrededor se encuentren bien, sean un poquito más felices,  y el que siempre es posible ayudar a los demás, hasta aquel ciego enfermo de muerte pudo ayudar a su compañero simplemente con la palabra y la imaginación.
La parte que podríamos criticar o incluso calificar como negativa: ¿está bien engañar / mentir / fabular por el hecho de crear esperanza aunque esa esperanza se asiente sobre una fantasía inventada, inexistente? ¿Estuvo bien que el enfermo ciego tuviera engañado a su compañero? ¿Que no le hubiese dicho que todo aquello eran simplemente visiones de postal para alegrarle? Es verdad, su engaño dio esperanza y felicidad al otro, pero… ¿y cuando se enteró de la realidad? ¿Qué podría haber pensado? Gratitud, sí, por el esfuerzo creativo y la buena intención; o decepción, porque nada de lo que él creía que se veía tras el cristal de la ventana, existía. No sé. Aunque, por otra parte, igual, posiblemente, el propio ciego no pretendió engañar, quiso ver lo que estaba afirmando que veía, quiso aferrarse a la ilusión, sabiendo que eso les hacía felices, tanto a su compañero que le escuchaba con alegría, como a él, sabedor del bien que hacía al otro.
Tal vez yo caiga en esa tentación aunque trato de no engañar.
Tú sabes que cuando te digo guapa no sé si eres realmente guapa o no, pero yo te veo así, con el corazón y te lo digo, no por decir o por una mera falsa galantería, quiero alegrarte, verte hermosa.
Que cuando utilizo mi proverbial ironía no lo hago por engañar, si no por el firme deseo de hacerte sonreír, aunque sea un poquito, por un instante.
No sé si lo consigo o no, pero aspiro a ser como el ciego del cuento, a contarte historias que te hagan feliz. La diferencia con aquél, es que tú sabes que son producto de mi imaginación no del engaño o la mentira. Hijas del deseo de hacerte un poquito más feliz, aunque sólo sea durante un instante, mientras las estás leyendo / escuchando.
Un abrazo de postal.

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