domingo, 9 de marzo de 2014
La dama del paraguas
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Etiquetas: Relatos
Sepúlveda: Historia y naturaleza
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Etiquetas: De viajes
jueves, 6 de marzo de 2014
Generosidad
Buena noche de jueves, otra más.
Dedico mi esbozo poético de hoy a todas esas personas generosas que quisieron y quieren estar a mi lado cuando nadie quería hacerlo.
Con cariño.
Generosidad
Me diste hasta lo que no tenías
Por verme feliz y contento.
Hacía tanto frío aquella noche de muerte.
Me ofreciste tu túnica de sedosa piel, al momento;
Sin importarte que, a tu alma, desnuda dejarías.
Me permitiste, tú la única, que tus curvas tocara
Con estas manos que son ojos de huérfano soñador.
Tanto hablaron de tu belleza y yo, sin poder verte.
Te ofreciste a mí, plena de pureza y candor
Dejando que, sin palabras ni ruido, me emocionara.
Le sonreíste a aquel niño triste que, solo, lloraba de pena
Mientras todos, egoístas, cantaban y bailaban.
Cómo te criticaron por valorar lo diferente.
Le lanzaste tu ramo de rosas al que nadie esperaban
Aquéllos que se creían los reyes de tu nupcial cena.
Buscas qué dar a quien apenas nada posee,
sin darte cuenta de que, con tan solo un gesto enriqueces el mundo.
Tenerte de cómplice y amiga, es mi mayor suerte.
Anhelas ser ventana de sol que radiante amanece
Para inundar de colores la ceguera de este eterno vagabundo.
Tu nombre, amiga, es Generosidad,
Tu apellido, hermana, dulzura.
Tu meta, figura, la ternura;
Tu universo, Mujer, la humanidad.
Hacía tanto frío aquella noche de muerte;
tanto hablaron de tu belleza y yo, sin poder verte;
cómo te criticaron por valorar lo diferente;
tenerte de cómplice y amiga, ¡es mi mayor suerte!
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Etiquetas: Aprendiz de poeta
domingo, 2 de marzo de 2014
La partida de cartas
Buena noche de domingo. Feliz semana.
Aquí mi cuento de hoy.
Ojalá que tengáis buenos naipes en la partida.
Con cariño.
La partida de cartas
Siempre es lo mismo: olor pútrido, sangre derramada y miembros despojados de vida.
La muerte se da su festín sin hacer ascos a nada. Todo le va bien y se deleita con el sabor metálico de las almas miserables de quien acude hasta ella.
Da igual que sean prostitutas, mendigos o criminales; señoras de buena sociedad,caballeros de elegante porte u honrados trabajadores. A ella le da igual, el caso es no quedarse sin su ración diaria de cuerpos inertes.
Tal vez sea así o tal vez no. Quizá le atraigan más unos que otros. Vaya usted a saber. Cómo me gustaría preguntárselo, encontrármela de frente, cara a cara en una partida en la que el resultado no estuviera siempre fijado de antemano. ¿Se atreverá alguna vez a afrontar el envite? ¿O tendrá que jugar siempre con las cartas marcadas?
No se lo he dicho aún, pero soy jugador profesional. La muerte también será una profesional de lo suyo, pero lo mío son las timbas y las apuestas.
Ya deniño ganaba a otros más mayores que yo. Y si no ganaba por las buenas, no me importaba hacer trampas, el caso era vencer a costa de lo que fuese.
He practicado en casinos y casas de juego, más o menos, legales. Tugurios y establecimientos de lujo. Tengo un método muy depurado gracias a una capacidad innata de adivinación que he ido perfeccionando a lo largo de los años. Otros emplean métodos basados en la probabilidad o la lógica. El mío, es mucho más sutil y certero. Consiste en concentrar la mirada sobre esos pedazos de cartón plastificado y atravesarlos. Mi mente los radiografía con precisión de cirujano y, a partir de la información obtenida, el resto viene dado: apostar alto, perder alguna mano pequeña, para hacerme con la principal.
Tengo fama y enemigos no me faltan, claro. Los triunfos no caen en balde. Pero no me importa el riesgo.
Esta noche me han citado a un nuevo reto. Dudé en asistir, pero al fin acepté.
Dudé porque el lugar no me gustaba. Se trata de un antro en los suburbios de la ciudad. Ya les he advertido que no conozco el miedo, pero tampoco es que me atraigan las encerronas previsibles. Y la partida de esta noche suena a encerrona. Pero, qué más da. Soy ya viejo. Los éxitos han sido muchos y la leyenda de mis proezas es imparable, hagan lo que hagan. Cierto es que los contrincantes no parecen dignos rivales de mis habilidades, así que he aceptado sin más, como el que espanta una molesta mosca en las tardes de verano.
La mesa, al llegar está dispuesta. Mesa redonda de viejo mármol rayado, cubierta del imprescindible tapete verde. Las sillas son impropias del lugar, cómodos asientos torneados y cubiertos de terciopelo rojo. Una barra de cinc, al fondo, paredes ennegrecidas por el humo de guisos y cigarros pestilentes, iluminación a base de candelabros y bujías de gas.
5 son los puestos dispuestos, aunque a mi llegada seamos 4 los presentes. ¿Quién será el último jugador que ha de llegar?
La partida es de las bravas. No ofrecerá segundas oportunidades: acertar la descubierta o perder sin remisión. Se irán eliminando los jugadores hasta que sólo quede el ganador. ¿El premio? ¿No lo han adivinado? La vida o la muerte. Únicamente saldrá vivo de allí, el ganador. O sea, yo, naturalmente.
Nos sirven ginebra y ron, el tiempo pasa. Se abre la puerta.
Una joven menuda y flacucha hace acto de presencia. Se presenta enmascarada y ocupa el asiento libre.
-Caballeros. Ya estamos todos. La partida puede comenzar.
Un jorobado contrahecho desprecinta la baraja. Nos la muestra. Es como todas. No se resistirá a mis mañas.
Cada vez que uno caiga, cambiará la baraja. No importa.
Es ya de madrugada, siempre las madrugadas, cuando tan solo quedamos la muchacha y yo, y el silencio.
Sé que mi carta es mejor que la suya. La he visto con nitidez. La descubro y aguardo a que ella lo haga, para finalizar. La miro a los ojos, tapados con un antifaz.
Sonríe. ¿Por qué si va a perder?
Sonríe de nuevo y se lleva las manos a la máscara. Continúa sin levantar el postrer naipe.
-Me gustan todos. Incluso usted.
¡No puede ser!
Levanta, al fin, su baza. ¡Gana ella! ¡Es la muerte!
Mi cuerpo se desploma sobre el frío tapete verde y el mármol negro.
Siento cómo unos brazos atenazan mi ser. Ya no tengo fuerzas nada más que para darme cuenta de una verdad, quizá la únikca: nadie puede vencer a la muerte.
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jueves, 27 de febrero de 2014
Ternura
Buena noche de jueves.
Aquí mi nuevo esbozo de poema, que es hoy un canto a la ternura.
Paz y bien.
Con cariño de sensible solitario.
Ternura
Suave como bolita de algodón azucarada
Es tu cercanía al contemplar a este hombre que sufre.
Tus pequeños gestos de mujer generosa y buena.
Con tus manos protectoras se cubre
mi miedo ante la furibunda tronada.
Blanda hogaza de pan de pueblo crujiente,
Alimento inolvidable para mi soledad.
Tu voz, que preocupada por todo, en mi alma, alegre resuena.
De tu sonrisa se nutre mi triste oscuridad
Siendo luz para mi desquiciada mente.
Amables son siempre tus palabras, eternas e inquietas;
Deseosas de calmar, calor perfumado, mis permanentes dudas.
Por tu amistad sincera, me digo: ¡norabuena!
Hasta mis extravíos de hoy, llega el futuro que tú anudas
Con lazos de caricias pícaras y miradas coquetas.
¿Lloras? No son lágrimas, es fresco rocío
Que embellece tus tersas mejillas.
Por tu aroma embriagador de menta y hierbabuena.
Bajo la cascada de tus infantiles cosquillas
Se encuentra aquello que yo más ansío.
Cariñosos son tus abrazos, burbuja protectora;
Cuando mis ojos hablan de cansancio vital.
Tu entrega, que convierte mis noches de muerte en luminosa nochebuena.
Hasta mí, llegan tus ilusiones de postal
Que brotan por mi piel cual feraz enredadera.
Ah, tu dulce ternura de
pequeños gestos de mujer generosa y buena;
voz, que preocupada por todo, en mi alma, alegre resuena;
amistad sincera, por la que me digo: ¡norabuena!
aroma embriagador de menta y hierbabuena.
entrega, que convierte mis noches de muerte en luminosa nochebuena.
Que nadie la endurezca con aquello que todo lo hunde.
Tu ternura es mi aliento,
Comprensión y secreto pensamiento.
Tu ternura es mi invisible sostén
Sosiego, ilusión y bien.
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Etiquetas: Aprendiz de poeta
domingo, 23 de febrero de 2014
Charcos tras la tormenta
Buena noche de domingo. Feliz semana. Acaba febrerillo el corto y el carnaval se anuncia imparable.
Aquí mi nuevo cuento.
Que estéis bien.
Un abrazo.
Charcos tras la tormenta
Parece ser uno más de los muchos charcos que pueblan las calles de la ciudad. Después de tres días de lluvias torrenciales amaina, al fin, el aguacero.
Los débiles rayos del sol, al atardecer, se asoman a ese espectáculo inundado de barro y objetos arrrasados.
Los avatidos moradores se enfrentan a la noche y al desastre con los ánimos menguados y el espíritu decaído. A no pocos de ellos, el temporal les ha dejado en la ruina, habiéndoles despojado de esa memoria que suponen los enseres personales de toda una vida, testigos mudos de alegres triunfos y tristes derrotas cotidianas.
Y, no obstante, no es un charco cualquiera. No lo es, porque el líquido que lo ha alimentado dándole vida, no es el agua, si no la sangre.
Así es, pero el caso es que el cuerpo al que debió de pertenecer no aparece por parte alguna. Sin duda que también fue arrastrado, junto a vehículos, electrodomésticos, ramas de árboles y tantas otras cosas más.
Nadie se había dado cuenta de semejante hecho hasta que llegó Estíbaliz para decirlo a sus padres.
La niña venía manchada de arriba abajo y su madre, al contemplarla se asustó.
-Hija, ¿qué te has hecho? Tienes sangre por todas partes.
-Mamita, yo nada. Es que tropecé con un palo que había y me caíd de morros y como todo está calado, pues eso. Uuuufff,qué frío tengo.
-Ven, anda. Menos mal que nuestra casa se ha salvado de la inundación. Qué razón tenía tu abuela al decir que estaba hecha a conciencia y que no habría quien la tumbara. Ven a cambiarte.
Luisa le comenta a Jorge, su marido. Cómo ha llegado la niña a casa. Ella es partidaria de dejar correr el asunto y no meterse en líos; él, en cambio, decide indagar. Pide a la chiquilla que le muestre el lugar donde se cayó. Van cogidos de la mano, padre e hija hasta el final del soportal de la plaza.
Señala con su dedito.
-Ahí fue donde tropecé, papaíto.
Sí, no hay duda. Es sangre ese líquido espeso y parduzco.
Al tiempo que Jorge verifica las sospechas, atina a pasar, a caballo y encapotada, la pareja de la Guardia Civil.
Les da el alto, para variar. Siempre fue al revés hasta esa tarde de septiembre.
-Agentes, mi hija se ha caído en ese charco, un charco que no es de agua si no de sangre. ¿Qué puede hacerse? Tal vez, alguien esté malherido o, incluso, muerto, y no lo sepamos.
-Sí, habrá que investigar. Pero todo es un caos. Esperemos a que se calmen las cosas y veremos.
-¿Esperar? ¿Nada más piensan hacer?
-Mire, buen hombre. La comisaría se ha inundado, como todo, andamos echando una mano allá donde podemos y no estamos para juegos de pelis americanas. Tomaremos, por lo que pueda pasar, una muestra y seguiremos a lo nuestro. Usted no se preocupe. Díganos sus datos y si lo necesitamos, ya le llamaremos.
-Germán, ¿ves ahí delante lo mismo que yo?
-Ummm, sí, Ana. ¿Cómo puede ser? ¡Es otro charco de sangre!
-Sí, pero está lejos del otro. No tiene sentido, a no ser que algún desalmado haya aprovechado la tormenta para vengarse de alguien. Esto pinta mal.
-Germán, Ana, el jefe nos reclama a todos. Me ha pedido que localizara a la gente. Se han encontrado varios charcos de sangre, diseminados por las calles de la ciudad.
-¿Más aún?
-Sí, García y Pelayo y Ruipérez.
-Y nosotros también.
-Sé que no es el momento, pero hemos de averiguar de dónde procede tanta sangre. No parece que haya razones para ello, nadie ha denunciado nada.
Los días pasarán y no avanzarán en el esclarecimiento de semejante misterio. No podrían haberlo hecho. De no ser que hubieran recurrido a la adivinación o el ocultismo para ello, hecho completamente descartado.
Ah, si hubiesen estado atentos a las noticias.
Si lo hubieran estado, tal vez se habrían percatado de algo curioso.
Una epidemia de murciélagos estaba acabando con la especie. Los biólogos estaban perplejos. Las aves aparecían muertas de inanición. Esa era la causa de la muerte.
¿Acaso resultaba que la gran tormenta había hecho que no pudieran beberse su alimento de vida?
La primavera llegó, con su esplendor y el expediente de los charcos de sangre fue archivado en el apartado de los casos sin resolver de la Comandancia. Eso sí, la población de murciélagos autóctonos desapareció definitivamente. Otras especies colonizaron el vacío dejado por semejantes mamíferos en las cuevas de los parajes colindantes a la ciudad, pero ya nunca más hubo murciélagos en la provincia de Aurora.
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Etiquetas: Relatos
sábado, 22 de febrero de 2014
Sintiendo a la naturaleza. Otra vez más, ¡con el voluntariado de BBVA!
Y llega mi amigo Diego Cruz Sánchez y me dice:
-Alberto, os he apuntado a Elena y a ti para el día 22 de febrero en que iremos a pasar la mañana a Humera. Lo pasaremos bien. Cuento con vosotros.
-¿Qué vamos a hacer?
-Ya lo verás, pero lo pasaremos bien.
-Pues como tenga que verlo… jajaj.
Así que, con la confianza ciega que tengo en él y en la gente de la Oficina de Voluntarios de BBVA, allá que me he ido esta mañana, a ciegas, sin saber lo que haríamos en el Aula Medio Ambiental de Humera, en el municipio de Pozuelo de Alarcón.
He quedado con Elena para ir juntos al autobús, al punto de encuentro de siempre, en el Paseo de la Castellana y al salir, en los torniquetes del Metro, nos encontramos con José Luis y el director de la ODV, Joaquín. Así que ellos nos han acompañado hasta el bus. Aquí, otro momento mágico, como siempre que participo en estas actividades: la magia de la amistad y el cariño con que me reciben unos y otras. Siempre es, para mí, una pasada.
Nos hemos ido para allá y en un pis pas hemos llegado al Aula.
El espacio es de lo más curioso y original. Pongo enlace a su página web donde puedes echar un vistazo (por cierto, perfectamente accesible):
http://www.movilizared.es/es/index.asp
Con Paco, Pili, José Luis, Carmen, Miguel Angel, Evalí, Jeferson… y la atenta ayuda de monitores y voluntari@s he ido participando como uno más en las actividades propuestas.
Se trataba de ayudar a impulsar tres proyectos de futuro que quedarán disponibles para ser visitados y servir de marco a la educación medioambiental: un jardín creativo, un huerto ecológico y preparar planteros de flores y cepellones para reforestar.
Los numerosos niñ@s que han venido tenían también sus actividades especiales: confeccionar flores con botellas de plástico recicladas y hacer una ruta por el entorno, en la que debían descubrir una serie de pistas y una carta misteriosa.
El caso es que nos han dividido en 3 grupos que iríamos rotando por los 3 proyectos.
En el del jardín creativo, enseñaban lo que es el pélex como combustible ecológico y su capacidad calórica; el diseño de un árbol de arcilla donde se colocarían las flores hechas por los niñ@s y preparar el terreno para ese jardín, que tendrían por asientos palés a modo de laberinto; en el huerto había que limpiar el terreno de maleza y tocones de árboles cortados con la idea de que el 5 de junio _bonito día de cumple mío, jeje_ por aquello de que es el Día Mundial del Medioambiente esté en pleno esplendor; y en el Hospital de Plantas, deberíamos preparar cepellones de encina para su conservación hasta ser trasplantados a la tierra, limpiar y acribar, quitar hojas secas….
¿Y el Albertito qué ha hecho?
He lijado palés, tanto que los he dejado como el culito de un bebé, he echado las ramas podadas del huerto a carretillas para ser retiradas e incluso he llevado un gran saco a modo de tándem adonde nos han dicho que las retiráramos, qué buena lumbre podría hacerse para asar cositas ricas ricas del tenor del choricito, la panceta o la morcilla (todo sanísimo, jejejej) y he ido metiendo los cepellones en susbotecitos practicando aquella explicación clásica del nacimiento y el acto sexual procreativo: “papá pone la semillita en el botecito que es mamá y… (no me taches de machista, ¿eh?)”
Hemos acabado compartiendo viandas traídas por una empresa de cáterin integrada en su totalidad por personas con diversidad funcional en el merendero y en el ambiente cordial de siempre.
Me llevo para el recuerdo inolvidable la ilusión de todos por contribuir a que el Aula crezca en recursos, su originalidad y reciclaje variopinto, con un Hotel para los Insectos (lujo asiático), el mariposero o los jardines verticales, la maravilla de la tierra desgranándola entre mis dedos, sintiendo la vida en esencia (lombrices y demás bichillos no faltaban); la inclusión que es ejemplo y testimonio con personas discapacitadas trabajando allí, el cariño con que he sido recibido.
Ah, y esa frase que coronaba el árbol de arcilla: “La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.
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jueves, 20 de febrero de 2014
Soledad
Buena noche de jueves.
Que estéis bien y en buena compañía.
Con cariño… paz y bien.
Un abrazo de luz.
Soledad
Se queda vacío el colchón tras tu despertar,
Lleno de calor y sonidos sin medida.
Solo estoy, sin nadie a quien mirar.
¿De qué me sirve la vida
Si ya no tengo con quién soñar?
Se van los instantes de tu compañía,
Huyen de mí, ¿adónde irán?
Solo, irremediablemente, noche y día.
Felices a otros harán,
Mientras yo lloraré, cascada eternamente fría.
Se queda vacío el sofá, de abrazos plagado;
Mágica patria del placer y el descanso feliz.
En él construimos nuestra cabaña, cobijo alado.
Besaba tu boca, tus ojos y tu nariz
Para beberme tu néctar más deseado.
Se van tus caricias y sabias palabras;
Vuelan zarandeadas por el viento del deber.
Con tu partida, mi universo descalabras.
Pobre de mí, sin poder morir ni volver a nacer;
Sólo me queda esperar a que algún día, otra vez, la puerta de mi hogar, abras.
Te vas, me quedo vacío;
Solo, buscando siempre tu regreso.
Aguardaré al luminoso estío
Para recibir, de nuevo, tu viejo beso,
Que siembre mi corazón, de amor, baldío.
¿Volverás? Es mi mendiga pregunta
ante tu adiós de abrazos corteses.
Volveré, respondes, entre la marabunta
Para que allí me busques
Y vivamos hasta que me torne difunta.
Soledad es mi compañera,
Mi destino de soltero
Camino y meta verdadera.
Por mucho que te diga que te quiero,
Poco obtendré de tu sonrisa zalamera.
Soledad amiga, no me dejes
Pues si me dejas ni siquiera a ti te tendré.
Entre los pliegues de mi alma buscaré
Aquello que me recuerde tus quereres.
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Etiquetas: Aprendiz de poeta
domingo, 16 de febrero de 2014
caricias
Buena noche de domingo. Paz y bien.
Que estéis bien.
YO, tras fin de semana nupcial familiar, retomo mis rutinas. Aquí mi nuevo cuento.
Me ha salido reflexivo.
Buena semana.
Caricias
Agapito Colmenero se ahoga, mientras el cielo se oscurece con nubes de gris plomizo.Pugna por boquear algo de oxígeno para que la vida no se escape irremediablemente de su mísero cuerpo mortal.
Nadie se da cuenta pese a que la multitud de viandantes pasa a su lado sin cesar. Quiere gritarles para que se detengan y le ayuden, pero no puede hacerlo. ¡No puede!
Se encuentra sentado en un banco, agarrado a sus brazos de frío metal, un poco oxidados, aferrándose a ellos, como si éstos fueran su única y postrera tabla de salvación.
¿Cómo ha llegado a semejante situación agónica? Seguramente de manera paulatina, sin darse cuenta y cuando lo ha hecho, ya no había remedio.
Se fue undiendo poco a poco en esa tumba invisible para los demás, pero muy real para el pobre Agapito.
¿Qué sentido tiene luchar? Lo mejor sería rendirse y abandonarlo todo. Así descansaría y, tal vez, entonces, se darían cuenta que había un cadáver derrotado en la acera. A lo mejor, ni siquiera entonces lo verían. Todo se ha deshumanizado de tal forma en la sociedad que le ha tocado vivir que lo mejor es sucumbir.
-Vamos, Chispa. Deja a ese señor que hay en ese banco. Está sucio y es horrible cómo huele y la pinta que lleva. Igual está borracho. Bah, qué asco. Qué gentuza.
El acicalado perrillo, no obstante, insiste en lanzarle sus heroicos lametones a aquel hombre desastrado y solitario.
Su dueña, tira de la correa, no vaya a ensuciarse con el pobre mendigo. Los lacitos con que lo adorna, los rizos de peluquería canina de lujo no pueden ensuciarse.
Agapito, por primera y única vez, siente, no sabe cómo, un calorcillo que nunca ha sentido. Breves caricias. Es tan poquita cosa. Tan poquita, pero tan dulce… Ya puede morir en paz. Alguien se ha apiadado de él, al fin.
Para cierta encopetada señora a la que gusta salir a dar su paseo, junto a su mascota, el episodio que pronto recogerán los diarios, según el cual, un nuevo indigente ha aparecido muerto en la calle, no le interesa lo más mínimo. Lo que nunca sabrá es que ella, o más bien, su caniche Chispa, tuvo algo que ver. Claro que hay tantas cosas que pasan sin verse…
Publicado por Alberto en 9:41 p. m. 0 Dejaron su huella
Etiquetas: Relatos
jueves, 13 de febrero de 2014
Tristeza
Buena tarde, buen jueves.
Paz y bien
Siempre adelante y que la tristeza, cuando venga parta rauda.
Tristeza
Te fuiste en pos del Amor,
Ladrona de corazones huérfanos.
Triste gris de palabras perdidas.
Llegaste sin nada en las manos,
Víctima de deseos sin pudor.
Dijiste que te quedarías siempre a mi lado,
Partiste en busca de la felicidad.
Triste oscuridad de mis ojos que nunca verán tus partidas.
Callaste el dolor que acompañaba a tu bondad,
Pobre desgraciada siempre yendo de lado a lado.
Soñaste con caballeros andantes, arrojados paladines;
Nunca existieron en tus despertares.
Triste mortal que siempre vestirá túnicas mal zurcidas.
Despertaste, solitaria, sin nadie que bebiera tus negros pesares
y alumbrara tus amargos sinsabores y torcidos mohines.
Muerte, olvido, ausencias, ceguera;
Abandono de sueños e ilusiones.
Triste despojo de madres ¡tan sufridas!
Desiertos de cariño sin frescos manantiales;
Ni frondosa, de alegría, cálida enredadera.
Triste.
Gris de palabras perdidas;
oscuridad de mis ojos que nunca verán tus partidas;
mortal que siempre vestirá túnicas mal zurcidas.
despojo de madres ¡tan sufridas!
¡Siempre te esperé, ansiada luz, pero nunca viniste!
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Etiquetas: Aprendiz de poeta
Día Mundial de la Radio
Se celebra hoy el Día Mundial de la radio. Cómo no hacer una mención a esta efeméride.
Recuerdo de niño a mi abuela Susana escuchando la radio novela de turno, mientras yo merendaba sus rebanadas de pan con vino y azúcar o de mermelada casera.
Luego yo tuve también la mía y escuchaba los partidos de los domingos y aquel Crónicas de un pueblo.
Y ya cuando la ceguera se adueñó de mis ojos, fue compañía fiel de palabras cercanas y cálidas.
Es mi compañía de desayuno, comida y cena en mis días de amo de casa solitario. En cuanto llego de trabajar la pongo.
He tenido la fortuna de intervenir en entrevistas radiofónicas en directo o diferido, siempre en sus estudios y cabinas y actualmente colaboro, hablando de viajes, en el programa de Radio María, Los ojos de Bartimeo y en otro en el que repaso la historia de la literatura, El mundo de las palabras perdidas. Me gusta la radio, me siento bien en la radio. Cada vez que estoy allí me emociona saber que mi voz va a llegar a personas lejanas que no saben cómo es mi imagen, pero que, a pesar de todo, me escuchan y hasta admiran.
Recuerdo la creación, por parte de la ONCE, de los sueños radiofónicos, Canal ONCE y Onda Cero. Qué pena que quedaran en el camino..
Y ahora me acompaña a través del móvil cuando viajo por ahí.
Recuerdo programas de aquella Antena 3 Radio y cómo no, a José María García y a Juan Antonio Cebrián en La rosa de los vientos y sus pasajes de la Historia..
Disfruto de la amistad de Sofía Gonzalo y Cristina López, de Cope.
La radio iguala a quienes veis y a los que no vemos en el territorio de la palabra y la imaginación.
La radio, en fin, es todo un invento.
Publicado por Alberto en 4:52 p. m. 0 Dejaron su huella
Etiquetas: La noticia
martes, 11 de febrero de 2014
Entrevista en blog de la Universidad de Navarra
Buena tarde de martes invernal.
Comparto, con emoción agradecida, la entrevista que días atrás me hicieron desde la Biblioteca de la Universidad de Navarra.
El blog en que se recoge es muy interesante para todos aquéllos que somos apasionados del mundo de los libros y la lectura.
Espero os guste.
Aquí el enlace:
http://leseg.wordpress.com/
Buena tarde de martes invernal.
Comparto, con emoción agradecida, la entrevista que días atrás me hicieron desde la Biblioteca de la Universidad de Navarra.
El blog en que se recoge es muy interesante para todos aquéllos que somos apasionados del mundo de los libros y la lectura.
Aquí el enlace:
http://leseg.wordpress.com/
Publicado por Alberto en 5:33 p. m. 1 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy
domingo, 9 de febrero de 2014
El crimen del molino
Buena noche de domingo:
Comparto contigo mi última creación literaria, como es costumbre.
En recuerdo de los inolvidables días disfrutado por tierras murcianas surge esta historia de policías y fantasmas.
Que te guste.
Con cariño.
El crimen del molino
Como si del péndulo de un reloj gigante se tratara, el cadáver oscila de un lado al otro, anudado al marrano del viejo molino. ¿Cuánto tiempo lleva colgado de aquel grosero travesaño?
Una construcción ruinosa es lo único que queda del antiguo molino de la Cequia Ancha en el Campo de Cartagena, uno de tantos abandonados a su suerte, despojados de su antigua gloria.
Por casualidad, el bueno de don Antonio, pasó por allí a recordar pretéritas historias de maquilas y truhanerías. Alzó sus ojos hacia el desmembrado chapitel y lo vio. Temblando se aproximó, ascendiendo por la bamboleante escalera de caracol, temiendo encontrarse con los despojos de algún conocido.
No, no supo quién podía ser. Aunque ni quiso, ni pudo, hacer un escrutinio detallado. Pensó en acudir a la Autoridad y dejarse de responsabilidades. En su mente quedaban aún rescoldos de antiguos temores al amo, fuera cual fuese, palizas, blasfemias, imposiciones injustas. Pero los relegó y actuó.
Cuando llegaron el señor juez y la Guardia Civil procedieron con los trámites. Nadie parecía saber a quién pertenecía aquel cuerpo en estado de descomposición, cubierto únicamente por una especie de túnica blanca y descalzo. No había más señas ni pistas.
Inquirieron al cadáver con modernas técnicas forenses, pero ni por ésas. Se resistía a desvelarles sus secretos.
Indagaron entre los archivos de casos sin resolver aunque no supieran por dónde tirar.
Lo que sí habían logrado deducir era que no se trataba de suicidio como causa de la muerte. Claro, que no parecía que lo hubiesen ahorcado ya que el cuello no presentaba rastros profundos, más allá de los producidos por la soga que lo aupó hacia ese improvisado patíbulo. ¿Entonces, ¿de qué había muerto? ¿Cómo se produjo el final?
Ya estaban por desistir en el empeño y enterrarlo en la fosa común de los sin nadie y olvidar el asunto cuando, de repente, apareció en el cuartelillo de Torre Pacheco una anónima confidente. Quien la atendió era un joven e inexperto funcionario que la dejó escapar sin más. Únicamente se limitó a recoger el sobre que aquella desconocida cooperante le entregó con el encargo de que lo hiciera llegar al comisario Juárez. Lo depositó en la bandeja de entrada y se olvidó del asunto.
Horas después, el destinatario lo abrió sin prestar demasiada atención hasta que…
“No busquéis más. El fantasma del viejo molino debía morir para pagar por sus pecados. ¡Quemadlo!”
El diligente Juárez, con sus aires de poli de peli americana salió disparado hacia el despacho de la recepción.
-¿Quién ha traído esto?
El atribulado muchacho, salió de su cómodo refugio burocrático y asumió su responsabilidad.
-¿No le preguntó filiación e identidad?
-No. Parecía tan normal la señora… Me fié de ella.
-¿Cuándo aprenderá que en este oficio nuestro no hay que dejar nada al azar ni a la apariencia? ¿Y ahora qué hacemos? Tendremos que encargar a la Científica un análisis grafológico de estas palabras. Maldita sea… Qué incompetencia.
No podía imaginar, aunque debiera haberlo hecho, que no obtendría, como en el caso del cadáver, resultado alguno.
No le quedaba otra que regresar al lugar del hallazgo aunque fuera ya noche cerrada y la climatología invitara a marchar a casa. Un salvaje ventarrón acompañado de fuertes truenos y rayos iluminaban la escena.
Con la linterna de oficio se dirigió a la entrada. La puerta giraba libre sobre los goznes golpeando la pared.
Entró y alzó, como debió de hacerlo días atrás, don Antonio.
¡No podía ser! ¿Qué?
Otro cuerpo, no podía ser que fuera el mismo, se presentaba ante sus ojos en las mismas condiciones que el anterior. Y una voz amenazante aullaba, ¿o eran los truenos y el gemir del viento?
-No lo hagas. No te acerques. Si lo haces quedarás maldito para siempre.
Gruesas gotas de frío sudor se deslizaban por su rostro involuntariamente encogido. Salió de aquel ruinoso lugar, dejando atrás profesionalidad y valor. Subió al coche y aceleró alejándose cuanto antes.
A la mañana siguiente, ya con la luz del día, como protección, se presentaría y vería qué demonios pasaba.
Así lo hizo, pero la sorpresa invadió sus intenciones, aniquilándolas.
La torre estaba ardiendo aún. Rescoldos de la noche. ¿Qué podía hacer?
Pasado el tiempo necesario para que se enfriasen, se acercó. Tan solo, un trozo de madero carbonizado al que se pegaban los hilos de una maroma entre los cuales creyó percibir piel humana.
Entonces su teléfono móvil sonó.
-Señor, debe venir enseguida al depósito de cadáveres.
-¿Qué sucede?
-Ha desaparecido el cuerpo aquél que se encontró colgado en el viejo molino.
-¿Santo Dios! Una inquietante certeza se estaba abriendo paso, de manera irrevocable en su mente de analítico investigador por mucho que se empeñara en rechazarla.
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Etiquetas: Relatos
sábado, 8 de febrero de 2014
Yuncos y Esquivias: de cervezas, coches de cine y Quijotes
Bien. El otro día os hablé de mi viaje murciano y las grandes emociones que me había proporcionado. Hoy, se ve que para no perder la costumbre de “Homo Viajerus” frustrado (jejejeje) he caído en la tentación de darme otro garbeo por tierras toledanas, en esta ocasión de la mano de la ONCE. Un viaje cómodo y bien organizado, con el personal de apoyo muy atento y cuidando los detalles para que nadie se sintiera excluido. Eva Alonso ha estado al frente, con su profesionalidad y buen hacer de siempre.
El programa se componía de tres hitos culturales a modo de visitas guiadas:
La fábrica de cervezas artesanas de La Sagra.
El Museo de Coches de Cine en Yuncos.
La Casa Museo de Cervantes en Esquivias.
El desplazamiento desde Madrid ha sido corto y aunque ha hecho frío en lo climatológico, el calor ha estado presente a través de lo aprendido y disfrutado.
En la fábrica de cerveza hemos conocido el proceso de elaboración de esta bebida, con sus distintos ingredientes y fases, además de disfrutar de una cata de 6 variedades. Cata sensorial, a ciegas, jejeje, de su producción. Se han portado estupendamente y nos hemos divertido paladeando sabores afrutados y tostados, además de olores estimulantes.
En el Museo de coches hemos disfrutado tocando ejemplares bien interesantes de la historia automovilística, desde algún que otro Rolls Royce hasta algún Munstang pasando por los míticos Escarabajos o Seat 600. No han podido faltar las fotitos y el soñar con imágenes de época. Todo un deleite para mi imaginación.
Finalmente, en la Casa Museo de Cervantes, hemos evocado la figura del genial escritor y su proceso de creación literaria de la obra cumbre de las letras universales. En Esquivias se casó y escribió los pliegos de su burla caballeresca. Hemos tenido ocasión de tocar valiosos muebles del siglo XVI (como una soberbia mesa de madera, un arcón increíble o un sillón frailero), además de tener en nuestras manos la lanza y yelmo de aquel Alonso Quijano que, de tanto leer, perdió el seso. Me ha emocionado estar en la sala biblioteca desde donde, a través de un ventanuco, el barbero y el cura, arrojarían al patio (que también hemos pisado) los libros de caballerías para quemarlos en singular hoguera.
La comida abundante y fácil de partir y el restaurante decorado de forma rústica, con cómodos sillones y acústica tolerable.
Las anécdotas y ocurrencias no han faltado, claro, desde que “hemos entrado ciegos a la fábrica cervecera y hemos salido más ciegos aún, jajajaja” hasta eso de “¡voto a bríos, bellacos!, lanza en ristre asaeteando a miserable pellejo de vino, cual si fuera malandrín malhechor. Me he visto cargando a lomos del sufrido Rocinante en singular batalla contra gigantes, que no molinos, que los molinos los dejé en el Campo de Cartagena la pasada semana, jejejej.
En fin, un viaje de ésos que merecen la pena por su cercanía y comodidad, pero también por su contenido cultural, además de que en todo momento hemos podido tocar todo lo que teníamos a nuestro derredor, hecho éste que no siempre se da y que, por eso, me gusta resaltar.
Veremos a ver dónde me conducen mis próximos pasos guiado por ese Mago de los Caminos que tanto vela por mí.
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Etiquetas: De viajes
jueves, 6 de febrero de 2014
Surcos
Buenas noches:
Como cada jueves, que me resulta posible, comparto contigo mi nuevo esbozo de poema.
Por la utopía de las palabras amables que buscan dar luz.
Con cariño.
Surcos
Como el tenaz agricultor que escribe en la tierra palabras de vida
Primigenia hoja de luz y futuro.
Surcos de tus labios por los que pasear mis labios quisiera.
Como la aguja que recorre el disco de pizarra y cianuro,
Último signo de nuestra postrer despedida.
Marinero niño que, con barcos de papel, surca el lejano horizonte;
Velas al viento y remos de regaliz.
Surcos de candente fuego entre los pliegues de tu alma esculpir pidiera.
Explorador de sendas, vencedor de obstáculos sin fin;
Gastadas sandalias de peregrino, en pos del grial, eterno errante.
Con mis dedos de luz labrar anhelo,
Caricias en tu piel de melocotón.
Surcos de tus traviesas pestañas penetrando en mi deseo que a tu asalto se rindiera.
Con mi entrega perenne sin sentido ni razón,
Para ti y por ti, todo lo fío a tu mínimo desvelo.
Surcos.
Surcos de tus labios por los que pasear mis labios quisiera;
de candente fuego entre los pliegues de tu alma que esculpir pidiera;
de tus traviesas pestañas penetrando en mi deseo que a tu asalto se rindiera.
Surcos de feraz enredadera.
Me muero por ser agricultor tenaz y nniño marinero,
Vivo para ser aguja y dedo.
Explorador de sandalias gastadas siempre sin descanso y arrojado denuedo
Para ti y por ti, que siempre te busco y quiero.
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Etiquetas: Aprendiz de poeta
martes, 4 de febrero de 2014
Murcia: de lebeches, jalopes y canjilones
Esta tarde invernal de lunes quiero contarte, y compartir, por tanto, las numerosas vivencias y emociones generadas por ellas a raíz de mi último viaje, uno de los que, ya por derecho propio, pasa a situarse entre los mejores de mi vida y, tú bien lo sabes, han sido muchos.
Con el fin de no aburrirte, pero sin que te pierdas detalle, he decidido hacer dos partes en la crónica, una más descriptiva y otra más anecdótica y de sentimientos.
Todo empezó cuando en el mes de mayo, de la mano de mi admirada Rosa Sánchez fui a presentar Huellas de Luz a tierras alicantinas. El acto de aquella mañana de mayo fue conducido por Emilio tomás García, responsable de un interesante proyecto en el mundo periodístico de la Región de Murcia: Taller de Prensa Comunicación.
En agosto pusimos en marcha su empeño porque fuera a hablarles a chic@s de 5º y 6º de primaria sobre el testimonio de superación y esfuerzo de las personas con discapacidad y el ejemplo para su formación en valores, al tiempo que difundiríamos mis Huellas.
Al final, Emilio diseñó un completísimo programa de actos, en el que se conjugaría la parte literaria, la experiencial y la turística siempre con la premisa clave de la emotividad, la sencillez y los encuentros de amistad. Más allá de las ventas del libro, se trataba de hacerme visible y enriquecernos espiritualmente con momentos para el recuerdo, sazonados, cómo no, con la rica gastronomía de la zona.
Todo estaba listo ya.
El escritor y diplomático murciano Diego de Saavedra Fajardo dijo: “la felicidad no consiste en vivir, sino en saber vivir”. Yo, estos días he aprendido para cumplir esa certera máxima.
El viaje era sencillo: tomar el tren en Atocha y dejarlo en Torre Pacheco, donde me recogería él y Nuria, su mujer, para dirigirnos al hotel. No había que hacer trasbordos ni épicos cambios de estaciones.
El hotel quise que fuera sencillo y familiar, cerca de donde ellos vivieran para resultar menos engorroso a la hora de acompañarme. Fue todo un acierto muy recomendable el elegido: Hotel Cristina en Los Alcázares, Una maravilla porque casi estaba solo en el establecimiento, el trato no pudo ser más cálido y su ubicación muy próxima al paseo marítimo.
Había otro ingrediente que auguraba el resultado buscado. Este no era otro que participar de la presentación de la última obra de Rosa, la poesía hecha sensibilidad y Amor en estado puro: “Elementos en espiral”. Quise, por el mucho afecto que le profeso, prepararme la lectura en braille de uno de los poemas que adornan el libro, un esfuerzo especial, un pequeño símbolo del gran cariño que siento por ella y su familia. El lugar del evento era en el Café El Trastero de San Pedro del Pinatar.
En definitiva, el programa fue el siguiente:
Encuentro en Alcantarilla con 120 chaval@s de colegios del municipio.
Participación en la presentación de “Elementos en espiral”
Presentación de “Huellas de Luz” en el centro comercial E-Leclerc de Sangonera la Seca.
Visita al molino de agua del Pasico y su hhermita.
Visita al Museo Etnológico de la Huerta Murciana en Torrepacheco.
Visita al teatro romano de Cartagena.
Paseo por calles y plazas de Murcia y Cartagena.
Presencia en medios de comunicación con entrevistas para la Cadena COPE y otros medios locales como el Diario La Información.
Ahí es nada, diréis.
Difícil es reseñar alguna pincelada de cada hito, pero no puedo por menos que resaltar el interés de los niñ@s de 11 y 12 años por conocer el mundo de la ceguera. Prestaron gran atención y plantearon preguntas entre lo chusco (si se echa un pedo y tiene que salir corriendo para que no le castiguen, ¿cómo lo hace? O ¿cómo hace para hacer pipí?) hasta las más profundas (¿qué haría si recuperase la vista o si me habían robado alguna vez?. El alto nivel cultural y gusto exquisito de la presentación del poemario amatorio. Las sorpresas que me deparó el acto en Leclerc con presencias inesperadas, además de la singular sensibilidad de Mari Carmen, su directora, que quiso elegirme como inaugurador de su espacio literario, y el acercamiento a los usos y la Historia murcianos mediante las visitas.
Los actos me trajeron satisfacción plena por el resultado obtenido ante mi implicación y esfuerzo por estar a la altura de las espectativas. Esto pude percibirlo nítidamente al ver cómo impactaba el que leyera en braille, los aplausos y tirada de fotos (me pareció convertirme en una mega super star) y los comentarios laudatorios, excesivos a mi modo de ver, hacia mi persona, y forma de transmitir.
Claro que con la implicación y apoyo de Emilio y Nuria y de Paco Rabadán Aroca, otro notable escritor murciano, el que así fuera, resultó sencillo. “Una cosa lleva a la otra” y con ellos todo se hizo fácil, además, claro de la energía insuflada por Rosa, estando a tope conmigo en todo momento, sin olvidar tampoco, el cariño de Rafa y Diego, periodista aquél y fotógrafo éste, en cualquier caso, todos insignes personalidades.
En cuanto a las visitas culturales, resultaron magistrales tanto por lo que me aportaron por la forma en que se volcaron conmigo los encargados de hacerlas. No olvidaré a don Antonio Pagán que, a sus 78 años, nos dio toda una lección de lucidez, sentimiento y sabiduría popular en torno a esas construcciones; como tampoco olvidaré a Félix Pina que me dejó tocar todo lo tocable en el Museo Etnológico, desde mobiliario, útiles de la vida cotidiana, forjas, etc (me quedo con un fastuoso escritorio, una arqueta increíble, las jarras de novia o el olor en la botica o la carroza. En cuanto al teatro romano, la guía fue fantástica, divulgativa y cercana, estando atenta a que tampoco yo me perdiera en sus explicaciones de lo que actualmente, me pareció, una obra de rehabilitación arqueológica, portentosa.
El ambiente relajado de las calles y plazas peatonales, sintiendo cercanos los edificios emblemáticos como la catedral o el Teatro Romea y el gigantesco ficus murcianos o la calle Mayor y el puerto cartageneros; el aroma a productos como las naranjas, el brécol; los sabores descubiertos, marineras, calderos, cordiales y asiáticos; cumplir con la tradición en la hermita, cogiendo un clavel y pasándolo por la efigie de la virgen; y esa incursión aventurera en solitario por el paseo marítimo de Los Alcázares, son imágenes que quedan ya grabadas en mi memoria para siempre.
En la siguiente parte, las emociones y anécdotas.
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Etiquetas: De viajes
domingo, 26 de enero de 2014
La historia de la vieja capa
Buena noche de domingo, buena semana.
Un nuevo cuento comparto. Que sea de tu agrado.
Paz y bien.
La historia de la vieja capa
Nadie repara en ella, pero la vieja capa de cuero viejo está aún allí. Se encuentra colgada del oxidado gancho que hay junto a la carcomida viga en el desván de la casucha abandonada años atrás.
Una edificación que amenaza ruina, con las paredes desconchadas y el polvo como dueño y señor de todo.
A alguien, sin embargo, le ha dado por adentrarse en esa maraña de cachivaches desparramados por doquier, ascender una escalera desdentada por la que, cuyos peldaños se escapan bocanadas de aire infecto, parece imposible no caer al vacío.
Ese alguien busca, aunque no sabe lo que encontrará, una historia que contar a sus lectores del diario en el que escribe, cada lunes, la columna de sucesos.
Va dotado con una linterna que le alumbre los pozos negros de oscuridad en que está sumido todo. Lanza ráfagas, aquí y allá. Le gustaría descubrir un antiguo arcón o algún pergamino ignoto, pero nada de eso halla.
Está a punto de desistir y largar velas hacia otros puertos más propicios, cuando su mano libre la roza.
Está fría y su textura resulta áspera, pero no es capaz de resistirse a enfocar el escuálido haz de luz.
Lo que ve es un tejido recio y basto, en el exterior, pero al introducir los dedos, ansiosos rapaces, en el revés, la cosa varía. Se ve que, en su día, debió de ser una buena prenda de abrigo que protegería a su dueño
Lo que también llaman su atención son unas manchas parduzcas que contrastan con el negro del paño. ¿Qué serán? Las huele y aunque, casi apenas si puede distinguirse el olor, huelen a sangre seca. ¿A qué se deberán?
Tal vez no esté todo perdido y pueda salir de aquel lugar fantasmal, con éxito, al que un remitente anónimo, le invitó a visitar, mediante un críptico mensaje que le retaba: “un objeto aguarda a que alguien lo saque de su destierro para constituirse en prueba inculpatoria. Búsquelo y sea usted su mentor.”
La descuelga cuidadosamente, no fuera que se vaya a descomponer y la dobla, guardándola en la bolsa que trajo.
Ahora le queda estudiarla en su despacho, analizar su factura y ver si encierra alguna pista de la que tirar para desentrañar el misterio.
¿Quién pudo ser el remitente anónimo? ¿A quién perteneció esa capa?
Indagaría primero en la historia de la casucha. ¿A quién había pertenecido? ¿Por qué se encontraba ahora abandonada?
Disponía de 4 días para concluirlo todo y redactar la historia. Ojalá le mereciera la pena, porque de otra forma, la exigente redactora jefa, se iba a poner hecha una furia. Ya le había perdonado un par de fiascos y estaba seguro de que un tercero, le valdría el despido inminente.
Sin dilación se pondrá a la tarea y a donde le conducirá su investigación, no será a otro fin que a unos crímenes que a finales del siglo XIX, siempre cometidos en los meses invernales de aquel año infausto de 1898, quedaron sin esclarecer. Siete chicas, todas sirvientas, habían sido, primero violadas y después, estranguladas mediante un cordel de junco, por lo que el caso fue conocido como “los crímenes del Asesino del Junco”.Aterrorizó al género femenino de los barrios humildes madrileños, en un tiempo de desastres para la nación.
El archivo municipal atestiguaba que aquella propiedad fue construida hacía más de 100 años y que su actual dueño se desconocía al no constar herederos del primer propietario, un comerciante de vinos que acabó arruinado y loco.
Llevó la capa a analizar al laboratorio y se constató que era de la época y que pudo servir para cubrir a un hombre de mediana estatura y gruesa conplexión.
En cuanto a las muestras de sangre, sin duda alguna, habían pertenecido a distintas personas, pero todas ellas de edad joven.
Los indicios eran claros. Ahora tant solo le restaba colocar una pieza para completar el puzle de su artículo: ¿quién le había mandado el mensaje anónimo? ¿Por qué a él y por qué ahora?
Así lo escribió en su columna, exhortando a que quien quiera que hubiera sido, desvelara su identidad como pago a su trabajo detectivesco.
¿Podía tratarse de un descendiente del homicida? Tantos años después, parecía improbable que los remordimientos le hubieran llevado a actuar de semejante manera.
Lo mismo pensaba respecto de alguna superviviente de las chicas, si es que la hubo.
La respuesta no tardará en ofrecérsele, aunque no será del cariz que espera, ni mucho menos. Claro que, a lo peor, todo se deba a la calentura que esa noche le acomete, sin más ni más.
Una reencarnación se le aparece al volver la esquina en dirección al periódico. Es un hombre embozado con una trenza de junco en la mano. Le mira con mirada vaciía y le sonríe con una boca descarnada. Le hablará, o creerá que le habla en los siguientes términos:
-Al fin podré descansar en mi tumba. Ya no me perseguirán más las almas de mis víctimas. Tenga.
Y, sin saber cómo, el aterrorizado gacetillero se verá portando, en su mano diestra, además de con la negra y vieja capa, con una trenza de juncos.
Esa noche no pudo dormir. ¿Quién habría podido hacerlo tras semejante encuentro?
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jueves, 23 de enero de 2014
Miedo
Buena noche de jueves:
Otra semana más comparto mi empeño por crear poesía.
Que te haga soñar.
Miedo
Como un cazador furtivo que acecha en la noche, agazapado;
Bola informe de negro color.
Perder la luz de tu sonrisa siempre fresca.
Como el francotirador que ajusta, la mirilla de su fusil, para matar al amor;
Náusea viscosa que, sin piedad, indeleble, en mí se ha colado.
Viene, silencioso, haciendo muecas a la muerte.
Losa pesada que sella la tumba de mi alma.
Recibir, desgraciado de mí, el desdén de tu mirada burlesca.
Viene preñado de olor a devastadora llama;
Lápida con un único epitafio: el de mi gélida suerte.
Cabalga sin freno ni jinete, desbocado animal;
Huracán destructor de sueños y promesas.
Ganar la partida de tu juego de hiel, aquélla que ni ganar querría la turba más canallesca.
Cabalga entre las nubes, voraces de maldad, posesas;
Terremoto implacable, engendro del mal.
Arrasa montañas, tentadoras de montañeros intrépidos, y lujuriosos valles feraces;
Árido maná de labios resecos.
Entregar el dibujo de mi pasión a tu difusa sombra chinesca.
Arrasa el deseo entre profundos e infinitos huecos;
Yermo futuro de ilusiones veraces.
Que cuál es mi miedo, amada mía, me preguntas.
Perder la luz de tu sonrisa siempre fresca;
recibir, desgraciado de mí, el desdén de tu mirada burlesca;
ganar la partida de tu juego de hiel, aquélla que ni ganar querría la turba más canallesca;
entregar el dibujo de mi pasión a tu difusa sombra chinesca.
Así te respondo, en fin, antídoto valiente, ante tus dudas inquietas.
Ante mi miedo, tu escudo de briosos besos;
Coraza y fortaleza inexpugnable.
Ante mi pánico, tu seguridad inalienable;
De goces y embelesos.
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Etiquetas: Aprendiz de poeta
domingo, 19 de enero de 2014
El extraño compañero de cama
Buena noche de domingo.
Que estéis bien y os haga sonreír esta historieta nupcial.
Con cariño.
Paz y bien.
El extraño compañero de cama
No podían recibir mejor regalo de bodas. Ana y Carlos se casaban, al fin. Una relación, primero de amistad; y luego, de apasionado noviazgo les conducía, de manera natural a ese desenlace con forma de enlace, enlace matrimonial.
La abuela de Ana quiso hacerle a su nieta predilecta un regalo especial, cargado de simbología. Se trataba de una cama de cabecero niquelado y torneado con figuras abigarradas. Era consciente que las modas mobiliarias del siglo XXI poco tenían que ver con las de finales del XIX, pero en ella, doña Virtudes había sucumbido a las más traviesas tentaciones. Un tálamo amplio, que había resistido, cual navío surcando los más bravos océanos, amores tempestuosos y acontecimientos con horizontes de futuro: promesas, confidencias y nacimientos.
A Ana, las historias y chismes de la abuela Virtudes siempre la habían subyugado y estaba encantada con semejante presente, cargado de pasado.
No veía el momento de estrenarlo. Cierto era, que el colchón no sería ya de aquellos de lana, bareados a golpe de bara, sino del moderno látex, hasta para esto valía el hijo del caucho.
Carlos, cedió ante la ilusión de su Anita, aunque a él le pareciera un trasto anticuado y que desentonaba, por completo, con el estilo decorativo del piso en que viviría la atortolada parejita. Frente a lo funcional, aquella antigualla. En fin, todo fuera por el fogoso entusiasmo pasional de su amada.
Y llegó la gran noche.
Y el pobre Carlos, sería a causa de los efluvios alcohólicos de la cena nupcial o por lo que fuera, el caso es que percibió la presencia fantasmal de un vejete ataviado de camisón y gorro con una lujuriosa sonrisa y mostrando, vela en mano, un diente de oro.
Con semejante testigo, a más de los lazos, broches y corchetes con que venía adornada su, ya, señora esposa, no pudo hacer otra cosa que saludar al inoportuno invitado, dejando para la noche siguiente consumaciones supuestas, que lo demás hacía tiempo ya que se consumó.
-Cariño, ¿viste algo anoche?
-Amor, anoche no pude ver otra cosa que las filigranas del piecero ante tus musicales ronquidos.
-¿No viste al vejete?
-¿Al vejete? ¿A qué vejete? No sería que veías visiones con cara de gin tónic y cuerpo de mojito? Es que mira que te pusiste bueno.
-Oye, oye, cielito; que tú tampoco te quedaste atrás con la caipiriña, ¿eh?
-Y bien buena que estaba.
-Sí, sí, pero el vejete…
-Que no, que no.
-Mírale, ahí viene de nuevo. ¿Oiga, déjenos en paz para que pueda hacer la guerra con mi mujer.
-Pero, cariño… ¿qué hablas? ¿Qué dices? Esa resaca…
-¿No te contó tu abuela alguna historieta de un viejo con diente de oro y vela en la mano?
-Pues… no. Ya le preguntaré. ¿No me vas a dar ni un achuchón? Ya no digo un beso, qué menos. Qué hombres éstos. Se casan y ven visiones.
Ana se levanta enfurruñada. Bonito día de tornaboda. Vaya futuro que le espera. Su marido viendo visiones y ella quedándose a dos velas. Hablaría con la abuela, no sea que hubiera algún mal fario.
-Abuela, ¿tuviste algún lío con un anciano de diente de oro?
-Vaya, sí, jijiji. ¡Un pirata! ¿No te lo conté? La última vez que le vi, fue cuando le rechacé por venirse en camisón, pantuflas y gorro de dormir a rendirme amores. Parecía un espantapájaros.
-Pues, abuela. Carlos está empeñado en que anoche se pasó la ídem haciéndonos compañía. Así que me quedé sin vela ni mecha que prender.
-Dios mío, ¿y qué ppodemos hacer?
-Como no sea que esta noche duermas tú con mi Carlos y si viene el pirata que Carlos se vaya al sofá para que tú le aclares que ya no es sitio para él esa cama.
-No sé si a tu señor marido le hará gracia el cambio.
-Carlos hará lo que sea para quitarse de en medio a semejante tipo.
Dicho y hecho. Carlos se tomó otro par de mojitos para pasar el cambiazo de pareja y cuando el pirata de la vela se asomó al travesero le hizo un quiebro para dejarle espacio, mientras él se esfumaba.
Lo que hiciera Virtudes con su diablo no se sabe, como tampoco lo que dejara de hacer Ana con Carlos, el caso es que la tercera noche no hubo ya lugar ni a los mojitos ni a los piratas ni a las velas, pero a lo que sí hubo fueron a los combates de amor, asaltos y soflamas de pasión.
Publicado por Alberto en 10:58 p. m. 0 Dejaron su huella
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