miércoles, 12 de noviembre de 2014

De profetas y adivinos



Buena tarde de miércoles.
Otro guiño, otro diálogo entre nuestros amigos la oruga y el ciempiés. Que te haga sonreír, al menos.
Un abrazo divertido y mordaz.

De profetas y adivinos

-¿Ve como le dije que le vendría bien que saliéramos a pasear? Le da el aire, hacemos ejercicio y a lo mejor nos encontramos con alguien... que nos invite  a merendar.
-Sí, no se está mal, menos mal que me traje el chal para mi cuellecito. No quiero resfriarme ni que se me hielen los pelitos.
-Si no fuera tan descocada... Pues el paisaje es bien bonito. Colores de otoño que invitan a la poesía.
-¿La poesía? ¿Es que es usted poeta? Pero si lo único que sabe es escupir cagarrutas. No me haga reír... jajajaja. Poeta el ciempiés. El poeta de la teta.
-Oiga oiga, qué se habrá creído. Discreto y humilde que es uno. Claro que como usted es tan sabelotodo... se cree que los demás... nos cascamos la uña.
-Déjese de cascar y cuénteme hoy usted algo para variar. Que luego ya le hablaré yo de los humanos adivinos y profetas.
-Ah, pues cuando mis pies sentían eché una carrera con un escorpión. Y sabe una cosa.. que le gané.
-¿Ganó? ¿Y qué ganó?
-Un pico.
-¿Un pico para pinchar o para cavar?
-No debía ser muy bueno, porque en cuanto quise clavarlo, se dobló. Y fíjese que lo que quería era clavarlo en un huevo de lombriz... así que me quedé compuesto y sin huevos ni pico.
-Lo que tiene que hacer es afilar el suyo...
-¿Mi pico? Si yo lo que tengo es una barrena, eso sí con su buena punta y todo. En cuanto me deje le demuestro lo bien que hace los agujeros... y más si es en blando...
-¿No se le ocurrirá pensar...? jaja. No se hizo la miel de la oruga para el palillo del ciempiés... jaja.
-¿A que no se atreve a dejarme que se lo demuestre a la noche...
-Huele bien por aquí. ¿Qué es?
-Déjeme mirar. Ah, sí. Unas matas de lavanda. Y... oiga. Qué mariposa tan chula se ha posado sobre ellas.
-No me diga que... pero si mi hermana la mariposa estaba perdida... como sea ella... qué alegría me daría.
-Ah, ¿su hermana? Espero que tenga mejor genio que usted... Desde luego como bonita es un rato largo... y qué alas tiene....
-¿Hermana? ¿Eres tú? A ver, déjame que palpe tus alas... Sí, son las tuyas. Igual de suaves y cálidas. ¿Dónde estuviste? ¿Cómo viniste hasta aquí? Por una vez aquel charlatán humano que se decía adivino, puede que acertara. Y mira que siempre quise huir de aquella gente que presumían de adivinarlo todo y profetizarlo todo. Cómo les gustaba hacerse escuchar por los incautos. Cómo se aprovechaban... que si mirando los pliegues de los culos, que si los iris de los ojos de plástico, que si las excrecencias de los gatos disecados... qué gentuza... Hermanaaaaaa... abrázame, anda... ay ay ay ay qué preocupada me tuviste..
-Oiga que yo también quiero abrazar...
-¿Abrazar usted? ¿Y que me la rompa a mi hermanuchi...
-No será para tanto. Qué aleteo más fino. Si mis pies funcionaran... ay ay ay. Qué bonita es. Ande, véngase con nosotros que esta noche la vestimos de fiesta.
-Anda, ciempuzo... ni se te ocurra soñar con que mi hermana te aúpe en sus alas. Mi hermana es de la realeza, la primera entre las de la clase primera. Y usted... un zafio y patoso ciempiés. Ni se acerque, no la vaya a manchar con su barriga de arrastrao...
-Desgraciado de mí... ande entonces, quédense las dos ahí que yo me marcho solo. Desgraciado de mí... nunca ha de ser para mí aquello que tanto quiero...
-Sí, hermana. No es mal tipo ese ciempiés. Habrá que ir por él. Al fin y al cabo me acogió cuando yo no tenía donde ir... cuando tenía tanto frío... cuando nadie me quería por haberme quedado ciega... Qué tonto es.  Véngase con nosotras... no se enmohinezca...  no sea tontorrón... aún querrá que mi hermana y yo le hagamos posturitas... así, así... así está mejor.
-Ay, déjenme... zzhhhhzsssjjjj me quiero morir...
-Ya está lloriqueando. Vaya manera de recibir y agasajar a mi hermana… Vamos, enséñele nuestro hogar. Y ni se le ocurra sacar la barrena a pasear, ¿eh? ¿Eh? ¿Eh?
-Uy uy uy, la barrena necesita el berbiquí que la ponga en marcha… y me temo que… Vamos para nuestro árbol. ¿A que se va bien en este carricoche… Lo hizo su hermana para mí…
-No se malacostumbre, pero cójase de ella, que yo voy a prepararle un refresco… no, no le voy a dar el brebaje que tanto chupé yo el otro día. A mi hermana, en todo caso, le daríamos champán de verdad y de eso aquí no tenemos…
-Sáquele las guindas ésas que guardaba para celebrar. Untadas en refresco son teta de libélula. Las guardaba para obsequiárselas en el desayuno después de haberle enseñado lo bien que practico eso de agujerear en blando, pero…

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