domingo, 21 de octubre de 2012

Las nuevas amigas de Beatriz


Ayer tuve la suerte de disfrutar de una excelente mañana de paseo cogido del brazo de Laura, una voluntaria de Kraft. Era el Día Solidario de las Empresas y ella, como otros muchos y muchas más, quisieron regalar su tiempo para ayudar. Vaya mi cuento dominical de esta semana dedicado a ella.
Va por todos aquellos que, como ella, se dedican con tanto cariño a ayudar a quienes lo necesitamos.
Que estéis bien y disfrutéis.

Beatriz, Bea aunque  no vea, es una niña despierta y alegre, un cascabel de chiquilla. Claro, si no ve, que al menos, suene. Tilín tilín, tirililín, su risa, sus palmas y sus coletas.
Bea vive en una casa grande, con su pasillo para correr por él, aunque a su mamuchi no le guste nada que lo haga y menos aún cuando lo ha fregado, su desván y su jardín. Ha aprendido a moverse por los rincones del chalet con habilidad de campeona. Cuando le dicen que es muy difícil su casa, ella dice que lo verdaderamente difícil es cruzar las calles de la ciudad a la que va para asistir al cole.
Bea, aunque no vea es muy lista, con sus libros en braille, su caja de aritmética y sus láminas para tocar con colores y todo, sus mapas, su álbum del cuerpo humano y sus cuentos de texturas.
Pero lo que mejor se le da a Bea es ver. ¿Cómo va a ver si no ve? Pues con la imaginación, claro.
Ve castillos en los que viven las hadas, cubos de basura que son pozos misteriosos, cucharas que son lanzacohetes, delantales como velas de barcos piratas o servilletas que se convierten en vestidos para disfrazar a sus muñecas.
Cuando su abuela le cuenta cuentos para que se duerma, sueña con ser protagonista de aventuras sin fin, compi de duendes y sirenas, nube gigante y hasta amiga de Caperucita Roja o Cenicienta.
Así es ella, la muchacha que sin ver ve, que da luz aun habiendo oscuridad, que tiene locos de contentos a sus papis y que, un día, será  la prota de la serie que dan cuando come, los fines de semana, y en la que los caballos y los grandes paisajes de América juegan con el viento.
Pero antes de que llegue a ser la mejor de las amazonas del Lejano Oeste, hoy ha escuchado una curiosa conversación.
-Tu nombre?
-Lenteja. ¿Y el tuyo?
-Lentejuela.
-Ah, yo soy lentilla.
Bea se sienta a ver qué dicen. Se repantinga en la mecedora que fue de su abuelo y que ahora de tan vieja que es, la han arrinconado en su habitación favorita, el desván.
-A mí creo que hoy me toca salir. He oído a la señora que se va a vestir de gala y que va a lucir su traje de noche, los zapatos de tacón de aguja y el broche de rubíes que le regalaron en Navidad.
-Que elegante, a mí en cambio, cualquier día me comen.
-Pues yo también saldré como la hermana lentejuela. Es más, haré juego con ella. Que a nuestra dueña, doña Gafas no le acaba de gustar.
-Y dónde vais a ir?
-Creo que a una fiesta.
-Vaya. Y yo aquí, junto con maese Macarrón y don Garbanzón.
-Parece que a la niña de la casa, aunque ella no lo sabe, le van a dar un premio.
-Pero que no se entere, shshshsh.
-Pues mientras vosotras marcháis por ahí de fiesta, yo me quedaré para coquetear con el arrocito Pablito, ala. Que me tiene sorbido el hierro.
-Lentilla, ¿querrás reflejarte en mi brillo?
-Querré mirar el mar a través de ti. ¿Dónde te pondrás?
-Ummm, en el escote.
-Uy, entonces mejor que te mire el señor. Yo me fijaré en la trenza de Bea.
   -¡Hijaaa! ¿Dónde andas? Vamos, que se nos hace tarde. Vístete, anda.
-Joooo, mamá. Ya voy. Es que…
-Vengaaa, que no vamos a llegar a la gala de fin de curso.
Bea sonríe, sabe lo que no quieren que sepa, jejeje. Qué ilu. ¿Y eso del premio? ¿Por qué será? Si este año tampoco es que me haya esforzado tanto, que buenas regañinas me han caído, sobre todo de parte de don Ramón, el maestro de cono y mates.
El salón de actos del cole de Bea está repleto como nunca. Lo han adornado con serpentinas yfarolillos de papel de celofán, hay música y payasos y regalos para todos y chuches y bocadillos. Los mayores han preparado una exibición de gimnasia y a los de su clase les han dicho que representen la historia de La ovejita y su patita”.
¿Y el premio?
Ya solo quedan los discursos de la directora y de otro señor al que Bea no conoce de nada. ¿Quién será?
-Niñas, niños, padres, madres y amigos, todos. Acabamos hoy otro curso, es tiempo de verano, de juegos y viajes. Pero antes, permítanme que les presente a don Albert Einstein, el mayor genio de la física jamás habido. Ha querido estar hoy con nosotros en la entrega de premios a los más aplicados. Llamo, en primer lugar,  a Laura Beatriz Muñoz Izquierdo.
-Tu nombre es Beatriz, ¿verdad? Quiero decirte algo: nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber, estudia mucho, prepárate para ser la mejor y mientras tanto, te hago entrega de este galardón. En él se te nombra como la mejor en el noble arte de la redacción.
-¿Qué es?
-Un libro mágico en el que, cada vez que pases tus manos por sus páginas, cobrarán vida.
Doña Rafaela continúa citando a aquellos que se han ganado el ser homenageados pero Bea con su regalo ya no escucha nada. Fantasea con las historias que vivirá gracias a su regalo y piensa que se las contará a Lentejuela y a Lentilla. Bueno, y a Lenteja también, que ya se encargará ella de protegerla para que no acabe en la cazuela.
Y cuando papá y mamá creen que está dormida, ella se levanta y se acerca al cajón de la cocina adonde sabe que han puesto a Lenteja y la toma entre sus deditos y se la guarda en el bolsillo.
-Lentejita, Lentejita, vente conmigo que te esconderé en mi caja de tesoros.
Y aún más hace. Se aúpa al aparador donde su madre guarda el estuche de lentillas y coge una también _ella sabe muy bien cuál_ y ya, por fin, de puntillas, abre la puerta del armario vestidor y…
-Ya estamos todas juntitas, qué bien lo vamos a pasar, siempre las cuatro unidas.
Y aunque si alguien hubiese escuchado esa noche habría creído oír cantar a las chicharras, las tres nuevas amigas de Bea han coreado a la vez:
-¡Te queremos! ¡Eres la mejor! ¡Yupiiiii, amiguita!
Ahora sí, Bea duerme feliz, abrazada a su libro mágico. Y sonríe, sonríe con la luz de la luna iluminando su carita de cascabel. 





4 comentarios:

Francisco Rodríguez Tejedor dijo...



Precioso cuento. Eso le digo yo a mis hijos. Un abrazo.

Alberto dijo...

Paco, gracias y me alegro de que te haya gustado este cuento en toda regla.
Que la magia no nos abandone. Magia con nombre de amistad.
Un abrazote de luz.

Amig@mi@ dijo...

Un cuento que te hace merecedor, como tu protagonista, de un premio, a ser posible, cargado de magia.
Un abrazo, Alberto.

Alberto dijo...

Montse, el premio es conocer a gente buena y saberme querido.
Esa es la verdadera magia: la amistad y el cariño.
Feliz día de martes.
Besitos de luz.

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