domingo, 6 de septiembre de 2015

El compromiso del señor Narciso



Buena noche de domingo.
Sí, hemos vuelto, jejejej. He vuelto de mis vacaciones con el ánimo bien dispuesto para hacerte soñar y sonreír gracias a lo que la musa me va dictando. Ojalá lo logre.
Gracias por tu afecto y por seguir ahí.
Un abrazo fuerte fuerte de compromiso, jejejej.

Relatos a la luz de los valores

El compromiso del señor Narciso

La niña Loli se queda mirando a un anciano señor que porta una curiosa guitarra. El señor tiene mirada bondadosa y manos de artista.
La niña Loli muchas tardes va a ese parque para jugar y merendar con su abuela Adelica. Suele corretear las praderas de por allí y algún día hasta ha recorrido el lago para visitar las pajareras.
La niña Loli es sencilla, espabilada y discreta con sus coletas rubias, sus gafitas y su naricita chata. Le suele gustar quedarse mirando aquello que le llama la atención aunque sus papás digan de ella que es una niña atolondrada, pero no es eso, lo que pasa es que es una personita a la que le gusta observar y aprender.
El Parque Fofó de Murcia es el escenario de esta historia, una historia de amistad sencilla, un parque bonito con su escultura del famoso payaso y sus vereditas adornadas de plantas y hermosos árboles entre los que la chiquillería murcianica se divierte tranquila en su inocencia.
-¿Qué miras, niña?
-Su guitarra. Es rara.
-¿Es rara? ¿Por qué?
-No sé… tiene muchas cuerdas. La de mi hermana tiene menos.
-A lo mejor es que la de ella es de las que sirven para tocar canciones infantiles.
-No sé. Ella suele tocar en una orquesta que va por los pueblos y hoteles playeros. Y también canta, y todo.
-Ah, ¿te gusta la música?
-Me gusta más leer y mirar a los pájaros y a los colores de las plantas y al cielo.
-¿Cómo te llamas?
-María Dolores, aunque todos me llaman Loli. ¿Y usted?
-¿Yo? Narciso.
El anciano y la niña conversan así una tarde de otoño de 1995 cuando el clima aún es benigno y los días todavía son largos. El banco en el que se han sentado está un poco apartado de la escultura del payaso Fofó donde se está más tranquilo y sin tanta algarabía infantil.
A ese lugar se acerca cada tarde este hombre mayor, enfermo de cáncer, cansado de toda una larga trayectoria de éxitos que le han llevado a alcanzar la cima del éxito en ciudades como París o Berlín y que ha compuesto sin descanso.Esa tarde otoñal de septiembre no puede por menos que interpelar a la curiosa niña que le viene observando desde hace unos días. Sonríe al verla tan seriecita y atenta, mirando su guitarra de 10 cuerdas. Piensa que él también fue niño en Lorca y que le resultó más fácil aprender a leer música que letras. La niña le hace recordar, siente un venerable cariño por ella.
-Loli, ¿vendrás mañana a visitarme?
-Claro.
-¿Querrás escuchar cómo suena mi guitarra?
-Claro.
-¿Claro? ¿No sabes decir otra cosa?
-Claro.
-Niña, vamos, que se hace tarde, que tienes que hacer deberes.
-Sí, abu. Adiós, señor Narciso. Hasta mañana.
Y el señor Narciso esa tarde, con la melancolía de haber perdido un hijo, pero saberse querido por su esposa y por el público, regresa a casa con la sonrisa pintada en los labios y sintiendo que comienza a adquirir con esa niña un compromiso.
Así será. Se irán viendo muchas tardes. Él hará brotar de su guitarra mágicas melodías que a la niña le evocarán fantásticos escenarios de cuento y ella le hará sonreír con sus afirmaciones y secretos, con su inocencia y sus dichos ceceantes.
El tiempo tejerá el tapiz de la amistad en pocas semanas y llegará el invierno y el paso del año y aunque las visitas al parque se hagan menos frecuentes, ellos sabrán que son amigos.
-En marzo daré mi último concierto. Me gustaría que tú fueras mi invitada de honor. ¿Querrás venir?
-Se lo diré a mis papás. Creo que dirán que sí porque saben que usted es un señor famoso y además es mi amigo. ¿Dónde será?
-En Santander. Diles que os invito a todos a él, pero tú serás mi invitada especial. Es viernes, así que no creo que haya problemas.
Y sí, la familia de la niña Loli al completo, asistirá al Festival Internacional de música de la capital cántabra y aprovechará el fin de semana para visitarla. Lo que hagan ese fin de semana estará muy bien, pero no será nada, comparado con lo que sintieron al escuchar cómo el auditorio de la ciudad, repleto de público, escuchaba pronunciar de labios del maestro Narciso Yepes las palabras dirigidas a su niña. Qué emoción. El señor Narciso dedicaba su interpretación a esa chiquilla. Afirmaba que tenía adquirido un compromiso con ella porque ella le había devuelto la ilusión y la fuerza para haber llegado hasta ese día. Les pedía a los padres que la ayudasen a desarrollar su espíritu curioso y aventurero, mientras que a Loli la exhortaba a no perder su inocencia y su ilusión por aprender cada día.
El concierto, como siempre, resultó apoteósico a pesar de la precaria salud del maestro. Loli esa noche no pudo hablarle ni darle las gracias, estaba demasiado emocionada. Por otra parte, ella intuía que no era necesario, que ya se verían en su banco del Parque Fofó y se darían ese abrazo único.
Lo hicieron una semana después, como lo harían muchas más veces. Narciso Yepes cada vez estaba más débil, pero no quería dejar de acudir a su cita con la niña Loli porque ella era su mejor medicina, junto a la que su mujer y sus dos hijos le administraban.
Qué bien estaban los dos en el banco del parque pasando la tarde, merendando y contándose confidencias y recuerdos. Qué bien se estaba.
Pero llegó finales de abril de 1997, acaso, fuera un día 23, qué más da, y Narciso cogió las manitas de la niña Loli y las acarició para calentar su espíritu. Sentía que se estaba despidiendo de su amiga, que ya no volvería a verla. Y es que el 3 de mayo Narciso Yepes moría en su casa de Murcia.
Ese día la niña Loli se hizo mayor porque ella también tenía un compromiso con su amigo, el compromiso que adquirió con él al dedicarle su postrer concierto y al dedicarle tantas tardes en aquel banco del Parque Fofó que, para ella, siempre sería su lugar, pasaran los años que pasaran. Y a ese banco querría acudir el día en que se declararía a su primer amor y en el que recibiría su primer beso y en el que depositaría su ramo de novia.
  

    






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