domingo, 13 de enero de 2013

El mejor pegamento



Después de haber disfrutado de un excelente monólogo teatral, en clave de comedia dramática, de la mano de Verónica Forqué, te envío mi cuento dominical de cada semana.
Retomamos, con él, un ejercicio literario que comparto con mi amiga escritora, Mercedes Pajarón, según el cual, de forma alterna, creamos el cuento a partir de 5 palabras que nos mandamos, el uno al otro, según le toque a cada cual. Esta semana, Mercedes me mandó las siguientes: coliflor, añoranza, calambres, pegamento y amor. La que viene le tocará a ella escribir y a mí mandar. Es muy interesante y motivador.
TE pongo el blog donde se encuentran recogidos dichos ejercicios:
Bueno, como siempre, que estés bien y feliz semana.

Rosalía deja vagar su mirada por los agrietados cristales de esa ventana que da, sabe Dios adónde. Tanto tiempo lleva haciéndolo, una eternidad, que las piernas acuclilladas empiezan a dolerle con calambres que no son sino alertas, cual sirenas ululantes.
¿Qué mira? ¿Qué busca? Tal vez a alguien que partió y le prometió volver; quizá, ese horizonte que sueña con conquistar para hacerlo suyo y apoderarse de la aurora; o, a lo mejor, a ese río, bueno mejor arroyo,  que encauza aguas y pesares padecidos en la aldea que la vio nacer.
Rosalía, tan ensimismada está en semejante contemplación, que ha olvidado retirar del fuego la coliflor que puso a cocinar en las brasas del mísero hogar.
Rosalía fue querida, era hermosa, alabada por su discreción y honestidad. Rosalía un día fue, pero ya no es. Al menos, así lo afirman quienes la conocieron.
  ¿Es ella realmente quien ha olvidado que algo quedó cociéndose a fuego lento? ¿O será la memoria lo que burbujea en la ardiente brasa?
-Paquito, el Pellas,  entra como un ciclón en la sala, la única pieza donde se está calentito, pese a los efluvios a guiso y lumbre. Paquito, el chicuelo de la Blasa, el hijo del Andrés, el más travieso y valiente, el rey de la escuela y emperador de cuevas y covachas.
Tan rápido ha entrado que no se ha fijado en Rosalía, cómo hacerlo si siempre está ahí, cual muda estatua de sal. La ha derribado y ha hecho lo que nadie creyó que pudiera hacerse: le ha roto el corazón, se lo ha fragmentado en pedazos. El corazón y más.
Ah, ¿Que es verdad que era una figura de sal? Algo yerto y sin sentimientos?
Eso pensaban muchos ahora de ella. Y total, ¿por qué? ¿Porque no se modernizaba? ¿Porque sus palabras sólo hablaban de añoranza y nostalgias?
Alguien acude raudo al escuchar el alboroto. ¿Quién será?
¡Un apuesto galán! El viejo del Olivar, el que a todas despreció siempre, encaprichándose a placer de doncellas y casadas. ¿Qué pinta en el mísero cuartucho de Rosalía?
Los moradores de la casucha del río se avergüenzan, querrían vestir las paredes con trajes de papel nuevo, las sillas con zapatos de madera pulida y el suelo con alfombras de la Persia. Pero nada de eso pueden hacer, únicamente cerrar los ojos y esperar a que marche cuanto antes.
 -Nuestra niña se ha muerto, señoría. Nuestra niña se ha partío. Que el Paquito nos la ha desgraciao. Ay, qué pena más grande, qué dolor.
Y el antiguo galán, nunca nadie lo supo, a una niña quiso como a ninguna otra, pudo que fuera una de tantas hijas suyas de debaneos y asaltos. Poco importa. Rosalía, aquella niña guapa que fue, conquistó un corazón inconquistable con sus ojos y su risa.
-¡Quítate, Blasa del demonio! Vengo con el pegamento que devolverá a la vida a este tesoro.
-¿Un pegamento, dice usted?
 -Sí, el mejor de todos.
-Pero si…
-Sí, el pegamento que tiene por nombre…
-Blasa, déjale hacer, mujer. Que nada hemos de perder.
-¡Amor!
Y el viejo galán del Olivar, con mano diestra de tocares expertos, vierte una pasta fina, aquí, allá y acullá y la que fuera guapa, pero ahora ya no lo es, revive, como flor que se abre al sol.
 Y, ¿saben qué? Que Rosalía desde ese día ya nunca más volvió a mirar por la ventana. Ahora miraba otro norte: miraba los ojos del Paquito, sí, los del rey de la escuela y emperador de cuevas y covachas.
Y el viejo, y la Blasa y el Andrés sonrieron cómplices de nuevo.
Pronto, en la aldea, las campanas de la torre de la iglesia tañerían a fiesta, la de la boda de la Rosalía y el Paquito, sí, ¿verdad que sí?



5 comentarios:

Rosa Sánchez dijo...

Albertooo, eres un escritor un tanto prolífico, ¿no crees? Miedo darías si en vez de escritor fueras, no sé... por ejemplo, un conejo, je, je.
Que nada, que en cuanto me descuido unos días tienes una media de tres entradas nuevas y yo, que quiero leer y comentarte todas, pues se me acumula el trabajo.
Bueno, que en breve te dejo esos comentarios, ¿vale?
Hasta pronto, Alberto, que Lope de Vega o Cervantes a tu lado son ya unos simples cuentacuentos.
Un abrazo con sentido del humor impropio de un lunes.

Rosa Sánchez dijo...

Buena táctica la que tenéis y a partir de la cual inventáis historias, Alberto, muy original la verdad. Nunca había oído nada parecido.
Tras leer esa breve introducción, la historia de hoy se entiende mejor, lo que la hace más especial y entrañable. Me encanta la idea de tener un pegamento tan extremadamente bueno para solución de todos los problemas.
Un abrazo con el mejor pegamento... y feliz semana.

Alberto dijo...

Rosa, ufff, calla calla que eso de ser conejo me parece que a mí no me va, si acaso, ratoncillo, no sé si con o sin cola, pero de biblioteca.
Ya ves lo del ejercicio qué sencillo es y no veas el juego que da.
Bueno, que tampoco creas que soy tan prolífico pero es que al blog, como a la vida, hay que darle movimiento.
Yo pongo las entradas y luego sois vosotros quienes elegís leerlas o no. Ahora que se agradecen mucho los comentarios porque animan y además que tampoco abundan. Así que... a seguir pa lante.
En cuanto al pegamento, creo que sí lo es aunque, a falta de él, podemos sustituirlo por otros con nombre de ilusión, amistad, sueños.
Besitos con sabor a sueños.

Francisco Rodríguez Tejedor dijo...

Alberto, motivante ejercicio literario en el que te embarcas con tu amiga y que, sin duda, agudiza tu ingenio, por otra parte tan en forma como en este relato.

Recojo el guante que me lanzaste en mi blog: Tenemos que vernos. Lo que pasa es que ahora estoy con dos temas que me absorben el escaso tiempo libre que me deja el banco. Pero os llamo en cuanto me desatasque y comemos un día. Un fuerte abrazo y que sepas que aunque a veces no comente te sigo.

Alberto dijo...

Paco, muchas gracias y sí, sé que me lees y el ejercicio es motivante y que aúna amistades y creatividades.
Tranquilo, que sé lo liado que andas. Cuando puedas, nos dices.
Supongo que tus proyectos irán a tope, entre el corto de Victorita y demás aventuras literarias.
Que se dé bien y a seguir ahí.
Un abrazote de luz.

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