domingo, 22 de enero de 2012

El mendigo y sus bancos

Creeríais que, a estas tardías horas, ya no iba a haber cuento
dominical.
Pues ya veis que sí.
Tras un estupendo fin de semana de relax, aquí está.
Con
cariño, como siempre.

El mundo de Perico el Tachuelas cabía en una mísera y raída caja
de cartón remendada con pedazos de cinta aislante y embridada por una
despeluchada cuerda. Allí se encontraba su vieja manta de cuadritos, sus plato
y vaso desportillados y alguna magra posesión más que él guardaba como los
mayores tesoros.
Se le decía con ese apelativo aunque no se supiera con
exactitud la realidad de las señas de aquel viejo hombre correoso aunque aún
agarrado a la tierra con mirada febril y ansias de animal fiero que, aunque
herido de muerte, se niega a aceptar la definitiva derrota.
Había vagado por calles y veredas sin destino, errante
peregrino olvidado de todos, especialmente de Fortuna, su esquiva musa.
Y, no obstante, allí estaba con su pequeño botín y la
dignidad puesta por señera y divisa.
Muchos, y muchas veces, quisieron encerrarle en palacios con
nombres de albergues de misericordia o casas de caridad. Mas él siempre se negó
a semejante domesticación, eligió la libertad de la nada frente al cautiverio
de un todo cómodo pero insuficiente.
Conoció a seres como él, a resentidos, buscadores de sueños,
perdidos en las miasmas de Utopía, a mujeres sabias, a derrotados y a más y más
gentes que, terminaron por dejarle siempre atrás, a merced de sus nortes despreciados
por todos, al no ajustarse al modelo sobreentendido del triunfador ufano porque
para él, la victoria debía tener otro título, que no fuese el del Señorío del Tener
sino el del Marquesado del Ser.
Y así había llegado hasta allí, solo, a veces harto, pero
impenitente testarudo.
Eso sí, de algo bien que podía presumir: mientras que ahora
muchos se las daban de conocedores de fusiones
bancarias, primas de riesgos o agencias de deuda, el Tachuelas, él siempre coleccionista
de esos trocitos met´álicos, bien podría confeccionar el catálogo más exaustivo
que nunca se viese de ese tipo de mobiliario urbano, denominado banco.
Y es que los había probado todos, metálicos, con
o sin forja, demadera, de plástico, de los más extravagantes diseños y formas.
Todos habían sido medidos por sus esforzadas espaldas.
Cuánto ingeniero de pacotilla, cuánto sabelotodo de esa
materia andaba suelto por ahí. Ymientras, a él nadie le hacía caso, nadie escuchaba
sus recomendaciones. Que mucha ergonomía, mucho equilibrio sostenible y muchas
otras papanatadas más.
Ah, si hubiesen querido hablar con él, qué buenos habrían
resultado.
¿Qué ´más le daba ya?
La tarde se presentaba fría, neblinosa, gris. Se arrebujaría
en su vieja manta, compañera siempre fiel y aguardaría otro amanecer. Además
tenía motivos para ser feliz, sentirse
dichoso: alguien, tal vez, su alma
gemela, le había traído de regalo todo un banquete, canelones de atún, tortilla
de patatas y tiramisú.
Y para hacerle onor, ¿cuál sería el banco elegido? ¿Su
merecido altar?
¿Cuál sino? El que quedaba bajo el viejo castaño, tan viejo
como él pero junto al que, hace mucho tiempo,
una personita de trenzas rubias y ojos claros pronunció dos palabras que a él
le sonaron dichas para sus oídos, aunque no fuera así: “te quiero”.
Y con el est´ómago y el alma caldeados por unos y otras, fue
vencido por el sueño
Horas después qué importaba quién, alguien encontraría el cadáver
de otro indigente más, el enésimo de ese invierno.
Y los bancos seguirían siendo renovados y nadie recordaría a
un tal Perico el Tachuelas.
O..a lo mejor sí.
Una señora de mediana edad, pero aún hermosa, se ha detenido
bajo cierto castaño y deja vagar su mirada. ¿Qué buscará? ¿Algo?¿A alguien?
Unas suaves pero tristes lágrimas, ruedan por sus mejillas al tiempo
que trata de sonreír, al descubrir, casi confundida, entre la hojarasca y la grava,
¡una tachuela!

3 comentarios:

Mercedes dijo...

Jooooooooo, Albertito, creo que éste es uno de los cuentos que más me han gustado. Es magnífico!!! Qué bien te ha sentado el fin de semana...¡Bravo!!

Besósculos de feliz semana. Mua.

Piedad dijo...

Paso a saludarte con el placer de leer tus preciosos cuentos como son todos ellos y, al mismo tiempo desearte feliz semana...

Marina-Emer dijo...

hola Alberto ...te vengo a desear feliz semana y que sigas escribiendo ta bonitos cuentos.
desde mi clase un beso
Marina

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