domingo, 2 de octubre de 2016

Amigos en la charca



Cuentos a la luz de los valores

Amigos en la charca

¿Cómo puede ser? Un conejo y un pez que jueguen juntos. El conejo le tira la pelotilla de boñiga de vaca al pez y éste la sujeta en su cola. El pez se enrosca entre la pata del conejo y el conejo le hace cosquillas con su hocico.
Un pez y un conejo. El conejo se acerca a la orilla de la charca para que el pez juegue con él desde el agua saltando y brincando mientras los grillos componen su sinfonía de cada tarde. Es que… el pez no puede salir de la charca aunque fuera para tomar el sol en plan nudista y tal.
La charca es una cosa grande en medio de un bosque.A ella se acercan también las perdices para beber agua y las palomas y las cardelinas.
Pero conejos y peces sólo están ellos. Claro que al conejo le gustaría que sus amigos fueran conejos y hasta que hubiera una coneja a la que cortejar. . Y al pez seguro que también le apetecería que en la charca no estuviera solo para hacerles aguadillas a otros peces o, a lo mejor, a los cangrejos poniéndose a corderetas sobre sus lomos mientras van para atrás.
  ¿Cómo es que semejante milagro puede suceder?
-Mami,quiero un conejo. Sí, sí sí sí.
-Hija, que no puede ser, que luego te cansarás de él como hiciste con el pez y me tocará a mí hacerme cargo de él, que ya sé lo que pasa siempre, que te conozco como si te hubiera parido. Qué hija ésta.
-Mami, que sí, que sí, que sí. Que quiero que me compres un conejito. Mi amigo Luis dice que los conejos dan buena suerte.
-Hija, eso de que dan buena suerte… Son las patas de conejo lo que dicen que da buena suerte y no debe de ser así, porque si dieran buena suerte, a los conejos dueños de ellas no les habría ido tan mal como para que se las cortaran.
-Jo, mami. No seas pesada. Que quiero un conejito que sí, que sí que sí.
Y la niña ya tiene su antojo. Al principio, es chachi de rechupete. La niña lo coje entre sus manitas y lo acaricia y le da de comer y de beber y hasta le deja que duerma con ella en su camita. Pero cuando lleguen las vacaciones se olvidará de él, distraída como estará en otros juegos. Así que, camino de la playa sus padres lo dejarán junto a una charca en medio del bosque que les pilla cerca del área de descanso donde paran a comer.
La simpática niña casi ni se despide de él. Está tan ocupada con su videoconsola…
Así es como el conejo habrá de adaptarse a su nuevo hogar que, por cierto, tampoco le parece que sea tan malo. Por los alrededores hay mucha hierba y pronto aprende a excavar una sencilla, pero confortable, madriguera.
¿Y el pez?
Pues algo parecido. Esa misma niña u otra, u otro, cualquiera. Que quiere lo mismo: una mascota con la que entretenerse, algo de lo que, una vez conseguido, pronto se cansará y cuyos padres no harán otra cosa que deshacerse de él a la primera ocasión.
En ésas están pez y conejo cuando llega una anciana con su canasta y su bastón. Se sienta a la sombra de un rueso roble para descansar y, mientras lo hace, se fija en la pareja. Sonríe. Recuerda cómo ella también hace mucho tiempo tuvo una amiga con la que jugó a la rayuela y a cocinitas. Ya casi ni se acuerda. Pero… lo pasaban tan bien… Luego vino la guerra y todo lo demás.
El conejo se fija en la anciana. Salta a su regazo. Algo le impulsa a ello. Tal vez es que se acuerda de su dueña y piensa que es ella.
Algo sucede entre la anciana y el bichejo. La anciana se levanta, no sin antes despedirse de esos dos solitarios amigos que, por un instante, la han hecho regresar a tiempos más felices.
-Vamos, hija. Deja pasar a la señora. Déjale que se siente.
Una niña regresa del colegio, cogida de la mano de su madre. Suben al autobús como cada tarde. Ceden el paso a una anciana, una más. Bueno, igual no.
-Muchas gracias, hija. Qué bien educada estás. Así me gusta.
-Claro, señora. En el cole la maestra nos dice que siempre dejemos que se sienten las personas mayores en el autobús. Y a mí no me importa. Hasta ha habido veces en que, por hacerlo, me han regalado una piruleta. Me encantan las piruletas aunque mi mamá sólo me las compra los domingos.
-vaya, yo no tengo piruletas.
-Ya. No pasa nada.
-¿Te gustan los cuentos?
-Síííí. Me encantan.
-Ah, pues igual yo te puedo contar uno.
-Chachi.
-El otro día…
-Yo también tuve un conejo y un pez.
-Sí, la niña tiene demasiados caprichos. Y la culpa la tenemos nosotros por dárselos. Hace lo que quiere de nosotros.
-Mamá, jooooo. ¿Cómo eran? Digo el pez y el conejo.
-Ah, pues muy bonitos y parecían amigos de lo bien que jugaban juntos.
-Qué chulo. Me gustaría ir a esa charca y verles jugar. A lo mejor… ¿Me dejarás ir, mami?
-No molestes a esta buena anciana.
-Que sí, que me gustaría que la niña me acompañara a ese lugar tan hermoso. Ya sé que no es normal, pero le aseguro que no es por nada malo. Prepararé la merienda y, si les parece, vamos de excursión. El sitio es hermoso de veras y tampoco queda muy lejos de aquí.
-Bueno, lo consultaré con mi marido. ¿Cómo podremos volver a verla? ¿Dónde vive?
-Es fácil, en la residencia de un poco más allá. Si me dicen que sí me harán feliz. Suelo ir a pasear por ese bosque a coger setas o manzanilla. Al menos me entretengo en algo.
-Sí, ya sé a qué residencia se refiere.
Unos sábados después, al fin, se decide la excursión. La anciana les lleva hasta la charca. Y sí, allí están los dos amigos.
Enseguida la niña los ve y lo sabe. Sabe que un día ella jugó también con ellos.
Y es que el conejo, aquel otro día en que se aupó al regazo de la anciana le susurró, sin palabras, un mensaje para una niña. El resto ya puedes imaginarlo.
La niña se da cuenta de lo mucho que les ha echado de menos. El pez y el conejo tienen ya su verdadero hogar en la charca pero siempre que la niña vuelva a verles para ellos será fiesta. No se sentirán abandonados como sí lo hicieron cuando les llevaron hasta allí.
Es verdad, es tan bonito tener una mascota. Sí, es muy bonito pero por eso hay que saber que no se la ha de abandonar cuando ya no nos apetezca o no podamos mantenerla y cuidarla.



   


  

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lunes, 26 de septiembre de 2016

La partida de cartas y otras historias de la Vieja Dama

#Imagen del día. Feliz lunes. La imagen del día corresponde a mi querido nuevo libro. Ya está listo a falta de imprimirse y ponerle el relieve correspondiente. Próximamente, muy pronto, podrás adquirirlo en papel al precio de 10€ y a 2,99€ en ebook. Recuerda que los beneficios van destinados a la Fundación Le Atiendo. Con una extensión de 162 pgs se podrá conseguir enviando un correo a la editorial, cauartistic@gmail.com para el caso de los impresos o a través de Amazon o Casa del Libro para el caso de los ebooks. Los primeros 25 ejemplares adquiridos en papel serán dedicados de forma especial añadiendo un pequeño cuento personalizado. Es mucha la ilusión que hemos puesto, la ONG lo merece y la experiencia de los anteriores me ha enseñado a hacer las cosas mejor. Gracias, una vez más por ayudarme a alcanzar mis metas. Un abrazo apretaíno y que la tenacidad guíe siempre tus pasos.



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viernes, 23 de septiembre de 2016

Qasiory

  Soy  Soy eso que buscan los locos En sus madrugadas sin sueños. Locuras de años Buscando tu horizonte a lo lejos.  Soy un libro abandonado En ignoto lugar. Abandonado con pesar Por ser, de ti, ignorado.  Soy una flor marchita Que, para nada, sirve. Jardín tuve Siendo tus besos mi agua bendita.  Soy una brújula sin imán Que perdió su Norte. Imán era, para mí, verte Y ahora ya, para siempre, mis ojos velados están.  Soy un niño sin risa Ni mañana ni almohada. La risa la perdí en tu almohada Y la mañana en tu fría mirada.  Soy esa brisa sin viento Que, del mar, brota. Mi alma fue rota por el salado llanto de tu arrepentimiento.  Soy sin saber ser. Un loco, un libro y un niño; Una flor, una brújula y una brisa. Soy si sé que vivo para a ti querer.


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lunes, 12 de septiembre de 2016

La partida de cartas y otras historias de la Vieja Dama


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domingo, 11 de septiembre de 2016

El comienzo de curso



Buena noche de domingo.
Retomamos la costumbre de crear cuentecillos y compartirlos. Feliz curso, felices lecturas.
Un abrazo agradecido y… acaso tú también seas una flor que habrás dibujado en el cuaderno mágico el dibujo de tu destino.

Cuentos a la luz de los valores

El comienzo de curso

Las flores andan alborotadas.También ellas van a comenzar el nuevo curso. ¿Su escuela? Un jardín. ¿Su maestra? Una jardinera.
Se preguntan qué les deparará el nuevo curso. A lo mejor algunas de ellas serán elegidas para celebrar una boda, incluso otras serán testigos de declaraciones amorosas o se las distinguirá con el honor de adornar la mesa real en recepción honorífica o serán colocadas en la melena de alguna joven rumbosa y simpar belleza para que hagan juego con su boca.
Claro que, también, habrá a las que les toque servir de acompañamiento de ataúdes o ser arrinconadas en el olvido de quien creyó que, poseyéndolas, vería alegrar su espíritu y fracasar en su lucha y las que serán arrancadas sin razón para ser arrojadas al suelo sin más ni más. O ser apresadas entre las hojas de un libro que nadie volverá a abrir.
 Unas se muestran cohibidas, otras no pueden dejar de lado su carácter presuntuoso, otras, en fin, se mantienen a la espera.
La escuela jardín es acogedora, se conserva fresquita y ordenada, con sus jarrones de colores en los que, cada una de ellas, serán colocadas.
La maestra llega. ¡Es una niña! Qué curioso.
La rosa le dice a la margarita:
-Vaya maestrucha nos ha tocado este año. Esperaba que repitiera la del año pasado que, según me dijo mi prima la rosa blanca las trató con mucha distinción. Ésta puede que no tenga ni idea y no sepa ver las que somos buenas y las que no valen para nada.
-No presuma tanto, señorita rosita de pitiminí, que igual nos sorprende. Además, yo me suelo llevar bien con las niñas.
La maestra niña se sube a la escalera para acariciar, con sus manos de adolescente precoz, a cada una de sus pupilas. Quiere familiarizarse con el tacto de sus pétalos y el perfume que cada una emana. Se da cuenta, en contra de lo que supuso la rosa de pitiminí de cómo es cada flor, de su carácter: discreto, el de la margarita; presumida, la rosa; pacífica,la azucena; elegante, la gardenia; tímido, el crisantemo; fuerte, el gladiolo; fanfarrón, el clavel; triste, la camelia; inteligente, la cala; cariñosa, la orquídea; agradecido, el pensamiento; ingenioso, el tulipán…
  -Señores, señoras… me han encargado que sea su maestra. Ya sé, soy una niña y puede que crean que nada sé de la Vida, pero se equivocan. Sé ser sensible y además mi abuelita me ha enseñado mucho. Durante los próximos meses las cuidaré y me haré cargo de ustedes para que, cuando sea el momento de cumplir con su destino, puedan hacerlo como las mejores. Creen los mayores, creerán ustedes, que yo, por ser niña, nada sabré. Se equivocan. Mis manos son sabias porque han recorrido las arrugas de mi abuelita, mi nariz es sabia porque desde pequeñita aprendí a cerrar los ojos y oler con el alma. Mis orejas son sabias porque están acostumbradas a escuchar. Mis ojos son sabios porque la luna les enseñó a mirar.Mi boca es sabia porque el sol me enseñó a sonreír. Cada una de ustedes es importante para mí, me da igual su colorido o perfume, lo importante es que aprendan a estar en la situación que el destino les tenga reservada. A mí, mi abuelita, fue lo primero que me enseñó. Yo no me lo podía imaginar. Cómo una niña iba a ser maestra de flores. Se empeñó en enseñarme y aquí estoy. Es que… mi abuelita es un hada. Sí, de ésas que llevan varita y todo. Es el hada de las flores y por eso yo estoy aquí.
Después de semejante discurso, la maestra niña les da a cada flor un cuaderno y un lápiz de cera. En él, habrán de hacer un dibujo cada una. Así transcurrirá el primer día del nuevo curso. Al final, serán regadas y alimentadas convenientemente y, unas y otra, se dirán que tampoco está tan mal, que el curso promete.
¿Y los dibujos? La maestra niña se los lleva para enseñárselos a su abuelita. A la vista de ellos, se decidirá el destino de las flores de ese curso… ¿Te lo imaginas?




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domingo, 21 de agosto de 2016

Cuentan

Cuentan

Que a la mariposa nadie la quería cuando era gusano pero cuando se hizo mariposa todos envidiaron la suavidad de sus alas y el colorido de su cuerpecillo.
Que del cisne todos se burlaban cuando a todos les parecía el patito más feo del mundo mundial de los patos, pero que luego todos deseaban su elegancia y prestancia.
Que del patizambo negro todos huían, pero luego, cuando fue campeón olímpico de las pruebas de velocidad y batió récords, todos aseguraban conocerle y ser amigos suyos.
¿Y qué más cuentan?
Que no importa lo que uno es cuando se es pequeño, por mucho que te desprecien o se sea objeto de burla. Lo que verdaderamente importa es es lo que uno está destinado a ser y que dan igual los desprecios o los rechazos de quienes no saben ver.

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miércoles, 10 de agosto de 2016

El destino de Ekaitz



Buena noche:
Dedico, con todo cariño, este pequeño cuento a Ekaitz, ese niño que siente curiosidad por mi mundo, hijo de gente buena. Ojalá le guste y resulte premonitorio de su felicidad.
Un abrazo.

El destino de Ekaitz

La Gran Madre Mari sabe que ya no le queda tiempo, que su tiempo ya ha pasado. Los hombres la olvidarán, las mujeres dejarán de honrarla. Se avecinan lunas de desprecio y oscuridad.
Su hogar de siglos está en peligro. La mentira, la injusticia y la calumnia imperarán en ese nuevo tiempo.
Los bosques y montes arderán arrasados por el fuego de la guerra y la muerte.
Los humanos se entregarán al odio y la traición, renunciarán a las raíces de la Tierra. Mari lo sabe pero siente que su poder se agota.
Ha visto el futuro, un futuro de máquinas, desierto, frío y soledad.
El trueno suena, la lluvia y el viento la acompañan en su desolación.
-Mami, mola este parque. Está guay.
-Sí, sí; cariño. Es bonito. ¿Sabes? Tu padre y yo nos conocimos aquí y aquí supimos que siempre nos querríamos.
La tormenta arrecia. La Gran Madre Mari siente que tal vez aún no esté todo perdido. Puede que si coge un puñado de tierra y exala su aliento sobre él surgirá una piedra misteriosa. Una piedra a la que sólo acudirán los elegidos para guardar su memoria. No importará entonces los siglos que pasen, la piedra siempre estará allí y quien la merezca la encontrará sin tener que buscarla.
-¿En serio? ¡Uaaaaaala! ¿hace mucho de eso?
-Mucho, hijo mío. Era un día de verano, vinimos con una excursión de la escuela a pasar el día. Hasta entonces yo no me había fijado en aquel muchachote recio y tímido. Nos lo estábamos pasando bien, recorriendo el parque, descubriendo sus leyendas y sus plantas y dándonos chapuzones en la poza.
-¿No teníais entonces móviles?
-Ni móviles ni maquinetas de marcianos. Jugábamos al escondite o a la soga o al corro.
Junto al roble, la Gran Madre Mari deja la piedra que ha surgido de su aliento. Pronto quedará enterrada por la maleza y las raíces. Un potente trueno acompaña su gesto lo mismo que unas fuertes rachas de viento la arrastran. La Gran Madre desaparece, disuelta entre el granizo y la tormenta. Y entonces todo es silencio.
Será silencio durante muchos siglos. Hasta que quién sabe quién regresará y se prendará del lugar. Y entonces ese quién que nadie sabe quién pueda ser decidirá que es hora de hacer de lo agreste, un vergel. Y se empeñará en despejarlo y acondicionarlo como parque magnífico al que, a saber por qué, le pondrá por nombre Paz.
-Faltaba poco para regresar a casa, yo quise llevarme unas ramitas de romero y laurel. Me aparté un poco y entonces le vi. Se apoyaba en el tronco de un hermoso roble, parecía estar fundido con él. Nos miramos, nos sonreímos, nos comprendimos.
-Nunca me lo habías contado, mami. ¿Sabes? Yo os quiero mucho aunque, a veces…
Aquel alguien que quién sabe quién era no ahorró en esfuerzos para lograrlo. El día de la inauguración no faltó nadie de los importantes del pueblo. Se felicitaban por lo oportuno de la idea. Aquello que, siempre parecía estar maldito, tan lleno de zarzas y espesura que daba miedo, se convertía ahora en ese parque tan hermoso, poblado de fuentes y flores, de paseos y bancos. Alguno de los que encuentran cualquier ocasión para hacer negocio, vio claro que allí podría instalarse un merendero y hasta un zoológico que le producirían sus buenas ganancias.
-Ay ay, Ekaitz, cariño. Te estás convirtiendo en hombre. Cómo has crecido. Déjame que te acaricie la mejilla. Déjame sentir que aún eres niño.
-Mami, no te rayes, no seas pesada. Tarda mucho papá.
-Tenemos nosotros que ir en su busca. Estará preparando la comida.
-Ah, ¿entonces qué hacemos aquí?
-No sé. El corazón me trajo hasta aquí después de tiempo que no venía. Mira, ése es el roble. Está viejo, pero sigue en pie. Es… no sé… es valiente. Tú serás como él.
-¿Yo como un roble? Qué raro, mami.
-Firme, valiente, apegado a lo profundo y lo auténtico porque tus raíces nacen de la justicia y la honradez.
-No sé, mami. Mira, qué chulo.
-¿Qué?
-Una piedra. Es bonita.
-No la veo.
Que sí, mami. Que está ahí, debajo de esa raíz gorda, entre las hojas y la hierba.
Nadie la ve, pero la Gran Madre Mari se asoma por entre las ramas del árbol. Y lo hace con una sonrisa luminosa.
-Que pasada. Qué piedra tan chula. Es fina y suave. Le pediré a papá que me haga un llavero con ella.
-¿Un llavero? No será demasiado grande? Mejor un colgante, como si fuera un amuleto. Sí, un amuleto que te ayudará en tu porvenir.
-¡Papá, papá! Mira qué me he encontrado!
-Sí, hijo. ¿Tú también lo has encontrado?
-Yo también ¿qué dices?
-Sí, hijo. ¿No te lo ha dicho tu madre? El día que nos conocimos ella y yo, yo también descubrí una piedra como ésa, esa piedra. Cuando llegó aquella muchacha vivaracha y pecosa yo estaba disfrutando del tesoro. Al llegar tu madre, lo primero en que pensé, tal fue lo que sentí por ella, fue en regalársela. Pero ella, entonces no lo entendí aunque tampoco quise torcer su deseo, fue que la volviera a depositar donde la había encontrado, que aún no era el momento de que fuera de nadie.
Ekaitz, la piedra, la tormenta, la Gran Madre, el futuro. La paz.
Pasarán los años y ese niño, al que su madre ya ve como un hombre, se hará hombre, sí sí. Nunca se separará del colgante que su padre le fabricó.Ekaitz destacará como justo entre los justos, se hará famoso por sus consejos y a él acudirán desde los más lejanos lugares quienes tengan sed de Justicia y necesiten saciarla.

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miércoles, 3 de agosto de 2016

Bulgaria: la encrucijada olvidada



Bulgaria: la encrucijada olvidada

2016 me lleva a un país desconocido para muchos, pero muy atractivo en realidad. Un país como Bulgaria, lugar de paso desde los albores de la Historia, si bien atrapado tradicionalmente entre dos imperios: el otomano y el ruso.
Cuando me ofrecieron la oportunidad de descubrirlo a través de mi viaje anual al extranjero, no dudé en que las espectativas de aprender y disfrutar se verían plenamente cumplidas.
Recordé, entonces, las palabras de Elias Canetti (1905-1994), que recibiera el Premio Nobel de Literatura en 1981 y que, aunque sus obras estén escritas en alemán, nació en Bulgaria: "No se puede odiar a nadie al que se ha visto dormir." No sé, me parece algo muy hermoso.
Así que me preparé para aprender algo de ese país.
Supe que tiene una extensión de poco más de 110.000
km²,y algo menos de 7.5 millones de habitantes, que linda con Rumania, al Norte; con Serbia y Macedonia, al Oeste; y con Grecia y Turquía, al Sur; mientras que al Este es el mar Negro su frontera. Que tiene una gran diversidad geográfica, desde los picos nevados en la cordillera de los Balcanes o en las montañas Pirin, hasta las cálidas costas orientales del mar Negro. O que es allí donde se encontraba la Tracia previa a los romanos y que es en Bulgaria donde se creó el alfabeto cirílico allá por el siglo IX por los santos Cirilo y Metodio.
 A este país llegamos a mediodía del 26 de julio. Aterrizamos en el aeropuerto Vrazhdebna donde nos esperaban para trasladarnos al hotel, justo enfrente del parlamento y la catedral Alexander Nevsky.
Una vez instalados, como es propio, dimos un primer paseo por los alrededores que nos llevaría a las iglesias rusa de san Nicolás y a la ortodoxa de san Jorge, la más antigua de la ciudad, en esta última tuvimos ocasión de asistir a una emocionante ceremonia en la que, semejante al gregoriano, los oficiantes recitaban los textos cantándolos, fuimos bendecidos por uno de ellos y vimos cómo se movían entrando y saliendo del iconostasio, especie de panel de madera pintado con iconos que separa el altar del resto de la iglesia; a unas ruinas de la Serdica romana tras atravesar la sede del Ministerio de Educación. Después de recorrerlas sin que nadie nos pusiera pega alguna, tocando incluso, columnas truncadas y salas distintas; dirigimos nuestros pasos a la plaza Sveta-Nedelya y el bulevar Vitosha. La primera impresión no podía ser más favorable: anchas avenidas y plazas, jalonadas de parques y zonas ajardinadas, fuentes y pasos subterráneos a modo de galerías comerciales.
    Tan a gusto estábamos que no pudimos hacer otra cosa que buscar una terracita para tomarnos un refrigerio. De los bares que por allí había, Alfonso sugirió a Paloma, el Happy Bar & Grill, un lugar muy agradable y, por cierto, que las camareras lucían unas minifaldas que robaban la vista, claro, a quien la tenga, que yo… nada de nada. Sufrido cieguito con su cerveza y nada más. Claro, y de ahí a cenar algo, que llevábamos todo el día de acá para allá, aeropuertos mediante. Y eso que los de LZB, la compañía aérea que nos llevó, tuvieron a bien obsequiarnos con un bocadillo, bien que algo chicloso y café. Así que a buscar otra terraza, qué temeridad. Casi no habíamos empezado a darle al diente cuando cayó un aguacero que para qué contarte, tan hermoso como las camareras minifalderas. Y nosotros sin paraguas, y sin otra opción que ir al hotel en taxi, por cerca que estuviéramos de él. A ver cómo cogemos, no uno, si no dos taxis y les indicamos en búlgaro dónde nos han de llevar. Bueno, no sé, el caso, es que pillamos uno al azar y en él que nos metimos los cinco, aún no sé cómo, lo mismo que tampoco sé cómo se entendió Alfonso con el generoso conductor. Total, que ya estábamos a resguardo en el hotel. Y mientras nos ubicábamos en la habitación y organizábamos el equipaje, quise recoger en una fotito lo que quiera que se veía desde la ventana de la habitación para compartir lo que yo tenía delante pero no veía: parece que una bonita estampa que reflejaba la luz de las farolas en el suelo mojado y la catedral iluminada. Hasta dijeron que era bonita y todo.
Al día siguiente, una vez saciados en exceso a cuenta del desayuno, nos recogió Silvia, la guía que nos acompañaría al monasterio de Rila y a Plovdiv durante dos intensas jornadas.
A 120 kms. De Sofia, en dirección a la griega Tesalónica se encuentra el monasterio de Rila que fuera fundado en la primera mitad del siglo X. Su historia está directamente relacionada con el primer ermitaño búlgaro San Juan de Rila (Iván Rilska), que se estableció en la zona y se dedicó al ayuno y la oración. El sitio original del monasterio estaba cerca de la cueva que el santo escogió como residencia. Después de su muerte en 946, San Juan de Rila fue enterrado en la cueva en la que buscaba su aislamiento. A través de los siglos el monasterio fue un centro espiritual, educativo y cultural de Bulgaria. Con su forma actual, el Monasterio de Rila data del siglo XIX, y la única parte del siglo XX es el ala este. El edificio más antiguo del claustro es la Torre Jreliyova, que fue construida en el siglo XIV (1335). La torre fue la fortaleza del monasterio, y también vivienda de los monjes en tiempos de guerra. Toda la zona del monasterio, incluidos los edificios de la iglesia, los residenciales y los agrícolas, se extienden sobre una superficie de 8800 metros. Murallas de piedra de 22 metros de alto rodean el amplio patio, el templo de "Rozhdestvo Bogorodichno”, la Torre Jreliyova, el museo, los edificios residenciales y los agrícolas. Consta de alrededor de 300 salas, 100 de las cuales son celdas monásticas.
La exposición del museo incluye ejemplos del arte búlgaro y extranjero durante el periodo de los siglos XIV-XIX. La pieza más valiosa es una cruz de madera con una exquisita talla en miniatura, hecha por el Padre Rafael. El maestro tallador de madera llevaba trabajando durante muchos años sobre ella, utilizando las mejores herramientas y cinceles, y la terminó en 1802, cuando quedó cegado por el duro trabajo en esta obra maestra. En ella se representan 36 escenas bíblicas, 18 a cada lado de la cruz, y más de 600 figuras en miniatura.
Impresiona el entorno, el silencio entre las montañas, la profusión de iconos que envuelven al visitante en un ambiente de recogimiento y espiritualidad. Silvia nos los fue describiendo, imaginé al creador de la cruz, dejándose los ojos en una obra increíble, dimos un paseo por el claustro, casi desierto de turistas, nos sorprendimos con la paradójica imagen de un sacerdote ortodoxo tradicional, con su larga barba y su gorro, pero que ha sucumbido a la modernidad del teléfono móvil. Parece ser que llamaba la atención por su altura, por su atuendo y lo extraño de verle con el móvil.
  De regreso a Sofia, paramos a comer en un restaurante bien pintoresco, junto al río Rilska. Apenas si había nadie por lo que pudimos degustar la sencilla, pero rica comida: ensalada de tomate con queso y, algunos trucha de río, y otros una especie de salchichas o rollitos de carne picada para terminar con un postre a base de yohgurt helado con frutos del bosque. Fue fantástico.
La tarde la reservamos para visitar a pie los principales enclaves de la capital de los que me quedo con la inmensa catedral con capacidad para 5000 personas, las fuentes termales, junto a la mezquita Banya Bashi,, que manan agua caliente de manera natural, la sinagoga sefardí, los puentes de los Leones y las Águilas, el Teatro Nacional Ivan Vazov, el monumento a Vasil Levski, luchador por la liberación de Bulgaria en el siglo XIX del imperio otomano o la gran estatua de Santa Sofía y, cómo no, alguno de sus parques como el Jardín Boris.
Al día siguiente, tocaba conocer Plodvid, la ciudad más antigua de Europa con una edad de 6000 años. Una ciudad, construida sobre colinas a modo de Roma junto al río Maritsa en el valle de Tracia. Durante la antigüedad los tracios habitaron el territorio entre las tres colinas y construyeron un asentamiento fortificado que fue la ciudad más grande de Tracia. En el siglo IV a.C. Plovdiv fue conquistada por Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno. Él le dio uno de sus muchos nombres, Philippopolis, y la rodeó de gruesas murallas. Más tarde los tracios la reconquistaron, pero después de una serie de batallas en el siglo I, la ciudad cayó en el territorio del Imperio Romano. Durante el siglo II, Plovdiv (entonces llamado Trimontium) fue residencia de Trajano y un importante centro regional. Estuvo en pleno auge y había actividades a gran escala de construcción de edificios e instalaciones y de carreteras. De aquella época quedan muchos restos bien conservados de una ciudad próspera: calles empedradas, murallas, edificios, abastecimiento de agua y alcantarillado. Trimontium creció tanto que trascendió los muros fortificados y eso impuso la construcción de otros nuevos. Muchas de las partes de la ciudad se situaron no en la colina, sino a sus pies.
 Los ejércitos otomanos conquistaron Plovdiv en 1364, dándole una nueva orientación de desarrollo. La arquitectura bizantina fue sustituida por un tipo completamente diferente de construcción, de características típicas orientales. El nuevo nombre que recibió la ciudad fue Filibé.
 Durante el Renacimiento, fue un importante centro económico. En la ciudad residían muchas personas adineradas y educadas que viajaban por toda Europa. De sus viajes ellas traían no solo los bienes exóticos, sino también las nuevas corrientes culturales. Los ricos comerciantes de Plovdiv mostraban su bienestar mediante la construcción de casas hermosas, ricamente ornamentadas, que se convirtieron en el emblema de la Ciudad Antigua. Fue también un importante centro cultural y tuvo una importante contribución en el despertar del espíritu búlgaro.
Me impresionó pisar semejante territorio, saber que allí la Historia era protagonista. Cierto que pasear por las calles empedradas y ascender a sus colinas resultó fatigoso, pero sin duda que mereció la pena. Me traigo la visita a una de las casas de rico comerciante de sedas, la contemplación del teatro romano y el saber que allí se recuperó de la enfermedad que contrajera en su viaje del Transiberiano el escritor Alphonse de
Lamartine y un par de curiosas esculturas que pudimos tocar: la del chismoso que se toca la oreja con la mano y que representa a un personaje real al que la gente siempre le preguntaba pues estaba al tanto de la vida y milagros de la ciudad y la de un violinista muy bien caracterizado.
De vuelta nos detuvimos a visitar la bodega de vino Julia en la que degustamos una cata de un blanco afrutado y un par de tintos a base de uvas pinot y mavrud. Cata que acompañamos con un queso muy rico y un salchichón típico cuyo nombre es lukanka. 
, Lo que quedaba de viaje, el viernes y sábado, lo dedicamos a pasear por Sofia, incluso cogimos el Metro, que nos sorprendió por su modernidad. Callejeamos hasta el monumento al ejército soviético, una mole que representa a un soldado, fusil en mano, dominando a los “pobrecitos” (entre comillas) búlgaros y que es objeto de disputas entre los nostálgicos de la época comunista y los nacionalistas o el monumento al Trabi, el coche del pueblo, hecho a base de fenoplast, un material creado con resina fenólica, algodón y serrín.
Silvia, la guía, además de contarnos todo esto nos relató su experiencia de la vida en tiempos del comunismo, algo que también me impresionó de manera notable: hija de un ingeniero y una traductora, escuchó de labios de su abuela cómo resultó herida en el atentado de 1925 en la iglesia de Sveta-Nedelya, cómo de niña correteaba por el patio de la casa familiar mientras el ambiente estaba impregnado de hortalizas naturales y cómo de adulta sufrió la escasez de alimentos tras la caída del régimen en 1990 haciendo colas interminables para conseguir un poco de queso o una botella de leche.
Así transcurrieron esos cinco intensos días en los que mis sensaciones se enriquecieron con un entorno relajado por el escaso bullicio que se escuchaba, tan alejado del habitual de otros destinos turísticos, con el sonido del agua por doquier y el de las voces de sus habitantes, mezcla de eslavo, turco y griego, sabores mediterráneos de ensaladas y productos lácteos ricos ricos, texturas de piedras milenarias y árboles centenarios que me llenaron de energía, ytolerancia religiosa que ojalá fuera ejemplo seguido frente a los fanatismos que tanto parecen imperar hoy día. La accesibilidad también tuvo su cuota de protagonismo, ya que los semáforos son acústicos y se verbalizan las paradas en el Metro.
Bulgaria, encrucijada olvidada, deja en mí un poso dulce y con ganas de regresar. Sí, regresar para seguir descubriéndola y conocer su majestuoso Valle de las Rosas, sus montañas y bosques, su acogedora hospitalidad. Puede que regrese, quién sabe. Entonces el Orfeo tracio, heredado por los griegos, acaso salga a recibirme con su lira y Homero le acompañe para cantarme las hazañas de quienes forjaron la historia y el exotismo del que, al leer, nos hace soñar.

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viernes, 29 de julio de 2016

La música

La núsica  Dicen que música es La cítara y el tamboril, Dicen pero no saben lo que dicen.  Juran que una balada Y una copla y una tonada, Juran pero no saben lo que juran.  Profetizan que los trinos  Y las coplas y los cantos, Profetizan pero no saben lo que profetizan.  Dicen y juran y profetizan, Pero no, no saben Como yo sí sé.  Música es tu risa Y tu caricia y tu mirada.  Música sí, yo sí sé. Es la que nace de tus manos Y tus labios y tus ojos,  ¿El instrumento? El laúd de tu cintura abrazado por el viento Y el violín de tu sentimiento.  ¿Y la partitura? Las notas de tu ternura Y el diapasón de tu dulzura.  Sí, la música eres tú, Su instrumento, tú, Su partitura, tú.



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