miércoles, 10 de septiembre de 2014

El gusano de seda y "El cuaderno del viejo profesor"



Buenas noches. Para ti.

El gusano de seda y “El cuaderno del viejo profesor”

¿Qué pueden tener en común un minúsculo gusano que sabe que su destino es acabar metamorfoseado en mariposa de alegres colores y un cuaderno de tapas gastadas, un cuaderno escrito con dolor en Aüswitz?
Érase una vez una mañana de primavera en una morera plagada de gusanos. Ajenos a la espectación que levantaban, marchaban tranquilos en pos de su destino.
Uno de ellos, pequeño y suave, fue a parar a la palma de la mano de una guapa mujer y entonces la magia hizo su labor: la guapa mujer se convirtió en mariposa de increíbles colores y alas de terciopelo, y el gusano pasó a formar parte de su mundo, ejerciendo de paje, sirviéndola en todo.
Aquella mariposa y aquel gusano fueron volando hasta aterrizar en un bonito libro. El libro estaba abierto pues alguien lo leía, emocionado al conocer la historia del protagonista y su alumno.
Las páginas hicieron de colchón y la tinta de las letras, de néctar que saciaron su sed.
Tan enfrascado estaba quien leía que ni cuenta se dio de los recién llegados hasta que le estorbaron al taparle las tres últimas líneas de la página 185.
Quiso espantarlos con un manotazo, pero le hacían cosquillas en el dedo pulgar, el que chupaba para pasar de hoja.
Se fijó que gusano y mariposa se hubiesen parado de nuevo, unas líneas más adelante y, de un golpe, cerró el libro. Creyó que así acabaría con ellos, pero estaba muy equivocado. La magia volvió a actuar y el viejo profesor se hizo amigo de la mariposa y alegró sus días de martirio en el campo de la muerte y la oscuridad, contemplando los azul cielo, verde prado, amarillo sol y marrón suavito de la mariposa.
El que leía cambió de libro, se olvidó de él. Ya nada quería saber, ignoró que con aquel libro disfrutaba como nunca. Ah, ingrato lector.
Y un buen día llegó una niñita buena que le leía libros a su abuela analfabeta hasta la madrugada. Y encontró aquel libro olvidado y lo abrió y cuando llegó a la página 186 y posó la yema de su dedito con la que se guiaba, una mariposa, la mariposa, y un gusano de seda, el gusano de seda, la saludaron con una tenue cancioncilla.
¡No podía creerlo! Abrió desmesuradamente sus ojos y lo que contemplaron, no fue la desolación ni la muerte, si no un prado verde que se perdía a lo lejos, bañado por un sol dorado, enmarcado por un cielo azul radiante y un camino de tierra por el que se vio caminando, corriendo, para abrazar a un venerable anciano de barbba blanca, mirada clara y sonrisa limpia.
Esa niñita terminó de leerle la historia a su abuelita y al hacerlo se ganó la complicidad de sus nuevos amigos, el gusano de seda y la mariposa.
Y aquel viejo libro olvidado por un desconsiderado lector pasó a formar parte, ya para siempre de Rosa Mari. ¿Y sabes qué? Que el libro también era mágico y que siempre que aquella niñita, luego mujer, sufría, el libro le devolvía la ilusión y la sonrisa.
Y por eso yo te digo que no dejes de creer en la magia de la amistad ni abandones a los libros. ¿Quién sabe lo que puedes perderte si lo haces.
Con cariño, Albertito.

   

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