lunes, 9 de noviembre de 2015

La utopía del Turismo para todos también en Valladolid



La utopía del Turismo para Todos también en Valladolid: #sorpresa, #frustración, #tenacidad.
Era demasiado bonito para ser cierto. Ser cierto que no se nos pusiera ninguna pega a la hora de utilizar la oferta de visitas guiadas de la Oficina de Turismo de Valladolid. El sábado por la mañana en el barco La leyenda del Pisuerga fue así, lo mismo que ese mismo sábado por la noche en otra teatralizada sobre leyendas y fantasmas, al menos, eso nos pareció. Pero… ah, pero.
Siguiendo las instrucciones de la Oficina de Turismo nos presentamos esta mañana en la puerta. Pasa lista la guía. Todo parece conforme…
-¿Nos cogemos de su brazo para seguir la visita?
-Ah, no… eso es un handicap para el grupo. Mi visita es de grupo y ustedes no deberían de haberse apuntado. Deberían hacerla con la ONCE o de forma personalizada.
-Oiga, que en la Oficina de Turismo no nos pusieron ninguna pega…
-Es que los de la Oficina nunca ponen pegas a nada y luego vienen los problemas. Ya sabía que ustedes venían porque la guía de fantasmas y leyendas dio parte en el informe (a saber qué puso, mejor no imaginarlo)…
-¿Qué hacemos, entonces? Simplemente necesitamos su brazo y nada más. Usted haga la visita normal…
-Bueno bueno. Ande, cójanse.
Empieza la visita, bla bla bla… Acaba la visita. ¿Ha pasado algo?
Y ahora nosotros decimos:
¿Es que no tenemos derecho a incluirnos en esas visitas? ¿Es que hemos de someternos a lo que la ONCE organice o a gastarnos un pastón en contratar visitas personalizadas? Dice la guía, ayer estuvo con un grupo de la ONCE de Madrid explicándoles Toro, que claro, que si lo hubiéramos hecho como ella dice, sería más descriptiva y menos informativa (menos datos y más descripciones), que se adaptaría a nosotros. ¿Y la integración normalizada de nosotros, cieguitos chalados que ingenuamente creemos en la normalización? Me he sentido, qué quieres, como ese ciego que va con su perro guía a un restaurante y le niegan la entrada, ya no disfruta de lo que vaya a comer, me he sentido como un mendigo al que se le arroja una pequeña moneda por no decir que no se le da nada, no vaya a ser que nos acusen de… Qué quieres… se me ha agriado el temita, nos han dado ganas de darnos media vuelta, de… pero no. ¿Por qué habríamos de hacerlo?
Esa misma guía, que luego nos ha llevado hasta la puerta de un bar en el que tomar pinchos, que ha querido que fuéramos por baldosas de textura rugosa, no parecía saber que no somos inválidos, si no ciegos, que podemos bajar tres escalones para salir del Pasaje Gutiérrez, en vez de retroceder, ella y todo el grupo, por donde habíamos entrado y dar la vuelta.
¿Qué podemos hacer elena y yo? ¿Resignarnos y darle las gracias por su interés? ¿Callarnos y tragarnos la frustración que se te genera cuando, en vez, de sentirte incluido, se te quiere hacer sentir como que te están haciendo un favor? ¿Este es el Turismo para Todos? ¿O es acaso la utopía por no decir propaganda del Turismo para Todos? NO hablo ya de que no se nos dijera en ningún momento que, más allá, de una reducción en la tarifa de las visitas, hubiera alguna maqueta para tocar o yo qué sé. Algo más allá de ese ahorro, de una rampa. ¿Habrá algo adaptado para ciegos en la oferta turística / cultural de Valladolid?
Tal vez debiéramos haberle dicho lo que sentíamos pero es difícil hacerlo en el momento, no sé. Pero… ¿será posible alguna vez que otro ciego quiera hacer lo que hicimos al reservar las visitas y no tenga que escucharse que su participación es un handicap? ¿Tan difícil es que yo pueda participar, sin ver, en un grupo de turistas que ven? Creo que no, que es muyh poco lo que se me ha de hacer y a lo mejor, hasta el resto del grupo sale beneficiado. Porque claro… a lo mejor el que, en vez de dar nombres y fechas, al resto de la gente, le interesa más que la guía describa cómo es la escultura del conde Ansúrez que hay en medio de la Plaza Mayor o qué representan las pinturas alegóricas del Pasaje Gutiérrez. Así, el Albertito y la Elenita se enteran y, de paso, el resto.
¡¡Viva el Turismo Inclusivo y… la madre que lo parió!! Jajjajajaja.
    

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