jueves, 19 de febrero de 2015

No habrá mañana



Buena noche:
Aquí mi nuevo esbozo poético de cada jueves. Espero que sea medicina que alivie gripes mil, jejeje.
Un abrazo de futuro.

No habrá mañana

No,
No habrá mañana
Sin tu sonrisa de alondra
Ni tu falda de pana
Ni tu pijama de seda
Ni tu mirada de garza.
No.

Sí,
Las ventanas de mi alma se atrancarán,
El manantial de mi corazón se secará,
El pergamino de mi piel se agrietará,
Los luceros de mis ojos se apagarán.
Sí.

No,
No habrá mañana
Si tú no llenas mi vida,
Si te vas sin despedida,
Si me privas de tu melena dormida,
Si me robas tu dulzura henchida.
No.

Sí,
Sí habrá mañana glorioso
Con tus abrazos sin tiempo
Y tus jooos estremecidos
Y tus preocupados desvelos.
Sí.

Sí,
Sí habrá mañana
Si cuidamos nuestro jardín
Y fabricamos caramelos de adoquín
Y fantaseamos sin fin
Venecia y un jazmín,
Si sigues junto a mí,
Sí habrá mañana para mí.


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miércoles, 18 de febrero de 2015

Tribulaciones de una oruga ciega y un ciempiés parapléjico



Buenas noches:
Tiempo hacía en que estos simpáticos personajetes no acudían a esta palestra de la imaginación. Espero haya merecido la pena tanta espera.
Un abrazo guasón.

Tribulaciones de una oruga ciega y un ciempiés parapléjico

-¿Estás ahí, amorcito? Me aburro sin criticar a los humanos.
-Ya, claro. La conciencia y días de afanes. ¿Has visto la ceniza que lo cubre todo?
-¿Ceniza? Ni que hubiera sido este campo uno de aquéllos en que quemaron sin medida los inhumanos genocidas. Ya decía yo que olía raro. ¿A qué crees que se deberá? ¿Habrán vuelto a la época de las hogueras? Aquello que alguien llamó la Cultura de la Chuletilla. Cualquier cosa.
-No sé, pero yo no me arriesgaría a enterrar mis pobres pies inertes en semejante cenizal.
-¿Ya te has olvidado de quererme? Ay, Ciempi de mis entrañas. Siento que mi cuerpo comienza a cambiar como si se desgarrase. Estoy mohina. La fatiga me hastía.
-Cari, piensa que tu destino está en ser mariposa guapa. Mariposa hermosa de alas de seda.
-Sí, pero no sabré volar. Ciega y voladora no vale.
-Igual se nos ocurre algo. Fíjate lo bien que me viene el carricoche que me construiste con aquellas dos setas. A lo mejor podemos inventar un vuelómetro a oídas. No pierdas la ilusión, que yo te quiero, cari. Y mientras haya amor, habrá futuro.
-Ay, Ciempi. Pareces un político. Un político de ésos que juegan a hablar mucho y nada decir, ni se te ocurra. ¿Eh? ¿Eh? ¿Eh?
-Cariiii. Los políticos creo que a lo único que aspiran es a mandar y chupar y yo lo único que busco es compartir mi proyecto de vida contigo. Nada sé de vicios ni defectos, sólo entiendo de cuidarte y acompañarte.
-No me digas eso que me derrito.
-¿Sabes que mandaron carta los grillos? Dicen que se han quedado afónicos de tanto frío como han pasado estos días.
-Pues yo bien calentita que he estado entre tus pelitos… uuujummm.
-Uuujum, sí sí, pelito es a pito pito como curva es a vulva que te vulva.
-Tengo hambre.
-Cómeme.
-Ay, tonto… que no es de ésa. ¿Quedan aún larvas de lombriz?
-Sí, cari. Y bien crujientes. Déjame mirar que te las arreglo enseguidita. Y querrás solomillo de escarabajo a las finas mierdas. Juajuajua.
-Oh sí, el escarabajo del carajo, lo mejor de arriba y de abajo. Venga ese chuletón.
-¿Estás más animada, cari? Las penas con lombriz se llevan de puturriz. Venga ese abrazo.
-Venga ese piquito con vulva, juajuajua.

  



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lunes, 16 de febrero de 2015

"La partida de cartas y otras historias de la Vieja Dama



Buenas tardes:
Con profunda emoción, comparto este cuento que da título a la recopilación de historias que meses atrás presentara a la edición de los Premios Tiflos, 2014, en la categoría de cuento, que convoca la ONCE anualmente a nivel nacional.
Y lo hago porque me acaban de dar la noticia de que esa recopilación con título de “La partida de cartas y otras historias de la vieja dama”, que semanalmente comparto contigo,  ha obtenido el primer premio. Es un orgullo y un acicate para continuar escribiendo. Más allá de su cuantía económica , que también, lo más importante es lo que significa para los escritores ciegos este premio.
Gracias por alegrarte conmigo.

La partida de cartas

Siempre es lo mismo: olor pútrido, sangre derramada y miembros despojados de vida.
La muerte se da su festín sin hacer ascos a nada. Todo le va bien y se deleita con el sabor metálico de las almas miserables de quien acude hasta ella.
Da igual que sean prostitutas, mendigos o criminales; señoras de buena sociedad,caballeros de elegante porte u honrados trabajadores. A ella le da igual, el caso es no quedarse sin su ración diaria de cuerpos inertes.
Tal vez sea así o tal vez no. Quizá le atraigan más unos que otros. Vaya usted a saber. Cómo me gustaría preguntárselo, encontrármela de frente, cara a cara en una partida en la que el resultado no estuviera siempre fijado de antemano. ¿Se atreverá alguna vez a afrontar el envite? ¿O tendrá que jugar siempre con las cartas marcadas?
No se lo he dicho aún, pero soy jugador profesional. La muerte también será una profesional de lo suyo, pero lo mío son las timbas y las apuestas.
Ya deniño ganaba a otros más mayores que yo. Y si no ganaba por las buenas, no me importaba hacer trampas, el caso era vencer a costa de lo que fuese.
He practicado en casinos y casas de juego, más o menos, legales. Tugurios y establecimientos de lujo. Tengo un método muy depurado gracias a una capacidad innata de adivinación que he ido perfeccionando a lo largo de los años. Otros emplean métodos basados en la probabilidad o la lógica. El mío, es mucho más sutil y certero. Consiste en concentrar la mirada sobre esos pedazos de cartón plastificado y atravesarlos. Mi mente los radiografía con precisión de cirujano y, a partir de la información obtenida, el resto viene dado: apostar alto, perder alguna mano pequeña, para hacerme con la principal.
Tengo fama y enemigos no me faltan, claro. Los triunfos no caen en balde. Pero no me importa el riesgo.
Esta noche me han citado a un nuevo reto. Dudé en asistir, pero al fin acepté.
Dudé porque el lugar no me gustaba. Se trata de un antro en los suburbios de la ciudad. Ya les he advertido que no conozco el miedo, pero tampoco es que me atraigan las encerronas previsibles. Y la partida de esta noche suena a encerrona. Pero, qué más da. Soy ya viejo. Los éxitos han sido muchos y la leyenda de mis proezas es imparable, hagan lo que hagan. Cierto es que los contrincantes no parecen dignos rivales de mis habilidades, así que he aceptado sin más, como el que espanta una molesta mosca en las tardes de verano.
La mesa, al llegar está dispuesta. Mesa redonda de viejo mármol rayado, cubierta del imprescindible tapete verde. Las sillas son impropias del lugar, cómodos asientos torneados y cubiertos de terciopelo rojo. Una barra de cinc, al fondo, paredes ennegrecidas por el humo de guisos y cigarros pestilentes, iluminación a base de candelabros y bujías de gas.
5 son los puestos dispuestos, aunque a mi llegada seamos 4 los presentes. ¿Quién será el último jugador que ha de llegar?
La partida es de las bravas. No ofrecerá segundas oportunidades: acertar la descubierta o perder sin remisión. Se irán eliminando los jugadores hasta que sólo quede el ganador. ¿El premio? ¿No lo han adivinado? La vida o la muerte. Únicamente saldrá vivo de allí, el ganador. O sea, yo, naturalmente.
Nos sirven ginebra y ron, el tiempo pasa. Se abre la puerta.
Una joven menuda y flacucha hace acto de presencia. Se presenta enmascarada y ocupa el asiento libre.
-Caballeros. Ya estamos todos. La partida puede comenzar.
Un jorobado contrahecho desprecinta la baraja. Nos la muestra. Es como todas. No se resistirá a mis mañas.
Cada vez que uno caiga, cambiará la baraja. No importa.
Es ya de madrugada, siempre las madrugadas, cuando tan solo quedamos la muchacha y yo, y el silencio.
Sé que mi carta es mejor que la suya. La he visto con nitidez. La descubro y aguardo a que ella lo haga, para finalizar. La miro a los ojos, tapados con un antifaz.
Sonríe. ¿Por qué si va a perder?
Sonríe de nuevo y se lleva las manos a la máscara. Continúa sin levantar el postrer naipe.
-Me gustan todos. Incluso usted.
¡No puede ser!
Levanta, al fin, su baza. ¡Gana ella! ¡Es la muerte!
Mi cuerpo se desploma sobre el frío tapete verde y el mármol negro.
Siento cómo unos brazos atenazan mi ser. Ya no tengo fuerzas nada más que para darme cuenta de una verdad, quizá la únikca: nadie puede vencer a la muerte.



 




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La diferencia enriquece, la solidaridad nos hace grandes. Siempre adelante.
Saludos cariñosos

Alberto



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jueves, 12 de febrero de 2015

Jícara de júbilo y jácara



Buena noche de jueves:
Aquí mi nuevo esbozo poético, jugando con alegres palabras, como si de confites que a endulzar tu boca aspiraran.
Un abrazo carnavalero.

Jícara de júbilo y jácara

Jícara de júbilo y jácara,
Labios de menta y calma,
Sí, to y na.

Chocolate en la jícara,
Menta en la calma
To en el ya.

Niña de júbilo
Y labios de piropo,
Sí, pa mí, tu to.

Cierro la puerta,
Jícara yerta
Tristeza cierta.

Niña de curvas de menta,
Mujer de piel sedienta.
Ser chocolate que a tus deseos tienta.

Ser yo to pa ti,
risa de lombriz,
vendaje de cicatriz.

Abro la puerta,
Perfume que despierta,
Alegre son a mis sentidos alerta.

Júbilo en tu calma,
Jícara para tu menta,
Jácara de tu alma.

Yo, colmador de tu jícara,
Yo, ruiseñor de tu júbilo,
Yo, tañedor de tu jácara.




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lunes, 9 de febrero de 2015

Presentación de "Mis pequeñas odiseas" en Madrid

Permíteme que destine mi reseña bibliográfica de la semana para compartir contigo la emotiva presentación de mi segundo libro, que tuvo lugar el pasado viernes, día 6 en la sede territorial de la ONCE.
Organizar un evento de semejantes características, hecho desde la responsabilidad y el corazón, siempre me supone un notable motivo de preocupación. Que resulte agradable para los asistentes, que no defraude a quienes hacen el esfuerzo de acompañarme y que sea digno de lo mucho que valoro a quienes, de una manera u otra, están conmigo en lo que, para mí, suponen auténticos bautizos de mis hijos.
Ya con “Huellas de luz” me sucedía y con “Mis pequeñas odiseas” me vuelve a ocurrir. Nervios, compromiso, entrega y emoción.
Cada presentación es distinta, pero en el fondo siempre se mueve bajo esos parámetros.
Y llegó el día fijado. El clima no era de lo más propicio, con frío y nieve, la gripe rondando por doquier y el viernes tarde, viernes víspera de fin de semana.
Dudaba de la afluencia que pudiera darse y de si el contenido del acto sería lo sencillo y dinámico que pretendíamos.
Al final, como siempre, la certeza de todo esto es que quienes nunca fallan son los amig@s y la familia.
Y, por eso, mi familia, afectados de gripe, se desplazaron de Zaragoza para acompañarme, haciendo un gran esfuerzo.
Y los amig@s estuvieron conmigo, regalándome sorpresas y calor, haciéndome sentir bien, poniéndomelo fácil.
En torno a 80 personas vinieron, todo un triunfo que me emocionó, me acompañaron en el acto.
Javier de la Nava, como en el caso de “Huellas de luz” lo condujo con maestría y fue dando paso a los intervinientes: la bienvenida de Josefa Luisa Ruiz, responsable de Servicios Sociales de la ONCE en Madrid y de David Olalla, en nombre del Consejo Territorial, la brillante interpretación al piano de Carolina Fernández Loureiro y las cariñosas, y simpáticas, palabras de Mariano Fresnillo.
Quisimos poner el audio de un vídeo sobre Garganta la Olla y Jarandilla para ambientar el acto.
Jugamos a Pasa Palabra de manera original. Javier me nombraba una ciudad y yo tenía que definirla en tres o cuatro palabras. Estuvo curioso más teniendo en cuenta que no sabía que así iba a ser con lo que tuve que improvisar, jejejej.
El recitado de “Viajero soy”, ese esbozo poético que define mi concepto de viajar con un fondo musical exclusivo compuesto por Carolina para la ocasión fue toda una gozada.
Y la primicia de una de las crónicas leídas por Antonio Abenójar, el lector que las ha grabado para que las personas ciegas dispongamos del libro en formato accesible.
En la firma de las dedicatorias, mi sobrina mayor, me ayudó como siempre, con su buen estar y mejor contar.
No faltó la gracia de Isabel, mi otra sobrina, entusiasmada con el perro guía de Mariano y las sorpresas.
Sorpresas con la intervención en directo de Natalia Martínez, la directora del parador de Jarandilla de la Vera, recordando cuando viajé hasta la comarca cacereña en una auténtica odisea o la presencia de Rocío, con la que plantara árboles en octubre pasado, como siempre, de la mano de Voluntarios BBVA.
No puedo dejar tampoco de valorar la presencia de Heriberto J. Navarro, el director de Ediciones 94 que estuvo en la venta de libros, con su pasión por la buena literatura y que ha querido apostar por mi libro, creando un excelente fruto.
Acabar tomándonos algo en la Cafetería de la Ilusión, fue la mejor manera de celebrar la fiesta con mis cómplices lazarillos viajeros, Elena, Nuria, Paloma y Alfonso.
Otro momento inolvidable de mi vida, otro sueño cumplido. El próximo 26 tendré ocasión de estar en la librería La taberna ilustrada, un marco genial en el que hablar de literatura de viajes y pasión por la escritura.
Dar las gracias es poco, apenas nada. Dar las gracias sí, pero mejor aún, deseo de estar, lo mismo, que tanta gente estuvo conmigo el viernes sin que importara ni el frío ni la gripe ni la hora. Gracias, de corazón.
Fotos, besos, guapas y guapos... formáis parte del viaje de mi vida, viajáis conmigo en el corazón.

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domingo, 8 de febrero de 2015

Lamento blanco



Buena tarde de domingo:
Tras días intensos de emociones y compañía del mayor valor, completamos el lamento que el domingo anterior fue negro y que ahora es blanco.
Que lo disfrutes.
Un abrazo cálido.

Lamento blanco

Blancos son los vendajes de la momia que fuera enterrada hace miles de años en su viaje a la inmortalidad y que acabó siendo pasto de los carroñeros de tumbas en pos de legendarios tesoros.
Blanca es la mortaja que cubre el cuerpo sin vida de la joven enamorada que, ignorada del Amor, acabará suicidándose con las tijeras de la cocina de su madre, en una noche solitaria en que los demás se han ido a la verbena de san Miguel.
Blanco es el ataúd del niño recién nacido que, al tiempo que nace, cae en brazos de la muerte, en forma de asfixia.
Blanca es la nieve que cubre el cementerio una mañana de marzo, cuando unos padres, los mismos que quisieron descubrir tesoros lejendarios, que vieron cómo su hija se suicidaba y su bebé moría asfixiado, lo visitan, con su pelo blanco de ancianos, su mirada blanca de pena y sus manos blancas de nada.
Lamento blanco de la muerte blanca, esa muerte que no quería a los negros y que acabó llevándoselos a todos por una niña de mirada blanca.
Blancas son las lápidas que cubren las sepulturas de tierra. Lápidas blancas inscritas con letras negras. Recuerdos y nombres, nada más.
Crisantemos blancos son los que las manos de esos dos ancianos depositan cada día en las tumbas de sus hijos muertos, a la espera de que para ellos también haya una mortaja blanca.
¿Y por qué tanta desolación? ¿Tanta pena de dos ancianos solitarios? ¿Porque se atrevieron a profanar en su intrépida juventud una tumba en un remoto desierto?
Todo es blancura cegadora. Luz blanca al final, nieve blanca, vendas, mortaja, ataúd, lápida. Todo es así. ¿Cómo habrían podido distinguir, entonces, su fin?
La sangre roja de dos ancianos de pelo blanco mancha la blanca sepultura de aquellos dos hermanos. Sus padres están muertos, también. Mas para ellos, no hay nada blanco. Roja sangre, nieve sucia, cielo de plomo.
Lamento blanco para dos miserables ancianos que tan felices se las prometían un lejano día de mayo de 1927, cuando descubrieron una pirámide desconocida por todos durante miles de años.
¿A quién pertenecía? Realizaron meticulosas excavaciones y estudios pormenorizados. Se sentían triunfadores, pasarían a la Historia.
Lamento blanco, desolación, muerte, fracaso, nada.
La muerte sonríe con su dentadura blanca , calavera traviesa de vengativas acciones.
La que debió ser faraona y a la que asesinaron unos hombres vestidos de negro, con puñales sin alma. Esa faraona envuelta con vendajes blancos ad eternum ve cómo sus descubridores yacen muertos también. Sí, pero de ellos nadie se apiadará, nadie querrá amortajarlos con mortaja blanca para el postrero viaje. Su sangre roja, mancillando la blanca nieve, ensuciándola.
¿Nadie? Sí,, sí. La joven enamorada abandonada del amor y el bebé recién nacido. Ellos sí se apiadarán de unos padres a los que, al fin, la muerte para ellos es vida. Luz blanca, cegadora y pura.






 

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