viernes, 11 de diciembre de 2015

Barcelona de nuevo: todo un privilegio



Hace ahora una semana viajaba en dirección a la Ciudad Condal. Hace hoy un año viajé a Zaragoza. Sí, viajando siempre en pos de la redención y la luz que mis ojos ciegos me niegan.
Hace un año Zaragoza me esperaba para presentar en el palacio de los Condes de Sástago mi segundo libro, al tiempo que Emilia, la madre de mi cuñada viajaba también en pos del destino que todos tenemos como meta, antes o después, el País de los Sueños. Hoy recuerdo aquel día de emociones encontradas, hoy pienso en cómo mucha gente fue a acompañarme y cómo Emilia se sumaba a todos aquellos que velan por mí desde el Cielo.
Pero también hoy recuerdo este último viaje a tierras barcelonesas después de 4 años en que no las visitaba. Es emocionante poder recordar y saber que más allá de los lugares, lo más grande son las personas que me esperan y añoran.
Si hace un año, la sala en que Mis pequeñas odiseas comenzaban su periplo de ilusiones y decepciones, de atenciones y tropiezos, se llenaba; hace una semana el hogar de Merceditas y Jaume también se llenaba de reencuentros y emoción, de intercambio de presentes y confirmación de mágicas amistades.
Pero Barcelona me deparó, de su mano, algo más.
Regresé a esos parajes de mi infancia y adulto cargados de símbolos: la catedral, la Plaza de san Jaume, la Plaza del Pino, Els Quatre Gats, la calle del Obispo, Plaza de Cataluña y fuente de Canaletas, y Paseo de Gracia o Puerta del Ángel.
Pero más aún redescubrí: el palacete de Las Heures, la avenida del Tibidabo y la montaña próxima a Montbau. Un curioso cementerio en San Genís dels Agudels, una masía en Can Travi y una fastuosa casa modernista que ahora alberga a un restaurante de lujo, el Asador Aranda.
Y mientras paseaba cogido del brazo de Merceditas y comentábamos nuestro próximo proyecto literario que se acabará de gestar al año próximo, fantaseaba e imaginaba con ver la exhuberancia decorativa de esos edificios, las historias que se crearían bajo sus piedras, las llamadas de ultratumba y magia, los recovecos y laberintos, las historias y la Historia.
Recé agradecido en la capilla de santa Lucía en la catedral y pusimos dos velas de luz en la de la Virgen de la Peña para que la complicidad y la comprensión sean esa roca firme en la que sostenerme, tiré de la argolla de algunos panteones buscando no sé qué, acaso el que mi amiga la Vieja Dama me hablara para seguir sugiriéndome cuentos, me abracé a árboles centenarios para cargarme de su energía, escuché sonidos de hojas secas como alfombras cálidas, me senté en un fósforo gigante para que alguien me prendiera con su chispa…
     Era de noche, la mañana nacía. Ulular de lechuzas, zureo de palomas, trinos de pájaros, plátanos, palmeras y castaños. Paseamos sin que nadie más lo haga. Merceditas y yo charlamos de literatura y del siglo XIX, nuestro siglo, hacemos bromas, regresamos al asfalto. Buscamos con qué acompañar el desayuno en la pastelería del barrio. Mito nos espera.
Era de noche, el día sucumbía. Cena frugal, Mito me arropa como a un bebé, buenos deseos de dulces sueños.
Llega el momento de la despedida. La nostalgia se enseñorea de la estación, motivos para regresar: una merienda a base de té y pastas, un paseo en coche ducal, una comida en el Asador Aranda, más espacios desconocidos o poco frecuentados. Redención y plenitud.
Era de noche cuando subía al tren. Ya Merceditas y Mito se habían marchado.
Era de noche cuando presentaba Mis pequeñas odiseas y Emilia viajaba al País de los Sueños.
Sí, hace un año y una semana era de noche pero no importaba porque sabía que amanecerá antes o después, que volveré a Barcelona y a recibir el calor de Mito y Merceditas y a presentar un nuevo libro y a encontrarme con el regalo del cariño y el premio de que alguien vele por mí, da igual que sea desde el Cielo o desde la Tierra.
Entre las tumbas del cementerio una mujer etérea sonríe, entre las afiligranadas rejas de forja se asoma otra mujer fantasmal, entre los castaños de corteza arrugada una última mujer transparente aguarda. ¿Quiénes son? ¿Es acaso la misma? ¿Qué me querrán decir?
No, Albertito; no. Albertito, no hay nadie allí, no. Merceditas te guía por los meandros de tinta que surcan el valle de la fantasía creadora. NO, Albertito, no te perderás, no arrojes tus manos en busca de la carne quimérica y las curvas arrebatadoras que no existen para ti. Para ti, sólo existe la literatura y la amistad de quien nada más te ofrece por mucho que caigas bien o seas simpático o muy buena persona.
Barcelona de nuevo. Barcelona siempre ahí, en las novelas de Eduardo Mendoza o Juan Marsé o Carlos Ruiz Zafón o la propia Merceditas.

   

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Pulir



Pulir

Pulir es alisar las impurezas de mis defectos para darle brillo a nuestra amistad.
Es componer el tapiz en el que trabar la urdimbre de nuestro amor.
Es aderezartus ilusiones con el armiño de la capa de mi cómplice comprensión.
Es corregir el esbozo de mi torpe entrega para darte las pruebas que confirman tu perdón, haciéndome merecedor de él.
Es dilapidar la eterna fortuna de tu confianza ante mi loco ssinsentido por gozar durante un instante de ti.
Es lo que haces conmigo cada vez que me enseñas con tu saber de sabia qué es eso de la belleza.

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jueves, 3 de diciembre de 2015

Definiciones



Definiciones

A cuenta del #DíadelaDiscapacidad quiero compartir contigo unas sencillas definiciones muy particulares. Espero te gusten.

Discapacidad no es ser menos ni valer menos. Es tener capacidades diferentes que valen tanto como las de los supuestamente capacitados y además enriquecen el mundo.
Barreras son todas esas trabas y obstáculos que anulan la diferencia y frenan todo impulso de superación. Impiden, paran, cierran.
Exclusión es hacer sentir que todo lo diferente sobra apuñalando el alma del excluido con heridas que nunca desaparecerán.
Ejemplo es cada acción que muestra cómo los valores construyen sueños hermosos y lo mejor de todo es que no importa despertar para seguir enseñando con él.
Accesibilidad es crear para todos objetos que acaben levantando un hogar practicable, cómodo y amigo. Un hogar hecho de calles y plazas, de paisajes y playas, de lugares de trabajo y ocio. De vida, en definitiva.
Acogida es eso que tú haces cada vez que me dedicas tu sonrisa y me haces sentir que te sirvo. Es recibirme en tu casa con la sencillez de los más grandes y la naturalidad de quien sabe hacer las cosas como Dios manda.
Gratitud es lo que yo experimento con cada palabra tuya de entrega, con cada gesto tuyo de alegría, con cada suspiro tuyo de emoción.
Sentir es estremecerse de corazón aunque seas ciego o sordo o tetraplégico o paralítico cerebral o Síndrome de Down o qué más da o no ser nada de eso. Sientes porque estás vivo y vives para sentir.
Amar es entregarse a la vida porque la vida merece la pena aunque no veas o no oigas o no puedas moverte o no sepas pensar. La vida es hermosa porque es un regalo único y hemos de disfrutar de él sin miedo ni dudas.
Conquistar es llegar a la meta de aquel camino que nunca creímos poder recorrer. Da igual que ese camino mida un paso o sea infinito. Siempre habrá una meta a la que llegar y cuando se alcanza, el triunfo es muy grande. Y más aún, si estás tú para coronarme con el laurel de la amistad.
    

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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Ascender



Ascender

Ascender es llegar a la cúspide de tu grandeza desde el abismo de mi pequeñez.
Es subir los peldaños firmes de tu confianza para llegar desde el negro pozo de mi soledad hasta el luminoso suelo de tu compañía.
Es alcanzar la cima de tu volcánica boca, la más hermosa montaña desde la que contemplar el horizonte infinito.
Es remontar mis profundos abismos de tristeza porque tú haces que su escalada resulte liviana dándome tu aliento como alimento y tus susurros como líqido vital.
Es coronar la extenuante carrera de mi efímera existencia con el premio de tus caricias eternas.


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martes, 1 de diciembre de 2015

"Mis pequeñas odiseas" hacen bookcrossin

“Mis pequeñas odiseas” se suma a la práctica del bookcrossing  Con motivo de su primer aniversario, que justo hoy se cumple, he pensado en que 5 ejemplares de mi libro viajero viaje, jejejej, por las calles de Madrid y acaso tenga la fortuna de llegar a alguna meta: que alguien encuentre uno de ellos y lo lea y disfrute y me cuente su opinión o que lo pase para que, a su vez, vuelva a caminar en pos de otro encuentro lector. En estos tiempos de saturación editorial y crisis de ventas creo que hacerlo es dar una oportunidad a la magia de la lectura. Me duele enormemente el que haya libros arrinconados en cajas acumulando polvo por mis limitaciones derivadas de la mala distribución o yo qué sé. Así que he decidido sumarme a esta práctica del bookcrossin (cruzando libros) que no es otra cosa que dejar libros en bancos de calles o plazas, estaciones de Metro, etc y esperar a que haya alguien que pueda cogerlos para leerlos. Claro, puede que acaben en la basura o tirados por ahí, pero… es un riesgo que estoy dispuesto a asumir con tal de dar vida a este conjunto de crónicas viajeras que, con tanta ilusión, recogí y escribí. ¿Qué te parece? Es que me resulta tan triste que un año después de que naciera caiga en el olvido… ya bastante es que tuviera que gastarme una importante cantidad de dinero en su edición como para que ahora, tan pronto aún, se dé por finalizado su recorrido. Sé que en absoluto recuperaré algo de ese dinero, pero con que haya alguien al que le ayude, me daré por más que satisfecho, siendo éste su verdadero valor. Juguemos y creamos en la magia. Quién sabe… igual alguien me cuenta que lo leyó y le gustó y le ayudó a ver un poquito más la vida en color. Ojalá, quién sabe.

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domingo, 29 de noviembre de 2015

Un siniestro puzle



Buena noche de domingo.
Aquí regreso con otro caso más del detective y su confidente. Espero te guste.
Feliz semana de aires navideños.
Un abrazo de vida y luz.

Un siniestro puzle

-Jefe, han traído este paquete para usted. Me temo que no va a ser de su agrado.
-Muchas gracias, Adela. Si me dices eso, es que ya conoces qué contiene.
-Bueno… una pierna de mujer y una carta. La carta le reta a usted a que descubra a quién pertenece y a que encuentre el resto de trozos en que ha descuartizado el cadáver. Vamos, un siniestro puzle.
-Pues qué bien. Con lo que siempre me han gustado a mí los puzles y hoy me retan a éste. Es como si quien quiera que me lo plantee conociera esa afición mía.
-Pudiera ser. Algún admirador o algún antiguo rival, envidioso de sus dotes.
-A ver, deme. Corte limpio, cubierto de hielo, tacto suave de mujer.¿Y la carta? “…Te crees el mejor, pero yo soy mejor que tú. Siempre lo fui. Las sombras del pasado se alargan hasta triunfar…” y la firma se inscribe en dos corazones rodeados por un rectángulo blanqueado.
 -Mandad la pierna a los de medicina forense para que la analicen y cotejen los datos con el ADN. Yo mientras, miraré qué lugares hay en Madrid que contengan corazones en su nombre.
-¿Y la autoría?
-De momento, me temo que poco podemos sacar en claro. Las letras provienen de recortes de periódico.
Por fin, creo que tengo una pista… la plaza de los Sagrados Corazones, cerca de Concha Espina. Iré para allá. Tal vez, haya algo más para mí.
-Una limosnita, por favor. Una limosnita para mis hijos. ¿No será usté Benino Pére? Alguien me dijo que venía de parte de otro alguien y que un hombre con su facha de bonachón, andar pausado y anchuras de cuerpo, antes o después, se passaría por la puerta de esta iglesia en la que pido desde hace años. Y que si venía le diese esta carta y esta llave.
-Maldita sea. Deme y tenga, ande. Antes de que me arrepienta. Con 20€ se apañará el día aunque lo que tendría que hacer es detenerlo.
“Bien bien. Veo que sigues siendo el madridista que fuiste. Vete ahora a la consigna de Chamartín y busca la taquilla que abre esta llave. Una nueva pieza del puzle te aguarda.”
   -Aquí está. Otro paquete. Me temo lo peor. ¡González, veniros para la estación de Chamartín. Tenemos otro regalito, pero no quiero abrirlo aquí, delante de la gente. Venid rápido.
-Sí, ahí lo tiene: dos brazos. La misma textura, el hielo y otra cartita.
-¿Alguna noticia de los de la forense?
-Poca cosa. Mujer blanca, de estatura regular y buena forma física. Poco más. A ver si con los brazos hay más suerte. Al menos, podremos buscar las huellas que saquemos de las manos.
-Eso si no se las ha disuelto con sosa
-¿Y la nota? Otro jeroglífico más: el signo de bravo y una pared pequeña y un canalón. Ya sabemos dónde hay que ir para encontrar otra pieza.
-Sí, me temo que sí. Vamos para Bravo Murillo a ver si aún está abierta la sede del Canal.
-Ya nos queda menos para componer el puzle… ¿Dónde habrá dejado la cabeza de la chica? Porque está claro que se trata de una chica.
-Jefe, ¿ya ha pasado por el Canal? Si así ha sido, no busque más. Ha llamado su asistenta, la Sole, toda histérica. Que un mensajero le llevó a su casa el paquetito y que como olía raro lo abrió y lo que vio casi le da un soponcio. Así que ande para casa que ahí tiene la última pieza.
-Señorito, ay qué cosas le mandan. Y qué pobre la chica… ¿Quién será?
Pero Benigno Pérez ya sabe a quién corresponden todas las piezas. Es su amor de instituto, Ana Suárez. Qué desgraciada, morir así. Morir para representar la venganza de aquel cabrón del Chino que, ya entonces, tanto le odiaba. Sí, estaba preñado de la rabia y del odio y de la mezquindad y de la cobardía. Le llamaban el Chino aunque, en realidad, su nombre era Jesús Llanos, natural de Leganés, pero su físico era más propio de los de aquellas tierras que las de éstas, pequeño,, fornido y de mirada oblicua y ojos rasgados. Benigno le había perdido la pista tras sus últimas fechorías con la droga y el proxenetismo como aliados. Y ahora se presentaba como si saliera para el baile de adolescentes en el que demostrar que es más macho que Benigno.
¿Dónde podría buscarlo? Creía que estaba en la cárcel después de que le cayeran 10 años a cuenta de explotar a aquellas chicas.
Cuando Benigno se adentre en su despacho para conectarse a los programas informáticos que puedan iluminar la oscura búsqueda del jugador, notará una presencia familiar aunque impalpable. Sí, otra vez la siente cerca aunque hacía algún tiempo desde la última vez.
Se sentará en su silla de trabajo, encenderá el ordenador y entonces la voz, una vez más, le susurrará al oído:
“Alberto Aguilera, nº 1.
 Ajá. En esa dirección, antigua sede de un concesionario de coches, ahora se encuentra Juegotrónica, una tienda de juegos electrónicos, un museo de robótica y parece ser, además, que cuenta con una colección de puzles única en todo Madrid.
-Vámonos para Alberto Aguilera. Deprisa. Sé dónde hemos de buscar al autor de este macabro juego. Vamos deprisa, pero sin alertar. Nada de sirenas o luces azules. Discreción ante todo. Me adelanto a vosotros mientras habláis con la jueza para ordenar la detención. Cuando tengáis todo arreglado, os vais para allá. Espero poder con él yo solo, al fin y al cabo, es lo que busca,pero por si acaso, no dejéis de acudir.
-Chino. Ya estoy aquí. Da la cara de una vez. No seas el cobarde que siempre fuiste.
La tienda está cerrada. Son más de las 10 de la noche. La tienda debiera estar cerrada, pero no lo está. Benigno saca la pistola de reglamento y entra. Todo está oscuro y en silencio. Los drones, las réplicas de autómatas y personajes de Star Wars salen a su encuentro como fantasmas. Sigue avanzando porque sabe que su rival de juego está allí. No quiere, pero sabe que no le queda más remedio. Baja la escalera. Sigue avanzando, sigue el silencio… Ah… no.
-Estás ahí.
Un siniestro chirrido suena como si fuera el clarín del miedo o la corneta mortal del infierno. Todo se pone en marcha salvo las luces del local.
Benigno Pérez percibe que tendrá que ser ágil si no quiere ser aplastado por los autómatas. Intenta buscar refugio, pero no lo hay. Es como si los robots, aparentes muñecos inocentes de plástico y metal notaran el calor de su presencia. El ruido va en aumento hasta convertirse en atronador. Dispara una vez, dos veces, tres. Sabe que de nada le sirve y que no debe gastar toda la munición. Al menos, deberá guardar una última bala para acabar con el Chino. ¿Dónde estará?
Una maléfica risotada se oye por encima del estruendo y sobre su cabeza.
Gira la vista pero la risa rebota en un eco mortal por todo el local. Se pregunta cuándo llegarán sus ayudantes para sacarle del apuro pero no llegan.
Vuelve a la escalera para subirla. Tiene que haber algo. Sí, recuerda y deduce. Si aquello era antes un concesionario de coches debía de disponer de una plataforma elevadora para presentar los vehículos al cliente ppotencial. Allí ha debido de subirse y desde ella debe dirigirlo todo.
Muy bien, pero dónde estará, qué hacer. El tiempo se le acaba. Se halla arrinconado por los autómatas. Una mano le empuja hacia arriba. Cree que es uno de esos juguetes pero la voz de su confidente amiga la siente en su oído.
-Ven conmigo. Déjame que te lleve.
Y así será como llegue a la plataforma y vea los ojos amarillentos del Chino. Ojos brillantes de odio y victoria.
-Chino. Mírame, aquí estoy.
El Chino no puede evitarlo y al enfrentar la mirada del detective firmará su sentencia de muerte.
Las luces se encienden, el ruido se apaga. La vida triunfa frente al odio. La Vieja Dama se marcha satisfecha con su botín bajo el brazo, otra alma más, otra muesca de emoción en su relación con el bueno de Benigno Pérez.
 -Jefe, ya estamos.
-Sí, ya podíais haber venido antes.
-Buen trabajo. Un disparo en cada ojo. Vaya tipo.
-Era un miserable. Si yo os contara. Pobre Ana Suárez.
-La quería, ¿verdad?
Benigno da por sola respuesta unas lágrimas. Recuerda a Ana, con sus trenzas y su minifalda y su cara de ilusa y su sonrisa de bruja. Ay ay ay, Ana Suárez, qué pobre. ¿Por qué no le quiso a él en lugar de al Chino?


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