sábado, 6 de julio de 2013
Felices besos
Sea hoy, o el 13 de abril, sea cuando sea, dicen en la radio
que se celebra el Día del Beso.
Vaya, otro rollo con tener que dedicar un día a algo, como
si todos los días no tuvieran que serlo.
En fin; díselo con un beso.
Sí, dile que necesitas su amistad, que le das las gracias
por estar siempre ahí, que te alegras de que vaya contigo, que te acompañe en
tus aventuras y retos, calla calla, que la admiras por cómo es, que te encanta
cuando os reencontráis. ¿O es a él a quién se lo tienes que decir? Juajuajua.
Intriga, misterio, sorpresa.
A alguien hace ya demasiado, se le ocurrió organizar un
curso virtual de besos. ¿Un curso de besos? ¿Es que hay que aprender a besar?
Y, encima de manera virtual. jaja
Besos, besos, besósculos.
¿Cómo vas a besar a alguien que te acaban de presentar? No,
mejor dale la mano. ¿La mano? Pero si resulta que no puedes tocar, que en
cuanto se te ocurre tocar, a ti que tus manos son tus ojos, desdichado ciego,
te tildan de tocón.
Entonces… para ti, ¿besar las manos, es besar los ojos? Qué
ocurrencias.
Besar en las mejillas. Ah, pero si no ves, ¿cómo vas a saber
dónde hacerlo? ¿Y si depositas tus labios en la punta de su nariz o en…? Pon
tus manos en sus hombros a modo de referencia y sabrás su altura y posición que
te oriente.
Y si… si te equivocas y la besas en los labios, ¿qué?
Quién sabe… a lo mejor hasta no te rechaza y…
¿Tú qué sabes?
Tú qué vas a saber si eres ciego y no ves la expresión de su
rostro, el brillo o furia de su mirada.
Besos a puñaos te
dice alguien cuando se despide, ¿A puñaos? ¿Cómo es eso? ¿Es que los besos son
pétalos de flores o caramelos que pueden lanzarse en días de fiesta? Quizá sí,
sean eso precisamente.
Y cuando te besan a ti…
Emoción, sorpresa, rubor, gratitud.
Claro que… depende. Ja, ¿De qué depende? De según cómo se
mire. Ah, pues tú… que ver no verás, pero mirar… miras un rato largo…
Sí, depende del sonido del beso, de su sonoridad. ¿Es que
los besos suenan? Toma, pues claro.
¿Y a qué suenan? Ah… jajajajjajajajajaja. Escucha escucha…
muaaaaaac, mmmmmmmmmmmuac, chichiiiiiiiiii
Jajajajjajaja. Feliz sábado de verano, felices besos.
Publicado por Alberto en 12:10 p. m. 2 Dejaron su huella
Etiquetas: Reflexiones
viernes, 5 de julio de 2013
Mis andanzas por el Metro en obras, una semana después
Hablé hace unos días de cómo me había enterado de que me
cortaban parte del itinerario de la línea de Metro que cojo habitualmente para
moverme por este Madrid. Ya dije que, lo que para quienes veis es una molestia
engorrosa, para mí iba a suponer un notable trastorno y un nuevo ejercicio de
adaptación, y aprendizaje. Un rollo, vamos.
Pues bien, a esta hora, la semana pasada, andaba yo tratando
de organizarme el nuevo itinerario. Se trataba de hacer trasbordo en la
céntrica estación de Sol, un laberinto, coger otra línea allí hasta Cuatro
Caminos y aquí volver a mi línea para llegar a mi destino laboral. Dos
trasbordos de nada.
Más o menos me apañé con el cambio, comprobé el tiempo
añadido que me llevaría hacerlo para no llegar tarde a fichar y me tomé un
estupendo tinto de verano para relajarme.
El resto de mis destinos habituales también se han visto
alterados con trasbordos suplementarios.
Y llega el lunes y cuando llego a Cuatro Caminos me
encuentro que esa parte que era la más fácil también la cambian, sorpresa,
sorpresa. Hay que cambiarse de andén para retomar la línea 1.
Total: en Sol entro por un lado del vagón de la línea 2 y en
Cuatro Caminos salgo por el otro. En ésta estación, tras recorrer el andén,
subir y bajar escaleras para acceder al andén contrario (ah, si pudiera dar un
bonito salto, ayudándome del bastón como pértiga) entro por unlado del vagón y en Estrecho,
línea 1, salgo por el otro lado. Una coña, vamos.
Pero si esto tiene su miga, lo más difícil es encontrar la
escalera en medio del hall diáfano de Sol que me conduce a la línea 2 dirección
Cuatro Caminos. No hay manera de que se me ocurra una referencia, así que a
preguntar toca. Intriga, ¿quién escuchará mi pregunta? ¿Quién se detendrá a
ayudarme?
El regreso a casa, es algo más llevadero, pues el trasbordo
en Sol es más sencillo.
En fin, que día a día voy llegando con algo más de tiempo
que el ordinario, pero ahí vamos.
Y encima, de esa lotería que es pedir ayuda a las 7 de la
mañana en medio de la vorágine y las prisas de unos, y de otras, me ha caído el
premio de encontrarme con Esther. ¿Quién es Esther? Una señora con la que he
coincidido ya dos días y que me ha tomado por banda, ofreciéndome su brazo. En
cuanto me ha visto, ha dicho: “no se preocupen, ya me encargo yo”. Una
maravilla, uno de ésos milagros que yo recibo de vez en cuando.
Así que nada, ahí vamos apañándonoslas cada día. Paciencia,
que hasta mediados de septiembre no queda otra.
A cambio, la peripecia me da para escribir
esta historia y fantasear acerca de quién será la próxima persona que me
ayudará.
Publicado por Alberto en 6:46 p. m. 0 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy
jueves, 4 de julio de 2013
Esperanza
Ya se ha hecho costumbre en mí: un jueves, un poema. Aquí el
de hoy.
Con cariño y gratitud.
Un cálido abrazo de luz.
Verde, dicen que es tu color. Ojos verdes, verde mar.
Lo último que se pierde. Perdido estoy tras tu cuerpo desear.
Esperanza, por tu piel devorar.
Cobriza tu melena.
Rojos labios, rojo coral.
Lo primero que en ti busqué, búsqueda sin igual.
Llama siempre encendida de olorosa leña,
Mensaje misterioso de fiel cigüeña.
Esperanza, suspiro por ser semilla, en tu surco, trigueña.
Brasa que tu piel encienda,
Yesca que en tu pecho se prenda.
Hierba olorosa en mi árido desierto,
Árbol frondoso de mi mísero huerto.
Esperanza, por ti, vivo despierto.
Una flor para tus rizos, procuro;
Una laureada corona para tus sienes, auguro.
Cogido a tu cintura de colibrí,
Anudado a tus promesas siempre viví.
Esperanza, por ti, el
mundo recorrí.
El polvo del olvido, una mortaja sin fin;
Perderte, negro destino de fracasado arlequín.
Te busco, esperanza, entre colores, llamas y flores.
No estás, desesperanza sí, a mi encuentro sales.
¿Que desista? ¿Es eso lo que quieres?
Si así fuera, mi muerte llegará sin estertores.
Ven ya, figura, dueña de palabras inquietas,
Sal a mi camino de ignotas veredas.
Esperanza, tu silueta, en mi corazón tatuada.
No quiero a desesperanza, avara y coqueta.
Esperanza necesito como al amor primero, cielo azul;
Ciego loco, siempre aprendiz de cucurucú.
Esperanza, lo único que tengo eres tú.
Mi luz, mi guía, mi plenitud;
Mis manos, mi memoria, mi faro de rectitud.
Publicado por Alberto en 6:21 p. m. 0 Dejaron su huella
Etiquetas: Aprendiz de poeta
miércoles, 3 de julio de 2013
3 de julio, un año después
Permitidme que abuse de vuestra fidelidad y afecto para,
esta tarde de miércoles, recordar emocionado cómo hace justamente a esta hora,
hace un año, celebraba el bautizo presentación de mis Huellas de Luz.
Llegaba el momento de salir a escena después de semanas de
intensos preparativos y nervios, de ilusión por lo que, quería que fuese, un
acto emotivo y especial.
Habían venido ex proceso mis padres, hermano, cuñada,
madrina y sobrina. Había venido mucha gente a acompañarme, una pasada.
Habíamos cuidado todos los detalles sin escatimar esfuerzos:
desde los intervinientes hasta la copa de celebración.
Había preparado mi discurso con minuciosidad. Debía ser una
alocución no muy larga, cálida y que no olvidara a nadie de los que habían
hecho posible que ese martes estuviéramos allí.
Me sentía con responsabilidad para tratar de atender a todos
dentro de mis limitaciones, a que la gente se sintiese a gusto.
Había invitado a mucha gente y mucha gente me había
respondido de forma favorable, todo un lujo y un orgullo.
Había querido que todo en el acto estuviese cargado de
simbología: desde el lugar, el Centro de Innovación de BBVA (innovación e
inclusión), la alusión a las madrinas del libro (Carmen, Elena y Nuria), los
intervinientes junto a mí (incluida mi sobrina Susana), Joaquín Santos, responsable
de la Oficina de Voluntarios del Banco; Javier de Juan, maestro editor; Ramón Herrera,
padre de Alaine y beneficiario; Leonor Pérez, presidenta de la ONCE; y Amando
de Miguel, sociólogo y escritor. No puedo olvidar, ni podré, las palabras de
todos ellos, tan cariñosas y alentadoras, luz a mi ceguera.
Aún recuerdo cómo hasta allí venían a saludarme, cómo Javier
de la Nava condujo el acto con maestría, ese aplauso eterno que recibí (corona
laureada de afecto), ese humor genial de Paloma haciéndonos reír, ver a mi
familia emocionada por mí, toda la gente que venía a que le firmase y me
felicitaban.
Y sí, cómo no, la sorpresa que Elena, con su discreción y
entrega, con su complicidad, quiso depararme: la voz, mediante
audioconferencia, de Merceditas, José Mari, Juli y Vicente. Qué emoción al
escucharles.
Apenas pude darme cuenta de cómo pasaba aquella
tarde calurosa de verano, cómo todo salía bien, cómo percibía que la gente se
sentía a gusto. Yo qué sé.
Un día feliz, muy feliz para mí en el que compensé muchos
momentos de oscuridad, en que me resarcí de pasadas frustraciones y
exclusiones.
Un día grande que me regaló tanta gente como allí estuvieron
y cómo participaron para que todo saliera adelante.
Jamás pude soñar ni imaginar que un día, yo, aquel niño que
era un problema, disfrutaría de un día tan maravilloso, que sería protagonista
y receptor de tanta generosidad.
Quienes allí estuvisteis, quienes me ayudasteis mi eterna
gratitud.
Quienes os alegráis conmigo, quienes compartís mis éxitos,
mi eterna gratitud.
Sin vosotr@s no es que hyo no sea nada, pero soy muy poco.
¡Gracias, gracias, gracias!
Publicado por Alberto en 7:53 p. m. 0 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy
lunes, 1 de julio de 2013
Practicar deporte inclusivo, otra forma de participar
Ya he hablado alguna vez de mis actividades deportivas que,
sin ser grandes proezas, sí son algo, fundamentalmente en el área del
senderismo.
Pues bien, de la mano de la Fundación También, de la que,
precisamente, también he hablado alguna
vez, he participado en dos nuevas aventuras: una jornada de piragüismo, ahí
queda eso, y una carrera solidaria.
Siempre, con la grata complicidad de Elena y el buen hacer
de Raquel, su coordinadora, puedo contaros.
El domingo, 23 en Aranjuez y ayer, también domingo, en el
Retiro.
¿Piragüismo yo? Si siempre he dicho que soy de secano, que
no sé nadar. Bueno, la mitad que un pez, sólo hacia abajo, jejeje, como diría
mi padre. “Que no, que no te preocupes, que no pasa nada, te ponemos un buen
chaleco salvavidas y a triunfar”. Así que para el Tajo que nos fuimos en una
jornada de sol espléndido. Yo que no tenía ni idea de cómo iría la cosa me fui
sin bañador ni nada por el estilo pero ni hablar de echarme atrás. Tenía mis
dudas, cómo no tenerlas, a la hora de montarme en la piragua, más aún cuando me
enseñaron cómo era. Me dije: “¿esto va a aguantar mi peso y el del voluntario
que me guiará?”
La actividad se llevaría a cabo en la Escuela de Piragüismo
del Real Sitio de Aranjuez. Cada uno de los discapacitados llevaríamos un
voluntario/a que nos ayudaría.
Habría una parte de 5 kms. De paseo conjunto y luego
kilómetro y medio de carrera. Que para eso nos pusieron dorsal y todo.
Un numerito eso de montar en el dichoso cascarón de nuez.
Material plástico, alargado y estrecho con dos plazas para poner el culete y
llevar las piernas estiradas, el uno delante y, el otro, detrás.
¿Cómo me subo? Nada, siéntate en el suelo, pegado al borde
de la borda y date impulso con las piernas (que ya están en la piragua. ¡Raaas,
adentro! Culetazo que te crió, pero ya está. Uffff. Ya veremos luego para
salir. A quién se le ocurre meterme en estos líos, que no tengo edad para andar
tirado por los suelos y a remojo. En fin.
El remo, una buena pala yo creo que de metro y medio de
altura, con un extremo plano y el otro inverso a éste. La técnica consistía en introducir
en el agua un extremo y hacer un giro de muñeca, como si amagaras el arrancar
una moto, para meter siempre el lado paralelo al agua.
Claro, la cuestión es a ver cómo sin ver consigues hacerlo.
El chico que me tocó, al principio, se esforzaba en explicármelo, pero luego
desistió. Total, que allí estuve. Lo fácil era dar la vuelta, pero ir rectos me
resultaba muy complicado.
Así que nada, él hizo la mayor parte del trabajo, aunque yo
le puse voluntad a la cosa. Que no se diga.
Y entre medias, un avituallamiento a base de fruta y agua y
al final una paellita rica rica.
La mañana se pasó con este bonito paseo, escuchando a los
ansiosos patos que clamaban por unos mendrugos de pan que no les dimos (vaya
mala leche que se gastaban), trinar de pájaros y la descripción de mi
voluntario de lo hermoso que era el paisaje, con el palacio y sus jardines al
fondo.
Yo ganar, no gané otra cosa que no fuera sacar los
pantalones bien mojados y la satisfacción de, al menos, no haber volcado,
teniéndome que haber escuchado aquello de “¡ciego al aguaaaa!”
Y ayer, carrera solidaria.
“¿correr? Raquel, que yo no corro ni delante de los toros”.
“Que sí, que os vengáis, que necesito discapacitados para
todos los voluntari@s que se han inscrito. Total, sólo es quedar en la plaza de
Colón, ir paseando hasta el Retiro y allí hacer la carrera, o lo que se tercie.”
“Bueno, bueno, con tal de que me asignes una voluntaria
guapa…”
Quedamos en los tornos del Metro con el voluntario de Elena
y de ahí al punto de encuentro.
El voluntario de Elena se llamaba José Ramón y vino con su
mujer, Mari Paz. Después de un largo rato de esperar a que nos trajeran la
camiseta y el dorsal (otro más, parece que me haya abonado a ellos), me
presentaron a mi guía. Era un educado señor, Juan Julián, informático de una
empresa de seguros. En fin, de guapa voluntaria, nada de nada. Pero muy bien,
con Juan. Ahora que con José Ramón y Mari Paz, ni os cuento.
La cosa consistía en una carrera con bicis y triciclos
adaptados, primero; luego, con sillas de ruedas y a pie; y, por último, la de
la inclusión total, que cada uno participara como pudiera. ¿Cuál fue la
nuestra? Ésta última, naturalmente. Jejejee. Partimos, con bocinazo de salida
incluido y llegamos a la meta a paso vivo, naturalmente. Nada de “salida de
caballo, parada de burro”, jejejeje.
¿Y después, qué?
Después, José Ramón y Mari Paz, quisieron ejercer de
voluntarios de todas, todas y nos propusieron invitarnos a comer en su
restaurante. Sí, resulta que éstos son dueños de Restaurante Manolo, un
establecimiento inaugurado en 1934, nada más y nada menos.
Esto sí que es participar, ejejejej. Que vayas a una carrera
solidaria que acaba convirtiéndose en paseo y que acabes dándote el banquetazo
en un sitio de lujo, en la cl. Princesa, 83, a base de un “largo y estrecho”,
dígase degustación de suculentas exquisiteces coronadas por una tarta de queso
soberbia.
En todo esto, sin la generosa intervención de los
voluntarios no habría sido posible el que, tanto Elena como yo, lo mismo que
otros tantos discapacitados, tengamos la oportunidad de sentirnos bien,
sentirnos partícipes.
Yo bien conozco esa labor tan admirable y altruista, con mis
ya amigos, antes voluntarios, de BBVA, Diego, Paco, Joaquín, Javier, carmen y
más y más.
Y, por eso, porque aspiro, con ilusión, a ser como ellos,
espero contaros en poco tiempo que también yo voy a ser voluntario.
Gracias a todos ellos que tanto me ayudan y enseñan, que me
muestran tanto cariño y generosidad. ¿Cómo no voy a tratar, entonces, de ser
digno merecedor de sus acciones?
Y sí, ya va bien esto del deporte inclusivo, eso sí, por
supuesto, sin excesos. Que uno no está aún preparado para escalar el Everest o
atravesar, a nado, el Amazonas.
Pero, desde luego que merece la pena, haces algo diferente,
conoces gente diferente y quién sabe… si no te encontrarás con alguna inesperada
sorpresa como la de ayer, diferente naturalmente, jejejeje.
Publicado por Alberto en 7:15 p. m. 0 Dejaron su huella
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