Cierto es que hoy me habría gustado más poner una entrada en torno a los animales y sus historias, por aquello de que hoy se celebre su día. Podría haber reivindicado su dignidad y protección, pero ¿qué queréis? Me he encontrado con esta anécdota de dos grandes de nuestra literatura y no me he podido resistir a compartirla aquí.
Benito Pérez Galdós especialmente, pero también Emilia Pardo Bazán, es uno de mis escritores favoritos.
Espero os haga tanta gracia como a mí leer la ingeniosa réplica con que despachó a la gallega condesa.
Y yo os diré: ¡felicidades! Que, al fin y al cabo, también somos nosotros animalicos, dicen que racionales, aunque a veces...
Conocida fue la relación amorosa que hubo entre Emilia Pardo Bazán (1851-1921) y Benito Pérez Galdós (1843-1920), pero también de dominio público la enemistad que llegaron a profesarse ambos.
En cierta ocasión, siendo ya mayores se encontraron accidentalmente en unas escaleras. Él subía jadeante y ella empezó a bajarlas.
Mientras se cruzaban ella le espetó:
-Adiós, viejo chocho
Pero tal y como lo soltó se dio cuenta que le había puesto en bandeja una magistral contestación a una de las mentes más brillantes de la literatura. Pardo Bazán aceleró el paso escaleras abajo, pero aún le dio tiempo a escuchar la réplica de su viejo e íntimo enemigo:
-Adiós, chocho viejo
jueves, 17 de enero de 2013
Una respuesta ingeniosa: Galdós versus Pardo Bazán
Publicado por Alberto en 9:38 p. m. 2 Dejaron su huella
domingo, 13 de enero de 2013
El mejor pegamento
Publicado por Alberto en 10:28 p. m. 5 Dejaron su huella
Etiquetas: Relatos
sábado, 12 de enero de 2013
Premios para Huellas de luz
Buen día de sábado ya de rutinas postnavideñas.
Quiero compartir contigo estos logros de "Huellas de luz" que, para mí, su padre creador, son todo un orgullo. Sé que te alegras tanto como yo y que, por lo que me aprecias, y apoyas, quiero compartir contigo.
¿Qué mejor manera de comenzar 2013, año de trece que crece.
Gracias a Ramón y a Luis por vuestras palabras, gracias ilusionadas de corazón.
El presidente de la Fundación Alaine, Ramón Herrera, me cuenta:
La próxima semana llegan los primeros paneles solares de la Fundación Alaine al norte de Benín. Con ellos y gracias al apoyo de Alberto Gil, se comenzarán a extender por allí "Huellas de Luz" para que los niños y niñas puedan estudiar, para que funcionen ecógrafos e incubadoras, ordenadores en aulas informáticas, pequeñas bibliotecas,...
Así, Alberto dará luz a muchos niños y niñas que por no tener corriente eléctrica y vivir en un país pobre cercano al ecuador, no pueden estudiar ni hacer sus tareas escolares por la falta de luz.
¡Gracias Alberto por compartir algo tan precioso como la luz!
Por otro lado, pego artículo escrito por Luis Pla en su página de homenaje a Facundo Cabral http://www.facundocabral.info/rincondepla-texto.php?Id=531
Bajo el sugerente título de HUELLAS DE LUZ, presentó en su momento Alberto Gil, su libro tan aleccionador como enigmático que ahora ha llegado a mis manos. Un ciego nos habla de la luz a todos los videntes para demostrarnos que, viéndolo todo, nuestra principal ceguera la llevamos implícita en el alma. Como digo, leer a Alberto Gil es una bocanada de aire fresco para nuestra alma, una reflexión en el camino y, sin duda, una forma de darle gracias a Dios por todo lo que tenemos y, ha tenido que ser un ciego el que abriera nuestros ojos.
HUELLAS DE LUZ no es otra cosa que un compendio de ensayos breves que, desde el primero hasta el último, el lector queda cautivado por el mensaje que Alberto Gil nos regala. Cuentos escritos desde la sombra como los define el autor, sin duda, calarán en el corazón de todos los afortunados que tengan la suerte de disfrutar de este libro, lección impenitente de la que tanto aprenderemos.
Alberto Gil, en HUELLAS DE LUZ, saca de su interior sus más bellos logros, todos ellos, traducidos en letras fantásticas puesto que su narrativa emociona, cautiva, reflexiona y, como antes decía, nos hace “ver” la realidad del mundo desde distintos puntos de vista, siempre, aferrado a sus personajes; los que él ha creado, los que ha conocido y con los que ha vivido. Este hombre apasionado por la vida ha sabido mostrarnos su faz más hermosa mediante su “visión” de ese mundo que imagina y que, por el contrario, tanto le apasiona. Alberto, como digo, no puede ver; pero puede sentir, amar, escuchar, oler, intuir y, sin duda, su mundo es infinitamente más bello del que jamás podría imaginar.
Me quedo, lógicamente, con todos sus relatos, pero hay uno de ellos en que, un ciego por accidente, empecinado por seguir hacia delante, es capaz de construir su propio futuro, -caso del autor- hasta es capaz de asombrar a su esposa que, incrédula ante las actitudes de su marido ciego, cuando éste acude al supermercado para hacer la compra, ella le sigue para ver sus “maniobras” y, posándose junto a su marido en dicho centro comercial, creyendo que él no la “veía”, por el olfato, él le espeta: “Por qué viniste, mi amor. ¿Creías que no podría hacer la compra? Genial dicho relato; genial todo el libro.
Mientras tengamos cerquita de nosotros a personas como Alberto Gil, además de darle gracias a Dios por todo lo que tenemos, comprenderemos nuestra riqueza y, sin pensarlo dos veces, cuando Alberto pase por nuestro lado, irremediablemente tendremos que echarle el sombrero a sus pies para que lo pise, sencillamente, para que nuestro ego quede aplastado por completo y para siempre.
Recuerdo que, en una de nuestras conversaciones, antes de que yo leyera su libro, el autor me dijo tras dicha lectura, que procurara ser crítico sin medida. Y lo he sido, lo confieso, hasta el punto de que, por lógica, aquí no cabe la crítica, más bien la admiración total hacia un ser que, con sus acciones, sin pretenderlo, nos aporta lecciones que nunca habíamos soñado. Recordemos que, cientos de millones de personas que se embelesan mirando una puesta de sol, dotados de todos los sentidos, han sido incapaces de escribir un libro y, el ciego Gil, como yo le digo, nos ha escrito un libro para hablarnos de la “luz”. ¿Cabe milagro más grande?
Como diría Cabral, ¡qué bien que te llames Alberto, amigo! ¿Por qué? Dirías tú. Muy sencillo. Para que todos, tras leer tu libro, podamos decirte, ¡¡¡¡gracias, Alberto!!!! Te queremos.
Publicado por Alberto en 10:47 a. m. 4 Dejaron su huella
jueves, 10 de enero de 2013
Tres historias del día a día laboral
Publicado por Alberto en 9:17 p. m. 2 Dejaron su huella
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lunes, 7 de enero de 2013
Dos parroquianos
Publicado por Alberto en 11:52 p. m. 2 Dejaron su huella
Etiquetas: Relatos
viernes, 4 de enero de 2013
Mi carta a los reyes Magos 2013
Publicado por Alberto en 11:26 p. m. 2 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy
jueves, 3 de enero de 2013
"Le conocieron": a modo de homenaje a Louis Braille
Publicado por Alberto en 11:17 p. m. 2 Dejaron su huella
Etiquetas: Relatos
