jueves, 22 de enero de 2015
Tierra
Buena
tarde de jueves.
Aquí mi
nuevo esbozo poético. Que ojalá te emocione.
Con
cariño.
Un
abrazo de arena fina.
TIERRA
En el
principio tan solo fui tierra,
Tierra
seca, tierra fría.
Mis
padres cogieron u npuñado de ella
Ella se
desgranaba polvorienta y yerma.
La
tierra yerma se empapó de agua,
Agua
fresca de la fuente fría.
Mi
llanto de niño se mezcló con el agua fría
Llanto
ardiente, con el agua fría.
La
tierra y mi llanto,
Mi
pueblo y el campo.
Crecí
desgranando el surco,
El
surco que labrara mi padre en el campo.
Marché
a la ciudad,
En la
ciudad no había tierra, tan solo había soledad.
Tristeza
y oscuridad.
¿Futuro
sin tierra ni llanto ni agua fresca? Horfandad.
El
futuro, al fin, salió a mi encuentro.
Arena
fina de playa y misterio.
La
tierra se convirtió en arena y futuro,
Futuro
unido a tu piel y tu rostro.
Y ahora
mi tierra es arena en tu piel,
Puntitos
y poros, lecturas y miel.
Presente
de compañera fiel,
Que
conviertes en dulce néctar el vinagre de mi hiel.
Tú,
compañera y cómplice leal,
Amiga y
hermana,
Rocío
de mi mañana,
Luna
prístina en mi noche original.
Tierra
yerma.
Tus
manos en mis manos,
Tu cuerpo
en mi cuerpo.
Arena
fina.
Publicado por Alberto en 4:51 p. m. 1 Dejaron su huella
Etiquetas: Aprendiz de poeta
lunes, 19 de enero de 2015
"La hermandad" de Marcos Chicot
Lunes de libros
Si en su anterior novela, “El asesinato de Pitágoras”, Marcos
Chicot, nos presentó una intriga diferente, ambientada en el siglo VI a.C.
acercándonos el pensamiento de aquel genio de la matemática que conocemos por
su famoso teorema de los catetos y la hipotenusa, con “La hermandad” da un paso
más que nos atrapa desde la primera página.
Recupera a los principales protagonistas de aquélla e
introduce una nueva trama muy distante en el tiempo y el espacio pero
relacionadas entre sí.
Os aseguro que es de las novelas que te enganchan y no
puedes dejar de leer para averiguar su desenlace.
Además Marcos Chicot dedica parte de los beneficios
obtenidos con la venta de sus obras a ONGs dedicadas a la atención de personas
con discapacidad intelectual, lo cual lo hace más recomendable aún, si cabe.
Copio enlace a la página web del autor donde podréis
encontrar todos los detalles.
Un abrazo y a disfrutar.
Publicado por Alberto en 5:29 p. m. 0 Dejaron su huella
Etiquetas: Mis lecturas
domingo, 18 de enero de 2015
Las hazañas de John Phillips
Buena noche invernal.
Con la ilusión de que disfrutes, comparto un nuevo cuento
dominical. Que te guste.
Feliz semana.
Un abrazo griposo, jejejej.
Las hazañas de John Phillips
El bueno de John Phillips, que tuviera apellido era un
milagro, se educó en las callejuelas cercanas al Támesis, en el barrio de Richmond, entre tugurios,
basura y pillastres. Su madre, una pobre prostituta de la más baja condición,
siempre le dijo, tal vez no fuera otra cosa si no un cuento, que era hijo de un
capitán de barco ballenero que había muerto cazando ballenas en Terranova y que
se llamaba Arthur Phillips. Apenas si la pobre Dorothy le dejó al morir, vieja
a sus veintitrés años, un gastado atillo con algunas libras y un papel a modo
de cédula de legitimidad. Para esta pobre mujer ese papel era tan importante
como el más grande de los tesoros aunque el bueno de John, con él, no pudiera
hacer otra cosa que tocarlo pues no sabía leer.
Fue creciendo siendo un buscavidas. Tenía ocho años cuando
murió Dorothy y desde entonces, su única familia habían sido las ratas y los
ladrones.
Robar en los puestos de fruta o afanar las bolsas de quienes
acudían a las subastas de pescado era para él lo más habitual.Y sus banquetes
no consistían en otra cosa que emborracharse a base de pintas de espesa
cerveza.
De esta escuela salió hecho un fornido matón, rubicundo y
vocinglero, que no dudaba en meterse a pelear y apostar, sabiéndose robustecido
por el deporte de correr siempre huyendo y endurecido por la vida a la intemperie
que siempre llevó.
Su mayoría de edad no la marcará los dieciocho años si no su primer robo serio.
El golpe había sido orquestado por el jefe de una banda de traficantes que buscaba
a muchachos como Johnny, carne de presidio. Eso sí, quien le embarcara para
semejante hazaña no sería el propio jefe, si no uno de sus esbirros.
Todo fue bien y el botín obtenido cumplía las instrucciones
recibidas hasta que, cargados como iban con el saco de joyas, les dieron el
alto. No supieron quién era pero poco les importó. El muchacho se sentía un
hombre, portando, como iba, por primera vez, una pistola. Sabían que debían
correr y así lo hizo.
Lo hizo hasta que tropezó con un mendigo que pedía limosna,
so pretexto de que era ciego, en una esquina de la avenida donde se ubicaba la
joyería.
Al tropezar, cayó cuán largo era y desparramó lo que llevaba
y las limosnas del inoportuno ciego. Se volvió y cegado, también él, ciego ,
por la ira, utilizó aquel juguete tan nuevo, aunque en realidad se tratara de
un viejo Colt del 9 largo, y lo descerrajó sobre el mísero infortunado. No se
paró a comprobar si lo había matado, tampoco le importó demasiado, total aquel
inútil no podía verle así que no declararía como testigo contra él en el caso
de que fuera detenido al fin.
En los pocos minutos que transcurrieron hasta que volvió a
correr, ya puesto en pie y recogida su parte, tuvo tiempo de inhalar el olor de
la sangre y la pólvora, unas fragancias que a él le parecieron de dioses. Ya no
podría dejar de olerlas en su vida.
Pasarán los años. La larga lista de crímenes y fechorías cometidas
por este rufián irán ganando en osadía. Los periódicos hablarán de un asesino
en serie, mitificado por el misterio y la sagacidad de quien los comete. La
guerra borrará muchas huellas, pero a su regreso, siempre adicto al olor de la
sangre y la pólvora, le harán recaer.
No sabe que su final se acerca.
Está decidido a triunfar y convertirse en héroe. La guerra
sólo le trajo anonimato y miseria. Olores a ácido, podredumbre y gases nauseabundos, nada que ver con la
familiaridad de antaño.
Sabe lo que hará. Asaltará el edificio de la Bolsa en la
City. Lo hará a lo grande con las nuevas armas surgidas de la fiesta bélica que
ha asolado Europa entera y va a traer un nuevo orden mundial.
Lo prepara todo a conciencia y con el fin último, no de
ganar dinero, si no de triunfar como el más grande delincuente de todos los
tiempos.
A las 10 de la mañana de aquel viernes de marzo de 1927 la
Bolsa de Londres palpita de actividad como si del corazón de una joven
enamorada se tratara.
John Phillips está a punto de lanzarse, como si se tratara
de aquel Hércules griego en el número trece de sus trabajos. Ya se dispone a
salir en estampida hacia la escalinata pero en ese momento alguien grita.
-¡A él, deténganlo! ¡Deténganlo! ¡Es un ladrón!
¡JohnPhillips no puede creerlo! ¡Un viejo mendigo le ha dado
el alto! ¡Otro mendigo! ¿Otro mendigo?
Poco tiempo le da a comprobarlo. Enseguida es rodeado por la
guardia. Pretende resistirse, pero no puede. Rápidamente es esposado y puesto
en jaque.
En las semanas posteriores no podrá creer que fuera
desarbolado por alguien tan miserable como un mendigo. No puede entender, en su
celda de máxima seguridad, cómo pudo suceder. Pero todo se aclarará cuando
llegue el momento de su juicio.
Ya casi a punto de concluir la ronda de testigos, al estrado
llegará alguien, apoyado en un bastón blanco.
Y, tras contar su historia, y cuando le pregunten por qué
hizo lo que hizo aquella mañana de viernes, responderá que lo vio claro, que
aquel hombre que pasó a su lado, pisando recio, olía igual que aquel otro
ladrón que muchos años atrás lo dejara herido en mitad de la calle. Olía a vida
perdida y derrota, a cerveza barata y a hambre. Y que seguía oliendo de la
misma manera por mucho que hubieran pasado los años y la guerra y los
automóviles contaminaran las calles con nuevos olores.
John Phillips fue condenado a cadena perpetua y los diarios
ya no hablaban de las hazañas de un asesino en serie, si no de las de un
curioso testigo ciego que había derrotado al que quiso ser Hércules en el siglo
XX.
¿Y el mendigo ciego? ¿Qué había sido de su vida? ¿Qué sería
después de todo aquello, de la fama y la prensa? ¿Quién era? ¿Tenía nombre,
acaso?
El Estado le otorgó una pensión y pudo retirarse de las
calles. Eso sí, se ofreció a Scotland Yard para colaborar con ella en la detección
olfativa de delincuentes con notables resultados en pro de la seguridad
ciudadana.
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Etiquetas: Relatos
jueves, 15 de enero de 2015
Están solos
Y aquí mi nuevo esbozo poético para otro jueves. Que te
guste. A ver qué tal.
Un abrazo sensorial.
Están solos
La rosa, olvidada en el viejo libro
Que dejara una niña enamorada.
Libro de gastadas hojas
Y sentimientos nuevos.
El chiquillo, huérfano, aterido y desvalido;
Ávido de calor, ternura y cariño.
Desvalido sin nada con que mitigar su frío,
Huérfano de todos y de todo.
La paloma, de suave plumaje y blanca paz
En medio de la destrucción por la negra guerra.
Blanca como la blanca nieve,
Negra como la negra noche.
El lecho, vacío tras la arrebatadora pasión,
De dos cuerpos fundidos en la sinrazón.
Sinrazón de quienes fueron amantes y ya no lo son,
Pasión que se extinguió en la hiel del desamor.
Están solos
La rosa, el chiquillo,
La paloma y el lecho.
Estoy solo yo.
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Publicado por Alberto en 4:44 p. m. 1 Dejaron su huella
Etiquetas: Aprendiz de poeta
miércoles, 14 de enero de 2015
De compradores de sentimientos
Buena noche de miércoles:
Nuestros amigos la oruga y el ciempiés nos traen otro de sus
diálogos. Espero te ayude a sonreír…
Un abrazo y a disfrutar.
De compradores de sentimientos
-Ciempi, mira a ver qué se oye ahí abajo. Sospecho lo peor.
Me da que debe ser algún león o tigre de Bengala o una pantera negra de
Beliquistán.
-Cari, voy. Me temo que es un gatito.
-¿Un gatito? Porca miseria, qué vulgar.
-Pero cariño, cómo iba a haber un tigre, un león o una pantera
si estamos en este pueblo de la Meseta. Ni siquiera es un pueblo, una aldeúcha
de nada. Qué imaginación tiene mi cari. Cualquier día me dices que estamos
debajo de una palmera mascando cocos…
-Es que… maúlla tanto…
-Creo que es tan desheredado como nosotros. Se le ve perdido
y solo. Parece muy desvalido. Y tan pequeño… Un minino.
-Hablando de gatos, recuerdo cierta dama que estaba chocha
con un gatazo anaranjado, de Angora le decía. Se preocupaba más por ese gato
que por su marido. Jejeje, recuerdo que un día se largó el gato a cortejar
hembras en celo y la dueña hasta lo anunció en el diario de la ciudad.
-Es que el gato igual le hacía más caso que el marido,
jijiji. Yo a ti te quiero a cada latir de mi cuore.
-Muy italiano te veo, ciempi. Y a mí de los italianos lo
único que me gusta es la pizza.
-¿La pizza? ¿Una oruga comiendo pizza? Ummmm.
-Sí sí. Y cuanto más masa, mejor. Ya se sabe… cuanto más
masa, mejor se pasa,
uuuujummmm…
-Ah, pues yo masa… tengo un rato largo… ¿te llena bien mi
masa, cari?
-Llenar, llenar; hasta reventar… jijiji…
-¿Y de qué me vas a hablar hoy?
-Ah, ¿quieres que te hable de algo? ¿Acaso de los que
quieren comprarlo todo? Esos que se creen que pueden adquirir un kilogramo de
ilusión, cinco litros de sonrisas, una caja de educación… Puaaaaj, gañanes.
Disgraciattos… Si en vez de comprar, vendieran… cuánto mejor no les iría. Vender
humildad y sencillez, pongamos por caso.
-¿Hay dinero para comprar eso que tú dices? Yo pensaba que
con dinero los humanos sólo podían adquirir cosas y de lo que tú hablas me
parece que no lo son.
-Claro. Ahí voy. Que porque tengan cuatro papelillos
pintados con números y colores creen que ya lo tienen todo. Que hay tiendas en
que venden educación, sonrisas, ilusión, esperanza, amor…
-Pues yo, cari, sin poseer esos papelitos a los que tú aludes,
tengo ilusión, alegría, esperanza y Amor. Te tengo a ti.
-Hip hip hip. Qué bonito, ciempi. Tú siempre tan galante.
Anda, dame uno de tus pies, que quiero besarte.
-Ay, pero si mis pies de nada me sirven. Dame mejor un buen
empujón…
-Empujón es a remojón como polvorín es a… jijijiji.
-Qué guapa eres, oru. Cada día te veo mejor.
-Ay, ciempi. Eso mismo me gustaría a mí, verte cada día
mejor pero… como no sea con el ojo de atrás…
-Con el de detrás… siempre me verás aunque cagues nada más…
jijijiji.
-Guasón… mi poeta… oooohhhhh. Jijijiji.
Publicado por Alberto en 9:49 p. m. 0 Dejaron su huella
Etiquetas: Diálogos satíricos
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