martes, 16 de diciembre de 2014

Crónica de viaje a Gran Canaria, 2014



Buena noche:
Una semana después de que aterrizáramos de nuestro último viaje, comparto la crónica elaborada por Miguel _que esta vez ha ejercido de cronista simpar_ con algunos apuntes más míos al final..  
Un abrazo canario, jejejeje.

CRÓNICA DEL VIAJE A GRAN CANARIA 2014: reviviendo emociones únicas
Aprovechando el Puente de diciembre, Alberto, Elena (dos buenos amigos ciegos) y yo realizamos una escapadita a Gran Canaria para huir de los rigores del invierno peninsular y buscar un poco de calorcito.
En el Aeropuerto nos estaba esperando Laura, la amiga y compañera de Elena del BBVA. Ella sería nuestra anfitriona y guía durante toda nuestra estancia. Hay que recalcar el cariño y dedicación con la que nos trató en todo momento. No escatimó esfuerzos y se preocupó de que disfrutásemos durante toda nuestra estancia. Si en nuestro día a día nos encontrásemos personas así, nuestra vida sería mucho más fácil.
Dicho esto, lo primero que hicimos cuando llegamos a Las Palmas fue ir al hotel, nada que ver con la ubicación y características de el del pasado año,  para dejar las maletas. A continuación, nos encaminamos al paseo marítimo de la playa de las Canteras, que se encontraba a unos 50 metros escasos. De esta forma, dimos nuestros primeros paseítos por la isla, en un recorrido jalonado de palmeras y locales comerciales. Al poco rato topamos con unos montones de arena y varios expertos que les daban forma, con sus paletas y mangueras para remojarla, a modo de belén: ¡toda una obra de arte!
Después de comer nos dirigimos al puerto. Y cuál fue nuestra sorpresa que allí estaba atracado el Queen Mary II, uno de los barcos más grandes del mundo. Sólo hay una palabra para describirlo: impresionante. Es un gigante de los mares que mide 345 metros de eslora, 41 metros de manga (en su línea de flotación) y hasta 72  metros de calado aéreo. Vamos, que el muelle se quedó pequeño para ese enorme coloso de los mares. Como podréis imaginar, se divisaba perfectamente desde varios kilómetros. Sentías que eras una hormiguita cuando lo tenías al lado.
A continuación nos dirigimos al centro de Las Palmas para tomar unas cervecitas con José Ignacio, Penacho, otro compañero y amigo de Laura y Elena, con quien mantuvimos una amena y divertida conversación.  En nuestro paseo nocturno, destacaba el ambiente navideño, con palmeras iluminadas de colores rojo, amarillo, azul o verde, en función del barrio en el que estuviésemos. Es una forma original de iluminar la ciudad en estas fechas.
Al día siguiente, sábado, cogimos el coche para acercarnos a Vecindario, donde Antonio, otro amigo del BBVA, tiene una finca de plataneras y papayas. La explotación estaba bajo un enorme invernadero sustentado por finas pilastras metálicas y un enrejado de alambres y lonas en el techo para garantizar una producción más eficiente. Las piñas de plátanos estaban envueltas en bolsas de plástico azules para mantener mejor la humedad y el calor, pero pudimos ver y tocar una de ellas, que estaba al aire, con un montón de plátanos verdes a los que les faltaban unas tres semanas para su recolección. En el invernadero de al lado tenía otra explotación de papayas que también pudimos ver y tocar.
De nuevo con Laura al volante, cogimos la autovía que nos conduciría al Sur. Destacar las excelentes infraestructuras con las que cuenta la isla y, en especial, en las zonas más abruptas donde se han construido túneles y viaductos por doquier. Llegamos a Amadores, un pueblo costero con grandes hoteles camuflados, en algunos casos, en los acantilados, y urbanizaciones que se integran perfectamente con el paisaje árido de la zona. También visitamos Puerto Rico, Maspalomas y Meloneras, donde había una gran charca a modo de marisma con flora y fauna autóctonas.
Si el sábado nos recorrimos la parte Este y Sur, el domingo  fuimos por la zona Norte. Antes de llegar a Gáldar, atravesamos el puente de Silva, uno de los más altos de Europa. En ese pueblo hicimos una visita guiada al Museo de la Cueva Pintada, en el que se podían admirar pequeñas construcciones en las que vivían los primeros moradores de la isla, desde el siglo VI.  Era una instalación ejemplar desde el punto de vista de la accesibilidad puesto que a pesar de ser un recinto cubierto de más de 6000 metros cuadrados que está construido sobre la ladera de la montaña, cuenta con unas pasarelas de madera, ascensores por doquier o audio-descripción en los documentales y réplicas para poder tocar la decoración y útiles propios de los aborígenes.
Al mediodía fuimos a Agaete donde vimos el Parque Arqueológico en el que se encuentra la necrópolis de Maipés. Como el suelo estaba cubierto de una gran cantidad de lava volcánica con cantos rodados muy cortantes, se optó por habilitar unas planchas de hierro para deambular de una manera mucho más cómoda. De hecho, pudimos comprobar en un corto tramo lo difícil que es andar sin ese suelo artificial, y eso que íbamos calzados frente a quienes crearon la necrópolis. También tocamos las curiosas tumbas, construidas con piedra volcánica sobre una base rectangular y con una altura de más de 2 metros.
Tras comer en Agaete con Penacho, Carlos (otro compañero más del BBVA) y su mujer, nos dirigimos al puerto pesquero desde donde se vislumbraban unos espectaculares acantilados con un Sol de tarde que los iluminaba, confiriéndoles unas tonalidades rojizas, amarillentas, anaranjadas y ocres, muy bonitas. Allí está lo que los canarios llaman el puño de Dios, una roca con esa forma pero que tenía un dedo alzado que se desplomó por una tormenta. Después, y antes de que se nos echara la noche encima, subimos por el Valle de Agaete. Penacho, mientras conducía, estaba alucinado al comprobar cómo caían torrentes y cascadas de agua: ¡nunca había visto esto!, comentaba asombrado. Se ve que las abundantes lluvias que cayeron dos semanas antes habían teñido el paisaje de verde e incrementado considerablemente las reservas de agua.
El lunes fuimos por una carretera que se encuentra más allá de Agaete y que va bordeando los acantilados de la costa atravesando el Parque Nacional de Tamadaba. Es una vía de más de 20 kilómetros llena de cuestas muy pronunciadas, curvas muy cerradas (muchas de ellas ciegas porque no puedes ver si te viene alguien de frente) y con un continuo guarda-raíles para proteger la circulación de los grandes precipicios o acantilados que dan al Atlántico. Como es de imaginar, los paisajes eran espectaculares y se requiere cierta pericia al volante para transitar por allí, cosa que Laura nos demostró en todo momento. De hecho, en una curva nos cruzamos con un tráiler cargado de tomates y tuvimos que hacer algo de maniobra para poder pasar. Por su parte, Alberto y Elena pudieron apreciar la grandiosidad del entorno percibiendo el eco y el rugir de las olas al romper con las rocas a más de 200 metros de altura.
Pasado el pueblo La Aldea de San Nicolás, cogimos un camino de tierra que nos llevaría hasta la finca del padre de Laura, en Tasartico, donde pudimos comer una suculenta ensalada canaria, carne guisada de cabra y unos postres que estaban para chuparse los dedos. Luego nos dimos un pequeño paseíto hasta una playa llena de piedras y rodeada de acantilados, pero en la que se estaba de maravilla, escuchando el relajante ruido del oleaje.
A media tarde transitamos por otra carretera de montaña hasta Mogán, donde hicimos escala para recorrer el pueblo. Y desde allí hasta Las Palmas por la autovía del Sur-Este. Vamos, que el lunes dimos la vuelta completa a la isla en sentido contrario a las agujas del reloj.
El último día lo aprovechamos para acercarnos a la Caldera de Bandama, donde hay un sendero que bordea el cráter y en el que hay abundante vegetación tropical, por lo que es todo un espectáculo para los sentidos. Después, y tras tomar un vinito en el Museo del Vino, subimos a un montículo desde donde se pueden admirar, a lo lejos, la ciudad de Las Palmas.
La visita a Gran Canaria finalizó en el Campo de Golf más antiguo de España, donde comimos antes de ir al Aeropuerto.
Pocas han sido las anécdotas que reseñar porque ya se encargó Laura de que todo fuera perfecto. Eso  sí, en la comida que tuvimos en la finca de su padre, aparte de nosotros estaba su hermana Alejandra y varios amigos. Uno de ellos le dijo a Alberto:
- Esta finca es tan grande como desde aquí hasta donde te alcance la vista.
- Pues mira, le contestó con su habitual desparpajo, como sea tan grande como alcance mi vista, a nada que dé un pasito me salgo de ella.
Hasta aquí la descripción de Miguel, que suscribo, pero a la que añado algunas impresiones, de ésas mías de cegato chalado:
Ante el Queen Mary II, ¿te das quuiin?  a mí no me queda más remedio que reconocer lo ciego que estoy. Por mucho en que me esforcé en verlo y por muy grande que fuera, palabrita del Niño Jesús, que yo no lo vi. No no no. Así hubiera visto las curvas de las guapas canarias…
El domingo nos dimos el capricho de desayunar en pleno Paseo de las Canteras, con el sonido del mar de fondo, una temperatura espléndida y su tostada, su zumo de naranja natural y su cafecito rico rico. Fue genial.
En Roque Yedra, camino de la Aldea, Laura nos cuenta que al pie del acantilado se encuentran depositados dos ramos de flores. Parecen ser el recuerdo de dos familias que no aceptaron la relación homosexual de dos chicas, ante semejante rechazo se suicidaron despeñando el coche. Me impresionó vivamente.
Tengo ocasión de conocer el verol y la tuna india, plantas propias del lugar muy curiosas.
Ante la Caldera Vandama nos recostamos en la rama de un árbol fosilizada, me abrazo a su tronco, sintiendo su energía y calor. Imagino cómo debió de ser la erupción volcánica que dio lugar a ese majestuoso paraje.
Mi imaginación se dispara en el valle de Agaete donde un antiguo balneario se encuentra abandonado. Qué de historias podrían tener lugar en semejante hotelito.
En la playa de Puerto Rico tenemos ocasión de conversar con Ana, la doctora de Laura. Agradable y entusiasta profesional que nos cuenta sus peripecias de congresista y médica del lugar. Un placer.
Como también fue un placer conocer al padre y hermana de Laura. Ellos hicieron que nos sintiéramos como en casa, un lujo.
Y cómo no, destacar lo que me gustó el que un matrimonio que regenta excelente pizzería en Paseo de las Canteras se acordara de nosotros y nos prepararan una cena soberbia.
Y sí, pisé la Historia en Gáldar, Agaete y Las Palmas, tomando una cerveza con limón en el hotel Madrid, allá donde Franco se alojó el día antes de dar comienzo la Guerra Civil.
Déjame, para terminar,  que te endulce el paladar y me relama recordando los gloriosos postres canarios, como el mouse de mango y chocolate blanco o el helado de nata con guindas. Si no recuperé la vista ante semejantes manjares, no la recupero ni “jarto” de ron miel, jejejeje
  







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domingo, 14 de diciembre de 2014

Días de emociones y recuerdos



Buena noche de domingo:
Una vez regresado a casa, ordenador en ristre, comparto contigo el resumen de unos días plagados de emociones y recuerdos. Cuatro días intensos en los que se ha presentado en sociedad “Mis pequeñas odiseas: viajando con otros ojos”, se produjo la partida hacia el País de los Sueños de una persona muy querida para mí, la madre de mi cuñada, Emilia, y en que se celebró el Día de la Luz, Santa Lucía.
Las presentaciones fueron, a mi entender, ágiles, sencillas y entrañables. El Palacio de los Condes de Sástago estaba magnífico, con su estilo renacentista y su Historia, en la sala de música se estaba muy a gusto, viéndola repleta y con tanto calor de buenas gentes que me acompañaban. El representante de Ilumináfrica estuvo muy bien y los bombones que se repartieron, además de la maestría del quinteto  del Conservatorio de Música que nos regalaron la obra de Pedro Iturralde, lo hicieron especial.
Por su parte, el Centro Soriano, también en Zaragoza, me acogió con el cariño de la autenticidad que da nuestra tierra, haciendo que me sintiera como en casa. Además, al coincidir con el centenario de la publicación de “Platero y yo”, los símbolos de literatura, ilusión, infancia y ternura se conjuraron para hacerme sentir pleno.
El libro puedes conseguirlo a través de la página web de Ediciones 94 o encargándolo en librerías, haciendo constar que es distribuido por Mira. Su I.S.B.N. es 978-84-88921-:75-8
Celebrar Santa Lucía en la Basílica del Pilar, con una misa espléndida amenizada por la rondalla de la ONCE y las ofrendas que se hicieron, también constituyeron nuevos símbolos. Como también fue simbólico que ese mismo día, por la tarde, disfrutara de un reencuentro muy hermoso con mi amiga Sonia, tras años en que las circunstancias de la vida, habían hecho imposible hacerlo. Reencuentro muy sentido y emotivo, en el que tuve ocasión de disfrutar con ella, Lena _su hija_ y Manolo, su marido de un ratico mágico.
Déjame, por fin, que comparta también contigo el texto que quise dedicar a Emilia que, como digo, falleció tras años de padecer Alzhéimer, esa terrible enfermedad, y que siempre me quiso tanto, lo mismo que yo a ella y a su familia. Mi cuñada Emilia, siempre atenta conmigo, volcándose conmigo para que mis aventuras literarias acaben en el puerto del éxito, gracias a su buen gusto y mejor hacer. Va por ella.
Gracias de corazón a todos quienes estuvisteis de una manera u otra acompañándome durante estos días. Un abrazo.

Va por ti, Emilia

Allá donde estés, en el mejor lugar del País de los Sueños que tiene por capital el cielo y monumentos principales las estrellas, sé, lo sé, que ahora sí, vuelves a comprender y a escuchar.
Y, por eso, te digo Gracias. Gracias de corazón por todas las veces que dijiste que yo era “mucho” listo”, por preguntar siempre por mí y estar siempre pendiente de mí, por aquellas madalenas únicas que tanto endulzaron mis momentos y cuyo ingrediente secreto nunca quisiste decir, pero que yo siempre supe que se trataba del amor que ponías al hacerlas.
Meses atrás, mientras volvía de tierras alicantinas, en el tren, una madre le dijo a su hija que las hojas de los árboles que revolotean son, en realidad, los pies de las personas que han muerto. Hojas que se posan a nuestro lado, suaves, acariciadoras, cargadas de mensajes. Es verdad y por eso sé que cuando haya una hoja especial que sin yo saber cómo habrá venido hasta mí, aunque no la vea, representará no sólo tus pies, si no tu recuerdo. Será de chopo, como las de los chopos de los ulagares, ¿verdad que sí?
Sí, gracias. Pero también, felicidades.
Felicidades por haber tenido la dicha de ser cuidada con tanto cariño, abnegación y entrega por el Jesús y por tus hijas. Cuidados callados pero de los mejores. Como han de hacerse las cosas, como Dios manda sin ceder al desaliento ni al dolor ni al cansancio. Siempre a tu lado, siempre contigo.
Y felicidades por esos 6 nietos, 6 lámparas que, estoy seguro, alumbraron la bruma negra de tu enfermedad, aunque a veces pudiera parecer que para ti no existían. Sí, yo lo sé. Sí existieron y fueron luz para ti.
Sé que desde ese lugar eterno, seguirás viéndoles, disfrutando de su luz que también a mí me dan. Raquel y Marcos, Susana e Isabel, Héctor y Sergio. Ya ves... tres y tres, hoy niños y niñas, mañana hombres y mujeres de bien que continuarán alegrando tus días y los de quienes aquí seguimos caminando en pos de esa meta que nos conducirá, otra vez, a tu lado.
Pobres palabras escritas las mías, pobres que quienes las leen enriquecen con su emoción. ¿Sabrán estar a tu altura? ¿A la altura del Jesús, de tus hijas y nietos y nietas?
Alguien dijo a quienes le preguntaban porqué, siendo pobre, compraba arroz y flores. Les respondió que el arroz era para vivir y las flores para tener algo por lo que vivir. Así es, tú supiste, antes de que la ceguera del olvido velara tu mente, tener motivos para vivir. Flores con nombre de ilusión y buen gusto.
Un escritor francés, un tal François Mauriac dijo que “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.” Así es, la vida con sus enfermedades, incomprensiones o alejamientos frente a esa Muerte que nos ayuda a recordar, porque mientras recorrdemos, te recordemos, seguimos vivos.
Tantos años hace que dejé de ver y, sin embargo aún recuerdo y mientras lo haga seguiré viendo. Tú padeciste una ceguera mucho peor que la mía, la del olvido. Y, sin embargo, en medio de cualquier ceguera, sea de los ojos o de la memoria, la emoción nunca se pierde. Estoy seguro que tú te emocionaste muchas veces aun estando ciega. Te emocionabas cuando alguien iba a verte y le cogías su mano, como cuando lo hiciste conmigo la última vez que te visité, o cada vez que el Jesús y tus hijas te cuidaban o cuando aquel domingo de agosto, tu nieta Isabel te pidió que le dieras un beso y se lo diste.
Recuerdos que son luz, emociones que germinan en la buena tierra de los corazones buenos, y satisfacción cosechada tras la siembra del servir y cuidar. Estas son las mieses que vamos a almacenar quienes tanto te quisimos.
Tú harás, desde ese País de los Sueños que el pan que den será un pan casi tan bueno como el de Castilruiz, más aún, serán esas madalenas que ya nunca volveremos a comer, porque eran únicas, eran hechas por ti.
Gracias, Emilia. Va por ti, por Jesús, por Paquita, Emilita y Conchita, como tú siempre las llamaste.

   

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

De lameculos y pelotas



Buena noche.
Deseando que te encuentres ya en brazos del ciempiés, esto… del bueno de Morfeo, te cuento un nuevo diálogo satírico entre nuestros amigos, el ciempiés y la oruga.
Espero puedas disculpar que mañana no comparta contigo un nuevo esbozo poético, pero estaré en tierras zaragozanas bautizando a mi segundo hijo, ese libro al que he dado en llamar “Mis pequeñas odiseas: viajando con otros ojos”.
Entretanto, brinda conmigo por la sonrisa y el ingenio.
Un abrazo guasón.

De lameculos y pelotas

-Oru, qué bien besas. Ver, no verás; pero besar… como la mejor.
-Ciempi, tú también besas muy bien. Besas en color mientras que yo… lo hago en blanco y negro.
-Qué va, amor. Tú besas como el sol besa al mar en las tardes de verano.
-Ciempi… qué romántico eres… tendremos que organizarnos. Vaya pareja, un ciempiés paralítico y una oruga ciega…
-Bien chulos que somos. Más que un ocho…
-¿Un ocho que rima con…?
-Rime con lo que rime, el caso es besar…
-Besar y tocar, que si no toco no veo.
-Pues toca, toca. Pasa tus patitas por mis pelitos.
-A ver… a ver. Uy, qué pelitos más suaves. Déjame que te los peine con mi boquita.
-¿Me vas a contar chismes nuevos de los humanos? Es que estás tan dulce últimamente…
-Puaaj, no me recuerdes a los humanos.Cómo son.
-Calla, calla. No vaya a ser que nos escuchen y les dé por buscarnos como tapita de aperitivo vomitivo.
-Sí, de los que a veces organizan y en los que tanto abundan los lameculos y los pelotas.
-¿Lameculos? ¿Pelotas? Pues sí que es buena ésa. Yo creía que para el culo usaban papel y las pelotas eran bolas con las que juegan.
-Qué va, cariño. Lameculos son aquéllos que lisonjean a los que son algo y por los que son capaces de arrastrarse. Y pelotas son los que a todo jalean siempre que ese todo pueda suponerles algún beneficio. He visto, en mi vida de oruga vidente, cada cosa… Cómo corrían y se daban de codazos para ponerse al lado de los jefes, cómo les alababan las más solemnes extravagancias o cómo eran capaces, sin más ni más, de decir blanco si el culilameado decía blanco y negro si el peloteado decía que era negro, aunque en vez de blanco fuera negro o en vez de negro fuera blanco. Qué gentuza, qué chusma de mostrencos. Se vendían por una lenteja o por un grano de maíz.
-Ah, pues ya me gustaría a mí ser lameculeado, jejejej. Que tengo un culete que… toma y mete…
-Pues como quisieras que te metiera mis pelotas…
-¿Pelotas tú, cielito? Si tú lo que tienes es granitos de anís.
-Ahora dime una cosa, ciempi… si te dijeran que puedes recuperar la movilidad de uno de tus pies, ¿cuál elegirías?
-Ummm. Difícil me lo pones. Tener cien pies y que ninguno me sirva… siquiera uno… el que sirve para hacer cosquillas a mi oru favorita.
-¡NO! Cosquillas a mí, ni hablar ni hablar…A que vuelvo a mis andadas…
-¿A qué andadas? Con lo bien que se va en el carricoche que me construiste con las setas aquéllas.
-¿Se ve algo a lo lejos?-Oru… yo lo más lejos que llego es a la charca de ahí abajo y desde la fiesta que le organizamos a tu señora hermana, la mariposa, por cierto, que no ha vuelto a aparecer, ni sapos, ni moscas ni zorros se han dado a ver por este cortijo nuestro.
-Mi hermana debe estar puliendo a algún zorro con suerte…
 -Los zorros no sé si tendrán suerte, pero desde luego yo bien gorda que la tengo. Entre pie y pie…
-Sí, canapié. Jejeje.
Canapié de hormigas en salazón y huevas de saltamontes.
-Anda, recuéstate sobre esta ramita que la he vestido de musgo y…
-Uyuyuy, qué mullido y qué mojadito está…
-Oru… ¿me quieres?
-Ciempuzo… patán…
-Cómo eres, oru… anda, dame un besito…
-Que se gastan…
-Pero si estás deseando….
-¿Qué se ha oído? ¿No te habrás desgarrado ese culete del que tanto presumes?
-Shshshsh… Oru…


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jueves, 4 de diciembre de 2014

Susana



Buena noche de jueves.
Permíteme que el esbozo poético de hoy lo dedique a mi sobrina que mañana cumple, nada más y nada menos, 18 añazos. Va por ti, querida mía… ¡¡Feliz Cumpleaños!
Un abrazo.

Susana

Naciste cuando Papá Noel, su trineo, cargaba
De regalos y caramelos.
Viniste, al par que su magia, entre mis dedos,
Aprendices, para que te cantaran una nana.

Qué frágil me pareciste,
Azúcar que se derretiría con mi tocar.
Qué suave eras, dulce manjar;
Con tu llegada, cuánto me emocionaste.

Crecías, flor hermosa
Con pétalos de sonrisa y bondad.
Siempre siendo esencia de responsabilidad,
Que nunca olvidabas el ser de todos y todo, afanada cuidadosa.

Un gorro con borla y tu flequillo,
Adornos de tu simpar beldad.
Una voz ingenua y tu curiosidad,
Cualidades con las que, al mundo, siempre das brillo.

Tu tío, baba en ristre
Presumió siempre de sobrina ejemplar.
Tu tío, goloso pertinaz,
Insaciable sibarita de tu música alegre.

Ya eres mayor,
Ya los chicos siguen tu mirada de luna.
Sí, como tú, ninguna,
Sí, la gema mejor.

De lejos, viene tu nombre,
Egipcios y persas lo alumbraron.
A la flor de loto y al lirio le llamaron
Susana, que a mi ceguera, tu corazón por siempre alumbre.





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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Nota de prensa presentación Mis pequeñas odiseas

Comparto nota de prensa que la editorial ha enviado a los medios de comunicación aragoneses.
Seguimos avanzando, Mis pequeñas odiseas siguen avanzando.
                                                 
                                                              
Presentaciones en Zaragoza del libro:
“Mis pequeñas odiseas: viajando con otros ojos”
                   El autor firmará ejemplares de la obra
11 de diciembre, 19.00 h., Palacio de Sástago (Sala de Música)
12 de diciembre, 19.00h., Centro Soriano, en calle Cereros, 37

Zaragoza, 4 de diciembre de 2014
El jueves  próximo, 11 de diciembre, a las siete de la tarde, se presentará en la Sala de Música del palacio de Sástago (DPZ) el libro Mis pequeñas odiseas: viajando con otros ojos,  escrito por Alberto Gil Pardo, y amenizado, con el piano, por alumnos del Conservatorio de Música. El 12 de diciembre, a las siete de la tarde, en el Centro Soriano en Zaragoza, el autor, invidente y soriano, realizará una tertulia literaria sobre el eje temático de la publicación. Esta obra ha sido publicada por Ediciones 94, empresa editora aragonesa, y el 10% de las ventas se donará a la ONG aragonesa, Fundación ILUMINÁFRICA, ya que entre sus fines se encuentra la lucha contra la ceguera evitable y el tratamiento de patologías que limitan la función visual.
Este libro narra las crónicas de un ciego, que nos demuestra que se puede viajar con otros ojos. Sus páginas son el resultado de las andanzas y aventuras de su autor, ciego total que, no obstante, nos enseña que viajar es crecer y sentir. Siente la majestuosidad de las grandes montañas, tocar piedras milenarias, evocar la historia, trasladándonos en el tiempo o escuchar la música de la naturaleza. Lugares recorridos con la ilusión de la primera vez, experiencias acumuladas que enriquecen y encuentros de amistad en torno a todo ello. Pueblos y paisajes, ciudades de Aragón, de España y del mundo, aventuras por doquier es lo que encontrarás leyendo las apasionantes odiseas de este Ulises del siglo XXI. Y, cómo no, el humor, la ternura  y la importancia de la accesibilidad jalonan sus páginas como denominador común.

Alberto Gil Pardo, Fuentestrún (Soria), 1966; los problemas visuales con los que nació,  a los 20 años degeneraron en ceguera, no le han impedido desarrollarse como gran amante de la lectura y los libros. Su relación con Aragón es amplia: Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Zaragoza; en 1987 se afilió  a la ONCE; ha dado clases de braille en ONCE Zaragoza, siendo también responsable de Servicios Sociales; responsable de Cultura y director Comarcal de la ONCE, en Barbastro; director provincial de la Agencia ONCE, en Teruel. En la actualidad, es técnico de Biblioteca en la ONCE y coordina un taller de lectura para personas adultas invidentes en torno al braille. Además mantiene a Tiflohomero, un blog en que vierte sus cuentos y experiencias, y  se prodiga en las redes sociales (Facebook y Twitter), como medio de participación y testimonio.
Como escritor, cultiva el género del relato a través del cual, pretende transmitir valores y dar a conocer el mundo de la discapacidad visual haciéndola visible, toda una pasión para él, muy necesaria aún hoy día, además de la poesía y la intriga gótica.
Algunos de sus textos han sido publicados en libros como: “Historias de la vida”; “Cuentos para sonreír”; “Todos somos diferentes”; “Cuentos desde la diversidad”;  “Huellas de Luz: relatos de un ciego optimista y esperanzado para tiempos de crisis”.
Además, obtuvo el primer premio del Certamen Literario Santa Lucía, convocado por la ONCE de Madrid.
Ediciones94 es una empresa editora aragonesa con una larga trayectoria de publicaciones (libros, revistas, coleccionables, edición propia, etc.), con numerosas empresas, organizaciones e instituciones españolas.                                   

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