Quiero compartir contigo esta relfexión que me surge hoy. No pretendo polemizar ni ofender, pero sí quiero haceros partícipes de mi opinión porque sé que me vais a comprender, conocedores como sois de mi forma de ser. Con mis mejores deseos de que disfrutéis de este fin de semana largo especial para mí. Ya te contaré a mi vuelta. Un cálido abrazo, como siempre, lleno de gratitud. “Menos crucifijos y más trabajo fijo”. Así rezaba (permítaseme la ironía) uno de los gritos que se coreaban el pasado domingo en la manifestación que transitó por las calles de Zaragoza. Yo looí, es lo que tiene ser ciego y no sordo, cuando salía de la iglesia del Carmen, tras asistir a la misa de 12. Me pregunto si se proclamó a propósito al ver cómo salíamos de misa un gran número de personas o se iba repitiendo al azar como otros tantos lemas pretendidamente ingeniosos, propios de esos actos de protesta. Creo que no, que alguien lo lanzó al paso de la iglesia con ánimo de llamar la atención y fue repetido, secundándolo y haciéndose eco por el resto. De una forma u otra poco importa. Aun respetando las razones que originan la convocatoria de rechazo ante la situación actual, igual que quienes así jaleaban quieren que se les escuche, yo también quiero expresarme, usar mis manos para escribir mi sentir. Me duele el dolor, me molesta el malestar de tantos y tantas como lo están pasando mal y ven recortado su bienestar. Tanto es así que, en la medida que puedo, trato de dar luz con mi testimonio, sonrisa y aportación. Pero, ¿es que no tengo derecho a sercatólico? ¿Es que si no hubiese crucifijos _creyentes_ no habría paro? ¿Es que no hay muchos y muchas que vamos a misa y entregamos lo que cada uno puede para ayudar a que quien está mal mejore algo? ¿Por qué han de ofenderme queriendo derribar el símbolo de mi fe? ¿No quieren, acaso, ellos, que se les deje sus símbolos? Me hizo daño escucharles. Creerían que hacían gracia, que tampoco era para tanto, que mientras protestaban otros callaban. No, no es así. Lo que pasa es que yo quiero ir a misa, me gusta y me hace bien, me da fuerzas. Quiero tener la libertad que me dé la posibilidad de elegir y elijo asistir a los sacramentos del domingo. El embudo, sí; lo ancho para unos y lo estrecho para otros. ¿No sería mejor que todos tuviésemos el mismo diámetro por donde opinar, expresar o vivir? Yo apuesto por esto último. Yo quiero ser libre y quiero que los demás también lo sean. Claro que si unos pueden decir lo que les parezca aunque sean insultos o provocaciones y otros tenemos que callar, entonces algo empieza a fallar. Aspiro a que este mundo sea un hogar donde todos quepamos, no en el que haya excluidos ni apóstoles de sus verdades. Rechazo los embudos con sus leyes y acepto la libertad con nombre de respeto. Reniego de las miopías mentales y aclamo las miradas limpias de prejuicios, amplias y abiertas a lo diferente. ¡Bienvenidos al mundo de lo distinto porque en esto estriba nuestra grandeza! Tolerancia, comprensión y escucha.
Leer másjueves, 11 de octubre de 2012
¿Libertad o Ley del Embudo?
Publicado por Alberto en 8:51 p. m. 5 Dejaron su huella
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lunes, 8 de octubre de 2012
Otro éxito de "Huellas de luz": la crónica
Publicado por Alberto en 11:51 p. m. 7 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy
El estuche nuevo
¿Creeríais que este domingo no iba a haber ya cuento después de llegar de Zaragoza tras un fin de semana en que “Huellas de luz” ha dado nuevos pasos creciendo en madurez y admiración? Pues no, aquí estamos otra semana más para deseárosla en paz y normalidad. Con el mismo cariño de siempre. Abrazos de luz.
Alfonso, Fonsito, se siente muy emocionado. La tía Milagros, su madrina, le ha regalado un estuche nuevo. Qué chulo es. ¡Tiene tres pisos! Resulta que ya es mayor. Va a empezar la ESO, ha cumplido 12 años. Antes, que le sobraban dedos de las manos para contarlos y ahora ya le faltan. Qué barbaridad. Todo un hombretón. A su flamante regalo no le falta de nada: la regla, el cartabón, el compás, el sacaminas, la goma de nata Milán y los lápices de colores, todos intactos, marca Alpino. Se entretiene en extraer unas cosas y otras, tocarlas, familiarizarse con sus formas y texturas para luego colocarlas con meticulosidad en sus departamentos como piezas del último puzle que terminó, porque a él le molan mucho los puzles, tanto que sueña con que el día de mañana hará uno gigante, de… 10.000 piezas, pongamos por caso. Y lo enbmarcará y lo colgará en la pared del comedor. Está encantado por eso. Los libros los va a heredar de su hermana mayor, Sara. ¿Y la cartera? Bueno, no: es una mochila también prestada de no sabe quién. Así que, mientras otros compis estrenan un montón de cosas, sin importarles cómo sean, él disfruta con su tesoro. Al Pepote, su mejor amigo también le ha parecido muy bonito. Le ha pedido que algún día se lo deje y, a cambio él, le prestará canicas o tebeos. Sus padres, la verdad es que no andan muy bien. Se creen ellos que no se entera pero no es así. Cada vez les nota más enfadados. ¿Qué les pasará? Y aún que apenas si se ven en todo el día. Menos mal que tiene a su tía, que le quiere mucho. Bueno, y a los abuelos. Lo que pasa es que están en el pueblo y solo vienen de vez en cuando a pasar unos días. Va avanzando el curso. Creía que iba a ser muy difícil pero no es así. Le gusta dibujar, copiar los personajes que va conociendo mientras su profe le narra hazañas de inventores o exploradores. Aprende conocimientos que amplían sus horizontes. Unas materias le son más fáciles y otras se le atragantan sin remedio. Pero, sí, acaba el curso con bastantes buenas calificaciones. Ya sueña con las vacas y las aventuras que le traerán. ¿Y su estuche nuevo? Bueno, ahora ya no lo es, pero le sigue gustando mucho. El último día de clase se dispone a despedirse de él hasta después del verano y cuando lo va a cerrar un misterioso papelito asoma por uno de los bordes, impidiéndole cerrarlo. ¿Qué dirá? ¿Qué mensaje contendrá? ¿Quién lo habrá dejado allí? “Vale por un lote de cromos de inventos famosos.” ¡Genial! Le encanta. Algún día él también aparecerá en uno de ellos. ¿Qué será lo que llegue a descubrir? No sabe, pero imagina algo guay. ¿Un teletransportador? ¿Una pelota mágica que siempre brille? ¿Un tren que no necesite raíles para circular? ¿Unas gafas mágicas que devuelvan la vista a los cieguitos, como a la Noelia, la niña que ha ido a su clase este año por primera vez? No sabe pero por ilusiones que no quede. Agosto finaliza con las fiestas y los últimos helados. Tiene que volver a sus horarios dealumno aplicado. Más aún acabará: sus estudios, convirtiéndose en Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos; sus primeros proyectos, la presa revolucionaria en aquel país sudamericano que tanto bien hará; su prestigio, después de toda una vida de lucha por la innovación y el desarrollo; su edad laboral, en fin. Todos los años irán transcurriendo con logros y fracasos, con alegrías y desencantos pero de lo que nunca se cansará será de contemplar aquel estuche nuevo que una vez fue nuevo. Siempre que lo ve sonríe nostálgico. Ya no se usa nada de aquello, ahora es todo tecnología: que si pizarras digitales, que si tabletas táctiles, que si calculadoras… Todo eso está muy bien, mas no tanto como lo que a él le gustó cuando su tía se lo dio. ¿Y aquel gran puzle que de niño auguró? En su chalet de la sierra, junto a la chimenea y la foto de su mujer y única hija, hay un cuadro precioso. Muchos se lo quisieron comprar, muchos lo alabaron. Y a todos ellos siempre les dijo lo mismo: -Es mi obra maestra. Es mi Venecia, con sus canales, su plaza, su basílica y sus góndolas, pieza a pieza, claro.
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lunes, 1 de octubre de 2012
"Huellas de luz" en Zaragoza: invitación
Publicado por Alberto en 5:45 p. m. 6 Dejaron su huella
domingo, 30 de septiembre de 2012
Joaquín el músico
Publicado por Alberto en 8:25 p. m. 2 Dejaron su huella
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viernes, 28 de septiembre de 2012
Se nos había olvidado la lluvia
Publicado por Alberto en 11:23 p. m. 5 Dejaron su huella
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