¿No os han dicho nunca eso de "mira, no me vengas con pamplinas"? Pues, por si acaso, aquí va algo sobre la pamplina.
Pamplina es el nombre común de la planta sterallia media, álsine o planta gallinera, originaria de Europa, y que puede llegar a medir hasta 30 cm, aunque la poca firmeza de su tallo le impida desarrollarse de forma vertical. Sus flores son blancas y miden unos 4 mm, abunda en parajes húmedos, y se emplea con fines medicinales y para alimentar a los pájaros... Otras pamplinas -éstas pertenecientes a la familia de las papaveráceas, con hojas partidas en lacinias muy estrechas y agudas y flores de cuatro pétalos amarillos-, sin embargo, se dedican a infestar los sembrados de suelo arenisco, que en la primavera parecen teñidos de amarillo por la abundancia de flores...
...Quizá por este motivo, al ser consideradas florecillas insignificantes, se emplee coloquialmente la voz pamplina para designar las cosas de poco fundamento o utilidad. Proviene del latín papaverina, y este de papāver: "amapola".
miércoles, 30 de marzo de 2011
Pamplinas
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domingo, 27 de marzo de 2011
La fiesta de los ratones
Este domingo primaveral ya, con el día más luminoso, se me ha ocurrido una fabulilla, como aquéllas que leíamos de pequeños, y que tanta sabiduría encerraban. Yo no pretendo, faltaría más, equipararme a los Samaniego o los Iriarte, pero sí invitar a la reflexión.
Que os guste.
Un abrazo y feliz semana.
En el decrépito y, tiempos ha, abandonado edificio de la Bolsa, como cada día, Evaristo el Listo inició su habitual despedida.
-Señorías... Me voy, me retiro a mis aposentos.
Y, con su habitual reverencia bigotuda y grácil pase de cola, hizo mutis por la única portezuela que aún quedaba incólume ante el paso del tiempo.
Con un mohín de crispación y morritos apretados, Roberta Flac _la flaca_, contempló la rauda fuga del mentado Evaristo. Se vio obligada a aceptar, otra noche más, su ausencia. ¿Adónde iría? ¿Qué sendero elegiría esta vez?
Habían pasado el día enfrascados en una ardua polémica. Que si el queso de bola era mejor, o el manchego, o el Roquefort.
Al Listo le podían los suaves y mantecosos. A la Flaca, los de fuerte sabor y dura textura al paladar. Y otros concurrentes terciaban en la polémica, poniéndose de parte del uno o de la otra, y hasta hubo quien apostó por las tartas de queso.
Les gustaba aquel lugar frente a otros inmuebles mejor conservados, menos húmedos, por la abundancia de provisiones que, en él, se les ofrecían, montones de papel olvidado so pretexto de haber sido digitalizado, enlatado.
Y es que, todos estos moradores pertenecían a la especie ratonil. Habían aprendido a rondar por los más recónditos recovecos del subsuelo, conocían todos los secretos de la ciudad y, no obstante, siempre elegían para sus conciliábulos aquel palacete abandonado en pro de la modernidad y los ordenadores. Allá fueran los otros y su gusto por bibliotecas y librerías, ellos se sentían cómodos en ese lugar.
Roberta se maliciaba que el galán roedor le ponía los bigotes con alguna estrella cantaora. Y ella, siempre esperándole, penando su ausencia. ¿Se encontraría con algún fiero felino? Que por otra parte, bien empleado que le estaría por zascandil.
Hasta que otro día, el día de los ratones, comprendió el motivo de las ausencias: Evaristo porteaba sobre su lomo un paquete envuelto con su lazo y todo.
Se acercó a Roberta, le puso la patita encima y con agilidad de acróbata dejó caer su regalo.
-Querida mía. Por fin lo logré. Fui a pedir al hada madrina de los roedores esto para ti. Ábrelo, ¿querrás?
Y Roberta, emocionada, descubrió un cestillo que contenía algo mágico.
-¿Qué es, Evaristo?
-Siempre que te apetezca devorar tu manjar favorito, podrás hacerlo sin peligro de caer en las ratoneras que nos ponen los humanos. Con sólo remover lo que hay dentro, dispondrás de sabrosas porciones queseras. Y todo porque te quiero.
-Oh, Evaristo. ¡Me quieres!
-Sí, Roberta; ¿Y tú a mí?
La joven ratoncita se alzó de puntillas y posó su piquito en el de él. Y ese día en el local de la Bolsa hubo fiesta para todos y todas. Gran algarabía se formó en aquella reunión. Tanta fue que no oyeron a Micifuz. ¿Qué imagináis que pudo suceder?
Moraleja:
Si harto de queso no quieres perecer
vigila al gato que te pueda vencer.
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Etiquetas: Relatos
sábado, 26 de marzo de 2011
testimonio de superación para una tarde de sábado
Hoy, día en el que otra vez más se ha celebrado la vida, quiero compartir aquí una de esas razones que a uno le mueven a mantener la ilusión por seguir viviendo.
Os dejo el testimonio de mi amiga Elena que nos enseña, una vez más, que merece la pena pelear contra la inaccesibilidad del entorno.
Ojalá algún día las personas ciegas lo tengamos más fácil. Mientras tanto, seguiremos apostando por la superación.
Desde que a los 19 años me quedé ciega, he estado luchando porque en esta sociedad del avance y el conocimiento se me considerara como a una más.
Desde octubre de 1990 trabajo como telefonista en un banco español. Anteriormente estuve haciéndolo durante 3 años en diferentes destinos dentro de la ONCE.
Cuando llevaba un par de años trabajando en el banco, decidí que quería estudiar y me preparé para el Acceso a la Universidad. Opté porque fuera en la UNED por no tener que ir obligatoriamente a clase, aunque era más difícil al no tener un hábito de estudio y no disponer de los textos adaptados a tiempo para poder estudiar.
Me costó un par de cursos obtener el Acceso y empecé la Licenciatura de Filosofía y Ciencias de la Educación.
Me matriculé en 1º y cuando comprobé que no había ninguno de los textos disponibles, bien en Braille o en sonoro, me empecé a agobiar porque veía que no me iba a dar tiempo a estudiar las asignaturas. estuve tentada de abandonar, pero una compañera del curso de Acceso me animó y me dijo que no tenía que dejarlo, que lo intentase matriculándome sólo de las materias que pudiera o que tuviera adaptados los textos. Así lo hice, en el curso 1996-97 me volví a matricular sólo de 3 y así hasta que en el año 2007 terminé la Licenciatura.
El banco tiene todos los años unas pruebas de ascenso para todos los empleados. Como yo entiendo que soy una más de la plantilla, decidí presentarme a las pruebas de Técnico nivel VIII. Hablé con el Departamento de Recursos Humanos y después de pretender que no me presentase, determiné que les iba a demostrar que sí podría superarlas. Muchos de los documentos que me proporcionaron no eran accesibles y a la hora de preparármelos era más difícil. Al año siguiente lo volví a intentar. Fue un poquito más complicado porque ya no había temario sino que había que realizar una serie de cursos a través de la Intranet que, por supuesto, tampoco era accesible. Me puse en contacto con la Oficina del Voluntariado del banco y un antiguo colega, me ayudó, tanto a la hora de explicarme muchas de las cuestiones bancarias y financieras, que no sabía; como a leer los textos. Finalmente, me presenté y aprobé el curso, por lo tanto, ahora ya soy Técnico nivel 8º gracias a Manuel Iturbe y una serie de compañeros que confiaron en mí y me dieron ánimos para seguir adelante.
Hace unos meses recibí un correo electrónico desde el departamento de Acción Social con un proyecto muy ilusionante y diferente a lo que estoy realizando. Se trataba de asistir, como voluntaria, a un colegio para hablar con los chavales de 5º o 6º de primaria o 1º y 2º de la ESO con el objetivo de concienciarles acerca del valor del dinero.
Después de contestar que me interesaba el proyecto, se me dijo que los textos no eran accesibles y que lo sentían mucho pero que en otra ocasión sería. Hablé con un compañero que casualmente fue quien puso en marcha la idea, y me comentó que yo iría con él a los centros. Se comprometió a hacérmelo más fácil y a acompañarme.
Nos tocó el colegio Pi y Margal de Madrid, situado en la plaza 2 de Mayo.
Los alumnos de 5º se comportaron aceptablemente. Se pudo hacer la clase muy amena y tanto los chavales como nosotros estuvimos contentos de hacer algo productivo y diferente a lo cotidiano. Los de 6º, en cambio, fueron más revoltosos y no sé si les serviría lo que hablamos, pero al fin y al cabo, yo tuve la certeza de que estaba siendo una más. que podía realizar otras tareas dentro de la sociedad y me sentí muy satisfecha porque los niños a pesar de que yo no veía, ellos no me percibieron como a un bicho raro.
Muchas gracias Javier.
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martes, 22 de marzo de 2011
Los primeros cafés públicos
Los cafés gozan de grandes reminiscencias tanto literarias como históricas por las tertulias que en ellos se llevaron a cabo.
Si os apetece os invito a un café (con algún dulce, faltaría más) y emulamos a aquellos apasionados tertulianos y tertulianas.
Fue en Arabia donde posiblemente se abrió el primer establecimiento dedicado al café o cafetería, ya que los derviches lo tomaban para ahuyentar el sueño y poder orar en las horas de la noche, costumbre que se extendió a otras ceremonias religiosas. Tanto se extendió la costumbre de tomar café que para satisfacer la gran demanda se abrieron los primeros kehveh kanes o cafeterías, y fue tanto el escándalo que causó, ya que los feligreses descuidaban los oficios religiosos, que en 1.511 se dió la orden de cerrar todos los establecimientos.
La costumbre de tomar café llega a Turquía en el año 1.517 tras la conquista de Egipto por Salim I y bajo el reinado de su hijo Solimán el Magnífico se abrieron los primeros cafés en el año 1.554 en el barrio Taktacalah de Constantinopla siendo desde entonces lugar de reunión de intelectuales. Sus propietarios, Schemsi de Damasco y Hekem de Alepo recibían a sus clientes en su establecimiento lleno de sofás y alfombras orientales lujosamente ornamentadas, cobrando un centavo por tazón o escudilla de café.
En Europa no se tiene constancia cierta de los primeros cafés pero imaginamos que por el comercio con Constantinopla, debieron ser los venecianos los primeros en abrir cafeterías, aunque se tiene constancia que el primer café se abrió en Italia en el año 1.645 con aprobación papal.
Las cafeterías italianas nacieron en Venecia hacia 1647,. Uno de los más conocidos fue el abierto en 1720 por Floriano Francesconi, con el nombre de Caffè de la Venecia Triunfante, que cambió luego su nombre a Caffè Florian, emplazado en la plaza de San Marcos, y que se convirtió en un importante centro de actividades culturales y comerciales. Más tarde, en 1759, había en Venecia más de 100 cafés. En Roma, encontramos otros cafés como el del Greco, fundado en 1760, sobre la vía Condotti, y que se ha convertido en uno de los cafés más famosos del mundo.
En Inglaterra según Isaac Disraeli en su obra "Curiosities of literature" relata que en el año 1.650 un judío procedente del Líbano, llamado Jacob, abrió en Oxford el primer café público. William Oldys (fallecido en 1.761) nos relata lo siguiente: Un mercader de Londres, mister Edwars, adquirió la costumbre del café en Turquía. Al instalarse en Inglaterra llevó consigo a un joven, Pasqua Rosée, que había conocido en Ragusa y preparaba la bebida para él. Como esta novedad le trajo mucha compañía a la hora del café, concibió la idea de abrir un establecimiento, asociando a Parqua Rosée con un yerno de mister Edwars.
La implantación en Viena del café es curiosa por lo original de su historia. En 1.683 el sultán turco Mohamed IV envía a 300.000 hombres, al mando de Kara Mustafá, a sitiar la ciudad, el emperador escapa de milagro del cerco otomano. Un antiguo intérprete del ejército sitiador, Franz George Kolschitzky, de origen polaco, disfrazado con uniforme turco pasa las filas y se reúne con el emperador Leopoldo comunicándole toda la información del enemigo. Gracias a estos informes los turcos fueron derrotados dejando en el campo de batalla un inmenso botín compuesto por 25.000 tiendas de campaña, 10.000 bueyes, 5.000 camellos, gran cantidad de oro y muchos sacos de café. Los austriacos se repartieron el botín excepto el café que no sabían para que servía y Kolschitzky lo reclamó para sí. Al poco tiempo este hombre abrió el primer establecimiento en Bischofhof y se popularizó tanto que en el año 1.839 existían en Viena ochenta establecimientos y cincuenta más en los suburbios, todo un gran negocio.
En París fue conocido el café de la mano del embajador turco Silomán Aga que desde junio de 1.669 hasta mayo de 1.670 estuvo en la ciudad del Sena. Llevó gran cantidad de café para consumo propio y para las recepciones en la embajada. Isaac Disraeli nos relata cómo se servía: El café era servido por esclavos negros, ofreciéndolo de rodillas y ornados con los más suntuosos vestidos orientales. Un moka escogido era escanciado desde una especie de salsera de oro y plata, posada sobre servilletas de seda bordadas, orladas de oro puro, a unas minúsculas copas de porcelana fina.
En el año 1.672 se abre el primer café en París, regentado por un armenio llamado Pascal en una barraca en el mercado de Saint-Germain, siendo la bebida servida por jóvenes camareros turcos.
Durante el siglo XVII el café se arraigó en los países nórdicos, que luego se convertirán en grandes consumidores. En 1685 el café llega a Estocolmo, y cinco años después, en 1690, se abren allí dos cafeterías. En esos años la moda del café también se impone en Noruega (1675), Dinamarca (1685), y Finlandia (1700).
De todos los países europeos en los cuales arraigó la moda del café e hicieron furor las cafeterías, la excepción fue Holanda, que tanto había contribuido con la difusión del cafeto y del hábito del consumo de café. Ellos no crearon establecimientos particulares destinados al consumo público del café, y se contentaron con tomarlo en el interior de sus hogares, a pesar de que se había convertido en una moda nacional.
Antes de que el café sustituyera al té, a raíz de la Stamp Act de 1766, que originó la rebelión del Tea Party en 1773, ya el café era consumido en el siglo XVII en la colonia holandesa de New Amsterdam, enclavada en lo que hoy es Estados Unidos. Más tarde, el capitán John Smith lo daría a conocer en la colonia de Virginia. En los primeros años del siglo XVIII encontramos coffee-houses en algunas ciudades como Boston, Nueva York y Filadelfia. Así como afirman que la Revolución Francesa nació en el Café Foy de París, algunos sostienen que la Revolución Americana vio la luz en el Green Dragon de Boston.
Los primeros cafés fueron introducidos en España durante la segunda mitad del siglo XVIII por italianos como Gippini, que poseía establecimientos en Barcelona, Cádiz, Madrid, San Sebastián y Sevilla. A pesar de lo tardía de la introducción, los cafés prosperaron rápidamente, convirtiéndose en centro de la discusión política.
Luego, a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX se crearon muchos cafés que se convirtieron en verdaderos círculos literarios, avivados por las tertulias. De ellos dijo Miguel de Unamuno, en su discurso de jubilación de la Universidad de Salamanca, que "la verdadera universidad popular española ha sido el café y la plaza pública", para salirle al paso a los que criticaban las tertulias literarias en los cafés, considerando que allí se derrochaba irresponsablemente el tiempo para el ocio creador.
Varios cafés madrileños han sido tema de sainetes, como ocurrió con el Cádiz, el Barcelona y el Pombo, amado por Ramón Gómez de la Serna. El café Fontana de Oro, por ejemplo, inspiró el tema de la primera novela de Pérez Galdós, en 1870.
Otra ciudad española famosa por sus cafés es Barcelona, donde había a mediados del siglo XIX varios cafés reputados por su servicio y su tertulia, como el Café de las Siete Puertas, inaugurado en 1840, o el de Los Guardias, el de Useletti y el Rincón, en las Ramblas.
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domingo, 20 de marzo de 2011
El extraño sello
Otro domingo más, otro cuento más. Que la primavera que mañana comienza, con su luz y nueva vida, dé alas a vuestra semana.
Que estéis bien y os guste.
Elisa andaba cavilosa. No sabía cómo podría descifrar un extraño sello que figuraba grabado en el último de los rollos que había descubierto en el anaquel más recóndito del archivo en el que, en aquellos momentos, andaba husmeando. Estaba compuesto de unos raros signos inscritos en una figura geométrica lobulada y en el centro una letra, ¿acaso, la e?
De vocación historiadora y profesión investigadora, más que por adentrarse en el pasado, la había elegido por su natural indagador. ¿Qué se escondía tras los polvorientos objetos que iba desenterrando en sus búsquedas? ¿A quién pertenecieron? ¿Qué mensajes transmitían y a quién iban dirigidos? Toda una pasión eso de desenrollar legajos olvidados y sacar a la luz transacciones, acuerdos, sentencias, trozos de vida cotidiana pretérita y, no obstante, ejemplificadora aún.
Era una experta paleógrafa, apreciada por su meticulosidad y empeño en lo que hacía. Y además era guapa, simpática y sencilla. Todo un dechado de virtudes. Y, no obstante, no había tenido tiempo todavía de descubrir el amor, porque seguramente no habitaría entre los documentos antiguos. ¿O quizá, sí?
Con pulso firme usó la espátula para desprender el sello. A continuación lo fijó en el portaobjetos y lo fotografió y añadiendo la tarjeta con los datos identificativos lo introdujo en la bolsita hermética habilitada al efecto para resguardarlo, conforme al procedimiento académico establecido.
Después pasó al texto que encerraba. Se inclinó sobre el pergamino y, otra vez, el crujido de la tela al desenrollarse, el olor a tinta y vejez, las misteriosas líneas... la emoción volvió, como siempre, a embargarla.
Se dispuso a descifrar otro texto arcano. En principio le pareció que la caligrafía no era difícil. Conservaba bien los trazos que dibujaban palabras en un latín correcto.
Ahora bien, el relato que se abría, cual capullo de seda ante sus ojos, ya era otra cosa. Necesitó releerlo nuevamente. No lo entendía. Era tan aparentemente simple y, a la vez tan increíble que no era capaz de comprenderlo.
Hablaba de una mujer solitaria, perfecta. Que buscaba y nunca hallaba el objeto de su pesquisa. Una mujer venida de lejos, que nunca dejaba de caminar, que nunca podía detenerse. Y de un joven que esperaba eternamente. Y de un palanquín negro en el que viajaba un anciano ciego con una lámpara. Y que éste se la entregaba al doncel. Y que al encenderla y levantarla alguien se hacía visible.
Elisa salió al sol de mediodía. En la plaza donde se elevaba el solemne edificio que alojaba el Archivo Histórico Nacional los paseantes dejaban discurrir el tiempo entre charlas y confidencias. Bajo el brazo, sostenía la cartera donde guardaba sus útiles de trabajo y, cómo no, la estampilla que lacraba aquel pergamino catalogado hasta entonces con las coordenadas donde había estado depositado desde siglos.
Se había dicho que quizá la solución al enigma estuviese oculta en el significado del sello. La intuición, un sexto sentido, no sabía qué, pero algo le decía que así sería.
Se dirigió, con paso resuelto, como ella era, a la facultad. Buscaría la cátedra de Sigilografía y esperaría que alguien hubiese quedado trabajando a esa hora, alguien como ella, tan apasionado por los misterios.
Subió al tercer piso, llamó a la puerta del catedrático, un hombre venerable aunque siempre distante, dejó que sus nudillos anunciasen la presencia de su visita y pasó.
La sorpresa se alzó ante sus ojos. En las escasas veces en las que había estado en aquel despacho nunca había visto, o es que nunca había estado, un óleo historiado que recogía la imagen de un palanquín negro del que asomaba un anciano ciego con una lámpara encendida. No podía creerlo. ¿Podréis creerlo vosotros?
Y, más aún, quien allí se encontraba trabajando no era el señor carvajal, si no un apuesto joven de ojos brunos, negrísimos pero de mirada clara y sonrisa de luz.
-Por fin llegas. Te estuve esperando.
-Pero... si yo sólo venía en demanda de ayuda para descifrar un sello.
-Claro, él lleva tu nombre, tu grafía. Y yo soy su destinatario. ¿Dejarás que se cumpla el destino?
-¿Es que puedo hacer otra cosa?
Los dos jóvenes supieron, entonces, que ya no deberían buscar más.
El tiempo pasó. Elisa se forjó merecida fama como profesora, enseñando a otras como ella, y a otros, que merecía la pena perseguir sueños, atreverse. Y cuando lo explicaba siempre mostraba el colgante de rubí que lucía en su cuello, un colgante que encerraba... un curioso dibujo. Bueno, curioso para aquél que no conociese su historia.
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Etiquetas: Relatos
viernes, 18 de marzo de 2011
Decálogo para ayudar a una persona ciega
Por si en vuestro deambular cotidiano os topáis con un cegato andarín, vayan aquí algunos consejillos para echarle una mano, que el ojo ya os lo echará él _bueno, mejor digamos sonrisa que ojo, faltaría más, claro_.
Ahora bien, no os creáis, de todo hay en la viña del señor y no todos los ciegos somos lo agradecidos y simpáticos que deberíamos ser. En mi opinión, el mero hecho de que alguien te ofrezca su ayuda (aunque a veces sea más un estorbo que un favor), ya es suficiente para ser aceptada y devuelta con un "gracias, guapa; encantado, señor...
1.- Allí no es ningún lugar. No debéis utilizar las locuciones "allí / allá, aquí / acá porque eso no significa nada para quien no ve. Mejor será indicarle con "a la derecha o izquierda, detrás o delante, etc."
2.- Pregunta primero. Antes de ayudarle (tal vez él no lo necesite o no lo desee, pregúntale si quieres que le ofrezcas su ayuda. Normalmente debería decir que sí,pero... nunca se sabe y hacer las cosas sin avisar, por bienintencionadas que sean, no es bueno y puedes ser rechazado de peores o mejores modos.
3.- Déjate coger tu brazo. Aunque lo usual suele ser que, cuando vas a ayudar a una persona ciega, le cojas tú del brazo, eso no es lo correcto. Lo que se ha de hacer es que el privado de la vista vaya un paso por detrás de ti porque, si tú eres el que ve, lo lógico es que tú vayas por delante y además por el movimiento de tu cuerpo sabemos cómo es el terreno que vamos pisando.
4.- El plato se convierte en un reloj. Si vais a comer juntos, puedes explicarle cómo están dispuestos los alimentos en el plato, haciendo uso de la analogía del reloj. A las 12, tal alimento; a las 6, tal otro, etc.
5.- No agarres el bastón. Hay algunos que tienen la mala costumbre de agarrarte el bastón como si de una correa se tratase. Eso da mucha rabia e inseguridad, ya que si así sucede, el invidente pierde la referencia con el suelo a través de la contera o punta. Es como si te tapasen los ojos por un momento.
6.- Los perros guía mucho más que una mascota. Estos animales, tan bien adiestrados y curiosos para muchos, son los ojos de su dueño. Puedes acariciarlos cuando están descansando pero no darles de comer ni distraerlos cuando van trabajando.
7.- Hablar con naturalidad. Nosotros aspiramos a la normalidad y, una forma de ella, es el lenguaje. No tengas prejuicios ni rubor a la hora de utilizar palabras como ver, mirar, etc.
8.- El orden, elemento clave. Para quienes no vemos, necesitamos saber dónde se dejan las cosas y que no nos las cambien de sitio, ya que, lo que con un golpe de vista se localiza de forma inmediata, con las manos cuesta mucho más encontrarlo. No dejes las puertas medioabiertas..
9.- No jugar a las adivinanzas. Molesta mucho eso de que te digan: "a que no sabes quién soy" o "¿me conoces?" Dime quién eres y déjate de jueguecitos.
10.- Salúdame, te lo agradeceré. Puesto que al no verte, si no me dices nada no sabré que has pasado por mi lado. Pero si me saludas, me alegraré sobremanera ya que has querido hacerlo, ha sido un gesto, todo un detalle ya que si no hubieras querido que me enterase de que pasabas a mi lado, no habrías tenido problema en ocultarlo al no verte.
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Etiquetas: Así soy
martes, 15 de marzo de 2011
El valor de la humildad frente a la ceguera de la soberbia
Cuando uno contempla anonadado la fuerza insuperable de la naturaleza causante de tragedias como la del pasado viernes en Japón, cuando te enfrentas a la realidad de no ser capaz de curar tu ceguera, mientras que te repele el hechho de encontrarte con personas que se muestran por encima del bien y del mal, inalcanzables en su trono despótico de supuesto dogmatismo te reafirmas en el valor de la humildad, del saber que todo el mundo es importante y que siempre se tiene algo que aportar, además de asumir la certeza insoslayable de que el ser humano no puede aspirar a constituirse en Dios por mucho que quieran hacérselo creer.
Cuán necesaria resulta esa dosis de sencillez, de llaneza porque, al fin, todos somos limitados.
Y no se trata de apelar a falsas modestias si no a sinceras realidades. No es cuestión de absurdas presunciones, sí de loables alegrías compartidas ante los retos superados.
Qué errados están quienes se arrogan el considerarse más que los otros, invencibles, inalcanzables porque cuando menos lo esperen alguien o algo para lo que no se encuentran preparados les obligará a lamentarse de esa actitud. Más aún, deberán hacerlo con dolor y pérdida.
Dar valor a lo que uno es y va consiguiendo, sí; mas pretender dárselo de forma superlativa, grosera, no.
Esto me ha enseñado la realidad que me rodea y mi realidad de ciego.
Y además, el premio que se recibe por semejante conducta es el reconocimiento sincero frente al alago gratuito, la adulación.
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Etiquetas: Reflexiones
domingo, 13 de marzo de 2011
Paloma
Con mis mejores deseos de que otra semana más sea dichosa para todos.
Que os guste.
A Paloma, Palomica, no le apetecía nada arrimarse a las paredes de cemento. Le gustaba más hacerlo a la calidez del muro de yedra del jardín en que fuera a haber parejas de enamorados o soñadores con hambre de lecturas.
Y es que Palomica, con sus calcetines a rayas de colores, sus vestidos de lunares y sus gorros de hada, se aparecía en aquellos refugios. ¿Que cómo lo hacía? Pues cómo ha de ser: montada en una escoba.
Ejecutaba su vuelo con la maestría que dan los siglos y la pericia que ofrece el interés de saberse necesaria.
Sí, ella sabía que lo era porque cuando no apadrinaba los encuentros jardineros, el aroma de las flores perdía lozanía, intensidad, y los visitantes salían con sus espíritus amustiados sin que pudieran explicarse el motivo. Ellos no podían, pero ella sí. Sabía que la llama de la magia y la pasión únicamente se prendía con su presencia.
Que no la vieran, no le importaba porque lo esencial resultaba ser el efecto que lograba hasta que un día todo cambió. Alguien la vio y entonces, entonces dio comienzo el final.
Un pintor al que decían loco se sentó una tarde de primavera en el banco que quedaba frente a la entrada del Jardín de los Suspiros. Se proponía plasmar el guiño del sol cual caballero que lo haría, galanteador, ante las bellas damas de su mundo, a los arriates de flores a la hora del ocaso.
Levantó la vista para retener en la retina los colores que debería elegir y entonces contempló cómo, en lo alto del muro se posaba una figura bien extraña, subida a una escoba y con calcetines a rayas verdes, rojas y amarillas.
Decían de él que era el loco porque era capaz de percibir lo que a otros se les escapaba y no alcanzaban a comprender. Mas no era tal. Simplemente era sensible y de alma libre.
Se dijo que si hablaba de aquello se ganaría definitivamente la reputación de orate. Aunque, por otra parte, qué más daba. Si no era por esto, sería por aquello. Ya no había remedio.
Así que se puso a observar y pintar. Conforme iba formando, en su cuaderno de dibujo, la ilustración perseguida,algo increíble comenzó a suceder.
Era como si la estuviese atrapando. No era capaz de apartar su mirada porque la figura de la tapia se diluía conforme la trazaba con su mano experta.
¿Era posible, se dijo_ que la capturara? ¿Y si así lo hiciese, ¿qué supondría eso?
Terminó su trabajo y marchó para casa, satisfecho de lo logrado. Es más, sentía que algo había cambiado en su interior.
Al día siguiente, cuando desayunaba en el bar de siempre su té y su croissant a la plancha, oyó cómo alguien relataba un extraño acontecimiento. Habían hallado abandonada una peculiar escoba en lo alto del muro del Jardín de los Suspiros.
Tiempo después se seguía recordando el sucedido porque, curiosamente, además, desde aquello, los jardines del lugar habían dejado de ser visitados. Nadie se explicaba la causa o razón, teniendo en cuenta que era la temporada propicia para disfrutar de ellos.
El misterio siguió siéndolo hasta que, al año siguiente, otra tarde, a una niña que siempre solía estar sola, no la aceptaban por su diferencia _era ciega_, una hermosa paloma se le posó en su hombro y, con el lenguaje universal de la fantasía, le susurró una historia que hablaba de un hada que volaba en una escoba y un pintor que la había atrapado.
La niña, de nombre Eva, sonrió y comprendió. Al fin podría ser dichosa porque la aceptarían, sabrían que su personita también conocía algo que los demás necesitaban y lo que era mejor, sabía cómo proporcionárselo.
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sábado, 12 de marzo de 2011
Sentirse bien
Sin ánimo pretencioso, pero sí con la intención de animar, querría contaros mi última experiencia como amo de casa y hacerlo, cómo no, en clave de humor y que ayude a crearos una sonrisilla, que para eso es sábado noche y hoy ha sido uno de esos días en los que uno se siente bien, se nota querido y aceptado. Todo un lujo, un regalo y un estímulo para este cegato vuestro.
Pero vayamos a mi última andanza doméstica.
Llego el pasado miércoles a casa a la hora de comer, tras mañana intensa de trabajo y, oh sorpresa, no tengo luz. Primera pregunta: ¿cómo te das cuenta, cómo ves, si no ves, que no hay luz en tu hogar? Es que, como animal de costumbres que es uno, lo primero que hago a esas horas es poner la radio y ese día no funcionaba. El microondas donde caliento la comida, tampoco. La nevera no se oye. Nada, que los aparatos no van.
¿Qué hacer? Mirar a ver cómo están las palancas del diferencial, el automático. Ya está, hay una bajada. ¿Por qué?
Pido auxilio al portero. La respuesta no se hace esperar. La causa de esa bajada de palanca (que node pantalones) es la nevera que en cuanto la conectas a la corriente hace clic, que salte.
Así que nada, nevera nueva al canto.
Pero claro, las cosas no suelen suceder en momentos favorables, si no cuando les apetece, seguramente con intención de tocar las narices. Tengo que marcharme para impartir el taller de lectura y encima no llevo imprimidos los textos que he preparado porque el día de antes se me olvidó grabar el archivo en el cacharrito donde los llevo a la ONCE para imprimirlos y cuando me dispuse a hacerlo, resulta que me quedé como el gallo de Morón (cacareando y sin plumas). Así que esa tarde de miércoles he de salir corriendo y, mientras tanto, los suculentos alimentos tan amorosamente cocinados por mamá, descongelándose _tic tac tic tac_. ¿Qué hacer? Ya me veía aplicando aquella máxima de “la del pobre: reventar, antes que sobre”.
Pero no, se me ocurre una idea luminosa: pedirles a los del bar de abajo, donde acostumbro a vermutear, que me hagan un hueco en su congelador (oigan, no para mí), si no para que me los guarden. Y allá que me voy con mi bolsa de viaje repleta de menestra, arroz, carne guisada y demás. Quién le iba a decir a una bolsa hecha para viajar que le tocaría transportar cajas congeladas. En fin, vivir para ver.
Al día siguiente, jueves, me toca ir de compras neveriles. ¿Cuál elegir? ¿Cabrá en el hueco dispuesto al efecto en mi cocina? ¿Y si me lo han medido mal? En fin, ya se verá.
Que si llévese ésta, que si llévese la otra, que aquélla tiene tal o que si ésta tiene cuál. Y yo qué sé. Con tal de que congele bien y de que refresque convenientemente, ya me vale.
Llega el viernes, me la traen en medio del aguacero y me dicen que de enchufarla ya, nada. Que he de esperar a que el gas se estabilice (¿gas? ¿Qué gas? Si yo lo que he comprado es una nevera, no un globo aerostático). Al menos, las medidas habían sido las correctas.
Me dijeron que se encendería una luz indicando la temperatura, que sólo era cuestión de apretar un botoncito para poner la elegida. ¿Y yo qué sé cuál he de poner? Ale, vete a buscar a un vecino para que te lo indique. Llamo a una puerta, no contestan; llamo a otra, tampoco; a la tercera va la vencida. Viene el chico y me dice: si ya está puesto y en marcha. Tócate los pelendengues y yo buscando a un vecino cuando ya lo había solucionado por mi cuenta.
Y nada, esta mañana vuelta al bar a recoger los congelados y a organizar las cosas.
¿Y sabéis qué os digo? Que estoy muy contento con mi nevera nueva. Así que si os animáis os invito a su inauguración poniendo a refrescar una botellita de… o un sorbete.
Y todo esto lo he hecho yo solito. Qué mayor, que bien me siento. Ser uno más, ser autónomo, valerme por mí mismo.
Larga vida a la nevera.
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Etiquetas: Así soy
viernes, 11 de marzo de 2011
¡Que no se apague la luz!
No quiero ni puedo dejar pasar este 11 de marzo, otro 11 de marzo más sin invitar al recuerdo de aquel otro 11 de marzo en el que gentes sin alma hicieron que se apagase la luz de miles de personas con su sinrazón y brutalidad siniestra.
Y, sin embargo, esa luz que quisieron oscurecer sigue alumbrando porque la memoria y los sentimientos de quienes antes de aquel jueves la recibían en forma de afectos, proyectos, alegrías y tesón se transformó en estrellas.
Yo quiero mirar a esas estrellas y pedir por ellas, y ellos, soñar con que nunca se diluirán mientras haya memoria.
Si hubo culpables que no han sido culpados o si hubo quienes se beneficiaron ellos sabrán qué precio les impondrá la conciencia. Yo sólo quiero, desde el corazón y la honestidad, mandar un guiño de saludo y esperanza.
7 años ya. 7 años, número lleno de simbología y magia.
Con mis mejores deseos y afectos.
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Etiquetas: Dedicatorias
jueves, 10 de marzo de 2011
Imágenes de Budapest
Ojalá os guste este vídeo. A mí la canción y la chica que la canta me gusta (digo su voz, porque lo demás, ni idea). Ahora que las imágenes que salen no sé cuáles serán. ¿Me las querríais describir?
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martes, 8 de marzo de 2011
Evasión de una vida de oscuridad
Si en otras ocasiones, he aprovechado este espacio para denunciar situaciones de falta de accesibilidad para los ciegos,en esta ocasión es para alabar un servicio que la Comunidad de Madrid nos presta.
Quiero compartir aquí este interesante artículo, publicado el pasado viernes en el diario Gente de Madrid. Os aseguro que funciona perfectamente, no en vano me toca coordinarlo.
Yo que conozco a Carmelo os diré que ciertamente es uno de los más asiduos usuarios de este servicio tan interesante para los ciegos madrileños.
Las manos le tiemblan ligeramente, pero avanzan rápidas sobre el papel. Carmelo Garralón dedica cinco o seis horas diarias a la lectura. Es, junto con la radio, su medio preferido para evadirse de una vida entera en la oscuridad. "Soy ciego de nacimiento y desde niño controlo el braille", explica Carmelo con una sonrisa, mientras enseña la calidad y el grosor del papel. Él es uno de los más de cien invidentes de la Comunidad beneficiarios del servicio de telebiblioteca de la Consejería de Cultura.
Un total de 1.543 madrileños reciben de forma gratuita en sus hogares libros procedentes de las bibliotecas autonómicas. De ellos, el 43 por ciento tienen algún tipo de discapacidad y 109 son usuarios de libros en braille. Esste servicio registró durante el pasado año un total de 10.828 préstamos.
La telebiblioteca, creada en 2007, permite solicitar libros en préstamo a través del teléfono 012 o la web www.madrid.org, y la Comunidad los manda gratuitamente en 48 horas a casa. Es un servicio que va dirigido a personas mayores de 70 años o con una minusvalía superior al 33 por ciento. Cada lector solicita una media de 12 préstamos al año de sus fondos, que incluyen audiolibros, libros de letra grande y de lectura fácil, entre otros documentos.
Este servicio dio en septiembre de 2009 un paso importante gracias al convenio que firmaron la Comunidad de Madrid y la ONCE y que ha permitido ofrecer una completa selección de obras a personas con discapacidad visual. Hasta la firma del acuerdo, la ONCE enviaba los libros por correo y el lector debía trasladarse a la oficina a recogerlos. Sin embargo, la voluminosidad de las obras en braille, que alcanzan los veinte tomos en libros como 'Los pilares de la Tierra', dificultaban su recogida a las personas mayores. "Llamo a la ONCE y la Comunidad los recoge, es mucho más cómodo para mí", asegura Carmelo.
Este vecino de Madrid es una de las personas que más utiliza este servicio, ya que su ritmo de 180 páginas diarias requiere una visita semanal de la telebiblioteca. Sin embargo, su afición no es generalizada. Muchos lectores invidentes están sustituyendo el braille por los audiolibros, más cómodos y rápidos. "El braille está en declive. La gente ahora prefiere los libros hablados", afirma Carmelo, que explica que es más difícil adquirir soltura con el braille cuando se pierde la visión durante la vida. "Para mí ese soniquete no es igual que leer", concluye.
El Gobierno regional, dentro de su Plan de Fomento de la Lectura, desarrolla otras acciones especialmente dirigidas a este segmento de la población, como el aumento de recursos específicos en su red de bibliotecas públicas, que cuenta con 16 centros. Estos ofrecen más de 3.500 audiolibros y más de 2.500 libros en letra grande y de lectura adaptada. En este campo destaca la Biblioteca Pública de Carabanchel Luis Rosales, abierta el pasado verano.
El 71 por ciento de los madrileños se consideran lectores, un porcentaje muy superior a la media nacional del 55 por ciento, según el Estudio sobre Hábitos de Lectura en la región, que indica que el índice en la Comunidad creció del 68'8 por ciento de 2004 al 71'2 por ciento en 2010.
Los lectores frecuentes han pasado del 49'6 por ciento en 2004, al 58,3 por ciento de 2010.
El idioma de lectura es el castellano para el 97,7 por ciento de la población, pero un 37,8 por ciento lee en dos o más lenguas.
El 47,1 por ciento se declara lector frecuente en soporte digital, aunque sólo un 3 por ciento tiene libro electrónico.
Los madrileños compran un 50 por ciento más de libros que el conjunto del país y en 2010 leyeron 9,2 libros de media.
Los usuarios de las bibliotecas crecen en un 50 por ciento y valoran el servicio con un notable.
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domingo, 6 de marzo de 2011
Domingos de aventuras
Como cada domingo, vaya mi cuentecillo de la semana. Que hayáis disfrutado de estos días de carnaval y que sigáis bien.
Aquel chico de 31 años se había acostumbrado ya a jugar a ser héroe durante cada uno de sus últimos domingos. Unos, lo hacía subiéndose a cierta diligencia para atravesar el Lejano Oeste en medio de la desolación o la bravura de los indios salvajes. Otros, los empleaba en surcar la inmensidad azul de tempestuosos océanos para llegar a islas preñadas de tesoros. En fin, los hubo también en que capitaneaba el equipo ganador en las carreras de cuádrigas en el circo romano o cuando pilotaba el helicóptero que salvaría a la más guapa de las supervivientes en el voraz incendio de un rascacielos en llamas. De todas esas hazañas se sintió protagonista y nunca se cansó de esperar cuál le depararía el domingo siguiente.
Y no crean que a nuestro personaje esa afición le había venido de siempre. Muy por el contrario, cuando conocidos y familiares le hablaban de lo increíble que era, él siempre ponía excusas: que si se aburriría, que si tenía cosas que hacer, que si esto o si lo otro. Hasta que llegó el día en que no pudo resistirse más. Cómo hacerlo. Sus mejores amigos le quisieron hacer como regalo de cumpleaños el definitivo momento en que vencería al objeto de tanta negativa. Le obsequiaron con una entrada para la primera sesión vespertina, en el Cine Rex, de “Las minas del rey Salomón”. Ah, ¿de eso se trataba? ¿De iniciarse en el mágico mundo de los sueños? ¿En el universo del celuloide?
Sí, así era. La cuestión estribaba en que Carlos era ciego y creía que aquello del cine no era para, los que como él, estaban privados de la vista.
Y, no obstante, los que le conocían bien, sabían que se equivocaba. No podía ser de otra manera, con lo que a él le gustaba leer, con la imaginación de la que siempre hacía gala y con su espíritu luchador tenían la certeza de que también disfrutaría, igual que de lo demás, viendo una peli.
Llegado el día de la aventura, un domingo de junio, sólo tendría que dirigirse, ayudado de su bastón, al Rex, la mejor sala de estrenos de la ciudad, la más moderna e innovadora. Lo tuvo fácil siguiendo las indicaciones dadas, una vez que salió del Metro.
Preguntó, conforme le dijeron, por Verónica. A lo que parecía, ella sería la encargada de acomodarle en la butaca correspondiente, Pero no sólo eso, se quedaría con él durante toda la proyección y le iría describiendo las imágenes que fueran apareciendo en pantalla. Sería sus ojos.
Así sí, se ilusionó Carlos. Con la guía de aquella voz tan llena de matices, la cosa podría funcionar. Aún les tendría que estar agradecido y darles la razón a quienes tanto le habían insistido en que se aficionase al cine.
Y lo que, en un principio le había parecido un compromiso, se tornó en un descubrimiento.
A la salida, la azafata se despidió de él invitándole a que cuando lo desease volviera por allí. Que si le había agradado, estarían encantados de ayudarle nuevamente.
Claro que había disfrutado. Su rostro no podía disimularlo. Una sonrisa pletórica era el espejo de lo que sentía en aquel momento.
Y desde entonces, convirtió en costumbre el pasar muchas tardes de domingo yendo a transformarse en superhombre gracias a los ojos y la voz de Verónica. Algunos, incluso, que conocían el servicio descriptivo de que disponía aquel establecimiento, llegaron a maliciarse que Carlos le había tomado demasiada afición a las pelis del Rex. ¿Sería por lo que daban o por…?
Hasta que un día llegó a su buzón de correo electrónico una noticia: "a partir del domingo siguiente, el cine Rex se modernizaba. La voluntariedad de las dos encargadas de audiodescribir a los ciegos, las escenas no habladas de las películas, serían sustituidas por un sistema moderno y automatizado denominado Audesc. Se confiaba, con ese avance, en mejorar la accesibilidad para los ciegos a la hora de integrarse en el ocio de la ciudad y que sería un acicate para el resto de salas de artes escénicas." ¿Qué creen que pensó Carlos?
Lo sintió, sí. Seguro que Verónica sería relegada, tal vez incluso despedida. Ella, siempre tan cariñosa, tan dispuesta a agradar. Y no es que hubiera llegado a intimar tanto como a algunos les hubiese gustado _tal vez a él también_ pero le había tomado cariño. ¿Y ahora qué? Una máquina, unos auriculares colgados de su cabezota, frialdad, distancia, lejanía. Seguro que lo hacían muy bien, pero...
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miércoles, 2 de marzo de 2011
Recomendaciones narrativas marzo 2011
Tiempo hace ya que no pongo sugerencias editoriales de reciente aparición. Con el comienzo de marzo, vuelvo a retomar esa sana costumbre.
Que os resulten de interés y pueda ayudar, alguna de ellas, a dar idea de qué leer.
AGUIRRE EL MAGNÍFICO
Manuel Vicent
Novela realista
Ed. Alfaguara, 2011. 256 págs.
Esta novela es un retablo ibérico en torno a la figura de Jesús Aguirre. Ex clérigo, doctor en Teología, ex director general de Música, la figura de Jesús Aguirre destacó por su perfil de intelectual, fue director de la editorial Taurus, miembro de la Real Academia y de la de Bellas Artes de San Fernando, pero sobre todo por ser duque consorte de Alba. Este libro no es exactamente su biografía, sino la memoria de un tiempo y de un espacio en la que este personaje, como una figura de Valle-Inclán, al reflejarse en los espejos deformantes del Callejón del Gato, podría expresar como esperpento medio siglo de historia de España.
AMOR Y OBSTÁCULOS
Aleksandar Hemon
Novela realista
Ed. Duomo, 2011. 396 págs.
Un joven de Sarajevo viaja a Estados Unidos dejando atrás una ciudad en guerra. Antes de partir promete a su gran amiga de infancia escribir un diario en el que recogerá sus sensaciones y experiencias. En su travesía asiste a la transformación de su propia identidad, y vive impresionantes aventuras cuyas circunstancias únicas nos involucran a todos. Años después, de nuevo ya en Sarajevo, conoce a un escritor estadounidense a quien acompaña una enigmática mujer, una figura que hará eco en su memoria, que para entonces parece haber desdibujado el recuerdo de una promesa.
DIARIOS DE BICICLETA
David Byrne
Literatura de viajes
Ed. Mondadori, 2011. 320 págs.
Hace aproximadamente dos décadas David Byrne descubrió la bicicleta plegable y comenzó a utilizarla en sus viajes alrededor del mundo. Con estos viajes nació la vista panorámica de la vida urbana, una manera mágica de abrirle los ojos a los ritmos y secretos de las ciudades. En lugares como Buenos Aires, Estambul, San Francisco y Londres, el foco se dirige más hacia el gremio de músicos y artistas. En Berlín o Manila reflexiona acerca de cuestiones políticas. A lo largo del camino, David Byrne reflexiona sobre muchas cuestiones; la globalización, la moda, la arquitectura, la soledad, y los cambios radicales que están sufriendo algunas ciudades. Todo esto narrado con un gran sentido común, humor y curiosidad.
HARALD EL VIQUINGO
Antonio Cabanillas de Blas
Novela histórica
Ed. La esfera de los libros, 2011. 376 págs.
Harald Sigurdarson fue el vikingo más famoso de su tiempo. En pleno siglo XI, llevó a cabo un extraordinario viaje que abarcó unas distancias asombrosas: desde York hasta Jerusalén y desde Trondheim a Creta. Llegó a ser rey de noruega y sus hazañas tuvieron amplia repercusión en las sagas nórdicas. Antonio Cavanillas de Blas, novela con maestría la increíble vida de este hombre que peleó con su hermanastro, el futuro San Olav, para reconquistar el reino de Noruega; amó a hermosas mujeres; cayó prisionero en Rusia; y llegó a Constantinopla al mando de una tropa varega para servir en la guardia imperial y defender Bizancio. A su regreso a tierras noruegas, logró hacerse con la corona, pero no satisfecho con esto, se embarcó a la conquista de Inglaterra. En el verano de 1066, Harald el Vikingo desembarcó con trescientos navíos en las costas inglesas, dispuesto a vencer o morir. El destino tendría la última palabra.
LOS HIJOS DEL CIELO
Luis Miguel Ariza
Novela de aventuras
Ed. Booket, 2011. 540 págs.
Mar de la China, 1805. En un buque a punto del naufragio viaja Xavier Balmis, un visionario médico español cegado por una misión que muchos consideran una locura: llevar la vacuna de la viruela hasta China dentro de los cuerpos de niños huérfanos y frenar así el avance de la enfermedad más mortal conocida por el hombre. Sin embargo, su valerosa gesta corre peligro: los temibles piratas chinos les cercan, las autoridades del país se niegan a cualquier intromisión occidental y Tomas, el último de los huérfanos que servían a Balmis como correa de transmisión de la vacuna, ha desaparecido. Solo cuando el sobrino del emperador caiga preso de la enfermedad, Balmis obtendrá el permiso para realizar su plan: vacunar a la población y lograr que el Imperio no desaparezca, pero la cura depende de la vida de un solo muchacho...
INVIERNO ROJO
Daphne Kalotay
Novela de intriga
Ed. Nuevas ediciones de bolsillo, 2011. 496 págs.
Un misterio se esconde detrás de las joyas de la célebre estrella del Bolshoi Nina Revskaya. Capturados dentro de un colgante de ámbar se conservan momentos del pasado que encierran su propio secreto y son testigos de los grandes cambios de la Historia. Un apasionante relato de amor, secretos y traiciones, a caballo entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la actualidad.
LAS RISAS DE MI HERMANO
Anne Icart
Novela realista
Ed. Maeva, 2011. 120 págs.
Se supone que un hermano mayor debe cuidar de los pequeños, pero ¿qué ocurre cuando el hermano mayor requiere una atención especial? Debido a unas complicaciones durante el parto, Philippe tiene una disminución psíquica que le impide ser como los demás, una «enfermedad que no se cura», tal y como los padres de Anne le dicen cuando apenas tiene siete años. Escrita en forma de breves episodios, esta emotiva narración, dirigida a Philippe como si se tratara de una larga carta, evoca los recuerdos de la infancia de Anne y expone las consecuencias que la sombra de su hermano ha tenido en su propia vida. Una tierna mirada a la infancia y una gran lección de amor y tolerancia.
LAS SEIS Y UNA NOCHES
Nelson Verástegui
Cuentos y relatos
Ed. Irreverentes, 2010. 136 págs.
Encontramos, en esta recopilación, una variada colección de cuentos creados a lo largo de varios años, entre 1995 y 2010. El lector viajará por diferentes países y situaciones, a veces fantásticas a veces cómicas, siempre inesperadas. Las preocupaciones de la vida moderna, sus innovaciones tecnológicas o los avances de la ciencia médica están presentes. El punto común de todos los relatos es la imaginación y la sorpresa. Ideas y detalles surgidos por ejemplo de un insomnio, una presa en construcción, el cambio de siglo, un profesor chiflado o enfermedades raras darán materia para reflexionar y divagar por el rico mundo de la ficción literaria.
SHALIMAR
Rebeca Ryman
Novela de aventuras
Ed. Zeta, 2010. 576 págs.
Emma Wyncliffe, una joven inglesa que vive con su familia en Delhi a finales del siglo XIX, se rebela contra los convencionalismos de la pudiente sociedad con la que convive a diario. A pesar de ello, se verá obligada a casarse con Damien Granville, un completo desconocido. Con el tiempo, Emma irá descubriendo el oscuro pasado de su marido, un hombre sospechoso de actuar como espía... “Shalimar” es una novela ambientada en los exuberantes valles de Cachemira, territorio que revestía gran interés estratégico y económico no sólo para los británicos, sino también para otros países, como Rusia.
EL VIAJE DE ARTEMIDORO
Luciano Canfora
Novela histórica
Ed. La esfera de los libros, 2011. 352 págs.
Artemidoro de Éfeso fue el geógrafo más grande de la Antigüedad y el viajero más intrépido del siglo II a.C; el primero que hizo una descripción del mundo conocido. Sin embargo su figura está envuelta en la bruma del tiempo y su extensísima obra se ha perdido. ¿Toda? Hace quince años apareció un misterioso papiro con un texto en griego y el primer mapa de la Península Ibérica que rápidamente se atribuyó al explorador griego, pero la duda de su autenticidad planea sobre él. Luciano Canfora reconstruye en este libro cautivador las huellas de Artemidoro: desde la difícil misión diplomática que le llevó de su Grecia natal a Roma, y su largo viaje a Occidente, más allá de las Columnas de Hércules; hasta el regreso a Oriente, a las costas etíopes, en los confines de un mundo donde la verdad y la leyenda se mezclan y deslumbran. Y, tras una exhaustiva investigación, nos desvela el origen del enigmático papiro.
LA VUELTA DE LOS 25: UN ATLAS GENERACIONAL DE JOHANNESBURGO A MOSCÚ
Marc Serena
Ensayo
Ediciones B, 2100. 352 págs.
Un gran retrato generacional escrito con el alma. Una ecologista china, una madre de familia del sur de África, un chamán peruano, un pescador filipino, una maorí de Nueva Zelanda, una futura cosmonauta rusa... Y todos de la misma edad. ¿Qué tienen en común? ¿Qué les preocupa? ¿Cómo viven? ¿Cómo afrontan el futuro? Éstas son las preguntas que durante un año el periodista Marc Serena ha planteado a 25 jóvenes durante un viaje que le llevó a dar la vuelta al mundo y a convivir con chicos de su misma edad, 25 años, de 25 países diferentes. Jóvenes pobres, ricos, con estudios, sin estudios, revolucionarios, conformistas, de grandes ciudades, de pequeños pueblos... Perfiles muy diferentes, pero todos actuales, sorprendentes, llenos de matices, que ofrecen nuevos puntos de vista sobre el mundo en que vivimos. El resultado es una crónica amena, sincera y divertida, que conforma un retrato generacional.
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lunes, 28 de febrero de 2011
Aquilino el barbero
A Aquilino Calvo muchos le aconsejaron que se adaptase a los tiempos, a las nuevas modas, que tornase navaja por tijeras y alcohol por crema.
Mas, él siempre se negó, se resistió a abdicar de sus normas, hijas de la costumbre y las enseñanzas legadas por quienes le habían precedido en la profesión.
Y es que Aquilino era barbero, ojo: no peluquero que, para eso hacía honor a su apellido y su cabeza lucía destapada como lo habían hecho aquellas deseables turistas en la España de los años sesenta. Barbero como lo fue su padre y su abuelo y su tatarabuelo aunque, eso sí, ya no se dedicara a arrancar muelas o purgar enfermedades a base de sanguijuelas voraces.
Su establecimiento tuvo fama hasta quedar superado por el misterio de lo nuevo y cuando, en su localidad, abrió puertas Pelos Mix, con sus profesionales bateras, sus ofertas de moda capilar y atractivos modelos quedó relegado a la nostalgia rancia de unos pocos.
Subsistía a base de mínimas aspiraciones y mucha resignación hasta que un día no le quedó más remedio que rendirse.
Ya no se juntaban en su barbería el boticario, el cura y el señor Julián, el de la tienda de ultramarinos. ellos, el último bastión de su mundo habían ido cayendo cual hojas en el otoño.
Aquilino estaba solo, una tarde de marzo, sumido en sus recuerdos de afeitados bien hechos y discusiones de fútbol o política mientras liaba aquel tabaco de picadura. Sí, en ésas estaba cuando el aire le trajo aroma de pinos. Tuvo una premonición: esos pinos no eran los del Solano que plantaran hacía tantos años, eran las tablas que constituirían una caja, un ataúd. ¿Sería para enterrarle a él o a su establecimiento? Fuera lo que fuese, de una cosa estaba bien seguro: que la vieja dama de la guadaña lo tendría difícil, que lucharía con la bravura de los animales de mejor casta, erguido siempre hasta el final.
Ahora, cuando María urga en el pasado de su pueblo, no puede por menos que admirar a aquel Aquilino que supo resistir incólume al viento arrollador del progreso. Ella ha querido rendirle homenaje, a él y a otros, y otras, como él, recogiéndolos en un libro costumbrista. No importa que éste no llegue a alcanzar los primeros puestos en las listas de ventas editoriales, lo importante es que vuelvan a la vida porque la manera de resucitarlos será rescatándolos del olvido.
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jueves, 24 de febrero de 2011
Chipre: en busca de Afrodita
Esta vez no es que yo haya viajado, pero sí quiero compartir con vosotros uno de esos lugares a los que a uno le gustaría ir. Quien sabe, si....
Cuenta la leyenda que, de entre todos los lugares del Mediterráneo donde Afrodita, la diosa más querida del Olimpo, pudo elegir para tentar a los hombres, fue Chipre el elegido. Tenía todo lo que la diosa del amor, la belleza y la fertilidad podía pedir: un mar transparente, una naturaleza virgen, unas gentes familiarizadas con las aventuras terrenales de los dioses...
Y en efecto hoy, milenios después, la isla más oriental del Mare Nostrum, la tercera más grande, la única dividida en dos naciones, está llena de lugares que rememoran el paso de la diosa. Aquí está, en medio del tramo más bello del litoral de Chipre entre Pafos y Limasol, la Roca de Afrodita, el punto exacto donde la diosa emergió de las aguas en una concha tirada por delfines.
Es un conjunto de tres extrañas rocas, de naturaleza inhabitual en la zona, próxima a una playa con guijarros. En invierno apenas se acerca hasta ella un pescador solitario que busca un pez despistado. Pero en primavera y en verano el lugar se llena de grupos de turistas que fotografían incansables las tres míticas rocas. Y durante todo el año se acercan mujeres infértiles o solitarias que atan lazos en un matorral, confiando en superar, gracias a Afrodita, su problema. Los más atrevidos dan una o varias vueltas nadando alrededor de la roca confiando en que, según la tradición, rejuvenecerán un año por cada vuelta.
Pero también están por aquí los Baños de Afrodita, junto a la bahía de Lara, varios templos dedicados a ella como el de Palepafos (Pafos) y a algunos de sus variados amantes (Ares, Adonis...) o hijos (Eros, Hermafrodita, Príapo, Eneas...).
Si uno cree en la presencia de dioses y héroes del Olimpo, no puede dudar de la de otros ilustres visitantes, haya o no pruebas de ello. Como Santa Elena, la madre del emperador Constantino, que se trajo “por error” porque creía que estaba en Grecia, un pedazo del lignum crucis, que se venera en la iglesia de la Santa Cruz, en el pintoresco pueblo de Lefkara que también, al parecer, fue visitado por el mismísimo Leonardo da Vinci en 1481 para encargar un mantel de encaje para el altar del Duomo de Milán donde aún se encuentra y, de paso, diseñar un dibujo de encaje que casi todas las habitantes de la villa se afanan en reproducir para venderlo a los turistas.
Aquí llegó también Ricardo Corazón de León para rescatar a su hermana y a su prometida, y otros ilustres como San Pablo, San Lázaro, San Antonio y un largo etcétera que tienen sus respectivas iglesias a lo largo y ancho de Chipre. Y muchas de esas iglesias, en su mayoría bizantinas y consagradas al rito ortodoxo, son algunas de las maravillas que pueden descubrirse en la isla. No en vano se ha llamado a Chipre “la isla de los santos”.
En el interior se esconden muchas de estas pequeñas iglesias bizantinas, auténticos tesoros por sus pinturas e iconos. Diez de ellas han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aunque cada una es diferente, todas siguen un cierto canon ortodoxo y se dividen según un orden teológico. La cúpula simboliza el Cielo, presidido por la imagen de Cristo pantocrátor y, debajo, escenas del Nuevo Testamento.
Tal vez una de las más bellas, que bien podría ser calificada como “la capilla Sixtina chipriota”, es la de Agios Nikolaos tis Stegis (San Nicolás del Tejado) con un curioso tejado doble que le da nombre. Su estructura original es del siglo XI y en su interior, totalmente recubierto de imágenes, están algunas de las pinturas más antiguas de toda la región de Troodos.
Chipre ofrece numerosos contrastes en muy poca distancia. En lo histórico y arquitectónico se pasa de las ruinas de antiguas ciudades griegas y romanas como Pafos (Patrimonio de la Humanidad), Kourion, Amathous, Kition, Soli o Salamina con restos de templos, basílicas, termas, palestras y palacios, a buenos ejemplos de arquitectura colonial, como el bello Museo de la Fundación Pierides en Lárnaca, un buen escaparate de la historia de la isla desde el período neolítico a la Edad Media. Y pasando, claro está, por la arquitectura medieval, como las catedrales y los anillos defensivos de Famagusta y Nicosia.
Chipre es también tierra de contrastes en su orografía y naturaleza. En apenas unas horas se puede pasar del litoral con bonitas y cuidadas playas como las de Makronisos, Landa y Nissi o las que se encuentran en la bahía de Famagusta y en la península de Afamas, entre las más bellas y salvajes de la isla, al paisaje agreste de la península de Karpas o los bosques de pinos y cedros del macizo volcánico de Troodos.
Y ya que hablamos de contrastes, un breve repaso a la gastronomía de Chipre permitirá apreciar que también en este aspecto existen. La cocina chipriota es una mezcla de las cocinas griega y turca con algunas influencias británicas. Casi todas las comidas suelen empezar, y a veces también terminar, con el meze, una selección de aperitivos y platos que incluye aceitunas, berenjenas, alcaparras, pimientos fritos, tomates,loukanika (salchicha ahumada), tzatziki (pasta de yogur y pepinos), humus de distintos tipos y muchas cosas más, hasta completar 15 o 20 variedades. En la costa preparan algo parecido a base de pescados y mariscos. Se suele acompañar con la rica cerveza local (en botellas de 2/3 de litro) y algunos vinos aceptables y terminar con el contundente aguardiente zivania y el típico café chipriota, con los posos en el fondo.
Enrique Sancho
© revistaiberica
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martes, 22 de febrero de 2011
¿Y si...?
Lanzar una piedra de colores a un estanque, enviar mensajes sin saber quién los leerá, lo mismo que las entradas que uno va publicando, salir a pasear un sábado por la tarde ignorando si congeniará con alguien. Todas estas incógnitas forman parte de esa pregunta clave: "¿Y si...?"
¿Y si cuando lanzas esa piedra de colores al estanque la recoge un duende que, a cambio, te obsequia con su magia?
¿Y si cuando mandas los mensajes y publicas entradas resulta que sirven para que alguien se anime?
¿Y si cuando sales a dar ese paseo vas y te encuentras con... la promesa de una amistad hecha sonrisa y piropo?
Pero, más aún...
¿Y si decides intentar un nuevo reto dejando de lado la ceguera, la pereza o el miedo?
Atreverte a acudir a una actividad cultural como uno más, a adentrarte en un centro comercial, a visitar un nuevo lugar...
No sé, tengo la ilusión de que merece la pena el hacerlo, el intentarlo. Y, bueno, hay veces en las que uno se frustra pero la alegría que se siente cuando te encuentras con la sorpresa de que lo has logrado es casi insuperable.
En cualquier caso, todos esos "Y sis", al menos a mí, me sirven como fuente de inspiración para cuentos y charlas alrededor de un encuentro.
¿Qué os parece?
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domingo, 20 de febrero de 2011
El arrojo de Inés
¿Os sorprende que os mande un cuento? Ya, ya sé; es lo que toca cada domingo.
Bueno, pues aquí estoy puntual a mi cita.
Que estéis disfrutando de él y que la semana os sea tranquila.
A Inés, a aquellas alturas de su vida, ya no le importaba que la tildasen de intrépida. Ahora ya no, pero hubo un tiempo en que no creyó que llegaría a serlo. Y eso que de adolescente, una amiga de su madre le auguró, ayudada de una tirada de cartas, que superaría aventuras y obstáculos aparentemente insalvables, que era un ser inquieto que no se resignaba. En aquel momento de sus quince años no le importaban esas predicciones. Lo que ella quería saber es si Jorge, el guaperas de la clase, se fijaría en ella, la querría. Pero de esto, las cartas nada decían, así que, decepcionada, se enfurruñó, salió atropellando a su madre que, en ese momento, venía para anunciar que la merienda estaba preparada, al tiempo que la oía decir:
-Ah, esta hija mía, ¿qué voy a hacer con ella? ¿Qué mosca le ha picado ahora? Asun, ¿qué os ha pasado? No puede ser que se ponga así. Y menos contigo.
-Déjala. Es que el tarot no le ha dicho lo que ella quería oír y claro, yo no quise que se engañara ni engañarla. Ya sé, ya sé. Para ti y para mí, la cartomancia no es más que un juego, pero para ella...
Se disponía a salir a la calle cuando su mente, recordó aquella escena de otra lejana tarde gemela de la que se disponía a disfrutar. No pudo por menos que sonreír porque las cartas habían tenido razón. Se empeñó en ir a la universidad para estudiar una carrera, entonces, vedada a las chicas y no sólo la aprobó, sino que lo hizo con las mejores calificaciones. No se resignó a que constituyese un mero título y, por eso, no paró hasta hacerse un hueco en la profesión. Viajó, se casó, se divorció, alcanzó notoriedad y prestigio.
Mas todo eso pasó a segundo plano cuando una noche, sin saber la razón, ya en su lecho de descanso, sus ojos empezaron a mostrarle unas inoportunas luces, chispitas, culebrillas, destellos. ¿Qué podría ser? Las horas se le hicieron eternas. Cuando al día siguiente, el médico dictó su sentencia, creyó que todo lo que, hasta entonces, había conseguido, carecía de valor. Su mundo se le venía abajo. Tendría que reinventarlo porque la ceguera se había adueñado de su existencia. ¿Qué hacer?
Sí, le dijeron que le podrían enseñar a moverse, a leer, a ver de otra manera. No les creyó y se hundió en un abismo de autocompasión y renuncias en soledad.
Los detalles que siempre le habían pasado desapercibidos ahora cobraban trascendencia, ahora que ya no los podía ver: los colores de un cartel luminoso, la inmensidad del cielo y sus nubes, las expresiones de los rostros que se cruzaban en su camino. Nunca fue muy observadora ocupada como estaba luchando por sobrevivir en un entorno plagado de competitividad.
Y, no obstante, al final lo hizo. Bien fuera por el destino que le mostraran aquellas remotas figuras de una baraja o porque su carácter no le permitiera elegir otra opción, el caso es que, al fin, se puso en marcha y acudió allá donde le podrían ayudar. Se dejó guiar por su arrojo de siempre, por ese fuego que la impulsaba a ser la mejor y lo logró. Volvió a hacerse presente, se puso su armadura de mujer luchadora y valerosa, y quienes la habían conocido volvieron a decirse: "Inés es ya otra vez la que fue. ¡Qué pedazo de mujer!"
Lo que todos ésos no sabían era que cada paso que había dado, requirió de todo su arrojo. Superar el miedo ante lo que pudiera venírsele encima, aprender a escuchar, oler, discernir y obviar murmullos, y comentarios, de quienes no asumían el que ahora era diferente.
Pero todo eso ya formaba parte de su pasado. Pensó que se volvía vieja. Tornó a sonreír: "superarás aventuras y obstáculos aparentemente insalvables". Ja ja. Pero nada, nada. Que se iba a dar una vuelta, que la lluvia inclemente de esa tarde no iba a hacer que se echase para atrás. Se calzó su impermeable y, en una mano, portaría el paraguas y en la otra su bastón blanco. ¿Qué más? Si algún guapo galán se ofrecía a ayudarla, que la tomase del brazo aunque no fuera lo correcto. Ella se dejaría.
No había quedado con nadie, tampoco le hacía falta. Daría un paseo y se tomaría algo en la cervecería de siempre. Escucharía, imaginaría, fantasearía. Cómo había cambiado su manera de entretenerse.
-Holaaa. No puede ser, ¿eres la Inés de hace tantos años? Ya no te acordarás de mí.
Quien así la interpeló era poseedor de una voz masculina, entusiasta, preñada de matices. Se ve que se alegraba. ¿Quién podría ser?
-No sé. No le reconozco. Discúlpeme, no juegue con mi ceguera. Dígame su nombre o déjeme seguir con mi paseo.
-Soy Jorge, el Jorge del instituto donde estudiamos juntos. Ya sé, ha pasado un mundo pero, al fin, aquí esttamos. ¿Querrías... no sé, dejar que te invite y recordemos?
¿Sería posible que fuera ahora cuando aquellas cartas de Asun, la amiga de su madre, de la que ya nada sabía, estuvieran dándole la respuesta que tanto anheló en su lejana adolescencia?
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Etiquetas: Relatos
martes, 15 de febrero de 2011
Cáceres y Trujillo: mi último viaje
El pasado fin de semana pude saciar, otra vez más, ese ansia viajera que me caracteriza. Se trataba, gracias a una excursión organizada por la ONCE de Madrid, de conocer dos ciudades emblemáticas de Extremadura: Cáceres y Trujillo.
Participamos 50 personas, ciegos la mayoría y, con el apoyo de dos excelentes monitoras, pudimos hacer la visita con normalidad.
Sin duda que lo que pueda contaros aquí, en base a mi particular punto de vista, diferirá de la impresión que quienes veis podríais tener de esos lugares.
Cáceres me defraudó. Me pareció difícil la idea de pasar unos días de vacaciones solo por demasiados espacios abiertos y sin referencias, además de ignorar si dispone de elementos de accesibilidad (maquetas, braille...). No negaré que la ciudad tiene un rico pasado, fruto del cual, han quedado edificios monumentales que la hacen merecedora de ser patrimonio de la humanidad. Sin embargo, no conseguí que penetrara en mí, que me enganchara. Tal vez, ello fuera fruto de que la guía que nos la explicaba no nos aportó ese calor y esas historias que van más allá de lo que uno puede buscar en Internet o en los libros. eché en falta, curiosidades, leyendas, anécdotas. Destacaría, eso sí, el palacio de los Carvajal con su acogedor patio interior, en el que con el fondo del trinar de pájaros, pude tocar su higuera centenaria. El algibe, al que nos atrevimos, cómo no, a bajar hasta su nivel inferior para poder admirar la genialidad constructora de los árabes. O la concatedral de santa María, con su retablo, que pudimos tocar para tener una ligera aproximación sobre su talla.
La plaza Mayor estaba completamente en obras, por lo que no nos fue posible pasear por ella para hacernos idea de cómo es. Eso sí, pudimos palpar el almohadillado granítico en la muralla o la recia madera de puertas tachonadas.
Respecto a Trujillo, me gustó más. La guía fue mejor y, con su entusiasmo, nos hizo revivir la historia. Ahora bien, me pareció una ciudad ardua para moverse, ya que está edificada sobre una montaña de roca granítica, además de con un pavimento apropiado para la época en la que las caballerías eran el medio de transporte habitual, pero que, para este grupo de ciegos urbanitas, resultaba incómodo al engancharse el bastón en el empedrado y tener que estar vigilando de no resbalar ante la pendiente o las escaleras.
La gastronomía, contundente, con su cocido extremeño, sus migas o sus guisos, regados con vino de Pitarra. No pude resistirme a comprar las deliciosas perrunillas (especie de pasta a base de harina, manteca y almendras) y algo de queso de la tierra (que para algo ha de notarse eso de que, en alguna de mis anteriores vidas, debí de ser ratón).
Tal vez, necesite volver con más calma y pausa para rectificar esa cierta decepción que me he traído. O... que alguien me la explique mejor.
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Etiquetas: De viajes
viernes, 11 de febrero de 2011
Clepsidra
Hace tiempo que no comparto aquí etimologías de palabras. En esta tarde de viernes me ha dado por buscar la de uno de esos vocablos que al escucharlos nos traen reminiscencias de un pasado evocador.
¿Quién no ha soñado con fabricar una? ¿Y con jugar a medir el tiempo con ella en vez de con los impersonales instrumentos digitales?
Los relojes de agua miden el tiempo por la demora que experimenta una determinada cantidad de agua para escurrirse, por efecto de la gravedad, desde la parte superior hacia la inferior del aparato a través de un pequeño orificio. Las horas están marcadas en las paredes del recipiente superior o del inferior del dispositivo. Se utilizaban antiguamente en Grecia y en Roma para medir el tiempo usado en los alegatos de los tribunales, aunque se cree que su origen es egipcio.
En cuanto al nombre clepsidra, proviene del griego klepsydra, formado por kleptein, robar e hydro, agua. Haría referencia a que el recipiente inferior roba el agua al superior.
Cabe observar que kleptein dio lugar a cultismos conocidos en el siglo XX, tales como cleptomanía, cleptómano*, cleptomaníaco, en los que el verbo griego se combinó con manía locura.
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Etiquetas: El origen de la palabra
martes, 8 de febrero de 2011
El hotel Victoria Falls de Zimbabwe
Que hace ya algún tiempo que no os hablo de alguno de esos hoteles míticos en los que a uno le gustaría visitar, aunque sólo fuera por el placer de decir que estás pisando la Historia. ¿Por qué no? Soñemos.
En plena naturaleza, el principal monumento construido por el hombre es un hotel, el Victoria Falls Hotel, uno de los más clásicos entre las referencias coloniales, de remozados patios interiores y su gran terraza asomada directamente a los cortados del río Zambezee.
El Victoria Falls fue, y es todavía, el gran hotel de los viajeros con espíritu de aventura, pero también, parada obligada para empresarios, políticos y miembros de la realeza europea en sus visitas por la zona. Fue creado en 1904 y mantiene el estilo con el que fue inaugurado, eso si: reformado y adaptado a las necesidades actuales. Los salones y habitaciones tienen un toque fresco e inconfundiblemente británico en sus tapicerías, sus camas con dosel y sus cómodos sofás, con una leve nota africana. Tomar el té en la terraza, disfrutando de la fantástica vista de las cataratas Zambezee, es uno de esos placeres que recompensa al viajero agotado.
Información y reservas:
victoriafallshotel.com.
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Etiquetas: Hoteles con Historia
domingo, 6 de febrero de 2011
La emboscada
Superados mis problemas informáticos que he padecido días atrás, vuelvo con mi costumbre cuentista de cada semana.
Que estéis bien.
La señora María Velasco León de Guevara había sabido siempre nadar y guardar la ropa en materia de amores hasta que se encontró con aquel apuesto galán.
Como cada domingo, a primera hora, acompañada de su doncella, se había dirigido a la misa preceptiva, que siempre gustaba de oír en la pequeña capilla de santa Lucía.
Era un día soleado, no obstante corresponder al loco febrerillo _ya se sabe: un día peor que otro_. Y, sin embargo, la calidez de los rayos de sol invernales la animaron a salir de su casona con tiempo de dar un paseo previo.
Se dejó llevar por el destino sin abrigar sospechas. Total, era domingo y ella era una señora de la clase poderosa en aquel reino con título de grandeza venido a menos.
Su doncella, que conocía los intríngulis de aquella señora tan adelantada a su época, pero con la que tanto congeniaba, la seguía sumisa. Callejeaban, supuso, en dirección al Jardín de las rosas, lugar predilecto de esparcimientos de doña María..
Todo marchaba bien, disponían de tiempo, hasta que se vieron rodeadas.
Unos pillastres les estaban tendiendo una emboscada. ¿Cómo era posible? ¡A ellas que gozaban de la protección de las autoridades?
Entonces lo vieron claro. El suntuoso collar de perlas que lucía había atraído a los rufianes cual imán al hierro. Ya era tarde para ocultarlo. ¿Por qué se le ocurrió, precisamente aquel día elegirlo? Siempre lo tenía guardado en su joyero mas valioso. Sólo le gustaba contemplarlo, y, con ello, revivir la aventura que se lo había dejado como recuerdo.
Y es que, un ya lejano día de septiembre, tuvo que contemplar cómo su hermana Felipa la convenció para que se uniera a la expedición de conquista y exploración de la Amazonía. Se dejó arrastrar por el loco entusiasmo de aquélla, por su ansia protectora y, porqué no decirlo, porque a ella también le seducía la idea de descubrir nuevos mundos.
. Se disfrazaron de muchachos y, pertrechadas con el arrojo de la juventud, pudieron embarcarse, con no poca fortuna, en la nave capitana.
Muchos peligros y sinsabores tuvieron que afrontar en el periplo. Mas, al fin, la expedición alcanzó notable éxito. Aunque para doña María no fuera tal. Su hermana murió de fiebres y ella tuvo que aceptar que su mundo no era el de selvas tenebrosas ni luchas estériles. Eso sí, se trajo aquella joya que le entregara un hechicero, sin que ella pudiera nunca saber la razón del obsequio.
Regresó y retornó a su condición de mujer casadera. A quienes le preguntaban dónde había estado aquellos años, les respondía con vaguedades. ¿Y sus padres? La madre murió de angustia tras la partida de sus hijas y el padre siguió guerreando junto a su rey, como siempre hizo, hasta morir también. Sólo quedaba ella para recibir el favor real y bien que lo había obtenido.
Pero de todo aquello, había pasado ya mucho tiempo. Ahora tenía una vida asentada en el prestigio de su salón de moda, al que acudía lo más granado de la urbe, y no sólo porque de él salieran las tendencias del vestir, sino por el ambiente de progreso que se respiraba.
Y ahora se veía acechada por el peligro de la codicia de sus asaltantes. Ya las manos del líder de aquella manada se atenazaban sobre su cuello y entonces...
Entonces la espada refulgió en el aire.
-¡Deteneos o mi brazo se encargará de poner fin a vuestra infamia!
La voz era potente, gruesa, hecha a la palabra de discurso.
Y los rapaces huyeron. ¿Cómo resistirse a semejante amenaza?
Dueña y doncella, repuestas ya del asalto, quisieron honrar a su salvador.
-Gracias sean dadas al cielo por habernos traído hasta aquí a vuestra señoría. ¿Quién sois?
Mientras, doña María pronunciaba estas palabras, se prendaba irremediablemente del caballero.
-Soy Lope Nuño y me dirigía a la catedral para dar aviso a su canónigo, mi hermano, de que nuestro padre le reclama para que sea testigo de la ceremonia de compromiso entre Ana de Mendoza y mi humilde persona. Pronto nos casaremos y hoy es el día en que nuestra feliz unión dará su comienzo con el beneplácito de las familias y, por lo que parece, de Dios. Lo digo por el feliz acontecimiento en el que me ha sido dado participar al ayudar a salvaros de semejante peligro. Beso su mano y me pongo a sus pies.
Aunque la cortesía se impuso, doña María no pudo por menos que maldecir su sino. Casi no podía creerlo: tantos años rechazando al amor y ahora que lo encontraba, era éste el que la rechazaba a ella mediante un compromiso.
-¿Me permitirá que le haga entrega de un presente como muestra de gratitud por su ayuda?
-Oh, el presente ya me lo hace al mostrarme su hermosa sonrisa.
-No sea tan galante. Si me hace llegar un retrato de su prometida, le haré el más bonito traje con que ella pueda soñar. Así, vos se lo podréis regalar como prueba de afecto. No sería yo la que soy, si no fuera capaz de ello.
-bueno, bueno; a eso no puedo negarme. Tenga, aquí lo tiene _extrajo de su jubón un medallón_. ¿Es hermosa, verdad?
Tras un instante de miradas, cada uno siguió su camino. Él lleno de ilusión y ella embargada por otro dolor más que se sumarían a los ya guardados en su alma. Eso sí, no dudaría en cumplir su promesa para con el caballero. Sería una demostración más de una voluntad heroica, la suya. Aunque, otra vez más, se dijese lo mismo de siempre: ¿de qué le servía si no le valía para alcanzar la verdadera felicidad?
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Etiquetas: Relatos
jueves, 3 de febrero de 2011
Pido la palabra
Estos días se está celebrando juicio contra uno de los presuntos implicados en el caso de la desaparición de Marta del Castillo.
Como homenaje a esta chica y a todas aquellas otras que han sido objeto de la brutalidad de desalmados que no saben que la vida es un regalo de Dios que a nadie le está permitido mancillar ni hurtar, quiero compartir esta canción tan llena de significados y sentimiento.
Con cariño y de corazón, vaya mi recuerdo para Marta, su familia y la de otras chicas como ella.
Que nadie les robe esa palabra que Andy y Lucas junto a Diana Navarro le dedican
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martes, 1 de febrero de 2011
Volver
Tras una semana en el dique seco vuelvo, por fin, a estar conectado al mundo cibernético.
Que tengas que apagar el ordenador porque se te cuelga y no hay otro modo de continuar, y que luego quieras que arranque de nuevo y ya no haya forma. Eso es lo que me sucedió el pasado martes.
Así que nada, a llamar al técnico y a maldecirme por no haber sido precabido y guardar copia de seguridad de la información.
Total, sin decir que haya sido una tragedia, sí es una pena que el trabajo de años deje de estar a la mano porque, en general, lo que he ido publicando, está en este espacio que es tiflohomero.
Ahora, sí que hay algo que he perdido: las direcciones de contacto de vosotras y vosotros con los que tenía relación a través de ese medio. Por ello, os pediría que me escribáis para volver a agregaros a la libreta de direcciones. No penséis que me he vuelto un maleducado descortés, sino que no tengo medio de llamar a vuestra puerta virtual.
Gracias por ser tan comprensivos y estar, como siempre, a mi lado.
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domingo, 23 de enero de 2011
La certeza del destino
El pasado lunes se celebró san Antón, el patrón de los animales. Quiero, con mi cuentecillo de hoy, rendir un sencillo homenaje a ellos y, en especial, a los perros guías.
Que os guste y disfrutéis de una buena semana.
Él siempre supo que su destino sería estar con ella, acompañarla. Aunque ignorase cómo pudo tener esa certeza, la verdad es que sí, siempre lo supo.
Nació en una confortable sala paritorio, le pusieron por nombre Homero y a él, igual que a sus otros hermanos de nacimiento, su madre les amamantó y mimó como la mejor de las madres.
Los días cómodos pronto pasaron y sin apenas él darse cuenta, fue presentado a quienes le enseñarían a cumplir con su Norte.
El lugar al que le llevaron era bonito. Una casa grande junto al mar.Las personas con las que le había tocado convivir se veían buenas, una pareja joven y moderna sin hijos. Con Homero siempre fueron muy cariñosos y siempre que podían se ocupaban de él.
Mientras nuestro protagonista iba creciendo, aprendía a comportarse en casa, a subir a los transportes públicos, a no asustarse del ruido de la ciudad, a no abalanzarse sobre otros como él o ante lo que le llamase su atención, su aspecto se tornaba cada vez más definitivo, su pelo dorado adquiría unos rizos rebeldes, sus orejillas enhiestas siempre se mostraban alerta y su faz se plagaba de expresividad. Su memoria se fue llenando de olores para recordar.
Era feliz. De vez en cuando venían a ver cómo progresaba, creían que no les entendía pero él escuchaba y se alegraba al notar que hablaban bien de él.
Y otro día, cuando ya se había acostumbrado a sus correrías por la playa, a su rutina, cuando sentía que ya se había hecho mayor, le llevaron de nuevo al lugar donde había nacido. Aquellos Moncho y Elvira se despidieron de él con tristeza y a él también le dolió aunque retornar a los espacios del principio tampoco es que le importara demasiado, aún los recordaba, le resultaban familiares.
Cuando llegó le hicieron una fiesta de carantoñas y regalos, y una guapa entrenadora le habló:
-Hola Homero, soy Alicia. A partir de hoy vas a aprender cosas nuevas. Te enseñaré a llevar una cosa que se llama arnés. No te asustes, no te hará daño y será como si fuera tu nueva mano, de él te cogeré y tú me guiarás. Te iré hablando, como lo estoy haciendo ahora, para decirte cómo has de llevar el paso, cómo has de pararte para indicarme que vamos a subir o bajar o la manera en que deberás buscar un cruce ouna puerta.
Y Homero, casi sin pretenderlo, únicamente dejó escapar un menguado “guauuu”, muy alejado de aquellos otros alegres “guaus” que, hasta entonces habían sido su lenguaje.
¿Lo habéis adivinado ya? Homero era un perro guía, un perro lazarillo de raza Golden retriéver, , cuya existencia tenía como misión la de ayudar a una persona ciega a gozar de una vida autónoma y plena.
¿Que quién sería esa persona? Dependería de sus características, de su genio, de su forma de moverse.
Alicia enseñó a Homero todo lo que necesitaría saber para hacer su labor como un maestro. Y hemos de señalar que su tarea fue sencilla, porque resultó el mejor de los alumnos, despierto, dócil y disciplinado.
¿Y qué fue lo que sucedió una mañana de septiembre? Pues que Homero fue entregado a la que sería su dueña. Claro, no podía ser de otra forma. La certeza del destino se cumplía y le tocó guiar a Montse, una chica algo insegura y tímida, pero con la que congenió desde que ella le acarició su barbilla, su cara, su cuerpo, reconociéndole, guardándoselo en su interior, queriendo confiar en él. Y Homero se dejó hacer porque supo que se llevarían bien, que había sido afortunado.
¿Y Montse? ¿No creéis que también lo había sido?
Pasaron los años. Muchas cosas habían hecho juntos, muchos caminos habían compartido: viajaron, lucharon, vivieron experiencias de amor y amistad, y se hicieron dependientes el uno de la otra. Homero había envejecido y Montse quiso darle lo mejor de sí misma: quedarse con él hasta el final, no sustituirlo por otro, como si de un traje se tratara, retomaría un olvidado bastón blanco para salir y cuando Homero tuviese que partir para el cielo de los perros, ella nunca lo olvidaría. Tal vez, sólo después de entonces, solicitaría otro compañero, otros ojos, pero… a ninguno podría querer tanto como a su fiel Homero.
Publicado por Alberto en 7:35 p. m. 3 Dejaron su huella
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