domingo, 8 de febrero de 2009

El baobab


Recientemente he tenido ocasión de leer el libro de Xavier Moret “A la sombra del baobab”. No conocía estos árboles majestuosos, pero parece que son uno de los más magníficos del mundo y desde luego el mayor de África.
Quiero iniciar una nueva categoría de entradas que hable de árboles legendarios y os incite, con ello, a compartir experiencias relacionadas con esos seres tan magníficos y que, por desgracia, reciben agresiones tan brutales y despiadadas, sin darnos cuenta de que su destrucción indiscriminada equivale a nuestra propia destrucción.

Pueden llegar a alcanzar una altura de 25 ms. De altura y 40 ms. De diámetro. Tienen unas flores blancas en forma de mano y producen unos frutos similares a un melón pequeño.
Cuenta la leyenda que…



En un paraje muy lejano de la enigmática África, hace muchísimo tiempo vivía una familia de conejos muy pobres en la cual papá conejo se ganaba la vida como podía para tan solo llegar al anochecer a su casa con unas cuantas monedas y así poder comer con su familia lo poco que podían comprar.
La vida era muy difícil para esta familia de conejos, mamá preparaba la comida para sus hijos con mucho cariño pero con pocas papas y en una cocina ya demasiado vieja. Cierto día, papá conejo se cansó de tanto caminar por el caluroso desierto llevando una encomienda que le habían designado y simplemente se echó a descansar bajo la sombra de un árbol grueso y de enormes ramas.
- ¡Oh, qué buena sombra que da este árbol!.- dijo el conejo.- creo que descansaré un rato, hace mucho calor y no he almorzado todavía.
Y así, el conejo se sentó a la sombra del árbol a lamentar su suerte. Comenzó por maldecir al sol que tanto le quemaba, a la arena que siempre se le metía entre las patas, a la lluvia por inundar su aldea y todo el mundo. Cuando de pronto, el robusto árbol sobre el cual él estaba empezó a hablarle con una voz muy dulce.
- Amigo conejo, ¿Por qué te lamentas de tu suerte?, ¿Acaso no estás contento como eres?.- Replicó el árbol.
- Vaya, qué triste y desdichada es mi vida. Si tan solo pudiera ser un árbol como tú... ¡Claro!, todo el día parado, sin tener que trabajar, tan solo estiras tus hojas y recibes el alimento del sol y de la lluvia. ¡Qué más podrías pedir!.- se lamentaba el conejo.- En cambio yo, tengo que trabajar muy duro, tengo que padecer de hambre por darle de comer a mis hijos... ¡Qué triste es mi vida!
El árbol se puso muy triste por las palabras del conejo y le dijo con su melodiosa voz.
- ¿Sabes?, soy un Baobab, y, a pesar de que nunca hablo con los animales, me has conmovido mi joven amigo conejo.
Luego de estas palabras, el conejo se puso de pie y miró al árbol desde arriba hacia abajo. El conejo no se había percatado de que aquel árbol era en realidad un baobab, y el conejo, que no era nada bruto, sabía lo que decían todos sobre el baobab :” El baobab guarda muchas riquezas en su corazón, pero son pocas las personas que logran descubrir tal tesoro”. Luego de esto, papá conejo se asustó mucho y se arrodilló ante el baobab.
- Perdóneme señor baobab por maldecir a la naturaleza, le prometo que no volveré a quejarme de mi suerte, solo déjeme ir y seguiré trabajando firme para no tener que lamentarme por lo que soy.- dijo el conejo mientras se disponía a seguir con su trabajo.
- Espera un momento amigo conejo, no te vayas aún...
De pronto, el baobab estiró sus ramas fuertemente y el corazón que tenía entre ellas se dio al descubierto. Papá conejo se quedó asombrado, pero a la vez temeroso de que el baobab le hiciera alguna especie de daño por hablar mal de la naturaleza. El baobab, en cambio, dio un suspiro de regocijo y, luego de unos segundos de silencio, el corazón del baobab se abrió lentamente. Ese oscuro núcleo comenzó a descubrir todo lo que tenía en su interior y ¡oh sorpresa!, el baobab tenía en el interior de su corazón muchos tesoros : joyas, diamantes, monedas de oro, perlas, rubíes, piedras preciosas, telas finas, etc. Papá conejo se quedó asombrado ante tal espectáculo y el baobab le dijo con voz tierna :
- Toma lo que creas conveniente, vamos, acepta esta poca ayuda que quiero ofrecerte mi buen amigo conejo.
El conejo, muy agradecido, cogió lo que cabía entre sus manos y se marchó contento luego de darle las gracias al baobab por tal muestra de generosidad.
Al llegar a su casa, les contó todo a su familia y, por fin, pudieron cambiar su forma de vida. Papá conejo ahora iba en carro al trabajo, ahora vestía bien, ahora ya estaba muy gordito y siempre andaba limpio. Mamá usaba ropas finas, ahora podía cocinar un rico banquete para sus hijos, remodelaron su casa, y todas esas cosas que hace la gente rica. Ahora mamá conejo llevaba siempre su collar de perlas a las reuniones de sus amigas, y fue en una de esas reuniones donde la señora hiena observó con mucha envidia las riquezas de mamá conejo. La señora hiena, que era muy autoritaria, le exigió a su marido que también le comprase a ella un collar de perlas, que le comprase un auto, que le comprase telas finas y todas las cosas que el marido de mamá coneja le había comprado a ésta.
El señor hiena, sintió curiosidad acerca de cómo el conejo había adquirido tantas riquezas así que un buen día se le acercó y le preguntó qué es lo que éste había hecho. Pues bien, papá conejo, que era de un corazón noble, le contó al señor hiena todo lo sucedido con el baobab. Le contó cómo había llegado a la sombra de éste árbol y el montón de tesoros que había en el interior de su corazón. El señor hiena se emocionó bastante y sin perder ni un segundo se fue hacia donde estaba el baobab para robarle todos los tesoros que había en su corazón y así llenarse de lujos como los que poseía el conejo.
Esta malévola hiena fue hacia donde estaba el apacible baobab y sin perder mucho tiempo se echó bajo la sombra de éste, como le había indicado el buen conejo.
Luego, empezó a gritar con voz muy fuerte: “¡ Ay!. ¡qué desdichada es mi vida, qué pobre soy, qué mala suerte la mía, soy tan desgraciado!”. El baobab, empezó a sacudir sus ramas suavemente...
- Mi buen amigo hiena, qué grata visita me has dado, ¿por qué te quejas de tu suerte?, ¿es que acaso no eres feliz con lo que eres?.- dijo el baobab.
- Pues no, la verdad no soy lo suficientemente feliz como debería, si tan solo pudiera tener tantos tesoros como el conejo mi vida sería distinta. Si tan solo fuese poseedor de las riquezas que tiene el conejo me sentiría más aliviado.- mencionó la hiena con un tono muy sarcástico.
De pronto, las hojas del baobab se estiraron muy fuerte y éste dio un gran y tierno suspiro. La hiena se quedó impaciente, no podía dejar de caminar de un lado para otro sin dejar de ver lo que descubría las hojas del baobab. Entonces, como ya había sucedido antes, el corazón de este árbol se dio a descubrir y quedó a la vista de la hiena que lentamente empezaba a sacar las garras. El baobab dio otro suspiro y comenzó a abrir el oscuro núcleo que albergaba tantos tesoros, a los cinco segundos el corazón del baobab quedó totalmente al descubierto y, también, los tesoros que poseía en su interior. A la hiena se le salían los ojos ante tanta maravilla; al instante el baobab dijo con su tranquilo tono de voz :
- Toma lo que creas conveniente, vamos, acepta esta poca ayuda que quiero ofrecerte mi estimado señor hiena.
El señor hiena, que tenía una intención muy distinta a la del conejo, pensó que si le arrancaba el corazón al baobab no solo se llevaría lo que cupiera entre sus manos, sino todos los tesoros de este árbol. El señor hiena pensó que el baobab tenía muchos otros tesoros escondidos en su interior así que se lanzó salvajemente sobre el baobab y, con sus filudas garras, empezó a desgarrar el corazón de este árbol. Lo rasgó y lo rasgó, comenzó a hacerle mucho daño al pobre baobab; esta hiena mordía, hincaba sus dientes sobre la corteza del corazón del baobab para arrancárselo y quedarse con absolutamente todos los tesoros que estaban en el interior de éste.
Fue un momento muy doloroso para el baobab, que lloraba de dolor y de tristeza por la decepción sufrida a causa de la hiena. De repente, el corazón del baobab se cerró bruscamente y se ocultó nuevamente entre sus hojas que se habían tornado de un verde muy tenebroso. La hiena, que no pudo conseguir ningún tesoro comenzó a maldecir al árbol, comenzó a rasgar su tronco pero fue inútil, pues ahora el tronco del baobab se había vuelto áspero de nuevo y de un aspecto mucho más frío. El señor hiena, muy cansado, dio la media vuelta y se fue a su casa sin ninguna clase de tesoro ya que, a causa de su avaricia, no consiguió lo que quiso.
Desde ese momento nadie ha vuelto a ver jamás el corazón del baobab y éste ya no deja que se le acerquen muchos animales debido a que su áspero tronco emana mal olor. Y dicen también que las hienas siempre andan en manada por el desierto en busca de algún otro baobab para conseguir los tesoros que oculta éste árbol.
Y explican también que el baobab se parece mucho a las personas ya que, a pesar de que éstas aparentan tener una corteza muy dura y áspera, poseen un corazón lleno de tesoros. Sin embargo, las personas, al igual que el baobab, lo tienen escondido, muy duro y muy difícil de abrir... ¿Por qué es tan difícil para las personas abrir su corazón?, ¿Por qué se les hace tan complicado demostrar las riquezas que hay en su interior?, ¿Por qué ocultan tal corazón entre sus grandes hojas?, ¿Por qué se rehúsan a volver a entregarle su corazón, como lo hicieron alguna vez, a cierto conejo?, ¿de qué hienas se acordarán? ...

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Los dedos también pueden leer

Quiero compartir con vosotros este artículo de opinión, publicado hoy, por el escritor catalán Josep Mª Espinas en El periódico de Cataluña.
Me parece interesante que los escritores tomen conciencia de nuestro medio de acceso a la escritura y lectura, además de su importancia para los ciegos.



Se han cumplido ahora 200 años --concretamente el pasado 4 de enero-- del nacimiento de Louis Braille, inventor del alfabeto que lleva su nombre y gracias al cual los ciegos pueden leer. Como el lector ya sabrá, el método consiste en hacer unas impresiones en relieve sobre una superficie. A cada impresión le corresponde una letra o un número distinto. El invidente pasa el dedo por las sucesivas y pequeñas protuberancias, y gracias a identificarlas es capaz de leer a través del tacto.
Braille era ciego desde los 3 años y fue alumno, y más tarde profesor, del Instituto de los Ciegos de París. Su método abrió el camino de la lectura –es decir, un camino de placer y conocimientos-- a mucha gente que habría quedado totalmente marginada. También del mundo del trabajo.
Mi hija Gemma coincidió hace años con un par de chicas, Maria y Aurora, que pese a la falta de visión estaban perfectamente incorporadas al ámbito laboral.
Yo mantuve con ellas una larga y reveladora conversación en un programa televisivo.
De Braille se ha hablado poco, me parece. Su idea fue extraordinaria: la creación de un alfabeto táctil. Si los ojos no pueden leer, leerían los dedos.
Ignoro con qué criterio fijó la disposición de los puntos en relieve que identificaban cada letra --la b dos puntos, uno encima del otro; la c también dos puntos, pero de lado...--, quizá las combinaciones más sencillas corresponden a los signos más frecuentes en francés...
Lo cierto es que se trata de un lenguaje universal. También está el lenguaje de los sordos, el alfabeto morse... El ser humano se define por su voluntad de comunicación, que se manifiesta a través de distintos canales. Si uno es deficiente, se compensa con otros. O si no se inventa uno nuevo.
En una ocasión, una chica visiblemente ciega me comentó, con una sonrisa: "He leído tu libro, me lo he pasado muy bien". También el gran pianista Tete Montoliu, ciego, era un gran lector. Cuando oía hablar de un libro que pudiera interesarle, encargaba una edición en braille. Como se comprende, no era barata. Eso sí es un ejemplo de ganas de leer.
Creo que la ONCE cuenta con este servicio de lectura. Y es muy importante, porque todos los cerebros necesitan ser estimulados, conectarse con todo lo que está a su alrededor. Louis Braille tuvo una magnífica idea. Si un sentido decae, otro puede perfeccionarse. Es el resultado de la gran capacidad de artificio que caracteriza la especie humana.

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viernes, 6 de febrero de 2009

La sonrisa perdida

Hace demasiado tiempo que no escribía un cuento y la verdad es que me hacía falta, pero… uno no siempre encuentra la inspiración y las ganas adecuadas. Hoy por fin lo he logrado.
Espero que os guste.

Cuando te decides, por fin, a dejar el ordenador, el refugio de las cuatro paredes de tu casa, percibes que va a merecer la pena. La idea es simple: dar un paseo a ese parque cercano, sentir la naturaleza que empieza a despertar, acunada por la primavera, y tomarte luego una buena cervezota con limón y ver qué aperitivo la acompañará por cuenta del bar de turno.




Cuando sales acariciando ese bastón, fiel compañero de andanzas, crees que esta tarde de sábado va a ser especial. Notas como si la empuñadura de tu guía fuera hoy más cálida, más vibrante.
Conoces el camino, los cruces de calles, los semáforos, las pistas dejadas en el suelo. Sabes que te desviarás de la calle en la tercera puerta, que subirás las escaleras y hollarás el camino de tierra, la senda bordeada del pequeño estanque habitado de patos y de tilos, y magnolios arrullados por trinos de pajarillos que cantan ¿a quién? ¿A qué?
Todo está previsto, calculado, medido. Pero… ¿qué o quién me impide el barrido verificador de mi paso seguro?
-Sé que puedo confiar en ti, que me ayudarás.
Es una vocecilla suave, pero fina, como de una libélula, tenue, parece que se fuera a romper. Se la oye a ras de suelo… ¿Quién será?
-Bueno, pues si te has fijado en mí, y por eso me has cogido el bastón, aunque no me guste… pero vaya… si puedo ayudar…
-Verás, resulta que soy una sonrisa…
-¿Una sonrisa? No puede ser. Las sonrisas no hablan, ríen.
-Jijijiji. Tienes razón, pero es que necesito ayuda y… jijijiji. Siempre fui algo alocada y curiosa. Mi dueña, una princesa, me cuidaba muy bien, pero quería ver nuevos mundos, nuevas caras y un día decidí huir. Fue cuando escuché que en una ciudad grande, muy grande, había un lugar donde nacen los arco iris, algo que decían que era muy bonito, con muchos colores y como una media circunferencia, que vistos a la luz el mundo brillaba y se hacía hermoso. ¡No me lo podía perder!
Vino a la casa de mi dueña, un día, un mercader de cajitas de nácar y música, figurillas fantásticas, jades, ámbar y vestidos de fiesta. Tenía un hablar que encantaba,pero mi dueña no se fió, no quiso dejarle entrar. Él porfió, alagó y contó. Pero mi dueña, nada, que no le interesaba su cháchara _le dijo_. Pero, oiga, todo lo que la princesita de lindos ojos, como la llamaban, le negaba, yo afirmaba, me decía que ésa era mi oportunidad, que podría quedar muy bien con él y muy cómodamente llegaría a la ciudad de los arco iris.
Definitivamente me fui, cambié la carita de luna de mi dueña de siempre por la faz nueva, una faz mofletuda, marcada por algunas líneas, trazos de años vividos y espacios recorridos.
Allá que nos fuimos. Mi nuevo dueño tuvo más suertte en otros palacios y, tal vez gracias a mí, casi terminó con todas sus mercaderías. Y entonces, regresamos. Tomamos una carretera ancha, larga, sin fin. Al cabo de días de viaje, llegamos a cierta ciudad, a cierta casa. Era muy distinta a mi hogar.
Nos recibió una señora mayor, uraña, de mirada dura y hablar cortante.
¿¿Has traído el dinero? ¿No te lo habrás gastado como siempre en tonterías o vicios? ¿Y esa sonrisa de bobalicón, de pasmao?
Pensé que se refería a mí. No me gustó.
-Mujer, no te enfurezcas, aquí tienes todo. Hemos sacado más que nunca. Y ¿qué quieres que te diga? No sé, pero estoy contento. Me apetece sonreír.
-¡Pues déjate de risitas y suéltame la bolsa, que no me fío de ti! ¡Vaya hombre, ¿quién me mandaría casarme con semejante vago?!
El hombre se despojó de su macuto, le entregó lo que llevaba y casi sin descanso, se dirigió de nuevo a la puerta de aquella extraña casa, un edificio alto, muy alto, frío, muy distinto a las comodidades y calidez del de mi antigua dueña. ¿Cómo estaría? Me acordé con nostalgia de ella.
Mi amo salió, refunfuñaba, renegaba. No estaba acostumbrada a semejante genio. A mí me obligó a refugiarme en la cueva de su paladar.
Tras un nuevo caminar, llegamos hasta aquí. El hombre se relajó y contempló ese estanque que acabas de bordear. Respiró hondo y miró hacia un punto invisible. En su interior dominó un nuevo sentimiento que yo no conocía, era tristeza.
-Ya he vuelto a la rutina, a esta gran ciudad, a aguantar la furia de mi esposa, si no fuese por los niños… a las apreturas asfixiantes de la tienda.
Yo sentí que me caía, que ya no podía sostenerme sobre sus labios, que nada tenía remedio. Y aquí he estado hasta ahora. Nadie se ha percatado de mi presencia. Todos pasan de largo, nadie ha sabido verme. Así que no he podido aguantar más y al pasar tú pensé que me lanzarías lejos con eso que hacías de un lado a otro, zas zas zas.
Jejejej. Ahora el que sonrío soy yo.
¿Y qué puedo hacer por ti, un pobre cegato?
-Jijiiji. Pues llevarme al país de los arco iris. ¿Qué si no?
Ah, pero los arco iris están en todas partes. Sus colores se encuentran a tu alrededor. Mira… esos pájaros que cantan, esos niños con sus madres, esas parejas de enamorados. ¿No ves cómo a su alrededor el anaranjado, el verde, el azul, el amarillo, el lila… son su envoltura? Son colores que hablan de inocencia, de ilusiones, de proyectos, de juegos… de vida.
-Jijijiji. Entonces, ¿no existe el país de los arco iris? Jijiji.
-Sí que existe, lo puedes encontrar en el corazón de las gentes buenas y donde mejor lo podrías hallar es en el de tu dueña. Debes regresar junto a ella, devolverle su sonrisa. ¿Cómo se llama?
-Jijijiji. Se llama Susana. Es muy buena y sí que la echo de menos. Y más, si dices que el arco iris también lo encontraré a su lado.
-A su lado encontrarás el mejor. ¿Quieres guiarme hasta ella? Querría escuchar su voz, imaginar cómo luces en su carita de luna. ¿Me llevas?
-Vale, ya me monto en ese palo blanco que llevas… anda si ahora se ha vuelto de colores a rayas.
-No, eres tú quien lo ha pintado con el brillo de la ilusión y la alegría.

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jueves, 5 de febrero de 2009

Decálogo saludable

La confederación Estatal de consumidores y Usuarios (CECU), con la colaboración del Ministerio de Sanidad y Consumo acaba de publicar una sencilla guía que lleva por título “Falsos mitos sobre la alimentación”, complementado por otro manual que ofrece “Hábitos alimentarios saludables”.
De entre las informaciones que se aportan, además de desterrar diversos tópicos respecto de lo que consumimos, se ofrece un decálogo sobre la correcta alimentación que, por si os pudiera interesar, pego a continuación.



1. Elige una alimentación variada. Esto asegura el consumo de los nutrientes necesarios.
2. Come todos los días alimentos de todos los grupos.
3. Incluye en tu alimentación 5 raciones de frutas y verduras.
4. Respeta tus horas de comida; como mínimo hay que hacer tres comidas al día, aunque lo ideal son cinco: desayuno, merienda a media mañana, comida, merienda y cena.
5. Modera el consumo de comidas rápidas como pizza, patatas fritas, refrescos y chuches.
6. ¡Disfruta de la comida! Comparte los tiempos de comida con tu familia y/o amigos.
7. No existen alimentos buenos, ni malos… lo que existen son malos hábitos de alimentación.
8. Evita el picoteo entre comidas. Si no puedes evitarlo, escoge alimentos más saludables como frutos secos, fruta o yogur.
9. Toma suficiente agua a lo largo del día, especialmente antes de practicar algún deporte.
10. Realiza al menos 30 minutos de actividad física al día. Basta con caminar, colaborar con las tareas domésticas, salir a bailar, dar un paseo con tus amigos o, si tienes perro, salir a andar con él.

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miércoles, 4 de febrero de 2009

La paga del bibliotecario

Una respuesta ingeniosa que equivale a unos buenos reflejos. Hay que tener temple para reaccionar como reaccionó aquel bibliotecario. No me habría importado ser yo:

Luis XIV visitaba, un día la biblioteca de una capital de provincias y formuló al bibliotecario una serie de preguntas peregrinas, que el empleado no supo contestar.



Cuando el rey oyó que le contestaba una y otra vez: “no lo sé, Sire”, dijo:
- Y entonces, ¿porqué os pagan?
- El funcionario contestó:
- -Me pagan por lo que sé, si me pagaran por lo que no sé, no habría dinero en vuestras arcas para abonarme los honorarios.
-

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martes, 3 de febrero de 2009

Las cigüeñas


Ya se sabe… ¿por San Blas, la cigüeña verás y si no la vieres, año de nieves (parece que este año no la vamos a ver).
Bueno, pues a vuestra salud: para que el patrón guarde vuestras gargantas, disfrutéis de los dulces que suelen ser típicos por este día, ya sea en forma de tortas o de roscos y para que evoquéis esa imagen tan familiar de muchos pueblos, como es la de la cigüeña en el campanario, os pongo un cuento de uno de los maestros del género.
Que lo que estos hermosos animales simbolizan, como protectores de la familia y la constancia no se pierda.

Sobre el tejado de la casa más apartada de una aldea había un nido de cigüeñas. La cigüeña madre estaba posada en él, junto a sus cuatro polluelos, que asomaban las cabezas con sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo. A poca distancia,



sobre el vértice del tejado, permanecía el padre, erguido y tieso; tenía una pata recogida, para que no pudieran decir que el montar la guardia no resultaba fatigoso. Se hubiera dicho que era de palo, tal era su inmovilidad. «Da un gran tono el que mi mujer tenga una centinela junto al nido -pensaba-. Nadie puede saber que soy su marido. Seguramente pensará todo el mundo que me han puesto aquí de vigilante. Eso da mucha distinción». Y siguió de pie sobre una pata.
Abajo, en la calle, jugaba un grupo de chiquillos, y he aquí que, al darse cuenta de la presencia de las cigüeñas, el más atrevido rompió a cantar, acompañado luego por toda la tropa:
Definida lista con 8 elementos Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra más allá del valle y de la alta sierra.
Tu mujer se está quieta en el nido, y todos sus polluelos se han dormido.
El primero morirá colgado, el segundo chamuscado; al tercero lo derribará el cazador y el cuarto irá a parar al asador.
-¡Escucha lo que cantan los niños! -exclamaron los polluelos-. Cantan que nos van a colgar y a chamuscar.
-No se preocupen -los tranquilizó la madre-. No les hagan caso, deéjenlos que canten.
Y los rapaces siguieron cantando a coro, mientras con los dedos señalaban a las cigüeñas burlándose; sólo uno de los muchachos, que se llamaba Perico, dijo que no estaba bien burlarse de aquellos animales, y se negó a tomar parte en el juego. Entretanto, la cigüeña madre seguía tranquilizando a sus pequeños:
-No se apuren -les decía-, miren qué tranquilo está su padre, sosteniéndose sobre una pata.
-¡Oh, qué miedo tenemos! -exclamaron los pequeños escondiendo la cabecita en el nido.
Al día siguiente los chiquillos acudieron nuevamente a jugar, y, al ver las cigüeñas, se pusieron a cantar otra vez.
El primero morirá colgado, el segundo chamuscado.
-¿De veras van a colgarnos y chamuscarnos? -preguntaron los polluelos.
-¡No, claro que no! -dijo la madre-. Aprenderán a volar, pues yo les enseñaré; luego nos iremos al prado, a visitar a las ranas. Verán como se inclinan ante nosotras en el agua cantando: «¡coax, coax!»; y nos las zamparemos. ¡Qué bien vamos a pasarlo!
-¿Y después? -preguntaron los pequeños.
-Después nos reuniremos todas las cigüeñas de estos contornos y comenzarán los ejercicios de otoño. Hay que saber volar muy bien para entonces; la cosa tiene gran importancia, pues el que no sepa hacerlo como Dios manda, será muerto a picotazos por el general. Así que es cuestión de aplicarse, en cuanto la instrucción empiece.
-Pero después nos van a ensartar, como decían los chiquillos. Escucha, ya vuelven a cantarlo.
-¡Es a mí a quien deben atender y no a ellos! –les regañól la madre cigüeña-. Cuando se hayan terminado los grandes ejercicios de otoño, emprenderemos el vuelo hacia tierras cálidas, lejos, muy lejos de aquí, cruzando valles y bosques. Iremos a Egipto, donde hay casas triangulares de piedra terminadas en punta, que se alzan hasta las nubes; se llaman pirámides, y son mucho más viejas de lo que una cigüeña puede imaginar. También hay un río, que se sale del cauce y convierte todo el país en un cenagal. Entonces, bajaremos al fango y nos hartaremos de ranas.
-¡Ajá! -exclamaron los polluelos.
-¡Sí, es magnífico! En todo el día no hace uno sino comer; y mientras nos damos allí tan buena vida, en estas tierras no hay una sola hoja en los árboles, y hace tanto frío que hasta las nubes se hielan, se resquebrajan y caen al suelo en pedacitos blancos. Se refería a la nieve, pero no sabía explicarse mejor.
-¿Y también esos chiquillos malos se hielan y rompen a pedazos? -preguntaron los polluelos.
-No, no llegan a romperse, pero poco les falta, y tienen que estarse quietos en el cuarto oscuro; ustedes, en cambio, volarán por aquellas tierras, donde crecen las flores y el sol lo inunda todo.
Transcurrió algún tiempo. Los polluelos habían crecido lo suficiente para poder incorporarse en el nido y dominar con la mirada un buen espacio a su alrededor.
Y el padre acudía todas las mañanas provisto de sabrosas ranas, culebrillas y otras golosinas que encontraba. ¡Eran de ver las exhibiciones con que los obsequiaba! Inclinaba la cabeza hacia atrás, hasta la cola, castañeteaba con el pico cual si fuese una carraca y luego les contaba historias, todas acerca del cenagal.
-Bueno, ha llegado el momento de aprender a volar -dijo un buen día la madre, y los cuatro pollitos hubieron de salir al remate del tejado. ¡Cómo se tambaleaban, cómo se esforzaban en mantener el equilibrio con las alas, y cuán a punto estaban de caerse.
-¡Fíjense en mí! -dijo la madre-. Deben poner la cabeza así, y los pies así: ¡Un, dos, Un, dos! Así es como tendrán que comportarse en el mundo.
Y se lanzó a un breve vuelo, mientras los pequeños pegaban un saltito, con bastante torpeza, y ¡bum!, se cayeron, pues les pesaba mucho el cuerpo.
-¡No quiero volar! -protestó uno de los pequeños, encaramándose de nuevo al nido-. ¡Me es igual no ir a las tierras cálidas!
-¿Prefieres helarte aquí cuando llegue el invierno? ¿Estás conforme con que te cojan esos muchachotes y te cuelguen, te chamusquen y te asen? Bien, pues voy a llamarlos.
-¡Oh, no! -suplicó el polluelo, saltando otra vez al tejado, con los demás.
Al tercer día ya volaban un poquitín, con mucha destreza, y, creyéndose capaces de cernerse en el aire y mantenerse en él con las alas inmóviles, se lanzaron al espacio; pero ¡sí, sí...! ¡Pum! empezaron a dar volteretas, y fue cosa de darse prisa a poner de nuevo las alas en movimiento. Y he aquí que otra vez se presentaron los chiquillos en la calle, y otra vez entonaron su canción:
¡Cigüeña, cigüeña, vuélvete a tu tierra!
-¡Bajemos de una volada y saquémosles los ojos! -exclamaron los pollos- ¡No, déjenlos! -replicó la madre-. Fíjense en mí, esto es lo importante: -Uno, dos, tres! Un vuelo hacia la derecha. ¡Uno, dos, tres! Ahora hacia la izquierda, en torno a la chimenea. Muy bien, ya van aprendiendo; el último aleteo, ha salido tan limpio y preciso, que mañana los permitiré acompañarme al pantano. Allí conocerán varias familias de cigüeñas con sus hijos, todas muy simpáticas; me gustaría que mis pequeños fuesen los más lindos de toda la concurrencia; quisiera poder sentirme orgullosa de ustedes. Eso hace buen efecto y da un gran prestigio.
-¿Y no nos vengaremos de esos rapaces endemoniados? -preguntaron los hijos.
-Deéjenlos gritar cuanto quieran. Ustedes se remontarán hasta las nubes y estarán en el país de las pirámides, mientras ellos pasan frío y no tienen ni una hoja verde, ni una manzana.
-Sí, nos vengaremos -se cuchichearon unos a otros; y reanudaron sus ejercicios de vuelo.
De todos los muchachuelos de la calle, el más empeñado en cantar la canción de burla, y el que había empezado con ella, era precisamente un rapaz muy pequeño, que no contaría más allá de 6 años. Las cigüeñitas, empero, creían que tenía lo menos cien, pues era mucho más corpulento que su madre y su padre. ¡Qué sabían ellas de la edad de los niños y de las personas mayores! Este fue el niño que ellas eligieron como objeto de su venganza, por ser el iniciador de la ofensiva burla y llevar siempre la voz cantante. Las jóvenes cigüeñas estaban realmente indignadas, y cuanto más crecían, menos dispuestas se sentían a sufrirlo. Al fin su madre hubo de prometerles que las dejaría vengarse, pero a condición de que fuese el último día de su permanencia en el país.
-Antes hemos de ver qué tal se portan en las grandes maniobras; si lo hacen mal y el general les traspasa el pecho de un picotazo, entonces los chiquillos habrán tenido razón, en parte al menos. Hemos de verlo, pues.
- ¡Si, ya verá! -dijeron las crías, redoblando su aplicación. Se ejercitaban todos los días, y volaban con tal ligereza y primor, que daba gusto.
Y llegó el otoño. Todas las cigüeñas empezaron a reunirse para emprender juntas el vuelo a las tierras cálidas, mientras en la nuestra, reinaba el invierno.
¡Qué de impresionantes maniobras! Había que volar por encima de bosques y pueblos, para comprobar la capacidad de vuelo, pues era muy largo el viaje que les esperaba. Los pequeños se portaron tan bien, que obtuvieron un «sobresaliente con rana y culebra». Era la nota mejor, y la rana y la culebra podían comérselas; fue un buen bocado.
-¡Ahora, la venganza! -dijeron.
-¡Sí, desde luego! -asintió la madre cigüeña-. Ya he estado yo pensando en la más apropiada. Sé donde se halla el estanque en que yacen todos los niños chiquitines, hasta que las cigüeñas vamos a buscarlos para llevarlos a los padres. Los lindos pequeñuelos duermen allí, soñando cosas tan bellas como nunca mas volverán a soñarlas. Todos los padres suspiran por tener uno de ellos, y todos los niños desean un hermanito o una hermanita. Pues bien, volaremos al estanque y traeremos uno para cada uno de los chiquillos que no cantaron la canción y se portaron bien con las cigüeñas.
-Pero, ¿y el que empezó con la canción, aquel mocoso delgaducho y feo -gritaron los pollos-, qué hacemos con él?
-En el estanque yace un niñito muerto, que murió mientras soñaba. Pues lo llevaremos para él. Tendrá que llorar porque le habremos traído un hermanito muerto; en cambio, a aquel otro muchachito bueno -no lo habrán olvidado, el que dijo que era pecado burlarse de los animales-, a aquél le llevaremos un hermanito y una hermanita, y como el muchacho se llamaba Pedro, todos ustedes se llamarán también Pedro.
Y fue tal como dijo, y todas las crías de las cigüeñas se llamaron Pedro, y todavía siguen llamándose así.

Hans Hans Christian Andersen (1805-1875)

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lunes, 2 de febrero de 2009

Louis Braille y el puntito

En la ONCE de Almería, en el marco de los actos del bicentenario del nacimiento de Louis Braille, se representó hace unos días este pequeño cuento que nos arranca la sonrisa, pero que recuerda al genio creador.
Que os guste.

Narrador:: Luis era ciego. Si quería conocer una historia, alguien tenía que contársela. Un día abrió el libro que tenía preparado para que se lo leyera su amigo. Iba pasando las hojas, acariciando tan sólo las páginas como si, con este gesto, deseara demostrar su


impotencia, rozando nada más las palabras impresas. Abstraído como estaba, Luis ni se percató de que hacía un rato que su dedo pasaba una y otra vez por encima de un bultito chiquitín, similar a un granito menudo. Casi se asustó cuando, de pronto, oyó una vocecilla que gritaba:
Puntito: ¡Ay, ay, ay! ¡Estáte quieto, que me haces cosquillas!
Louis Braille: ¿Quién está ahí?
Puntito: Soy yo, el puntito
Louis Braille: ¿El puntito? ¿qué puntito?
Puntito: ¿Qué puntito quieres que sea? el que tienes bajo tu dedo
Louis Braille: ¿Un puntito que habla?
Puntito: Es que si no abro el pico acabarías matándome a cosquillas. ¿Tú no tienes cosquillas?
Louis Braille: Pues claro que tengo…pero ¿cómo puedes hablar si eres un puntito?
Puntito: Los puntitos como yo, hablamos discretamente
Louis Braille: ¿Y por qué?
Puntito: Porque la gente, cuando nos ve nos achucha.
Louis Braille: ¿Pero cuánto sois?
Puntito: Mis amigos y yo somos seis puntitos que vivimos en este libro. Como somos tan iguales, nos llamamos Punto 1, Punto 2, Punto 3, Punto 4 (que soy yo), Punto 5 y Punto 6.
Louis Braille: Encantado de conoceros.
Narrador: Y desde aquel día Luis y los seis puntitos se hicieron muy amigos. Juntos se divertían a tope: cantaban, se contaban historias, jugaba…Lo que más les divertía era jugar al escondite. Los seis Puntos usaban como escondrijo las páginas del libro, y Luis tenía que encontrarlos y averiguar cuál de los seis era el que había atrapado.
Al principio le costaba distinguirlos porque eran muy parecidos… pero, poco a poco, en cuanto los tenía bajo el dedo, los identificaba.
Tanto Luis como sus amigos tenían que extremar las precauciones para que nadie los oyera, no fuese a resultar que la gente pensara al oírlo hablar sólo que se había vuelto loco y lo encerraran en un manicomio. Pensad que todo esto sucedió en París allá por el año 1825 y, en aquella época, no se lo pensaban demasiado para meterte en un manicomio.
Puntito: Oye Luis, no podemos continuar con esta situación, siempre con el alma en vilo para que nadie nos oiga. Hemos tenido una idea para hablar contigo sin pronunciar una sola palabra. Nos colocaremos bajo tu dedo de diferentes maneras. Así, cuando te encuentres sólo con el Punto 1, querrá decir que es la letra A; si te encuentras con los puntos 1 y 2 será la letra B…
Louis Braille:¡Ah! ¡ya lo entiendo!. ¡Será una especie de alfabeto!
Puntito: ¡Muchacho! Será un alfabeto con todas las de la ley.
Louis Braille: ¡Fantástico! Si yo puedo leer con los dedos este alfabeto, los demás ciegos también pueden hacerlo.
Puntito: ¿Cómo?
Louis Braille: Con un punzón puedo hacer en un papel puntos iguales a vosotros. Por tanto, puedo hacer tantas letras como quiera.
Narrador: Sólo queda una última cosa, que la gente lo aprenda ¿os animais?

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jueves, 29 de enero de 2009

Recomendaciones narrativas de enero


Cada mes, a finales, os recomendaré diez novedades narrativas, a modo de propuestas, de reciente publicación en el mercado editorial, , que, a mi juicio, pueden resultaros interesantes.
Pretendo con ello contribuir al fomento de la lectura facilitando la labor de elección de buenos títulos.
Aquí van las de enero.


UN BAILE EN NAIROBI
Nicholas Drayson
Editorial Espasa Calpe, 2009. 234 págs.
Novela
El atildado señor Malik tiene un secreto que ni siquiera sus amigos más cercanos conocen: lleva años enamorado de Rose Mbikwa, compañera en la Sociedad Ornitológica a la que dedica todos sus ratos libres. Cuando por fin reúne el valor para invitarle al baile anual de la asociación, reaparece en su vida un antiguo conocido: el fanfarrón Harry Kahn, quien, evidentemente, también se siente atraído por Rose. Los dos caballeros deciden jugarse a la dama en un singular reto: la llevará al baile aquél que sea capaz de avistar más especies de pájaros en una semana. Y, como en el amor y en la guerra todo vale, Malik y Kahn se embarcan en una guerra sin cuartel plagada de trucos y trampas… Tierna historia de amor y rivalidad donde la naturaleza de Kenia juega un papel fundamental.

EL BUSCADOR DE FINALES
Pablo de Santis
Ediciones Alfaguara, 2009. 160 págs.
Novela
Todas las tardes, después de la escuela, Juan Brum se entretiene imitando los dibujos de sus historietas favoritas. Un día, sin decirle nada a su madre, se presenta en la Editorial Libra, que publicaba las historietas de Cormack, su personaje preferido, para buscar trabajo. Allí le ofrecen el puesto de cadete. Sus labores en la curiosa editorial lo llevan hasta los más recónditos lugares y personajes del edificio, hasta que un día le encargan una misión especial: llevarle un paquete a Sanders, el legendario buscador de finales. Un mundo donde la ficción y la realidad se cruzan en aventuras inexplicables.

EL CABALLO DE MIGUEL
Tina Parayre y Belén Roldán
Plataforma editorial, 2008. 165 págs.
Cuentos y relatos
Se ofrece aquí una recopilación de historias extraordinarias acaecidas en el hospital San Juan de Dios. Un libro donde la realidad y la emoción van cogidas de la mano. Los voluntarios del Hospital narran en él sus experiencias, sus vivencias, sus recuerdos y sus impresiones y su principal enseñanza: los niños como maestros de la vida y el amor. Unos relatos que despiertan las ganas de vivir, que desnudan el lado más débil de las personas para alimentar así la fuerza de voluntad y el coraje por seguir vivo.

LA CARTA NÚMERO 12
Jeffery Deaver
Editorial Suma de letras, 2008. 504 págs.
Novela
Geneva Settle, estudiante afroamericana de Harlem, investiga en una biblioteca de Nueva York la historia de un antepasado suyo, Charles Singleton, un esclavo liberto del siglo XIX. Pero alguien vigila todos sus movimientos con el único objetivo de acabar con su vida. El célebre criminalista Lincoln Rhyme y su equipo se ocuparán del caso. ¿Quién persigue a Geneva? ¿Y por qué está interesado en matarla? ¿Qué esconde la historia de Charles Singleton?

CONFIANZA
Charles Epping
Roca editorial, 2009. 349 págs.
Novela
Alex Payton es una consultora informática que trabaja en la banca suiza en Zúrich. De forma casual descubre una cuenta fiduciaria abierta por una familia judía poco antes de la Segunda Guerra Mundial que está a nombre de otra persona. Ésta es una de las muchas cuentas creadas para proteger las identidades de las familias judías durante la persecución nazi. A lo largo de más de medio siglo, el valor de la cuenta ha ido aumentando pero hasta ahora nadie la ha reclamado. Desde Zúrich, Alex comienza una investigación que la llevará en tan sólo unos días de Ámsterdam a Budapest, Nueva York y Brasil para tratar de encontrar al heredero de la cuenta. Lo que no sabe es que se está exponiendo a los peligros de revelar secretos que algunos matarían por proteger.

EL DESAFÍO
Manuel Maristany
Editorial Planeta, 2009. 352 págs.
Novela
Patricia Fonseca, atolondrada niña bien y reina del papel couché, nunca imaginó al embarcarse en el Aloha, por equivocación, que allí conocería al hombre de sus sueños: Bruno Frías, el capitán del velero. Bruno se ha propuesto llegar desde Puerto Banús hasta Bilbao rigurosamente a vela. Por el camino se las verán con Lady Godiva, una peligrosa borrasca que les espera en la Costa de la Muerte de Galicia. Por primera vez en su vida, Patricia conocerá lo que significa luchar por algo y descubrirá que el capitán tiene muchas virtudes y un solo defecto: está casado.

MATERIA PRIMA
Francesc Serés
Editorial Caballo de Troya, 2009. 336 págs.
Cuentos y relatos
Escrito a modo de entrevistas, a caballo entre la narrativa y el testimonio, este libro reúne las historias de personajes con los que cada día nos cruzamos sin que lleguemos a conocerlos: nuestros vecinos desconocidos. Vidas anónimas que llevan dentro su propia novela, su propia tragedia, sus propios deseos y miedos. Una chica que tras un romance con un jugador del Barça se casa con el propietario de un concesionario de automóviles; una mujer que renuncia a una carrera como investigadora para retirarse al campo; una joven que se presenta a un examen psicotécnico para ocupar una plaza en un call center; un ex camarero de banquetes que ahora trabaja en un restaurante famoso. Vidas cotidianas y vulgares: la materia prima de las grandes novelas, de los pequeños relatos, de las tragedias de cada día.

MEMORIAS DE UNA DAMA
Santiago Roncagliolo
Ediciones Alfaguara, 2009. 344 págs.
Novela
Un relato de viajes, investigación histórica, aprendizaje y desafíos morales para crear una obra en la tradición de la mejor novela picaresca. Dos historias paralelas que se cruzan. Un joven peruano que busca triunfar como escritor en Madrid y una mujer de la alta sociedad caribeña venida a menos en París. Diana Minetti necesita escribir sus memorias y él necesita que le paguen por escribir. Un thriller literario que repasa las atrocidades cometidas durante las dictaduras de Trujillo en Santo Domingo, Fulgencio Batista en Cuba y las mafias económicas dominantes de Latinoamérica y que pone de relieve las complicidades del poder económico y el poder político durante estos periodos.

ROMA: LA NOVELA DE LA ANTIGUA ROMA
Steven Saylor
Editorial La esfera de los libros, 2009. 684 págs.
Novela
Siguiendo la variable fortuna de las sucesivas generaciones de dos familias a través de los siglos, que serán testigos y a veces protagonistas de los acontecimientos, ésta es una saga épica de La Ciudad y sus gentes, en la que el autor ha mezclado con inigualable maestría historia, leyenda y los descubrimientos arqueológicos más recientes. Un fascinante relato que narra la tragedia del héroe-traidor Coroliano, el saqueo de la ciudad a manos de los galos, la invasión de Aníbal, el duro enfrentamiento político entre patricios y plebeyos y, finalmente, la muerte de la República con el triunfo y asesinato de Julio César. Steven Saylor da vida a la epopeya de los primeros mil años de existencia de Roma.

EL ÚLTIMO MOGOL
William Dalrymple
Editorial Belacqa, 2008. 624 págs.
Novelas históricas
Un retrato de la deslumbrante personalidad de Dalhi Zafat. A las cuatro de la tarde de un noviembre gris de 1832 en Rangun, un cadáver cubierto es escoltado por un pequeño grupo de soldados británicos a una anónima tumba en un recinto cerrado. Mientras, el Comisionado Británico insiste en que: “No debe quedar ninguna señal que permita distinguir los restos del último Gran Mogol”.

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Novedades en tiflohomero

Sin duda que, como buenos observadores que sois, os habréis percatado de que desde hace unos días se han introducido algunos cambios en esta ventana virtual que es Tiflohomero.
Quiero explicaros las razones que me han movido a ellos y cuáles son éstos: presencia del braille, opción de”Leer más” y recomendaciones de narrativa de forma periódica.
Sabéis que cada día busco mejorar y para ello me esfuerzo tanto en los contenidos como en la parte visual.
Vamos a ello.


La presencia del braille es para mí una obligación y más este año en que se cumplen 200 años del nacimiento de su creador. Dicho aspecto se traduce en una nueva etiqueta titulada “El braille”, en la que iré poniendo noticias y artículos relacionados con el sistema.
El otro apartado dentro de esta faceta es la inclusión en la parte lateral, a modo de imágenes, de esas palabras que representan mi pensamiento y su traducción a puntos salientes. Son como mis señas de identidad, como esos carteles que nos hacen saber donde estamos.

La opción de “Leer más” era una aspiración perseguida desde los inicios de Tiflohomero, pero mis nulos conocimientos de lenguaje HTML me lo habían impedido hasta ahora. Gracias a Josean, un amigo virtual tan eficaz como generoso, lo ha hecho posible. A mi entender esta opción aligera notablemente la visión de la página y no obliga a leer todo el contenido de la entrada, sino que os deja libertad. Y para mí me ayuda notablemente al reducir la cantidad de información que ha de revisar mi síntesis de voz, mi amigo Jaws, a la hora de repasar lo que voy poniendo.

Recomendaciones de narrativa. A estas alturas, ya sabéis la importancia que le doy a todo aquello relacionado con las letras y la literatura, no en vano, es mi profesión y mi vocación que forma parte del mundo de los libros y la literatura. Quiero, ya lo venía haciendo de forma esporádica, dar un paso adelante en mi afán por compartir y promover la pasión por la lectura poniéndoos cada mes un abanico de propuestas que puedan incitaros a este sano vicio de la lectura.

Bueno, esto es todo de momento aunque iremos introduciendo cosillas para que Tiflohomero os merezca la pena. Ya sabéis que para mí es todo un reto y un orgullo el saber que soy merecedor de vuestra atención.
Pa lante con una sonrisa.

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miércoles, 28 de enero de 2009

Quien conserva la facultad de ver la belleza, no envejece

El escritor checo Fran Kafka (1883-1924) afirmó este pensamiento que encierra algo importante: saber mirar, conservar el recuerdo y apreciar. Tres cualidades éstas, indispensables para mantenerse vivo y, por tanto, permanecer jóvenes.
Que seamos capaces de saber darle aplicación en nuestra cotidianeidad.


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Sto. Tomás de Aquino y su pensamiento

Que un hombre de Iglesia en el siglo XIII dijese que antes que creer había que entender, es todo un avance a su tiempo. Hoy es su día y así se le celebra como patrono de institutos y universidades.
Ésta fue su historia.


Hijo de Landolfo, conde de Aquino, Tomás, el filósofo escolástico de mayor trascendencia y uno de los más importantes filósofos cristianos de todos los tiempos, nació en Roccasecca (cerca de Aquino, Italia) en 1224. Luego de hacer sus primeros estudios en el monasterio benedictino de Monte Cassino y en la Universidad de Nápoles, ingresó con veinte años de edad a la orden dominica. Por ese entonces falleció su padre y su madre, que no aceptaba que su hijo ingresase en una orden mendicante, lo encerró en el castillo de la familia con el fin de hacerlo desistir de su decisión. Pero luego de más de un año, habiendo comprendido que no lograría su propósito, lo dejó marchar a París para continuar con su formación religiosa. Allí estudió con Alberto Magno.
En 1248 se trasladó a Colonia (Alemania) siguiendo a su maestro. Tomás era de cuerpo grande y solía presenciar las clases desde los últimos lugares, tomando apuntes y permaneciendo en silencio. Sus compañeros lo llamaban "buey mudo". Cuenta la tradición que Alberto Magno dijo al respecto: “este buey un día llenará el mundo con sus bramidos”, y a juzgar por la bastedad y la repercusión de sus escritos podemos decir que fue así. En 1252 retornó a París para graduarse como Maestro de Teología.
Enseñó en París entre 1256 y 1259, y continuó luego con esta labor en distintas ciudades italianas. Se estableció nuevamente en París entre 1269 y 1272, año en el que retornó a Nápoles. Redactó mientras tanto sus dos obras fundamentales: la Suma contra gentiles y la Suma teológica. Murió en el año 1274, mientras viajaba al Concilio de Lyón, en el monasterio cisterciense de Fossanova.
Entre sus obras encontramos los Comentarios a Aristóteles, las dos Sumas y las Cuestiones disputadas. Los Comentarios presentan, explican y critican los escritos de Aristóteles.
La Suma Teológica (su obra más extensa) es una presentación completa y simplificada (esa es su intención) de su pensamiento para principiantes en el estudio de la Teología. La Suma contra gentiles, por el contrario, brinda una fundamentación aún más profunda de los temas tratados. Entre las cuestiones disputadas se destacan De Veritate y De Potencia.
Tomás distinguía con claridad la razón y la fe, la Filosofía y la Teología, pero estaba seguro de que, como ambas nos conducen a la verdad, entre ellas debe haber concordancia. La Filosofía pertenece al ámbito de la razón, en ella sólo hay lugar para las verdades a las que accedemos con la luz natural de la razón. Por su parte, la Teología acepta como verdadero el dato revelado. Para ella hay una autoridad por sobre la razón, Dios mismo. La Teología reconoce como verdaderos los artículos de fe aunque no siempre logre comprenderlos plenamente. Cuando se da un desacuerdo entre las afirmaciones de la Filosofía y el dato revelado, estamos en presencia de un error; y como el error no se puede asignar a la revelación (que proviene de Dios) podemos estar seguros de que quien se equivoca es la Filosofía. En algunos casos el error del filósofo se debe a que ha pretendido penetrar con la razón un campo que escapa a sus competencias y que se encuentra reservado a la fe (como los misterios de la Encarnación o la Trinidad).
Entre los datos revelados encontramos muchos que versan sobre verdades que caen dentro del ámbito de la razón, que no tratan sobre el misterio y lo indemostrable.
Tomás considera que siempre es mejor entender que creer y que nos corresponde a nosotros esforzarnos por alcanzar con la razón la plena comprensión de aquellas verdades reveladas que no superan su capacidad y caen bajo su luz natural. La Teología Natural sabe por la fe hacia dónde se dirige, pero progresa por la sola razón. La fe actúa allí, por tanto, como norma negativa, indicando los errores cuando los hay pero no aportando argumentación positiva alguna para respetar la autonomía del campo filosófico.
Sus demostraciones de la existencia de Dios, conocidas como " Las Cinco Vías", han tenido una trascendencia enorme. Tomás considera necesario demostrar la existencia de Dios por no ser ésta evidente para la razón humana; y considera, a su vez, que esta demostración es posible si partimos de la observación de los entes sensibles. No reconoce como válida la demostración de Anselmo que prescinde de la experiencia. "Las cinco vías" son cinco en la Suma Teológica, pero en la Suma contra los gentiles son cuatro. En realidad, el número no es decisivo; lo importante es la estructura común a todas ellas, a partir de la cual se podría incluso formular otras vías similares e igualmente válidas.
Todas las vías parten del ente sensible, constatando alguna propiedad suya y preguntándose por su causa (se fecunda el dato sensible con el Principio de Causalidad). Como la serie de causas no puede ser infinita, porque de ser así no habría una causa primera y por tanto no habría causas segundas, esta serie nos remite a una primera, que es Dios, por lo que se concluye que Dios es o existe.
La primera vía (seguimos el orden de la Suma teológica) parte del movimiento de los entes. Pero como todo lo que se mueve es movido por otro, el movimiento de un ente nos remite a otro como causa de ese movimiento. Y si este motor es a su vez movido por otro, nos remite a su vez a otro motor, causa de su movimiento.
Más como en esta serie no podemos elevarnos al infinito, es necesario afirmar que hay un Primer Motor que no es movido por nada y que es, por tanto, un Motor Inmóvil.
La segunda vía parte de la subordinación de las causas eficientes y llega a Dios como Causa Incausada. La tercera parte de la contingencia de los seres y se remonta hasta Dios como Primer Necesario. La cuarta tiene como punto de partida los diferentes grados de perfección de los entes y llega a Dios como el Ser Máximo e Infinito. Y la quinta vía comienza observando la ordenación a un fin que se percibe en el obrar de los entes para culminar afirmando la existencia de Dios como Supremo Director del Universo.
Subyace a las vías la afirmación de que las cosas no son la razón de su propia existencia. Cada ente es una cosa determinada, un "algo que es", y su esencia ("algo") no incluye su existencia ("es"). Por ello todas las cosas necesitan recibir de otro su existencia. La causa de todas las cosas es aquello (o aquel) que es por sí. En la causa primera de todas las cosas se identifican esencia y existencia (su esencia es su propia existencia). Esta causa primera, que es Dios, no sólo tiene en sí la razón de su existencia sino la capacidad de comunicar la existencia a todas las cosas. Y en este sentido entiende Tomás la afirmación del Éxodo 3,14 (“Yo soy el que soy”): Dios es acto puro de existencia.
Dios crea todas las cosas de la nada, por un acto libre de su voluntad. La existencia del mundo no le agrega a Dios ninguna perfección así como su no existencia no lo disminuye en nada. Todo lo que Dios ha creado preexistía en su pensamiento antes de la Creación. Al conocerse a sí mismo, en cuanto participable, Dios conoce todas las cosas reales y posibles desde toda la eternidad. En cuanto a la disputa en torno a la eternidad del mundo, Tomás sostiene que la razón no puede resolver esta cuestión, al tiempo que afirma que según el dato revelado debemos creer que el mundo a tenido un comienzo, aunque nos resulte indemostrable.
En la jerarquía de los seres, el hombre se encuentra entre las inteligencias puras (los ángeles, que carecen de materia aunque no de esencia y existencia), y los cuerpos. El alma del hombre pertenece al ámbito de los seres inmateriales pero no es una inteligencia pura sino la forma de un cuerpo. Tampoco es una forma más, como las de los demás entes materiales, sino una forma substancial, capaz de subsistir sin el cuerpo. Ahora, si bien el alma subsiste sin el cuerpo, el hombre no. El hombre es la unión del cuerpo y del alma. De allí la necesidad de la resurrección, si es que quien ha de vivir eternamente es el hombre y no el alma sola.
Tomás sostiene que conocer es abstraer de las cosas lo universal que se encuentra contenido en ellas. El objeto propio del entendimiento humano es el ente sensible, que percibimos por los sentidos. El conocimiento comienza con la experiencia, con la que formamos la imagen sensible (especie sensible) del ente en cuestión. El intelecto agente, que está en acto de conocer, toma de esta imagen las formas universales y conforma la especie inteligible. El intelecto agente imprime esta especie inteligible en el intelecto posible o pasivo, donde permanece como especie impresa. Ésta última hace las veces de especie expresa cuando es referida a sus objetos correspondientes, actuando como medio de expresión (palabra) a través del cual el entendimiento refleja el mundo.

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martes, 27 de enero de 2009

El chocolatero

Ahora que no viene nada mal, para combatir estos fríos una buena taza de chocolate os cuento…
Sabido es que este manjar fue traído de América por los españoles conquistadores. En el Nuevo Mundo era algo reservado a reyes y personajes de la Corte y se utilizaban sus pepitas como moneda de cambio.
La palabra “chocolate” significa “alimento de los dioses”.
Se cuenta una curiosa historia acerca de la pasión que despertó entre las damas de la época…


Por lo visto asistían a los interminables oficios de la tarde con su servicio, que les preparaba, en la misma iglesia, el chocolate que constituía la merienda. Indignado, uno de los obispos trató de suprimir tal práctica y las damas se rebelaron con la amenaza de dejar de asistir al culto sino podían tomar su ración de chocolate. Parece que el conflicto se saldó a favor de las díscolas señoras de la nobleza criolla.
Ya en la metrópoli, se convirtió en ingrediente esencial de meriendas y tertulias. La llegada de la esposa de Alfonso XIII, Ena de Battemberg, introdujo la costumbre del té, como buena inglesa que era, sin lograr que arraigase y desbancase al chocolate.
Pues bien, el chocolatero, que se mantuvo hasta principios del siglo XX, iba con su chocolatera a las casas que, previamente, tenían contratados sus servicios y lo preparaba según los gustos de sus clientes: ya fuese espeso, más claro (a la francesa), con leche, con una pizca de vainilla o con una ramita de canela. Atendía a cada gusto en particular y después marchaba hacia otra casa. Y así hasta el día siguiente.
Este especialista del chocolate dejó de existir como oficio cuando cambiaron los hábitos de vida. Las meriendas con tertulia, en los hogares, dejaron de darse y aparecieron los cacaos solubles que, aun no siendo lo mismo, ni de lejos, se preparan en un periquete. Además de que ahora se deja para ocasiones especiales, aunque con eso de que engorda y otros baldones que se le han echado encima, el pobre chocolate ha perdido buena parte de su pujanza de antaño.
Sin embargo, estaréis de acuerdo conmigo que, hoy por hoy, no hay nada como una humeante taza de este brebaje, preparado de forma tradicional y, eso sí, con una buena compañía y unos buenos picatostes, churros o pan tostado.
Sabor a lo auténtico de nuestras abuelas.
Que aproveche.

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domingo, 25 de enero de 2009

Sobre mapas

La palabra “mapa” evoca misterio y fantasía: misterio por saber qué se esconderá detrás de sus líneas, puntos y colores. Y fantasía por imaginarnos en los espacios representados, con sus tesoros, enigmas y aventuras por descubrir.
Pero también simboliza la idea de posesión, perspectiva o imagen. Posesión porque aquello que está en él nos corresponde. Perspectiva según el punto de vista de quien lo elabore. E imagen porque representa los movimientos históricos en un espacio comprensible.
Para los ciegos, la ONCE nos proporciona actualmente unos mapas políticos de gran calidad, con sus contornos y puntos estratégicos en relieve, colores para fomentar la integración del ciego con el vidente y unas guías explicativas que facilitan su consulta.
Pero, ¿cuál ha sido su historia?


Los mapas más antiguos que existen fueron realizados por los babilonios hacia el 2300 a.C. Estos mapas estaban tallados en tablillas de arcilla y consistían en su mayor parte en mediciones de tierras realizadas con el fin de cobrar los impuestos. También se han encontrado en China mapas regionales más extensos, trazados en seda, fechados en el siglo II a.C.
Parece que la habilidad y la necesidad de hacer mapas es universal. Uno de los tipos de mapas primitivos más interesantes es la carta geográfica realizada sobre un entramado de fibras de caña por los habitantes de las islas Marshall, en el sur del océano Pacífico, dispuestas de modo que muestran la posición de las islas. El arte de la cartografía también se desarrolló en las civilizaciones maya e inca.
Los incas, ya en el siglo XII d.C., trazaban mapas de las tierras que conquistaban.
Se cree que el primer mapa que representaba el mundo conocido fue realizado en el siglo VI a.C. por el filósofo griego Anaximandro. Tenía forma circular y mostraba el mundo conocido agrupado en torno al mar Egeo y rodeado por el océano. Uno de los mapas más famosos de la época clásica fue trazado por el geógrafo griego Eratóstenes hacia el año 200 a.C. Representaba el mundo conocido desde Gran Bretaña, al noroeste, la desembocadura del río Ganges, al este, y hasta Libia al sur. Este mapa fue el primero en el que aparecieron líneas paralelas transversales para señalar los puntos con la misma latitud. En el mapa también aparecían algunos meridianos, pero éstos tenían una separación irregular. Hacia el año 150 d.C., el sabio griego Tolomeo escribió su Geographia que contenía mapas del mundo. Éstos fueron los primeros mapas en los que se utilizó de forma matemática un método preciso de proyección cónica, aunque tenía muchos errores como la excesiva extensión de la placa terrestre euroasiática. Tras la caída del Imperio romano la cartografía europea casi dejó de existir; básicamente sólo permanecían aquéllos trazados por los monjes, cuya preocupación principal era teológica (presentaban Jerusalén como el centro del mundo) y no les importaba tanto la exactitud geográfica. Sin embargo, los navegantes árabes realizaron y utilizaron cartas geográficas de gran exactitud durante el mismo periodo. El erudito árabe al-Idrisi realizó un mapa del mundo en 1154. Los navegantes mediterráneos, de entre los que destacaban los mallorquines, comenzaron aproximadamente en el siglo XIII a preparar cartas marítimas, generalmente sin meridianos o paralelos pero con unas líneas que mostraban la dirección entre los puertos más importantes. Estos mapas se denominaban portulanos. En el siglo XV se imprimieron en Europa los mapas de Tolomeo que, durante varios cientos de años, tuvieron una gran influencia en los cartógrafos europeos.
Se considera que el mapa realizado en 1507 por Martin Waldseemüller, un geógrafo alemán, fue el primero en designar con el nombre de América a las tierras transatlánticas recién descubiertas. El nombre de América es un reconocimiento a la labor de Américo Vespucio, quien comenzó a trazar los mapas de sus viajes por el continente una vez instalado en Sevilla (1508) al servicio del rey Fernando. Tanto Solís, Pinzón, Juan de la Cosa como Vespucio contribuyeron con sus expediciones al trazado de los primeros mapas de los que se tiene conocimiento sobre el continente americano. Asimismo, los llamados planisferios de Salviatti y de Castiglione, ambos aproximadamente de 1525, son importantes documentos de la cartografía de la época en la cual se basaron mapas posteriores.
El planisferio de Castiglione fue regalado a éste por el emperador Carlos V. El mapa de Waldseemüller, impreso en 12 hojas separadas, fue de los primeros en el que se separaban con claridad Norteamérica y Sudamérica de Asia. En 1570, Abraham Ortelius, un cartógrafo flamenco, publicó el primer atlas moderno, Orbis Terrarum, que contenía 70 mapas. En el siglo XVI, muchos cartógrafos elaboraron mapas que iban incorporando la creciente información que aportaban los navegantes y los exploradores. Gerardus Mercator sigue considerándose como uno de los mayores cartógrafos de la época de los descubrimientos; la proyección que concibió para su mapa del mundo resultó de un valor incalculable para todos los navegantes.
La precisión de los mapas posteriores aumentó mucho debido a las determinaciones más precisas sobre latitud y longitud y a los cálculos sobre el tamaño y forma de la Tierra. Los primeros mapas en los que aparecían ángulos de declinación magnética se realizaron en la primera mitad del siglo XVII, y las primeras cartas que mostraban las corrientes oceánicas se realizaron hacia 1665. En el siglo XVII se establecieron los principios científicos de la cartografía y las inexactitudes más notables de los mapas quedan constreñidas a las partes del mundo que no se habían explorado.
Hacia finales del siglo XVIII, cuando decayó el espíritu explorador y comenzó a desarrollarse el nacionalismo, un gran número de países europeos comenzó a emprender estudios topográficos detallados a nivel nacional. El mapa topográfico completo de Francia se publicó en 1793, con una forma más o menos cuadrada y con una medida de aproximadamente 11 m de lado. El Reino Unido, España, Austria, Suiza y otros países siguieron su ejemplo. En los Estados Unidos se organizó, en 1879, el Geological Survey (estudio geológico) con el fin de realizar mapas topográficos de gran escala en todo el país. En 1891, el Congreso Internacional de Geografía propuso cartografiar el mundo entero a una escala 1:1.000.000, tarea que todavía no ha concluido. En el siglo XX, la cartografía ha experimentado una serie de importantes innovaciones técnicas. La fotografía área se desarrolló durante la I Guerra Mundial y se utilizó, de forma más generalizada, en la elaboración de mapas durante la II Guerra Mundial. Los Estados Unidos, que lanzaron en 1966 el satélite Pageos y continuaron en la década de 1970 con los tres satélites Landsat, están realizando estudios geodésicos completos de la superficie terrestre por medio de equipos fotográficos de alta resolución colocados en esos satélites. A pesar de los grandes avances técnicos y de los conocimientos cartográficos, quedan por realizar estudios y levantamientos topográficos y fotogramétricos de grandes áreas de la superficie terrestre que no se han estudiado en detalle.

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El sol y la luna


Cuenta una leyenda celta que, cuando el Sol y la Luna fueron creados, se amaban con una pasión y profundidad inconmensurables, sin medida, intensamente…


Eran dos amantes libres, el ardiente fuego dorado de uno sobre la fría calidez plateada de la otra...
Cuando Dios decidió que habían de separarse, el Sol para iluminar el cielo de día, la Luna para alumbrarlo suavemente de noche, sus corazones, sus almas, parecieron partirse en dos. Estaban condenados a permanecer separados por siempre, tratando de alcanzarse y nunca lográndolo, en una danza infinita, dolorosa.
El Sol trató de ser fuerte, de fingir estar bien, y lo consiguió, destellando fuerte, muy fuerte, en el firmamento.
La Luna, sin embargo, no podía soportar la tristeza de estar sin su amado, y melancólicamente brillaba en el cielo.
Dios, compadeciéndose de ella, le obsequió con millones de estrellas, pequeños pedazos de luz que trataban de acompañarla, de consolarla. Pero la Luna añoraba el fulgor ardiente del Sol, su piel cálida y dorada, y la fría palidez de las estrellas la afligía aún más.
Se sabía sola, condenada a permanecer eternamente buscando a su amor, sin poder alcanzarlo jamás, apenas vislumbrándolo en la distancia.
Dios volvió a compadecerse de aquellos a los que había separado, y decidió concederles unos instantes de felicidad, con los que habrían de sobrevivir por siempre: los eclipses. Entonces, cuando la Luna desaparece, escondida, cuando el Sol se cubre de su nívea piel, pueden vivir de nuevo, libres, amados, felices, por unos gloriosos momentos, hasta volver a separarse, a romperse, dolorosamente, en dos de nuevo. Esperando, anhelando el momento en que puedan volver a ser uno, juntos, libres, amados

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martes, 20 de enero de 2009

Christopher Reeve

Nació el 25 de septiembre de 1952 en la ciudad de Nueva York (Estados Unidos). Reeve debutó a los 14 años en el teatro. Se lanzó a la fama tras interpretar el papel de Superman. Destacan sus aportaciones escénicas al famoso Williamstown Theatre Festival, herencia de su formación en la famosa Julliard School de Nueva York. Contrajo matrimonio con una ejecutiva de publicidad, de la que se divorció y volvió a casarse con la actriz Dana Morosini. Su debut en el cine fue por casualidad tras aparecer regularmente en la teleserie Love of Life. Una pequeña intervención en Alerta roja: Neptuno hundido, al lado de Charlton Heston, le llevó a convertirse en el Clark Kent /Superman más popular de la historia del cómic cinematográfico. El 28 de mayo de 1995 se fracturó dos vértebras del cuello y se dañó la columna vertebral al caerse del caballo con el que participaba en un concurso hípico, ante cuya gravedad su madre pidió a los médicos que le dejaran morir. Tuvo que sacar fuerzas de donde no las tenía, y gracias a la ayuda de su esposa, logró seguir hacia delante. El actor, que quedó tetrapléjico, asistió en marzo de 1996, en silla de ruedas y valiéndose de un respirador artificial, a la ceremonia de los Oscar, donde fue aclamado en una emotiva acogida. En abril de 1997 debuta como director con una película que narra la historia de un joven enfermo de sida que regresa a su casa para morir junto a su familia. También escribió la biografía "Still Me", cuya transcripción a disco le valió el Grammy al Mejor Album hablado de 1999, al que se suma otro libro publicado en 2002 y titulado "Nothing is Impossible; Reflections of a New Life". Falleció el 10 de octubre de 2004 en Nueva York a los 52 años por una insuficiencia cardíaca.

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La historia del Waldorf Astoria

Una noche tormentosa, hace muchos años, un hombre mayor y su esposa, entraron a la recepción de un pequeño hotel en Filadelfia. Intentando conseguir resguardo de la copiosa lluvia la pareja se aproxima al mostrador y pregunta:
"¿Puede darnos una habitación?". El empleado, un hombre atento con una cálida sonrisa les dijo: "Hay tres convenciones simultáneas en Filadelfia...
Todas las habitaciones de nuestro hotel y de los otros están tomadas.
El matrimonio se angustió pues era difícil que a esa hora y con ese Tiempo horroroso fuesen a conseguir dónde pasar la noche. Pero el empleado les dijo:
"Miren..., no puedo enviarlos afuera con esta lluvia. Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré en un sillón de la oficina.
El matrimonio lo rechazó, pero el empleado insistió de buena gana y Finalmente terminaron ocupando su habitación.
A la mañana siguiente, al pagar la factura el hombre pidió hablar con él y le dijo: "Usted es el tipo de Gerente que yo tendría en mi propio hotel.
Quizás algún día construya un hotel para devolverle el favor que nos ha hecho".
El conserje tomó la frase como un cumplido y se despidieron amistosamente.
Pasaron dos años y el empleado recibe una carta de aquel hombre, donde Le recordaba la anécdota y le enviaba un pasaje ida y vuelta a Nueva York con la petición expresa de que los visitase. Con cierta curiosidad el empleado no desaprovechó esta oportunidad de visitar gratis la Gran Manzana y concurrió a la cita.
En esta ocasión el hombre mayor le llevó a la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34 y señaló con el dedo un imponente edificio de piedra rojiza y le dijo:
"Este es el Hotel que he construido para usted". El empleado miró Anonadado y dijo: "¿Es una broma, verdad?". "
Puedo asegurarle que no", le contestó con una sonrisa cómplice el hombre mayor.
Y así fue como William Waldorf Astor construyó el Waldorf Astoria original y contrató a su primer gerente de nombre George C.
Obviamente George C. no imaginó que su vida estaba cambiando para Siempre cuando hizo aquel favor para atender al viejo Waldorf Astor en aquella noche tormentosa.
No tenemos muchos "Waldorf Astor" en el mundo, pero un jefe satisfecho o un cliente sorprendido pueden equivaler a nuestro Waldorf-Astoria personal.

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Discurso de Lincoln

Hoy, día 20 de enero, en que parece que estemos viviendo uno de esos acontecimientos que pasan a la Historia y que con el tiempo quedan ahí, quiero recuperar un discurso de Abraham Lincoln, pronunciado en plena Guerra de Secesión.
Ojalá que este acontecimiento sea recordado como el inicio de un nuevo orden de mayor concordia y prosperidad.

Ochenta y siete años han transcurrido desde que nuestros padres fundaron en este continente una nueva nación concebida en la libertad, y dedicada a la proposición de que todos los hombres han nacido iguales. Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil, poniendo a prueba si esa nación, o cualquier otra nación, con aquel objeto concebida y dedicada, puede perdurar. Nos encontramos reunidos en un gran campo de batalla de aquella guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como lugar de eterno descanso para aquellos que aquí perdieron la vida para que aquella nación pudiera vivir. Es propio, y a la vez justo, que lo consagremos. Con más amplio entendimiento, sin embargo, nosotros no podemos dedicar – no podemos consagrar, no podemos santificar- este lugar. Los bravos, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han hecho ya, por encima de nuestra propia potestad de acrecentarlo o rebajarlo. El mundo podrá restarles muy poco, ni recordará por mucho tiempo lo que digamos aquí; pero nunca olvidará lo que ellos hicieron. Corresponde a los vivos, a nosotros, continuar la obra incompleta de los que pelearon en este sitio con tanta nobleza. Es mejor que nosotros vengamos aquí a consagrarnos a la gran labor que nos queda por delante – la de que estos muertos venerados afirmen nuestra devoción por la causa a que ellos se consagraron con definitiva, ardorosa, medida – que esta nación, bajo Dios, renacerá con la libertad – y que el gobierno del pueblo, por el pueblo, no desaparecerá de la tierra.

Guettisbur, 19 de noviembre de 1863

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domingo, 18 de enero de 2009

De cómo la sabiduría se esparció por el mundo

En Taubilandia vivía en tiempos remotos, remotísimos, un hombre que poseía toda la sabiduría del mundo. Se llamaba este hombre Padre Ananzi, y la fama de su sabiduría se había extendido por todo el país, hasta los más apartados rincones, y así sucedía que de todos los ámbitos acudían a visitarle las gentes para pedirle consejo y aprender de él.
Pero he aquí que aquellas gentes se comportaron indebidamente y Ananzi se enfadó con ellos. Entonces pensó en la manera de castigarlos.
Tras largas y profundas meditaciones decidió privarles de la sabiduría, escondiéndola en un lugar tan hondo e insospechado que nadie pudiera encontrarla.
Pero él ya había prodigado sus consejos y ellos contenían parte de la sabiduría que, ante todo, debía recuperar. Y lo consiguió; al menos así lo pensaba nuestro Ananzi.
Ahora debía buscar un lugarcito donde esconder el cacharro de la sabiduría; y, sí, también él sabía un lugar. Y se dispuso a llevar hasta allí su preciado tesoro.
Pero... Padre Ananzi tenía un hijo que tampoco tenía un pelo de tonto; se llamaba Kweku Tsjin. Y cuando éste vio a su padre andar tan misteriosamente y con tanta cautela de un lado a otro con su pote, pensó para sus adentros:
-¡Cosa de gran importancia debe ser ésa!
Y como listo que era, se puso ojo avizor, para vigilar lo que Padre Ananzi se proponía.
Como suponía, lo oyó muy temprano por la mañana, cuando se levantaba. Kweku prestó mucha atención a todo cuanto su padre hacía, sin que éste lo advirtiera.
Y cuando poco después Ananzi se alejaba rápida y sigilosamente, saltó de un brinco de la cama y se dispuso a seguir a su padre por donde quiera que éste fuese, con la precaución de que no se diera cuenta de ello.
Kweku vio pronto que Ananzi llevaba una gran jarra, y le aguijoneaba la curiosidad de saber lo que en ella había.
Ananzi atravesó el poblado; era tan de mañana que todo el mundo dormía aún; luego se internó profundamente en el bosque.
Cuando llegó a un macizo de palmeras altas como el cielo, buscó la más esbelta de todas y empezó a trepar con la jarra o pote de la sabiduría pendiendo de un cordel que llevaba atado por la parte delantera del cuello.
Indudablemente, quería esconder el Jarro de la Sabiduría en lo más alto de la copa del árbol, donde seguramente ningún mortal había de acudir a buscarlo...
Pero era difícil y pesada la ascensión; con todo, seguía trepando y mirando hacia abajo. No obstante la altura, no se asustó, sino que seguía sube que te sube.
El jarro que contenía toda la sabiduría del mundo oscilaba de un lado a otro, ya a derecha ya a izquierda, igual que un péndulo, y otras veces entre su pecho y el tronco del árbol. ¡La subida era ardua, pero Ananzi era muy tozudo! No cesó de trepar hasta que Kweku Tsjin, que desde su puesto de observatorio se moría de curiosidad, ya no lo podía distinguir.
-Padre -le gritó- ¿por qué no llevas colgado de la espalda ese jarro preciado? ¡Tal como te lo propones, la ascensión a la más alta copa te será empresa difícil y arriesgada!
Apenas había oído Ananzi estas palabras, se inclinó para mirar a la tierra que tenía a sus pies.
-Escucha -gritó a todo pulmón- yo creía haber metido toda la sabiduría del mundo en este jarro, y ahora descubro, de repente, que mi propio hijo me da lección de sabiduría. Yo no me había percatado de la mejor manera de subir este jarro sin incidente y con relativa comodidad hasta la copa de este árbol. Pero mi hijito ha sabido lo bastante para decírmelo.
Su decepción era tan grande que, con todas sus fuerzas, tiró el Jarro de la Sabiduría todo lo lejos que pudo. El jarro chocó contra una piedra y se rompió en mil pedazos.
Y como es de suponer, toda la sabiduría del mundo que allí dentro estaba encerrada se derramó, esparciéndose por todos los ámbitos de la tierra.
Cuento anónimo tradicional africano

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Lo mejor es aquello que no es demasiado malo


"Pro optimo est minime malus”

Que no se diga, frase en castellano, braille y latín.
Lucio Anneo Séneca (4-65) nos deja esta frase que pretende llamar la atención sobre esa obsesión que, a veces, nos domina por buscar la perfección olvidando que las cosas son buenas simplemente cuando son mejores.

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sábado, 17 de enero de 2009

Un trozo de mi pueblo

EL ÁRBOL DEL RÍO MANZANO

¿Quién de los que vivimos la niñez en nuestro pueblo no recuerda aquellas tardes veraniegas en que merendábamos en el Plantío o la Carreduela? Era una época en la que los mayores segaban y las piezas daban su fruto, el aire se preñaba de polvo seco, el color teñía de oro el paisaje y nosotros, los chicos y chicas, sentíamos la libertad de poseer el tiempo. Jugábamos a constructores: hacíamos cabañas en las cunetas de la carretera o en la copa de algún árbol frondoso. El Añamaza y el Manzano veían fluir las aguas, hijas de las nieves invernales y las lluvias primaverales, además de albergar en su seno cangrejos, de los de verdad, y algunos otros pececillos. De todo aquello ha quedado un testigo mudo, el árbol del río Manzano. Es viejo ya, pero ahí sigue, resistente e inmutable. Me gustaría invitaros a que os paráseis un instante delante de él y fijáseis la vista en alguno de sus pliegues nudosos. Son éstos las hojas de un libro que dio cabida a aquel mundo de juegos, fantasías y travesuras.
¿Cómo nació? ¿Cuándo estuvo enfermo? ¿Qué recuerdos tendrá?
Yo he posado mis manos en su corteza. Estas manos que para mí son la luz y el vínculo con el mundo de los sueños, de las formas. Estas manos prestas a combatir el desaliento. He recorrido las líneas de un mapa que me ha conducido a todos sus rincones, lugares de fantasía. El Árbol me ha hablado. Tiene como una voz de guijarros que ruedan arrastrados por la yasa.

-¿Quién se ha detenido aquí? ¿Qué manos rozan mis arrugas centenarias?
Al principio me ha sobresaltado esa voz cascada que brota del interior
del tronco. Me parece increíble. ¿Me habrá afectado el calor? No puede ser, pero es que no hay nadie más por allí. La voz se oye desde dentro de la grieta que siempre creí habría sido provocada por algún rayo y que ahora descubro que es la boca del árbol.
-Soy alguien que recuerda su infancia. El tiempo ha volado como en un soplo y no he podido resistirme a acariciar este vínculo con mi pasado, y con el de tantos otros que fueron niños.
-Ya a nadie puedo contarle mi historia. Nadie se sienta en ese puente con los brazos sujetando las rodillas y dejando vagar la mirada, yo qué sé adónde. Y es que claro, todos se fueron a lugares más ricos, más grandiosos, en busca de oportunidades. Las tórtolas, las codornices, los mirlos, las lechuzas me han traído sus noticias. Y no creas, no todos los que se fueron encontraron la felicidad ansiada.
-¿cómo es que puedo entender lo que dice? Yo trepé por su tronco, me apoyé en sus ramas buscando la más alta, anhelando ir más allá y jamás supe, ni nadie supo nunca, que usted hablase.
-Es que la soledad me ha hecho parlanchín y tú has abierto los oídos. Otros también me escucharon, pero creyeron oír al viento del solano con su ulular. Pero no, era yo que necesitaba de su compañía. Sí, es verdad. Ya no viene nadie a jugar sobre mi cuerpo, ya no escucho los sueños ni las aventuras de nadie. Me siento solo. Querría morir, pero aquí sigo.
-Es un regalo que me hace. Cuántas cosas no guardará. ¿Querría contarme alguna de ellas? Yo le prometo que no las olvidaré.
-Ah, pero creerás que soy loco, ya viejo. Aburrido. Me dicen mis pájaros amigos que ya no se escucha a los ancianos, que se les deja… Pero si quieres, tenemos tiempo; cómo no.
El sol empieza a declinar, una bola de fuego asoma por las Sazas. Los grillos afinan su melodía y el ambiente se ha detenido.
-Hace muchos años me contó una venerable lechuza que fui plantado para celebrar que la astucia había vencido a la violencia, gracias a la intervención de un anciano y un niño, y que los hombres malvados fueran derrotados allá lejos, al Norte, en el Gurugú. Que me plantaron aquí porque ésta era la frontera del poblado. La semilla fue traída por un personaje que venía de lejos. Llegaba cada año con sus mercaderías extrañas, orfebres, telas, licores, y sobre todo traía historias lejanas de gentes maravillosas, animales increíbles, romances. Su llegada coincidía con el final de la cosecha, cuando se festejaba a la diosa de la fertilidad con danzas y ritos, acompañados del brebaje que les unía a los dioses. Les dijo que esta semilla venía de muy lejos y que, allá donde era plantada, la vida se rendiría ante su fruto. era símbolo de eternidad. Parecía traer otro prodigio más, cómo no lo iban a creer después de haber sabido de la venganza que Obeck había sufrido.
Y aquí crecí. Los tiempos fueron cambiando. Contemplé cómo pasaban los años, mi tronco engordaba con nuevos anillos, las cabañas de paja y adobe dejaron paso a hogares de ladrillo y tejas, supe de gentes que peregrinaban en dirección a una tumba de alguien cuyos restos habían sido trasladados en una barca de piedra hacia el Fin del Mundo, un tal Santiago. Y vi cómo los pastores conducían a su ganado hacia los pastizales de ahí arriba. El poblado de los brunos fue sepultado por la maleza y el devenir del tiempo, y nuevos moradores cruzaron la frontera. Trazaron calles y casas de tres pisos, algo inaudito, pero sus gentes siguieron pasando a mi lado, tal y como dijera aquél que me trajo. Aguanté la helada, las tormentas con sus rugidos y algunos fuegos. Fui horadado por gusanos hambrientos, pero también sobreviví a ellos. Mas, ahora ya no me quedan fuerzas. La soledad es la peor de las plagas. Siento cómo la madera se deshace y sé que ni siquiera servirá para calentar a algún anciano en la lumbre.
Noté que mis manos se humedecían con una película viscosa, pero fría. ¿Serían sus lágrimas? ¿acaso se me mostraba esa madera en descomposición? ¿Qué podía hacer?
-Siento que el tiempo se agota.
-Entonces, ¿no se cumplirá la profecía de aquél contador de historias que le trajo hasta aquí?
-Sólo si vuelven los niños a jugar sobre mis ramas, a escribir en este tronco apergaminado el dibujo de sus ilusiones de primeros amores; sólo entonces la vida volverá a fluir por mis entrañas, la savia refrescará mi amargura.
La voz, que había ido debilitándose enmudeció. El silencio y la noche se adueñó del lugar. En mi estómago se había alojado un nudo opresivo. Aún así quise mirar al cielo y sí, a lo lejos noté un destello de esperanza. Mis ojos velados, por un instante, creyeron ver. Vislumbraron un relámpago… ¿qué se encerraba dentro de él? ¿tal vez los signos de un futuro para nuestro pueblo? Volví a sentir un calor vivificante que, sí, de nuevo venía de ese chopo centenario.

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Los perros guía

Hoy, día de san Antón, patrón de los animales, quiero hablaros un poquito de esos fieles compañeros que, a veces, usamos los ciegos para movernos de forma autónoma: el perro guía o perro lazarillo.
Son mucho más que mascotas o animales de compañía, son nuestros ojos y están cuidados de forma impecable. Además de por todo esto, porque nos ampara la ley, desde aquí quiero hacer un llamamiento a que se les acepte, que no se nos pongan obstáculos para acceder a restaurantes, taxis, etc. Es muy desagradable tener que recurrir a la ley o pelear por esto. Ni son un capricho ni van a molestar a nadie.

La historia del perro guía, nos remonta a la fundación del Instituto para Ciegos de Viena, por parte de Johann Whilhelm Klein en 1819, donde recoge las ideas de Joseph Resinguer, quien enseñó a sus tres perros para que le ayudaran en sus tareas cotidianas. Ya en 1827, Leopold Chimani publicará esta historia.
Antes de que las ideas de Klein se pusieran en práctica, aparece un nuevo libro acerca del adiestramiento de perros guía, escrito por el alemán Jacob Birrer.
El proyecto de Klein, inspiró a Gerhard Stalling, quien abre una escuela de entrenamiento de perros, destinados a acompañar a ex combatientes alemanes de la Primera Guerra Mundial, que habían quedado ciegos. Durante la década de los años veinte, es introducida en Estados Unidos la primera escuela, a cargo de Morris Frank, quien también era ciego. Ya en los años 70, se trasladará a Inglaterra e Italia.
Las primeras prácticas de adiestramiento, tuvieron como modelo al pastor alemán, pues es la raza más popular en Alemania.
En la actualidad, las razas más empleadas son: pastor alemán, labrador, golden retriever, sin distinción de sexos, siendo ambos aptos por igual.
Los criadores están abocados a conseguir el cruce perfecto, para potenciar al máximo las aptitudes del animal.
El estado físico del perro guía debe ser óptimo, no debe superar la talla mediana.
Deben destacar entre sus rasgos, la obediencia, la serenidad, el sentido del equilibrio, y la sociabilidad.

Fases del adiestramiento del perro guía:
Primeramente tenemos la etapa familiar, comienza a las seis semanas y dura hasta el año de edad. En esta etapa el perro se habitúa a las situaciones, objetos y sonidos del hogar, y alcanza un nivel de obediencia básica. También aprende a caminar al lado izquierdo de la correa y distendido. Además aprende a ser limpio en la casa, a reprimir sus impulsos destructivos, se lo introduce en el transporte público, etc.
La segunda etapa transcurre en el centro de adiestramiento, y dura seis meses o un año, recibe adiestramiento específico, donde se lo expone progresivamente a situaciones más complejas.
La etapa con el usuario, requiere de un acoplamiento. El perro llega con un año y medio o dos años, previa selección, donde se busca un perro que se amolde a las características y necesidades de la persona ciega. El nuevo propietario deberá asistir a un curso de tres semanas en el centro de adiestramiento, donde aprenderá a cuidar y manejar al perro guía. Luego el curso continúa en la residencia, desde donde se trabajan las rutas y necesidades específicas del nuevo dueño.
Esta es la etapa más compleja.
El perro es visitado una vez al año, por personal de la unidad de adiestramiento, para monitorear el desempeño del animal.

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Si tú quisieras

Del álbum “vivo en vivo” de efecto Mariposa:

Si Tu Quisieras
Me siento a tu vera, y siento que vuela
lo siento de veras.
Ahora tenerte de cerca me he dado cuenta que te he perdido,
que ya no cuentas conmigo.
Que todo te sabe mal,
que no te lo crees,
que es más de lo mismo.
Hoy daría lo que fuera por tenerte a mi lado
por seguirte siempre si tú quisieras.
Tengo razones ya de sobra para andarme con historias
es que te quiero y quiero estar contigo,
siento que nada más me importa
que me importas más que nada,
el camino que sigo empieza y acaba…
…contigo.
Si en tus ojos yo me miro
Si las palabras de tu boca, adivino…
¿por qué no estar contigo?
Siento sentirme tu amigo,
quiero dejarlo estar me duele pensar lo que pudo haber sido .
Hoy daría lo que fuera por tenerte a mi lado
por seguirte siempre si tú quisieras.
Tengo razones ya de sobra para andarme con historias
es que te quiero y quiero estar contigo,
siento que nada más me importa
que me importas más que nada,
el camino que sigo empieza y acaba…
…contigo.
Cuantas cosas en mi vida cambiaría
cuanto mal que te ahorraria
si pudiera amor.
Loco de atar… por ti…
si tú quisieras…
si tú quisieras…
Tengo razones ya de sobra para andarme con historias
es que te quiero y quiero estar contigo,
siento que nada más me importa
que me importas más que nada,
el camino que sigo empieza y acaba…
…contigo.
…contigo
Si tú quisieras…
Si tú quisieras

http://es.youtube.com/watch?v=3da9FaZkD9A…

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viernes, 16 de enero de 2009

¿Por qué seguimos al grupo?

Ya se dice que somos animales sociales. Ved lo que dice esta noticia.

Adónde va Vicente... Conocido es el dicho y conocida también la tendencia de los grupos y las sociedades a la homogeneización. La presión social es capaz de cambiar y moldear las decisiones de los individuos, que obtienen cierta recompensa cuando sus acciones se parecen a las de la mayoría. Un trabajo publicado en la revista 'Neuron' describe los procesos que tienen lugar en nuestro cerebro cuando nos damos cuenta de que nuestras respuestas no coinciden con las del grupo y cómo estos determinan que digamos, al final, lo que dice la mayoría.
Las teorías más modernas postulan que el aprendizaje por refuerzo se produce gracias a las señales de error de predicción, es decir, a la discrepancia entre la recompensa esperada y la obtenida. Esta señal "va guiando la toma de decisiones indicando la necesidad de ajustar un comportamiento", explican los autores.
Por otro lado, los estudios sobre conformidad, entendida como el cambio en el comportamiento de un individuo para ajustarse al de otros, sugieren que los mecanismos del aprendizaje por refuerzo subyacen también a este fenómeno. La hipótesis de trabajo de Vasily Klucharev y sus colegas de la Radboud Universisty Nijmegen (Holanda) es, precisamente, que cuando una persona se da cuenta de que su conducta se aleja de la del grupo su cerebro produce una respuesta similar a la del error de predicción que le indica que debe alterar ese patrón en el futuro.
Partiendo de esa base, elaboraron un experimento en el que 21 mujeres debían puntuar lo atractivos que les resultaban 222 rostros femeninos. Después de hacerlo, recibían la calificación que tenía como media cada una de esas caras en Europa. Durante esta fase, el cerebro de las participantes era observado mediante una resonancia magnética funcional.
En especial, los investigadores prestaban atención a dos zonas del cerebro.
La región rostral cingular, relacionada con el aprendizaje por refuerzo y las respuestas vinculadas con los errores, cuya actividad indica la necesidad de ajustar una acción cuando el objetivo no se ha alcanzado; y el núcleo accumbens, que interviene en el aprendizaje social y cuya actividad modulan las recompensas inesperadas.
Para comprobar si la opinión de la mayoría influía en las puntuaciones iniciales, 30 minutos después de la primera prueba las participantes calificaron de nuevo el atractivo de cada rostro pero esta vez sin recibir la información de la media europea. Tal y como era de esperar, "la opinión grupal moduló los juicios de los individuos incluso sin que el grupo estuviera físicamente presente", subrayan los autores.
Estos observaron, además, que cuanto mayor era la discrepancia entre la puntuación de un sujeto y la otorgada por el grupo más pronunciado era el efecto de conformidad.
El proceso mental experimentado por las participantes quedó perfectamente reflejado en la resonancia. Cuando se percataban de que la opinión del grupo difería de la suya, la región rostral cingular se activaba, así como otras áreas cerebrales relacionadas con el procesamiento de errores. A su vez, el núcleo accumbens se apagaba, junto con otras zonas vinculadas con las recompensas. Una respuesta muy parecida a la señal de predicción de error.
Cuando más pronunciada era la activación y desactivación de las citadas estructuras más probabilidades de que el individuo adaptara sus respuestas a las del grupo, de que se conformara. "En otras palabras -señalan los autores- un conflicto con las normas sociales indica un error similar a la señal de aprendizaje por refuerzo que exige un ajuste del comportamiento".
Un apunte curioso de este estudio radica en la dimensión social de este tipo de conflictos. Cuando Klucharev y sus colegas sustituyeron la puntuación media europea por una elaborada por un ordenador el efecto de conformidad se atenuó. Las participantes no tomaban tan en serio la opinión del ordenador subrayando la naturaleza social del problema.

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Los monos y las nueces

Los monos capuchinos que habitan en las selvas de Brasil son capaces de elegir la mejor herramienta de su entorno para abrir las nueces de palma de las que se alimentan. Durante un proceso de prueba y error, van seleccionando aquellas que les son más útiles y no caen en las trampas que les ponen los investigadores.
El hallazgo es uno de los más sorprendentes resultados que se están obteniendo dentro del Proyecto EthoCebus, que desde el año 2005 está ayudando a descubrir numerosos misterios sobre el comportamiento y el entorno de los monos capuchinos ('Cesus libidinosus') en la zona de Piaui. Han sido publicados esta semana en la revista 'Current Biology' "Hasta ahora se sabía que ésta era una práctica habitual entre los que viven en cautividad, como ya lo descubrió el gran Charles Darwin, pero que en estado salvaje también utilicen yunques y martillos es algo totalmente novedoso", señala Elisabetta Visalberghi, primatóloga del Instituto de Ciencia y Tecnología del Conocimiento, en Roma.
Hay que recordar que hasta hace sólo 50 años se pensaba que los seres humanos eran los únicos capaces de utilizar herramientas de forma inteligente. Las investigaciones llevadas a cabo por Jane Goodall en los años 60 en África Oriental revelaron que los chimpancés salvajes, de cuya rama evolutiva nos separan seis millones de años, también tienen esta capacidad. "El nuevo hallazgo nos obliga a retroceder más en las raíces evolutivas del uso de herramientas", argumenta Visalberghi En el año 2007, un grupo de investigadores descubrió que los chimpancés de Costa de Marfil ya utilizaban hace 4.500 años herramientas de piedra para abrir frutos con cáscara, y sugerían que ésta era una habilidad que estos simios y los humanos habríamos heredado de un ancestro común.
Pero de los monos capuchinos que viven en la reserva biológica de Boa Vista nos separan la friolera de 35 millones de años, aunque es considerado el más inteligente de los monos del Nuevo Mundo.
Visalberghi y sus colegas han comprobado 'in situ' que en numerosas ocasiones estos pequeños simios, del tamaño de un gato, prueban reiteradamente las piedras que querían utilizar como martillos antes de usarlas.
En concreto, van desechando todas aquellas que pueden desmenuzarse al golpear la cáscara de la nuez o las que no pesan lo suficiente. En declaraciones a 'Sciencenews' el primatólogo Frans de Vaal, de la Universidad de Emory (Atlanta, comenta que "después de pasar sus vidas asociando algunos tipos de piedra como cascanueces, al final lo aplican automáticamente". Estos monos capuchinos son omnívoros y también se alimentan de pequeños vertebrados y de otro tipo de frutos, pero las nueces son muy nutritivas: se calcula que sólo 100 gramos les aportan 716 kilocalorías, por lo que no es de extrañar que se esfuercen en conseguir abrirlas.
Según han comprobado los investigadores, primero los capuchinos golpean ligeramente las cáscaras para saber si dentro hay algo o está vacío, en cuyo caso no merece la pena gastar energía. Pero si contiene alimento, la empiezan a mover para ver si se abre y mordisquean su cubierta externa hasta que se ve la cáscara.
A continuación, pueden ocurrir dos cosas: o busca una especie de yunque (una superficie de piedra) que le ayude a abrirla con otra piedra usada como martillo y se lo come en el acto; o deja la nuez en la tierra para volver a comérsela más adelante, cuando la necesidad sea más acuciante.
Tenían para elegir entre una piedra grande y otra pequeña de cuarcita o arenisca, que se rompe con más facilidad.
Visalberghi y su equipo estudiaron el comportamiento de ocho ejemplares, a los que pusieron algunas trampas para ver cómo reaccionaban. Una de ellas consistió en colocarles piedras artificiales que eran de tamaño similar a las que los capuchinos usaban, pero con pesos diferentes.
Curiosamente, los mañosos capuchinos parecían saber cuáles eran las más frágiles y siempre elegían aquellas que no se podían desmenuzar con los golpes, aunque el peso no era obvio a la vista. Cuando varias de ellas parecían idénticas, escogían alguna al azar y la probaban levantándola o golpeándola levemente para comprobar su consistencia.
En total, de los 377 ensayos que hicieron, solamente en 39 casos estos pequeños monos no pudieron abrir la cáscara de la nuez por haber elegido mal, un porcentaje más que exitoso. Tampoco cayeron en los ardides de los científicos, que en ocasiones llegaron a ofrecerles piedras enormes que no pesaban nada y otras muy pequeñas pero de gran consistencia.
Los investigadores observaron también que en Boa Vista la gran mayoría de las piedras son de areniscas frágiles y no sirven para martillear. "Se estima que sólo hay unos 20 buenos percutores por hectárea, lo que demuestra que no sólo los homínidos pueden elegir sus herramientas utilizando métodos sofisticados", señala la primatóloga.
Aún se desconoce si esta habilidad de los monos capuchinos es común a toda la especie o lo desarrollan individualmente algunos individuos, aunque ya parece que comienza con las crías, a las que se ha visto intentando abrir cocos no maduros bajo la vigilancia de sus padres.

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El origen de la mandíbula: ¿cuándo fue?

Una de las tareas más difíciles a las que se enfrentan los paleontólogos es reconstruir un animal completo a través de fósiles y encajarlo en el complejísimo puzzle de la evolución. La dificultad aumenta proporcionalmente con la antigüedad del fósil: cuanto más nos remontamos en el tiempo, más imperfecto es el registro y más piezas faltan en el rompecabezas.
Es el caso que se trae entre manos el investigador Martin D. Brazeau, de la Universidad Uppsala, en Suecia. En un estudio publicado en solitario en la revista Nature esta semana, el científico intenta arrojar un poco de luz sobre el oscuro debate, lleno de preguntas sin respuestas, acerca del origen de los vertebrados con mandíbulas.
El registro fósil sitúa en los inicios del Paleozoico (entre los periodos Silúrico y Devónico, hace más de 400 millones de años) a los primeros animales mandibulados o gnatóstomos, representados por los extintos peces acantodios, que comparten caracteres con peces óseos y tiburones. Aun así, salvo afortunadas excepciones, es raro encontrar al animal completo fosilizado -para que fosilice un organismo tiene que mineralizar, y para ello se tienen que dar circunstancias excepcionales o contar con materiales apropiados, como las conchas-, lo que ha dificultado hasta ahora establecer una relación clara entre los acantodios y los vertebrados mandibulados modernos.
El investigador realizó un exhaustivo análisis anatómico del cráneo de un acantodio de principios del Devónico (de hace unos 418 millones de años), perteneciente a la especie Ptomacanthus anglicus. Es la primera vez que se da una descripción detallada del cráneo de un acantodio que no es el Acanthodes, el representante por excelencia de los acantodios, no porque sea el más representativo, sino por ser casi el único que ha dejado rastros.
Según el análisis, los cráneos de ambos acantodios difieren significativamente, lo que llevó a Brazeau a encontrarle a Ptomacanthus un nuevo hueco en el
puzzle de la evolución, entre los primitivos peces acorazados (que surgen entre el Ordovícico y el Silúrico, hace 490-417 millones de años) y los primeros
peces mandibulados cartilaginosos.
En un árbol de la vida lleno de ramificaciones como es el de todas las especies de este planeta, Ptomacanthus se sitúa como un grupo hermano del ancestro
común de todos los vertebrados con mandíbula, incluidos los humanos (al no ser que -y no se delucidará hasta el descubrimiento de nuevas piezas- sea un
pariente de los tiburones de aquellos tiempos remotos).
"Estos nuevos datos alteran los conceptos anteriores sobre la filogenia de los gnatóstomos y ayuda por lo tanto a proporcionar una imagen más detallada
sobre la adquisición" de las primeras mandíbulas, escribe el autor del estudio.

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