domingo, 17 de febrero de 2013
Tragicomedia de los lenguados
No sé si el cuento que hoy me ha salido tiene mucho sentido,
yo qué sé. Pero bueno, espero os haga sonreír al par que reflexionar.
Buena semana y a seguir adelante.
Que estéis bien.
Con cariño.
A don Lenguas y doña Lengüinas les quieren separar.
Pobrecitos ellos que siempre estuvieron tan unidos y felices.
Es verdad que, no siempre, él fue lo considerado que debe
ser todo buen esposo con ella, pero qué quieren. La avispada doña Lengüinas
siempre se las supo arreglar para sobrevivir que, para eso, es mujer de
recursos, como todas, y pronto aprendió a colarse por resquicios varios, entre
grietecitas y orejillas.
La estirpe de los
Lenguaraces, nuestros protagonistas son sus últimos vástagos, viene de lejos,
de rancio abolengo, podríamos afirmar. De casta Húmeda formaron siempre
progenie abundante.
Hubo 20.000 lenguas que viajaron en submarino de la pluma de
un francés, un tal Jules Verne. Otras hubo, en fin, que nutrían ciertas botas
de siete lenguas, calzadas por simpar gigante.
Y así fueron de lengua en lengua, de boca en boca, y tiro
porque me toca, hasta hoy.
Don Lenguas siempre fue obeso esponjoso, goloso de almíbares
en oasis de mujer que, generosa, siempre, le preparaba los más dulces manjares
para deleite sublime de su glotonería.
En cambio, doña Lengüinas era fina, afilada y de grácil figura,
pero toda una funambulista en paladares dispuestos para ello.
¿Y ahora qué?
Qué modernidades. A él le quieren llevar al planeta
Madrertiano y a ella, al Bertiano.
Están tristes por ello y no dejan de cavilar la solución a
sus cuitas lingüescas.
-¿Y si uniéramos Madrertia con Bertia?
-Ah, mujer; eso posible no será. Que un planeta es de fuego
y el otro de agua. ¿Cómo va a darse semejante fusión?
-¿Y si les sacamos a nuestras hijuelas Lengüecillas para
hacerles burla a semejantes malandrines?
-Ah, querida. Eso tampoco ha de servir de nada, que ciegos
se muestran ante nuestras bondades y amores de siempre.
No duermen, no salibean, no descansan, deslenguados como
están, ante semejante tragedia lengüera.
Deciden, por si no les dejan hacerlo por más tiempo, darse
un garbeo por el río de Babas, gran afluente del océano Bucal.
Van pegaditos, labio con labio y se entretienen en atesorar
suspiros de nieve mensajera, blanquita blanquita.
Y entonces…
Entonces se fijan en otra pareja como ellos, dos hermosos
peces que juguetean cola con boca. ¿Quiénes serán?
Ah, dos lenguados.
-Qué bien.
. Ya tenemos la solución: nos montaremos en sus escamas y a
los otros que les den lengua, jejejej.
-Yupiii, amor. Sí, sí sí. Hágase como dices.
Y Lenguas, y Lengüinas, se funden en sus ya, para siempre,
amigos peceros.
-Señoría, algo muy extraño sucede en nuestro país.
-¿Qué?
-Que se nos han escurrido los Lenguaraces a los que usted
ordenó separar.
-¿Cómo puede ser eso posible? ¿Es que no sabe hacer nada conforme ordeno? ¡Qué desastre de gobierno me
ha tocado encabezar. Si no me encargo yo de los asuntos de la Filología nada
sale conforme debe.
Así habla su ilustrísima Incomprensión, el amo y señor del
gran reino de Babel.
-Perdone usted, pero mis servicios de información floral me
cuentan que les vieron partir a lomos de brillantes escamas río arriba.
-Ande, mande llamar a Barullo, Mordaza y Ruido que con ellos
me entenderé mejor. Qué desastre, señor señor.
Así de indignado se muestra el orondo mastuerzo pateando
suelos de cristal y rompiendo moldes a la espera de que lleguen sus compinches.
Ya sabe lo que hará: instaurará la obligatoriedad de devorar a todos los peces,
pezuelos y pezones que pescarse pueda. ¡Acabará con ellos!
Pero… lo han adivinado, ¿verdad? Don Lenguas y doña
Lengüinas han encontrado refugio en un lugar adonde sus fieros agresores no tienen
entrada: Biblión se llama.
Y bien instalados que
están, la mar de a gustito. Tienen para elegir lechos y asientos sin fin: libros
y más libros los han acogido como de los suyos para siempre y por siempre.
Y colorín, colorado, los lenguados se han casado.
Publicado por Alberto en 7:16 p. m. 5 Dejaron su huella
Etiquetas: Relatos
Sábado de encuentros: el gran regalo de Paco
Si hace hoy justo una semana os hablaba de sorpresas alegres
y profundas emociones, permitidme que hoy comparta mi satisfacción sincera por los
encuentros con que he disfrutado este 16 de febrero, , siendo objeto del regalo
de la acogida y la admiración, del cariño y del estímulo.
Por la mañana, con Goyo, experto en Comunicación y líder de
proyectos como la Fundación Cuentasueños, en un foro en torno a la integración
laboral de las personas con discapacidad en la feria Interdidáctic de la mano
de PAU Education y esta tarde con Paco y Marian en una eucaristía diferente,
llena de interactividad entre el sacerdote y los feligreses, con cánticos y
cercanía en la iglesia de San Viator.
Estar en el foro y escuchar que alguien dice: “aunque ellos
no me ven, soy buen amigo suyo, soy Goyo”. ¡Qué leches! Es lo primero que se me
ha ocurrido. Tiene narices, venir hasta IFEMA, con el mogollón de gente que hay
y lo lejos que está, y que me conozcan. ¡Qué cosas! Con él y con otras personas
más del mundo de la empresa y la educación hemos compartido opiniones y
realidades de este problema. La conclusión general es que el desconocimiento
equivale al rechazo y que lo verdaderamente difícil es iniciar el camino. Todos
tenemos alguna discapacidad / límite, habría que plantearse cuál es para poner
soluciones y diseñar para todos.
Con Paco, excelente amigo pero mejor persona, voluntario de
BBVA (cómo no) y socio de mi querida Fundación Alaine, me dijo hace unos días
que si me apetecía asistir a una misa con jóvenes, que el sacerdote además
tenía gran interés en conocerme. Le dije que sí, claro. Además, me indicó que
iría acompañado de su profesora de baile. “Ah, fenomenal, muy bien. Así la
conozco.” Poco podía imaginar que es una de mis fans, a la que semanalmente
envío mis cuentos y demás andanzas, que era Marian la aludida. Me he alegrado
un montón, pues hasta esta tarde no tenía ni idea de cómo era, qué voz tenía o
quién sería.
La misa ha sido todo un descubrimiento cargado de emotividad
y entrega de los asistentes, con peticiones de niños (Señor, que en el partido
de baloncesto de mañana haya paz, Señor, que aprobemos los exámenes de la semana
que viene…). Se ha hablado de huellas y de luz, ¿cómo no sentirme identificado?
Me ha hecho gracia que esa clásica cantinela mía, ese título de mi humilde
librillo hablara de lo mismo que estaba hablando el sacerdote, él que entonces
aún desconocía semejante coincidencia. Nos hemos tomado las manos en el rezo
del Padrenuestro y, al final, se han dado las gracias por parte de chicos y
chicas. Bueno, a mí también me ha sido dado darlas también, dárselas a Paco
porque si el regalo tiene la categoría de quien lo hace no podía ser pequeño lo
que él había querido obsequiarme esta tarde de sábado. Muy al contrario, ha
sido un regalo fantástico porque él es fantástico.
He recibido la ceniza del Miércoles de Ceniza, tantos años
sin hacerlo. Me he emocionado al ir por ella, atravesar el pasillo de la
iglesia, escuchar el coro de chicos y chicas, con sus voces dulces, cantar mientras yo iba, con la mirada al
frente, viendo a mis seres queridos, pidiendo por ellos, dedicándoles mi
entrega y logros, ayudado de Marian,
¡bonito brazo el suyo, sí sí! Jejejeje.
Ya supondréis, con lo que es uno, que no he dudado en
ofrecerme para aportar mi testimonio de fe y superación, de luz. Ya me he
ilusionado con participar en otra oportunidad de dejar mi corazón y mi alma en
el mensaje que, ojalá un día cercano, pueda transmitir a los chavales de ese
colegio. Será otro gran momento para mí, otra meta alcanzada en plenitud: ser
ejemplo, sembrar esperanza y compartir caminos recorridos en pos de la
felicidad.
Porque ya sabéis… “Se puede, merece la pena intentarlo. Hay
futuro. Siempre adelante” “Qué pesao, este Albertito _diréis_, siempre con su
mismo rollo”. Jejejej.
Publicado por Alberto en 12:33 a. m. 4 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy
jueves, 14 de febrero de 2013
El silencio del cobarde o la prudencia del tonto
Esta es la duda que me ha quedado después de haber asistido
a la reunión en la que no me ha quedado más remedio que verme con el autor de
la dichosa página, en Facebook, que tanta tristeza me generó la pasada semana
compensada con la alegre emoción de vuestra entusiasta respuesta.
Sí, él ha llegado más tarde que yo y no me ha dicho ni
palabra.
Cuando me ha tocado hablar he dicho simplemente: “espero no
hacerme insoportable, como van diciendo por ahí de mí, algunos”, mirándole a la
cara, por supuesto.
Ha terminado la reunión y yo me he venido para casa.
En ningún momento él me ha dicho absolutamente nada. Es más,
la única referencia que me ha dedicado ha sido para darme las gracias por haber
contribuido a que él imparta su taller, una vez al mes, en la biblioteca en vez
de hacerlo en la fonoteca como es habitual.
Alguien me ha dicho después que debería haber remachado la
frase citada con “¿verdad, Juan Carlos?” Pero no se me ha ocurrido, ¿qué
queréis?
Claro, no le he podido ver la cara cuando le he lanzado la
ironía. Es más, igual dice que yo me he largado corriendo y sin esperarle.
Pero… ¿no creéis que él debería haberme dicho: “Alberto,
tenemos que hablar” o yo qué sé
¿Me equivoco, entonces, al tacharle de cobarde? Me ha
parecido increíble que no haya dado la cara como no lo ha hecho en ningún
momento desde que creara la página en agosto pasado pese a saber dónde estoy y
cómo localizarme.
Por otro lado, ¿creéis que debería haber sido más explícito?
¿Haberle esperado y sacarle el tema ya que él no lo hacía?
No sé, me parece que ha optado por el silencio del cobarde
aunque quizá yo haya cometido el error de ser prudente. Pero es que, no sé
actuar de otra forma. En mí hay un freno interno / censor que me impide decir
lo que más de una vez querría decir. ¿Es eso ser demasiado blando? ¿Tonto?
Yo creo que eso es ser prudente,. Huyo de las
broncas, de las palabras gruesas lanzadas cual piedras. A lo mejor, en
realidad, lo que soy es tonto. En fin. Ahí estamos.
Viva el amor.
Publicado por Alberto en 11:09 p. m. 3 Dejaron su huella
Etiquetas: Reflexiones
Hoy me habría gustado...
Sí, me habría gustado hoy ser experto floristero.
Preparar esas flores que alguien habrá encargado para ser
transmisoras de amor , adornarlas con hermosos lazos y celofanes, disponerlas
de la forma más hermosa y añadir esa tarjeta conteniendo palabras que son sentimiento,
y deseo, que alguien habrá querido escribir.
Llevarlas personalmente a su destinataria y comprobar su
emocionada reacción.
Saber cómo indicarle la forma de conservarlas eternamente.
Decirle que acaricie los pétalos como si acariciara a su amado.
Que huela su perfume como si aspirase la esencia del alma
amada.
Y que alegre su vista contemplando su rojo color, su arco
iris de tonos que son certezas de belleza.
Ya sé, el floristero importa poco. La cuestión es que sea
profesional. Pero hay casos en que a la profesionalidad hay que añadirle poesía
y sentimiento de ilusión.
Y al entregar mis flores diría que no olviden regarlas, lo
mismo que al amor que representan, con complicidad, entrega y generosidad.
¿Y yo pretendo hablar de amor? ¿Yo que estoy soltero?
Sí, por qué no. Por qué no si amo a la vida, a la sonrisa
que alguien me regala después de haber sido luz, a esa meta alcanzada
sintiéndome pleno o a ese exquisito dulce cocinado por alguien que quiso
hacerme dichoso.
Felicidades por sentir el amor, sea a una pareja, a la vida
o a esa noble y pura acción que, sin duda, siempre deja su huella. Felicidades
por sentirlo y por tener la necesidad de proclamarlo al mundo. Ahg, y por poder
hacerlo.
Publicado por Alberto en 5:28 p. m. 3 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy
martes, 12 de febrero de 2013
Riesgo de repetirme y hacerme pesado
Sí, ésta es la reflexión que me hago últimamente al estar
activo en tantos canales de comunicación como es el correo electrónico,
Tiflohomero, twitter y ahora Facebook.
Si la mayoría de los que recibís mis mensajes me seguís en
todos ellos, ¿cómo hacer para no resultaros cargante? No quiero aburriros ni
saturar vuestros ordenatas con el mismo contenido y que encima lo que os mande
sea un rollo.. Os aprecio demasiado como para provocaros hartazgo.
Por otro lado, es verdad que hay algunas personas que no
coinciden y que también a ellos me apetece mandarles mis relatos y demás
andanzas.
Así que, ¿qué hacer?
Ya, no mandar siempre lo mismo a través de los 4 medios y
darle alguna especificidad a cada uno.
Poner, p.ej. en Facebook consejos para enseñar cómo puede ayudarse
mejor a una persona ciega a modo de frases o píldoras explicativas pues sigue
habiendo mucho desconocimiento al respecto.
Reenviar twits interesantes de los que yo recibo como
seguidor a través de twitter.
Usar el blog a modo de revista cultural.
Y emplear el correo electrónico con temas más personales.
No sé, algo así.
Lo importante es que, como decía, no os aburra mandándoos lo
mismo por 4 vías al tiempo que estoy activo, por supuesto sin caer en la
dependencia, siendo testimonio y luz.
Se admiten sugerencias / ideas.
Publicado por Alberto en 5:28 p. m. 4 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy, Reflexiones
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