sábado, 15 de diciembre de 2012
Mi personal tarjeta de felicitación navideña, 2012
Esta Navidad, mis palabras quieren ser imágenes que agraden
a tus ojos. Son un acebo del que cuelgan cajas con sus lazos de regalo,
Nacimiento en el que todos caben, paisaje nevado de blancura viajera.
Son aromas que huelen a rosas y jazmines, a muérdago y lavanda, a
mar de atardeceres.
Son sonidos con melodías de voz cálida, campanitas y
castañuelas.
Son sabores que saben a dulce turrón y refrescante azahar.
Son caricias que transmiten afectos y calor con manos queiluminan.
Mis palabras, este año, vienen con vestidos de lunares,
diadema de sueños y zapatos para recorrer caminos nuevos.
Mis palabras surgen de una fuente de la que, pese a todo,
continúa manando ilusión y magia: ilusión que se alimenta de tu compañía y
magia que aparece de la varita portada por el duende que habita en tu corazón.
Mis palabras no quieren ser gritos desesperados ni súplicas
amordazadas; quieren ser sonrisa, aliento y testimonio.
Mis palabras buscan ser espejos que reflejen la belleza de
tu mirada clara y tu sonrisa de marfil.
Mis palabras, en fin, son pinceladas de colores suaves pero
intensos en significados, están dibujadas con alma de escritor, de incansable luchador
y de arqueólogo curioso.
¡Feliz Navidad! ¡Feliz 2013! ¡Felicidades a ti, amig@ mí@!
¡Felicidades a ti y a los tuyos!
¡¡Siempre adelante!!
¡Solo quien cree en que los sueños pueden cumplirse está
realmente vivo! Y uno de mis sueños es seguir contando con tu complicidad y con
tu luz, ser digno de ti, estar a tu altura.
Calor en el alma, luz en el corazón y fuerza para crecer.
¡Para ti! ¡Por ti!
¡Contigo!
Publicado por Alberto en 3:01 p. m. 6 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Feliz Día de la Luz, 2012
Cuando casi toca a su fin este 12 del 12 del 12, con su
simbología que recuerda a esos 12 meses del año y tantos otros signos
zodiacales, docenas de huevos y deflores, cada cual con su contenido, yo quiero
otro año más desearte ¡Feliz Día de la Luz! ¡Feliz Santa Lucía!
Y es que mañana, día 13, se celebra mi patrona. Yo quiero
hacerte partícipe de ella con todo lo especial que entraña para mí:
Luz en el corazón que sabe ver lo hermoso que me rodea. Luz
en las manos que ansían acariciar tesoros en forma de texturas evocadoras. Luz en los oídos que recogen mensajes
cálidos de voces amigas. Luz en la nariz que huele fragancias que invitan al
misterio. Luz en la boca que lanza
sonrisas como pétalos de colores. Luz en la necesidad de superarme y crecer,
de avanzar siempre hacia adelante.
Esa es mi luz, la que yo quiero compartir contigo,
regalándotela en forma de afecto, entrega y disponibilidad.
Esa luz
que habla de magia, de ilusión, de arte
hecho relato, de buenos deseos, de querer ser para ti.
¿Cómo no? Recuerdos que hoy me visitan, imágenes de eventos
que me tocó organizar (qué nervios, qué responsabilidad), amigos que estuvieron
conmigo y que siguen estándolo desde su casa del País de los Sueños. Ellos, y
yo con ellos, se alegran porque estás a mi lado, porque con tu luz iluminas mi
ceguera, una luz que es cariño, apoyo y admiración.
Mañana brindaré por la luz, por la que surge de lo más
profundo y auténtico, porque de esa manera yo me sentiré útil y dichoso. Porque
ojalá un gesto mío, una sonrisa mía, un escrito mío sirvan de luz para alguien.
Sé que para ti lo soy, pero querría serlo también para alguien a quien la
negrura de la oscuridad triste le asole. Ojalá, ojalá. Yo qué sé.
Estrellitas de luz, bolitas de tonos brillantes, serpentinas
doradas acompañan estas palabras mías que nacen de mi alma y son para ti.
Con todo mi agradecimiento y cariño por dedicarme tu amistad
y escucha, por ser mi luz.
Un gran y apretado abrazo de sol luminoso.
¡¡FELIZ SANTA LUCÍA!!
Publicado por Alberto en 11:37 p. m. 5 Dejaron su huella
Etiquetas: Así soy
lunes, 10 de diciembre de 2012
Granada: la ciudad del agua
Si hace dos semanas, hablaba del color especial visto desde
la ceguera, con ocasión de mi viaje a Sevilla, hoy quiero contaros los sonidos
de la ciudad de la Alhambra. Otro periplo más, otra experiencia atesorada bajo
la óptica de la luz hecha amistad, vivencias y aprendizajes.
Esta vez, además de con Elena, iría con José Mari y Miguel,
otros dos buenos amigos ciegos, también. Allí nos esperaban Mercedes y Rafa,
Laura y Eduardo y Pili y Omar. Vamos, que solos no íbamos a estar en ningún
momento.
La mañana se presentaba prometedora: quisimos desayunar en
el tren, por aquello del componente aventurero, así que tuvimos que recorrer,
bastón en ristre, cuales intrépidos James Boon, 4 vagones hasta llegar a la
cafetería. Que no se diga. Ya de vuelta, en nuestros asientos, trasteamos con
el dedito por los Iphones dando una buena nota. Y es que Siri, el asistente de
voz que tiene, es muy gracioso y muy listo, jejjeje. Que le dices: “quiero
casarme contigo”, pues te contesta: “eso ya me lo han dicho otros antes”,
jejejej. Que le dices que estás borracho, pues él te pide un taxi. En fin,
cosas de brujería tecnológica.
Llegamos a la estación y nada de pedir taxi, nos están
esperando, cual si fuéramos jeques, para llevarnos al hotel, por cierto, un
hotel fabuloso en el que tendremos ocasión de escuchar la primera de las
fuentes arabescas que jalonan la ciudad.
Y de ahí, a comer a Pinos Genil. Nos ponemos ciegos de ricas
viandas granadinas, además de escuchar la música del río en un ambiente cálido
dearmonía y brindis por los buenos deseos.
Tras superar un buen atasco de regreso, y es que alguien
haciendo parapente se ha quedado colgado _hay otros que también están colgados
y no precisamente de él_ de un cable de alta tensión a 90 ms. De altura (al día
siguiente un taxista nos contará la peripecia de lo sucedido), pasearemos por
el centro imbuyéndonos del espíritu navideño de sus calles comerciales,
iluminadas y cargadas de puestos típicos. La plaza de Mariana Pineda, la plaza
Nueva o la de Bib Ramblas, la cl. Mesones, etc. Mi mente va visualizando
imágenes y recoge sonidos de villancicos, tiovivos, gente que comenta, olores a
dulces y todo ello, siempre acompañado por el sonido del agua en fuentes y el
río Darro, en este caso. Veremos la estatua de Yehuda ibn Tibon enfrentado a la
de Isabel la Católica acompañada de Cristóbal Colón, todo un símbolo.
Al día siguiente, el viernes nos saludará con nuevo sonido
de agua, en este caso en forma de copiosa lluvia. Aún así, no desistiremos de
conocer el Albaicín, desde sus miradores de San Nicolás y San cristóbal, con
sus callejuelas empedradas y escalones, sus aljibes, sus cármenes (como el de
la Muñequita), casas con su arbolado, chalets de antaño; el Sacromonte, la
Vereda de En medio, el Arco de las Pesas para llegar al Paseo de los Tristes
donde haremos una parada de avituallamiento.
La tarde nos traerá la visita a la Huerta de
san Vicente donde Federico García Lorca pasara buena parte de sus veranos y
escribiera obras maestras del teatro español. Me emociona estar allí, donde
fueron creadas con su escritorio y su silla con brazos torneados. Solo puedo
decirle a la guía que nos la enseña y a mi guía particular: “usted ponga la
palabra, que yo pondré la imaginación”.
La noche se teñirá de Arabia: Pili, la Princesita del Mar a
la que conozco por fin en persona después de años de afecto virtual, nos llevará
junto con Omar, su pareja, a degustar platos típicos como el falafel y acabaremos
en la tetería El Bañuelo saboreando un evocador té verde con hierbabuena y
dulcísimos pasteles que lo acompañan. ¿Qué creéis que hace mi imaginación?
Claro, ver imágenes de “Las mil y una noches”.
El sábado, por fin la Alhambra será el lugar que descubra.
Estoy ilusionado, hace muy bueno, el sol sale a nuestro encuentro. Pero…
demasiada información, exceso de explicaciones. Mi mente se bloquea al tratar
de comprender tanta magnificencia, tanta Historia, tanto Arte. Es verdad, estoy
pisando el Patio de los Leones, la Puerta de Comares, la Sala de los
Abencerrajes, patios, paredes llenas de grafías árabes… Pasan las horas,
subiremos, cómo no, a la Torre de la Vela, qué vistas, lo que hay que ver, qué
panorámica (cuando descendamos, animaremos a los que suben diciéndoselo y
provocaremos, con nuestros comentarios irónicos, sus risas). Al fin, la guinda sí merece la
pena: pasear por los Jardines del Generalife con sus naranjos, jazmines y
cipreses, con su agua incesante (tanta
que hasta una escalera lleva su nombre) y su árbol en el que una sultana y un
capitán celebraban sus encuentros amorosos. Aquí sí disfruto, tanto que me
habría quedado allí evocando, fantaseando, sintiendo en silencio. Pero no,
hemos de seguir.
La tarde del sábado, tras comer, casi sin hambre, unas
soberbias berenjenas a la miel y un remojón granadino (ensalada con bacalao,
naranja y aceitunas), la pasaremos descansando. La noche se hará larga,
bailando en una discoteca (hasta yo, en una discoteca) en un ambiente festivo y
lleno de emociones y con la magia de quien hace posible que Jaime Urrutia nos
cante al oído a Elena y a mí.
Ya no más queda el domingo, uhna mañana tranquila, de paseo
calmo y de la última visita: la de la catedral y la Capilla Real en la que
reposan los restos de los Reyes católicos donde vuelvo a sentirme protagonista
de la Historia y donde la ceguera quiere apoderarse con tentaciones de
frustración aunque no se lo permito, eso sí, a duras penas. Además, enfrente,
se encuentra la Madraza (¿una gran madre? No, jejejej, la escuela coránica).
¿Falta algo aún? Sí, comprar un regalo para Nuria como
símbolo de que ella está junto a nosotros y disfrutar en la pastelería Isla de
un Felipe, un merengue, relleno de bizcocho y empapado de crema de Píonono, qué
decir de él, el resumen de otro viaje inolvidable, pleno,fantástico.
¿Anécdotas? Alguien que no me conoce de nada me dice en la
casa de Lorca: “tienes alma de escritor”. “Es verdad, acabo de publicar mi
primer libro”. “Deme su tarjeta que querré leerlo”. Me emociona semejante comentarrio.
Los bolardos están coronados con granadas. Bueno, no está
mal. Al menos, su punta… uuujummm no se te clavará allá donde más duele.
En la pastelería, el domingo, alguien nos cede su sitio en
el mostrador. “Pasen, que vinimos juntos en el tren. Y es que con la guerra que
dimos, cualquiera no nos conoce, jejjeje.
Boabdil el chico nos deja sus lágrimas, ¿en forma de qué?
Pues en cuál ha de ser: un pastel de almendra y miel con ese nombre.
Queremos ir a la habitación, pero Miguel que ve un poco nos
ha dejado un momento. ¿Cómo llegar hasta ella? Los botones del ascensor no
están rotulados en braille, nadie nos ha dicho que al lado del pomo de la puerta,
en relieve, se indica el número de la habitación. Estamos perdidos, ¿qué hacer?
Bueno, son pasadas las 10 de la mañana. Hay que llamar en una y que nos digan
porque por los pasillos no pasa ni Isabel la Católica, ni Boabdil, ni nadie que
se le parezca. “¿Dónde estamos?” _pregunto_ ¿Y si, en vez de decirnos que es la
5ª planta (buscamos la 422 y 423) , me
hubieran dicho que estaba en la habitación de mis sueños? ¿Y si quien nos abre,
en vez de un serio y educado señor, hubiese abierto una…?
Gracias a quienes nos han acompañado estos días,
asegurándonos que les hemos enseñado a ver la vida con otros ojos. Si así ha
sido, qué orgullo y que encima les hayamos alegrado con nuestras ocurrencias de
cegato chalado, pues miel sobre torta de la Virgen (otro dulce típico más).
Publicado por Alberto en 3:59 p. m. 3 Dejaron su huella
Etiquetas: De viajes
lunes, 3 de diciembre de 2012
Ser discapacitado en la actualidad
No me resisto hoy a compartir contigo una reflexión en torno
a la discapacidad, o mejor dicho capacidad diferente, aprovechando que se
conmemora el Día Europeo de las Personas que la padecemos.
Y, sin embargo, no me resulta fácil hacerla porque dudo sobre
cómo enfocarla. Podría hablarte de mi día a día de discapacitado visual /
ciego, pero me parece pretencioso. Podría comentar la gran marcha llevada a
cabo ayer por la Cl. Goya y Pl. de Colón, en Madrid, pero aunque yo también
estuve en ella, me es complicado ser objetivo. Podría, en fin, buscar algún
testimonio auténtico de ejemplos que demuestran que los límites / barreras a
veces son más mentales que reales.
No sé, pienso en mi caso y cómo _bien lo sabes_ estoy
alcanzando cotas que no son desdeñables tal y como están las cosas: llevar una
vida autónoma, publicar mi libro, participar en actividades múltiples, etc.
Recuerdo cómo eran las cosas hace 25 años y cómo son en la
actualidad: mayores posibilidades de normalización gracias a la tecnología y a
la sensibilización social alcanzada. Cómo cuando estudié la carrera mis profesores
desconocían la forma de ayudarme porque era el primer caso con el que se encontraban
o cómo tuve que recurrir a la voluntariedad de mi familia y compañeros para alcanzar
mis metas.
Claro, soy consciente también, de que los recortes y
cancelación de subvenciones están afectando gravemente a las asociaciones, a mi
entender que haya más de 7000 me parece exagerado, o a grandes dependientes a los
que se les ha suprimido o reducido las ayudas económicas necesarias para que
una persona esté con ellos para ayudarles.
Lo sabéis bien,
porque ya lo he dicho más de una vez: se ha avanzado, pero queda aún mucho
camino por recorrer en cuanto a accesibilidad y posibilidades de inclusión real
en los distintos ámbitos del entorno.
No querría ser una excepción, sino uno más de tantos que se
superan, luchan y aspiran a la normalidad. Sé que gozo de tu afecto y, hasta
incluso, admiración, lo cual es todo un estímulo para no dejarme vencer, para
no decaer ni venirme abajo en más de una ocasión.
Es una responsabilidad que uno tiene: hacer que quienes
vengan detrás, lo tengan más fácil que yo, sean mejor acogidos y comprendidos.
Y cualquier ocasión que se dé para ir en esa línea ha de
aprovecharse, por mí y por el resto de discapacitados.
Todo el mundo tiene, en una medida u otra, algún tipo de
limitación, unas son visibles y otras no, pero ahí están. Soy consciente de que
cuando a uno no le toca de cerca la discapacidad, no la conoce ni sabe cómo es
nuestro mundo y, por eso, quienes sí la padecemos, debemos ayudarles a que lo
hagan. Eso sí, con positividad y optimismo, pero siendo realistas, evitar que
se caiga en los tópicos generalistas _tanto en el buen sentido como en el
malo_, y defender, con educación y respeto, nuestras necesidades y posibilidades de futuro.
Esta es, en fin, mi visión de la discapacidad. ¿Y la tuya?
Publicado por Alberto en 9:48 p. m. 10 Dejaron su huella
Etiquetas: Reflexiones
domingo, 2 de diciembre de 2012
La pobre bola de Navidad
Poco podía imaginar cuando anoche escribí el cuento de hoy,
que esta mañana, en la Marcha de la Discapacidad desarrollada por el centro de
Madrid, en pro de la defensa de nuestra inclusión y derecho de normalización,
que nos regalaran unas simpáticas bolas en cuyo interior había un chubasquero.
Qué curioso.
Bueno, que vosotr@s sí adornéis vuestros hogares con la luz
de la ilusión.
Feliz domingo y mucho ánimo.
Con cariño.
¿La sacarían del armario este año también? Tenía sus dudas.
El señor Sombrero, que había sido encerrado pocos meses atrás, en su misma
balda, cuando llegó y otros días también, le fue contando lo mal que había
visto todo el verano pasado.
Además, algún rumor le había llegado de que el dueño de la
casa en la que vivía, desde que fue traída de lejos, estaba muy ocupado con
andanzas varias, por lo que no le auguraba nada bueno a su tradicional función
navideña.
Decían que este año no habría Navidad en esa casa. Bueno,
tampoco la habría en muchas otras. Se sentía triste.
¡Qué lástima! Los dos años en los que lució ufana su brillo
habían sido inolvidables. Hubo fiesta y concordia cuando le dieron vida. Cómo
recordaba, sobre todo, el primero. Qué ilusión notaba, cuántos buenos deseos y
preguntas sobre dónde la colocarían y junto a quién. Fue testigo de intercambio
de regalos y brindis con champán.
¿Quién era ella? Una bola dorada de papel reluciente. Uno de
los elementos principales, junto a estrellitas, campanas y espumillón, que
adornarían cierto salón.
Al menos, ella había tenido suerte. No la habían roto a las
primeras de cambio o era conservada como símbolo de fiesta mágica.
No, no quería resignarse a quedarse en la oscuridad de un
armario alto. ¡Quería salir!
-No digas tonterías. Nuestro dueño no nos utilizará tampoco
este año. No seas ilusa.
Así habló un zapatito que antaño fue colgado del altavoz del
equipo de música.
-Cállese, que usted debe ocuparse de calzar a Cenicienta. Yo
rodaré rodaré hasta que se me oiga.
-¿Que se te oiga? Querrás decir que se te vea.
-No, no. Que nuestro dueño, bien conoces su ceguera, lo que
tiene que hacer es escucharme.
-Pero si eres pequeñaja y débil.
-Ah, pero no me rindo nunca. Así que…
-¿Qué será eso que se escucha hoy? ¿Serán los vecinos que
están haciendo agujeros otra vez? Vaya cómo deben tener el piso. Pero, no sé,
suena como aquí dentro. Ummm, qué demonios será. Me estoy poniendo nervioso.
¿Serán las termitas que se han apoderado de mis maderas? ¿Será algún tornillo que
ha cogido holgura en mi cabeza? ¿Será… un puercoespín que se ha subido al
bolsillo del tabardo?
En esas andaba Abelardo, intrigado con un ruidito que no
dejaba de sonar esa primera mañana de diciembre cerca de su alrededor. Buscaba
y buscaba.
-¿Qué haces, chaval? ¿Vaguear?
-Qué va, eso quisiera. Que hay un soniquete por aquí cerca y
no sé que puñetas será. Me tiene… Ah, si viera y pillara al que lo esté
causando… ¡me iba a oír! ¡Me tiene hasta las bolas!
-Calma, calma. Ponte tranquilo. Haz como si no estuviese.
-¿Que me calme? Imposible, para un sábado que me las
prometía de relax y tengo la mala suerte de este ruidito.
-Pero mira que eres maniático. Con eso de que no ves, te
imaginas lo que no es. ¿No pensarás que es alguien que se está tocando las pelotas?
Que tú, cualquier cosa.
-No sé, voy a ver si por fin lo pillo. Uy, si es dentro del
armario.
-Abre, abre, que me tienes también a mí intrigado.
¡Catacrás!
-¿Qué ha sido eso?
Espera que toque el suelo. Maldita la gracia. Un montón de
trocitos de papel y una cuerdecilla.
¿Te imaginas lo que puede ser?
-Me parece que es una de las bolas de Navidad que se ha
suicidado. Tanto dar la bara para acabar echa pedazos. Otros venga a protestar
porque los sacan de sus casas y ésta, a la que no iba a utilizar, va y se da el
gran galletazo. Lo que hay que ver.
-¿Veis, hermano Espumillón, de lo que le ha servido a tu
compañera Bola su empeño por hacerse notar?
-Bueno, al menos lo
intentó y, mientras en ello estuvo, fue feliz.
Abelardo, tras colgar la llamada telefónica, se ha quedado
pensando. No tenía ganas de adornar nada, pero ahora… ¿Por qué no? ¿Qué
importaba que no viera los adornos o que nadie fuese a venir? Sacaría la bolsa
con todo lo que sus amigos le trajeron un día buscando lucecitas. No los pondría,
pero los tocaría un momento, recordaría con el calor de su tacto aquel primer
día. Los aproximaría a su mejilla, los sentiría acercándoselos.
Pensándolo bien, era un privilegiado. Tenía tanto por lo que
creerlo…
No, no tiraría los fragmentos de esa bola, la guardaría
junto con todo lo demás porque su llamada le había traído la visión de los
recuerdos especiales de otro sábado de diciembre que ya iba siendo demasiado
lejano..
Publicado por Alberto en 6:54 p. m. 5 Dejaron su huella
Etiquetas: Relatos
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