domingo, 5 de agosto de 2012

La que reluce como el sol


¿Quién no se ha sentido, alguna vez mal ante esa prueba que te han embarcado y no supiste o no pudiste decir que no?
Que cuando así suceda, al final, el señor Ilusión salga a vuestro encuentro para devolveros la sonrisa.
Con mucho cariño y de corazón.
Siempre adelante y feliz semana agosteña.

Ella, una vez más, no supo decir que no. No habría querido hacerlo, sabía que no saldría triunfante de la prueba y que no vería recompensado el esfuerzo realizado. Pero, no, no supo, no pudo decir que no.
La animaron, la embarcaron y la sedujeron para que fuese y luego, luego ¿qué?
Que sí, que sí, que todos le decían que se animara, que podría hacerlo bien, que saldría airosa. Pero ella, bien sabía que no sería así. ¿Cuándo aprendería a decir no? ¿Cuándo sería capaz de rechazar algo que ella bien sabía no era lo suyo?
Y el caso era, por otra parte, que en el fondo quería estar. Se sentía ilusionada aunque pudiesen más los nervios, las certezas o el sentirse utilizada.
¿Y si…? ¿Y si, por aquellos misterios de la magia, alguien, quién sabía quién, valoraba al fin su esfuerzo?
Él la conocía bien, era consciente de que la prueba iba a ser dura para ella. Él estaría con ella, sí, pero no podría ser ella. La ayudaría, la aconsejaría, la sostendría, pero… ¿le serviría de algo a ella todo esto? Su aliento, su empuje, su presencia, ¿harían que el trago fuese menos amargo? Lo dudaba.
Llega el instante, su momento. Él se queda atrás, está allí, mas sabe que no vale de nada su presencia.
No, no lo ha hecho bien. No le han dado el protagonismo que le prometieron. Se siente sola, frustrada, triste. ¿Y él? Él también siente lo mismo. Más aún, siente rabia porque la han dejado olvidada. Ya está. Ni una palmada, ni un gracias, ni un vente con nosotros, eres de los nuestros.
¿Y ahora qué? ¿Lamerse las heridas? ¿Llorar? ¿Huir? ¡No! ¡Maldita sea! ¡Disfrutarían!
-Qué valiente es usted. Qué bien se maneja. ¿Y puedo decírselo? Es muy guapa.
-Bueno, no sé. Hago lo que puedo.
-Quien así la ha interpelado se ofrece a contarle una historia. No tiene prisa y le ha caído bien.
Él recomienda al desconocido que no se pierda la obra de teatro de la que ella ha venido a realizar la crítica. Que es muy interesante y que vale la pena.
-Ah, pues si esta señorita está por medio, allí que estaré.
-¿Y qué historia era esa?
-Cuentan que hace muchos años, cómo no, un noble doncel enamoróse de una guapa doncella, hermosa _como la señorita_, dechado de virtudes y promesas. Que el padre de ésta la tenía destinada para simpar enlace de conveniencia y que, sabedor de las pretensiones de aquél,conjuróse para que fuera desterrado allende los muros del burgo. Y que la pareja juráronse  amor eterno. Y que el varón retó al impío progenitor que aunque no lo creyese, nunca dejaría de contemplarla. ¿Y que cómo lo haría? Pasadizos y pozos en casa palaciega no faltaban. Y que así ficieron la dulce pareja hasta ser descubiertos. Y que al ir a ser apuñalados con saña inmisericorde, dos palomas volaron para cobijarse en las estrellas. Y que estas palomas, años después, serían bendecidas con los cuidados de una magna santa, viendo ésta en aquéllas la imagen de Dios. Y que nadie, nadie olvidó nunca que al contemplar cualquier pareja de aves, por humilde que fuera, representaban el triunfo del amor. Escuchen trinos, aletear de pájaros. Siempre que lo hagan recuerden mi cuento.
-Qué linda leyenda. Ojalá yo fuera pájaro.
   -No diga eso.
-Bueno, yo qué sé.
-Ande, ande. Vénganse conmigo que les invito a un refresco en la plaza de aquí al lado. ¿Saben? En ella, una estatua preside el lugar. ¿Su nombre? Teresa.
-Igual nos bendice con su  magia.
-Calla, calla. Que después de lo de esta mañana… ¿Quién se va a fijar en mí?
-Bueno, de momento este buen señor y oye, oye, chica, que nos quiten lo bailao. Que ellos se lo pierden. Se está agusto, aquí, ¿no crees?
 -Pues… no se está nada mal, la verdad.
-Bueno, yo les dejo. Me marcho ya, que veo que he cumplido mi misión.
-¿Su misión? ¿Cuál era? Díganos su nombre.
-¿Mi nombre? ¿Mi misión? Me llamo Ilusión y me encargo de animar a quienes como usted, guapa señorita, se les ve tristones. Ya lo sé, lo sé. Pero, déjese de tristezas, es muy grande lo que usted hace cada día, que yo estoy al corriente de sus hazañas.
-¿Que lo sabe? ¿Qué va usted a saber? ¿Cómo podría ser tal?
-Pregúntele a las aves, a las hojas de los árboles, a los bancos de las calles que la ven pasar cada día con su bastón blanco. Y pregúntele a su compañero que tanto sabe que hasta crea mundos de fantasía y luz.
Y ella, sí, otra vez, sonríe haciendo que el sol brille, porque ella, por encima de todo, siempre será la que reluzce como el sol.

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miércoles, 1 de agosto de 2012

Cracovia: el viaje de la emotividad

Tal vez alguien de vosotros me echase de menos el domingo, por aquello de que no envié el cuento semanal. Pero es que a la hora en que suelo hacerlo me encontraba escuchando un espectáculo, con cena típica incluida, en el que el folklore polaco era el protagonista.
Así es, entre el viernes 27 y ayer, martes 31,  tuve el lujo de disfrutar de un nuevo periplo viajero al continente europeo para conocer Cracovia y demás.Claro, lo hice maravillosamente acompañado de mis lazarillos viajeros de siempre: Alfonso, Paloma, Elena y Nuria.
Digo en el título de mi crónica que éste ha sido el viaje de la emotividad y es que la característica dominante ha tenido puesto el acento en ella. Más allá de los lugares pisados, ha habido momentos de sobrecogimiento personal que quedan grabados ya en mi memoria de forma indeleble.
Llegamos a la ciudad polaca de Cracovia el viernes por la noche, tras hacer cambio de avión en Münic. En su aeropuerto, llamado en honor de Juan Pablo II nos esperaba el coche con el que nos desplazaríamos, un Opel Astra familiar. Sin más novedades llegamos al hotel, nada menos que el Garden Hilton. Prometí este año que no haría como en Estambul, donde mi curiosidad me llevó a abrir botecitos que luego resultaron contener frutos secos y que encima de no comérmelos, me los querían cobrar a precio de jeque catarí (catarí que te vi). Menos mal que la pericia de Alfonso ayudó a que se solucionase el asunto (claro que si hubiesen tenido su rotulito en braille…). Este año por no haber, no había ni bebidas en el mueble bar, debieron de pensar que no era bueno para los ciegos, así que no tuve la ocasión de urgar en botecitos y demás.
El sábado transcurrió por la ciudad. Cruzamos un estupendo puente (ah, siempre cruzando puentes) y atravesar el Vístula, con barcos restaurante, etc. Para subir a la colina Wawel donde se encuentra la catedral y el castillo para, una vez visitados con sus distintas dependencias y tumbas reales, descender en dirección a la plaza del Mercado. A ella llegamos por calles peatonalizadas llenas de tiendas y casas señoriales, incluida la sede del Instituto Cervantes.
La plaza está muy bien, con mucho ambiente, una fuente en el centro y los 2 edificios principales: la Lonja de los Paños y la Basílica de Santa María.
Tras recup’erar fuerzas con una sabrosa ensalada césar y un helado soberbio de vodka con cerezas, nos dirigimos a la Barbacana o torre defensiva de la ciudad.
Y de ahí a la iglesia de san Adalberto para escuchar un concierto de música clásica en un ambiente fantástico. La música, la acústica y la compañía fueron ideales.
El domingo nos fuimos a visitar el santuario polaco de la Virgen Negra de Czestochowa, un lugar cargado de devoción católica. La vuelta estuvo protagonizada por una intensa lluvia por lo que mínimamente pudimos pasear por el barrio judío lo mismo que hiciera Steven Spielberg para rodar su “Lista de Schindler” y, ya sin más, acomodarnos en el local donde presenciamos el espectáculo de música tradicional. Vaya giros de los bailarines, vaya cabriolas y música de polca, vaya aires que se gastaban al danzar, si parecían tornados.
El lunes, volvimos al coche para encaminarnos primero al pueblo natal de Karol Wojtyla, Wadowice, para luego llegar al complejo nazi de la muerte, Auschwitz-Birkenau, cuatro horas de visita, cuatro horas de contacto con el terror industrializado.
Finalmente, el martes, antes de regresar al aeropuerto, conocimos la famosa mina de sal de Wieliczka.
Hasta aquí, la descripción de lugares. Ahora las emociones, mis impresiones:
Nos emocionamos, con alegría, al enterarnos de que en Cracovia los ciegos disponen de 3 maquetas estupendas. Nos detenemos en ellas para ver lo que antes nos habían descrito Alfonso y Paloma. Están fenomenal. Lo que también está muy bien es la audioguía que nos describe la basílica de Santa María, en concreto su retablo mayor, toda una obra de arte en honor de la Virgen.
Nos  emocionamos cuando alguien nos conduce en plena misa mayor, en el santuario de la Virgen Negra, por detrás del altar, para situarnos casi en primera fila junto al cuadro que la representa (por cierto, una sorpresa al saber que no es una estatua, sino un cuadro) mientras se canta en su honor puestos de rodillas y en medio de un silencio profundo. De mi alma brotan sentidas oraciones de gracias por lo que soy y estoyh consiguiendo, además de pedir por tantas buenas gentes como me regalan su cariño.
Nos sobrecogemos al visitar el campo de exterminio. Es verdad, no vemos lo expuesto en las vitrinas (fotografías terribles, ingentes cantidades de objetos personales, cabello, útiles de la vida cotidiana, ropa y calzado), pero sí al escuchar las cifras y lo que fue aquello, pero más aún, al tocar las literas en los barracones, el poste de castigo, el paredón de la muerte, las paredes de las celdas, la alhambrada de espino,  una cámara de gas y un horno crematorio. En el 2º campo, el más terrible, Birkenau, el espacio es inmenso, abrumador. Mi mente visualiza lo que debió de ser todo aquello, las pisadas de la gravilla, los árboles que rodeaban aquel inmenso terreno pantanoso de 170 hectáreas. La guía nos deja una lámina en relieve que muestra la distribución del complejo. Tocamos un vagón de los que transportaban a los prisioneros.
Nos emocionamos, finalmente, descendiendo más de 500 escalones por el interior de la gigantesca mina de sal con galerías y salas enormes pensando en cómo serían las condiciones de trabajo en ese lugar para extraer la sal. No podemos verlas, pero hay esculturas de gema verde o transparente de una gran viveza y realismo.
¿Las anécdotas? A la ida, en el viaje de Münich a Cracovia, en el avión nos obsequian con una bolsita que contiene, a más de un sandwich, un bombón y una galleta, el plano de Londres. Yo pregunto: ¿pero no íbamos a Polonia? Se ve que como se inauguran los Juegos Olímpicos, pues han querido que nos sumemos a la fiesta con el detalle.
La persona que nos conduce en Czestokowa no es un señor. es una monja. Por la voz nadie lo habría dicho.
Elena toca el vestido y diadema a la bailarina del espectáculo y lo debe hacer tan bien, que nos regalan el CD que van dejando por las mesas para que lo compren.
Yo pregunto: "¿es un caramelo esto que me dais? No, es un trozo de ámbar. En fin, siempre pensando en lo mismo.
Damos un paseo por el centro, en coche de caballos, ya de noche: luna llena, alazanes blancos y guapa conductora. Me dicen: “¿quieres tocar el caballo?” Yo digo: preferiría tocar a la amazona, pero como no va a poder ser, pues…”
Cada hora suena, desde la torre más alta de la basílica de Santa María, un toque de trompeta que queda interrumpido en recuerdo de lo que sucedió durante el asedio de las tropas turcas a la ciudad. Paloma se empeña en ver si es un esforzado trompetista o no, quien la interpreta. Mientras ella, encuentra la respuesta, yo prefiero entretenerme en saborear un exquisito helado. ¿Qué queréis? Uno es así.
Por último, al pasar el control en el aeropuerto de Cracovia me obligan a descalzarme. He pitado al atravesar el arco. Me pregunto qué habría sucedido si en vez de zapatos, hubiera llevado herraduras. Seguro que entonces había pasado sin más. Debe ser que estaba destinado a dejar también la huella de mis pies por aquellas tierras. Bien sabéis lo mucho que entiendo últimamente de huellas. Debió de ser que el librillo de marras andaba reclamando su atención.
Viajad, aprended, vivid. ¡Es maravilloso!


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jueves, 26 de julio de 2012

¡Felicidades abuelos/as!


Es verdad, hoy es san Joaquín y santa Ana, abuelos de Jesús y, por ello, día declarado de los abuelos.
Vaya este pequeño escrito mío en su homenaje y recuerdo. Los míos ya partieron al país de los sueños pero siguen vivos en mi memoria y corazón.
Recibí el otro día una de esas composiciones, que circulan por el mundo virtual, con música, imágenes y texto en relación a este tema. De lo que en ella se decía me quedo con:
“Amamos las catedrales antiguas., los muebles antiguos.. las monedas antiguas..        las pinturas antiguas.. y los viejos libros..              pero nos hemos olvidado por completo del enorme valor moral  y espiritual de los ancianos.
Hay que estar agradecidos de nuestra edad. pues la vejez es el precio                        de estar vivos.
Un día morirás, pero jamás habrá fuerza capaz de detener a quien sueña, a quien construye aun sobre las cenizas, a quien ama., a quien espera de la vida el momento mágico de una ilusión, a quien no olvida que el tiempo pasó, si… pero.. ¡no se llevó consigo su corazón!
Por tanto: sueña, construye, ama, espera y … no permitas  sentirte como un inútil viejo.”
Mis abuelos se llamaban Gloria y Benito, los paternos; y Susana y Alejandro, los maternos.
A Gloria, la madre de mi padre, apenas si la recuerdo. Murió cuando yo tenía 4 años. Entre la niebla de mi memoria vislumbro su cuerpo metido en una oscura caja.
A Benito, el padre de mi padre, sí le recuerdo bien. Con su gayata, su bola en el cuello que tanto me gustaba y sorprendía, su pasión por los dulces. Murió cuando yo tenía 14 años y tanto le quería que quise que el crucifijo de su ataúd fuese mío como recuerdo.
Susana, la madre de mi madre, la recuerdo con su delantal de cuadritos blancos y negro, con su moño y preparándome aquellas meriendas sublimes a base de rebanadas con pan untado en mermeladas hechas por ella o en vino y azúcar. Con ella jugué muchas veces a las cartas igual que ahora Isabel, mi sobrina pequeña, lo hace con su abuela (mi madre).
Y a Alejandro, lo recuerdo bien, claro. Murió tan solo hace dos años (ya escribí algo en su recuerdo) con su sonrisa, su memoria, sus expresiones y sus detalles.
 Ah, mis abuelos que se preocuparon tanto por lo que sería de mí, porque me enseñaron y acompañaron cogiéndome de la mano. Por tanto.
Y si las sociedades antiguas tanto respetaban a los ancianos como a los sabios que las guiaban. Y si ahora los ancianos se han convertido en elementos fundamentales en el cuidado y acompañamiento de los niños. Y si tanto se dice que son fuente de ternura y cariño para los nietos.
Y si todo eso suponemos que es así, ¿por qué hay tantas personas mayores solas en los bancos de los parques en las ciudades? ¿Por qué hay tantas personas mayores que se sienten aparcadas como trastos viejos?
Es verdad, a veces, uno no es capaz de escucharles aun sabiendo todo eso y valorándoles, es verdad que a veces uno piensa que se vuelven pesados o que no encajan en este mundo de prisas y modernidades. Pero, ¡cómo me gustaría que con mi actitud alguna de esas personas mayores que tan solas y derrotadas se sienten, pudiesen tener aún un poquito de luz gracias a mí!

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lunes, 23 de julio de 2012

Huellas de Luz ya en braille


Muy buen lunes veraniego:

Con enorme ilusión puedo deciros que esta mañana he podido tocar “Huellas de Luz” en esos puntos mágicos que para los ciegos son luz, en braille. 4 volúmenes, aproximadamente 700 páginas de recio papel que convierten los caracteres visuales de las 264 del original en táctiles. Qué gozada.
Qué bien se leen mis relatos acariciándolos.
Si ya fue un sueño decir que tengo un libro editado y publicado en el mercado, creo que mayor ha sido la sensación de saber que está en braille, que podré leerlo directamente, sin la intermediación de la voz de “míster Jaws”, esa síntesis robótica que me posibilita el acceso a la información que aparece en la pantalla del ordenador.
Y ojalá que otros ciegos, a través de mis relatos puedan mejorar su destreza en el manejo del código de puntos y que se emocionen con ellos.
Y que Louis Braille, desde el país de los sueños, se sonría y alegre también porque su sistema da esa luz que él siempre persiguió con tanto ahinco.
Ahora toca dar vida a “Huellas de Luz” haciendo posible que llegue más lejos, tanto como para que cumpla la misión con la que fue creada: aportar, emocionar, ayudar, iluminar.
Espero que sepáis comprender lo que para mí significa que Huellas de Luz esté adaptado en braille, ¡qué increíble!
Gracias a quienes lo han hecho posible.
Un abrazo lleno de gratitud y fuerza.

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domingo, 22 de julio de 2012

En una oscura calleja


Tras un estupendo domingo de excursión a la ciudad del palacio y del concierto (Aranjuez) en donde he tenido ocasión de compartir buenas viandas y mejor compañía, os envío mi cuento de hoy.
Ojalá que podáis degustar esas ricas golosinas de la protagonista de hoy.
Abrazos de luz y feliz semana.
Con cariño.

En una oscura calleja de una antigua ciudad se encuentra un hombre solitario. Podría parecer que esté perdido o que sus ciegos pasos le hayan conducido hasta semejantes angosturas.
El cielo empieza a clarear en ese momento. La cortina del amanecer se va descorriendo para dar paso a un día neblinoso. Sobre su mugriento aparejo cae una herrumbrosa cascada de mísero llanto de niebla pobre.
Ese personaje, de rasgos menguados pero determinación en su apostura, busca algo. Camina, observa, indaga.
Cubos de basura sin recoger se despliegan por las aceras, algunos restos las alfombran, incluso cascotes. Vehículos aparcados, parece que desde siempre, árboles esqueléticos y paredes desconchadas en las que viejos carteles cuyas letras apenas si pueden leerse, cuelgan cual náufragos vencidos, son otros de los elementos de este decorado de guerras sin guerra.
Por fin, parece haber llegado a su Itaca. Con mano firme, golpea un roñoso llamador broncíneo con forma de diablo.
-¿Quién es? ¿Quién osa molestar mi despertar? –Una voz de decrépito fumador bronquítico ha respondido con ínfulas de enfado_.
-Soy un modesto traficante que llega hasta su emporio en busca de mercancía.
-Poco queda ya aquí. Que lo que había acabó pudriéndose o evaporándose en
Los miasmas sulfúricos. Así que, lárguese y déjeme en paz.
-Que no, que la bella Glucosenda me insistió en que recalara a su palacio.
-¿Palacio esto? Si es un antro ya. Hace siglos sí lo fue, ahora es una covacha de mala vida. Ojalá pudiese decir de mala muerte, pero hasta la muerte huyó de mí. ¡Maldita vieja, ella y su guadaña! Algún día alguien la vencerá y entonces… entonces vendrá a mí. ¡Y yo la rechazaré!
-Vengo en pos de sus bolas.
-¿Mis bolas? Si ya ni yo soy capaz de encontrarlas, de tan arrugadas y menguadas como quedaron.
-No sé de qué bolas hablará su señoría, usted, pero las que ella me encargó debían ser unas de colores con textura de plastilina, me dijo.
-Ah, es eso. Tenga, esto debe ser.
-¿Eso? Pero si parece un amasijo amorfo.
-Pues es lo único que tengo. Si lo quiere, bien. Y si no, váyase con mil diablos y déjeme a mí con mi rabo y con mis cuernos. Ah, y si vuelve a ver a la Glucosenda, dígale que… Bueno, no; que aún la quiero, que siempre la amaré. –Un chisporroteo se ha escuchado al otro lado. ¿Serán lágrimas?
Y el temerario traficante se resigna a guardar en su bolsa aquel cúmulo blandengue, viscoso. Retrocede, parte. Querría correr para salir de allí, pero algo hace pesarosos sus andares. Reflexiona, cavila en torno a lo que ha contemplado.
Al fin, el dédalo encefaloide de callejas retorcidas, desemboca en la avenida ancha de la Esperanza, con su fuente de ninfas al fondo.
Hacia ella se dirige. Ha quedado con ella para citarse a las 12. Pocos minutos faltan ya para la hora.
Se acodará en el borde de la pila y aguardará.
La niebla ha desaparecido, vencida por el sol claro de tardes de paseo. El agua que fluye de entre las conchas de mármol se ve lamida por rayos dorados haciéndola sonreír con burbujas azuladas, verdosas y anaranjadas.
 -¿Cumpliste con mi encargo?
-No sé, esto es lo que pude conseguir. Ah, y una declaración de amor para ti.
-Vaya vaya, qué pícaro fue siempre el infeliz Daemoniodoro. Pobre Dae.
-¿Qué vas a hacer con esto?
-Mira.
Y Glucosenda, la de los dedos de azúcar y cabellos de ángel, pellizca la masa para bañarla en sus aguas, que son néctar. Brillantes esferuelas de colores van naciendo.
-Toma, llévale una bolsa de ellas a mi Dae, para que se endulce a mi sabor. Y toma tú el resto para que, en fiestas y aniversarios, las des a los humanos.
-¿Cómo las llamaré? ¿Y para mí, tu deudo, no habrá nada?
-¿Su nombre? Glucosinas Golosinas. Quien las chupe será feliz. ¿Y para ti, mi servidor? Para ti, toma esto.
-¿Eso? Pero si no tiene color y es cuadrado, no me cabrá en la boca. Y lo que debe de pesar.
-No seas desagradecido. Es el mejor de los caramelos. Es grande para que lo comas a dúo junto a tu amada. Si así lo haces, tu goce será infinito, mucho más que el de los besos que soñarías darme a mí, que ya lo sé, que… bien querrías subirte a este pedestal y robar mi boca.
Una mueca de rubor ha asomado a la faz del hombrecillo que, sin querer dejar que ella le vea, carga presto con su mercancía nueva.
-Otra vez alguien que llama. ¿Quién demonios será? Como sea la vieja de la hoz… Va a ver lo que es bueno.
-Dae… maese Dae. Que soy yo, que… le traigo…
Y sí, mientras una luna creciente se deja ver en aquellos andurriales, esta vez el interpelado abre una puerta cuyos goznes gritan de tanto como han estado abandonados. ¿Quién será?
¿Y si fuera diabético? ¡Los caramelos de Glucosenda nunca han estado contraindicados para quienes, ese mal, padecen.


    



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jueves, 19 de julio de 2012

Hoy, superadas 100.000 visitas a Tiflohomero


Me parece increíble, otro milagro más, una pasada.
Aunque, por otra parte, la fortaleza de Tiflohomero, lo que ha crecido desde que naciera allá por septiembre de 2007 y la dedicación con que lo voy cuidando seguramente hagan que no sea tanto milagro el que hoy se hayan superado las 100.000 visitas a este blog que, con tanta ilusión y empeño, fue creado.
Si bien es cierto, que a buena parte de quienes lo visitan les conozco y sé quiénes son, no lo es menos que hay muchos anónimos visitantes y a estos son a los que uno le generan curiosidad / intriga. ¿Qué buscarán al llegar hasta este espacio? ¿Vendrán de la mano de algún amigo o amiga? ¿Lo harán por puro azar? ¿Les será de utilidad? ¿Les producirá curiosidad?
De una manera u otra, el caso es que ahí están los datos, supongo que el contador que Google ofrece no mentirá. Así que cuando a uno le asalta la duda o la debilidad que te tientan a echarle el cierre, ante semejantes atenciones no hay color. Está claro que debo seguir adelante, dotando a Tiflohomero de contenidos interesantes y actuales, de vida.
Claro, por supuesto, lo más importante y deseable es que quienes hasta aquí llegan, no pasen de puntillas, no retornen sino que les queden ganas de pasarse otro día y otro y otro.
Bueno, un motivo más para celebrar en este julio, para muchos de oscuridad, pero para Tiflohomero (y para su padre Alberto), tan preñado y lleno de luz brillante.
Que seamos todo lo hospitalarios que merecéis, que volváis y aún más, que dejéis huella en forma de comentarios.
Un cálido y apretado abrazo lleno de gratitud y fuerza.
    

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miércoles, 18 de julio de 2012

Audiovisual "Huellas de luz"

Vuelvo ahora, después de compartir contigo mi alegría por la celebración del 12 aniversario de mi estancia madrileña para ofrecerte un pequeño regalo que a mí me emociona especialmente. Se trata del audiovisual que creó mi cuñada con motivo de la presentación de Huellas de Luz. En él va lo que he querido que sea este libro: algo familiar (la voz que lee las frases y título de las huellas es Isabel, mi sobrina), la música es mi canción predilecta, mi himno, y las imágenes representan el contenido del libro. Seguro que os gusta tanto como a mí. Ya me diréis qué os parecen las imágenes y me las contáis, ¿vale? Con mucho cariño y de corazón.

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martes, 17 de julio de 2012

12 años ya

Sí, 12 años ya en este Madrid al que ya siento como mío. Hace hoy 12 años que llegué a este laberinto urbano, impelido por esa ansia mía de ir siempre adelante, de emprender nuevos caminos. Ya he hablado en Tiflohomero de cómo fue aquel día, de las dudas que me embargaron, de los miedos, de los remordimientos que me acosaron al ver a mi familia tan agobiada por si me adaptaría o no y por dejar Teruel. Pero lo hice, me empeñé y aquí estoy. Vuelvo la vista a aquel lejano lunes de 2000 y me sonrío al pensar en todo lo acontecido desde entonces, a los logros alcanzados y a las grandes o pequeñas conquistas obtenidas. Es verdad que llegaba con muchas ilusiones en cuanto a la promoción de la lectura cara a la sociedad y a las personas ciegas y que, en buena medida, dichas ilusiones se han visto frustradas porque no he podido hacer todo lo que me habría gustado y porque aún hay mucho por hacer en este tema, como en el resto de cuestiones relativas a la accesibilidad y visibilidad de la ceguera. No es menos cierto, no obstante, que puedo decir lo orgulloso que estoy de haberme ganado amistades y lugares, experiencias y descubrimientos que, de otra manera, no habrían sido iguales. Jamás llegué a imaginar que viviría como vivo, en un piso muy bien ubicado, que me relacionaría con personas de categoría (tanta, que me regalan su amistad), que me movería por el Metro con normalidad, que superaría tantas metas. Y si yo lo hice, ¿por qué no lo vas a hacer tú también? Si yo, que me vine de Teruel sin ver para enfrentarme al reto de la gran ciudad y vencí, ¿por qué no vas tú a vencer también? Aquellos lejanos días, un primo muy querido por mí, me aseguró que Madrid acabaría enganchándome aunque me costara adaptarme. Qué razón tenía porque, para mí, es muy grande el haberme integrado tan bien en esta ciudad. No puedo por menos que cada 17 de julio celebrarlo, que celebre mi decisión (no sé si temeraria o no) pero tan portadora de luz. Y como es algo tan importante, no puedo dejar de compartirlo contigo porque sé que te alegras conmigo. Pienso la sensación emocionante que me genera el pasear, aunque sea bastón en ristre, por la Gran Vía o por la Cl. De Alcalá o el Pº. del Prado. No se´, me veo con mi gorra de chulapo, mi traje castizo flirteando o piropeando a manolas y chulapas. Que no, que no, que trato de pasar discretamente y además, bastante tengo con concentrarme en no tropezar con los numerosos obstáculos que uno se encuentra, pero… Bueno, pues eso, que me apetece brindar contigo por este éxito mío, del que tú, en buena medida, eres partícipe. ¡Por Madrid! ¡Por mi empeño o tozudez o como quiera que se llame! ¡Por ti! Ah, y otro brindis más: ¡por aquel ojo que tuve al querer aventurarme a venir! Que no me

falte para seguir llegando a otras metas, metas que seguro llegarán de tu mano…

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