domingo, 5 de agosto de 2012
La que reluce como el sol
Publicado por Alberto en 9:54 p. m. 0 Dejaron su huella
Etiquetas: Relatos
miércoles, 1 de agosto de 2012
Cracovia: el viaje de la emotividad
Así es, entre el viernes 27 y ayer, martes 31, tuve el lujo de disfrutar de un nuevo periplo viajero al continente europeo para conocer Cracovia y demás.Claro, lo hice maravillosamente acompañado de mis lazarillos viajeros de siempre: Alfonso, Paloma, Elena y Nuria.
Digo en el título de mi crónica que éste ha sido el viaje de la emotividad y es que la característica dominante ha tenido puesto el acento en ella. Más allá de los lugares pisados, ha habido momentos de sobrecogimiento personal que quedan grabados ya en mi memoria de forma indeleble.
Llegamos a la ciudad polaca de Cracovia el viernes por la noche, tras hacer cambio de avión en Münic. En su aeropuerto, llamado en honor de Juan Pablo II nos esperaba el coche con el que nos desplazaríamos, un Opel Astra familiar. Sin más novedades llegamos al hotel, nada menos que el Garden Hilton. Prometí este año que no haría como en Estambul, donde mi curiosidad me llevó a abrir botecitos que luego resultaron contener frutos secos y que encima de no comérmelos, me los querían cobrar a precio de jeque catarí (catarí que te vi). Menos mal que la pericia de Alfonso ayudó a que se solucionase el asunto (claro que si hubiesen tenido su rotulito en braille…). Este año por no haber, no había ni bebidas en el mueble bar, debieron de pensar que no era bueno para los ciegos, así que no tuve la ocasión de urgar en botecitos y demás.
El sábado transcurrió por la ciudad. Cruzamos un estupendo puente (ah, siempre cruzando puentes) y atravesar el Vístula, con barcos restaurante, etc. Para subir a la colina Wawel donde se encuentra la catedral y el castillo para, una vez visitados con sus distintas dependencias y tumbas reales, descender en dirección a la plaza del Mercado. A ella llegamos por calles peatonalizadas llenas de tiendas y casas señoriales, incluida la sede del Instituto Cervantes.
La plaza está muy bien, con mucho ambiente, una fuente en el centro y los 2 edificios principales: la Lonja de los Paños y la Basílica de Santa María.
Tras recup’erar fuerzas con una sabrosa ensalada césar y un helado soberbio de vodka con cerezas, nos dirigimos a la Barbacana o torre defensiva de la ciudad.
Y de ahí a la iglesia de san Adalberto para escuchar un concierto de música clásica en un ambiente fantástico. La música, la acústica y la compañía fueron ideales.
El domingo nos fuimos a visitar el santuario polaco de la Virgen Negra de Czestochowa, un lugar cargado de devoción católica. La vuelta estuvo protagonizada por una intensa lluvia por lo que mínimamente pudimos pasear por el barrio judío lo mismo que hiciera Steven Spielberg para rodar su “Lista de Schindler” y, ya sin más, acomodarnos en el local donde presenciamos el espectáculo de música tradicional. Vaya giros de los bailarines, vaya cabriolas y música de polca, vaya aires que se gastaban al danzar, si parecían tornados.
El lunes, volvimos al coche para encaminarnos primero al pueblo natal de Karol Wojtyla, Wadowice, para luego llegar al complejo nazi de la muerte, Auschwitz-Birkenau, cuatro horas de visita, cuatro horas de contacto con el terror industrializado.
Finalmente, el martes, antes de regresar al aeropuerto, conocimos la famosa mina de sal de Wieliczka.
Hasta aquí, la descripción de lugares. Ahora las emociones, mis impresiones:
Nos emocionamos, con alegría, al enterarnos de que en Cracovia los ciegos disponen de 3 maquetas estupendas. Nos detenemos en ellas para ver lo que antes nos habían descrito Alfonso y Paloma. Están fenomenal. Lo que también está muy bien es la audioguía que nos describe la basílica de Santa María, en concreto su retablo mayor, toda una obra de arte en honor de la Virgen.
Nos emocionamos cuando alguien nos conduce en plena misa mayor, en el santuario de la Virgen Negra, por detrás del altar, para situarnos casi en primera fila junto al cuadro que la representa (por cierto, una sorpresa al saber que no es una estatua, sino un cuadro) mientras se canta en su honor puestos de rodillas y en medio de un silencio profundo. De mi alma brotan sentidas oraciones de gracias por lo que soy y estoyh consiguiendo, además de pedir por tantas buenas gentes como me regalan su cariño.
Nos sobrecogemos al visitar el campo de exterminio. Es verdad, no vemos lo expuesto en las vitrinas (fotografías terribles, ingentes cantidades de objetos personales, cabello, útiles de la vida cotidiana, ropa y calzado), pero sí al escuchar las cifras y lo que fue aquello, pero más aún, al tocar las literas en los barracones, el poste de castigo, el paredón de la muerte, las paredes de las celdas, la alhambrada de espino, una cámara de gas y un horno crematorio. En el 2º campo, el más terrible, Birkenau, el espacio es inmenso, abrumador. Mi mente visualiza lo que debió de ser todo aquello, las pisadas de la gravilla, los árboles que rodeaban aquel inmenso terreno pantanoso de 170 hectáreas. La guía nos deja una lámina en relieve que muestra la distribución del complejo. Tocamos un vagón de los que transportaban a los prisioneros.
Nos emocionamos, finalmente, descendiendo más de 500 escalones por el interior de la gigantesca mina de sal con galerías y salas enormes pensando en cómo serían las condiciones de trabajo en ese lugar para extraer la sal. No podemos verlas, pero hay esculturas de gema verde o transparente de una gran viveza y realismo.
¿Las anécdotas? A la ida, en el viaje de Münich a Cracovia, en el avión nos obsequian con una bolsita que contiene, a más de un sandwich, un bombón y una galleta, el plano de Londres. Yo pregunto: ¿pero no íbamos a Polonia? Se ve que como se inauguran los Juegos Olímpicos, pues han querido que nos sumemos a la fiesta con el detalle.
La persona que nos conduce en Czestokowa no es un señor. es una monja. Por la voz nadie lo habría dicho.
Elena toca el vestido y diadema a la bailarina del espectáculo y lo debe hacer tan bien, que nos regalan el CD que van dejando por las mesas para que lo compren.
Yo pregunto: "¿es un caramelo esto que me dais? No, es un trozo de ámbar. En fin, siempre pensando en lo mismo.
Damos un paseo por el centro, en coche de caballos, ya de noche: luna llena, alazanes blancos y guapa conductora. Me dicen: “¿quieres tocar el caballo?” Yo digo: preferiría tocar a la amazona, pero como no va a poder ser, pues…”
Cada hora suena, desde la torre más alta de la basílica de Santa María, un toque de trompeta que queda interrumpido en recuerdo de lo que sucedió durante el asedio de las tropas turcas a la ciudad. Paloma se empeña en ver si es un esforzado trompetista o no, quien la interpreta. Mientras ella, encuentra la respuesta, yo prefiero entretenerme en saborear un exquisito helado. ¿Qué queréis? Uno es así.
Por último, al pasar el control en el aeropuerto de Cracovia me obligan a descalzarme. He pitado al atravesar el arco. Me pregunto qué habría sucedido si en vez de zapatos, hubiera llevado herraduras. Seguro que entonces había pasado sin más. Debe ser que estaba destinado a dejar también la huella de mis pies por aquellas tierras. Bien sabéis lo mucho que entiendo últimamente de huellas. Debió de ser que el librillo de marras andaba reclamando su atención.
Viajad, aprended, vivid. ¡Es maravilloso!
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Publicado por Alberto en 11:37 p. m. 3 Dejaron su huella
Etiquetas: De viajes
jueves, 26 de julio de 2012
¡Felicidades abuelos/as!
Publicado por Alberto en 6:16 p. m. 7 Dejaron su huella
Etiquetas: Reflexiones
lunes, 23 de julio de 2012
Huellas de Luz ya en braille
Publicado por Alberto en 7:26 p. m. 6 Dejaron su huella
Etiquetas: Mis lecturas
domingo, 22 de julio de 2012
En una oscura calleja
Publicado por Alberto en 10:17 p. m. 2 Dejaron su huella
Etiquetas: Relatos
jueves, 19 de julio de 2012
Hoy, superadas 100.000 visitas a Tiflohomero
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Etiquetas: Así soy
miércoles, 18 de julio de 2012
Audiovisual "Huellas de luz"
Vuelvo ahora, después de compartir contigo mi alegría por la celebración del 12 aniversario de mi estancia madrileña para ofrecerte un pequeño regalo que a mí me emociona especialmente. Se trata del audiovisual que creó mi cuñada con motivo de la presentación de Huellas de Luz. En él va lo que he querido que sea este libro: algo familiar (la voz que lee las frases y título de las huellas es Isabel, mi sobrina), la música es mi canción predilecta, mi himno, y las imágenes representan el contenido del libro. Seguro que os gusta tanto como a mí. Ya me diréis qué os parecen las imágenes y me las contáis, ¿vale? Con mucho cariño y de corazón.
Leer másPublicado por Alberto en 7:18 a. m. 0 Dejaron su huella
martes, 17 de julio de 2012
12 años ya
Sí, 12 años ya en este Madrid al que ya siento como mío. Hace hoy 12 años que llegué a este laberinto urbano, impelido por esa ansia mía de ir siempre adelante, de emprender nuevos caminos. Ya he hablado en Tiflohomero de cómo fue aquel día, de las dudas que me embargaron, de los miedos, de los remordimientos que me acosaron al ver a mi familia tan agobiada por si me adaptaría o no y por dejar Teruel. Pero lo hice, me empeñé y aquí estoy. Vuelvo la vista a aquel lejano lunes de 2000 y me sonrío al pensar en todo lo acontecido desde entonces, a los logros alcanzados y a las grandes o pequeñas conquistas obtenidas. Es verdad que llegaba con muchas ilusiones en cuanto a la promoción de la lectura cara a la sociedad y a las personas ciegas y que, en buena medida, dichas ilusiones se han visto frustradas porque no he podido hacer todo lo que me habría gustado y porque aún hay mucho por hacer en este tema, como en el resto de cuestiones relativas a la accesibilidad y visibilidad de la ceguera. No es menos cierto, no obstante, que puedo decir lo orgulloso que estoy de haberme ganado amistades y lugares, experiencias y descubrimientos que, de otra manera, no habrían sido iguales. Jamás llegué a imaginar que viviría como vivo, en un piso muy bien ubicado, que me relacionaría con personas de categoría (tanta, que me regalan su amistad), que me movería por el Metro con normalidad, que superaría tantas metas. Y si yo lo hice, ¿por qué no lo vas a hacer tú también? Si yo, que me vine de Teruel sin ver para enfrentarme al reto de la gran ciudad y vencí, ¿por qué no vas tú a vencer también? Aquellos lejanos días, un primo muy querido por mí, me aseguró que Madrid acabaría enganchándome aunque me costara adaptarme. Qué razón tenía porque, para mí, es muy grande el haberme integrado tan bien en esta ciudad. No puedo por menos que cada 17 de julio celebrarlo, que celebre mi decisión (no sé si temeraria o no) pero tan portadora de luz. Y como es algo tan importante, no puedo dejar de compartirlo contigo porque sé que te alegras conmigo. Pienso la sensación emocionante que me genera el pasear, aunque sea bastón en ristre, por la Gran Vía o por la Cl. De Alcalá o el Pº. del Prado. No se´, me veo con mi gorra de chulapo, mi traje castizo flirteando o piropeando a manolas y chulapas. Que no, que no, que trato de pasar discretamente y además, bastante tengo con concentrarme en no tropezar con los numerosos obstáculos que uno se encuentra, pero… Bueno, pues eso, que me apetece brindar contigo por este éxito mío, del que tú, en buena medida, eres partícipe. ¡Por Madrid! ¡Por mi empeño o tozudez o como quiera que se llame! ¡Por ti! Ah, y otro brindis más: ¡por aquel ojo que tuve al querer aventurarme a venir! Que no me
falte para seguir llegando a otras metas, metas que seguro llegarán de tu mano… Leer másPublicado por Alberto en 7:38 p. m. 2 Dejaron su huella
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