domingo, 10 de junio de 2012

Crónica de un sueño hecho realidad



Me perdonaréis si hoy, en vez de cuento, os envío el relato de un sueño mágico, un triunfo, un día que ha sido una realidad que nunca podré olvidar. Hoy se ha escrito un capítulo de mi vida en letras mayúsculas, grandotas, doradas. Hoy un sueño se ha cumplido. Todo empezó ayer noche cuando al llegar de otro viaje, en este caso a Almagro, una niña me llama. ¡Es Isabel, mi sobrina pequeña! Ya han llegado mi hermano y ella para acompañarme, ser mis cómplices, en ese sueño. Cenamos, charlamos, preparamos todo, las espectativas son muchas. ¿Sabré estar a la altura de tanto? ¿Qué dedicatorias pondré en cada libro que quieran comprarme? (ah, si yo pudiera escribirlas de mi puño y letra) Pienso, cavilo, doy vueltas. Duermo por derribo, estoy muy cansado pero a la vez con la emoción de ese niño que sabe que al día siguiente será protagonista, el centro de todo. Es la hora. Buscamos a Elenita, se dan a conocer mi hermano, sobrina y ella. Comienza el hacer partícipe a mi hermano de lo que es mi mundo, mi gente. Llegamos a la Feria, localizamos la caseta y damos una vuelta para hacer tiempo. Carmen y Nuria llegan después. Carmen me regala un azulejo precioso, qué chulo es, aunque el regalo mejor es que ellas están conmigo. Mi hermano provoca el que me haga visible en Televisión Española, qué fuerte. Y se da principio al torbellino de firmas. 2 horas sin parar. 74 libros vendidos.74 dedicatorias personalizadas. Yo estoy en una nube. Hago un gran esfuerzo mental por atender a todos quienes vienen a verme, por tratarles como merecen, por entregarles en unas líneas (que dicto a mi hermano) un trocito de mí. Es un esfuerzo de tensión mental, de tener el cerebro a pleno rendimiento, hacer que la ceguera no impida desatender a nadie. Casi sin darme cuenta pasan las 2 horas y pico de marabunta. Estoy muy cansado y siento reseco. Estoy exultante. No me lo creo, es verdad, pero es real. ¡Han venido todos y más! En una terraza cercana nos refrescamos, comentamos, valoramos. Hay que buscar un sitio para comer, ¿dónde? Ni idea, ni sabíamos cuántos estaríamos ni la hora. Bueno, la aventura será quien lo resuelva. Estamos 9, comemos bien. Sé, veo, siento, noto que quienes están, están a gusto. La compañía es inmejorable, la comida buena y el fresquito de la calle tampoco es malo. Reímos, compartimos, planeamos, vivimos. ¿Y las perlas de mi día? ¿Lo más? Que hayan venido tantos: toda mi familia, muchos amigos y amigas, compañeros y Personas (con mayúsculas) que me han demostrado su aprecio. Que mi hermano haya descubierto a mi gente, tener la certeza de que se ha sentido feliz por ver cuántos me quieren, me apoyan, me cuidan. Saber que Isabel también lo ha pasado bien. Hasta se ha comprado un libro y todo. ¿Quién sabe si el día de mañana ella también será escritora como su tío. Nos ha hecho felices con su espontaneidad y su frescura de niña buena. En mi misma caseta ha estado José Luis Garci, un maestro del cine. Un lujo. ¡Ha venido Sonia con su niña! Me emociono profundamente, las lagrimillas salen a su encuentro. ¡tanto tiempo como ha pasado desde la última vez que estuvimos juntos! Hoy ella es la caja de bombones que cada año, por Navidad, nos regalábamos. ¡Qué increíble! Venir ex profeso para verme, abrazarme y comprar mi libro. Vienen mis lazarillos viajeros, Alfonso y Paloma. No identifico su voz. Qué tonto soy. Me vuelvo a emocionar. Verles allí, presentarlos a mi hermano, traerme la promesa de un nuevo periplo... Vienen de BBVA, del Club de Lectura Leo de tu voz, de mi clínica de fisioterapia. Vienen chicas guapas, se hacen fotos conmigo haciéndose cercanas a mí, dejándome que las vea y me ponga hueco, casi ruborizado. (Davinia. Rosa, Laura). Acude una señora mayor que se está quedando sin vista. Trato de animarla, de inyectarle esperanza y fuerza. Se acerca una señora que está en paro, desesperada, en busca de luz, de mi libro. Ojalá que le ayude a ser más feliz. Sería el mejor premio. La gente de la editorial se portan fenomenal, reparten abanicos y sombreros. Hasta me compran el libro para que se lo dedique. ¿Cómo se lo voy a vender si son ellos quienes lo han parido? Viene una compañera de clase de cuando estudiaba la E.G.B. Le digo: “te veo igual que hace 30 años”. Jejejjeje. Ella me dice: “seguro que peor”. Qué ambiente, qué emoción, qué felicidad. Escuchar cómo anuncian tu nombre por la megafonía de la Feria. Mi libro entre libros, mi presencia entre escritores. Qué placer, qué emoción. Me acuerdo de mis padres, cómo no. Ellos no están físicamente, pero están en mis ojos, en mi mente. Y también me acuerdo de Merceditas y Jaume que tan entusiasmados están con mis Huellas de Luz, tanto que quisieron hacer la foto de la cubierta, dejando su buen hacer y sus huellas en esa playa canaria de luz que adorna mi primer libro de relatos. Gracias gracias gracias. Qué privilegiado soy. Qué grandes quienes han sido hoy mis ojos, mi luz. ¡Va por todos ellos!

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jueves, 7 de junio de 2012

Huellas de Luz: nota de prensa


Os pego la nota de prensa que, desde la Dirección de Comunicación de la ONCE, ha sido remitida hoy a los medios de comunicación. A ella le acompaña la imagen de la cubierta del libro.
Editado con la ayuda económica de la ONCE El autor ciego Alberto Gil Pardo presenta su ópera prima “Huellas de Luz” El próximo 10 de junio firmará en la caseta 291 de la Feria del Libro de Madrid, entre las 12.00 y las 14.00 horas Madrid, 7 de junio de 2012 (ONCE).- El autor ciego Jesús Alberto Gil Pardo presenta en estos días, en Madrid, su ópera prima “Huellas de Luz: relatos de un ciego optimista y esperanzado para tiempos de crisis”. Una obra que recopila una serie de relatos a modo de testimonios de aprendizaje constante, generosidad, amistad, amor y solidaridad, pero, a la vez, de pasión por la naturaleza, la lectura, los viajes, la magia y la sonrisa. Experiencias vividas bajo la óptica de la ceguera, ejemplos de que hay muchos motivos para tener la certeza de que la vida merece la pena ser disfrutada con ilusión, optimismo y esperanza. En definitiva son ‘huellas’ que aspiran a guiar por la senda de la vida, un camino que puede ser transitado siempre hacia delante, valorando y disfrutando lo hermoso de la vida, si se sabe dónde mirar. El libro ha sido editado por Vive Libro, con la colaboración de JdeJ Editores, y con la ayuda económica de la ONCE, a través del programa de Ayudas para Iniciativas Culturales 2012, que convoca anualmente la Organización. Los derechos que se generen con la venta del libro irán destinados a la Fundación Alaine, que ayuda a que los niños puedan soñar con un futuro y conseguir que puedan sonreír. Para dar a conocer la obra, Alberto Gil estará firmando libros en la caseta 291 de la Feria del Libro de Madrid, el próximo domingo 10 de junio, de 12.00 a 14.00 horas. Y el martes 3 de julio, a las 19.30 horas, se realizará la presentación oficial del libro, en el Centro de Innovación Tecnológica del BBVA, sito en la pza. Santa Bárbara, nº 2, de Madrid. Jesús Alberto Gil es natural de la localidad soriana de Fuentestrún. Los problemas visuales con los que nació degeneraron en ceguera a los 20 años, pero esta circunstancia no le ha impedido desarrollarse como un gran amante de la lectura y de los libros. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Zaragoza, actualmente es técnico de Biblioteca en la ONCE y coordina un taller de lectura sobre braille para personas adultas con ceguera. Además, es autor de su propio blog, Tiflohomero, en el que vierte sus cuentos y experiencias. Como escritor cultiva el género del relato, a través del cual pretende transmitir valores y dar a conocer el mundo de la discapacidad visual. Algunos de sus textos han aparecido en libros como “Historias de la vida”, publicado por JdeJ Editores, en colaboración con la cadena COPE; “Cuentos para sonreír”, de la Editorial Hipálage, o “Todos somos diferentes”, recopilado por la Fundación Civilia, Ha obtenido el primer premio del Certamen Literario Santa Lucía, convocado por la ONCE en Madrid. Fomento de la creatividad Desde hace más de veinticinco años, la ONCE convoca anualmente su programa de Ayudas para Iniciativas Culturales, con el objetivo de fomentar y apoyar la creatividad artística y cultural entre las personas con discapacidad visual. Con este programa, la Organización ofrece apoyo económico a aquellos proyectos presentados que destaquen por su mayor calidad, desde la edición de obras literarias, catálogos de arte y obras de investigación o de cualquier otra índole siempre que no estén relacionadas con temas técnicos de ceguera o deficiencia visual; la edición de obras musicales: partituras y libros de música; hasta cualquier otro proyecto de carácter cultural que la ONCE pueda considerar de interés general. En el programa de ayudas del año 2012, junto a la obra de Jesús Alberto Gil, han recibido apoyo de la ONCE otros veinte proyectos culturales más.

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martes, 5 de junio de 2012

Cumplir años cumpliendo sueños: todo un lujazo de regalo

Pues sí, este vuestro, aspirante a iluminador, que no iluminado, cumple hoy 46 añazos, todo un mundo de instantes y momentos. Como se suele decir… ¡Y sin vender una escoba! Aunque algo ya he hecho, tampoco vamos a decir que me he dedicado a perder el tiempo. Bueno, que es un privilegio contar con tanta gente como hoy os habéis acordado de mí y me habéis obsequiado con vuestro afecto y vuestros buenos deseos. Pero más aún, cumplir años cumpliendo sueños. Bien lo sabéis: publicar libro, hacer visible la ceguera, sentirme peregrino, gozar de una vida plena con intensidad de actividades y retos superados. Es mágico, una pasada. Mientras tanta gente ve su cotidianeidad plagada de incertidumbres, de zozobra o incluso angustia, yo puedo decir que no me falta de nada: compañía a raudales, satisfacción contenida pero grandota grandota, caprichos de cegato chalado, ser hasta admirado y vaya usted a saber qué más. Y yo me pregunto: ¿dónde está la chica que ha salido de la tarta de cumpleaños? Claro, es que he debido estar pendiente de apagar las velas y me he distraído. Vaya por Dios, así me va. Y luego diré, que si el único polvo que limpio es el de las estatuas. Claro, me dedico a hacer de apagavelas… En fin, no; en serio: ¡¡gracias por tantísimo!! Por vuestra confianza (la mía es siempre ciega en vosotros), vuestra complicidad y vuestra entrega. No sé si merezco tanto, pero mientras se decide si es o no, me quedo con todo ello y con vuestros apretones (digo de manos, ¿eh? Jejejjejeje. Besotes para ellas, abrazos para ellos. Y… ¡cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, tocate la nariz, que si no te la tocas...

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domingo, 3 de junio de 2012

La mejor de las serpientes

Otro domingo más, otro fin de semana concluido. Que disfrutéis y os animéis. Merece la pena.

El comandante Rodríguez se dispone nuevamente a hacerse con los mandos de su XKJ-5 Cobra, el helicóptero que ahora es suyo y que, durante tantos años, estuvo al servicio de la Unidad  de Salvamento de Alta Montaña (USAM).
Su probada pericia y la habilidad que siempre le caracterizó al adentrarse en los más recónditos vericuetos de sierras y barrancos, le hicieron merecedor de no pocas condecoraciones y, sobre todo, de ver cumplido su sueño: hacer suyo a un cómplice de tantas aventuras como era su Cobra, cuidarlo y convertirle en compañero de su ancianidad, envejecer juntos.
Cuando, en ocasiones, en medio de tertulias de largas noches, le oían hablar de lo bien que se llevaba con la Cobra, calificándola incluso de amiga, se admiraban de tal. Si era un hombre flaco y fibroso, no muy alto, no muy musculoso. ¿Cómo, entonces, podía presumir de desenvolverse entre el que, ellos suponían, semejante ofidio mortífero? Él, a eso, prefería callar, no desentrañar el misterio, mantener el escepticismo de tantos. Allá ellos, se decía, que piensen lo que quieran. Y cuando así hacía, lucía una media sonrisa de lo más ingenua, para muchos, o seductora, para no pocas.
Hace una tarde espléndida, ideal para salir al aire: cielo nítido, despejado, calma y temperatura agradable.
-Amiga Cobra, ¿dónde nos dirigimos esta vez? Mientras esto dice cierra los ojos, se concentra, se deja guiar.
Ya se oye el sibilante ronroneo del motor, su bravura de máquina de raza, su fuerza aún.
Y mira que decir que ya no servías, que había que llevarte al desguace. Qué idiotas ellos, que poco saben.
 Rodríguez se deja mecer, como otras tardes igual que aquélla, rememora tantas hazañas vividas ella y él, tantas vidas salvadas. Cuánto correr, cuántos nervios por llegar a tiempo, cuánta entrega por no perder.
Abre los ojos para disfrutar de la panorámica a la que le conduce su fiel Culebra. Qué hermoso es el horizonte, nunca dejará de admirar la magnificencia de la naturaleza.
Pero mientras así hace, divisa, en la lejanía, un minúsculo objeto que se mueve inquieto. Parece danzar al son de una música que él no puede escuchar, de un lado a otro, a babor, a estribor.
Dirige el timón hacia allá, apunta el morro y se aproxima.
¡Es un perro! Lo divisa nítido. Con su pelaje dorado, su cola enhiesta y su ladrar henchido.
¿Será que es´tá clamando auxilio? No, bah. Ya te está pudiendo otra vez tu costumbre de ver en todas partes señales de alarma, de necesidad de socorrer. ¿No te das cuenta de que tu tiempo ya pasó?
El perro brinca, como si quisiera agarrarse al patín de su Serpiente, qué saltos da.
¿Nos acercamos, amiga?
Busca una menguada esplanada, la madriguera. No necesitan mucho para encontrar su lugar.
El can cada vez más insistente le llama, le pide.
Y cuando nuestro particular encantador de serpientes, atiende su llamada pronto ve el motivo.
Una señora ya de mediana edad aun aparentando juventud está tendida en una postura imposible. Un árbol truncado, unas rocas atropelladas en alud, un entorno desolado.
Supuso que la intrépida expedicionaria habría querido penetrar en una cueva cercana y que los elementos cedieron, derrumbándolo todo.
Contempla la escena. A ese tapiz de destrucción se une el lastimero gemido de la mujer, sus convulsiones espasmódicas.
No tiene dudas. Bien sabe lo que ha de hacer. Acomodarla, tomarla en sus brazos, ejercer su técnica de efecto calmante a través de la mirada y sus ademanes suaves, cálidos y rápidamente ponerse en marcha. Su Cobra hará el resto.
¿Y el perro? Él les acompaña, fiel testigo, espectador interesado.
Una nueva misión, la adrenalina fluye de nuevo, vuelven a vivir.
Y cuando lleguen al hospital de costumbre, conforme los protocolos de siempre, sabrán que otra vez más han cumplido con éxito.
Pero aún más, a Rodríguez le atenazará un deseo. El de volver a verla cuando esté curada, pasar a visitarla, hacerla sabedora de cómo un paseo a lomos de una serpiente, la mejor de las serpientes,  se convirtió en un milagro salvador.
Y quizá, ella… Sí, quizá ella, piense que el bueno de ese viejo guerrero del aire aún no es tan mayor.

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martes, 29 de mayo de 2012

Mi apoyo... Desde la distancia


Lo sé, seguramente mis palabras no llegarán a sus padres y familiares, aunque quién sabe. La tecnología y la magia de los buenos corazones que se abrazan ante momentos trágicos tal vez hagan el milagro de que lo que hoy estoy escribiendo yo aquí pueda servirles de luz y calidez. No aspiro a ser pretencioso o creer que vaya a solucionar su inmenso dolor, pero sí quiero estar ahí, desde la distancia, como uno más, como tantos otros seres de bien, en silencio, tendiéndoles mis manos que son luz y diciéndoles que no están solos. Que Isabel, Almudena, Camilo y Alfonso son estrellas que desde el cielo ya iluminan para siempre a quienes sepan mirar con ojos limpios y soñadores, que ya permanecen eternamente libres y que su proyecto de vida, lo que habrían sido, no queda destruido sino transformado en luz y fuerza.
Yo qué sé. Seguramente uno no es capaz de imaginar lo que esas madres que ayer les dejaron jugando, como en tantas otras ocasiones, en Villadgio (Doha), puedan sentir, no ahora en plena vorágine, si no el día de mañana cuando ya la rutina tenga que volver a sus vidas. Pero ¿cómo afrontar esas rutinas sin sus hijos tan pequeños? ¿Cómo volver a caminar de nuevo?
En fin, desde mi alma de ciego bondadoso que aspira a dar luz con su corazón, desde mi ordenador en que tecleo estas palabras que volcaré en Tiflohomero, deciros: ¡MUCHO ÁNIMO! ¡Adelante!
Estoy aquí, junto a vosotros, mirándoos a los ojos y conmoviéndome con vosotros.
Para Santiago y Yolanda, Camilo y Elena. Va por vosotros.

  

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domingo, 27 de mayo de 2012

La botella labrada


Un brindis por esas amigas que están siempre ahí, a mi lado, para que el tiempo de los encuentros nunca tenga que descontarse.
Con cariño y que disfrutéis.
Feliz semana.

Cada vez que Andrés visita la casa de Marta no deja de sorprenderse por su exquisito gusto en la decoración y adornos. Detalles que dan muestra de la personalidad de su amiga y que son la guinda de su probada hospitalidad, al tiempo que su deseo de que quien hasta ella se acerque, se sienta maravillosamente bien, feliz.
  Alguna vez le han comentado, quizá con envidia, de que tanto exceso de cuidado es innecesario, que no sirve de nada el que se moleste tanto por sus invitados. Ella sonríe y calla, sabe que merece la pena hacerlo por agradar. Y, bueno, tampoco es para tanto, le sale de manera natural.
Un discreto oloroso ramo de lavandas, un lazo de colores, un dibujo que han hecho sus niños, detalles que no son costosos ni espectaculares, cosas pequeñitas pero que son grandes por su significado, por quienes se las han traído o hasta regalado y porque reflejan, cual prístino espejo, lo que es Marta, su calidad humana, su bondad.
Cada vez que Andrés visita la casa de su querida amiga Marta se siente intrigado. ¿Con qué nueva sorpresa se encontrará? ¿Qué nuevo objeto de vida le aguardará? Con todo lo que la aprecia y semejante acicate, se le hace difícil resistirse a no ser pesado, a verla de tanto en tanto. Sabe lo agobiada que va entre el trabajo, sus obligaciones de madre, y vaya pedazo de madre que es, sus problemillas de espalda, el tiempo que dedica a su familia y tantas otras ocupaciones más. Pero también él sabe que visitarla le hace bien, la ayuda a no ceder al cansancio que, a veces, la asalta como un irresistible huracán.
Es tanta la confianza que se tienen que no necesitan preparativos ni agasajos desmedidos. Un cafecito, un refresco, unas patatas fritas o cualquier pasta. Y mientras Eric y Yenís juegan en el jardín ellos charlarán, compartirán confidencias y reirán con las ocurrencias del uno y de la otra, se despedirán con un cálido abrazo y empezarán a descontar el tiempo que restará para su próximo encuentro.
Y ese tiempo descontado ha vuelto a transcurrir otra vez más una tarde de primavera. Andrés llama, con su ritmo acostumbrado, a la puerta de Marta. Saludos de rigor en forma de suaves palmadas en la mejilla, un “hola, guapetona, te veo igual que siempre”, una pícara y fresca sonrisa, un “pasa, anda; que siempre estás igual”.
Y él busca, proyecta su mirada en una panorámica espectante. ¿Una curiosa botellita labrada y con su corcho en miniatura! ¿Qué es? ¿De dónde ha salido? Evoca rápidamente imágenes de elixires mágicos, duendes encerrados, licores exóticos.
-Te gusta, ¿verdad?
-Sí, es muy chula. Y tendrá su historia y todo.
-jajajajaj. Claro.
-¿No me la vas a contar? Que ya sabes que luego yo me monto mis películas con tus chismes.
-¿Chismes? Jajaja
  -Anda, bah, cuenta cuenta.
-Salí el sábado pasado en busca de manzanilla al bosquecillo de ahí arriba con Chispas, ya sabes… el perro que tenemos, y cuando vi que se ponía a escarbar pensé que igual encontraba un tesoro, una de esas joyas que trae alguna vez, un palo, una lata vacía y oxidada, un cacharro abollado, en fin. Y va y entre hojas secas y tierra me viene con  eso. No me atreví a tirarla, pensé que quedaría bien en cuanto la limpiara. Y oye, chico, que fijándome más tenía esculpido algo en el cristal, ¿a que parece la cara de alguien? Y unas letras que no he podido descifrar. Supongo que entre que están casi borradas y que faltan algunas no hay forma de que sepa qué querrán decir. O era la marca de la botella o…
-¿Y si era un mensaje para quien la encontrara? ¿Y si…? ¿La has descorchado?
-No, he esperado a que vinieras hoy para hacerlo juntos.
-Ah, pues venga venga. A ver qué pasa.
Un perfume con sabor a rosa, lilas, jazmín y orquídeas inunda la estancia. Sus respectivos olfatos se ponen en acción sin que puedan evitarlo. Y éstos les transmiten un mensaje.
-Madre mía, qué bien huele. Qué pasada. Nadie diría que pueda haber estado enterrada, seguramente desde décadas o siglos, quizás.
-Ah, pero no; Anda, mira, fíjate bien. Si es el dibujo de… Si se…
-Que no puede ser, que no digas tonterías, cómo va a ser eso que dices. Ya estás viendo visiones.
-¿Visiones yo? Pero es que, mirándola detenidamente y tocando el perfil de la cara en relieve que tiene… ¡Es la tuya! ¡Es igual que la tuya! ¿Y las letras? Una M, una R, una T, una C y una A. ¿Martica?
-No es verdad, pero… ¡Me haces tan feliz con tu cariño! Con tus llegadas, con tu apoyo, con tus siempres…
Marta calla,  no puede continuar. Acaricia la botella, una lagrimita emocionada quiere asomarse para ver el momento y ser partícipe. Andrés calla también, piensa, sonríe, recuerda.
 Y esa tarde de prrimavera se les ha hecho tarde. Saben que tienen que volver, que dar comienzo a otra cuenta atrás en el reloj de sus encuentros. Aunque, ¿y si esta vez, por una vez, no lo hicieran?

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jueves, 24 de mayo de 2012

¡Qué emoción! Firmar mi libro en la Feria del Libro de Madrid


Porque sé que os alegráis de corazón, que vais a estar ahí  y que lo vais a difundir.
Hace apenas dos meses, el 29 de marzo, compartía con vosotros/as la ilusionante noticia de que un nuevo libro vería muy pronto la luz. Se trataba del mío, de mi primera recopilación de los relatos que voy escribiendo semanalmente, junto con algunos otros antiguos, editados en formato papel.
Pues bien, en este tiempo los acontecimientos han sido intensos y muy emotivos: elegir el tipo de letra y la cubierta, revisar el original, la encuadernación, añadir un subtítulo aclaratorio, etc.
Hoy puedo deciros que todo eso está concluido y que apenas si faltan unos días para la concreción de este sueño para mí, todo un logro y un orgullo. Podré tocarlo, sentirlo, hacerlo mío. No lo veré, pero sabré que es mi libro. No sé. ¿Os imagináis?
Me apetece mucho contaros sus detalles. ¿queréis?
El título y subtítulo: “Huellas de Luz: relatos de un ciego optimista y esperanzado para tiempos de crisis”
La cubierta: sobre fondo azul vivo, la imagen de una playa en la que alguien ha dejado sus huellas mientras una ola se retira. El título y mi nombre en letras blancas y el subtítulo a juego con el color de la arena.
La editorial: Vive Libro con la colaboración de JdeJ ediciones.
El I.S.B.N.: 978-84-15519-23-2
El precio y extensión: 12€ y 264 páginas.
Y ahora viene algo muy emocionante para mí: el domingo día 10, a partir de las 12 de la mañana firmaré ejemplares en la caseta 291 de la Feria del Libro de Madrid. Hace años escribí en Tiflohomero lo mucho que me gustaba acudir a ese evento literario y poco podía imaginar entonces que un día estaría allí, no como apasionado lector si no como escritor. Me parece increíble.
Todo esto que os cuento no habría sido posible sin la ayuda de mucha gente amiga que me ha prestado sus ojos dándome su leal y sincera opinión en cuanto a los aspectos visuales, además de los sabios consejos de Javier de Juan como editor, de Merceditas y Jaume que hicieron las fotos en la playa  y de Carmen que estará conmigo en la firma escribiendo en los ejemplares esos deseos míos que por mí mismo no puedo plasmar. Gracias a tods ellos, gracias de corazón.
Y nada, que he tratado de poner lo mejor de mí en este libro, volcando mi alma y mi luz, cuidando detalles como que el título esté en relieve para que podamos tocarlo los ciegos, que la letra sea lo más clara posible para que, quienes tengan dificultades visuales, puedan leerlo mejor y yo qué sé.
Que en Huellas de Luz voy yo y mi deseo firme, entregado, de hacer de este mundo un hogar más cálido.
Ojalá lo haya conseguido y os espero.
  

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martes, 22 de mayo de 2012

Este año sí

Bueno; bueno, que este año sí. Eso, que sí, que al fin este año conseguí montar en tándem sin que se rompiese. Quienes me seguís desde hace tanto tiempo recordaréis que otras veces lo había intentado y había tenido que desistir por avería en la bici. Es más, el año pasado me dije que no volvería a probar, pero como uno es muy cabezota o testarudo, el sábado quise volver a intentarlo bien que con recelos. Y, genial, ¡no se rompió! Di un pequeño paseo con algún bote incluido (que me hizo pensar en la inevitabilidad del nuevo fracaso) pero el caso es que llegamos al punto de partida sin novedad y con la satisfacción de haber podido lograrlo, de no sentirme un cenizo del pedaleo. ¿Dónde alcancé semejante hazaña? En la tradicional fiesta de primavera de la Fundación También, ésa que organiza deporte para discapacitados. Pero más aún hicimos: montamos en una barcaza de remos, en la que me sentí navegante; tiramos con arco algunas flechas, para emular al gran Guillermo Tell o probamos con lanzar unas simpáticas pelotitas a una diana. Es verdad, no diré que en ninguna de estas actividades podría deciros que me ganaría la vida. Pero ¿y la emoción de jugar a ser uno más? Además, lo más importante, pasamos una mañana divertida, compartimos rato entre amigos y conocimos a una nueva voluntaria que nos hizo de lazarillo, eso sí, ésta sin la broma que aquél gastó al maladado pícaro ciego estrellándolo contra pétreo mojón toledano. ¿Quién da más?

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domingo, 20 de mayo de 2012

La Academia El Pizarrín


Otro domingo más, otro fin de semana concluido. Que disfrutéis y os animéis. Merece la pena.
Que os guste mi relato de hoy, inspirado en eso que debe sentirse cuando te echan al paro. En fin. Cantemos a la esperanza.

Bea hoy está cansada, más bien acabada. Han sido tantos años teniendo que dar muestras de superación que ya no le quedan fuerzas.
El drama dio comienzo cuando aquel nefasto lunes cerraron su empresa. Nunca había podido ni podrá olvidarlo. Unos grises hombres vestidos con monos de trabajo lo desmantelaron todo. Hacían ruido, mucho ruido, no cejaban de dar martillazos, para desmontar los pupitres, el encerado o los bastidores y bocetos. No dejaron títere con cabeza. Qué tristeza, qué pena, lágrimas, dolor físico, desesperación.
 Les dijeron que no había remedio, que el proyecto, para el que tanto habían trabajado y luchado sus compañeras y ella misma, se venía abajo, estaba agotado. No podía entenderlo. Si todo iba tan bien, si eran como una familia, si incluso la jefa la felicitaba de vez en cuando.
Había empezado en la Academia El Pizarrín siendo casi una niña, a sus dieciocho años. Lo primero que aprendió fue el manejo de aquella rudimentaria impresora, un trasto antidiluviano, un armatoste,  aunque en el momento de comprarlo fuera considerado un gran adelanto frente a las copias a carboncillo que hasta entonces se hacían con los apuntes, exámenes y demás material de clase. Después vendrían las mezclas de color, los perfilados y enmarcados.
Y es que El Pizarrín era una escuela de dibujo de la que llegarían a salir buenos artistas del pastel, el óleo o hasta la acuarela. No habían sido pocos, incluso, los que llegaron a hacer realidad sus sueños de lograr introducirse en galerías de Arte y circuitos de exposiciones.
Ella entró tras ser recomendada por su tío, el pintor, sabedor de su valía. Al principio, tuvo que sufrir las envidias y dudas de quienes recelaban de sus méritos por venir de donde venía. Pero, con su ahinco, capacidad y gracia, se los ganó a todos. Este principio sería el primero de los hitos que debería superar. Luego vendría el de aquel traumático e inopinado cierre y después los demás.
 La etapa en la academia había transcurrido durante quince intensos años de experiencia, ilusiones, triunfos y, hasta algún fracaso. Y, no obstante, ¡había resultado tan bonita! Cómo la emocionaba comprobar el milagro que se conseguía con pinceles y manchas amorfas de marrones, amarillos, azules, rojos o verdes. Una marina, un jarrón con flores, una plaza veneciana animada con una pareja cogida de la mano y tantos y tantos otros.
Sí, la echaron. ¿Qué iba a hacer a sus treinta y tres años? Les dieron una pírrica indemnización, les mandaron al paro donde, como a tantos como ella, les inscribían en una negra ficha y nada más. Bueno, nada más no; un subsidio, algún inútil curso de formación y mucha, mucha burocracia. El tiempo libre, la falta de ocupación la ahogaban.
Buscó y buscó. La contrataron como dependienta, primero; luego, pasó a relaciones públicas y aún hasta hubo quien dijo que había triunfado al formar parte del programa líder de audiencia en la televisión pública.
Pero no, no  es feliz. Hoy, a sus cincuenta y tres años se siente derrotada, habiendo tenido siempre que demostrar que era buena, que sabía hacer aquello que le encomendaban, que se las arreglaba bien para lidiar con los sin escrúpulos tiburones con piernas.
Las canas pueblan su media melena antes tan llena de brillo y carácter. Su sonrisa se ha difuminado, y bien radiante que era cuando iba al Pizarrín. ¿Y sus ojos? Sus ojos se han descolorido y ha tenido que vestirlos con unas gruesas gafas que los cubren y ayudan a distinguir lo que, de otra forma, ya no es capaz de ver.
     Debería salir a comer, airearse y esperar que, con ello, se le pase la pesada mustiez que ha querido hoy venirla a acompañar. ¿Será porque hace veinte años que clausuraron su academia?
Incluso alguna lágrima quiere asomarse y besar sus mejillas ligeramente maquilladas.
-Doña Beatriz. Han traído este sobre para usted. Es una invitación.
-¿Una invitación? No estoy para fiestas ni saraos. Diga que no.
-Es que… Igual le apetece. Léala.
“Con motivo del vigésimo aniversario del cierre de la Academia El Pizarrín, quienes nos formamos allí, queremos invitarla a la muestra panorámica que vamos a organizar en su homenaje y recuerdo.
Se ruega confirmación.”
 ¿Podría rechazar algo así? No sabe. Seguro que nada es ya como fue, pero volver; ah, volver. Tal vez aún haya algún motivo por el que ilusionarse. Sí, irá y verá.
Y tal ha hecho. El acto ha sido entrañable, lleno de nostalgias y encuentros. Casi van a cerrar, una vez finalizada la inauguración. Ha charlado con unos y otros, se ha emocionado recordando anécdotas y sucedidos de su aquella otra vida, y ya se apresta a marcharse.
Ah, una figura de espaldas le llama la atención. Viste con americana y tergal aunque no de traje, luce un elegante sombrero y lo más curioso: se apoya en un bastón blanco. ¿Una persona ciega? ¿Qué hará allí? Se está girando. No puede ser.
¡Es Jose! Pero… si entonces veía bien. Si alguna vez hasta le hizo tilín a su corazón.
-¿Cómo estás? Soy Bea. ¿Te acuerdas?
-Cómo no hacerlo, con lo simpática que eras. Ya ves. Y yo sin ver. Y seguirás igual de guapa que antaño. Yo al menos así te veo.
-En qué quedó todo, ¿verdad? ¡Qué tristeza! ¡Qué pena!
-Bueno, aquí estamos. ¿No es eso lo que de verdad importa? ¿Que no hayamos olvidado?
-Sí, claro. Pero… ¿Qué haces ahora?
-¿Ahora? Pintar.
-¿Pintar?
-Sí, pinto con la palabra. Mis pinceles son las teclas del ordenador y los colores, mi imaginación y mis recuerdos. Estoy contento y me siento con ánimo. Aprendí a buscarle las vueltas a la vida, sortear sus trampas.
-Y yo quejándome. Y sintiéndome en el abismo. ¡Qué poco sé!
-Bueno, nunca es tarde para aprender _lo ha dicho con una sonrisa cálida_. ¿Querrás leerme? Igual no son cuadros hermosos mis relatos, pero son algo.
-Leerlos y verlos, sentirlos, quererlos.
La faz de Bea, horas después, ya en su solitario lecho de descanso, ha vuelto a recuperar tonos intensos de luminosidad perdidos. Y es que… Jose y ella han quedado para el sábado y… ¿Quién sabe?

  

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