jueves, 17 de mayo de 2012

Los museos: ¿lugares o contenedores?


El domingo pasado, en el congreso de Bilbao, a cuenta de lo que debería ser la Escuela, se habló en esos dos términos: lugares versus contenedores.
Puesto que mañana se celebra el Día Internacional de los Museos, quería hablaros en esa línea.
Si consideramos un contenedor como  el recipiente, grande o pequeño, en el que se almacenan, amontonan, objetos de forma más o menos ordenada y un lugar como un espacio en el que estar o al que dirigirse, yo aspiraría a que los museos fueran esto último y no aquello.
Y si ese es mi deseo, ¿cómo hacer para que a una persona ciega no le resulten un contenedor si no que los vea como un lugar al que apetece acudir?
Claro, hay museos de todo tipo y pelaje, desde los de arte hasta los de curiosidades, Historia, personajes, tradiciones, inventos, etc, etc.
¿Que quiero ir a uno de ellos? ¿Para qué si no me voy a enterar de nada? ¿Si no me van a dejar tocar nada? ¿Si no voy a incorporarme a una visita guiada porque no las hay?
¿Qué necesitaría para que fuese un lugar al que querer ir sin necesidad de asumir que es otro reto a superar?
Que me explicasen la colección expuesta bien mediante una visita guiada, un audioguía o información accesible en braille.
Que me resultara factible tocar bien las propias piezas, bien reproducciones de ellas de forma comprensible.
Que pudiese moverme por su espacio de forma autónoma con encaminamientos en el suelo y que hubiese una maqueta del sitio. Se me ha olvidado cómo era el Museo del Prado y eso que lo tengo bastante cerca.  
  Hace unos días un compañero comentaba que podrían ponerse a disposición de los ciegos audioguías en Internet para que nosotros las descargáramos y realizáramos visitas virtuales por ellos porque, total, a nosotros nos da igual estar o no allí. No estoy de acuerdo, lo supondréis: sin negar que me vendrían fenomenal a título formativo, conocéis ya mi proverbial deseo de estar en el lugar porque estando, aunque no vea, siento, percibo, imagino, “veo” (entre comillas).
Lo sé, sé que se va avanzando, que se van haciendo cosas, que en el Reina Sofía un ciego puede saber de primera mano cómo es el Guernika de Picasso o así. Pero, como en otros tantos ámbitos de la vida cotidiana, sigue habiendo mucho camino por recorrer.
Nosotros, en España, tenemos el Museo Tiflológico, un museo para ver y tocar, en el que se puede hacer un recorrido táctil por el mundo, a través de maquetas de monumentos además de recogerse la historia de las herramientas de lectura y escritura que hemos ido utilizando los ciegos para acceder a la información, entre otras cuestiones.
Ojalá hubiese más museos como ése.
Creo que un museo debería ser un lugar acogedor, no un contenedor de piezas, que debe aprovecharse como entorno formativo donde enseñar de manera cercana etapas de la Historia. Y me parece muy necesaria su parte divulgativa. Me gustan las dramatizaciones de las pinturas (como si cobraran vida), los audiovisuales que invitan a imaginar viajes en el tiempo, conferencias o mesas redondas.
Con los museos pienso lo mismo que con las bibliotecas: ambos deben ser núcleos vivos de cultura, no depósitos, contenedores.
 Seguro que este fin de semana van a haber numerosas celebraciones alrededor de la efeméride y que se invitará a asistir a ellos, que incluso vosotros lo haréis. Ahora bien, ¿por qué no podría ser que yo fuese igual? ¿Que pudiese participar de la misma manera?
¿Querréis fijaros en la accesibilidad que haya en los museos a los que vayáis y me contéis? Así lo apunto y me animo.



Leer más

martes, 15 de mayo de 2012

Participando que es gerundio: Orienta Encuentro Bilbao, 2012


Mientras Madrid hoy se viste de chulapas y manolos, de organillos, rosquillas y casticismo, yo quiero compartir contigo otra expderiencia viajera de ésas que llevo a cabo con mi amiga Elena, a través de la cual juntos (ella y yo) demostramos que se puede estar, que merece la pena querer estar y que hacerlo, es todo un regalo, un triunfo. Me dices: “no paras, vaya zascandil que estás hecho”. Pero, cómo no lo voy a hacer, si tengo el lujo de gozar de  una acompañante como ella.
Bien, pero es que además, en este caso, la parte viajera se ha complementado con otras componentes añadidas: la de aprender y escuchar, y la de hacer visible la ceguera a un auditorio nutrido. Así que ya os podéis imaginar: dar cauce en tres días a buena parte de mis pasiones, la viajera, la de participar, la de hacer visible la ceguera, la de la amistad y la del buen yantar. Ahí es nada. Demasiado. Así, entonces, ¿cómo ser capaz de sintetizar en un par de páginas todo este cúmulo de emociones? ¿Cómo no dejarme atrapar por mi ansia de expresarme, de transmitirte tanta ilusión,  provocando, con ello, que el tiempo se me acabe sin haber dejado a Elena que te cuente? Te lo aseguro, ¡es muy difícil!

Hace algo así como dos meses, Elena me manda un correo en el que me pone una información y el enlace de una página web y en el que su encabezado decía: “¿Nos apuntamos? ¿Participamos?”
Se trataba del VI encuentro estatal de orientadores y psicopedagogos, organizado por la Coordinadora de Psicopedagogos y Orientadores de España (Copoe),  que transcurriría en Bilbao entre los días 11 y 13 de mayo. Además de las conferencias y mesas redondas se daba la oportunidad de enviar comunicaciones y pósters que hablasen de innovación y buenas prácticas en el ámbito educativo. ¿Puedes creer que dudara? El señuelo, la motivación estaban servidos. Mi cabezota empezó a funcionar. Acordamos que redactaríamos una comunicación sobre el papel que juega la tecnología en la inclusión educativa de las personas ciegas, llevaríamos nuestro ordenador adaptado y algunos otros materiales tiflotécnicos y pondríamos el vídeo de los colores de las flores. Dicho y hecho: la escribimos, la mandamos y nos la aceptaron.
Nos inscribimos.
Simultáneamente pensamos aprovechar el congreso para hacer turismo. Preguntamos por visitas guiadas para el lunes (o eran muy caras o no las había desde la oficina de turismo), los del congreso regalaban, a cada inscrito,  una entrada para visitar el Museo Guggenheim (luego supimos que no contemplaba una visita guiada para nosotros, imaginaos a dos ciegos en un museo de arte moderno sin que nadie nos ayudara. Lo descartamos), hablé con una compañera de la ONCE de Bilbao y Elena con nuestro querido Joaquín de Voluntarios de BBVA en la seguridad de que ellos, siempre tan majos y dispuestos, nos buscarían un buen apoyo.
Reservamos el hotel, el más cercano al congreso que se desarrollaría en la universidad de Deusto (otro aliciente más para ir: pisar esa universidad con lo prestigiosa que es, estar yo, increíble).
Nuestra amiga Paloma nos sacó los billetes de tren con su eficacia y cariño de siempre.
Y llegó el día 11. Cargamos el equipaje de fuerza, ilusión y confianza, y para allá que nos fuimos.
350 inscritos en el congreso, una movida. “No os preocupéis, cualquier cosa que necesitéis os ayudamos”. Ya os recogemos en el hotel y vamos juntos.”
Elena me dice: “llévate alfabetos braille para repartir.” Buena idea (luego los dejaremos en las mesas del congreso y volarán rápidamente).
Bilbao nos recibe con txirimiri. Inma y su chico nos introducen en la noche bilbaína por el casco viejo: buen ambiente callejero, txiquiteos a base de txacolí, cena con bacalao (cómo no) y goxoa (postre rico rico) y chupitos (chupitos de Bilbao que en Madrid son copazos) de pachahrán (ya se sabe: “pacharán más de mil años, muchos más”). Son casi las 4 de la mañana y a las 7 hay que levantarse porque vendrán a buscarnos a las 8. Hemos dicho que más de noche de lo que es no va a ser, pero ¡cómo cuesta levantarse!
Eli, la chica que ha ido a buscarnos nos explica el lugar y nos ubica en la primera fila del auditorio. Se va a hablar de los valores de los jóvenes, de la diversidad educativa, de experiencias, de la orientación y sus incertidumbres, de la escuela que debería ser…
Nos hacemos visibles, intervengo apelando a la diferencia, a las capacidades diferentes frente a la discapacidad, a que lo que es útil para todos es imprescindible para unos cuantos, a la realidad de que lo que no se ve no existe hoy día (y eso lo dice un ciego), al entre lo puedo todo y no puedo  nada, está el puedo… Al final de las sesiones unos payasos hacen reír a carcajadas al resumir las conclusiones de lo tratado bajo la mirada del humor.  
 El sábado a la noche se ofrecerá la opción de participar en una cena de gala, ¿nos apuntaremos? Claro. Un lujazo, casi de boda. Me emociono al pensar que estoy allí, que soy uno más entre aquella gente, no sé, es..
Es domingo, la virgen de Fátima, estamos nerviosos, nos toca impartir nuestra comunicación. ¿Vendrá gente? ¿Lo haremos bien? ¿Servirá de algo? Bajamos en el ascensor y una canción suena (¿será un presagio?): “Castillos en el aire” de nuestro querido Jaime Urrutia. Es como magia.
Nos decimos: “ya pasó”. Me he enrollado más de la cuenta ( es lo que tiene, como dice Joaquín, ser mudo), ha faltado tiempo, perdóname, Elena”. Una frase que es todo nuestro corolario: “solo quien cree que los sueños pueden cumplirse, está realmente vivo”.
El congreso ha terminado. ¿Dónde vamos a comer? A la aventura. No sabemos cómo pero llegamos a un batxoki. Toma castaña. Una camarera, a la que yo me empeño en llamar Marta (¿por qué será?) Pero que, en realidad, se llama Mónica. Nos cuida, nos mima. Se nota que tiene una sensibilidad especial. ¿Por qué? Incluso  nos acompaña de vuelta al hotel. Nos dice: “tengo una niña con retraso mental. Ay, si ella llegara a ser como vosotros.”
Por la tarde noche daremos un paseo por nuestra cuenta, ¿por dónde? Ría adelante hasta el Arenal. Qué fácil, es peatonal, no hay cruces, se oye la gabarra dejando su estela, pasamos por los puentes de la Salve o el de Calatrava y el ayuntamiento con su reloj de carrillón que da las campanadas (¿para nosotros?). Acabamos, ¿dónde? Pues dónde va a ser, tomando pintxos. “¿Qué pintxos quieren? ¿De qué los tiene? Uf, como tenga que contárselos todos… Tráiganos los que usted quiera, mientras no piquen.”
¿Y el lunes? El lunes nos espera Raquel, voluntaria de BBVA, que nos hará de lazarillo, de guía, que José Luis le ha dicho que nos enseñe Bilbao. “¿Y qué les voy a enseñar yo a dos personas que no ven? ¿Qué será aquello que mejor puedan apreciar, percibir? Un paseo por el puerto deportivo y subir al Puente Vizkaya (el famoso puente colgante). Y entretanto compartimos, comentamos, nos enriquecemos, nos cuenta historias del Banco de Bilbao como aquella Paga del polvo o las fiestas de Reyes Magos organizadas por el banco en el teatro Arriaga. Y nos relata también cuando pasamos por el Edificio del Tigre, la Grúa Carola o la Playa de las secretarias.
Y volvemos a comer al batxoki. Y Mónica que se alegra de corazón con nuestra nueva visita y que el día de antes se ha emocionado tanto con nuestra fuerza que le han caído las lágrimas y que nos prepara una sepia con langostinos que le han traído recién pescada para ella y una mousse de avellana con flan de nata que tira de espaldas y otro “chupito” (entre comillas) de despedida.
Y vuelta al hotel por el equipaje y subida al tren de regreso a la cotidianeidad madrileña.
Ya sé, voy por la página tres (jejejej) y aún me falta dar las gracias, lo principal.
Gracias a Elena porque quisiera que participara con ella en ese evento.
Gracias a la organización del congreso por su ayuda en todo momento.
Gracias a Marisa, una congresista que estuvo muy pendiente de nosotros y quiso traernos información en braille del Guggenheim.
Gracias a Inma por regalarnos una noche de viernes y que nos llamó después para ver cómo había salido todo.
Gracias a Voluntarios de BBVA, a Joaquín, a José Luis y a Begoña por buscarnos a Raquel, con su calidad humana y cariño de siempre.
Y gracias a ésta porque nos hizo ver y vivir juntos un lunes primaveral en la ciudad del Nervión inolvidable.
¡Siempre adelante! ¿Y pronto? Pronto, más.

      

Leer más

domingo, 13 de mayo de 2012

Otro año más

Que tengáis una buena semana.
 
Otro año más la piel sale de su cápsula de lanas y paños para mostrarse esplendorosa, ufana. Brazos, torsos, espaldas, piernas... todo un despliegue de sedosidad atrayente.
Otro año más, las pisadas cambian su tono de nuevo para hacerse audibles, rítmicas. El son de tacones graves, pesados, huecos se muda en otro tintineantes, ágiles, agudos.
Otro año más, en fin, esas señales se emiten nítidas y atrayentes para quien tanto desea recibirlas y, con ello, alegrar su oído y prender su imaginación. Seguramente para muchos, la mayoría, pasarán desapercibidas.Pero para él, no
Sixto Torres pasea su ceguera por una cotidianeidad ilusionada en calles, centros de ocio y medios de transporte. Lo hace, regido por su voluntad y deseo de superarse.
Sixto Torres maneja su bastón con habilidad de bailarín aunque, no por ello, deje de tropezar o golpearse. ¡Son tantos los obstáculos que le salen al encuentro!
Pero hoy, este adalid del bastón blanco tiene un nuevo aliciente: volver a fantasear.
Es verdad, ha regresado el calor a la ciudad de manera espontánea y apresurada. Tanto tiempo aguardando su arribada y ya está aquí.
¿Será como siempre? _se dice_ ¿Las féminas volverán a lucir desnudeces, hermosuras? Ah, si viera... Qué lástima no hacerlo. Cómo se van a poner otro año más los que ven. ¿Y él? Él, nada. ¿O sí?
-Caballero, ¿quiere darme la mano?
-Uy, sí; cómo no. ¿La mano sólo? Jejjeej
-Sí, la mano.
Una mano fina y dulce se la toma. Y... ¿Cómo creerlo?
Esa mano fina y dulce guía la de Sixto Torres por su cuerpo: su melena, su rostro, sus curvas...
¿Es verdad? ¿Es posible? Qué gusto. Si ver no verá, pero su mente le hace chirivitas ese primer día de calor primaveral.
¿Y si le dijera que detenga su mano en...?
OOOHHHH. Si es que era una escultura que hay en la plaza y que hoy le ha dado por echarle un tiento. Al menos, piel no tocará, pero alabastro... alabastro que no le falte. ¡Y qué suave? ¿Y qué fino es? Aunque, si no tuviese tanto polvo, ya sería la leche. Y mira que tener él que limpiarle el polvo a la escultura de la Madona del cántaro. Si al menos se lo pudiera ...
En fin, vivir para ver.

Leer más

martes, 8 de mayo de 2012

¿Quién soy yo para rechazar una invitación?


Esa es la pregunta que a veces me he hecho sabiendo que igual no debía aceptar una determinada proposición por no molestar o por qué sabe  uno. Cuando he dicho no, debiendo haber dicho sí. Yo qué sé.
Por ejemplo, alguna vez, en la misa a la que acudo con regularidad, alguien (muy pocas veces) me ha preguntado: “¿quieres pasar a comulgar?” (hacerlo solo es bastante complicado para mí porque siempre me siento en el primer banco junto a la entrada, es decir a los pies de la iglesia, en el extremo opuesto al altar donde se da la comunión). Yo dudo de si ir o no por no haber cumplido con el sacramento de la penitencia hace tiempo. Pero, por otro lado, ¿y si es Jesús quien, a través de esa persona, me está invitando ese concreto día? ¿Cómo rechazarle? ¿Cómo decir que no?
Otras, me llaman para invitarme a comer. Yo pongo una excusa o realmente no me viene bien. Pero, ¿por qué si me han llamado con ilusión, con el deseo de que les diga que sí, tengo que decir que no?? ¿Y si mi negativa acarrea decepción, tristeza?
 En otras ocasiones, en fin, una voz anónima me ofrece ayuda para cruzar una calle o subir al Metro. Son lugares que conozco y, por tanto, no necesito esa ayuda. Y, no obstante, ¿por qué rechazarles si me la ofrecen sin yo haberla pedido, seguramente de corazón?
No sé. Uno no quiere ser pesado, molestar  o incordiar y, quizá, por eso, el primer impulso es rechazar sus invitaciones. Pero, ¿y si…? ¿Y si, yo que anhelo tanto alegrar la vida a quien me rodea, estoy causando tristeza?
A veces uno se pregunta ¿por qé acabas haciendo daño si nunca quieres hacer daño?
Bueno, como veis este martes me ha salido preguntón. Pero es que hace tanto que no comparto mis reflexiones con vosotros/as (la vorágine del día a día, la prisa, otros eventos…) que tenía ganas de contaros, de pediros opinión, ayuda. No sé, imaginaos que estamos tomando un café juntos o que nos hemos llamado por teléfono y os cuento. ¿Qué me diríais? ¿Habéis sentido algo así también?
Qué lujo poder disponer de unos confidentes tan amables. ¡¡GRACIAS!!


Leer más

domingo, 6 de mayo de 2012

Sonia. ¡Feliz Día de la Madre!


Por que sí, nuestras madres merecen saber que sus desvelos son valorados, que se sientan queridas, que tengan una “mariposa” (entre comillas) que las haga saber.
Felicidades, madre. Felicidades, mamá.
Buena semana de mayo florido.

Las sombras ya se apoderan de la noche. La penunmbra tiñe con su grisura el pozo al que una madre, cierta madre, ha acudido en busca de agua con su cántaro.
Es tarde, otra vez más se le ha hecho tarde. Claro, son tantas cosas las que debe hacer, tanto que acometer que nunca llega temprano a ese sempiterno lugar, techado con voladizo de madera y resguardado con pilastras de piedra. Cuántas como ella habrán acudido hasta allí, abuelas, nietas, tías y madres, sí, madres como ella, madres también.
Hoy esa madre, Sonia se llama, está triste. Dicen que se celebra su día pero a ella nadie la felicitará. Su marido partió, sus hijos partieron. Está tan sola, se siente tan sola que qué más le da que otras sean agasajadas o festejadas. Eso no es para ella, bien lo sabe y así lo tiene asumido.
Hace frío, mucho frío. No debería por el mes que es y, sin embargo, se ha visto obligada a rescatar del arcón la saya y toca de invierno. ¿Será que realmente las temperaturas son bajas o es su alma la que siente esa gelidez que la hace tiritar? Y no será porque el cielo no esté limpio. Tan límpido que pronto será un tapiz estrellado.
 Casi no se escucha nada, tanta soledad, tanto abandono. O sí, algo sí se oye: algún perro ladrándole a las estrellas tal vez queriendo cortejarlas, alguna gallina en el corral del señor Antonio y sí, cómo no, la música del agua que del caño, fluye en una caída libre, impetuosa, brava, formando ondas que se expanden para besarse con las paredes de la pila que las enmarca.
Antes de poner el recipiente y llenarlo, Sonia la mira. ¡Querría preguntarle a esa agua  tantas cosas! ¿Dónde fueron aquellos que se fueron? ¿Por qué no se fue ella? ¿A quién tenía que guardar en ese pueblo de nadie? ¿Quién podrá responderle a todas esas preguntas sin respuesta?
Muchos otros atardeceres como éste ha querido llorar, de rabia, de pena, de abandono, incluso hubo que hasta de alegría y emoción. Ahora ya no lo hace, ¿para qué? ¿Por qué?
¿Y si ese agua con la que se dispone a llenar su cántaro fueran esas lágrimas que derramó? Quién sabe.
¿Qué nota en su pelo? ¿En ese moño que ha trenzado deprisa? ¡Es el aleteo de una  mariposa! ¡Qué pequeña pero qué bonita es! Ahora se posa en su hombro, luego en sus manos y en su pecho y en su cántaro y en su falda y y.
-Hola Sonia.
-Oh, hablas.
-¿Creíste que nadie se acordaría de ti? Mira al cielo, mira a la fuente, mírame.
Ella oye, no sabe cómo; ve, no puede intuir de qué forma; siente, magia, maravilla. ¡Cantan para ella! ¡La saludan! ¡Son su marido, sus hijos! Son burbujas de colores chispeantes, cometas de luz brillante.
Un despliegue de todo, un abanico, un coro.
-Por ti, mujer, cariño. No te hemos olvidado. Te seguimos queriendo. Tu renuncia, el que te quedaras, fue, y sigue siendo, nuestro aliento.
-Por ti, madre. Quisimos ser dignos de ti, hacer que te sintieras orgullosa. ¿Lo entiendes ahora?
 -Por ti, mamá. ¿Ves qué chulo está el cielo? Y esta mariposa amiga que nos ha traído hasta ti, ¿te gusta?
Al día siguiente, las madres en el lavadero o mientras esperan a que llegue el panadero, comentan los regalos que les han hecho sus hijos e hijas, un dibujo, una planta para el balcón, una tarta. ¿Y Sonia? Sonia calla, pero es feliz al fin. Creen las otras, unas con pena, otras hasta con desprecio, que para ella no ha habido detalles de cariño, objetos. ¡Qué poco saben ellas! Nunca ha sido tan dichosa, esa mañana de lunes sabe que es mentira, no está sola ni abandonada, que sí, ¡aún la quieren! Y sonríe y quienes la ven hacerlo creen que ha enloquecido, qué pena, pobre mujer. No, no; ella no está loca. Ahora sabe, es feliz de nuevo, como lo fue cuando le conoció a él, el día de su boda, cuando nacieron ellos.

 

Leer más

viernes, 4 de mayo de 2012

¿Una luz de esperanza para mí? Implante de retina

Mi amiga Mercedes, sabedora de que yo soy uno de esos "afortunados" (entre comillas) agraciados con la Retinosis Pigmentaria me envía esta noticia que, aunque con cierto escepticismo, no deja de ser un posible avance. Quién sabe.
Yo aún distingo esa luz que me permite saber si es de día o de noche o si una bombilla está encendida o apagada. ¿Es poco, verdad? Pues no, el mero hecho de ver esa poca luz es mucho para mí.

Londres. (Efe).- Una retina electrónica ha logrado restaurar parte de la visión de dos hombres que sufrían ceguera total debido a una enfermedad degenerativa, según describieron este jueves los responsables del primer test clínico de esta tecnología en el Reino Unido.
Cirujanos del King's College Hospital de Londres implantaron detrás de la retina de esos pacientes un microchip de apenas tres milímetros, que transforma la luz que penetra en el globo ocular en impulsos eléctricos que el cerebro es capaz de reconocer.
La retina electrónica cuenta con 1.500 diodos fotosensibles que actúan como los píxeles de una imagen digital y transmiten esa información a través del nervio óptico, al que están conectados.
Según la descripción que hicieron los pacientes sobre su experiencia, el dispositivo les permite percibir "flashes de luz", más que una visión convencional, algo que, por el momento, les facilita ver objetos de color blanco sobre un fondo negro.
Chris James y Robin Millar, que recibieron los implantes a mediados de abril, señalaron además a los investigadores una serie de efectos inesperados que Robert MacLaren, profesor de Oftalmología en la Universedad de Oxford, describió como "extraordinarios".
Uno de ellos aseguró a los médicos que ahora tiene "sueños en color", algo que no le sucedía desde que perdió la visión debido a una enfermedad degenerativa llamada retinosis pigmentaria.
Ese paciente narró cómo es capaz de situarse en una habitación y detectar de dónde procede la luz que entra por las ventanas. "Desde que encendieron el dispositivo puedo detectar la luz y distinguir la figura de ciertos objetos, es esperanzador. Parece que se ha despertado una parte de mi cerebro que estaba dormida", narró Millard, productor musical de 60 años.
"Es algo que quizás no resulte asombroso a otras personas pero, para un invidente, ser capaz de orientarse por sí mismo en una habitación, reconocer dónde están las puertas y las ventanas es algo singularmente útil", afirmó MacLaren.
Por su parte, Tim Jackson, cirujano en el King's College Hospital, subrayó que el tratamiento se encuentra todavía "en las primeras etapas", si bien está destinado a "mejorar en gran medida la vida de las personas con Retinosis Pigmentaria".
Los responsables del estudio, en el que se implantarán chips similares a otros diez pacientes británicos, indicaron que esta tecnología podría adaptarse en el futuro para tratar formas más comunes de ceguera progresiva.
Hasta el momento, sin embargo, solo se ha probado en pacientes con Retinosis Pigmentaria, una condición hereditaria que afecta a uno de cada 4.000 europeos.
El dispositivo electrónico está fabricado por la compañía alemana Retina Implant AG, que comenzó los primeros test sobre pacientes en 2010.

Leer más

jueves, 3 de mayo de 2012

El Gran Prix


No sé qué puñetas he hecho pero es que se ha borrado el cuento del pasado domingo. Lo vuelvo a poner para que no quede en el aire.
Eso sí, con la fotito de la carrera de caracoles incluida.


-¡Vamos, Anacleto, Sisebuto, Matías! No desmayéis, que ya no queda nada para que bajen la bandera. Sois la punta de lanza de mi equipo y no podéis fallarme, he apostado una fortuna en vosotros porque sois los mejores. Sé que no me vais a defraudar, no podéis hacerlo. Vamos, vamos, vamos, corred, galopad, saltad.
El inefable duque de Recio Viento se dirige así de seguro a sus huestes que, en ardua lid, se pelean con el resto de contrincantes de la competición, el Gran Prix.    
Y es que no había podido negarse ante la propuesta que le habían hecho. Amaba tanto el ganar, el ser el mejor que quien a semejante partida le había retado sabía que no iba a resistir el envite.
¿De qué creerán que se trataba? ¿De una carrera de galgos? ¿De soberbios alazanes? ¿De lujosos automóviles de época?
No, no; señores míos. Resultaba ser el Gran Prix del Caracol Sol. Y claro, a esa legendaria carrera el mayor apostador de los apostadores, no fue capaz de rechazar el participar.
¿El premio? ¡Unos patines de oro y brillantes! Que no se dijera que no se pensaba en realzar el mérito de quienes habrían de combatir en simpar batalla babosera.
Era todo un acontecimiento. Al Gran Prix acudía lo más granado del reino, se gestaban relaciones y urdían conspiraciones mientras los moluscos se esforzaban por no ahogarse en el rastro que quienes les precedían dejaban cual estela de barco trasatlántico. Se contaban historias truculentas en las que el veneno o el engaño mortal tenían cabida.
¡Una carrera de caracoles! ¡Qué disparate! No, no, al contrario, todo un evento atlético, un acontecimiento que ese año alcanzaba su vigesimoquinta edición.
Recio Viento había buscado a los mejores para su participación, el agente que se los proporcionó, le garantizó que eran de sangre verde, con pedigrí y de pura cepa. Le presentó certificados y documentos justificativos para, con todo ello, pedirle una alta suma que no le importó satisfacer si, así, vencía.
Recio Viento era orgulloso, incapaz de asumir derrota alguna, vanidoso, ufano. Estaba acostumbrado desde niño, a ser siempre el primero porque lo había mamado en casa, una familia ilustre y suntuosas posesiones favorecían tales hábitos, no precisamente de monje.
La mañana era ideal para la competición, un sol espléndido, día en calma y buena pista y él se las prometía muy felices.
Su equipo, ataviado con lujosa vestimenta sobre emperifolladas conchas partieron raudos. Se veía claro que nadie iba a poder con ellos. Detrás habían quedado el resto de contrincantes que, ¿cómo iban a ser mejores?
La recta final acababa en ligera pendiente y… oh sorpresa de él, y de todos, a sus muchachos les iban fallando las fuerzas. Se notaba que los cascarones les pesaban, que los cuernos ya no se mostraban tan enhiestos como en la salida y que casi no dejaban rastro sus babas.
Oh, tragedia de las tragedias. Recio Viento ha de contemplar, atónito, cómo otro curioso equipo, se dispone a adelantar a los suyos. ¿Sería posible? 
Nadie se había percatado de la existencia de aquéllos. ¿Quién habría de hacerlo? Eran tan enclenques y mal fachados… tanto que ni siquiera nombres tenían. Nada que ver con el porte marcial de los suyos. Uno medio cojo, otro con el caparazón descascarillado y el tercero, increíble, sin cuernos, como ciego, que se ayudaba apoyándose en sus compañeros.
¡Y que esos tres mequetrefes fuesen a ganar a sus héroes! Traición, engaño, vil porfía. Protestaría, impugnaría, reclamaría.
Nada que hacer, la derrota se ha consumado y mientras, los pobres Sisebuto, Anacleto y Matías yacen concha abajo olvidados de todos, menospreciados, mientras las guapas caracolas de la caracolería se arrullan con los viles pero, ahora, ¡admirados! Incluso, envidiados.
¿Y por qué? ¿Por qué aquél que siempre presumió de ganar, tiene ahora que lamerse las heridas?
¿Sería acaso, precisamente, por la prepotencia de creerse invencible? ¿Por una mala estrategia? ¿Debería aprender, tal vez, de quienes pareciendo débiles se alzaron, al fin con el galardón?
Quizá quizá.


   

Leer más

El Telstar 1: un satélite de leyenda

Permitidme que comparta aquí un artículo que acaba de aparecer en una de las revistas que la ONCE edita para personas ciegas.
Creo que merece la pena conocerlo.

Era la primera vez que la idea de la “transmisión en tiempo real” o “en vivo” para la televisión se presentaba como algo posible. Estar conectados y comunicados al instante vía telefónica o por fax también dejaba de ser un sueño. Pasaba a convertirse en una realidad gracias a la puesta en órbita del Telstar, el primer satélite artificial de telecomunicaciones, que fue lanzado al espacio hace 50 años, un 10 de julio de 1962.
El satélite, de forma esférica, fue pensado y diseñado desde un primer momento con el propósito de trasmitir una señal de televisión en directo, conversaciones telefónicas y datos a alta velocidad a través del océano Atlántico, entre América y Europa.
Este primer satélite comercial de comunicaciones lo construyó la firma estadounidense American Telephone and Telegraph Company, más conocida como AT&T, por 50 millones de dólares, aproximadamente.
Recubierto por paneles solares, el Telstar tenía una longitud de 88 centímetros y un peso de 77 kilos. No era muy grande. De hecho, tenía el tamaño idóneo para ubicarlo en el cohete Delta —de la NASA— que lo transportó rumbo al espacio. Nada sería igual después de ese lanzamiento.
La primera emisión de televisión transmitida por el satélite se realizó desde Andover, en Maine, Estados Unidos, hasta Cornualles, en Inglaterra. En ella se veía la enorme esfera que generaba las señales del satélite. Este primer aparato esférico se había convertido en un nuevo habitante espacial que comenzaba a escribir la historia, marcando una referencia después de su creación.
El Telstar dibujaba una órbita elíptica que completaba cada dos horas y 37 minutos, y solo estaba operativo durante 20 minutos en cada vuelta que daba sobre el planeta Tierra. La principal desventaja de este satélite (y de los que le sucedieron) era su ubicación: al situarse en una órbita muy baja, los usuarios tenían que esperar a que pasara por la vertical del punto de recepción para poder recibir sus emisiones.
Además de esos primeros pasos en las transmisiones “en vivo” para televisión, el Telstar permitió transmitir la primera llamada de teléfono por satélite de la historia, y logró transferir datos y algunos faxes entre dos puntos.
Sin embargo, la aventura duró solo unos pocos meses. El Telstar dejó de funcionar el 21 de febrero de 1963 tras haber perdido la comunicación en varias ocasiones. En su última etapa, el satélite envió datos de forma intermitente, hasta el final de su vida útil.
Un día antes del lanzamiento del Telstar, el 9 de julio de 1962, el Gobierno de Estados Unidos realizó una prueba nuclear conocida como Starfish Prime. La bomba atómica fue lanzada a unos 400 kilómetros de altitud sobre una isla del Pacífico. Se trataba de un ensayo estratosférico, ya que tuvo lugar fuera de la atmósfera terrestre. Sin embargo, la radiación quedó presente.
El cinturón donde orbitaba el Telstar se sobrecargó de energía, y se cree que los aparatos del satélite dejaron de funcionar seis meses después por los daños que produjo la radiación emitida con esta prueba. Meses más tarde se lanzó al espacio el Telstar 2, con algo más de suerte: el Telstar 2 marcó el comienzo de la carrera espacial de los satélites.
La historia de los satélites se remonta a la observación del Sistema Solar, un desafío nada pequeño para las grandes aspiraciones del hombre, que luego giró su mirada a la aplicación de estos avances para estudiar el planeta Tierra y buscar datos relacionados con el clima.
La posibilidad de observar las nubes desde el espacio condujo al desarrollo de los satélites meteorológicos. Sin embargo, los primero satélites de observación se desarrollaron con fines bélicos y se utilizaron en la localización de baterías de lanzamiento de misiles, los conocidos “satélites espías”.
La comercialización del espacio llevó a la utilización de satélites de propiedad privada en la obtención de fotografías de la Tierra. La resolución de alguno de los nuevos satélites europeos se aproximó al de los satélites militares de observación utilizados en los programas de defensa.
En agosto de 1960 (justo tres meses después de que la Unión Soviética iniciase con el Sputnik su carrera espacial), los Estados Unidos lanzaron con éxito su primer “satélite espía” suborbital, que fue bautizado con el nombre de Discovery.
El Discovery sobrevoló tres veces la Unión Soviética, tomando fotografías a lo largo de su recorrido. Fue recuperado en el Océano Pacífico cuando abandonó su órbita y cayó a la Tierra.
Al Telstar le siguieron otros satélites de comunicación. Muchos de ellos también pasarían a la historia. Es el caso de los satélites Intelsat-I, Early Bird, Intelsat-II y ATS, que un 25 de junio de 1967 hicieron posible la transmisión del primer programa televisivo en vivo vía satélite.
Durante el programa participaron varios países, que aportaron lo mejor de su cultura. España presumió de Picasso, Canadá difundió imágenes de un vaquero local y México mostró al mundo el nacimiento de un niño y un espectáculo de danza prehispánica. Pero lo más recordado fue la participación de The Beatles, en representación de Gran Bretaña, cantando en directo la canción All you need is love desde los estudios de Abbey Road.
Hoy nos parece normal ver por televisión la transmisión de los Juegos Olímpicos o la emisión de noticias en directo, como el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York o las revueltas árabes.
Esas imágenes viajan a millones de pantallas de televisión, como la tuya, desde algún punto del mundo, algo posible gracias al anillo de satélites de comunicación que se encuentra en la órbita geoestacionaria.
Los satélites se desplazan a 36.000 kilómetros de altura sobre el ecuador. Parece que se mantienen inmóviles sobre un mismo punto de la superficie terrestre, pero no es así. Reciben señales de televisión de las antenas situadas en tierra y las amplifican, es decir, aumentan su potencia. Posteriormente, el satélite devuelve las imágenes y el sonido a los espectadores.
En el pasado, las señales de televisión debían enviarse a grandes antenas parabólicas situadas en estaciones terrestres especiales antes de poder transmitirlas a las antenas locales. En la actualidad, sin embargo, las señales de satélite son tan potentes que se pueden captar con parabólicas pequeñas desde el techo de oficinas y hogares.
También es posible establecer vínculos directos por satélite entre oficinas distantes o entre médicos de hospitales urbanos y pacientes de zonas rurales alejadas. Los satélites se utilizan, incluso, para las emisiones de radio digital, que pueden captarse desde automóviles y radios portátiles.
Todo esto es posible gracias a que una vez se soñó con una comunicación a estas velocidades y potencias. El punto de partida lo marcó el lanzamiento del Telstar, toda una leyenda.
Tamara González
Servimedia

Leer más

martes, 1 de mayo de 2012

Mekanta: un chimpancé que te enseña mecanografía

Otra vez más comparto contigo una noticia que habla de accesibilidad. Creo que te resultará interesante y, quién sabe, igual te puede ayudar y todo.
Bueno, disfruta de este día festivo que celebra el trabajo, algo muy de festejar hoy día.


¿Te gustaría aprender a escribir rápido y con precisión con el teclado de tu ordenador? Si es así, ¡lo tienes muy fácil! Puedes conseguirlo con Mekanta, una aplicación informática accesible que ha diseñado la ONCE para niños y jóvenes. Si te animas a probarla, será un chimpancé quien te enseñe mecanografía. PÁSALO te cuenta cómo conseguirla.
El 98 por ciento de los alumnos con discapacidad visual estudian en aulas ordinarias y utilizan  las mismas aplicaciones informáticas que sus compañeros videntes, siempre que cumplan unos requisitos mínimos de accesibilidad.
Además, las tecnologías de la información y la comunicación son ya una realidad en las escuelas y universidades españolas. Ahora, más que nunca, es importante que aprendas mecanografía.
Si escribir correctamente con el teclado de tu ordenador forma parte de tus planes, ¡la ONCE te lo pone fácil! Podrás hacerlo gracias a una aplicación informática accesible que da respuesta a las necesidades de todo el alumnado.
El “profe” que te enseñará mecanografía se llama también Mekanta, y es un simpático chimpancé que, desde la jungla en la que vive, te ofrecerá una serie de juegos y lecciones para que aprendas divirtiéndote.
Mekanta respetará tu ritmo de aprendizaje y te motivará aumentando, de forma progresiva, la dificultad de las actividades. Si las superas, la aplicación te proporcionará premios virtuales y más juegos interactivos, en función de los progresos que vayas haciendo.
El programa está pensado para alumnos de más de cinco años de edad, y tiene una particularidad: pueden usarlo tanto personas con ceguera y deficiencia visual como videntes.
Además, cuenta con apoyos verbales, voces de animales y elementos sonoros que te animarán a seguir aprendiendo. Se puede usar tanto con el teclado como con el ratón, y toda la información y animaciones que aparecen en pantalla son audiodescritas.
En primer lugar, Mekanta te enseñará a trabajar con los dedos índices. Luego, te mostrará la relación entre teclas, tanto horizontal como vertical, por filas y columnas.
Te ayudará también a controlar todas las teclas del teclado y te ofrecerá información verbalizada, para que sepas en cada momento qué teclas has de pulsar. Podrás utilizar esta herramienta sin la ayuda de un revisor de pantalla.
Si estás interesado en esta aplicación, puedes descargártela gratuitamente de la web de la ONCE, www.once.es
Con ella, la ONCE quiere que todos los niños y jóvenes dispongan de un programa para aprender a escribir en el teclado del ordenador con precisión y rapidez, para facilitarles el acceso al mundo de las tecnologías de la información y la comunicación. ¿Te animas a probar?

Leer más

sábado, 28 de abril de 2012

Tomar el té en el Ritz: ¿un sueño hecho realidad?

Mientras que en este Madrid, la primavera deja caer la lluvia, mientras ella me invita a soñar, yo, a mi vez, os invito a que vosotros también lo hagáis. Y para ello por qué no, imaginaos tomando un té junto a alguien especial en un lugar especial. Por que recordad, quien se atreve a soñar está realmente vivo. Yo lo hice y.... Manuel Leguineche asegura que si se quiere conocer el alma inglesa es imprescindible tomar el té en el Ritz de Londres (The Ritz London). El Palm Court es un salón imperial que recrea el ambiente eduardiano, con esculturas sobredoradas, cortinajes de seda, manteles de hilo, vajillas de porcelana y teteras de plata. A las cinco de la tarde alcanza su clímax, con la tradición del té iniciada por la séptima duquesa de Bedford, que la convirtió en un noble ritual en el hotel. Aseguran que Cesar Ritz eligió el color albaricoque para la decoración porque era el que mejor le iba a la tez de su esposa. En cualquier caso, los camareros siguen recitando las clases de té que el cliente puede tomar: darjeeling, lapsang-souchon, earl grey... Las tazas son de porcelana china, y la infusiones se llevan a la mesa con una espectacular fuente de pasteles y bocadillos. El ceremonial es impecable: se sirve primero la leche tibia, como mandan los cánones, y después el té caliente para que no quiebre la porcelana. Pero el Ritz es un mito de Londres: ha sido protagonista de algunas de las mejores escenas de Notting Hill con Hugh Grant y Julia Roberts, ha sido el palacio en el exilio de personajes tan relevantes como Charles de Gaulle, que se pasaba las horas buscando micrófonos escondidos en su habitación, o el ring improvisado donde Richard Burton golpeó a un tipo que lo importunó en el bar. Y fue a principios de siglo la cocina donde ofició el chef Escoffier, capaz de servir ancas de rana perfectamente disfrazadas para que sus clientes se las comieran sin saber qué estaban degustando. Por cierto, en el Ritz de Londres siempre se ha comido bien. Su restaurante, con vistas a los jardines, es uno de los espacios más aristocráticos del Reino Unido, que un siglo después de abrir sus puertas reúne a una clientela distinguida. No menos interesante es el Rivoli Bar, con su decoración art déco y sus buenos cócteles. El Ritz de Londres, en el corazón de Picadilly, ha sido siempre un lugar único, que desde su apertura en 1906 fascinó al rey Eduardo VII de Inglaterra, al rey Alfonso XIII de España o a la reina Amelia de Portugal. Ese inmueble con aires de castillo ha visto bailar en sus salones a Anna Paulova, a Noel Coward componer una canción dedicada al local o a Chaplin hacer mil muecas ante la clientela. Cesar Ritz quiso que sus habitaciones fueran generosas y confortables, y la tradición se ha mantenido. Lo que se ha perdido es la exigencia de estar con americana y corbata en sus salones: hoy incluso se puede desayunar en vaqueros. Una pena. El Ritz dispone de un fumoir donde se puede disfrutar de su magnífica colección de puros perfectamente humidificados. Se trata de una sala cómoda, con generosas butacas, ideal para tomar un buen aguardiente en compañía de un habano como Fidel manda. El cliente puede dejarse aconsejar por el sumiller de puros, que se ocupa de la cava del hotel con una profesionalidad a prueba de cualquier esnobismo.

Leer más

martes, 24 de abril de 2012

Un vídeo muy interesante


A continuación pego el enlace para reproducir un vídeo muy interesante que refleja cómo un niño ciego participa con normalidad en una clase integrada.
En él salen algunos de los aparatos que los ciegos utilizamos para acceder a la información.
Este vídeo ha obtenido el premio Ampe de oro y creo que es muy necesario darlo a conocer como vía para ayudar a que se nos vea don mayor naturalidad.
Que os guste.


Leer más
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...