SE cree el gracioso del Microsoft ouloock que me va a impedir mandar mi cuento dominical. Pues no, no. Que uno está muy acostumbrado a sortear y saltar barreras en todos los aspectos de la vida. Así que lo hago desde la cuenta de Gmail.
Bueno, que os guste. He querido que sea un canto a la vida y a la lucha por salir adelante.
Buena semana y que estéis bien.
María estaba contenta, feliz, exultante, diríamos. Hoy era su santo, bueno algo más. Su cumpleaños no, pero desde luego, algo que se le parecía mucho.
Y es que hoy se celebraba el aniversario del día aquél en que se anunció que volvía a la vida tras semanas de ausencia, de coma.
¿Un accidente? ¿El azar desatinado de un destino ciego?
Qué más daba. Lo importante es que ahí estaba. Que sí, que algunas secuelas le habían quedado pero sí, ahí estaba superándose día a día como una jabata.
Ella tampoco es que supiera mucho sobre lo que pasó pero, de vez en cuando, sus padres o su hermano pequeño contaban. Y lo que decían le dolía a un tiempo y le pellizcaba el alma a otro.
Hablaban de que muchos dudaron de que se recuperaría, incluso hubo quienes les propusieron que la desconectasen de las máquinas y que la dejasen morir en paz. No les hicieron caso, menos mal.
Que sí, que su novio la dejó, no estaba allí cuando despertó y… bueno, entonces le hizo daño su ausencia, pero ahora le comprendía. Era tanto lo que le amaba que aceptaba que hubiese querido irse con alguien más sana que ella, que no fuese una carga.
Que le habían quedado cicatrices, aunque peores eran las del alma, las que se veían, bien lo sabía, resultaban poco agradables, grotescas, casi monstruosas. Ahora se lo tomaba con humor pero al principio le costó tanto asumirlas…
Ahora se reía: que no podía lucir muslamen con minifaldas y pantalones cortos, pues bueno, qué se le iba a hacer; que no convenía que enseñase la tripilla, vaya, a ella que antes le había atraído eso del pearsing, en fin; que su cara, en vez de ser lisa, parecía un mapa lleno de baches, puaaaj.
A todo eso se había acostumbrado y adaptado. Pero aún más, se hizo a caminar, a vivir, a soñar, a echarse el mundo a la espalda aunque fuera tanto lo que pesaba. No sabía cómo pero lo había hecho. Bueno, igual sí lo sabía.
Y es que, un día, harta de ser compadecida y mimada, de que la tratasen como a una muñeca rota, se decidió a complicarse la vida amando. Lo esccuchó en la radio: “quien ama vive, quien se complica la vida por amor, vive, quien se desvive por amor, vive”. Esas palabras de alguien, qué importaba quién las pronunciara, le hicieron tilín, la conmovieron por fin. Cuánto tiempo sintiéndose nada, creyéndose nada, sabiéndose nada y ahora escuchaba eso.¿Podría ella ser de esos que se complicaran la vida por amor?
Empezó por lo pequeño. El jarrón con flores frescas que su madre siempre solía poner en la mesita de la entrada de casa. Qué bien olían. ¿Cómo no quererlo?
El póster que Daniel, su hermanico, ese trasto de chaval que siempre estaba a su lado, tenía en la habitación, pedazo de tía en bikini. ¿Quererla? ¿Tenerle envidia? Bueno, era la cantante que su hermano adoraba así que…
La pluma estilográfica con la que su padre escribía. Le veía tan entusiasmado cuando lo hacía, que cómo no quererla también.
Y un día salió a la calle. Lo había hecho ya otras muchas veces, pero siempre acompañada, de la mano. Pero esa vez, al fin, se atrevió a dar el paso, torpe, bacilante, dudoso. ¿Creéis que cuando consiguió perder el miedo, no iba a enamorarse de lo que sintió y vio?
Y un día le hablaron de una asociación de gente con enfermedades raras, que se acercara, que igual le venía bien y todo. Se mostró reticente pero se decidió, total tampoco tenía nada que perder y, a lo mejor, allí, cristalizaba su objetivo, su nueva Itaca.
Llegó, se celebraba una fiesta, ¡una fiesta! Había voluntarios y chicos y chicas y señores mayores y personas menudas. Parecía que se lo estaban pasando en grande. Se mantuvo a la espectativa.
-Eres nueva, ¿verdad?
-Sí, no conozco a nadie.
-Tranquila, que aquí estamos para ayudarte y quien más quien menos estamos todos medio descalabraos. Ya ves, yo sin piernas. ¿Te puedo dar dos besos de bienvenida?
-¿No te vas a asustar?
-¿Asustar, aquí? Bah, ni lo sueñes. Si estamos a cual peor.
María se ruborizó. Le iban a dar un beso después de tanto tiempo. ¿También iba a haber besos para ella? ¡Qué ilusión!
-¿Y qué hacéis aquí? Se os ve mu animaos.
-Sí, que bollaos estamos un rato largo, pero ánimo y ganas de marcha no faltan.
-¿Crees que podría yo ayudar en algo?
-Claro. Seguro. ¿Qué sabes hacer?
-Uy, pues no sé. Bueno, tengo bastante imaginación. Me invento cuentos y se los cuento a mis muñecas.
-Ah, pues aquí hay muchos niños muy solos. Igual les podías… Oye, oye, que tienes una voz muy chula.
Así dio comienzo un universo nuevo para María. Iba a los centros de niños abandonados y les hacía pasarlo bien con sus historietas. Y qué bien se sentía por ello. Y hasta le habían dado un premio. Y había salido en la tele y todo.
Y, se dijo, si mis padres hubieran hecho aquello de dejarme morir, nada de esto habría ocurrido.
-Vamos, Marieta. Vamos, que te estamos esperando. Sal ya que tampoco es para tanto. Ni que fueras a debutar en la pasarela Ciegueles.
Sí, era mejor que se dejase de nostalgias y mohineces. Que lo importante, era haber llegado hasta ahí. ¿Quién sabía a quién más podría querer? O… ¿se querría complicar la vida alguien, queriéndola a ella?
-¡¡Felicidades!! ¡Cumpleaños feliz, tócate la…! Bueno, la nariz, no; que… ejem, mejor no.
La cara de María, increíble prodigio, se alisó de emoción. El salón estaba decorado con globos y guirnaldas y serpentinas. Y habían venido todos. Y Toni, el muchacho aquél sin piernas, estaba allí, todo trajeado y elegante. ¿Qué le estaba diciendo?
-María, me gustas mucho, ¿me querrías querer un poquito? No sé…
Todos callaban expectantes. ¿Surgiría…?
Un trémulo y susurrante “sí” fue lo único que pudo pronunciar, mientras las lágrimas recorrían aquel mapa que tenía por cara.
Todos aplaudieron. Daniel, siempre tan bromista y gamberro, le entregó un cajón de poliuretano con su lazo de plástico. ¿Lo abría?
Guaaauuuuu. ¿Qué contenía? ¡Una bandeja de torrijas! Su postre favorito, su manjar preferido.
Bueno, también le entregó otro regalo: un libro. ¿Qué libro sería? Uf, el primer ejemplar de la edición en papel de los cuentos que inventaba para alegrar a sus niños. ¡Y con ilustraciones y todo! Qué bonito.
-Gracias, gracias, gracias por dejarme que os quiera. Y a ti, Toni… ¡Cariño…!
domingo, 25 de marzo de 2012
María
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Etiquetas: Relatos
sábado, 24 de marzo de 2012
Recordando a Jules Verne
Permitidme recordar hoy aquí, la figura del genial Jules Verne (1828-1905), cuando se cumplen 207 años de su fallecimiento.
Cuánto no soñé, gracias a sus lecturas, de niño de la mano de la Editorial Bruguera. Pero, más aún, para mí el visionario escritor francés siempre será especial: ya lo he dicho más veces. Y es que el primer libro que leí en braille,, una vez aprendido el método de puntos salientes, fue "Miguel Strogoff". Era 1989 y no he podido olvidar, cómo hacerlo, la emoción que sentí al descubrir las peripecias del protagonista, pasando las yemas de mis dedos por el papel, un papel grueso, recio, firme.
En su recuerdo, quiero transcribir algunas anécdotas que se cuentan de él.
Con ocho años, Julio Verne asistía en París a la escuela de madame Sambain, la viuda de un marino que le contaba anécdotas de los viajes que realizó con su esposo. Aquellos relatos despertaron su pasión por la aventura. Así, el escritor contó en su autobiografía, "Recuerdos de infancia y juventud", que cuando su padre le mandó interno a un colegio,trató de fugarse. Hizo una cuerda con sábanas y se descolgó por la ventana, pero fue sorprendido por un jardinero. Charles-Noël Martin relata también en su libro "La obra y la vida de Julio Verne" que el muchacho realizó un segundo intento de fuga con once años. Pretendía llegar a Marsella y embarcar rumbo a las Antillas para conseguir un collar deperlas y regalárselo a su prima, de la que estaba enamorado. Por esa aventura se ganó una paliza de su padre, quien le hizo prometer que, desde ese día, solo viajaría con la imaginación. Y así lo hizo. Tanto que sus grandesnovelas las escribió sin salir de su casa de Amiens.
"De la Tierra a la Luna" se publicó originalmente por entregas en el periódico francés Journal des Débats. Verne se ganó al público desde el primer capítulo. Una anécdota que lo demuestra es que, después de que el protagonista de la historia, Miguel Ardan, enviara al presidente del “Gun Club” el famoso telegrama “Reemplácese granada esférica por proyectil cilíndrico-cónico. Partiré dentro. Llegaré vapor Atlanta”, centenares de personas lo emularon y solicitaron al periódico el honor de ser incorporados a la expedición lunar.
En una entrevista publicada por el diario norteamericano The Pittsburgh Gazette, Verne declaró: “Le sorprenderá quizás saber que no me enorgullece particularmente haber escrito sobre el automóvil, el submarino, el dirigible, antes de que entraran en el dominio de las realidades científicas. Cuando he hablado de ellos en mis libros como de cosas reales, ya estaban inventados a medias. Yo me limité simplemente a realizar una ficción de lo que debía convertirse después en un hecho (…) Cada hecho geográfico y científico contenido en cualquiera de mis libros ha sido examinado con mucho cuidado y es escrupulosamente exacto”.
Julio Verne ha sido un ejemplo para muchos científicos. El almirante Byrd afirmó que si no hubiera sido por Verne no habría ido nunca al Polo Sur. El químico ruso Dimitri Mendeleiev calificaba a Verne de “genio científico” y leía constantemente sus obras. Y Yuri Gagarin, el pionero astronauta, dijo en una ocasión: “Ha sido Verne quien me ha hecho decidirme por la astronáutica”.
Aquella noche de 1848 el joven Jules llevaba puesto su único traje, aquel que cuidadosamente intercambiaba con su amigo Eduard Bonamy para frecuentar alguna que otra tertulia de ambiente literario e intelectual de París.
Trataba de que su vestimenta no delatara frente a los tertulianos su origen provinciano nantesino, y menos aún su apretada situación económica.
Muchos días solo se alimentaba de pan y leche, y es que la escasa asignación que recibía de su padre la utilizaba para pagar el alquiler de una modesta habitación en el barrio latino (habitación que también compartía con su amigo Bonamy) y, sobre todo, para comprar libros y más libros, indispensables para quien, como Jules, pretendía ser un gran dramaturgo.
Se hacía tarde, y mientras bajaba las escaleras de la casa de Madame Barreré (un conocido y bohemio salón de tertulias), recordaba distraído las conversaciones literarias que acababa de mantener y que tanto le apasionaban.En ese momento, Jules tropieza con un orondo caballero que subía apresuradamente y resoplando por las escaleras.
Jules no se disculpa. Le mira con altanería y dice:
-“Seguro que usted ha cenado muy bien esta noche”
-“Perfectamente joven, nada menos que una tortilla de tocino a la nantesina y …”- responde el desconocido
-“Las tortillas a la nantesina de París no valen nada. Hay que echarles azafrán, ¿entiende?” ““ interrumpe Jules
-“¿Así que sabe usted hacer tortillas, joven?” ““ pregunta el caballero
-“¿Que si sé hacer tortillas, señor?, sobre todo me las sé comer” – espeta nuestro joven amigo.
-“¡Es usted un insolente! Y le exijo una satisfacción. Aquí tiene mi tarjeta… Vendrá el viernes a mi casa… a cocinar usted mismo una tortilla”
Al día siguiente Jules cuenta el curioso incidente a su amigo Aristide Hignard, momento en el que saca la tarjeta, la lee y grita estupefacto: “¡Alexandre Dumas!”
Sí, aquel orondo y voluminoso caballero de las escaleras era nada más y nada menos que Alejandro Dumas, el gran escritor y autor de novelas de gran éxito como “Los tres Mosqueteros” o “El Conde de Montecristo”
Jules (Julio) Verne, acudió al singular “duelo” y cocinó la tortilla.
Desde aquel momento ambos mantuvieron una gran amistad y Dumas se convirtió, hasta su muerte en 1870, en consejero literario y protector de Verne, ayudándole incluso a estrenar en París alguna que otra obra teatral, aunque con escaso éxito.
Pero lo que el gran Alejandro Dumas no pudo siquiera sospechar en aquel momento es que, con el paso del tiempo, Julio Verne, su protegido provinciano de Nantes, llegaría a superarle mundialmente tanto en popularidad como en número de tiradas y ediciones.
En 1885, quince años después de la muerte de Dumas, Verne le dedicará su novela “Matías Sandorf”, su propia versión de “El Conde de Montecristo”.
Buena lectura y mejores sueños de aventura gracias a ella.
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viernes, 23 de marzo de 2012
Origen e Historia de la tapa
Por aquello de que empieza fin de semana y apetece eso de ir por ahí de bares, os pongo aquí el origen e historia de las tapas. A mí la verdad es que me encantan.
¿Os hace que nos vayamos de tapas?
Las tapas forman parte de la cultura gastronómica española. Cientos de años de tradición que nos han dejado muchas cosas para descubrir. En esta sección os ponemos las más importantes.
Se asegura que fue el rey Alfonso X "El Sabio" quien dispuso que en los mesones castellanos no se sirviese vino si no era acompañado de algo de comida. Esto evitaba que el vino subiese rápidamente a la cabeza.
La tapa, al principio, se depositaba sobre la boca de la jarra o vaso servido, por lo que "tapaba" el recipiente: de ahí el origen de la palabra. Servía para acompañar la bebida y para evitar que algún "visitante volador" entrase en el preciado líquido. En aquellos tiempos la tapa consistía en una loncha de jamón o en rodajas de chorizo o de otro embutido y, a veces, era sustituido por una cuña de queso.
Cervantes, en "El Quijote", llamaba a las tapas "llamativos" y Quevedo "aviso" o "avisillo".
Hay quien asegura que la historia de la tapa surgió a raíz de la siguiente anécdota:
El Rey Alfonso XIII estaba realizando una visita oficial a la provincia de Cádiz y al pasar por el Ventorrillo del Chato (venta que aún hoy existe) se paró para descansar un rato. El Rey pidió una copa de Jerez, pero en ese momento una corriente de aire entró en la Venta y, para que el vino no se llenara de arena de la playa el camarero tuvo la feliz idea de colocar una lonchita de jamón en el catavinos real. El Rey preguntó por qué ponían esa loncha de jamón sobre la copa, y el camarero disculpándose le dijo que colocó así la "tapa" para evitar que el vino se estropease con la arena. Al Rey le gustó la idea, se comió la tapa, se bebió el vino, y pidió que le sirvieran otro, pero con "otra tapa igual". Al ver esto, todos los miembros de la Corte que le acompañaban pidieron lo mismo. Como podemos observar, es más o menos la misma historia pero con otro protagonista.
La Real Academia Española, la define como "cualquier porción de alimento sólido capaz de acompañar a una bebida". No obstante, la tapa tiene diversos nombres, según la región española donde se tome. En Aragón y Navarra se denomina "alifara", en el País Vasco "poteo", etc. La bebida que generalmente acompaña a la tapa es el vino, (cualquiera de ellos, y según la región), aunque cada vez se impone más el consumo de cerveza, hecho fácilmente comprobable en cualquier tasca que visitemos.
Las tapas se han diversificado muchísimo con el tiempo. Antaño se reducía a lo dicho anteriormente y ahora, además de las típicas aceitunas en todas sus variedades y los frutos secos, aparecen pequeñas tapas de guisos típicos servidos en pequeñas porciones, que muy bien pueden sustituir una comida o cena, donde lo único que no tiene cabida es lo dulce. Lo que nunca debemos es considerar el tapeo como la típica comida rápida americana. Es más natural y su práctica genera amistad y compañerismo.
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miércoles, 21 de marzo de 2012
“Espero que las personas finalmente se den cuenta de...
...solo hay una raza – la raza humana-y que todos somos miembros de ella”
Mientras que hoy se celebra el Día contra el Racismo, yo que a todas las personas las veo igual, me apetece compartir esta frase de la escritora canadiense Margaret Atwood.
Pues eso, que miremos siempre con el corazón al corazón de las personas y que quien merezca ser querido, lo sea por él mismo no por su color de piel o aspecto físico, lo mismo que cuando deba ser rehuido.
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lunes, 19 de marzo de 2012
Para mi padre en el Día del Padre
No es que yo necesite un día especial para reconocer y homenajear a la figura de mi padre, para mí el mejor del mundo, como seguro lo será el vuestro para vosotras y vosotros, pero bien está que aproveche la fecha señalada de san José, para hacerle un regalejo en forma de escrito compartido aquí, pero dedicado a él, en la ilusión de que le haga emocionarse, al menos, un poquillo.
Y es que si fácil me hubiera resultado comprar alguna de las propuestas materiales que la publicidad sugiere a tal fin, he preferido hacerle algo distinto. Cómo no hacerlo, si yo que escribo sobre cualquier cosa, bien o mal, qué menos que hacerle presente mis recuerdos en forma de palabras, palabras que para mí son imágenes inolvidables. Sería pues, un álbum de fotos del pasado, algunas ya desvaídas por el transcurrir del tiempo, pero fotos en definitiva.
La primera foto sería aquella en la que, cogido de su mano, subo a un tren de madera que me lleva a Barcelona a la enésima visita al oculista. Salimos al pasillo de un vetusto tren y nos asomamos a su ventanilla. Es de madrugada, tengo mucho sueño. Volvemos al asiento para desayunar el bocadillo que nos ha preparado mi madre. Alguien me ofrece de lo suyo.
Hay otra foto, ya en Barcelona. Los taxis son amarillos y negros. Cuánta gente, cuántos coches, qué edificios más altos.
Y otra más, en una pensión en la Cl. Puerta del Angel, el mantel a cuadros y la señora que me ofrece un tazón de leche con cola cao.
Y la de la clínica. Señores con bata blanca que van citando a voces, señoras exóticas tapadas con velos hasta los pies, espera, larga espera a que me llamen. Mis ojos tienen pupa, me quieren poner gotas, yo no me dejo, lloro. Un señor muy serio me dice que ponga la barbilla en un aparato, una luz azul y luego otra blanca que me deslumbra.
Y un gran barco negro del que salen señores negros, gigantes. Es el puerto y Colón se ve también.
Pasan los años. Me he empeñado en ir a un colegio interno, lejos de casa. Escribo carta a casa. Mi padre se emociona, es la fiesta del pueblo. “Tomad lo que queráis, que ha escrito el Alberto que está contento y bien”.
Me voy haciendo mayorcito. Me regala mi primera afeitadora eléctrica. Viene con un libro del mundial de fútbol de 1982 con Naranjito. Me pongo a leerlo con voracidad, lo mismo que siempre he hecho con los tebeos que me ha traído tras sus viajes.
Hay otra en la que estoy en su asiento del camión Tames Trader, su cabina es roja. Juego y sueño con emularle conduciendo.
Es invierno, los días son cortos, pronto se hace de noche. Tiene que ir a buscarme porque nadie quiere darme la mano para guiarme hasta el autobús escolar.
Hay muchas fotos de todas esas ocasiones en las que fue por mí, a esperarme y yo cantaba canciones o contaba lo que había aprendido aquel día o soñaba con descubrir tesoros escondidos. Y de tantas ocasiones en las que se quedó conmigo y dijo, al ser criticado: “si el niño quiere estudiar ¿por qué no le vamos a dejar que estudie?”
Hemos comprado coche nuevo. Es azul, lo estrenamos yendo a comer al Moncayo. Hacen una chuletada y ponen a refrescar el melón en una fuente de agua fría.
Ahora voy en el tractor, en su Ebro. Vamos a coger moras. La radio suena con ecos de Carrusel Deportivo. Cómo me pongo de moras, qué ricas son.
Me he empeñado en que me compren una bicicrós. Es una BH. Pesa pero me gusta. Es mía.
Estoy en 3º de carrera. Ya no veo para leer el libro de Historia contemporánea del Mundo. Él me lee como puede, yo escribo con un rotulador negro en letra grande mientras me pego al flexo. Qué calor da su bombilla.
Paseamos juntos, cuántos paseos, cuántas historias me cuenta. Aún veo las líneas blancas discontinuas de la carretera. Pronto dejaré de verlas. Voy con mi libro hablado bajo el brazo.
Subo a la granja de cerdos que tenemos. Es al atardecer. Aún veo el sol ponerse por el Oeste, una bola amarilla. Llegará el día en que no lo vea. Mientras él da de cenar a los bichos, me prepara un asiento a la sombra para que pueda leer / escuchar audiolibros, cómodo. Leo “La cabaña del tío Tom”.
Ya en la ONCE, me mandan a trabajar a Teruel. No sabe cómo hacerlo pero busca un alojamiento digno para mí. Descubre, como por casualidad, preguntando preguntando, el seminario. Todo un hallazgo en el que tan bien estaré tantos años.
Me presento a unas oposiciones que no aprobaré. Venimos a Madrid varios ciegos. Él viene también para ayudarnos y acompañarnos. Qué frío hace en el aula del examen, es una nave enorme. “¿Cómo os pueden mandar aquí?”
Me voy de vacaciones a Escocia con Moisés, un amigo, también muerto ya. Me acompaña al aeropuerto. “Buen viaje, hijo mío” Tú pásalo bien y disfruta”.
Mi amigo Juan Rafa ha muerto a sus 37 años. Lo siento mucho, mucho, mucho porque tantas cosas me enseñó y mostró que podía ser como los demás, el primero que confió en mí, dejar de sentirme un inútil.. Mi padre está a mi lado y me comprende.
¿Y la última foto? Es 11 de marzo, el domingo pasado. Nos despedimos una vez más en la estación de Zaragoza Delicias. El personal que me ayudará a subir al tren me recoge. Le doy un abrazo, nos despedimos hasta el día que venga a Madrid a pasar unos días conmigo.
No sé bien cómo es ahora físicamente mi padre, pero no me importa. Sé que se siente orgulloso de mí y que siempre ha estado a mi lado acompañándome en todo y enseñándome tanto.
Ah, se llama Julio y ahora tiene 82 años, toda una vida de trabajo sin descanso, de lucha y de ejemplo.
Va por ti, padre. ¡¡FELICIDADES!!
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domingo, 18 de marzo de 2012
Optimatus Cegatus

Parece que el cuento dominical de esta semana, me ha salido primaveral. Que no falte nunca la fina ironía, el humor, aunque sea negro negrísimo.
Como siempre, buena semana y que estéis bien.
Con cariño.
Esta es la historia del viejo soldado Optimatus Cegatus, veterano integrante de la Legio Luminis Nove Na (eejem… Novena).
Un héroe épico de las gestas antiguas y nuevas, genial estratega del arte de levantar túnicas y conquistar escotes tras fulgurantes cercos a curvas y murallas de sedosidades dermáticas.
Que ya de chico apuntaba maneras cuando su señora mamá, la buena de Máxima Gafatta Magna, le pilló de ojos a boca, urgando en ciertos lienzos teñidos de unas curiosas purpurescencias, de esas que mensualmente la visitaban muy a pesar suyo. ¿Sería que apuntaba vocación de pintor? No, no; no, señores míos.
Que luego, en la escuela de gladiadores del cortejeo aprendió pronto a vencer resistencias a base de diestras manotadas y hocicadas.
Y que su primera victoria, preludio de muchas otras, se daría tras guiñar sus dos ojos, milagrosa maravilla, a la niña, bueno una niña que ya tenía pelos hasta en la lengua, hija del gobernador de la provincia de Invidentia Ulterioris.
Sí, un soldado que aprendería a manejar cierto bastón, él nunca supo si era blanco o sonrosado, con tal maña que conforme pasó el tiempo, en vez de menguar, se dilataba dilataba tanto que a todos cuantos recovecos se proponía penetrar alcanzaba.
Y que, armado de semejante ariete viajó hasta los confines del Imperio, pero más aún hizo: apareció, sin él saber cómo, en un tiempo ignoto para sus conmilitones camaradas. ¿Sería que en alguno de los fragores tabernarios, en los que solía fijar su campo de batalla y conquistas, vio hasta deslumbrarse aplicándose sin medida los bebedizos néctares de la vid? Que tanto los bebió que de Cegatus hubiera de mudar en Vidatus Videntatus
Y tan así fue que el nunca condecorado por sus capitanes, envidiosos de sus triunfos sin tregua ni cuartel, pero sí laureado con los mayhores honores por doncellas, amas y patricias, topóse morros morrotis con el marmóreo pedestal que sujetaba una fuente en la que Venus era vía de chorros manantes de fresca agua, tan fría que ipso facto, hubo de recuperar su condición de siempre.
¿Y qué escucharon sus callosas orejas (claro, callosas, que orejas escuchan y callan sonidos de bocas turgentes)?
Una música extraña, ignota para él. Sonidos chirriantes, horrísonos, un barullo sin sentido; él siempre tan hecho a melodías jadeatorias y gemitorias.
Mientras trataba de ponerse derecho, huir de su despatarrada postura, fijar un suelo contoneante, diose cuenta de que nada de lo que veían sus ojos, era lo acostumbrado. Que sí, que se llamaría Cegatus, pero que tenía un ojo… Que se lo dijeran si no a su paladar tan hecho a las excelencias y finuras de las más hermosas exquisiteces, catador de todas y de todo. Y qué bien se las dio siempre para poner el ojo en las más bellas redondeces.
Alguien le sostenía aferrándole con hercúleos brazos. ¿Y su bastón? Dónde estaba su bastón?
Eran manos finas, voz cálida, amable, cariñosa.
Algo entrevió. ¡No podía ser!
¡Era una caja con ruedas que encima de ella portaba algo que perforaba el aire con sonido estridente, Una sirena _dijeron_. ¿Una sirena? Si siempre habían dicho que las sirenas cantaban con músicas tentadoras y ésa lo que hacía, era graznar. Qué cosas, qué mundo. ¿Dónde se encontraría? Y que de resultas de sus modales y palabras, se desprendió que le encasquetaran una rara toga que le inmovilizó. Y que de esa guisa, no supo por qué, perdió el sentido, bueno el de la vista nunca lo tuvo, tras recibir el pellizco punzante de algo que le adormeció sin remedio.
Así llegó a mi consulta y yo, que pensando andaba en el concierto celta de la próxima noche, me encontré con semejante adalid.
Estaba de guardia en el área de urgencias referida a la psiquiatría y allí me lo trajeron.
Hablaba raro sí, farfullaba. ¿Era efecto de los sedantes o de…?
Le escuché, acostumbrado como estaba a los mayores disparates y entonces comprendí.
Su lengua era el latín y todo eso contaba. ¿Creerle? ¿Dudar? La verdad es que la facha que portaba no parecía proppia de un extraviado urbanita corriente.
Me dije que de paso me quedaba la fuente venérea donde, según el parte facultativo, había sido hallado. ¿Y si le devolvía a aquel manantial? Igual es que descubría alguna raja, digamos mejor grieta, por la que poder devolver a su mundo al infortunado campeón.
Me lo llevé. Él palpaba mi pecho como buscando… Palpaba.
Y sí, algo vimos. Le lancé por el chorreante agujero en forma de sumidero. Me asomé. Nada vi. Huecos burbujeos fue lo único que percibí. ¿Volvería a su universo de conquistas?
¿Tan ciego sería que al despertar jurase haber visto?
Ah, esos ciegos que todo lo catan y que por doquiera meten y se meten, bastón en ristre, bastón enhiesto, bastón endurecido por fuegos y ardores.
¿Y saben qué? Que tiempo después, buscando en la librería de mi ya casi amigo, el librero Antonio, rarezas y libros viejos encontré éste: “De los épicos triunfos e historia del nunca olvidado soldado Cegatus”, de Lascibia Infdinitis, seudónimo éste de sesudo poeta. ¿Qué podía hacer ante semejante hallazgo? ¿Qué habrían hecho ustedes?
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Tres ciegos en el cine: ¿si no ven, a qué van?

Pues eso, ésa suele ser la pregunta que muchos que ven se hacen, unos en voz alta y otros en silencio, cuando nos ven en determinadas situaciones o actividades. Y nosotros, siempre decimos lo mismo: “pues a qué va a ser, a estar y ser como vosotros, como uno más”.
Claro, eso es lo que más de uno se ha debido preguntar cuando nos hayan visto esta tarde sacar entradas para ver una película en uno de los clásicos cines madrileños.
Y encima la peli, con un título que se las trae: “Intocable”. Tócate los pirinduejos, si no ves y no tocas… buena la tenemos.
Y la cuestión es que hace unos días, la escuchamos recomendar y nos picó el gusanillo de la curiosa lucecita del deseo por estar.
Así que para allá que nos hemos ido. “¿Qué fila quieren? “Ah, desde la que mejor se vea” _podríamos haber dicho a la sufrida taquillera pero hemos sido formales y hemos contestado que nos daba igual. Al menos, nos ha ubicado junto al pasillo.
Al entrar, el lugar nos ha traído recuerdos de la gala a la que asistimos el pasado diciembre y en la que la discapacidad fue protagonista, toda una fiesta de emotividad y superación.
Y os lo aseguro, la peli ha estado genial: muy aleccionadora, y tierna. Una comedia que, al tiempo que te hace reír a carcajadas, te hace sentirte identificado con el prota y de la que pueden extraerse interesantes lecciones.
Se trata de un tetraplégico rico que busca a un cuidador y el contratado es un negro de los barrios marginales parisinos.
La relación que se establece entre ambos y cómo aquél recupera la ilusión por vivir y cómo éste le trata sin compasión ni prejuicios. Una maravilla, de verdad que os la recomiendo.
Y si hubiera estado adaptada con audiodescripción, habría sido ya la bomba. No nos habríamos perdido escenas en las que hay música o silencios, en las que teníamos que preguntarnos qué estaría pasando para que los espectadores se rieran.
Os pongo los datos:
• Estreno
9 marzo 2012(1h 52min)
• Dirigida por
Eric Toledano, Olivier Nakache
• Con
François Cluzet, Omar Sy, Anne Le Nymás
• Género
Comedia
• Nacionalidad
Francia
Philippe (François Cluzet, 'No se lo digas a nadie') es un hombre adinerado que pertenece a una clase social alta. Sin embargo, su vida cambiará para siempre cuando tenga un aparatoso accidente de parapente que lo dejará inválido y en silla de ruedas. Ya no podrá hacer nada por sí mismo, así que tendrá que contratar a un asistente para que le ayude a desplazarse y a cuidar de él en la casa. La persona que quedará a su cargo será Driss (Omar Sy, 'Micmacs'), un joven de color necesitado de dinero que procede de un barrio marginal y que para colmo acaba de ser liberado de la cárcel. Aunque parecen destinados a no llevarse bien, Philippe y Driss encontrarán el uno en el otro la ilusión que les falta en sus vidas. Aprenderán a apreciar y a mezclar a Vivaldi con el hip hop, los trajes hechos a medida con la ropa holgada y el chándal y la exquisitez en el paladar con la hamburguesa callejera. Si separados son personas frágiles, juntos serán intocables.
El tandem de directores formado por Eric Toledano y Olivier Nakache ha conseguido un éxito rotundo de taquilla en Francia, convirtiéndose 'Intocable' en la película más vista de la temporada en el país vecino.
http://intocable-lapelicula.com/trailer
Y luego, faltaría más, a darle al diente con unos suculentos bocatas y un té de frutas del bosque, pasado con tarta de manzana. Ale, para que luego digan: ¿si no ven, a qué van?.
Otra vez más… ¡Vivir para ver!
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jueves, 15 de marzo de 2012
¿Y mis derechos como consumidor ciego?
Que sí, ya lo sé. Como ciudadano de pleno Derecho español que soy, las leyes que regulan el consumo y los derechos de los consumidores me aluden pero…
¿Y cómo sé yo cuándo un determinado producto va a caducar o está caducado? Es que no puedo acceder a la información que a ese respecto se incluye en él.
Más aún, ¿cómo sé si el yoghurt o la lata de conservas que voy a consumir es de una variedad u otra? Es que no veo si se trata de yoghurt de fresa o de ciruela o de kiwi o si son sardinillas o chipirones o mejillones.
¿Y cómo hago la compra sin recurrir a la voluntariedad de algún alma caritativa? Si la ley no me ampara para que pueda requerir en los supermercados y demás una persona que me acompañe a hacerla.
¿Y cómo puedo enterarme de si hay novedades en los productos o alguna oferta? Si quien me acompaña simplemente se limita a dejarme su brazo y coger lo que yo le vaya diciendo para echarlo al carro.
Y a la hora de reclamar, ¿cómo lo hago? ¿A través de Internet? Muchas páginas web no son accesibles, el papeleo siempre está en versión tinta.
Nada de braille, nada de accesibilidad con códigos de barras que yo pudiera leer con mi teléfono móvil.
Que sí, que se va avanzando algo, pero es tan poco… Al menos, los medicamentos ya vienen con su nombre en puntos y algunos productos tienen su rótulo accesible. Pero, son tan escasos.
Ya sé, ayer, en la presentación de un cupón de la ONCE con motivo del día de hoy, una autoridad del Ministerio de Sanidad y Asuntos Sociales se comprometió a avanzar en estas carencias para mitigarlas. Pero…
Así que me parece muy bien que haya un Día Internacional de los Derechos de los consumidores, pero yo reclamo los míos como consumidor ciego.
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martes, 13 de marzo de 2012
Hoy Tiflohomero se siente útil
Cuando creé Tiflohomero, allá por septiembre de 2007, lo hice pensando fundamentalmente en dos objetivos: servir de ayuda para difundir las capacidades de las personas ciegas y disponer de un escaparate en el que mostrar mis cuentos, reflexiones y demás inquietudes culturales que tiene este ciego vuestro.
Pues bien, el resultado ha sido enormemente satisfactorio, con vuestro apoyo e interés.
En esa línea, hoy es uno de esos días en los que me siento orgulloso de Tiflohomero. Y es que me permito pegar un correo de una persona que se dirige a mí en demanda de información. Creo que vale la pena transcribirlo como muestra de agradecimiento a ella por su interés y ejemplo de lo que siempre esperé del blog.
“Buen día Sr Alberto:
Mi nombre es Michelle, soy de México D.F. y le envío una gran felicitación por su Blog. Me ha sido muy grato leer sus palabras y ver sus imágenes que me demuestran que es una persona muy amena e increíble.
Mi motivo de escribirle es el siguiente:
Me encontré con una de sus imágenes dentro de su blog donde se ve su viaje por París para seguir los pasos de Luis Braille. Es apasionante la manera en que describe su relato y sus fotografías son increíbles. Por alguna razón no puedo percibir lo que dice en la Tumba original de Braille antes de que sus restos fueran trasladados al panteón de París.
Se que es un atrevimiento pero ¿Sería tan amable de indicarme que palabras son las que dicen esta tumba? Estoy interesada ya que estoy elaborando una investigación aquí en México. Voy a realizar un libro destinado a los niños que cada vez son más los que pierden el sentido de la vista en mí país. Mi investigación es muy seria y creo es el único que podría ayudarme en este sentido. No hay imágenes ni nada que se asemeje a lo que deseo saber, en este caso, la información de esta tumba que pocos conocen. Deseo que en mi país exista una verdadera cultura por la educación inclusiva y respeto por las personas con debilidad visual o perdida total de la misma.
En el mismo caso, ya elaboré material para personas sordo-mudas y nos fue muy bien.
Le agradezco muchísimo su ayuda. Le envío un cordial saludo desde el Distrito Federal de México. Estoy a sus órdenes.
Sin mas por el momento reciba de mi parte un cordial saludo.”
Espero poder responderle de la mejor manera posible porque merece que así sea.
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lunes, 12 de marzo de 2012
El sueño de Clara María

Cómo olvidar lo que sucedió hace hoy ocho años. En recuerdo de aquella tragedia va mi cuento de hoy.
Que estéis bien.
Buena semana.
Para Clara María, emprender aquel nuevo viaje resultaba todo un reto. Sabía que merecería la pena afrontarlo y superar sus miedos porque la ilusión vencería todos los porqués. Sí, porqués del tenor de preguntas sin respuesta, de culpabilidades innecesarias, pero inevitables.
La inesperada ocasión para ello se había dado cuando en un duermevela agitado, como así era siempre su descanso desde aquel ya bastante lejano jueves, surgió de las brumas de su cerebro un curioso sueño.
Y es que en la visión, veía, como siempre que soñaba, pese a que en la cotidianeidad de la vigilia era ciega, que alguien aguardaba la sorpresa de su llegada. Alguien desconocido para ella, he ahí lo extraño del sueño, pero a quien con su arribada, haría plenamente dichoso.
Lo raro del caso, continuó al despertar, ya que habitualmente nunca recordaba lo que soñaba pese a que, por aquello de que los colores volvían a ella, le habría gustado que su vida fuese siempre sueño, que lo onírico fuese lo real, que recuperase la capacidad de ver. Mas nunca era así, siempre despertaba y, al hacerlo, la evidencia de su ceguera se hacía insoslayable, indubitable.
¿Es que no habría sido mejor no despertar cuando su viaje en tren de cada mañana quedó interrumpido, inmisericordemente truncado, antes de llegar? Otros murieron, otros tuvieron mejor suerte que ella, pero ella tuvo que seguir viviendo, viviendo a oscuras.
Que sí, que le habían dicho que su existencia podía continuar teniendo sentido, que no acababa en la ceguera, que muchas cosas podía hacer. Ella quería creerles, quería luchar pero no podía, no podía.
Y ahora, cuando se acercaba la fatídica fecha del aniversario soñaba aquello. Otro por qué, otra duda sin respuesta posible.
Se obligó a poner buena cara, a cerrar los oídos a la desesperación y al desaliento del pánico que le traían los negros recuerdos del horror. Alguien la esperaba, esa era una certeza que no dejaba de estar ahí, pinchando su alma, pellizcándola, incitándola a obedecer, a ponerse en marcha.
¿Sabría arreglarse? Se había abandonado tanto desde aquel día… Nunca supo qué fue del traje chaqueta tan elegante que se había puesto para afrontar una entrevista de trabajo de la que estaba segura saldría triunfante, una entrevista que sin embargo nunca se produciría.
¿Cómo iba a ir a aquella cita que parecía ponerle ante sí el destino con los cutres vaqueros o chándals con los que iba desde entonces?
¿Sería capaz de peinarse bien, de maquillarse siquiera? Pero si no veía, si no era nada.
-Vamos, señorita. Que hoy luce un sol radiante, que la primavera quiere que vaya a saludarla, a decirle que sí, que se está recuperando. Venga, arréglese. Con lo guapa que usted podría ser si se quisiera más.
-Anita, hoy te quiero pedir un gran favor.
-¿Sí? Lo que usted me pida, señorita. Que yo, por usted, haría lo que fuese por verla sonreír.
-Quiero que me ayude. Que me aconseje para salir a la calle e ir a la estación de manera decente.
-¿A la estación? ¿De veras que quiere que vayamos allí?
-Sí, y que saquemos dos billetes para… bueno, usted sabe bien para dónde.
-Ay, Señor Dios mío. ¿De veras que quiere hacerlo? ¿Será verdad que, al fin, va a superarlo?
-Bueno, lo voy a intentar. Es que hoy he soñado que alguien me espera al final, al otro lado. Y quién sabe, a lo mejor es verdad. Siento que debo intentarlo, confío. No sé, igual luego es peor, pero…
Las dos mujeres caminan a un tiempo con miedo y con esperanza, con dudas y con deseos. Ya se oye el bullicio de maletas de ruedas, de megafonías que anuncian salidas y llegadas, de cafeterías y tiendas, de gentes apresuradas.
A Clara María le tiemblan las piernas, le sudan las manos, se le humedecen los ojos. Pero Anita no la deja, le manda mensajes cálidos a través de su voz y sus fuertes manos de trabajadora.
-¿Está segura, señorita?
-No mucho, pero sí, vayamos a la taquilla. Hágase, debe hacerse.
Ya están en el tren, prestas a salir. Las puertas se cierran con el aviso acústico previo de rigor, unos pitidos agudos.
El traqueteo anuncia la marcha. Clara María se aferra a los brazos del asiento. Anita, la protege, le insufla fuerza, osadía.
El tiempo va transcurriendo, las estaciones se van sucediendo. Nada pasa, Clara María se va relajando sin apenas darse cuenta. Sus sensaciones hoy son muchas, tantas que apenas si puede fijarse en ellas. Seguramente la ceguera las hace más intentsas. Tendrá que acostumbrarse a ver con los otros sentidos. Imaginar, fantasear, fabular.
Y sí, han llegado. Hoy sí, no ha habido ninguna novedad, ni retrasos ni incidentes, ni gritos, ni estruendos, ni sonidos de sirenas. Todo está bien.
Están en el andén. Alguien se les acerca. Tiene aspecto de ejecutivo, seguro de sí, decidido, paso firme, hombros erguidos.
-¿Es usted Clara María Céspedes?
-Sí, ella es, responde la buena de Anita con sonrisa pícara.
-Señorita Céspedes, Clara. Hace un año, tú y yo debíamos encontrarnos para afrontar un proyecto profesional. Lo sé, no pudiste llegar, no te dejaron. Y, no obstante, hoy estoy aquí para poner remedio a aquel sinsentido. Para ofrecerte una segunda oportunidad. ¿Querrías…? ¿Crees que los sueños pueden cumplirse?
-Pero si no veo, si no valgo… Y, por otra parte…
La mano de Clara se dirige, con el titubeo propio del bebé que empieza a caminar, hacia aquel ser que la ha esperado., que le ofrece otra oportunidad. ¿Cómo resistirse? ¿Cómo negarse? Sonríe, siente que sí, que la vida vuelve a tener sentido para ella.
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domingo, 4 de marzo de 2012
El buscador que siempre buscaba
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Tal vez, influido aún por la experiencia de ayer, sale el cuento de hoy.
Que estéis bien y disfrutéis.
Feliz semana, como siempre.
Con cariño.
Te dijeron que allí lo encontrarías, que ése era el lugar al que debías dirigirte. Tú no te lo terminabas de creer, tantas veces te habían hecho concebir ilusiones que ya dudabas siempre de todos y de todo. Amigos bienintencionados, echadoras de cartas, horóscopos y vaticinios. Todos habían errado el norte, todos se equivocaban al decirte “ve a tal o cual sitio, esta vez va a ser”. Pero no, nunca era.
Y, por otra parte, ¿qué necesidad tenías tú de tanta búsqueda si ya disponías de mucho? ¿Era avaricia, ansia?
No, era querer ser, desear crecer, encontrar a quien te ayudara a conseguir esa quimera tuya.
Sería tu último intento. Lo tenías decidido. Estabas ya cansado, no te quedaban fuerzas. De no encontrarlo, te retirarías a tu claustro de rutinas y paso de hojas de un calendario sin magia ni contenido. ¡Que ya estaba bien! ¿Que ya valía de que tú mismo te hubieses puesto la etiqueta de buscador!
Y el caso es que el aquel lugar sin nombre al que te exortaban a acudir, aquel allí siempre lo habías dejado pasar por alto. Las ocasiones en las que transitaste por delante de su fachada, nunca te llamó la atención, nunca lo viste como la sirena que emitiera sus cantos para ti. Bah, era tan anodino, tan normal…
-¿Estáis seguros de que acertaremos? Es que como volvamos a fallarle, lo perdemos y eso no puede ser, que él merece ser absolutamente feliz… Tanto como él nos ha ayudado y ¿no vamos a ser capaces de hacerlo nosotros por él ahora que, de verdad, lo necesita?
-Que no, mujer. Que ahora sí que sí. Que hemos aprendido de los fracasos anteriores y lo tenemos todo preparado y dispuesto.
Así se comentaba en el reducido círculo de gente fiel que aún le restaba. Esos pocos, tan pocos que siempre se cuentan con los dedos de una mano, que siempre siguen ahí, pese a todo, incólumes a las tormentas del paso del tiempo o del día a día o de los distanciamientos. ¿Amigos se les denomina? No, almas gemelas, mitades de tu yo.
Entraste y lo primero que te recibió fue un vestíbulo amplio, con alguna columna y una mesa de recepción. No había nadie, seguiste adelante, te dijeron que hicieses eso. Viste la escalera por la que, intuiste, deberías ascender hasta el último piso, según lo preceptuado. Empezaste a escalarla. Eran peldaños estrechos e inclinados pero seguiste adelante. Ya que estabas allí, ¿qué otra cosa ibas a hacer? Además, conforme ascendías te fuiste encontrando con otros y con otras que también llevaban tu mismo camino. Pusiste la oreja para escuchar qué decían y les oíste palabras con tonos de espectativa, de promesas de curiosa novedad. Decían que podían haber cogido el ascensor, pero que habían preferido llegar a pie porque así lo harían antes y les convenía hacer ejercicio. Tú te sentiste identificado con su idea.
Y cuando, al fin, coronasteis cima, el anfitrión con aspecto de ser acogedor, os invitaba a pasar y a acomodarse. Te sentaste en la última fila, como siempre solías hacer en cualquier acto en el que participabas, siempre al final, siempre preparado para salir el primero, para huir presto, para pasar desapercibido.
¿Con qué se encontró tu espíritu escéptico?
Mientras que unos y otras se saludaban entre sí _parece que se conocían_ tus ojos se posaron en los de la persona que se encontraba tras la mesa del estrado. La contemplaste viendo cómo se organizaba, cómo sus manos colocaban unos objetos desconocidos para ti. Tus ojos volvieron a sus ojos. Viste su melena castaña, su atuendo discreto pero elegante y sus facciones dulces. Mas, tus ojos volvieron a sus ojos.
La presentaron. Tú seguías prendado de sus ojos. Le dieron la palabra. Tú permanecías mirando, imantado de dos faros, profundos, claros, plenos. ¿De qué se trataba su discurso? Te obligaste a hacer un esfuerzo para atender…
“Las personas ciegas, antes que ciegas somos personas. Los ciegos queremos ser normales pero aún hoy nos encontramos con innumerables barreras de todo tipo”.
¡Qué estaba diciendo aquella mujer! ¿Que era ciega? No podía ser. Si de sus ojos se emanaba una luz increíblemente brillante, la luz que él siempre había buscado y nunca encontraba. Qué desatino del destino: una ciega que destellaba luz. ¿Cómo podía ser? Increíble maravilla, extraordinario prodigio.
Y, no obstante… Volviste a mirar, a dejarte cautivar por aquellos ojos, aquella llama que ardía en ellos. Una llama de pasión, energía, tenacidad, superación y empuje.
¿Y la voz? ¿Y su físico? Poco te importaban en aquel momento. Ya sólo querías una cosa, contemplar eternamente unos ojos que, tal vez, para su dueña, le resultasen vacuos, pero que, para ti, suponían el tesoro definitivo, la máxima de las riquezas. Contemplarlos para siempre, quererlos, descubrir lo que, a través de ellos, se podía obtener, algo especial y único.
Lo supiste, tu búsqueda abía concluido. Al fin, tu gente, había dado con la clave a tanta angustia, tanta zozobra y tanta desesperación.
En un rato te levantarías de esa butaca, te acercarías a ella y… ¿qué le dirías? ¿Sería posible que aún para ti hubiera una postrera oportunidad?
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sábado, 3 de marzo de 2012
La pasión de hacer visible la ceguera
Ya os he hablado alguna vez de lo mucho que disfruto cuando contribuyo a que el mundo de la ceguera se haga visible a través de acciones de sensibilización e información. De lo esenciales que éstas son en el largo camino de la lucha por nuestra normalización. Y de lo gratificante que resulta ver cómo quienes las están recibiendo muestran su interés y su receptividad.
Bueno, pues esta mañana he tenido la satisfacción de volver a experimentar otra vez más esa sensación, ese orgullo.
Y es que mi amiga Elena propuso hace tiempo a Voluntarios de BBVA, el banco en el que trabaja, y demuestra su capacidad aun siendo discapacitada para realizar su trabajo con su bien probada profesionalidad, la idea de organizar una jornada de este tipo.
Desde Voluntarios la acogieron con entusiasmo y plena disponibilidad y enseguida nos pusimos a prepararla. Se trataría de mostrar el Museo Tiflológico de la ONCE, un museo hecho para ver y tocar, proyectar un vídeo sobre los perros guía y luego compartir nuestra realidad, nuestras dificultades y vivencias cotidianas al tiempo que dábamos protagonismo al braille como sistema insustituible para los ciegos en la búsqueda del acceso al conocimiento.
Y creo que ha merecido la pena. He tenido la sensación visual, y no tan visual, de que así ha sido. De que quienes han querido venir a pasar esta mañana de sábado con Elena y conmigo, han disfrutado y aprendido alguna cosa.
Que alguien te diga al terminar, tras un suculento aperitivo al que hemos sido invitados por Voluntarios, que “eres un visionario, que transmites tanta vitalidad y optimismo que es toda una maravilla muy difícil de encontrar hoy día”. Y que yo lo que quiero, a lo que aspiro, es a dar luz a quien me rodea porque lo necesito, porque creo firmemente que merece la pena hacerlo.
En el Museo hemos viajado por el mundo del arte a través de las maquetas que en él se exponen dando una perspectiva diferente de monumentos tan emblemáticos como desde la Mezquita de Córdoba, las murallas de Avila, San Martín de Frómista pasando por el Coliseo romano, el Taj Majal o la Estatua de la Libertad.
El vídeo nos ha enseñado el proceso de adiestramiento de los perros guía y cómo se produce el proceso de entrega a su dueña, algo mágico, aleccionador.
Y en la posterior charla, Elena y yo, modestamente, hemos pretendido dar respuesta a cuestiones como las barreras con las que nos encontramos los ciegos en nuestro día a día, el hecho de desterrar los tópicos generalistas que se suelen dar sobre nosotros, o el explicar la lógica de un invento, tan genial como sencillo, como es el código de puntos salientes que creara Louis Braille a sus 16 años de edad y, para ello, quisimos poner una adivinanza, una frase a descifrar: “Voluntarios y solidaridad, juntos de la mano”.
Las anécdotas y sucedidos han pretendido, en tono de humor, fijar algunos conceptos tan importantes como que el diseño no está reñido con la accesibilidad, que las personas ciegas somos personas antes que ciegas y, por tanto, cada una somos diferentes, que el lenguaje no debe cambiarse y que palabras como allí o allá no son lugares a los que enviar a una persona ciega cuando pregunta, y que queremos estar aunque no veamos, y eso que, a veces, se piense “¿a qué van si no ven? Pues a qué va a ser, aestar allí, a avanzar siempre, siempre adelante aunque a veces cueste tanto…”
Cómo no agradecer a Diego y a Joaquín el que quisieran darnos esta oportunidad. Y que además se haya podido entregar una mochila con algunos recuerdos materiales, pero que debería ser una mochila en la que quepan valores como escuchar, tenacidad, superación, humor, aprender, querer, soñar, vivir.
Y si yo, junto con Elena, hoy hemos ayudado a que seamos más conocidos como ciegos, y a que hayamos dejado un poso en suscorazones, bien habrá valido la pena.
Un reto más superado, una huella más, algo nuevo que recordar y contar.
Y el reconocimiento para Elena por impulsarlo y a Voluntarios de BBVA por apoyarlo y a quienes han venido por querer asomarse a la ventana de nuestro mundo.
Eso es felicidad, estímulo, aliento y fuerza.
Y yo, siempre que acabo una de estas acciones, me pregunto: ¿lo habré hecho bien? ¿Habré dicho lo esencial? ¿Me habrá podido la pasión? ¿Habrá…? No sé.
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miércoles, 29 de febrero de 2012
Contra la indiferencia: por las enfermedades raras
Y sí, ellos nacieron, les dejaron nacer aunque lo hiciesen con el estigma de la enfermedad.
Y pese a todo, pese al dolor, a la soledad, a la incomprensión o a las barreras de todo tipo, ahí siguen. Demostrándonos que continúan aferrándose a la vida, que no cejan en la lucha por su futuro.
Vaya mi homenaje y mi recuerdo, en su día, a esas personas, aquejadas de una enfermedad rara.
Que no sean olvidadas a la hora de investigar y de ser consideradas como personas.
Sé lo que es padecer una discapacidad y aún así hay que estar ahí, hacerse visible, no dejarse vencer por el desaliento.
Vaya por ellas y ellos.
Más allá de las cifras, lo importante son las personas y, por pocas que sean, no deben ser olvidadas.
Y por eso, me permito transcribir el ”Manuscrito contra la indiferencia”, publicado hoy por la federación que las agrupa.
“¡Reivindicamos el derecho a la vida en igualdad de oportunidades para 3 millones de personas con enfermedades raras!
La Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER), en nombre de todos los afectados con enfermedades raras y sus familias, presenta esta declaración para abordar de forma integral las demandas de 3 millones de personas con patologías poco frecuentes
“Una Enfermedad Rara puede afectar a cualquier persona.7 de cada 100 personas sufren una de ellas. En España existen cerca de 3 millones de afectados. Desde FEDER contribuimos a mejorar la calidad y esperanza de vida de los afectados y sus familias”.
PEDIMOS
1. Declaración contra la indiferencia: ¡Reivindicamos el derecho a la vida en igualdad de oportunidades para 3 millones de personas con enfermedades raras!
2. Más información: Informe medidas urgentes para el derecho a la vida de 3 millones de españoles con enfermedades raras.
o Definición Enfermedad Rara.
o Propuestas para mejorar el alcance de la Estrategia Nacional de ER.
o Propuestas para mejorar los registros nacionales de ER.
o Propuestas para mejorar los sistemas de información y formación en ER.
o Propuestas para impulsar la investigación en ER.
o Propuestas para mejorar la asistencia socio sanitaria de las familias con ER.
o Propuestas para mejorar el acceso a las terapias, medicamentos huérfanos y productos sanitarios en ER.
o Propuestas para fortalecer la acción y participación de los pacientes en las tomas de decisiones sobre las políticas que les afectan.
o Propuestas para mejorar los servicios sociales y líneas de ayuda.
o Propuestas sobre el copago
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domingo, 26 de febrero de 2012
Un evento literario
Hace hoy 210 años nacía Víctor Hugo. ¿Quién no se ha emocionado con las peripecias de sus héroes y la genialidad de su escritura?
Vaya mi homenaje hacia él con el cuento de esta semana.
Como siempre, con mis mejores deseos de lo mejor.
Con cariño.
Mientras unos y otras recogían los desperdicios de una opípara cena como clausura del magno evento celebrado en homenaje al maestro de las letras francesas, Víctor Hugo, él se tomaba su mojito con la indispensable y prometedora ramita de albahaca y la sonriente raja de limón.
Reflexionaba acerca de lo comentado y expuesto en las sesiones de trabajo. Del moderno enfoque dado al papel de Cuasimodo y Jean Valjean bajo la óptica del presente y de su vigencia en cuanto a los valores encarnados por semejantes personajes.
Mientras todo eso hacía con la autocomplacencia como máscara, se preguntaba si no podría alcanzar, a futuro, idénticos triunfos. Soñaba con una Esmeralda de la que enamorarse, como lo hiciera aquél, o con el abnegado amor paterno de éste.
Sonrió, no pudo hacer otra cosa, al recordar también los ditirambos, poemas laudatorios que habían recitado como dedicatorias al escritor. Y es que algunos de ellos, le habían sonado tan falsos… Adónde puede llegar la petulancia de algunos so pretexto de sumarse a los carros, mejor a los reactores, de la alabanza sin mesura.
En esas estaba cuando alguien se le acercó.
-¿Necesitará alguna cosa más antes de cerrar definitivamente?
-Ah, no. Está todo bien. Me marcho enseguida.
-Espero le haya merecido la pena su asistencia al seminario.
-Claro que sí. Que recordar a monsieur Hugo siempre es un placer. Y más cuando la organización resulta tan perfecta.
-Muchas gracias. Creemos que efectivamente tenemos motivos para sentirnos satisfechos.
-Ya lo pueden decir, sí sí. ¿Y para cuándo el libro con las conclusiones?
-Si los duendes de la imprenta no nos hacen jugarretas, lo prevemos para de aquí a un mes. ¿Cómo se las podremos hacer llegar?
-Mándenlas a mi despacho, que allí las guardarán a buen recaudo.
-Es que como usted está siempre tan ocupado. Por cierto, no nos cansaremos de agradecer su presencia estos días. Qué honor, haber contado con usted, una autoridad en la materia. Y otra cosa, ¿le han hecho entrega del regalo?
-Sí, sí. Muy original. El próximo viernes marcho al caribe para disfrutar de unos días de descanso y me lo llevaré conmigo para saborearlo con la tranquilidad debida. ¿Cómo se les ocurrió?
-No fue fácil. Queríamos que fuese algo original al par que personal, algo para el recuerdo.
-Pues me gusta, me gusta. Una caja lacada, estampada con Nuestra Señora de París y en cuyo interior se encuentra un surtido de dulces envueltos en esos brillantes colores tan atractivos. Qué delicia deben de ser. Y qué formas tan originales tienen. Bien pensado, no sé si podré resistir la tentación de aguardar hasta el viernes.
-Ah no. Venga, venga, que le doy otra cajita. Pero que no se enteren los otros, que si no…
-Uy, muchas gracias, señorita. Por cierto, ¿cuál es su nombre?
-No lo creerá, pero me llamo Esmeralda.
Y ponente y organizadora se despiden con un cálido apretón de manos. ¿Volverán a encontrarse? ¿Será posible que la magia de la literatura les una de nuevo?
Ya en la calle, en el taxi que le conduce a su hotel, Ramón Coset sigue evocando lo vivido: otro congreso más, otra exitosa intervención, debates, ideas. Pero, más aún, la certeza de una nueva espectativa de deleites para paladary… ¿corazón?
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miércoles, 22 de febrero de 2012
Mis deseos de paz

¡Paaaz! Pido paz para vosotros y los vuestros.
Que la paz anide en vuestros corazones.
Que os salga al encuentro con su blanco hábito de sonrisas.
Que bien claro está, la guerra termina con sus triunfos derramándose por las cloacas de la Historia, sumiéndolos en el más total de los olvidos.
Que frente a la violencia de un desprecio o un grito inmerecido, la paz sea el antídoto que dé luz en tiempos de oscuridad.
Que la cuaresma que hoy da comienzo sea tiempo de paz y confianza en un Dios que se entrega por amor a nosotros.
Que en vuestra cotidianeidad la paz sea vehículo de manos tendidas, ahí van las mías.
Que frente al desasosiego de la soledad o el dolor, sintáis mi deseo de paz.
Y que cuando vuestras almas perciban el frío de la tristeza, no olvidéis que la paz es posible, que yo quiero hacérosla llegar, regalárosla.
Con cariño y entrega... ¡Paz paz paz!
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lunes, 20 de febrero de 2012
Nace un nuevo diario: La ciudad accesible
Buenas tardes:
Como sabéis la accesibilidad es esencial para un mejor desenvolvimiento de quienes tenemos algún tipo de discapacidad. Pues bien, consciente de ello, me permito pegaros, a continuación, la nota de prensa que esta mañana me han enviado.
Espero resulte de interés.
Gracias.
Una nueva oferta informativa se suma a la red con el nacimiento del Periódico Digital de Accesibilidad Universal ‘La Ciudad Accesible’
Desde el pasado 27 de enero publica diariamente noticias relacionadas con la accesibilidad, la usabilidad y el diseño para todos
Dentro de la política de ‘Accesibilidad de Código Abierto’ creada e impulsada por La Ciudad Accesible, nace en plena crisis del sector de la comunicación este medio informativo que pretende convertirse en un instrumento ciudadano transparente y que cumpla correctamente sus funciones de responsabilidad social, difusión y promoción de la Accesibilidad Universal, la Usabilidad y el Diseño para Todos.
Además de ser referente informativo a nivel de habla hispana ya que es el primero especializado en esta temática y que diariamente recoge todas las informaciones y noticias publicadas al respecto, también es una herramienta de denuncia social, de reconocimiento público a las buenas prácticas, etc. Es un proyecto abierto a la sociedad y con base de web 2.0 ya que se puede colaborar escribiendo artículos, noticias, reportajes, video y foto denuncias, entrevistas, etc. Los usuarios se pueden registrar y publicar directamente los contenidos que estimen oportunos generando así debates, conversaciones, opiniones, etc.
El Periódico Digital de Accesibilidad Universal ha dado cabida al blog La Ciudad Accesible que desde el 14 de febrero de 2011 día a día acompañaba a todos los lectores interesados en esta materia. De este modo, la publicación diaria que se compartía en el blog, se continúa publicando en forma de artículo de opinión, escrito como siempre por algún miembro del equipo redactor, amigos o colaboradores. En poco más de dos semanas, el diario que dirige Antonio Tejada, ha publicado casi 200 noticias y se han visitado 10.000 páginas.
La URL es http://periodico.laciudadaccesible.com/ y la dirección de correo electrónico para enviar tus notas de prensa o comunicaciones es periodico@laciudadaccesible.com
Secciones
El periódico se organiza en siete secciones principales: Portada, Social, Ciudad, Ocio, Tecnología, Educación e Internacional. Dentro de cada sección podemos encontrar todas las noticias sobre accesibilidad que se producen por áreas temáticas.
Con esta iniciativa, La Ciudad Accesible perteneciente a la Asociación Sí Podemos, apuesta por una accesibilidad para todos y una igualdad real de oportunidades sin exclusiones de ningún tipo.
Fotografía: Equipo redactor y técnico del Periódico Digital de Accesibilidad ‘La Ciudad Accesible’.
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domingo, 19 de febrero de 2012
El baile de disfraces
Este domingo de carnaval no podía traer a mi imaginación otra cosa que no fuese una historia carnavalera. Que os guste, sonriáis y reflexionéis.
Con cariño y mis mejores deseos, como siempre.
Un abrazo del bueno, del de verdad, no de oropel ni de disfraz.
Esta es la historia de un funcionario eficaz, buen trabajador y cumplidor con las tareas que siempre le eran encomendadas. Y la de su esposa y tres hijos. Una familia que veía transcurrir los días felices sin agobios y acomodados a una vida plácida y placentera.
Que se encontraba a gusto con el trabajo que le había tocado tras superar aquella dura oposición, ganada a base de jamones y añejas botellas de vino y demás licores espirituosos. Que había ido perfeccionando su eficacia con lecturas y prácticas.
Al que le molestaba sobremanera la mala fama que tenía su profesión porque estaba convencido de que, con ella, desempeñaba una gran e importante labor de higiene social.
Que habían alcanzado un nivel de comodidades alto, al par que humilde. Que les gustaba darse sus caprichos, visitar los mejores SPA, acudir a la ópera, adquirir objetos so pretexto de modernos, aunque nadie entendiese para qué pudieran servir y llevar a los niños a colegios de postín.
Y no es que el sueldo diera para larguezas dispendiosas, pero qué quieren, les seducía eso de vivir bien, incluso algunos dirían que por encima de sus posibles. ¿Cómo no hacerlo? Si nadie podía pensar en que el futuro les jugase jugarretas de esquivo saltarín. La despreocupación, hija de la supuesta seguridad y la buena vida se habían hecho okupas de la casa familiar.
Y así iban, él autocomplaciente; ella, ufana de su posición; ellos, dichosos y felices comedores de perdices, finales de cuentos siempre soñados.
-Cariño, la señora gobernadora nos invita al solemne baile de disfraces que tendrá lugar tras la cabalgata carnavalera. Qué emoción. Iremos, ¿verdad? ¿Eh qué sí? Ya estoy imaginando cuáles serán nuestros trajes.
-¿Ah sí? Dime, dime.
-Cómo eres, qué bobo. ¿Es que no te emociona tanto como a mí?
-Bueno, si hay que ir se va, afirmó resignado aquel bueno para nada.
-Yo me engalanaré de Estatua de la Libertad, a la niña la podemos poner de gallinita…
-Sí, para que luego digan que es la gallinita ciega de la fiesta.
-Y a los niños de Zipi y Zape.
-O de Pin y Pun, purumpumpún.
-Y tú…
-Yo… de señor Quitamiedos, faltaría más.
-Ah, muy bien. Te va que ni al pelo, aunque seas calvo. Tú que eres censor, que vigilas para que nadie se acerque al peligro de caer despeñado en los abismos del conocimiento. Muy bien, muy bien. Hágase.
Y para allá que se fueron. El día llegó. Toda la ciudad estaba patas arriba, enmascarada en el oropel fastuoso de purpurinas y brillos artificiosos. Todo era algarabía, dispendio, apariencia. Mas todo era falso, invertido, truco de tramoya teatrera.
El salón de audiencias del palacio gubernamental, amueblado habitualmente con sobriedad de diseños de vanguardia, donde los metacrilatos, las luminarias de bajo consumo y las sillas de cuero tenían su reino, había sido vestido para la ocasión con abigarrados cojines, candelabros de velones, habitualmente cirios de iglesia, y alfombras donde enterrar los lindos piececitos de arlequines, odaliscas y condecorados con medallas y medallones de hojalata.
No cabía ni un alfiler. Los tocados de las señoras, tal vez fueran señores mudados en señoras, parecían maceteros de jardín municipal, los vuelos de faldas cantaban melodías de frufrús y los petimetres pululaban cual polillas aquí, allá y acullá. El éxito era completo.
En medio de tamaña francachela un grupo de ciegos hacían juegos malabares con huevecillos de satén. Iban disfrazados, claro, ¿de qué? Pues de ciegos, de que otra cosa, si no. Y tan alto lanzaban pelotas y pelotillas que fueron a dar en la antorcha de maesa censora y, al mismo tiempo, las chispas que provocaron dos infiltrados enamorados prendieron en los barrotes de caucho con que se habíacalzado el higienizador social.
Y de resultas de semejante conjunción de fuegos astrales, más bien astrosos, fue que todo ardió. El censor se achicharró convirtiéndose en un amasijo retorcido y del calor pasional provocado por achuchones y demás efusividades, se mostraron las desnudeces de unas y de otras.
¿Y los ciegos? Los ciegos vieron lo que nunca creyeron ver.
Y la fiesta terminó con resacas visuales y de otros tipos.
Y hete aquí que ya nunca nadie quiso saber de censuras y que,por ende, aquella plaza tan arduamente conquistada quedóse sin sentido y que, como extraordinaria medida de propaganda y ejemplo de rigor austero, las autoridades acordaron en sesión plenipotenciaria el despido de don Tancredo el Censor y que éste y la señora Tancreda y los tancredines hubieran de mudar sus pasadas opulencias por mendicidades de vagabundos.
¿Y todo a caus a de qué? Pues sí, claro. A causa de aquel malhadado baile de disfraces.
Y ya nadie se acordó de aquel funcionario de tan probada eficacia ni de su familia tan presente siempre en corrillos de chismosas y chismorreos. Y todo continuó igual, aunque sí hubo algo que cambió: la pareja de enamorados que se infiltraron en el baile, se fundieron en lingote áureo y los ciegos tuvieron brillo en sus ojos durante días, un brillo hecho de curvas y sinuosas sedosidades de piel.
Y colorín colorado, esta historia se ha disfrazado, también ella, sí sí. ¿De qué? Pues claro, de qué va a ser, de historia.
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jueves, 16 de febrero de 2012
Olmedo y Cuéllar: otro viaje
El pasado sábado tuve ocasión de participar en una nueva excursión, otro descubrimiento viajero. En este caso, me acerqué, de la mano de la ONCE y dos estupendas monitoras, Eva y Vanesa, a las villas castellanas de Olmedo y Cuéllar.
Eramos un nutrido grupo y yo fui muy bien acompañado. Alguien dijo que no sabían cómo lo hacía pero que siempre me encontraba rodeado de mujeres estupendas. La verdad es que gozar de la compañía de mis buenas amigas Elena y Nuria, además de la incorporación de Carmen, es un lujo para mí que ha de llenarme de satisfacción y orgullo.
El día era típicamente invernal, gélido diríamos, pero mereció la pena, aunque, tal vez, habría estado mejor visitar sólo uno de los dos pueblos.
De Olmedo me queda el interesante montaje audiovisual que se ha hecho entorno al Caballero que le da fama y a su palacio y las reminiscencias teatrales al Siglo de Oro de nuestras letras. Quedamos emplazados a acercarnos al Festival de Teatro que se organiza, cada año, allá por el mes de julio.
Además me gustó mucho el Parque Temático del Mudéjar en el que se pueden tocar maquetas de iglesias, y castillos, de la zona. Un lugar muy interesante y digno de conocerse despacio por lo pedagógico que resulta con sus fuentes y demás.
Después de la visita a todos esos monumentos nos dirigimos a reponer fuerzas y caldearnos con unas buenas alubias con oreja y alguna otra sustanciosa vianda, regada con el humor y la conversación agradable y enriqecedora.
Después nos desplazamos a Cuéllar, localidad segoviana famosa en su día por el cultivo de la rubia con sus murallas y castillo, pero también con su hospital de enfermedades venéreas y su palacio de Pedro I el Cruel.
Un día, en fin, lleno de evocaciones históricas y recuerdos de glorias pasadas en el que el frío quiso ser protagonista pero que, sin embargo, fue relegado por el calor de la amistad y el humor.
Me quedé con ganas de pasear tranquilamente por Olmedo, de probar sus dulces con nombres de cagaditas de gato o los mudejaritos, y de escuchar la visita teatralizada al castillo de Cuéllar y no diré que la guía lo explicase mal, pero es que de aquella manera uno imagina más y disfruta más.
Ah, y con el debut de Carmen que quiso acompañarnos. La primera vez que viajaba con tanto ciego. Cómo olvidar lo dispuesta que estuvo, en todo momento, a ayudarnos y explicarnos lo que sus ojos veían. Creo que disfrutó ella también.
Merecerá la pena repetir y os lo recomiendo.
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lunes, 13 de febrero de 2012
Querer opositar y no poder. ¡Increíble pero cierto!
Cómo no hacerme eco de esta triste noticia. Parece increíble pero ya veis.
Bueno, ojalá que, al fin, Vanessa pueda presentarse y demostrar su valía.
La opositora Vanesa Font ha acreditado un déficit de visión del 87%
Pedía un examen oral o la utilización de un programa informático específico
Sólo le permiten la prueba en A3 y le dan 90 minutos más para responder
La ONCE estudia emprender acciones legales contra el Gobierno
Javier Arnau | Castellón
Actualizado domingo 12/02/2012 10:58 horas
La convocatoria de oposiciones del Ministerio de Justicia para 2012 no contempla la posibilidad de realizar un examen oral para evaluar a los invidentes que aspiran a un empleo público.
Así se desprende de un escrito remitido por el Estado a Vanesa Font, una opositora castellonense con un déficit del 87% de la visión y que aspira a la única plaza para discapacitados que ofrece el departamento estatal para la Comunidad Valenciana dentro del cuerpo de Gestión Procesal y Administrativa.
No es la única. Asegura que otros dos opositores se han encontrado con la misma respuesta del Ministerio de Justicia. La ONCE investiga el caso para emprender posibles acciones contra el Gobierno central.
Tal y como consta en la convocatoria de estas oposiciones para cubrir 132 plazas para el Cuerpo de Gestión Procesal y Administrativa, publicada el pasado 5 de septiembre en el BOE, aquellos discapacitados que quieran concurrir deben cumplimentar debidamente la solucitud indicando además su grado de discapacidad, así como las soluciones que necesitan para poder realizar normalmente las pruebas de las que consta la oposición.
Vanesa justificó que sufre una "enfermedad visual degenerativa" que ya afecta al 87% de sus facultades y solicitó al Ministerio de Justicia que pusiera a su disposición cualquiera de las dos opciones posibles para poder realizar las pruebas: un examen oral o la utilización de un programa informático específico.
Hace unas semanas llegó la respuesta del Ministerio, quien advirtió que sólo se contemplan dos medidas para hacer más accesible la realización de este examen para las personas invidentes.
La primera de ellas es presentar el examen en folios de tamaño A3 (y no en A4 como el resto de opositores), en consecuencia, con el tamaño de letra más grande. "No veo nada. ¿Qué más me da que el examen esté en A4 o en A3?", reprende Vanesa Font.
La segunda es darles 90 minutos más que al resto para que contesten a las preguntas. "Insisto. No veo y me da igual que me den 90 minutos o 24 horas para hacer un examen si éste es escrito", reconoce irónicamente.
Se muestra contrariada porque el examen está previsto para el próximo 19 de febrero. Ella sigue estudiando pero a día de hoy no sabe a ciencia cierta si podrá realizar el examen. "Al Ministerio no le supone ningún coste económico hacerme el examen oral o utilizar el programa informático para invidentes, puesto que éste lo facilita de manera gratuita la ONCE", argumenta sin perder de vista que "estoy perdiendo tiempo en conseguir solucionar este problema y creo que me va a afectar en el examen".
La oferta de empleo público a la que concurre Vanesa Font prevé cubrir 132 plazas por toda España, 7 de las cuales están reservadas para discapacitados. La Comunidad Valenciana es la región que menos plazas para discapacitados reserva, con sólo una. Vanesa será una de las que optarán a esa única plaza... siempre que el Ministerio acabe atendiendo súplicas.
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domingo, 12 de febrero de 2012
La pareja del momento
Lo sé, sé que quienes me leéis seríais unos estupendos anfitriones para la pareja protagonista del cuento de esta semana. Pero espero que no llamen a vuestras gargantas / puertas. Bueno, que os guste.
Como siempre, con mucho cariño y mis mejores deseos.
La señorita Tos Para Dos, Tosina para sus amigas las juguetonas bacterias, y el joven Estornudo Barbudo, bravo galán, respetado por todos y cortejado por todas, iban cogidos de la mano paso a paso.
Su destino era claro: las acogedoras y golosas gargantas de los habitantes del planeta Tierra.
El año anterior, sus hermanos de idéntico nombre , ardieron consumidos en las cenizas bajo las llamas de jarabes y pastillas pero este año, habían aprendido la lección y demostrarían su afán de superación, su heroica voluntad de diminutos invencibles.
Habían partido del país de Virulandia con la mejor de las preparaciones y bien dispuestos a no cejar en su misión, pertrechados, acorazados como iban con la malla de la resistencia y escoltados de doña Confianza y don Descuido.
Se fijaron en el primer humano que les salía al encuentro. Un tipo ufano, sin bufanda ni gorro ni guantes, un chollo para visitarle y hacerse dueños de él. Con él estuvieron una temporadita hasta que se aburrieron de tanta facilidad y monotonía.
Luego se pasaron a otra humana. Esta era más avispada y se lo puso más difícil, con sus prevenciones y cautelas máximas muy máximas. Sin embargo, al fin, consiguieron conquistarla y con ella que se quedaron.
Así fueron picando narices, creando afonías y hasta fabricando pitidos bronquíticos dignos de la mejor de las orquestas pulmonares.
Eso sí, lo que nunca hicieron fue dedicar su atención a quienes, por su extrema debilidad, los sabían intocables. Había sí, congéneres suyos, cobardes ellos, que se atrevían con esos frágiles enfermizos.
Pero Tosina y Estornudo no. A ellos les gustaba fajarse con los fuertes.
A lo largo de ese tiempo habían constituido un buen dúo, habían alcanzado un alto grado de compenetración y se sentían a gusto el uno con la otra. Podrían incluso maridar para así engendrar a tosinitas y estornuditos, futuros miembros ilustres de la alta cepa de la clase gripal.
Así de felices se las prometían cuando el romo pico de un pajarraco se cebó en ellos. Los humanos dirían que no era tal ave, que era un sentimiento con alas,.
El caso es que el inoportuno bicho echó su aliento sobre nuestros amigos y ello hizo que se evaporaran. ¿Cómo no iba a suceder tal, si la vaharada que les lanzó era puro fuego, pasión de enamorada?
Y ante eso, claro, los pobrecillos nada tenían que hacer porque el mejor antídoto que pueda haber contra visitas tan inoportunas como las del cariz de los virulandenses o peores aún, es el amor.
Lo que Tosina y Estornudo vieron, efectivamente, no fue un oscuro pajarraco sino un ejemplar magnífico, un coloso en toda regla.
La singular pareja de adalides del género catarril fueron abducidos por aquello, mas su memoria no cayó en el olvido. Pasaron a formar parte de la épica virulandense como los más grandes héroes del reino porque se fajaron como valientes y fueron derrotados en singular batalla contra un gigante que ellos creyeron pájaro pero que resultó ser molino, molino de enamorada ventisca con ardor ígneo. Y así fue relatado por los juglares de la poesía neumónica y la prosa bronquítica por los siglos de los siglos.
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jueves, 9 de febrero de 2012
Leyes inexorables
Permitidme hoy, día en que la Justicia está de actualidad por cierta sentencia, que comparta aquí unos principios que, además de hacernos sonreír, no dejan de ser ciertos.
Todo cuerpo sumergido en la bañera hará sonar el teléfono. (Ley de Mevi Amatar)
Cuando necesites abrir una puerta con la única mano libre, la llave estará en el bolsillo opuesto. (Ley de Mecago Enlamar) Todo cuerpo sentado en el inodoro hará sonar el timbre de la puerta. (Ley de Nicagar Puedeuno)
La única vez que la puerta se cierra sola es cuando has dejado las llaves dentro. (Ley de Angustias Negro Destino)
El seguro lo cubre todo. Menos lo que te sucedió. (Ley de Esoco Rede Sucuenta)
Cuando las cosas parecen ir mejor, es que has pasado algo por alto. (Axioma de Chungo Palos Pollos)
Si mantienes la calma cuando todos pierden la cabeza, sin duda es que no has captado la gravedad del problema. (Axioma de Noten Teras)
Llegarás corriendo al teléfono justo a tiempo para oír cómo cuelgan. (Principio de Rinrin)
La velocidad del viento aumenta proporcionalmente según haya sido el precio del peinado. (Principio de Llongueras)
Si solo hay dos programas en la tele que valgan la pena ver, serán a la misma hora. (Ley de Queco Jones Tienen)
Cuando tras años de haber guardado una cosa sin usarla decides tirarla, no pasará más de una semana sin que la necesites de verdad. (Ley de Lama Dreque)
No te tomes tan en serio la vida, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella. (Teorema de Muertoaloyo Vivoalbollo)
Cuando tengas las manos llenas de grasa, te comenzará a picar la nariz. (Ley de Vayusté Pordiós)
Los problemas ni se crean, ni se resuelven, sólo se transforman. Ley de Esto Noesvida)
La probabilidad de que te manches comiendo, es directamente proporcional a la necesidad que tengas de estar limpio. (Ley de Menudo Lamparón)
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martes, 7 de febrero de 2012
Palace Beau Rivage. Lausana, Suiza
Permitidme que comnparta hoy, un artículo escrito por Màrius Carol, publicado en la revista Magazine, en 2010.
Son de esos lugares míticos que a mí me gusta visitar; bueno, digamos, mejor, me gustaría.
Si alguien ha estado ya que me cuente y nos dé envidia.
Situado sobre el lago Leman, en Lausana, el hotel Beau-Rivage es uno de esos establecimientos cuyo confort es casi tan impresionante como su historia. La atmósfera del hotel ha inspirado a Albert Cohen a escribir Bella del Señor. Pero también Somerset Maugham, Paul Bowles o Michèle Déon mencionan sus estancias en sus novelas. Y Victor Hugo cita este templo de descanso en una de sus cartas.
La política internacional también ha pasado por sus salones, pues aquí se firmó en 1912 el acuerdo que puso fin a la guerra italo-turca o el tratado de Lausana de 1923, que reunió a lord Curzon, Poincaré y Mussolini. La lista de su ilustre clientela incluye a personajes tan dispares como Camille Saint-Saëns, Charlie Chaplin, Coco Chanel, Gary Cooper, Husein de Jordania o Nelson Mandela.
El hotel, situado entre cuidados jardines, está a punto de cumplir 150 años, aunque ha sufrido importantes reformas con el paso del tiempo, la más importante de las cuales corresponde a 1908, cuando se construyó un palacete anexo con influencias del art déco que incluía un comedor bajo una gran cúpula de cristal que diseñó Diekmann.
Más recientemente, tras adquirir la mayoría de las acciones la fundación de la familia Sandoz, se sometió a una profunda renovación de las habitaciones y a una restauración de frescos, esculturas y cúpulas que requirió la colaboración del Servicio Suizo de Monumentos Históricos.
El Beau-Rivage Palace tiene unas habitaciones generosas, algunas de las cuales disfrutan de magníficas vistas sobre el lago Leman. El cliente puede cenar sobre sus aguas durante el periodo estival, pues el barco Le Montreux ofrece la posibilidad de pasar una romántica velada, mientras se degusta la carta del cocinero Didier Scheiter.
Hace poco más de un año, abrió sus puertas en el hotel el restaurante Anne-Sophie Pic, cuya chef cuenta con un tres estrellas Michelin en Valence y ha conseguido la misma calificación en Lausana. Por 122 euros se puede probar su magnífico menú degustación de seis servicios.
El Spa Cinq Mondes es uno de los orgullos más recientes del hotel, tras ser inaugurado hace menos de cinco años. El fundador de la firma es Jean-Louis Poiroux, que ha sabido reunir rituales de belleza del mundo que incluyen desde el “baño japonés de aroma de flores” al “paseo de lluvia tropical”, pasando por el “hammam de aromas y colores”. Es un paraíso del bienestar, tan exclusivo como sorprendente.
Consta de 169 habitaciones y suites.
Sus "humildes" precios oscilan A partir de 350 euros.
Dirección Place du Port, 17-19, Lausana (Suiza)
Y su página web es:
www.brp.ch
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domingo, 5 de febrero de 2012
La llamada de cada día
Dedicado a todas esas personas, excelentes profesionales, que trabajan como telefonistas, porque siempre están ahí pese a que, a veces, quienes marcan su número son del más variado pelaje. Con mucho cariño.
Que estéis bien y con ánimo.
Feliz semana.
Él comprendía que seguramente había días en los que sus llamadas resultaban pesadas y hasta inoportunas. Pero, es que ¡las necesitaba tanto…!
Ella había días en los que sentía deseos de no descolgar el auricular. Pero sabía que quien diariamente la llamaba a la puntual hora de las cuatro de la tarde, necesitaba de su presencia al otro lado. ¿Y qué iba a hacer entonces? Pues claro, vencer esa tentación y responder.
Él aguardaba con ansia de hambriento a que llegase el momento de marcar el número que para su ánimo constituía la luz de cada día.
Ella haría lo acostumbrado: se identificaría como si no se conociesen, las instrucciones de la Dirección así lo establecían, y ella siempre las cumplía, era su norma. Y preguntaría qué deseaba.
Él le contaría sabedor de que era entendido y escuchado. Que no había un robot, una fría máquina, al otro lado, sino una estupenda profesional, cálida y diligente.
Ella se alegraría con sus logros, aunque fuesen pequeños, y se entristecería con sus tropiezos, que también los había.
Él recordaría, una vez más, cuál fue su primer contacto con aquella amable voz. Cómo inquirió por un determinado producto financiero y cómo ella le explicó a quién dirigirse para solicitarlo. Y cómo, resuelta la cuestión, quiso agradecerle la atención con otra llamada al día siguiente. Y cómo 24 horas después buscó otra excusa para repetir. Y cómo quiso averiguar cuál era la mejor hora para hacerlo.
Y ella vislumbró, con su experiencia de años, que al otro lado había un ser solitario, necesitado de afectos. Y que, bueno, a esa hora el trabajo era nulo, sesteante, por lo que tampoco pasaba nada si aquél reiteraba su costumbre. ¿Qué más le daba a ella si era un caballero educado y cordial? Además, pronto se acostumbró a sus confidencias y sucedidos. Tan así fue, que le echaba de menos si alguna vez se retrasaba.
Pero ese jueves, él percibió que el timbre de ella no era lo vibrante de siempre. Algo le pasaba. Optó por dejar, por una vez, sus neuras y rollos, y a cambio quiso hacerla sonreír con un piropo y una anécdota de las suyas. ¿Lo consiguió? Al despedirse, con su ritual de siempre, con su “hasta mañana, señorita” creyó que sí, que el tono volvía a engalanarse de matices. Y algo más hizo, tomó una decisión.
Sabía, porque a lo largo de los meses habían tenido ocasión de comentarlo, lo mucho que a ella le gustaba la lectura, sobre todo, la de cuentos. Se dirigiría a la mejor librería de la ciudad y solicitaría consejo para adquirir el mejor libro de esa materia. Y pediría el favor de que le escribiesen cierta dedicatoria y que lo envolviesen con el más bonito papel de regalo y con el lazo más sugerente. Se dejaría aconsejar, creía que haciéndolo quedaría bien.
SE acercaba la hora de cada día. Era viernes. Casi todo el mundo llevaba prisa, él también aunque por motivos bien distintos. La muchedumbre corría en pos de un nuevo fin de semana: salir de la oficina y olvidar. Él, en cambio, se apresuraba camino de esa misma oficina de la que los demás huían. Mientras aquéllos marchaban, él ansiaba llegar cuanto antes.
El reloj marcó las cuatro. El teléfono no sonaba. Transcurrían los minutos, continuaba mudo.
Ella se dijo: “mi cliente de cada día se habrá ido de fin de semana, habrá encontrado plan. El lunes me dirá”.
Poco podía imaginar que ese él, su cliente, más aún su esperado interlocutor de costumbre, se encontraba a pocos metros de su lugar de trabajo, procurándose una oportunidad para llegar hasta ella. El vigilante ejercía sus funciones de cancerbero con bien probada eficacia aunque, al fin, se dejó convencer porque también éste la apreciaba, se lo tenía ganado.
-¿Sagrario? ¿Estás ahí?
-¿Quién…? Oh, su voz me suena. ¿Quién es? ¿Cuál es el motivo de su visita?
-Hoy no te he llamado. He querido venir a verte. Es que… te vi tan mustia ayer.
-Oh, Dios mío. ¡Si es usted, eres tú!
-Claro. Y te traigo un regalo para que te animes, que ayer estabas triste y eso no me gusta. Y qué porras, es que ya tocaba que me pusieras imagen y vieses la facha del tipo que te da la lata cada día.
-Has llegado hasta aquí y lo has hecho para alegrarme. Cómo te admiro y agradezco. Ven, deja que te dé la mano para que te sientes. Bueno, aunque antes mejor te doy dos besos. Qué ilusión, qué alegría. ¿Cómo has sabido venir? Qué increíble, qué pasada.
-Bueno, aguantarme cada día bien vale hacer un esfuerzo que, en realidad, no lo es porque tenía ganas de venir y conocerte en persona. Ay, Sagrario, que el mérito de verdad es el tuyo, al no cansarte de mí durante todo este tiempo.
-Pero cómo iba a hacerlo, si me has enseñado tantas cosas, me has hecho sentir útil. Ah, y pliega el bastón, que aquí no va a hacerte falta.
-Vale, que hoy en vez de disponer de tus oídos, voy a disponer de tus ojos.
Sabes que salgo a las ocho. ¿No se te hará larga la espera? ¿O te vas ya? Mira, que hoy no tenemos que colgar para no bloquear la centralita.
-Pensaba acompañarte esta tarde. Si no te molesta, claro.
-¿Molestarme? ¿Cómo va a ser? ¿Por qué vas a hacerlo si encima me has dado semejante sorpresa. Mira que venir solo y sin ver. Y luego hablan de los héroes. Tú si que lo eres.
Y esa tarde de viernes, para él y para ella, para los dos, fue especial. Pero, más aún, lo fue la noche.
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jueves, 2 de febrero de 2012
Un recomendable libro para la reflexión

Buenas noches, pese al frío:
Permitidme hoy que os hable, para recomendar, sobre un interesante libro que acaban de grabar en la ONCE para poder acceder a él, también las personas ciegas. Aunque hace ya algunos meses que fue publicado, es ahora cuando puedo deleitarme con su lectura.
Se trata del titulado "Valores éticos: la posibilidad de lo imposible" de Alejandro Córdoba, de la editorial Esic y con un total de 289 págs.
La reseña dice así:
El movimiento 15-M ha servido para estimular un debate social emergente. Es una torre de Babel a la que es difícil exigirle alternativas. Pero la reflexión suscitada debe continuar. Si adolecíamos del problema de una sociedad civil «adormecida» la buena noticia es que hay síntomas de un despertar. De nuestro compromiso depende que ese despertar sea constructivo, responsable, pacífico y no violento, justo y solidario, maduro y no manipulado.
Como creyente que se siente interpelado a evangelizar, creo que hay motivos para apostar por una regeneración ética de nuestra sociedad. Ese es el debate en el que quiero participar, buscando no formar parte del problema sino de la solución. Es a lo que quiero contribuir a través de mis reflexiones y propuestas de este libro.
«Alejandro Córdoba enriquece la reflexión y el debate sobre el inexorable proceso de regeneración ética que la sociedad actual debe afrontar.
Se atreve a proponer soluciones, mojándose y comprometiéndose, una actitud que facilita nuestra propia toma de posiciones, ya sea desde la conformidad o desde la discrepancia. Y lo hace trasmitiendo el convencimiento, contagioso, de que podemos y debemos dar forma a un mundo nuevo que tiene que ser mejor, más justo, mássolidario, más humano y más esperanzador que el que hoy tenemos.»
Pues bien, poder reflexionar sobre temas tan importantes como la familia, la responsabilidad, el espíritu de superación, etc. con los artículos que incluye, es todo un estímulo y un gusto.
Además, los derechos que puedan generarse con su venta están destinados a Cáritas de San Petersburgo.
Aquí el índice de lo que contiene:
De la crisis a la indignación.-
Un pasado con sombras, pero también con luces.-
Algo está cambiando.-
Levantar la visera, otear el horizonte y diseñar un futuro esperanzador.-
La ética como pilar fundamental.-
Una sociedad civil que despierta.- El humanismo cristiano.-
Importancia de la educación.-
La familia como fábrica de valores.-
Es imposible que sea imposible.-
Un epílogo desde Rusia… algo interesado
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