martes, 12 de julio de 2011

Los orígenes de la fotografía y el afán por capturar imágenes

Seguramente este tiempo de verano, lo aprovecharéis para viajar y, cómo no, en los viajes uno suele ir acompañado de una cámara fotográfica. Fijaos las que hay ahora, incluso a partir de los teléfonos móviles. Mas, ¿cuales fueron los primeros intentos de fotografiar?
Démonos un paseo por la Historia y lo descubriremos.

El fenómeno de la cámara oscura se conoce desde hace muchos siglos. Una cámara oscura no es más que una caja cerrada en una de cuyas paredes existe un orificio de manera que en el lado opuesto (pronto convertido en placa de vidrio) se proyectan las imágenes de los objetos exteriores.
El problema era fijar o ‘eternizar’ tales imágenes. Lo curioso es que la tradición alquimista (que no deja de representar la prehistoria, un tanto alocada y llena de exóticas figuras, de la química moderna) conocía el efecto de la luz sobre el cloruro de plata fundido (conocido como plata córnea). En realidad, faltaba tan sólo asociar ambos fenómenos para que la fotografía fuese posible.
El primer intento serio de capturar las imágenes se debe a un francés, Nicéphore Niepce (1765-1833). De hecho, Niepce logró, en los años 20 del siglo XIX, fotografiar por primera vez objetos físicos utilizando una cámara oscura y recurriendo a una sustancia, el betún de Judea, como capa sensible. El betún de Judea se vuelve insoluble a la exposición de la luz, por lo que, al aplicar un solvente sobre la placa, permanecía solamente en las zonas golpeadas por los rayos luminosos.
Con esta técnica, pesada y lenta, Niepce obtuvo las que pasan por ser primeras fotografías de la historia, de pésima calidad. Pero el sueño de eternizar el movimiento estaría mucho más cerca merced a la colaboración del mismo Niepce con otro francés, físico y pintor: Louis Jacques Mandé Daguerre. Niepce se murió en 1833 y a partir de entonces Daguerre trabajó solo. Apenas dos años más tarde, en 1835, un descubrimiento, entre buscado y casual, simplificó sus esfuerzos.
Ocurrió que una tarde dejó una placa impresa con una imagen latente en un armario en el que guardaba varios productos químicos. Previamente Daguerre ya había considerado que lo mejor sería obtener una imagen débil ( llamada imagen latente) con la cámara oscura, reforzada ulteriormente con alguna sustancia química.
Pero ¿qué sustancia serviría? Eso no lo sabía Daguerre. Al día siguiente de haber dejado la placa, sin embargo, descubrió que la imagen aparecía nítida. Repitió el proceso varias veces sacando antes alguno de los frascos con productos químicos. Resultó que la imagen latente se volvía fuerte y clara de cada vez…excepto cuando la sustancia sacada del armario fue uno que contenía mercurio. Ergo, se trataba de los vapores del mercurio los que fijaban la imagen en la plata.
Poco después Daguerre alcanzaba su ansiado sueño. Fue en 1838, fecha de los primeros daguerrotipos como tales. Un daguerrotipo es precisamente una imagen, una fotografía, obtenida mediante la técnica de la daguerrotipia, que debe su nombre a su inventor.
Presentó su invento, una técnica para “pintar con luz” según sus palabras (de ahí que se llamase “foto-grafía”) en la Academia Francesa de las Ciencias, en medio de un gran interés científico y artístico. No en vano, Paul Delaroche, pintor de la época, ante el invento de Daguerre exclamó: “¡La pintura ha muerto!”.
Rotundo Juicio muy similar, por cierto, al aplicado sobre la propia fotografía medio siglo más tarde, con la aparición de la cámara cinematográfica. Esta claro que si algo no falta en este mundo son sepultureros ni profetas de las catástrofes.

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domingo, 10 de julio de 2011

Los dos muchachos con una sola alma

Permitidme que el cuento de hoy lo dedique a mi padre, él que tantas historias me cuenta cuando paseamos por los campos de mi pueblo. Ojalá que, como Raquel, yo también sepa mantenerlo vivo a través de mi imaginación hecha cuentos.
Feliz semana veraniega.
Un abrazo.

-¿Te acuerdas, Alejandro?
-¿Cómo no he de hacerlo, Benito? Si ya lo único que me quedan son los recuerdos. Ya ves; cuando nos conocimos, sólo nos preocupaban los proyectos de futuro y ahora ya no nos queda más que el pasado. Cuántos años han transcurrido desde que venías al pueblo a vender huevos, vino y aceite con tu padre, con su carro y sus caballos tordos. Yo me había quedado al cargo de la casa mientras mis padres araban la mísera tierra con el único buey que teníamos. Mi madre me dijo que vendríais, que dejaríais lo de siempre y que ya os pagaría ella. Te vi, con tu mirada clara, tu pelo ensortijado, tu aire resuelto. Y yo que tan solo era un rapazuelo, un mocoso que apenas nada sabía. Nos caímos bien desde el principio.
-Sí, sí. Y ahora ya aquellos pueblos casi han quedado desiertos. Con el frío que pasé cuando mi padre me mandaba a ellos en las noches de invierno, noches de nieve,de oscuridad y de miedo en las que yo me aferraba al caballo que tan bien conocía los senderos, que iba solo. Luego compramos el camión y al final hubimos de mudar la profesión porque ya no había parroquianos, exiliados a la ciudad en busca del porvenir. Y qé buenas estaban aquellas pastas envueltas en papeles de colores con que me obsequiaban las buenas mujeres.
-Sí, pero tú y yo nos seguimos viendo. Qué suerte fue encontrarte en la Mili, al menos no me sentiría tan desamparado, al menos el cobarde fanfarrón aquél tendría que enfrentarse a dos muchachos que iban ya aprendiendo que, un día, tendrían una sola alma. Cuántas cosas nuevas vimos entonces, cómo íbamos al cine los miércoles y al paseo los domingos para contemplar la frescura, y la galanura de las mozas.
-Sí sí; han pasado los años. Tú viajaste, yo me quedé. Tú fuiste valiente; tal vez, yo cobarde.
-Bueno, bueno; nunca se sabe. A toro pasado todo es muy fácil y, como dicen, después de blanco, leche. El caso es que aquí estamos juntos. ¿Sabes? Aún conservo aquella botella bonita de moscatel que me trajiste. Cómo me gusta contemplarla y echar, de vez en cuando, un traguillo, tocando el cristal labrado y sintiendo en la garganta la calidez del licor.
-Cómo han cambiado las cosas. Qué de prisa ha ido todo. No sé si ese tango que es la vida lo supimos bailar o qué. Ahora ya ni tangos ni na. Ahora los chicos nacen enseñados, creen que lo saben todo pero cuánto les queda por aprender; se creen dueños de la verdad y nadie puede poseerla, la verdad no es de nadie, la verdad es libre.
--Cómo me alegré cuando me dijiste que te casabas y, más aún, cuando fueron naciendo tus hijos. Y mientras, yo; sí, de acá para allá pero sin encontrar la felicidad. Luego vino lo de mi enfermedad y tú, el único, seguiste a mi lado. Me quisisteis acoger tu mujer y tú en vuestra casa. No quise molestaros ni poner a prueba nuestra unión y rechacé tu oferta. Seguí vagando solo, entonces de hospital en hospital hasta que encontré mi sitio entre los que padecían lo que yo. Empecé a vivir de nuevo y tú seguiste ahí.
-¿Acaso crees que podría haber hecho otra cosa? ¿Es que no éramos amigos, seres con una sola alma? Pues claro que siempre estuve a tu lado y bien que me alegraba de ver cómo te levantabas, como superabas las dificultades. ¡Cómo te llegué a admirar! Ah, cómo recuerdo el día que me llamaste para decirme que volvías a ser el de siempre, que habías aprendido a vivir de nuevo. Cómo lo celebré.
-Lo sé, lo sé. Y luego me contaste que tu Higinia se moría, que estaba muy malita y nada se podía hacer. Entonces sí fui a estar contigo para que la casa no se te quedase vacía. Los hijos tenían sus trabajos y tú, como yo, tampoco les quisiste estorbar. Y bien que nos las arreglamos.
-Vaya que sí. Y conocí a otros como tú y comprendí que había que mantener la ilusión, yo que tan desilusionado estaba. Yo también aprendí.
-¿Y tus hijos? Bien orgulloso que tienes que estar de ellos. Sí que te salieron buenos, como Dios manda.
-Claro que lo estoy y seguro que su madre, desde el cielo, también lo estará. ¿Y cuando fuimos de excursión al país de los canales? Qué bien lo pasamos viendo su verdor y sus flores, las bicicletas de tan variados modelos, nada que ver con la que yo tenía, y aquella casa de la niña que estuvo escondida casi hasta el final de la guerra. Fue toda una experiencia. En fin, Alejandro ¿quieres que te lea el periódico?
-No, ¿para qué? Si traerá lo de siempre. Y si aún, hablase de nuestra tierra… Léeme mejor un trozo de ese libro de aventuras que tanto me gusta, con espadachines, amoríos, lealtades y traiciones.
-Ah, ¿El conde de Montecristo? A mí también me gusta aunque lo que mejor leo son las novelas del Oeste, del Marcial Lafuente Estefanía, ésas sí que son buenas.
-Señor Benito, tiene una visita.
-¿Una visita? ¿Alguno de mis hijos? Si no les espero hasta el domingo. ¿Quién será?
-¿Cómo están? Me llamo Raquel y soy la nieta de la Paca, a la que usted le vendía huevos. ¿Se acuerda?
-¿Cómo iba a olvidarla, hija? Si una vez estuve enamorado de ella, que bien guapa que era. Ay ay ay, ¿está bien?
-Me pidió que le trajese esta cajita de bombones que, según me dijo, usted le regaló. Contiene sus recuerdos y cartas. Murió hace unos meses y me pidió que se la hiciese llegar, me lo hizo prometer. Cuando paseábamos juntas me contó muchas cosas de usted, que le tuvo gran afecto.
-Vaya, vaya; Benito. A estas alturas aún se acuerdan de ti, cómo no. Con lo bien que os portabais con las gentes de allá arriba.
-No sabes lo que me gustaría volver a aquellos tiempos. Eran duros, pero me gustaba el trato, el vender, el saber que te esperaban.
-Si quieren, yo mañana les llevo. Hacemos un viaje a la sierra. Yo estaría encantada y sería como acompañar a mi abuela. A cambio, sólo les pido que me cuenten sus historias. Es que soy escritora. ¿Querrían?
-Si no te aburren los chocheos de dos viejos, claro que lo haremos. Será como recibir un regalo de Navidad, y eso que estamos en primavera.
-Ah, pues entonces hasta mañana.Déjenme que les dé dos besos. Por mi abuela y por ustedes.
Y, al día siguiente, bien de mañana; los dos ancianos amigos con una sola alma se montan en el coche de Raquel. Apenas han podido dormir. ¡Están tan contentos…! Ellos saben que de ese viaje ya no regresarán, porque su tiempo está cumplido y deben hacerlo juntos, cómplices, Como lo han hecho todo. Mas una cosa es cierta: nunca han sido tan felices como lo son esa mañana de mayo.
Y Raquel escuchará, y anotará, y sonreirá, y aprenderá a quererles; será partícipe de su mundo. Y, gracias a sus cuentos, hará que, pese a todo, sigan viviendo, lo mismo que su abuela.

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sábado, 9 de julio de 2011

Pizarro: un elefante en Madrid

Por si alguna vez, contempláis al curioso animal, aquí va su historia.

Pizarro era un elefante de raza india y famoso residente del zoológico del Retiro. Según La Ilustración de Madrid, periódico del último tercio del siglo XIX, el elefante recibió el nombre del conquistador español porque en América había otro que recorría el continente con el nombre de Cortés. El tal Cortés, al parecer, necesitaba un compañero y el que fue a formar pareja artística con él fue bautizado Pizarro, anunciándose el número de "Cortés y Pizarro" por toda América.
A mediados del siglo XIX, Pizarro aterrizó en España fijando aquí su residencia, aunque de forma trashumante, pues recorría la península con un espectáculo en el cual luchaba contra toros y animales salvajes en las plazas de los pueblos, saliendo siempre victorioso para deleite de niños y mayores. Así fue como perdió uno de sus colmillos, al ir a embestir contra un toro en Valladolid y dando con él en el suelo.
Después de varios años recorriendo España, el 4 de octubre de 1863, el Ayuntamiento de Madrid, ofreció al cansado elefante, asilo en el zoológico del parque del Retiro, desde donde protagonizó una hazaña memorable que fue recordada por años. Cierto día, Pizarro sintió más hambre de lo habitual y no satisfecho con su ración de comida, se escapó de la Casa de Fieras del Retiro yendo a saciar su apetito a una cercana tahona, en el parador de San José. Una vez saciado su apetito, Pizarro se dejó conducir mansamente al Zoo por su cuidador.
Cuando Pizarro murió su cuerpo fue disecado y donado al Museo de Ciencias Naturales, donde se expone en la actualidad.

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miércoles, 6 de julio de 2011

La verdadera belleza

Quiero compartir aquí, esta definición de la belleza que el escritor peruano hace de la belleza. La suscribo al completo y me hubiera gustado haber sido capaz de haberla hecho yo.
Que os guste. Va con mucho cariño y afecto.

Para todas las mujeres que conozco y para los hombres que las acompañan:
Mario Vargas Llosa.

Todas las flores del desierto están cerca de la luz. Todas las mujeres bellas son las que yo he visto, las que andan por la calle con abrigos largos y minifaldas, las que huelen a limpio y sonríen cuando las miran. Sin medidas perfectas, sin tacones de vértigo. Las mujeres más bellas esperan el autobús de mi barrio, o se compran bolsos en tiendas de saldo. Se pintan los ojos como les gusta y los labios de carmín del chino.
Las flores del desierto son las mujeres que tienen sonrisas en los ojos, que te acarician las manos cuando estás triste, que pierden las llaves al fondo del abrigo, las que cenan pizza en grupos de amigos y lloran solo con unos pocos, las que se lavan el pelo y lo secan al viento. Las bellezas reales son las que toman cerveza y no miden cuántas patatas han comido, las que se sientan en bancos del parque con bolsas de pipas, las que acarician con ternura a los perros que se acercan a olerlas. Las preciosas damas de chándal de domingo. Las que huelen a mora y a caramelos de regalíz.
Las mujeres hermosas no salen en revistas, las ojean en el médico, y esperan al novio ilusionadas con vestidos de fresas. Y se ríen libres de los chistes de la tele, y se tragan el fútbol a cambio de un beso. Las mujeres normales derrochan belleza, no glamour, desgastan las sonrisas mirando a los ojos, y cruzan las piernas y arquean la espalda. Salen en las fotos rodeadas de gente sin retoques, riéndose a carcajadas, abrazando a los suyos con la felicidad embotellada de los grandes grupos.
Las mujeres normales son las auténticas bellezas, sin gomas ni lápices. Las flores del desierto son las que están a tu lado. Las que te aman y las que amamos. Solo hay que saber mirar mas allá del tipazo, de los ojazos, de las piernas torneadas, de los pechos de vértigo. Efímeros adornos, vestigios del tiempo, enemigo de la forma y enemigo del alma. Vértigo de divas, y llanto de princesas.
La verdadera belleza está en las arrugas de la felicidad...

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domingo, 3 de julio de 2011

A juego con sus ojos

Quiero, con este cuento de hoy, dedicar un pequeño homenaje a todas y todos los que practican voluntariado. Yo querría poder hacerlo, pero en fin. Al menos, vaya mi más sincero aplauso para ellos y ellas.
El jueves pasado obtuve, gracias a la ONCE, la ayuda de una de esas voluntarias que me ayudó a llegar, sin ninnguna incomodidad, a mi boca de Metro habitual en la plaza de Chueca que, por aquello de la fiesta del Orgullo Gay, estaba impracticable. Gracias a ella pude seguir mi itinerario ordinario aunque, no por ello, deje de preguntarme la razón de que, para que unos hagan uso de su propia libertad, otros tengamos que requerir la ayuda de una voluntaria o modificar nuestra rutina y, de ahí, poner en entredicho nuestra propia libertad.
Bueno, que estéis bien y sobrellevéis el calor con alegría.

El reloj de la torre del centenario edificio de la ciudad monumental, anunció la hora. Estaba agotada. Era tarde y lo único que quería era poder recoger lo antes posible para salir hacia la paz de su hogar. Y eso que hacía una noche espléndida.
Dejaría el uniforme de camarera ordenadamente doblado en su taquilla y lo mudaría por la comodidad de una camiseta, unos vaqueros y unas playeras. Llegaría a su casa, se tomaría una horchata bien fría y se acostaría otro día más sola, pero con sus sueños intactos.
Si cierto era que en el pequeño restaurante donde trabajaba la trataban con respeto, no lo era menos que el empleo era duro. La fama del local por lo selecto de las suculentas viandas que en él se ofrecían y lo acogedor del enclave, una antigua cueva que otrora sirviera de refugio a bandoleros y que ahora ofrecía también abrigo pero a los devotos del buen yantar, hacían de él un establecimiento al que acudía la clientela más exigente.
Ella se esforzaba por ser agradable, recomendar sugerencias de la carta y mostrarse siempre simpática pese a que, no pocas veces,su interior estuviese teñido de gris.
La ciudad donde vivía le permitía pasar como un ser anónimo. Había venido de lejos en busca de esos sueños que aún la acompañaban haciendo que no se sintiese varada como aquellos peces que, de niña, contemplaba en la playa de su pueblo. ¿Cómo no buscar horizontes de un futuro distinto al de ellos?
Se atrevió y emprendió el camino, ligera de equipaje pero cargada de esperanza. Sus padres la animaron, claro, querían lo mejor para ella, querían que no siguiese siendo otra más de las mujeres de aquella aldea que aguardaban, siempre resignadas, a lo que les quisiera traer el mar, ya fuera alegría en forma de encuentros o tristeza hecha de pérdidas.
Arribó al sencillo piso de sus tíos, ya mayores, y pronto éstos la acogieron como a la hija que no tenían. Ella quiso ser digna huésped por lo que pronto supo buscarse un trabajo con el que ayudarles.
Su cálido porte, su voz alegre y su afán receptivo la hicieron ser considerada pronto la mejor candidata a los puestos en que solicitó ocupación. Y tan buena resultó que había terminado por recalar en aquel restaurante, el mejor de la zona.
Habían transcurrido ocho meses desde que el dueño de La Trufa la contrató y aunque no parase un instante, estaba contenta.
¿Que cuáles eran sus sueños? ¿Susmetas? No es que fueran muy complicados. Tan solo alegrar la vida a alguien que estuviese triste, desalentado. A veces pensaba que no estaba lográndolo, pero otras sí que lo creía.
Sus compañeras de curro le decían que saliese de fiesta, que buscase novio, que aspirase _como ellas lo hacían_ a dejar eso de ser una simple camarera. Pero ella no les hacía caso, se limitaba a sonreírles y dejar vagar su mirada. Le gustaba mucho mirar,mirar al cielo azul, al ocaso con su puesta de sol rojiza, a los ojos de los que se cruzaban con ella o servía. Porque de todo, y de todos, aprendía, se empapaba. Cuántas veces, en la soledad de su cuarto, apoyaba su frente, en el marco del gran ventanal que daba al parque y, acunada por las cortinas tejidas por la tía, su alma se sentía plena.
Menos mal que no la veían hacerlo. Ella, Laura, sabía que la consideraban una chica rara pero poco le importaba eso. Mientras pudiese hacer lo que le gustaba, ya valía.
Sus ratos libres, a más de colaborar en casa, los dedicaba a pasear y leer, pero sobre todo al voluntariado. Qué bien se sentía practicándolo, ayudando, con su ansia de hacer felices a los demás. Cuando ya estuvo instalada en aquella ciudad y aquel hogar familiar, se preocupó por apuntarse a alguna organización en la que echar una mano. Pronto la encontró. Se trataba de acompañar a personas sin nadie a su lado, dedicarles un ratito, escuchar.
Vamos Laura,se dijo, que ya solo queda un cliente y éste está a punto de terminar.
-¡Qué deseará el señor de postre?
-¿Podría ser un zumo de naranja natural?
-Claro, además está muy bueno. ¿Lo querrá con azúcar o con un poquito de moscatel y fresas?
-Ah, con moscatel y fresas estará bueno. Creo que me he quedado el último, no tardaré, que estará ya cansada.
-Bueno, no se preocupe. Usted disfrute del postre que es lo mejor de la comida. ¿Querrá también café o té?
-No no; bastará con el zumo.
Laura intuyó que aquel señor debía ser especial. Le había tenido que leer el menú porque era ciego, aunque nadie lo pudiera saber de no decirlo él. ¡Tenía unos ojos tan bonitos y profundos!
-Si no tiene prisa, le llevo hasta donde se aloje y así damos un paseo.
-Hombre, encantado de ir tan bien acompañado. Pero no la quiero molestar, que seguro que tendrá sus planes.
-Bah, que no cuesta nada.
Y de ese modo lo hicieron. Él y ella se dirigieron hacia el hotel de él. Laura le contó lo bien que le hacía sentirse eso del voluntariado y él le dijo que se estaba ganando, con su ayuda, una baldosa del paraíso. Y ella sonrió. Y él le dijo:
-¿Sabes? Me creo que esta noche tan hermosa, tan repleta de silencios y misterio, debe de hacer juego con tus ojos, debe ser reflejo de ellos. Lo estoy viendo así, imaginando.
Y Laura volvió a sonreír feliz, notó cómo su fatiga de horas de trajinar de mesa en mesa, cargada de platos y cubiertos, de cortesías amables y de explicar siempre lo mismo, se diluía en un oasis de emoción. ¿Cómo podía haber percibido aquel señor privado de vista lo que a ella le era preciso para iluminar sus jornadas?
Y esa noche, mientras, ya en su hogar, paladeaba su horchata fresquita, notó que, otra vez más, después de hacer voluntariado, su vida continuaba teniendo sentido.

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sábado, 2 de julio de 2011

Mis lecturas de verano, 2011

Sin apenas habernos dado cuenta el verano ya está aquí. Las piscinas y terrazas repletas, los vestidos cortos y las sandalias que tan sugerentes suenan evocando en este ciego imágenes de guapas mujeres, los proyectos de vacaciones y viajes.
Ojalá que a todo este paisaje podáis sumaros y, que lo hagáis, con ilusión y alegría compartida.
Yo, por mi parte, siempre a vuestro lado, quiero sugeriros algunos librillos para que os acompañen y ayuden a pasar buenos ratos.
Que así sea.
¡Un brindis con algo fresquito por vosotras y vosotros!

Los caballos de mi vida
Monty Roberts
Ed. tutor, 2005
Memorias literarias
Todos los caballos que aparecen en este libro, desde Ginger, el caballo de Western, hasta purasangres de carreras, mundialmente famosos, han aportado algo único a la comprensión y conocimiento del autor acerca de la especie equina. Cada uno de ellos, representa una piedra de un collar, añadidas una a una, para que el lector pueda disfrutar de unas historias, llenas de entusiasmo y afecto, y que sirvan de sentido homenaje a estos animales.

Caligrafía de los sueños
Juan Marsé
Ed. Lumen, 2011
Novela realista
A mediados de los cuarenta, Ringo es un chiquillo de quince años que pasa las horas muertas en el bar de la señora Paquita, moviendo los dedos sobre la mesa, como si repasara las lecciones de piano que su familia ya no puede pagarle. En esa taberna del barrio de Gracia, el chaval es testigo de la historia de amor de Vicky Mir y el señor Alonso: ella, una mujer entrada en años y en carnes, ingenua y enamoradiza; él, un cincuentón apuesto que ha acabado instalándose en su casa. Allí viven junto a Violeta, la hija de la señora Mir, hasta que sucede algo inesperado.

La lavanda silvestre que iluminó París
Belinda Alexandra
Novela de aventuras
Una recreación absorbente que nos sumerge en la vida y los amores de una mujer sin igual a la que acompañaremos desde los barrios más destartalados de Marsella a las salas de grandes conciertos del París más bohemio, desde el campo de la Provenza al decadente ambiente de Berlín o a las lujosas avenidas de Nueva York antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Lo que dicen tus ojos
Florencia Bonelli
Ed. Punto de lectura, 2007
Novela romántica
Pasión en los palacios más deslumbrantes del desierto de Arabia. Nada más iniciar una brillante carrera en el diario que dirige su padrino y mentor, la joven periodista Francesca de Gecco sufre un terrible desengaño amoroso. Solo el tiempo y la distancia podrán curar una herida tan profunda, y por eso la muchacha acepta un puesto en la embajada de su país en Ginebra. Sin embargo, esa ciudad sólo será la primera etapa de un viaje mucho más largo.

La mujer del faro
Ann Rosman
Ed. Salamandra, 2010
Novela de intriga
Apasionada de la navegación a vela y de su trabajo de policía, Karin Adler espera la ocasión de emprender su primer caso criminal. Por fin, cuando en el viejo faro de un islote frente a la pintoresca villa de Marstrand aparece un cadáver detrás de un tabique, la investigación cae en manos de Karin y de su compañero, el puntilloso agente Folke.

El Nilo Blanco
Alan Moorehead
Ed. Alba, 2003
Literatura de viajes
La búsqueda de las Fuentes del Nilo, un misterio que había intrigado a los europeos desde los tiempos de Tolomeo, constituye una de las grandes epopeyas de la exploración del siglo XIX. En "El Nilo Blanco", un auténtico clásico de los libros de viajes, que se presenta aquí en nueva traducción y acompañado de grabados originales de la época, Alan Moorehead revive los episodios más notables de esta aventura. La primera expedición emprendida por Richard Burton y John Hanning Speke, la lucha contra la malaria de Baker del Nilo y su mujer, el famoso encuentro entre Stanley y Livingstone, y las consecuencias de sus descubrimientos: la construcción del Canal de Suez, el nombramiento del general Gordon como gobernador de Sudán, su trágico fin a manos de los rebeldes islamistas de El Mahdi, así como las disputas entre los poderes coloniales que se saldaron con la primacía británica sobre gran parte de África Central.

Prométeme que serás libre
Jorge Molist
Ed. Planeta, 2011
Novela histórica
Una mañana de 1484, una galera pirata asalta la aldea de Llafranc. Ramón Serra muere defendiendo a su familia, pero no puede impedir que su esposa y su hija sean secuestradas. En su agonía le pide a su hijo de doce años: «Prométeme que serás libre». Al perder a su familia, Joan, junto con su hermano pequeño viaja a Barcelona. Allí trabaja como aprendiz en la librería de los Corró, a los que llega a querer como a sus nuevos padres. Son tiempos convulsos y el librero es quemado junto con su mujer en la hoguera de la Inquisición por defender, precisamente, que la lectura es libertad. La nueva pérdida reafirma a Joan en sus tres deseos fervientes, rescatar a su familia, recuperar a su amada casada en Italia y convertirse en librero, pero, acusado de matar a un hombre, será condenado a remar en galeras a bordo de la nave del temido almirante Bernat de Vilamarí. Cerdeña, Sicilia, Nápoles, Roma y Génova serán los escenarios de su odisea. Participa como galeote y artillero en diversas batallas, conoce a personajes extraordinarios, se ve envuelto en sus intrigas, y lucha con desesperación por su amor y por cumplir su promesa.

Shalimar
Rebecca Ryman
Ediciones B, 2010
Novela de aventuras
Emma Wyncliffe, una joven inglesa que vive con su familia en Delhi a finales del siglo XIX, se rebela contra los convencionalismos de la pudiente sociedad en la que convive a diario. A pesar de ello, se verá obligada a casarse con un completo desconocido. Con el tiempo irá descubriendo el oscuro pasado de su marido, un hombre sospechoso de actuar como espía...

Tonto el que lo lea
Arturo González Campos, Sergio Fernández
Ed. Espasa, 2010
Literatura de humor
En una época en que la piscina de bolas era un montón de piedras, la consola era un palo y una pelota para jugar al frontón y en los coches no había DVD para ver pelis, nacieron un montón de seres humanos que ahora se compran libros. Este es un homenaje a ellos, a sus padres, a sus hijos y, sobre todo, a nuestra hipoteca... ¿Quién no recuerda alguna frase que decíamos cuando éramos pequeños como "En mí rebota y en tu culo explota"? ¿Y los pastelitos Tigretón y la Pantera Rosa? ¿Y los Juegos Reunidos? Basado en una sección del programa de radio "La parroquia del Monaguillo" de Onda Cero, Tonto el que lo lea recoge con mucho humor y nostalgia aquellos juegos, frases, programas, etc, que hace treinta años nos eran tan familiares.

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martes, 28 de junio de 2011

La maldición de la prisa

Qué pena que el tiempo haya impuesto su tiranía en nuestras vidas. Que para todo tengamos que apresurarnos, bebernos los momentos con ansia de sediento caminante por el desierto.
Todo debe ser hecho al instante, al compulsivo golpe de un clic.
La prisa nos gobierna, las cosas han de hacerse para ayer y, aun sin verlo, sé que en este Madrid de hoy, todo el mundo corre sin pausa, empujando al viento que debería abrazarnos.
¿Y no sería mucho mejor, acaso, disfrutar a lo lento? ¿Alargar lo que vivimos, saber detenernos en un punto, extasiarnos en el placer del momento?
Resistamos la tentación de devorar, pongamos una pausa en los sentidos, disfrutemos, atesoremos. Huyamos, en fin, de esa maldición convertida en hacerlo ya, ahora, en el momento, vamos, deprisa, ascape, corre corre.

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domingo, 26 de junio de 2011

Albino y la anciana que rompía los nudos al mirar

Albino Blanco, con su pelo de nieve, su piel pálida y sus ojos claros sabía que de nada le valía esperar, que por mucho que aguardase la venida del ser anhelado, éste nunca llegaría como él deseaba, y necesitaba que lo hiciese.
Y aun teniendo esa certeza, se negaba a aceptarla, mantenía la expectación porque, por poco que fuese, la mera insinuación de la promesa de la presencia codiciada en forma de llamadas, ya le era suficiente. Algunos le habrían dicho que se conformaba con migajas, pero qué más le daba que lo fueran, si le caían cual maná en su tenebroso existir.
Con su bastón blanco, en ristre, no se resignaba. Cómo iba a hacerlo. Su vida era una continua contradicción: la blancura de su nombre y aspecto versus la negrura a que tenía que enfrentarse siendo ciego como era. Conducirse con un blanco trozo de metal por caminos oscuros, trasmitir sol con la energía de la sonrisa mientras que para él todo era sombra.
¿Cómo podía ser que no desesperase? Algunos dirían, otra vez, que no podía atribuirse si no a un increíble milagro.
Y, sin embargo, ahí estaba eternamente avanzando hacia delante, soñando siempre con descubrir quién sabía qué, aferrándose al deseo, tal vez vano, de hacerse visible en medio de su invisibilidad.
Le dijeron: “vente con nosotros”. Mas él no quiso. Marcharía solo en pos de otra aventura. No le entendían, le criticaban pero no cejaba en su obcecación. Volvió a partir solo, quiso perderse por cerros y veredas, recorrer nuevos itinerarios.
Y sí, lo hizo, volvió a hacerlo, se empeñó y triunfó.
Era una tarde de sol veraniego, de grillos y chicharras, de sed. Con su sombrero y su bastón, con su ímpetu viajero se adentró desde el Mirador buena paradoja, un ciego yendo a un mirador_ y dio con la senda, primero de graba y luego de hierba. Siguió por ella, ¿sabría luego regresar? Qué importaba si estaba disfrutando de su nuevo peregrinaje. Percibió cómo el calor declinaba entre los árboles y hete aquí que alguien le preguntó:
-¡Dónde vas tan solitario?
Y Albino se confesó, porque la anciana voz que le interpelaba, preñada de matices, al par bondadosos y al par tristes; era agradable y intuyó que tampoco ella tendría prisa porque en los pueblos esa palabra casi siempre carece de sentido. Le habló de su dicotomía, de sus pensamientos y afanes, de sus luchas de caballero andante perdido.
¿Y ella?
Sentados sobre un grueso tronco caído, a la sombra, le explicó que se llamaba Lucía, que el reloj de sus días estaba tocando a su fin, que había tenido que exiliarse del mundo en aquel rincón boscoso para no hacer más daño al mirar. Y es que, una rara cosa le sucedía desde que tenía memoria: cuando fijaba su vista en algo, si estaba anudado, los lazos que lo mantenían firme se deshacían cual arena devorada por las olas de un mar bravo. Que primero pensó arrancarse los ojos, luego velarlos con vendas opacas y, por último, optó por escapar.
Las redes de los pescadores de su pueblo se arruinaban ante su mirada, los manojos de alimentos y plantas curativas puestas a secar por las madres se volatilizaban haciendo que se perdiesen, los bikinis de las turistas se desanudaban desnudando sus cuerpos. Nadie la quería, todos se lamentaban de su existencia, la veían como a una maldición. Se fue del pueblo aun pese a la oposición de sus padres que tanto la querían y necesitaban. ¿Qué iban a hacer sin su Lucía, su único vástago?
Y aquellos dos seres excluidos, se comprendieron, se sintieron cómplices. Los nudos que Lucía deshacía al mirar, se anudaron esta vez para unir sus almas.
Albino percibió un nuevo amanecer. Aguzaría su oído para escuchar el titilar de las estrellas que serían mensajeras de vocablos de paz, ánimo y aliento.
Lucía le pidió que regresase allá de donde venía y que inventase historias de príncipes encantados, hadas bondadosas, exóticos palacios habitados por duendes y héroes de cuento, zapatos que se enamorarían en vagones de Metro, botellas lanzadas al mar en busca de islas donde reina la ilusión o dragones tristes que, en realidad, únicamente son seres vacíos necesitados de afecto. Porque siempre que narrase uno de esos cuentos el corazón roto de quienes le escuchasen se volvería a soldar y retornaría a latir con la fuerza de la magia, hecha palabras de luz, de cariño y cálido acompañamiento.
Albino le imploró a Lucía que le mirase aunque él no la viera. Ella, entre lágrimas lo hizo. Supieron que, gracias a los cuentos, ya nunca se sentirían aislados, olvidados, inmisericordemente solos.
Y, mientras él, retomaba la danza de su muñeca en acompasado compás con su bastón, hollando la alfombra de aquel refugio, las hojas de castaños y olivares se pusieron a cantar, animadas por la alegre música de la brisa del atardecer.
Y, sin él saber cómo, arribó a una plaza porticada en la que unos artistas, con vocación de juglares, estaban narrando cuentos. Les pediría que le dejasen sumarse a la fiesta y, desde ya, empezaría a practicar la misión que Lucía le acababa de encargar, poniendo en el intento su mejor hacer.
Y Albino, a partir de aquel instante, no sería nunca tan solo Blanco de nombre, lo sería también de espíritu por el brillo que emanarían sus relatos y el fuego que los alimentaría.

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sábado, 25 de junio de 2011

Úbeda, vista desde la ceguera

Y mientras media España, el pasado jueves día 23, soñaba con que el fuego purificador se llevara, con sus brasas, los malos momentos vividos este año y otros muchos celebraban al Santísimo, con el día del Corpus (uno de aquellos jueves que brillaban más que el sol) yo me decidí por tratar de adquirir otra nueva experiencia viajera.
Se trataba de visitar la Ubbadat al_Arabi musulmana, aquélla donde uno puede perderse por sus cerros si se pone a divagar. Sí, así es; lo habéis adivinado: hablo de Úbeda, ciudad de la provincia de Jaén.
El plan trazado era como el de otras veces: reserva en el Parador, llamada a la Oficina de Turismo para recabar información acerca de visitas guiadas y de cómo llegar, y búsqueda de información en Internet. Además, claro, de ilusión, mucha ilusión.
Más allá de la reseña de los monumentos que encierra la ciudad, declarada, junto con Baeza, Patrimonio de la Humanidad en 2003; vayan aquí mis particulares impresiones, lo que ha quedado grabado en esta memoria de cegato viajero y zascandil.

Una estructura urbanística que combina el pasado árabe con sus callejuelas y plazoletas; y el renacentista, con sus palacios de estructura racionalista, sus casas solariegas y sus espacios abiertos. Incómoda para moverse con el bastón, pero evocadora por su rica Historia.
La emoción de estar alojado en un palacio del siglo XVI, con su patio interior acristalado y la fuente que le da frescor y sosiego; la habitación con sus molduras, sus jarrones de cerámica típica en la que se destaca el enrejado, sus puertas con cuarterones de madera y cerraduras de la época; o el reloj de la plaza que, con sus tañidos de campana, marca las horas, incólume al paso del tiempo.
Otra vez más, el excelente trato recibido del personal del Parador, con su director al frente, pero también de las gentes con las que me he topado en estos días, que han hecho que me sintiese como en casa y que pudiera traerme vívidas imágenes de lo visitado.
Satisfacción al saber que delante de mí, estaba contemplando enclaves tan significativos como la casa museo donde falleció San Juan de la Cruz (por cierto, que me cuentan que está caracterizado con una calavera, su hábito carmelita y la pluma con la que escribir sus versos, bastante tétrico; además de que me narran el milagro de Sabiote, por el que proveería a un pobre campesino de espárragos verdes en abundancia) o el Mirador desde donde se divisan las sierras de Cazorla y Segura, y más aún, los famosos cerros, que no son tales si no la excusa que pusiera el conquistador de la ciudad, Fernando III el Santo para justificar el retraso a su llegada en una reunión con sus generales para ocultar la realidad del encuentro con una hermosísima mujer árabe.
El sentimiento de cierta pena al saber que no pocas casonas, otrora nobles, ahora están abandonadas, en estado de decrepitud, como es el caso del palacio donde naciera el principal prohombre del lugar: Francisco de los Cobos, que fuera poderoso secretario del emperador Carlos I.
Toco la pila bautismal de la Colegiata de Santa María, estrellas de David, en no pocas construcciones (a modo de firmas), las roldanas donde amarrarían las caballerías los habitantes, los arcos lobulados del Museo Arqueológico o la puerta del modernista Teatro Ideal
La casualidad, hecha cuento. Sin sospecharlo, resulta que se desarrollaba la XII edición del festival de cuentacuentos, “Úbeda cuenta” pudiendo asistir a dos de las representaciones con plena normalidady disfrute (imaginaos qué alegre casualidad para mí, tan cuentista como es uno). Lo mismo que el encuentro con un señor, cuya sobrina también es ciega y que me ha hecho de guía particular y complementario, llevándome a visitar un horno de alfarero y narrándome historias curiosas que no aparecen en los libros.
Y cómo no: la excelsa gastronomía a base de productos de caza, como esa ensalada de perdiz; el ochío, producto típico a modo de panecillo relleno de morcilla o picadillo; los andrajos, pellizcos de pasta guisada con bacalao y menta; y esos postres, como el soberbio milhojas o la copa de helado con tres bolas: sandía, manzana verde y mandarina.
¿Y me diréis: no hay anécdotas?
Llegar a la estación de autobuses y preguntar si está lejos el Parador para ir andando y que te digan: ah, sí que lo está; ya te llevo yo en mi coche.
Ir a la primera sesión de cuentacuentos, en un pub muy agradable y que a tu lado se siente alguien (una señora, cómo no) y te empiece a audiodescribir los gestos que hace la intérprete. Y como hace mucho calor, saca el abanico y yo le digo: “Me dejas que abanique yo?” Pensaría que vaya chapucero que estoy hecho con eso de darle a la muñeca. En fin, que no es lo mío lo de abanicar.
Viendo el taller de alfarero, en el patio donde secan las piezas, hay una higuera repleta de brevas dulcísimas. Ya se sabe: “te veo de higos a brevas” (pues como tenga que verte yo… ya me las puedo comer todas y darme el atracón, que ni por esas).

Otro periplo más, otra cultura adquirida,otra batallita que contar.
¿Y la próxima? En un mes lo leeréis.

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martes, 21 de junio de 2011

El libro de su vida

A cuenta de la siguiente anécdota, ¿qué libro escogeríais vosotras y vosotros? ¿O diríais lo mismo que Chesterton?
Yo me quedaría con uno en el que se recogiesen vuestras dedicatorias y pensamientos, vuestros sueños y confidencias. Sería la mejor manera de no encontrarme solo.

Cierta publicación literaria de Londres promovió entre sus lectores una encuesta sobre el libro favorito de cada uno. El planteamiento de la encuesta era el siguiente: "Si usted fuera un náufrago en una remota y aislada isla desierta, y pudiera solicitar un único libro para su entretenimiento... ¿qué título escogería?". Rápidamente, los lectores cubrieron con sus propuestas un amplio espectro de géneros y épocas: obras de Shakespeare, tragedias griegas, libros de filosofía... la Biblia, etc. Cuando los redactores hicieron la pregunta a Gilbert Keith Chesterton, un escritor con gran sentido del humor y de conocido afán polemista, éste respondió con gran presteza: "Pues, nada me haría más feliz que un libro titulado Manual para la construcción de lanchas".

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domingo, 19 de junio de 2011

El jilguero

El lunes pasado, mientras paseaba cogido del brazo de mi padre, por los campos de mi pueblo, escuché el trinar hermoso y vivo de unos pájaros. Quién sabe si no se contarían la historia que ahora yo os traslado.
Feliz domingo y buena semana veraniega sanjuanera.

El jilguero, con su trino cantarín de aquella mañana llegó al brocal del pozo que tantas veces, la distinguida señora, ya anciana, había contemplado desde su amaca en el patio de la casa, un edificio ya centenario pero en el que hacía una eternidad le conoció a él.
Tú me enseñaste que debía empezar mis días desde aquí. Recibir la savia de la fragancia de jazmines, sándalos y lavandas; empaparme de las sensaciones que me evocasen tu presencia; y recordar, con la lectura de aquel último libro que me regalaste, que siempre estarías a mi lado, que por muy lejos que te hubieses marchado, te sentiría eternamente cercano, apretado a mi alma.
Con nostalgia de ayeres, me dispongo a vestir mis labios de una tenue capa de carmín, como a ti te gustaba. Siempre decías que, al besarlos, su sabor a fresa se acrecentaba con él. ¿Te acuerdas?
Ay ay ay. Hace tanto tiempo que no nos vemos, que no enlazamos nuestras manos con nudos de amor.
El gentil pajarillo sigue acompañándome. Uy, ¿será mi imaginación o es que me está mirando? Su pico, su suave plumaje de vivos colores
Y su ternura me escoltan esta mañana de domingo.
Bienvenido, cantor alegre que haces mudar mi melancolía. Déjame que beba un sorbo de este té helado que he preparado. Cómo me recuerda a él,.
Porque sí, cada instante, cada soplo de tiempo, cada bocanada de esta brisa tan vivificante hacen que él sea inmortal.
¿Por qué tuviste que llevártelo, Dama Negra? ¿Por qué me dejaste aquí?
Uy; ven, pajarillo. Pósate en mi dedo índice, confía en mí, déjame que te acaricie. ¿Y si tú fueras él?
Como si la pequeña avecilla comprendiese su triste soledad,se acurrucó en el hombro, junto al cuello, pegando su pico a la oreja de la mujer. Y entonces ella sonrió.
Si alguien la hubiera estado observando en aquel momento, habría visto cómo sus ojos se preñaban de luz, se agrandaban, resplandecían. ¿Qué pudo ser lo que un sencillo pajarillo le susurró? ¿Qué lo que ella entendió?
¿Sería, acaso, una llamada?
Cuando la chica que venía a hacerle compañía y animarla a que saliese de aquella casa, un mausoleo _dirían algunos_, llegó a eso del mediodía, la encontró… ¿podríamos decir que dormida? Otros afirmarían que, al fin, había partido al lugar de los sueños. De lo que nadie podría dudar es que la muerte no había podido llevársela triste. La paz de su rostro y unos labios, recién pintados de carmín, que sonreían, demostraban que marchó feliz al encuentro con quien tanto amó.
Y mientras todo eso sucedía, un alegre y sonoro trinar no dejó de sonar. Pocos se fijaron en ello, hubo otros que murmuraron reniegos,mas no cesó, no calló hasta que la tierra no dio su abrazo definitivo a aquella vieja mujer tan enamorada.

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jueves, 16 de junio de 2011

Cuando todos los días resultan iguales...

...es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo.

El escritor brasileño, Paulo coelho nos deja esta frase tan acertada .
Cierto que, a veces, se nos hace difícil apreciar, ver, disfrutar... esas cosas nuevas con las que uno puede encontrarse en el día a día. Pero, ¿no es bastante aliciente el esperar a que alguien te regale una sonrisa, te ayude? O quizá, ¿que nos salga al encuentro una imagen hermosa, una sensación evocadora, una noticia esperanzadora?
¿Por qué no? ¿Quién sabe?

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martes, 14 de junio de 2011

Las tablas de Daimiel al atardecer


Carlos de Hita, con su descripción en su artículo de el diario El Mundo casi hace que los escuchemos. Pongo aquí sus palabras para evocar ese mundo de sonidos y colores que estos días de finales de primavera adornan los campos de nuestra geografía.
Yo ayer tuve la suerte de vivirlo, cuando paseaba con mi padre por el campo en mi pueblo soriano. Qué delicia de música.
Os invito a que podáis hacerlo vosotros también, disfrutando e imaginando.

Ciertos títulos, más que orientar, crean desconcierto. Sobre todo entre los profanos. Puede que sea el caso, pero desconcierto es lo que producen determinados sonidos cuando se recorre un cañaveral a la hora del crepúsculo. No hay lugar más intrincado, ni sonidos más misteriosos que aquellos que parecen salir del barro, entre los tallos impenetrables de carrizos, juncos, masiegas y demás vegetación palustre. Algunas de esas voces pertenecen a unos desconocidos de la mayoría: rascones, calamones y polluelas.
Hoy volvemos a las Tablas de Daimiel. Un gruñido sordo se escapa del fango, a nuestros pies. Estamos en la orilla de una laguna cercada por una espesa masa de carrizos. Eso, unido a la caída de la luz, cierra el horizonte visual a unos pocos metros. El sonido es el encargado de dibujar la laguna que se abre por detrás. Una imagen sonora armónica, sin altibajos ni estridencias.
A estas horas en las que de la lámina de agua emerge una vaharada de frescor, emerge también el clamor de los anfibios. El oído avezado podrá diferenciar a las ranas comunes de las ranitas de San Antón. Oirá el mugido regular del avetorillo. Y el ronroneo continuo de la buscarla unicolor, un pájaro que imita las estridencias de los grillos.
El gruñido persiste, quedo pero insistente; sube de intensidad y se vacía en un leve suspiro. Procede de un rascón, un ave que pasa la vida oculta entre los carrizos. Oculta pero nada discreta. En realidad su voz habitual es muy distinta, un martilleo agudo, penetrante, que se acelera, para, se tensa… y acaba en otro gruñido.
Pero el rascón no es el único en desentonar sobre la armonía de la hora. También oculto entre las cañas, chapoteando en el barro, muge un calamón. Otro ejemplar le da la réplica.
Avanzamos unos pasos por el fango de la orilla, al abrigo de la oscuridad. El camuflaje en el claroscuro de las cañas es perfecto: dos zampullines chicos nos ignoran. Una focha estornuda con discreción. Otra chapotea a la carrera, y con las ondas que se extienden sobre el agua, se extiende también el silencio de la noche. Un grito agudo, imperativo, que arranca y se detiene, destaca sobre la calma. El tercer habitante de la espesura se manifiesta: reclama una polluela bastarda.

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jueves, 9 de junio de 2011

Lo intentó

Una vez más, él se quedó solo. Fue el único en quedar atrás, en ser olvidado.
Y miren que se había esforzado por ser de los de ellos pese a saber que lo tendría difícil por haber sido el último en llegar. Luchó, resistió y participó mas todo resultó en vano. Al final fue, nuevamente, rechazado.
Entonces, si sabía que no acabarían haciéndole suyo, ¿por qué quiso intentarlo? ¿Qué necesidad había tenido?
La respuesta era sencilla: su alma no le dejaba opción. ¡Tenía que intentarlo!
El aliento de su espíritu inquieto, con hambre de superación, le insuflaba la energía necesaria para seguir siempre hacia delante, mantener la ilusión en esforzarse por estar y aportar.
¿Quedaría algo de todo aquello pasado el tiempo?
Él no podía saberlo pero sí sabía que lo había intentado aunque, poco a poco, fuera dándose cuenta de que no podía, de que no era capaz de hacer otra cosa que ceder, dejarse olvidar.
Ya estaba. Volvería a su mundo de grises y rutinas, esperaría que, el destino volviese a darle otra oportunidad y, mientras tanto, soñaría con héroes y caballeros, con hazañas legendarias y con triunfos con nombre de ofrecerse y regalar felicidad, de ayudar a que el mundo, aunque fuese de forma tenue y sencilla,mantuviese una cara en la que permaneciera siempre viva una sonrisa y una chispa de luz.

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miércoles, 8 de junio de 2011

Felicidades, Bonnie Tyler

Gaynor Hopkins, nacida el 8 de junio de 1951 en Skewen, Neath.
Cuando era adolescente, cantó con un grupo llamado “Bobby Wayne And The Dixies”, después del cual formó su propia banda, llamada “Imagination”. Adoptando diferentes nombres escénicos hasta establecerse definitivamente como Bonnie Tyler, durante casi una década ella y su banda actuaron en pubs y nightclubs a lo largo de todo el sur de Gales. En 1975 Bonnie Tyler grabó su primer single para RCA Records llamado "My My Honeycomb", que no consiguió entrar en las listas de ventas. Su éxito con "Lost In France" llevó a Tyler a grabar su primer álbum en 1977. Titulado "The World Starts Tonight"
Hacia el año 2004 Bonnie Tyler aparece nuevamente en escenarios, la joven cantante francesa Kareen Antonn y ella grabaron un dueto. "Si Demain", la versión francesa de "Total Eclipse of the Heart", fue lanzado en enero de 2004 y fue un número uno en Francia, Bélgica y Polonia.
Pocos artistas pueden vanagloriarse de tener en su haber tantos éxitos mundiales. Ella sí. Bonnie Tyler, la cantante de voz rota que cautivó a medio planeta en los años setenta y ochenta con canciones como «It´s a heartache», «Holding out for a hero», «Total eclipse of the heart» o «Lost in France», vive ahora una segunda juventud.
Dicharachera, amiga de relatar una anécdota tras otra, recuerda que antes de grabar su primer álbum, «The world starts tonight», pasó varios años cantando en un local de Gales, hasta que una noche apareció un cazatalentos de Londres que, por casualidad y también por equivocación, siguió su actuación y quedó prendado de su voz. Vendría luego un estrellato que ella no buscó expresamente. «Nunca he tenido sueños de pop-star o de superventas. Hoy podría seguir cantando en aquel club en el que comencé en 1969 porque amo estar sobre un escenario y no necesito el éxito para salir a escena». De todos modos, cuando le llegó la oportunidad, «la agarré con las dos manos».
Felicidades, feliz cumpleaños a una cantante cuya voz siempre me ha resultado muy evocadora.
Aquí uno de sus temas clásicos.

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lunes, 6 de junio de 2011

El regalo de la buena compañía

Cuando tanto se habla de aislamiento, soledad y abandono. Cuando hay tanta gente que vaga sola, perdida entre la multitud. Cuando hay personas que no tienen con quien compartir momentos de alegrías y tristezas.
Mientras que, desgraciadamente, todo eso sucede con mayor frecuencia de la que debería, yo puedo presumir de que disfruto del privilegio que supone recoger el regalo de la buena compañía.
Este fin de semana lo he recibido en plenitud, gozando del afecto, el cariño y la cercanía de buenas personas que me han hecho ver, a mí tan cegatón, que soy poseedor de uno de los mejores tesoros con los que uno puede soñar: el saber que no estoy solo, muy por el contrario.
He tenido llamadas telefónicas y encuentros que me han hecho feliz.
¿Quién me iba a decir a mí que se me querría con tanta nobleza y de corazón?
Qué mágica ilusión (pero a la vez, tan real) escuchar, por fin, a alguien de la que hasta entonces sólo tenía sus virtuales besitos volados de Brujita que ve el mundo desde su escoba, de que me recordasen tras años de no habernos visto y de que me acompañasen porque ellas así lo quisieron.
Gracias a esas personas especiales que me dieron compañía, acompañamiento, compartieron (todas palabras con la partícula común de juntar, unir) y que me hicieron el mejor de los regalos en un 5 de junio que ha pasado a formar ya parte de mi historia.
Más allá de lo que Ciudad Rodrigo me aportó (con su Historia, sus monumentos y leyendas, su gastronomía y las sorpresas con que se me obsequió; lo verdaderamente importante y esencial fue esa demostración de estar acompañado.
Gracias por ese privilegio que me habéis concedido.

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domingo, 5 de junio de 2011

El doctor Aaachís

Como siempre, aunque hoy algo más tarde de lo habitual, os dejo mi cuentecillo.
Que vuestro domingo haya sido tan feliz como el mío.

El doctor Aaachís, llamado así por sus continuos estornudos, no vayan a pensar, oigan, se empeñaba en demostrar sus teorías a todos cuantos quisieran escucharle. Se reía, burlesco, de otro doctor, el bacterio de ciertos tebeos y eso que él no le iba a la zaga en ingenios disparatados.
Tenía su público, cómo no. Esperar sus genialidades era garantía de acabar sonriendo desternillado. Ahora que también acarreaba riesgos de siniestro. Pero bien valía la pena el peligro ante el resultado probable de diversión impagable.
Imagínense a un hombre que en la oreja portaba un diminuto microscopio, en vez del lapicero de los sastres ya extinguidos,que por bata calzaba una túnica plagada de remiendos y partes descoloridas lamidas por buenas dosis de aguarrrás y que por gafas, míope como era, lucía dos culos de botella de buena Manzanilla, unidos por un cordel.
Y, no obstante, estaba seguro. Algún día descubriría la sinfonía final, el invento de los inventos, la panacea.
¿La panacea? Ah, sí; el amor de su vida. La gentil doncella que velaría su vejez. Infeliz, ¿cómo podía ignorar que Panacea no era apelativo de mujer?
Así, él siempre buscando y buscando. Ninguna de cuantas seguían la senda de sus ingenios le satisfacía. Y miren que él preguntaba: ¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu nombre?
Y un día, bueno, no; una noche de luna una lechuza se cruzó en su camino, tropezó con su hombro… ¡Zas!
-Uy ¿quién osa y se posa en mí?
-Panacea, panacea, panacea, panaceaaaaaa.
Y el ave, otrora y siempre representación clásica de la sabiduría, de la simpar Atenea, continuó vuelo inalcanzable para el desdichado de nuestro doctor que, otra vez más, se dijo: ”la he tenido tan cerca… Nunca la podré conquistar ni poseer.”
Y se sentó, desinflado, descorchado, en lo que creyó era un banco, el primero que halló; cuando en realidad no era otra cosa que la tapa del cubo de basura tirado en medio de la acera de una calle cualquiera de una ciudad cualquiera.

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jueves, 2 de junio de 2011

La tierra de las cuevas pintadas

Hace más de 15 años, dos amigos míos, hoy fallecidos ambos (y a los que recuerdo con no poca nostalgia), me hablaron de una novela que estaba muy bien. Tenía los mejores ingredientes para ello: aventuras, evocación histórica, más bien prehistórica, romance, magia, viajes…
Yo ice caso de su recomendación, cómo no, y me enganchó, claro que sí. Se trataba de la primera entrega de una serie titulada “Los hijos de la Tierra”, de Jean Auel, “El clan del oso cavernario”.
Hoy he empezado la 6ª y última parte de dicha serie, “La tierra de las cuevas pintadas”, y no he podido evitar acordarme de ellos. ¿Les habría gustado como la primera? ¿Será igual de emocionante?
Yo no lo sé, lo que sí tengo claro es que, a la vez que sigo las aventuras de los protagonistas, pensaré en Juan Rafa y Carlos.
¿Cómo acabará?
Al menos, aun creyendo que podría haber sido menos extensa, lo cierto es que es una buena forma de acercarse a la remota época del Paleolítico, al mundo de nuestros lejanos antepasados.
Ayla y Jondalar me acompañarán estos días ahora, ya, en calidad de sonido digital frente a aquellas cassettes que nos la trajeron hace tanto tiempo.

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martes, 31 de mayo de 2011

Ripio

Ya se sabe: “Fulano no pierde ripio”, vamos que no se deja ni una por pequeña o insignificante que sea.
¿Cuál es el origen de ripio?

Una de las definiciones más simples del cuento como género literario es la del cuentista uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937), el autor de “Cuentos de la selva”, quien afirmaba que «un cuento es una novela despojada de ripios». Es claro que en este caso ripio tenía el sentido de 'relleno', 'exceso'.
Según el Diccionario de la Real Academia, ripio significa:
1. Residuo que queda de algo.
2. Cascajo o fragmentos de ladrillo [...] desechados o quebrados.
3. Guijarro.
4. Palabra inútil o superflua que se emplea viciosamente con el solo objeto de completar el verso, o de darle la consonancia o asonancia requerida.
5. En cualquier clase de discursos o escritos, o en la conversación familiar, conjunto de palabras inútiles o con que se expresan cosas vanas o insustanciales.

Quiroga se refería a las acepciones 4 y 5, que constituyen el sentido figurado de ripio, palabra proveniente del latín replum, derivado del verbo replere 'llenar' (repleto,).
Replum dio lugar a la palabra mozárabe rípel 'cascajo', a partir de la cual se formó también el vocablo portugués rebo 'guijarro'.

Espero que, a partir de ahora, no me digáis que en las entradas de Tiflohomero hay muchos ripios, jejejjeje.

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domingo, 29 de mayo de 2011

La misteriosa samaritana

Quiero dedicaros el cuento de hoy a todos cuantos me ayudáis y hacéis que no me sienta solo.
Feliz domingo y mejor semana.

Él, por fin, desde hacía unos días, había recuperado la ilusión de la manera más inesperada.
Él que siempre dejaba transcurrir unos minutos a la hora de la salida de su trabajo para evitar la aglomeración en la puerta y rehuir las prisas de sus compañeros que apenas si se detenían para decir “hasta mañana” o “que tengáis buena tarde”. Total, a él nadie le aguardaba en casa, nadie le esperaba con la mesa preparada para comer acompañado. ¿Qué necesidad tenía de apresurarse?
A él que tanto pavor le produjo, al principio, el Metro, esos trenes misteriosos que circulaban en la oscuridad, que era vencido por la sensación de caer en el vacío de las vías, que tuvo que luchar para dominar el fantasma del miedo a perderse en los laberintos de sus pasillos. Pero que, como en tantas otras pruebas, lo logró.
Él que tuvo que habituarse, con su ceguera y su bastón, a vivir en la gran ciudad, que se adaptó, superó los miedos y encontró el camino.
Ese mismo él, que ya se movía despreocupado entre obstáculos y tropiezos, que había visto cómo algo mejoraba, cómo los andenes de aquel temido Metro eran señalizados, que había aprendido, a base de memoria y práctica, a subir y bajar de los vagones con seguridad.
Él que ahora ya se había instalado en la rutina, sí; había recuperado la expectación ante la promesa de un fugaz, pero tentador encuentro.
La semana anterior, alguien, una mas de las personas que se cruzaban en su deambular cotidiano le había ofrecido su ayuda para subir al primer vagón. Eran las tres y cinco. Aceptó el ofrecimiento, claro. Tenía una voz tan bonita y la percibía como tan simpática que no quiso resistirse, al contrario.
-Muchas gracias, guapa.
Qué curioso, al día siguiente, y al siguiente volvieron a encontrarse y ella volvía a tomar su brazo y ayudarle.
-Soy la de cada día.
-Lo sé. Y bien que me alegro. Por muchas veces. Que tengas buena tarde.
Éstas eran las pocas, pero corteses, palabras que mantenían. Él sabía que la misteriosa samaritana se bajaba dos estaciones después, mientras que su ruta continuaba más allá.
Lo que había comenzado como una ayuda más, ahora para él se había convertido en una intriga. Nada sabía de ella, ni qué físico tendría, ni cómo se llamaría, ni de dónde vendría o adónde iría. Preguntas, preguntas que se fijaban en su mente, que, por qué no, podría ser el germen de una historia. Él, bien lo tenía comprobado: la realidad casi siempre superaba a la más alocada de las ficciones.
¿Y si por una vez, aquélla le dijese: “me agradaría seguir contigo, ¿te importa? Es que me pareces tan valiente.”? ¿Y si…? Se contarían sus mundos y quizá, quizá; comiesen juntos o quedasen para tomar un té o para pasear o para visitar la feria del libro que entonces, como todos los años, se estaba desarrollando. Porque sí, los libros también serían pasión para ella.
Otra semana más era viernes. Ahora él también tenía un motivo para no demorarse. Pensaba en que le desearía feliz finde, que disfrutara de él. Más… ¡ella no estaba allí! Como tampoco lo estuvo al lunes siguiente ni al martes ni al miércoles. ¿Cómo podía ser? ¿Qué hacer? ¿Estaría enferma? ¿Le habrían cambiado el turno de trabajo?
Se dijo: “era demasiado bonito”.
Tendría que seguir tirando para adelante. Como siempre, qué remedio. Le habían dicho de quedar para el sábado. Puso una excusa. No le apetecía salir. ¿Para qué? ¿Para hacer lo mismo de siempre? Se daría una vuelta y se tomaría algo sin más.
-Vaya, ¿qué hace usted por aquí? Soy la del Metro.
-¡Anda! Pues dar un paseo. Y tú, ¿dónde vas? Dime de tú, que no soy tan viejo.
-Bueno, bueno. Es que voy a la feria del libro a dar una vuelta. ¿Te apetece venir? Aunque a ti, a lo mejor, los libros… como no los ves.
-Qué va. Si me encantan. Y más si tú me llevas. Pero, oye, ¿qué te ha pasado esta semana? Vaya, si no te molesta que te lo pregunte. Es que te he echado de menos a la hora de subir al vagón.
-jejejej. Muchas gracias. Mi jefa me mandó a otra oficina que tiene la empresa. ¿Te cojo del brazo o me coges tú a mí?
-Mejor te cojo yo a ti. Por cierto, me llamo… ¿y tú?
-Ah, Maite. Jajajaja.
-¿Me dejarás que te regale un libro?
-¿Me dejarás que te invite a un helado después?
-¿Me contarás cómo eres?
-¿Me dirás cómo te las apañas?
-Te diré.
-Te contaré.
Maite y él se adentran en el paseo, poblado de casetas. Se dejan envolver por el ambiente. Ella le describe lo que ve. Él añade ironía a lo que ella le narra.
La tarde acaba. Se dan dos besos, se intercambian contactos, se despiden hasta… la próxima ocasión en que vuelvan a encontrarse para subir al Metro. Pero ahora ya no será la misteriosa samaritana, será Maite, una buena amiga y quien sabe si… en el futuro algo más.

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viernes, 27 de mayo de 2011

Senderismo en los Alpes


Os pongo a continuación una oferta para disfrutar de la naturaleza por si pudiera interesaros.

La revista de información turística Revista ibérica propone toda una aventura y un placer para los sentidos.
No me importaría poder hacerla. Debe ser todo un lujo.

Entre los estados federales de Baviera, en Alemania, y el Tirol en, Austria, se encuentra el mayor parque natural de los Alpes orientales, el Parque de Karwendel, declarado reserva natural en 1928. Es el parque más antiguo y la mayor área protegida de Austria, en total 800 kilómetros cuadrados de los cuales el 80 % se halla en el Tirol.
Único en su género en Centroeuropa, está limitado en el oeste por la población de Pertisau, puerto de navegación del mayor lago de montaña del Tirol, el lago Achensee, en el sur por el valle del río Inn, con Innsbruck como núcleo urbano, y en el oeste por la cadena alpina de Wetterstein y los valles de Seefeld y Leutasch.
El Parque Natural de Karwendel apenas está poblado, tan solo cuenta con un núcleo de población en Hinterriss, Baviera. Con una gran variedad de belleza paisajística, verdes valles, ríos de aguas cristalinas, espesos bosques, prados que inspiran paz y tranquilidad, impresionantes paredes de escalada y una enorme riqueza de flora y fauna.
En invierno es un espacio natural en estado puro donde sólo gobierna un gran silencio, prácticamente inaccesible por el peligro de avalanchas, sin embargo, en primavera, verano y otoño, es una joya natural que hace las delicias de los senderistas, excursionistas, escaladores y ciclistas.
Esta reserva natural ofrece la posibilidad de hacer distintos tipos de excursiones por la naturaleza. Por ejemplo, se puede hacer un camino de hora y media desde el pueblo fronterizo de Scharnitz hasta la fuente del Isar, río que confluye por Munich, hasta travesías de 3 a 5 días de duración e incluso pura escalada, ya que este área es una de las cunas de la escalada de toda la región.
Durante la primavera, el verano y el otoño el parque es fácilmente accesible por una gran variedad de senderos. Los más de 30 refugios de montaña que se encuentran dentro del parque están abiertos al público entre mayo y octubre. Muchos cuentan con infraestructura hotelera y en su mayoría están gestionados por el Club Alpino de Austria y Alemania.
El acceso es muy cómodo desde Seefeld, en Leutasch, prácticamente la puerta de entrada occidental. Seefeld se encuentra a dos horas en tren de la ciudad de Munich y a solo 20 minutos de Innsbruck
En el corazón del parque, accesible por autocar en verano, se encuentra su mayor atracción, el Ahornboden, un prado con una población de árboles centenarios de arce con los picos y paredes como telón de fondo. En el Eng, una aldea de pastores, se puede visitar una quesería artesanal y dispone de un centro de interpretación del parque.
Como base para nuestra aventura elegimos un hotel de montaña rodeado de bosques y prados en el cercano valle de Leutasch. Este valle, conocido como el edén del senderismo, ofrece grandes atracciones como el paraíso de las casas de pastores en el Gaistal. Su ubicación es idónea al estar en pleno corazón de los Alpes, alejado de los senderos y rutas más recorridas Es un enclave de naturaleza pura, escondido pero accesible y bien conectado con los pueblos y ciudades de alrededor.
Cada día de senderismo será una aventura inolvidable. Visitaremos refugios de montaña emblemáticos como el Rauthutte o Falkenhutte, lagos como el Möserer-See, contemplaremos impresionantes vistas como las del pico alpino Hohe Munde, encantadores y típicos pueblos como el Mittenwald o Mosern, ríos de aguas cristalinas en los que refrescarse como el Isar o Leutascher, senderos para deleitarse como la Vía del Águila. Nos adentraremos en el Parque Natural Karwendel, donde se encuentra el Grosser Ahornboden, un bosque de arces centenarios. Atravesaremos puentes colgantes como los de la Garganta del Espíritu y veremos impresionantes paredes de escalada como Laliderer- Wände. Andaremos por el paraíso de los Alms, los refugios de los pastores, el Almpardies Gaistal y veremos diversa fauna como las águilas que aparecen en la bandera del Tirol. Ya al atardecer tenemos la tranquilidad de volver a nuestro hotel base con la sensación de haber hecho un bello recorrido, visitando cada día un lugar distinto con hermosas atracciones naturales e impresionantes vistas.
Las excursiones de dificultad media/baja que proponemos tienen su atractivo añadido en el andar con placer consciente, que aprenderemos en la clase opcional de introducción al Qi Gong, un método chino que combina suaves movimientos de cuerpo, concentración mental y respiración y con unas sencillas técnicas de andar. Complementamos el senderismo con saunas, baños en los lagos y ríos o en las aguas templadas del cercano Alpenbad Leutasch, un centro de Bienestar, así nuestra aventura será integral y nos equilibraremos tanto a nivel físico como mental.
En el día libre se puede visitar la cercana ciudad de Innsbruck, capital del Tirol, con sus históricas callejuelas repletas de cafés, restaurantes y conciertos al aire libre. Esta histórica urbe rodeada por majestuosos picos alpinos destaca por su bello casco antiguo, el famoso tejado dorado de Maximiliano I, el palacio imperial del siglo XV y también por los numerosos festivales de música que se celebran y que mantienen la ciudad siempre calurosa a pesar de yacer entre altas y nevadas montañas. Se encuentra a tan sólo 35 minutos en tren de la villa turística de Seefeld, un viaje que vale la pena hacer, y que atraviesa las montañas por magníficos túneles y con espectaculares vistas de los picos.
Los más intrépidos pueden alejarse un poco más para visitar los castillos reales de Baviera o la ciudad de Mozart, Salzburgo.
Más información y reservas:
ANDAR CON PLACER organiza viajes de una semana de senderismo por los Alpes Austriacos con un guía de montaña titulado y con amplia experiencia en la zona. Comenzamos en el mes de mayo hasta el mes de octubre. Las excursiones pueden ser en español, francés, alemán o inglés. Destinadas a todos los públicos, sin importar edad o preparación física. Nuestra filosofía es la de disfrutar del contacto directo y puro con la naturaleza y vivir una aventura relajada en compañía de otras personas. En cada uno de nuestros viajes garantizamos exclusividad de grupos reducidos de 12 personas máximo.
Visita nuestro blog http://andarconplacer.blogspot.com/
Para una información más completa contacta con Raquel Lavado
Tel.: (+00 34) 91 8984679 / 661 042768
andarconplacer@gmail.com

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jueves, 26 de mayo de 2011

Un libro muy especial

Quiero hablaros hoy de la presentación, en la sede de la ONCE, de un libro muy especial: “Lágrimas por ti: vivir la discapacidad en familia” del periodista ciego Mariano Fresnillo y editado por la editorial San Pablo CEU de Madrid.

En estos tiempos en los que la familia tradicional está tandenostada, reconocer su apoyo y labor en la vida de cualquier persona discapacitada es todo un lujo y muy de valorar.
Cómo no: yo me he acordado de la mía. Mucho de lo que en él se expresa lo he vivido yo y me he emocionado por ello, por mis padres, por mi hermano, por mi cuñada…
En el libro se recogen los testimonios de 10 discapacitados y de sus familias y cómo han sobrellevado cada situación. Son ejemplos de tenacidad, superación y entrega.
Pero aún más, ponen en valor la esperanza, lo que yo tantas veces trato de decir y reivindicar: que se puede y merece la pena superarse.
El libro es muy recomendable por su emotividad y optimismo vital. Cuando parece que lo único que existe es la derrota, lo vacío y el morbo, este texto habla de victoria, de plenitud y de sentimientos.
Os lo recomiendo muy vivamente. Además, los editores han tenido el gran detalle de rotular el título en braille. Todo un ejemplo a seguir. Qué “casualidad” (entre comillas) que este gesto y el haber querido apostar por un autor ciego, lo haya adoptado una editorial como San Pablo CEU.
Enhorabuena a Mariano y me siento orgulloso de haber estado allí.
Ah, y una anécdota: ha firmado cada ejemplar con palabras muy cariñosas. ¿Que cómo lo ha hecho siendo ciego? Pues ayudándose de dos guapas chicas que, sentadas a su lado, iban escribiendo lo que él les dictaba y poniendo luego la firma. Hasta esto lo ha sabido hacer bien, tan bien acompañado y con tanta simpatía.

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miércoles, 25 de mayo de 2011

Cambios en Tiflohomero

Tiempo hacía que no introducía ningún cambio en este nuestro tiflohomero y bien que me gustaría conocer mejores formas de diseño y disponer de unos ojos que me ayudasen a adornarlo.
Soy consciente de que lo que voy poniendo es seguido y merece vuestra atención, pero precisamente por eso, me gustaría que os resultase agradable visualmente.
Bueno, hoy he puesto algunas fotos nuevas y la funcionalidad de cuáles son las 10 entradas más visitadas.
Ojalá que con ello, contribuya a mejorar su apariencia y sea más agradable para vosotras y vosotros.
Gracias siempre por todo vuestro apoyo y afecto.

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lunes, 23 de mayo de 2011

La verdadera ceguera

Sí, eso si que es ser ciego. Escuchar a nuestros gobernantes que han recibido un varapalo sin paliativos y no ver, no querer ver la causa. ¿Para qué? Es mejor negar el entorno, fabular con echar el muerto a la señora Crisis o a lu que sea.
Qué curioso: unos querríamos ver y no podemos y otros, que pueden, no quieren. ¡Vivir para ver!
Ahora, que una cosa tengo clara, diáfana como la luz que dicen que me rodea: la realidad es muy, pero que muy tozuda y, antes o después, acaba por imponerse. Y si no que me lo digan a mí: que por mucho que quiera saber cómo son las estrellas, como no me dé un buen trompazo… na de na.
Buena noche y cuidadito con las resacas y los despertares.

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domingo, 22 de mayo de 2011

Villa Cassatti

Por un domingo en paz y concordia.
Feliz semana y que estéis bien.

Quienes con tanto empeño cubrieron de manera tan elegante los muebles de la casa al abandonarla, el día que hubieron de marcharse, pasados los años, se vieron en la obligación de regresar.
Habían creído que su morada de niños se conservaría como la dejaron, con sus tesoros, sus recuerdos y su nostalgia y, no obstante, no había sido así.
Nadie se había querido hacer cargo de ella, cuidarla, mantenerla y respetarla. Los dueños se fueron a mejores puertos y el personal de servicio tuvo que buscar, bien a su pesar, otros acomodos _ninguno como el de aquélla_. A nadie le interesó comprarla o alquilarla.
Era una edificación de la que siempre se dijo que tenía vida propia y ahora se la encontraban muerta.
¿Qué solución podían darle?
Habían hablado entre ellos, se habían creído en la obligación de actuar. ¿Qué hacer?
Si ya no había remedio posible para resucitarla pensaron que deberían prepararle el más glorioso de los obituarios.
Escribirían su historia, el relato de cómo aquellas paredes y recovecos fueron cómplices de sus descubrimientos, cofres de mundos mágicos con su pozo en medio del jardín, su castaño, sus jazmines y rosales, su azotea a la que se accedía por la chirriante escalera de madera y su biblioteca; y refugio en sus días de duda o miedos.
Todo lo anotaron, todo lo dispusieron con esmero y minucioso cuidado.
Sí, sintieron asco de sí mismos y de su decisión, pero ya no había marcha atrás. La regaron y empaparon, la contemplaron por última vez. Y, tomados de las manos, Ana (la hija del mayordomo y la cocinera; y Juan, el otrora benjamín de la familia, le desvelaron su secreto: su amor.
y lanzaron la antorcha que la devoraría, ansiosa, después de haber lamido con el fragor de su fuego cada uno de los rincones de aquella casa, Villa Cassatti.
Ana y Juan, hipnotizados, retrocedían con lágrimas en los ojos, pero sabiéndose intensamente fortalecidos por los lazos del corazón.
Las llamas hicieron su tarea y cumplieron con lo esperado. Los rescoldos borraban, inmisericordes, la decrepitud. Pero su amor y el libro escrito, la vivificaban para otorgarle la inmortalidad de la memoria y el respeto. Ya no importaría la pátina del polvo que equivalía al olvido o al abandono. Nadie podría ya menospreciarla porque para eso estaban ellos: para conservarla sobre los cimientos de su pasión, una pasión que era, ellos bien lo sabían, inmortal.
No había duda, el tiempo cabalgaría veloz y, un día, una niña de 15 años leería en un polvoriento volumen el cuento de una mansión que desapareció pero, de la que ella, se sentiría heredera, legítima propietaria. Aunque en su solar hubiese, entonces, construido un bloque de hormigón y cristal frío, sin personalidad.

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