Con la perspectiva de un fin de semana que ojalá resulte apasionante, os pongo a continuación una anécdota muy ilustrativa en torno a la humildad.
Y es que cuántas veces tenemos que escuchar la petulancia de supuestos lumbreras.
Un señor de unos 70 años, en 1892, viajaba en el tren, teniendo a su lado a un joven universitario que leía su libro de Ciencias. El caballero, a su vez, leía un libro de portada negra. Fue cuando el joven percibió que se trataba de la Biblia y que estaba abierta en el Evangelio de Marcos.
Sin mucha ceremonia, el muchacho interrumpió la lectura del viejo y le preguntó:
- Señor, ¿usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos?
- Sí, mas no es un libro de cuentos, es la Palabra de Dios. ¿Estoy equivocado?
- Pero claro que lo está. Creo que usted señor debería estudiar Historia Universal. Vería que la Revolución Francesa, ocurrida hace más de 100 años, mostró la miopía de la religión.
Solamente personas sin cultura todavía creen que Dios hizo el mundo en 6 días. Usted señor debería conocer un poco más lo que nuestros Científicos dicen de todo eso.
- Y... ¿es eso mismo lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia?
- Bien, como voy a bajar en la próxima estación, no tengo tiempo de explicarle, pero déjeme su tarjeta con su dirección para mandarle material científico por correo con la máxima urgencia.
El anciano entonces, con mucha paciencia, abrió cuidadosamente el bolsillo derecho de su bolso y le dio su tarjeta al muchacho. Cuando éste leyó lo que allí decía, salió cabizbajo, sintiéndose peor que una ameba. En la tarjeta decía:
Profesor Doctor Louis Pasteur
Director General del Instituto de Investigaciones Científicas
Universidad Nacional de Francia
'Un poco de Ciencia nos aparta de Dios.
Mucha, nos aproxima'.
Dr. Louis Pasteur
Postdata: El mayor placer de una persona inteligente es aparentar ser idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente.
viernes, 20 de mayo de 2011
El hombre que leía la Biblia
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martes, 17 de mayo de 2011
Día de Internet
Seguramente muchos lo habréis escuchado: hoy se celebra el Día de Internet.
Quiero, por ello, en este espacio, sumarme a él y reflexionar acerca de lo que la red de redes significa para una persona ciega.
Todo un mundo de posibilidades, una ventana abierta a los ojos de quienes no vemos. Cómo poder imaginar hace años que podríamos leer el periódico en tiempo real, consultar cualquier curiosidad o saciar nuestra sed de conocimientos y darnos a conocer.
Tiflohomero no habría podido ver la luz y no me habríais conocido ni yo habría tenido la suerte de disfrutar de vuestro afecto y apoyo.
Y, sin embargo, también en Internet nos encontramos con barreras, con obstáculos insuperables por el diseño de las páginas y demás.
Da rabia no poder comprar determinados productos o servicios porque no son accesibles las páginas que los gestionan. Da rabia no poder dejar comentarios en blogs porque tienen puesta la verificación visual de caracteres. Y da rabia que se siga diseñando, especialmente, desde organismos oficiales sin tener en cuenta las normas de accesibilidad de la web.
Y si es indudable la revolución que ha supuesto Internet para los ciegos, no por ello debemos caer en la trampa de cegarnos ante su tentador atractivo aislándonos del mundo más próximo a nosotros. Aprovechemos lo bueno de Internet por la autonomía que nos proporciona, pero aferrémonos a lo tangible de una caricia o de una conversación cara a cara en torno a una mesa.
En cualquier caso, felicitémonos por su existencia y por lo que nos aporta.
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Etiquetas: Así soy
domingo, 15 de mayo de 2011
Zacarías
Con mis deseos de que hayáis disfrutado de un excelente fin de semana isidril, vaya aquí mi tontería de este domingo.
Feliz semana y juguemos con las palabras, juguemos.
Zacarías Verías, ciego él de nacimiento, se había visto obligado a cargar con el lastre de un apellido tan poco apropiado a sus características. Su tiempo siempre había sido conjugado en condicional y no sólo por lo que se refiere al sentido visual si no por todo cuanto había intentado en su vida. Cuando se atrevió a soñar con conquistar a la guapa del instituto tuvo que escuchar de sus labios… “Verías, como amiga lo que quieras, pero más, no lo verás”. Cuando quiso arrojarse en paracaídas, lo mismo: “Verías, el curso es fácil pero no veas tú lo que nos supone aceptarte”. Y así siempre. Nunca pudo ser. Siempre la maldita terminación “rías”. Ya le daría, otra vez el maldito condicional, él al que la inventó un buen bastonazo.
Ahora que lo que nunca era condicional sino presente, y muy presente, eran los múltiples obstáculos con los que se tropezaba: cubos de basura, excrementos varios, cartelitos que no le decían nada más allá de un sonoro moratón y más y más.
Hasta que se topó con la más curiosa de las bolsas. A punto estuvo de dar el patinazo sobre ella pero algo lo impidió, ya fueran sus reflejos de artista del paloteo o el sostén _ejem_ de la señora sostenedora de tullidos y descalabrados.
Y el caso fue que se agachó aun a riesgo de inoportunos crujíos de su ya encorvada espalda. Y tocó, y agarró, y abrió. ¿Qué era lo que contenía aquel misterioso hallazgo?
A lo lejos nuestro Verías oyó una voz reclamando:
-¡Mis besos! ¿Quién me ha robado mis besos? He perdido mis besos de fresa, de vainilla, de ciruela, de guinda, de canela.
Y él pensó, qué iba a pensar. Pues que los besos no se roban y mucho menos se pierden., se dan.
Anda _se dijo_. Mete la mano y deja, por un día, que tu mundo se escriba en futuro sin trabas ni condiciones.
¿Qué encontró?
Unas golosinas en forma de labios apretados, de una textura algodonosa y un aroma lleno de estímulos.
Probaré uno. Uuuum, qué dulce.
Me comeré otro. Guaau, qué cosquilleo.
Y otro. ¿No me saciaré?
-¡Oiga, oiga. Que son mis besos!
-Ah, pues yo ya no los suelto. Que no vea (no, si el que no veo soy yo) cómo están.
Y a todo esto, ¿quién era la que así reclamaba?
Quién iba a ser: ¡la guapa del Insti! Aquella que le dejó por el iluminado del Manolo, que tantas luces creyó que tenía y resultó que no pasó de pelar cables y fusibles en la compañía eléctrica. Y tantos peló y tantos cruzó que se electrocutó.
Y ahora, la niña aquélla reclamaba sus besos. Pues, se iba enterar ella de lo que valía un… besaría.
-Anda… Devuélveme la bolsa, que es mía.
-De eso nada, monada. Que ahora soy yo el que te dirá: lo verás pero no lo catarás. Juajuajua.
Y con un molinete de su bastón, dio media vuelta y, antes de partir, se zampó todos los que quedaban, dándose la gran besada de su vida.
Y Zacarías, desde esa tarde, ya no fue Verías, si no Vieras porque… “aquello que pisaras, tuyo lo hicieras”.
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Etiquetas: Relatos
lunes, 9 de mayo de 2011
Mi último viaje:A La Rioja
Hace oy una semana, aprovechando los tres días de fiesta del primero de mayo, estaba de regreso de mi último viaje: una excursión a La Rioja. Aquí van mis breves impresiones del periplo, organizado por la ONCE en esta ocasión.
Ir un grupo grande de ciegos supone que se requiere más tiempo paraconocer los lugares que se visitan por cuanto requerimos más explicaciones, descripciones y, si puede ser, detenernos a tocar aquello que podamos apreciar. Esto hace que, a veces, los horarios previstos no se cumplan.
Por lo demás, el apoyo de los dos monitores que nos acompañaron fue excelente aunque, sí he de ponerles un pero: a la hora de asignarnos las habitaciones _puesto que no estábamos todos en la misma planta_ deberían habernos indicado mejor su localización. Fue un lío encontrarlas porque, claro, eso de que los números estén en braille es una utopía por mucho que el hotel sea de buena categoría. Por lo demás, muy bien.
El hotel, de 4 estrellas, estaba en pleno centro de la capital, muy cómodo y confortable. Las comidas, abundantes y muy bien preparadas (ese bacalao a la riojana, ese potaje de garbanzos o esos fardelejos).
Los enclaves que visitamos fueron: el museo Bivanco del vino, en Briones; Nájera, con su monasterio de Santa María la Real; los cenobios de Yuso y Suso, cuna del castellano; Logroño, con su concatedral, su plaza de La Oca, sus calles Laurel y Portales o sus murallas; y Laguardia, con su carrillón en la plaza y su iglesia porticada a cubierto. .
Me defraudó el museo del vino por percibirlo como algo puramente comercial y orientado al marketin. Cierto es que dispone de algunas informaciones en braille y relieve,pero son insuficientes. Me habría enterado más si hubiese dispuesto de maquetas que con los planos aunque tengan braille.
Me gustó tocar los cantorales en Yuso, aunque hubiera preferido haber podido tener en mis manos los códices auténticos en los que se recogen los primeros textos en castellano, las Glosas. Pero nos dijeron que están en la Real Academia de la Historia, en Madrid. Curiosidades.
Me encantó la sillería del coro de Santa María de Nájera y el mercado medieval que vimos en este pueblo, además del entorno de Laguardia.
Me habría gustado pasear más por Briones y por el propio Logroño (lo poco que pisamos de éste me hace pensar que es una ciudad fácil y agradable).
Y cómo no: las anécdotas que fueron fuente de historias surrealistas en forma de romance entre voces sintéticas de teléfonos móviles y copas de helado compartidas a tercias.
El tiempo, bueno; y la compañía mejor.
Otro periplo más, otros recuerdos que puede sumar este homo viajerus que es uno. ¿Cuál será el próximo?
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Etiquetas: De viajes
domingo, 8 de mayo de 2011
El señor cuentacuentos
Tras el domingo pasado, que pudisteis descansar de mis cuentecillos, aquí va el de hoy.
Que os sea leve.
Feliz semana.
Osvaldo era un profesional del arte de contar cuentos y romances. Con no poco esfuerzo había logrado crearse un método que le permitiese hilar las palabras. Y, pese a todo, siempre que debía actuar, enfrentarse a un nuevo escenario, un sentimiento de tensión se apoderaba de él. Los nervios jugueteaban con su maestría con traviesa soltura haciéndole dudar.
Ante esto se construyó una campana invisible de cristal. Aislarse, resguardarse, cobijarse frente a ellos y al miedo al fracaso. Así iba sorteando cada actuación y, a la vista de cómo se le aplaudía y contrataba, parecía que lo estuviera consiguiendo.
Aquel domingo por la mañana regresaba a su pueblo favorito, aquél en el que, hacía ya demasiados años, debutara siendo un jovenzuelo titiritero, inexperto pero lleno de ganas por alcanzar fama como actor. El tiempo le condujo por el camino de la antigua y popular juglaría y ahí estaba de nuevo.
Era una mañana primaveral, soleada, testigo de una ambientación medieval: las dulzainas y tamboriles, los vendedores de productos ya olvidados por los paladares más exigentes, chisporrotear de fuegos, recios olores, gentes vestidas de época, saltimbanquis y malabaristas.
El tañido de las campanas de la cercana iglesia anunciaba promesas de júbilo y fiesta; y el río, atravesado por puentes que unían pasado y presente, dejaba fluir su agua que era vida.
Ataviado con su capa y sombrero, apoyándose en el nudoso bastón de caminante, se dirigió al escenario dispuesto a declamar los amores de una guapa doncella, la traición del malvado caballero que la raptó y el muchacho que la salvó. Mas, cuando así lo hacía se topó con tres curiosos seres. Una ninfa, un hada y un duende le salieron al paso. Bueno, más bien tropezaron con él, distraídos como andaban entretenidos en chanzas y diabluras entre sonoras carcajadas.
-Oh, vaya pinta que lleva ese humano. Habrá que ayudarle a que tropiece en el charco de ahí delante.
-noooo, que es muy guapo. Vaya galán.
-Bah bah bah. Un figurín. Nada que ver conmigo.
-Ala ala ala. Vos siempre tan humilde. Calla, calla.
Osvaldo no sabía qué hacer. Notaba que sus pies se habían quedado encadenados sin saber por qué. Tenía que apresurarse, el público aguardaba y no podía permitirse fracasar, allí no.
Nurivinda, Ellusia y Alanerto se enconaban en la disputa: “que sí, que no; que no, que sí; tururú tirirí. Osvaldo cada vez se sentía más agobiado ante su imposibilidad de moverse. ¿Qué hacer? El público merodeaba por los distintos puestos y atracciones pero el tiempo volaba en su contra. Tenía que subir al escenario, necesitaría prepararse, alzar su refugio de cristal.
-Vamos, Alanerto. Déjale, que el pobre lo está pasando mal y nosotras no podemos permitirlo. ¿Querrás tú acaso que…?
-Uy, qué miedo. Dos brujas contra mí. Adiós, adiós adiós.
Y dando volteretas se coló por debajo de la raíz del roble que presidía la plaza.
Osvaldo se giró ante el sonido de unos rítmicos toc toc toc. Un grupo de ciegos se acercaba, palos en ristre hacia su encuentro. Si no se apartaba _se dijo_ se lo llevarían por delante, un atropello en toda regla, y eso que era un lugar pequeño, sin tráfico ni semáforos. ¿Cómo pensar que allí podía sucederle semejante percance?
Nurivinda y Ellusia se admiraron de la comparsa que venía. Vieron lo alegres que se mostraban, como si la luz les perteneciese. Era bonito aquello.
-Y el tonto de Alanerto se ha marchado.
-Mejor, porque con lo presumido que es, y lo celoso que se pone, igual les gastaba alguna gracieta de las suyas.
-Hermana, ¿y si les hacemos un regalo? Que vaya si me han caído bien.
-De momento, dejemos que el cómico divierta a los presentes. Ayudémosle a que su actuación sea única. Aunque él no lo sepa, hoy se va a lucir.
-Uy, si los ciegos ya se marchan. Ah, no; parece que tres de ellos se quedan. Anda, si son dos chicas y un chico.
-Esperemos que el chico no sea como nuestro Alanerto.
-Me parece que no. Tiene otra pinta y no me lo imagino dando volteretas. Jijijiji.
Osvaldo nada sabe de este diálogo pero se siente muy bien, más relajado que nunca. Intuye que tiene el éxito asegurado.Aun sin fijarse en tres espectadores concretos, que se an quedado a escuchar, comienza su cuento.
Y la ninfa y el hada, ahora sí, tocan con sus varitas mágicas a esos tres que, antes de afanarse en ir a la taberna, han preferido atreverse a soñar.
-Ey, ¿a vosotras también os está pasando lo que a mí? ¿O sois vosotras las que me estáis haciendo cosquillas?
-No, no. Seguro que eres tú el cosquillero. Que es que se te ocurren unas cosas… Primero quieres que hagamos juegos malabares con unas bolas y una cuchara, luego que pintemos sin colores y ahora..
-Pues si no sois vosotras, ¿quién será el que lo hace.
-Igual es el viento que como nos ha visto simpáticos ha querido dejarnos sus caricias. Porque no negarás que es bien agradable y divertido.
-Desde luego, mejor que irse a beber unos vinos.
Nurivinda y Ellusia están encantadas al notar la perplejidad de los protagonistas, objeto de sus arrumacos. Siguen con ellos y aún más: han soplado en la oreja de él y detrás de la melena de ellas.
¿Y sabéis qué? Que gracias a su idea de no seguir al resto han visto lo que nunca nadie puede ver.
Ha pasado el tiempo y ya, de regreso, entre carcajadas, se van contando una historia que sólo ellos tres comprenden mientras que los demás, seguramente con envidia, critican.
Y lejos de allí, o a lo mejor allí mismo, dos geniecillos diminutos están satisfechos porque saben que han ayudado a que tres seres humanos sean felices por un rato, tres personas, ellas bien lo saben, que lo tienen muy merecido. ¿Y si los demás se hubiesen quedado…?
Ah, y una cosa: cuando introducen la mano en sus bolsillos , encuentran dos curiosas figuritas. ¿A quién creéis que representarán? Buscad, buscad.
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jueves, 5 de mayo de 2011
Volver a la Universidad
Estos días, entre el 3 y el 6 de mayo, se está celebrando la I Semana de las Letras organizada por la madrileña Universidad Complutense. Yo he tenido oportunidad de participar en ella a través de la charla que impartí en torno a “El reto del acceso de las personas ciegas a la información” y leyendo, en braille, un fragmento de una de las obras de Mario Vargas Llosa, “Los cuadernos de don Rigoberto”.
Este hecho es para mí muy ilusionante y como ya tuve ocasión de comentar cuando hablé de mi experiencia en Villamayor de Santiago, creo que debe frecuentarse más el hacerse visible, a la sociedad, a través de testimonios como el que yo pueda aportar.
En la primera de las actividades repasé la evolución de cómo los ciegos hemos ido accediendo a la información y cómo actualmente hemos ganado bastante terreno en ello, aunque aún quede mucho camino por recorrer: la importancia del braille, las nuevas formas de acceso a la información (el sonido digital y el ordenador) y sobre el hecho de avanzar en conceptos como el diseño para todos y la accesibilidad.
En la segunda, junto a otros dos compañeros ciegos, hemosestado presentes en esa lectura multilingüe del autor peruano, último premio Nobel de literatura.
Pero más allá de la parte divulgativa de los temas del braille y la ceguera, me ha resultado emotivo el volver a la universidad, respirar el ambiente del campus, escuchar las voces de jóvenes con sus preocupaciones e ilusiones, trasladarme a cuando yo iba como ellos en busca de unos conocimientos y una titulación, y saber que estaba pisando lugares que han sido escenario de episodios de nuestra Historia.
Llegar a la estación de Metro de Ciudad Universitaria, escuchar a la salida a gentes que ofertaban actividades, notar las prisas de unos chicos y chicas que corren en pos del mundo. No he podido resistir un sentimiento de nostalgia por los años pasados y por pensar que a la edad de quienes se cruzaban en mi camino, yo aún veía y soñaba con un futuro de arqueólogo.
En fin. Lo importante, más allá de alguna mohinez, ha sido el que he estado ahí y que he sido escuchado y quién sabe si hasta admirado.
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miércoles, 27 de abril de 2011
La lectura sin fronteras
Hoy, mientras medio país se vuelca en un partido de fútbol, otra gente tendrá ocasión, en este Madrid primaveral, de acercarse al mundo de la lectura y sus escritores mediante la denominada Noche de los Libros. Librerías abiertas hasta la medianoche, escritores dispuestos a firmar sus obras y cuentacuentos en busca de autor.
Yo, junto con otros compañeros braillistas hemos participado en una lectura sin fronteras del primer capítulo de una de las entregas de la saga de Harry Potter. Se trataba de mostrar a la sociedad colombiana y española la trascendencia del sistema de puntos salientes para las personas ciegas.
Creo que el esfuerzo bien merece la pena. Louis Braille con su invento nos legó la llave de acceso al conocimiento y, a través de éste, al mundo de la luz.
Felices lecturas y ahí seguiremos reivindicando que cada vez haya más libros y productos accesibles para quienes, como yo, padecemos la ceguera.
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domingo, 24 de abril de 2011
La tarta de manzana
Ojalá que con este cuento os ayude a endulzar vuestra vuelta al cole.
Que estéis bien.
¡Corre corre, María! Que nos va a caer encima el diluvio universal. Con lo prometedor que había amanecido, y fíjate, cómo se está poniendo la tarde. Qué lástima. El último día de vacaciones y la que nos va a caer. ¿Has comprado la tarta de manzana? Mira que igual se nos olvida o se agota y sería una pena. Porque vaya si la hacen buena en esa pastelería. Está deliciosa, ¿eh que sí? ¿Te acuerdas cuando la descubrimos por primera vez? Es asombroso cómo uno se acuerda de esas cosas y eso que cada vez voy teniendo peor la cabeza. Era sábado. Habíamos salido a dar una vuelta por este pueblo, era la primera vez que lo visitábamos así que era necesario recorrer sus calles y plazuelas, sus rincones, sus lugares. Nos lo había recomendado la Toñi, ah la Toñi, ella sí que sabía vivir bien. ¿Qué habrá sido de ella? Estábamos cansados pero contentos y nos decidimos a entrar en La Dulce Alianza a tomar un té, tú, y yo, un café. ¿Con qué acompañarlos? Pues con qué iba a ser: con la especialidad de la casa. Deliciosa, oye; deliciosa. Tanto que se hizo tradición el que siempre que viniéramos la adquiriríamos. ¿Ay ay ay. ¿María? ¿Estás ahí? Qué mujer, sigues queriendo jugar al despiste, enredarme, hacerme rabiar. Cierro un momento los ojos en este banco donde nos habíamos sentado y tú vas y te largas. ¡Maríaaaaaa!
Ring ring ring.
-Uf, ya suena otro día más el despertador. Con lo a gusto que estaba soñando, con ella. Pa una vez que me acuerdo de lo que sueño y tiene que incordiar este cacharro. En fin, eso me pasa por querer apuntarme a todo. Quién me mandaría inscribirme en la excursión a la sierra. Ya lo sé. Luego me gustará y disfrutaré, pero con lo bien que estaba.
¿Que quién es María? Pues una novia que tuve, realmente la única a la que he querido de verdad. Pero claro, el destino no nos ayudó y ella tuvo que seguir el suyo, mientras que yo no quise ni supe torcer el mío. Qué cosas tiene el subconsciente. Traerme hoy a la memoria a aquella chica. Ah, ya sé porqué. Es que ayer compré… un buen trozo de tarta de manzana para hoy. Jejejej. Seguro que no es como aquélla.
Vamos, Andrés. Déjate de perezas y nostalgias. Ponte en marcha que se echa el tiempo encima. Uy, si está diluviando. Veremos qué deciden los de la organización con esta lluvia. Ya estoy listo, vayamos a ver qué pasa.
Al final salimos. Que no se diga, que nos echamos atrás. Allá donde vamos, hay un centro de interpretación micológica y a una mala, siempre podremos aprovechar el viaje. Además, nos dicen que la persona que nos lo enseñará es toda una autoridad en la materia.
Durante el trayecto, el aguacero amaina, pero no cesa. Bueno, lo que sea de uno será de todos.
El paseo se reduce a una pequeña vuelta hasta llegar al paraje donde se ubica una construcción de madera con tejado de pizarra típica de montaña. En ella se alberga el Museo de la Seta. Alguien, con cálida sonrisa y aspecto atractivo nos recibe. ¿Quién creéis que es? No puede ser. Los duendes se han propuesto jugar conmigo.
-¿Andrés? ¿Eres tú?
Ella está igual que como la recordaba, que como me la presentó la visión onírica de esta mañana.
-María. Gracias al cielo. ¿Cómo estás?
Su respuesta es un abrazo lleno de mensajes y preñado de afectos.
Lo demás apenas ya si tiene importancia.
-¿Sabes una cosa? He traído un postre especial. ¿Me dejarás que lo comparta contigo?
-¿Me dejarás tú a mí que vuelva a entrar en tu vida?
-¿Acaso crees que alguna vez saliste de ella?
Los demás excursionistas, entretanto, han deambulado por las distintas salas del museo. Ahora aguardan a que María les ilustre con el origen, variedades y formas de preparar ese manjar que son las setas.
Y mientras, yo sólo aprendo una cosa: que ella sigue igual de guapa y querible que siempre, que el primer día que hizo que mi corazón bailara a su son.
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sábado, 23 de abril de 2011
¿Por qué leo?
Un día como hoy, no puedo resistirme a compartir aquí las razones de mi afición lectora. Ojalá que con ello os anime a practicar ese sano vicio que es el atreverse a degustar un libro, sea cual sea su género o temática. Lo importante es que nos ayude a disfrutar.
Hace años, ya van siendo demasiados, cuando dejé de poder leer en caracteres visuales y aún no había descubierto los audiolibros ni, mucho menos, había aprendido braille, sentí que el mundo se empequeñecía, que me empobrecía. Padecí una rápida pérdida de visión y, aparte de lo que me dificultaba en mi vida cotidiana, lo que más me dolía era el no poder leer. Había llegado, incluso a quemar hojas de algunos libros de tanto como los acercaba a la luz para que mis ojos pudieran penetrar en sus letras.
Ese impás fue duro, pero pronto volví a redescubrir el placer de volver a leer.
Primero a través de cintas casettes y luego, tras meses de constancia, mediante la magia de unos puntos misteriosos. Desde aquel “Miguel Strogoff” hasta el que ahora leo, “La sociedad literaria y el pastel de piel de patata” han sido muchos los títulos descubiertos gracias a Louis Braille y a mi tenacidad aunque ahora, también el sonido me acompaña, ya en grabaciones de calidad digital y almacenados en tarjetas SD que me permiten, en un pequeño aparatito disponer de variedad.
El braille requiere constancia y aprendizaje, ocupa más pero es más auténtico y directo. El sonido es más cómodo pero pierde la ortografía y el que el ritmo de la lectura te lo marque quien lo lee.
Y, no obstante, ambos métodos de lectura me son útiles y los practico con deleite. ¿Por qué?
Cuando leo sueño, viajo, amo, soy protagonista de la Historia, aprendo, sonrío, me estremezco, vivo. Pero, más aún, vuelvo a ver, recupero todo un mundo de colores, formas y dimensiones. Las descripciones son luz a mis ojos, los diálogos representan encuentros y los personajes creados son oportunidades únicas de acercarme a héroes, aventureros, hermosas mujeres y personajes dignos de admiración y hasta de rechazo.
Pero, además, la lectura alimenta mi afición por crear historias, cuentos, por inventarme otra realidad en el convencimiento de que, con ello, ayudo a que quien los lea, experimente sensaciones y sea un poquito más feliz.
Muchas gracias porhacerme creer que lo logro.
Y que, por muchos años, pueda seguir descubriendo el maravilloso mundo de los libros.
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jueves, 21 de abril de 2011
Feliz y sentida Semana Santa
Y mientras todo huele a Semana Santa, yo trato de no dejarme inundar por el olvido del misterio. Mi fe me dice que estamos en el momento cumbre de la realidad del cristianismo.
Mientras unos piensan en disfrutar de unos días festivos en playas y pueblos, y otros se rinden a la devoción procesional, yo quiero que mi alma le dedique a ese Jesús que se entregó por mí, un sentido y sencillo recuerdo de homenaje y súplica de perdón.
Me gustaría imbuirme de ese fervor religioso de nazarenos y costaleros, pero no puedo, mi ceguera y mi carácter me lo impiden, pero desde la humildad y sencillez yo también vivo la Semana Santa en su verdadero sentido más allá de espectaculares manifestaciones.
Que estos días, no sean unos días más en el calendario, si no que sean momento para sentir que debemos ayudar a que este mundo sea un hogar más cálido.
Me gustaría que gracias a mi sonrisa o acciones, alguien tuviese un instante pequeño de felicidad, pequeño pero intenso e iluminador.
Feliz y sentida Semana Santa.
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domingo, 17 de abril de 2011
El ramo de olivo
Feliz Semana Santa.
Con cariño.
Al bueno de Agustín no le quedaban ya ganas ni fuerzas para ir a recoger el ramo de olivo en la misa del domingo de ramos. Cuántas veces lo había hecho en el pasado y había disfrutado con la ilusión de lo que significaba. Mas ahora ya no se sentía capaz. Sus ojos se habían poblado de tinieblas y su energía había sido robada por los años. Ahora se limitaba a dar pequeños paseos por los aledaños de la residencia en la que se encontraba alojado y a seguir la eucaristía a través de las emisiones radiofónicas de turno.
Cuando llegaba ese día, recordaba. Rememoraba cómo de niño aguardaba a que su tía le regalase su palma llena de golosinas. Luego, de mayor, lo recogía él solo y lo hacía tratando de que fuese uno que tuviese muchas hojas _cada una de ellas sería la promesa de un momento de felicidad_. Y ahora ya únicamente se conformaba con tentar su bastón de ciego, un bastón que estaba surcado de nervaduras y rugosidades, pero que a él le servía para sentirse seguro.
¿Para qué salir? ¿Para qué tener que resignarse al que le quisieran dar como si de una limosna se tratase? Ah, si su tía viviese aún, ella le traería la palma como siempre lo hizo durante su infancia.
Mientras otros hacían ostentación del ramo que les habían querido llevar, él se aferraba a aquel recuerdo y se negaba, aun a costa de mostrarse desagradecido a que le trajesen uno.
Salió al jardín, se sentó en su banco de siempre y se refugió en la casa de la memoria. Esperaría a que se hiciese la hora de comer, a que viniese a buscarle la cuidadora. Trataría de sonreírle -era siempre tan amable_, mientras tomaba su brazo y escuchaba cómo le auguraba unos alimentos de fiesta. Todo estaría bien aunque a él le faltase su ramo de olivo, su palma.
En esas estaba cuando alguien se sentó a su lado. Se extrañó porque ni siquiera, quien así lo hizo, pronunció palabra alguna. Transcurrió un rato y él supo que volvía a quedarse solo. El lenguaje de los sonidos y los olores delataban al intruso: el crujir de la gravilla hollada por unas tenues pisadas, un vestido en movimiento.
Y el perfume como de lilas recién cortadas. Volvió a recordar. Su mente se poblaba de imágenes de un ramillete de flores recién cortadas, entregadas a alguien con nombre de Amada y que también partió.
No pudo resistirse a extender su mano derecha. Con sorpresa y curiosidad tocó algo. ¿Qué podía ser?
Deslizó sus dedos por toda la longitud del objeto, les dejó acariciar unas formas de terciopelo y notó cómo se impregnaban de calor, de suavidad.
¿Sería posible?
-Hola, don Agustín. ¿Cómo está? Uy, vaya ramo tan bonito y qué bien huele. Lo ha notado, ¿verdad?
-¿Un ramo, ¿cómo es posible?
Y entonces, esa vez, sí, esa vez entrevió a lo lejos la figura de una hermosa joven vestida de blanco y con sonrisa de plata que le miraba con ojos de sol. Ese día Agustín volvió a ser feliz y, en la residencia, todos se extrañaron de que llevase su ramo.
A quienes le preguntaban por él, se limitaba a responderles con la luz pintada en la mirada. Por fin no se sentía solo porque acariciando e regalo que aquel ángel le había dejado, sentía que acariciaba una belleza que él solo podía contemplar, una belleza más hermosa y más suya que cualquiera de las que pudiesen ver quienesveían. Qué feliz se sentía. Volvía a querer a la vida porque su corazón supo, otra vez, lo que era la paz.
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sábado, 16 de abril de 2011
La felicidad de compartir
Que uno pueda disponer del lujo de compartir es sinónimo de felicidad, al menos para mí. Saber que entregas lo mejor de ti y que, a cambio, recibes afecto, gratitud y respeto es algo mágico, esencial.
Cuando tengo ocasión de sentir esta experiencia me siento pleno, ilusionado, y sé que ese afán mío por dejar una tenue huella se hace realidad otra vez más.
¿Que a qé vienen estas reflexiones un sábado por la tarde?
Pues a que ayer recibí ese afecto, esa gratitud y ese respeto a cambio de compartir el mundo de la ceguera, mi día a día, con niños.
El colegio público Gúzquez de Villamayor de Santiago, en Cuenca, tuvo el detalle de querer invitarnos a mi amiga Elena y a mí, para que participáramos en su semana cultural. Se trataba de que habláramos del día a día de una persona ciega para que los alumnos y alumnas de distintos cursos de enseñanza primaria del centro, pudiesen conocer de cerca, lo que significa la discapacidad.
Creo que son muy necesarias este tipo de actuaciones prácticas como forma de mostrar que las personas ciegas podemos desarrollar una vida normal, pero también como forma de dar a conocer las limitaciones a que nos vemos enfrentados y poner en valor el esfuerzo, la tenacidad y el espíritu de superación, actitudes un tanto olvidadas en estos tiempos.
A lo largo de nuestras charlas, Elena y yo, explicamos la trascendental aportación de Louis Braille con su sistema de lectura y escritura de puntos salientes, los chicos descifraron, con brillantez, una palabra en ese código y respondimos a sus preguntas, llenas de sentido común y curiosidad. Se portaron de forma admirable, atendiendo a lo que les íbamos contando.
He de resaltar el cariño con que fuimos tratados, encarnado en Julia pero que venía de todos. Fue muy emocionante escuchar frases de reconocimiento que hablaban de admiración y de lo que nuestra exposición les había aportado. Del significado de la valentía y la perseverancia. También lo fue el que luego, ya por la tarde, paseando Elena y yo, unos chicos que nos habían escuchado nos saludaran.
Nosotros quisimos dejarles un cuento y un mapa de Europa que conjugan el braille, el relieve y los caracteres visuales como símbolo de lo que las personas ciegas queremos: la integración social, la participación como los demás.
Los bombones y la planta con que nos obsequiaron fueron también símbolos, deseos de que endulcemos los momentos amargos y enraizamiento de amistad que deberá regarse con la constancia y el recuerdo.
Pero también compartí con la familia de elena y en la iglesia escuchando la belleza de la música interpretada magistralmente por el coro. Me sentí querido y agasajado.
Ojalá que a quienes nos escucharon ayer hablar de cómo hacemos la compra, cómo sabemos la ropa que llevamos, cómo no nos perdemos o el trabajo que hacemos les sirviese para aprender algo. Yo también aprendí de ellos que mi testimonio y mi sonrisa pueden ayudar a ver las cosas con mayor optimismo. Y por eso me siento privilegiado.
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miércoles, 13 de abril de 2011
La Unión Europea EBU informa
Por si os interesa, copio nota de prensa de la EBU en relación con los derechos de autor y la lectura.
Unión Europea de Ciegos
Comunicado de prensa
París, 13 de abril de 2011
Evento en el Parlamento Europeo relacionado con la hambruna de libros: la EBU pide al Consejo de la UE que apoye el tratado para terminar con la hambruna de libros
Millones de ciudadanos ciegos de la UE tienen que hacer frente a una “hambruna de libros”, ya que solo un porcentaje muy bajo de libros se producen en “formatos accesibles” que las personas ciegas puedan leer, tales como braille, macrotipo y audio.
El 13 de abril la Unión Europea de Ciegos puso de relieve esta situación en un evento que tuvo lugar en el Parlamento Europeo en Bruselas. La reunión estuvo presidida por los siguientes eurodiputados: Berlinguer, Lichtenberger y Sosa-Wagner, de Italia, Austria y España respectivamente.
El debate se centró en el borrador de un tratado redactado por la Unión Mundial de Ciegos que fue presentado de forma oficial en el 2009 en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), un organismo de las Naciones Unidas con sede en Ginebra. La mayoría de los Estados miembros de la OMPI apoyan la propuesta, pero el Consejo y la Comisión de la UE manifiestan su clara preferencia por leyes no vinculantes, recomendaciones y licencias voluntarias, pero la EBU no está de acuerdo.
Lord Low de Dalston, Presidente de la Unión Europea de Ciegos, declaró tras el evento:
La Unión Europea de Ciegos ha participado en la organización de este evento para poner de relieve la oposición del Consejo y de la Comisión de la UE al tratado que se propuso en el 2009 a fin de que las personas con discapacidad visual tengan más acceso a la lectura. Los Estados miembros de la UE siempre están pidiendo tratados vinculantes para proteger los intereses de aquellos con propiedad intelectual; lo único que estamos pidiendo nosotros es que traten con el mismo nivel de seriedad la necesidad de que existan excepciones de copyright para que las personas con discapacidad visual tengan acceso a los libros, y que por lo tanto apoyen la adopción de una ley vinculante en la próxima reunión de la OMPI en junio.”
A diferencia del Consejo y la Comisión, el Parlamento Europeo por lo general se ha mostrado a favor de la propuesta de tratado presentada. En noviembre de 2010, 101 eurodiputados firmaron una carta redactada por la Unión Europea de Ciegos dirigida al comisionado del mercado único, Barnier a favor del tratado.
Luigi Berlinguer, uno de los eurodiputados que participó en el evento, sostuvo que este asunto ha de verse como un derecho.
“No basta con firmar la Convención de la ONU sobre Discapacidad y con decir cosas positivas sobre los derechos de las personas con discapacidad. La UE, si ha de actuar conforme a lo estipulado en la Convención, debería apoyar la propuesta para que se adopte un tratado en la OMPI a favor de las personas ciegas y de otras personas con problemas para la lectura.”
Sobre el tratado de la Unión Mundial de Ciegos
1. El problema que estamos intentando solucionar
Incluso en el 2011 las personas ciegas y otras personas con problemas para la lectura, como las personas con dislexia, siguen teniendo un acceso muy limitado a los libros que se publican, ya que tan solo el 5% de las obras publicadas se harán accesibles en los países ricos, y menos del 1% en los países más pobres. A esto lo llamamos “hambruna de libros”.
Cada vez más, la aplicación de las nuevas tecnologías hace que se esté avanzando a gran velocidad y abaratando los costes de accesibilidad, como sucede en el caso de los libros electrónicos; esta revolución digital debería ayudar a terminar con la hambruna de libros, permitiéndonos compartir libros en formatos accesibles a nivel mundial.
Sin embargo la ley de copyright no ha ido cambiando a la par que la tecnología; a menudo la ley de copyright impide la producción de libros accesibles a nivel nacional y el compartir las obras accesibles a nivel internacional.
2. ¿Qué es el tratado de la Unión Europea de Ciegos/OMPI? (“el tratado”)
La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) se encarga de elaborar tratados y otras leyes internacionales para la regulación de los derechos de propiedad intelectual y de las patentes.
La Unión Mundial de Ciegos, con la ayuda de expertos en copyright, redactó una propuesta de tratado que los gobiernos de Brasil, Ecuador y Paraguay presentaron de manera oficial en la OMPI en el 2009.
El tratado conseguiría:
- Que las personas con problemas para la lectura y las organizaciones especializadas pudieran hacer, legalmente, copias accesibles de los trabajos publicados en todos los países que firmen el tratado
- La legalización del envío internacional de libros accesibles sin el permiso de los editores
- Prevenir que los contratos con las casas editoriales obstaculicen las excepciones a la ley de copyright para las personas con problemas para la lectura (en la actualidad hay ocasiones en las que esto ocurre)
- Respetar la ley de copyright: ¡esto no es un ataque a las casas editoriales!
El Comité Permanente de Derechos de Autor y Derechos Conexos de la OMPI, que se reúne dos veces al año, está estudiando la propuesta de tratado de la Unión Mundial de Ciegos. La reunión de junio de 2011 contará con tres días adicionales destinados específicamente a estudiar la propuesta y otros tres que ya se han asignado para tratar el tema de la discapacidad para la lectura.
3. ¿Por qué se necesita un tratado?
Hay muchas razones, pero las dos razones principales son:
1. Tan solo una tercera parte de los países del mundo cuentan con excepciones nacionales a la ley de copyright que permita la producción y distribución de libros en formatos accesibles. Todos los países necesitan una excepción de este tipo, ya que a menudo las editoriales no ofrecen versiones accesibles de los libros, ni permiten que las hagan las organizaciones especializadas. El tratado daría lugar a que existiesen dichas excepciones.
2. Las características de las legislaciones nacionales relativas al copyright impiden que los distintos países importen y exporten libros en formatos accesibles; el tratado eliminaría esta barrera legal; lo que permitiría que cientos de miles de libros circulasen entre las organizaciones de ciegos de muchos países.
3. ¿Pero no son el “Diálogo de Partes Interesadas de la UE” y la “Plataforma de Partes Interesadas” de la OMPI alternativas mejores, más rápidas y más efectivas?
No; ya que son, a lo sumo, soluciones parciales. Nunca ofrecerán el mismo nivel de cobertura que un tratado vinculante a nivel internacional.
Sin duda queremos trabajar conjuntamente con las editoriales a fin de obtener las licencias pertinentes, pero las que se están proponiendo son demasiado complicadas y un retroceso si lo comparamos con muchos de los acuerdos que ya existen en la actualidad con las casas editoriales.
En cualquier caso, estos acuerdos por su naturaleza son mucho más proclives a las modificaciones que una ley vinculante; además, solo serían adecuados, como mucho, para las organizaciones de los países desarrollados que cuenten con muchos recursos. Dadas estas preocupaciones y la necesidad de que la EBU y la WBU utilicen sus escasos recursos de una forma efectiva, hemos suspendido nuestra participación en el Diálogo de Partes Interesadas de la UE y en la Plataforma de Partes Interesadas de la OMPI, a la espera de que se adopte en la OMPI un tratado vinculante internacional sobre excepciones de copyright en línea con el que hemos propuesto.
Email: ebu@euroblind.org
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domingo, 10 de abril de 2011
El atraco frustrado
Otro domingo más, otro cuento más. Que estéis bien y con buen ánimo para afrontar una nueva semana.
Una alcancía de barro cocido en color negro, ribeteada de incrustaciones doradas, era el último curioso objeto que le quedaba a Paula de la tienda heredada de su padre, un establecimiento que fuera famoso por los artículos de artesanía que en él se dispensaban y al que siempre había acudido el mejor de los públicos en busca de regalos y motivos decorativos para sus casonas y palacetes.
Ella había sido la heredera del negocio por su maestría creadora, eligiendo los colores que mejor se acomodasen a las características de su clientela y por sus naturales dotes de trato amable.
Sus hermanos no quisieron saber nada de la tienda. Se limitaron a reclamar la parte económica que les correspondiera y buscar nuevos horizontes.
Pero Paula se negó a dejar que se destruyese tanto esfuerzo volcado por su progenitor. Se adaptó a los nuevos tiempos y se empeñó en seguir adelante.
Era cierto, ahora todo había cambiado. Ya nada quedaba de la solemnidad de antaño. Las figuras, los joyeros, los jarrones, los búcaros y cuantos otros tesoros que su padre suministraba habían dejado paso a collares, anillos, pulseras y otras menudencias de bisutería. A ella no le importaba que algunas chismosas la criticasen por no haber seguido fiel al pasado. Pero es que ella no podía. Ni tenía el talento y los contactos de su padre ni la economía se lo hubiera permitido.
Iba tirando. Sobrevivía aceptablemente. No se quejaba porque, mal que bien, se había hecho un hueco entre la gente joven. Su especialidad eran, claro está, los abalorios hábilmente engarzados en piezas modernas y alegres.
Hasta que un día, a punto de cerrar ya, con la céntrica calle comercial donde se ubicaba la tienda Regalos Íñiguez, desierta, entró un hombre adusto, ataviado de ropa limpia pero algo pasada de moda.
-Vengo buscando al señor Ramón.
-¿El señor Ramón? ¿Quién pregunta por él?
-Soy Abelardo Quiñones. él siempre me proporcionó los mejores presentes para mis galanteos amorosos. ¿Quién es usted, señorita?
-Soy su hija. Él murió hace dos años. De todas formas, tal vez, yo también, pueda ayudarle como lo hacía él.
Al recién llegado le relampaguearon los ojos con chispas de codicia. Sabía lo del fallecimiento del artesano y también conocía quién le había sucedido. Pero, ¿conocería aquélla el valor de cierta hucha en la que se guardaba un documento único? Él siempre quiso comprarla. mas Ramón siempre se negó aduciendo que le pertenecía a su hija, que ése sería el nexo que les uniría para siempre.
-Quería, en este caso, un regalo especial. Sé que su señor padre vendía unas alcancías muy hermosas. ¿Le quedan aún?
-Lo siento. Yo ya no vendo ese tipo de productos. Si le interesase una pulsera o un colgante, quizás encuentre lo que busca.
Abelardo nada dijo. En cambio, extrajo del interior de su chaqueta un fino estilete que brilló al par que los ojos del recién llegado.
-Vamos, _siseó_. Dame la alcancía que tú y yo sabemos.
Ella se negó. Él se abalanzó con la fuerza que imprime el deseo brutal y cuando comenzaba a apuñalar el cuello de Paula, Sultán, el fiel mastín que tanta compañía y afectos le deparaba se abalanzó sobre el atacante. El perro había acompañado fielmente los últimos tiempos de Ramón cuando éste ya sólo quería que pasase el tiempo cuanto antes para ir al encuentro de su amada esposa.
Paula se salvó sin apenas daños. No así el agresor, que resultó muy malherido.
Días después, se descubrió todo. La policía informó de que Abelardo, en realidad, se llamaba Abel Kinsley y era un forajido, en otro tiempo muy lejano, compañero de negocios de Ramón. Lo que contenía la alcancía, objeto de toda la peripecia era la identidad real de Abelardo y el destino que había elegido. Era la única prueba que le comprometía con un pasado que quería borrar. No podía permitir que algún día saliese a la luz y se descubriese la verdad acerca del origen, y pendencias, del ahora discreto caballero acomodado, eterno aspirante a desempeñar cargo como político electo.
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martes, 5 de abril de 2011
¿Cómo será mi mirada?
Me pregunto cómo será mi mirada. ¿Será clara? ¿Alegre? ¿Limpia? O, por el contrario, olvidada de ver, ¿habrá perdido brillo? ¿Denotará mi ceguera? ¿Carecerá de expresividad?
Me gustaría que cuando miro trasmitiera afecto, acercamiento, sonrisa.
A veces me dicen que por qué no llevo gafas. Digo que para qué, si no veo y además no me gusta ocultarme, excudarme en ellas para que no sepan lo que puedo estar pensando.
No sé, ya veis con qué cosas me ha dado por especular esta tarde de martes primaveral.
¿Y si cuando me encontrara con alguien me mirase a los ojos? ¿Qué pensaría? No me tachéis de presuntuoso, pero es que a uno siempre le gusta jugar con la imaginación. ¿Se preguntará si...? ¿Se dirá si...?
Ya sé. Cada cual va a su rollo y no pierde el tiempo en pararse a mirarle los ojos a un ciego. Vaya tontería, si son ojos que no ven. ¿Para qué mirarlos, entonces?
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domingo, 3 de abril de 2011
En busca del jazmín gigante
Con mis mejores deseos de que tengáis una buena semana.
Que estéis bien.
A Piedad le pesaba ya hasta su nombre. Y es que estaba harta. Harta de que dijeran de ella que era muy buena, muy responsable y muy ordenada. Que todo eso debía estar muy bien para que sus padres presumiesen de hija ejemplar, pero a ella le acarreaba la consideración de ser el bicho raro de la clase, la excluida de pandillas, travesuras y amoríos.
Este sentimiento de fastidio había ido creciendo con los años. Al principio le gustaba que sus abuelos le recompensasen sus pequeños milagros de niña con peladillas y propinas. Luego, ya de adolescente, empezó a molestarle que sus amigas la criticasen y la tachasen de ñoña y repipi. Y ahora, en 2º de Medicina, la cosa era una pasada. No contaban con ella para organizar las fiestas de la facultad ni para montar las campañas de rebeldía contra causas perdidas ni para nada.
Que vale, que ella soñaba con sus proyectos de cooperante en calcuta o con el descubrimiento de algún fallo genético en el desarrollo de tal o cual enfermedad y poder así hallarle remedio. Pero de ahí a que la marginaran, eso era demasiado.
Había tratado de cambiar, de actuar de forma diferente, de ser como los demás. ¡Pero no había podido hacerlo!
Ese sábado estaba particularmente mohina. Sus padres la habían dejado de ama de casa y ella, para no variar, no tenía ningún plan. ¡Qué asco! Y encima la primavera acababa de empezar con su apoteosis de luz, colores y fragancias.
¿Qué hacer? ¿Quedarse en casa tirada en el sofá rumiando su tristeza? ¿Salir? ¿Adónde? ¿Para qué?
En fin. Cogió un libro cualquiera, se puso los primeros vaqueros y camiseta que encontró y se fue al cercano Jardín Botánico. Allí nadie la molestaría y esperaba que, como en otras ocasiones, su alma hallaría esa paz de la que tan necesitada estaba.
Se adentró en el parque. Buscó un banco donde dejar los bártulos y sentarse. La verdad es que sí, se estaba muy bien allí. ¿Qué le importaba a ella que no fuese como otros parques en los que bicicletas y patines fuesen los protagonistas? Allí había silencio y ausencia de pandillas que le recordasen su exclusión.
En esas estaba, tratando de dejar atrás melancolías bordezuelas cuando oyó un rítmico toc toc toc. Levantó los ojos de la página que la tenía atrapada y ¿qué vio?
Un ciego que andaba paloteando de acá para allá. Parecía bastante despistado. Se dijo que tendría que ofrecerle su ayuda. Al principio lo dudó porque, ¿y si también aquél la rechazaba? Que alguna vez ya le había pasado: haberse lanzado y recibir por respuesta un "déjame en paz, niña".
-¿Necesita ayuda, caballero? ¿Quiere ir a alguna parte?
-Uff, menos mal. Gracias, guapa. Es que me han hablado de que viniese para oler un jazmín gigante que hay aquí. Y esto es un lío para mí porque no hay ninguna referencia. ¿No sabrás tú dónde está?
-Ah, sí. Si es muy famoso. Venga que yo le llevo. Si no le molesta, claro.
-Noo, qué va. Y encima con una ayuda tan guapa y tan simpática, quién va a decir que no.
-¿No le importa que le coja del brazo?
-No, qué va. Aunque lo correcto es que te coja yo a ti porque tú eres la que ve. Pero, como quieras, como mejor te vaya.
-Tenemos que subir unas escaleras.
-Ah, bueno. Lo que haga falta. Que soy todo terreno, como las cabras.
-jejeje. Vaya humor que tiene.
-Qué vas a hacer, hija. Al menos, el humor que no nos falte.
-Bueno, ya casi estamos. Pero antes, dígame una cosa: ¿por qué me ha dicho guapa si no sabe si lo soy o no?
-Ah, porque tienes una voz muy bonita, llena de matices, y como agradecimiento por haber querido ayudarme. Y porque siento que debes serlo.
-Uy, qué va. Soy muy normal; de guapa, nada. Bueno, yo qué sé. Todos dicen que soy un bicho raro.
-Vaya, a mí también me lo dicen. Así que ya somos dos. ¿Por cierto ese aroma dulzón y fresco a un tiempo, es lo que emana el jazmín?
-Sí, y eso que aún no está en plenitud, que acaban de salirle los primeros brotes nuevos. No sé, igual quiere quedarse solo y le estoy molestando.
-Que no, que no. Además, luego tengo que encontrar la salida. Y no tengo ni idea de por dónde se va. A lo mejor el que te está molestando soy yo a ti. Ah, y dime de tú que ya sé que me voy haciendo viejo, pero aún así, a uno no le gusta que se lo recuerden.
-No, si es sólo la costumbre.
Los dos solitarios se abstraen, mientras se dejan embriagar por un perfume magnífico.
-Sí que ha merecido la pena la excursión. Ya puedo decir que he tenido suerte. Entre lo a gusto que se está aquí y lo bien acompañado que estoy, vaya lujo.
-Más bien creo, que la que ha tenido suerte soy yo. Que no estaba muy animada y usted, bueno tú, y este olor han hecho que ahora me sienta mejor.
Si te apetece, damos un paseo y me cuentas. Yo qué sé si puedo ayudarte...
Tiempo después, han acabado tomando algo en una terraza cercana compartiendo sentimientos e ilusiones. El uno le ha hablado de sus viajes y cómo disfruta de ellos, de su gusto por escribir, de su afán por superarse. Y la otra le ha contado los problemas que le trae el ser como es, sus sueños, su forma de pensar.
-Chica, ya sé que es fácil decirlo; pero sé tú misma. La experiencia me dice que, al final, merece la pena y que siempre se encuentra a alguien como tú, a amigos. Créeme, sé de lo que hablo y te entiendo.
-Ay, ojalá tengas razón. ¿Querrás que te llame alguna otra tarde?
-Claro, faltaría más. Y si te apetece pasear, a otras amigas mías y a mí, nos gusta hacer senderismo, pero muchas veces no podemos al no tener quien nos acompañe. Así que...
-Ah, guay. Que me encanta la naturaleza. Bueno, ya estamos en la boca del Metro. ¿Seguro que te apañas bien?
-Sí, sí. Cuídate y ya sabes... cuando quieras me das un toque.
-Déjame que te dé un par de besos, que me ha hecho mucho bien el haberte encontrado. Y gracias. De verdad.
Ella marcha para su casa mucho más animada. Y él se sorprende de lo que le ha pasado esa tarde de sábado. Se dice que, como en tantas otras ocasiones, la realidad supera a la mayor de las ficciones.
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miércoles, 30 de marzo de 2011
Pamplinas
¿No os han dicho nunca eso de "mira, no me vengas con pamplinas"? Pues, por si acaso, aquí va algo sobre la pamplina.
Pamplina es el nombre común de la planta sterallia media, álsine o planta gallinera, originaria de Europa, y que puede llegar a medir hasta 30 cm, aunque la poca firmeza de su tallo le impida desarrollarse de forma vertical. Sus flores son blancas y miden unos 4 mm, abunda en parajes húmedos, y se emplea con fines medicinales y para alimentar a los pájaros... Otras pamplinas -éstas pertenecientes a la familia de las papaveráceas, con hojas partidas en lacinias muy estrechas y agudas y flores de cuatro pétalos amarillos-, sin embargo, se dedican a infestar los sembrados de suelo arenisco, que en la primavera parecen teñidos de amarillo por la abundancia de flores...
...Quizá por este motivo, al ser consideradas florecillas insignificantes, se emplee coloquialmente la voz pamplina para designar las cosas de poco fundamento o utilidad. Proviene del latín papaverina, y este de papāver: "amapola".
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domingo, 27 de marzo de 2011
La fiesta de los ratones
Este domingo primaveral ya, con el día más luminoso, se me ha ocurrido una fabulilla, como aquéllas que leíamos de pequeños, y que tanta sabiduría encerraban. Yo no pretendo, faltaría más, equipararme a los Samaniego o los Iriarte, pero sí invitar a la reflexión.
Que os guste.
Un abrazo y feliz semana.
En el decrépito y, tiempos ha, abandonado edificio de la Bolsa, como cada día, Evaristo el Listo inició su habitual despedida.
-Señorías... Me voy, me retiro a mis aposentos.
Y, con su habitual reverencia bigotuda y grácil pase de cola, hizo mutis por la única portezuela que aún quedaba incólume ante el paso del tiempo.
Con un mohín de crispación y morritos apretados, Roberta Flac _la flaca_, contempló la rauda fuga del mentado Evaristo. Se vio obligada a aceptar, otra noche más, su ausencia. ¿Adónde iría? ¿Qué sendero elegiría esta vez?
Habían pasado el día enfrascados en una ardua polémica. Que si el queso de bola era mejor, o el manchego, o el Roquefort.
Al Listo le podían los suaves y mantecosos. A la Flaca, los de fuerte sabor y dura textura al paladar. Y otros concurrentes terciaban en la polémica, poniéndose de parte del uno o de la otra, y hasta hubo quien apostó por las tartas de queso.
Les gustaba aquel lugar frente a otros inmuebles mejor conservados, menos húmedos, por la abundancia de provisiones que, en él, se les ofrecían, montones de papel olvidado so pretexto de haber sido digitalizado, enlatado.
Y es que, todos estos moradores pertenecían a la especie ratonil. Habían aprendido a rondar por los más recónditos recovecos del subsuelo, conocían todos los secretos de la ciudad y, no obstante, siempre elegían para sus conciliábulos aquel palacete abandonado en pro de la modernidad y los ordenadores. Allá fueran los otros y su gusto por bibliotecas y librerías, ellos se sentían cómodos en ese lugar.
Roberta se maliciaba que el galán roedor le ponía los bigotes con alguna estrella cantaora. Y ella, siempre esperándole, penando su ausencia. ¿Se encontraría con algún fiero felino? Que por otra parte, bien empleado que le estaría por zascandil.
Hasta que otro día, el día de los ratones, comprendió el motivo de las ausencias: Evaristo porteaba sobre su lomo un paquete envuelto con su lazo y todo.
Se acercó a Roberta, le puso la patita encima y con agilidad de acróbata dejó caer su regalo.
-Querida mía. Por fin lo logré. Fui a pedir al hada madrina de los roedores esto para ti. Ábrelo, ¿querrás?
Y Roberta, emocionada, descubrió un cestillo que contenía algo mágico.
-¿Qué es, Evaristo?
-Siempre que te apetezca devorar tu manjar favorito, podrás hacerlo sin peligro de caer en las ratoneras que nos ponen los humanos. Con sólo remover lo que hay dentro, dispondrás de sabrosas porciones queseras. Y todo porque te quiero.
-Oh, Evaristo. ¡Me quieres!
-Sí, Roberta; ¿Y tú a mí?
La joven ratoncita se alzó de puntillas y posó su piquito en el de él. Y ese día en el local de la Bolsa hubo fiesta para todos y todas. Gran algarabía se formó en aquella reunión. Tanta fue que no oyeron a Micifuz. ¿Qué imagináis que pudo suceder?
Moraleja:
Si harto de queso no quieres perecer
vigila al gato que te pueda vencer.
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sábado, 26 de marzo de 2011
testimonio de superación para una tarde de sábado
Hoy, día en el que otra vez más se ha celebrado la vida, quiero compartir aquí una de esas razones que a uno le mueven a mantener la ilusión por seguir viviendo.
Os dejo el testimonio de mi amiga Elena que nos enseña, una vez más, que merece la pena pelear contra la inaccesibilidad del entorno.
Ojalá algún día las personas ciegas lo tengamos más fácil. Mientras tanto, seguiremos apostando por la superación.
Desde que a los 19 años me quedé ciega, he estado luchando porque en esta sociedad del avance y el conocimiento se me considerara como a una más.
Desde octubre de 1990 trabajo como telefonista en un banco español. Anteriormente estuve haciéndolo durante 3 años en diferentes destinos dentro de la ONCE.
Cuando llevaba un par de años trabajando en el banco, decidí que quería estudiar y me preparé para el Acceso a la Universidad. Opté porque fuera en la UNED por no tener que ir obligatoriamente a clase, aunque era más difícil al no tener un hábito de estudio y no disponer de los textos adaptados a tiempo para poder estudiar.
Me costó un par de cursos obtener el Acceso y empecé la Licenciatura de Filosofía y Ciencias de la Educación.
Me matriculé en 1º y cuando comprobé que no había ninguno de los textos disponibles, bien en Braille o en sonoro, me empecé a agobiar porque veía que no me iba a dar tiempo a estudiar las asignaturas. estuve tentada de abandonar, pero una compañera del curso de Acceso me animó y me dijo que no tenía que dejarlo, que lo intentase matriculándome sólo de las materias que pudiera o que tuviera adaptados los textos. Así lo hice, en el curso 1996-97 me volví a matricular sólo de 3 y así hasta que en el año 2007 terminé la Licenciatura.
El banco tiene todos los años unas pruebas de ascenso para todos los empleados. Como yo entiendo que soy una más de la plantilla, decidí presentarme a las pruebas de Técnico nivel VIII. Hablé con el Departamento de Recursos Humanos y después de pretender que no me presentase, determiné que les iba a demostrar que sí podría superarlas. Muchos de los documentos que me proporcionaron no eran accesibles y a la hora de preparármelos era más difícil. Al año siguiente lo volví a intentar. Fue un poquito más complicado porque ya no había temario sino que había que realizar una serie de cursos a través de la Intranet que, por supuesto, tampoco era accesible. Me puse en contacto con la Oficina del Voluntariado del banco y un antiguo colega, me ayudó, tanto a la hora de explicarme muchas de las cuestiones bancarias y financieras, que no sabía; como a leer los textos. Finalmente, me presenté y aprobé el curso, por lo tanto, ahora ya soy Técnico nivel 8º gracias a Manuel Iturbe y una serie de compañeros que confiaron en mí y me dieron ánimos para seguir adelante.
Hace unos meses recibí un correo electrónico desde el departamento de Acción Social con un proyecto muy ilusionante y diferente a lo que estoy realizando. Se trataba de asistir, como voluntaria, a un colegio para hablar con los chavales de 5º o 6º de primaria o 1º y 2º de la ESO con el objetivo de concienciarles acerca del valor del dinero.
Después de contestar que me interesaba el proyecto, se me dijo que los textos no eran accesibles y que lo sentían mucho pero que en otra ocasión sería. Hablé con un compañero que casualmente fue quien puso en marcha la idea, y me comentó que yo iría con él a los centros. Se comprometió a hacérmelo más fácil y a acompañarme.
Nos tocó el colegio Pi y Margal de Madrid, situado en la plaza 2 de Mayo.
Los alumnos de 5º se comportaron aceptablemente. Se pudo hacer la clase muy amena y tanto los chavales como nosotros estuvimos contentos de hacer algo productivo y diferente a lo cotidiano. Los de 6º, en cambio, fueron más revoltosos y no sé si les serviría lo que hablamos, pero al fin y al cabo, yo tuve la certeza de que estaba siendo una más. que podía realizar otras tareas dentro de la sociedad y me sentí muy satisfecha porque los niños a pesar de que yo no veía, ellos no me percibieron como a un bicho raro.
Muchas gracias Javier.
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martes, 22 de marzo de 2011
Los primeros cafés públicos
Los cafés gozan de grandes reminiscencias tanto literarias como históricas por las tertulias que en ellos se llevaron a cabo.
Si os apetece os invito a un café (con algún dulce, faltaría más) y emulamos a aquellos apasionados tertulianos y tertulianas.
Fue en Arabia donde posiblemente se abrió el primer establecimiento dedicado al café o cafetería, ya que los derviches lo tomaban para ahuyentar el sueño y poder orar en las horas de la noche, costumbre que se extendió a otras ceremonias religiosas. Tanto se extendió la costumbre de tomar café que para satisfacer la gran demanda se abrieron los primeros kehveh kanes o cafeterías, y fue tanto el escándalo que causó, ya que los feligreses descuidaban los oficios religiosos, que en 1.511 se dió la orden de cerrar todos los establecimientos.
La costumbre de tomar café llega a Turquía en el año 1.517 tras la conquista de Egipto por Salim I y bajo el reinado de su hijo Solimán el Magnífico se abrieron los primeros cafés en el año 1.554 en el barrio Taktacalah de Constantinopla siendo desde entonces lugar de reunión de intelectuales. Sus propietarios, Schemsi de Damasco y Hekem de Alepo recibían a sus clientes en su establecimiento lleno de sofás y alfombras orientales lujosamente ornamentadas, cobrando un centavo por tazón o escudilla de café.
En Europa no se tiene constancia cierta de los primeros cafés pero imaginamos que por el comercio con Constantinopla, debieron ser los venecianos los primeros en abrir cafeterías, aunque se tiene constancia que el primer café se abrió en Italia en el año 1.645 con aprobación papal.
Las cafeterías italianas nacieron en Venecia hacia 1647,. Uno de los más conocidos fue el abierto en 1720 por Floriano Francesconi, con el nombre de Caffè de la Venecia Triunfante, que cambió luego su nombre a Caffè Florian, emplazado en la plaza de San Marcos, y que se convirtió en un importante centro de actividades culturales y comerciales. Más tarde, en 1759, había en Venecia más de 100 cafés. En Roma, encontramos otros cafés como el del Greco, fundado en 1760, sobre la vía Condotti, y que se ha convertido en uno de los cafés más famosos del mundo.
En Inglaterra según Isaac Disraeli en su obra "Curiosities of literature" relata que en el año 1.650 un judío procedente del Líbano, llamado Jacob, abrió en Oxford el primer café público. William Oldys (fallecido en 1.761) nos relata lo siguiente: Un mercader de Londres, mister Edwars, adquirió la costumbre del café en Turquía. Al instalarse en Inglaterra llevó consigo a un joven, Pasqua Rosée, que había conocido en Ragusa y preparaba la bebida para él. Como esta novedad le trajo mucha compañía a la hora del café, concibió la idea de abrir un establecimiento, asociando a Parqua Rosée con un yerno de mister Edwars.
La implantación en Viena del café es curiosa por lo original de su historia. En 1.683 el sultán turco Mohamed IV envía a 300.000 hombres, al mando de Kara Mustafá, a sitiar la ciudad, el emperador escapa de milagro del cerco otomano. Un antiguo intérprete del ejército sitiador, Franz George Kolschitzky, de origen polaco, disfrazado con uniforme turco pasa las filas y se reúne con el emperador Leopoldo comunicándole toda la información del enemigo. Gracias a estos informes los turcos fueron derrotados dejando en el campo de batalla un inmenso botín compuesto por 25.000 tiendas de campaña, 10.000 bueyes, 5.000 camellos, gran cantidad de oro y muchos sacos de café. Los austriacos se repartieron el botín excepto el café que no sabían para que servía y Kolschitzky lo reclamó para sí. Al poco tiempo este hombre abrió el primer establecimiento en Bischofhof y se popularizó tanto que en el año 1.839 existían en Viena ochenta establecimientos y cincuenta más en los suburbios, todo un gran negocio.
En París fue conocido el café de la mano del embajador turco Silomán Aga que desde junio de 1.669 hasta mayo de 1.670 estuvo en la ciudad del Sena. Llevó gran cantidad de café para consumo propio y para las recepciones en la embajada. Isaac Disraeli nos relata cómo se servía: El café era servido por esclavos negros, ofreciéndolo de rodillas y ornados con los más suntuosos vestidos orientales. Un moka escogido era escanciado desde una especie de salsera de oro y plata, posada sobre servilletas de seda bordadas, orladas de oro puro, a unas minúsculas copas de porcelana fina.
En el año 1.672 se abre el primer café en París, regentado por un armenio llamado Pascal en una barraca en el mercado de Saint-Germain, siendo la bebida servida por jóvenes camareros turcos.
Durante el siglo XVII el café se arraigó en los países nórdicos, que luego se convertirán en grandes consumidores. En 1685 el café llega a Estocolmo, y cinco años después, en 1690, se abren allí dos cafeterías. En esos años la moda del café también se impone en Noruega (1675), Dinamarca (1685), y Finlandia (1700).
De todos los países europeos en los cuales arraigó la moda del café e hicieron furor las cafeterías, la excepción fue Holanda, que tanto había contribuido con la difusión del cafeto y del hábito del consumo de café. Ellos no crearon establecimientos particulares destinados al consumo público del café, y se contentaron con tomarlo en el interior de sus hogares, a pesar de que se había convertido en una moda nacional.
Antes de que el café sustituyera al té, a raíz de la Stamp Act de 1766, que originó la rebelión del Tea Party en 1773, ya el café era consumido en el siglo XVII en la colonia holandesa de New Amsterdam, enclavada en lo que hoy es Estados Unidos. Más tarde, el capitán John Smith lo daría a conocer en la colonia de Virginia. En los primeros años del siglo XVIII encontramos coffee-houses en algunas ciudades como Boston, Nueva York y Filadelfia. Así como afirman que la Revolución Francesa nació en el Café Foy de París, algunos sostienen que la Revolución Americana vio la luz en el Green Dragon de Boston.
Los primeros cafés fueron introducidos en España durante la segunda mitad del siglo XVIII por italianos como Gippini, que poseía establecimientos en Barcelona, Cádiz, Madrid, San Sebastián y Sevilla. A pesar de lo tardía de la introducción, los cafés prosperaron rápidamente, convirtiéndose en centro de la discusión política.
Luego, a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX se crearon muchos cafés que se convirtieron en verdaderos círculos literarios, avivados por las tertulias. De ellos dijo Miguel de Unamuno, en su discurso de jubilación de la Universidad de Salamanca, que "la verdadera universidad popular española ha sido el café y la plaza pública", para salirle al paso a los que criticaban las tertulias literarias en los cafés, considerando que allí se derrochaba irresponsablemente el tiempo para el ocio creador.
Varios cafés madrileños han sido tema de sainetes, como ocurrió con el Cádiz, el Barcelona y el Pombo, amado por Ramón Gómez de la Serna. El café Fontana de Oro, por ejemplo, inspiró el tema de la primera novela de Pérez Galdós, en 1870.
Otra ciudad española famosa por sus cafés es Barcelona, donde había a mediados del siglo XIX varios cafés reputados por su servicio y su tertulia, como el Café de las Siete Puertas, inaugurado en 1840, o el de Los Guardias, el de Useletti y el Rincón, en las Ramblas.
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Etiquetas: Un paseo por la Historia
domingo, 20 de marzo de 2011
El extraño sello
Otro domingo más, otro cuento más. Que la primavera que mañana comienza, con su luz y nueva vida, dé alas a vuestra semana.
Que estéis bien y os guste.
Elisa andaba cavilosa. No sabía cómo podría descifrar un extraño sello que figuraba grabado en el último de los rollos que había descubierto en el anaquel más recóndito del archivo en el que, en aquellos momentos, andaba husmeando. Estaba compuesto de unos raros signos inscritos en una figura geométrica lobulada y en el centro una letra, ¿acaso, la e?
De vocación historiadora y profesión investigadora, más que por adentrarse en el pasado, la había elegido por su natural indagador. ¿Qué se escondía tras los polvorientos objetos que iba desenterrando en sus búsquedas? ¿A quién pertenecieron? ¿Qué mensajes transmitían y a quién iban dirigidos? Toda una pasión eso de desenrollar legajos olvidados y sacar a la luz transacciones, acuerdos, sentencias, trozos de vida cotidiana pretérita y, no obstante, ejemplificadora aún.
Era una experta paleógrafa, apreciada por su meticulosidad y empeño en lo que hacía. Y además era guapa, simpática y sencilla. Todo un dechado de virtudes. Y, no obstante, no había tenido tiempo todavía de descubrir el amor, porque seguramente no habitaría entre los documentos antiguos. ¿O quizá, sí?
Con pulso firme usó la espátula para desprender el sello. A continuación lo fijó en el portaobjetos y lo fotografió y añadiendo la tarjeta con los datos identificativos lo introdujo en la bolsita hermética habilitada al efecto para resguardarlo, conforme al procedimiento académico establecido.
Después pasó al texto que encerraba. Se inclinó sobre el pergamino y, otra vez, el crujido de la tela al desenrollarse, el olor a tinta y vejez, las misteriosas líneas... la emoción volvió, como siempre, a embargarla.
Se dispuso a descifrar otro texto arcano. En principio le pareció que la caligrafía no era difícil. Conservaba bien los trazos que dibujaban palabras en un latín correcto.
Ahora bien, el relato que se abría, cual capullo de seda ante sus ojos, ya era otra cosa. Necesitó releerlo nuevamente. No lo entendía. Era tan aparentemente simple y, a la vez tan increíble que no era capaz de comprenderlo.
Hablaba de una mujer solitaria, perfecta. Que buscaba y nunca hallaba el objeto de su pesquisa. Una mujer venida de lejos, que nunca dejaba de caminar, que nunca podía detenerse. Y de un joven que esperaba eternamente. Y de un palanquín negro en el que viajaba un anciano ciego con una lámpara. Y que éste se la entregaba al doncel. Y que al encenderla y levantarla alguien se hacía visible.
Elisa salió al sol de mediodía. En la plaza donde se elevaba el solemne edificio que alojaba el Archivo Histórico Nacional los paseantes dejaban discurrir el tiempo entre charlas y confidencias. Bajo el brazo, sostenía la cartera donde guardaba sus útiles de trabajo y, cómo no, la estampilla que lacraba aquel pergamino catalogado hasta entonces con las coordenadas donde había estado depositado desde siglos.
Se había dicho que quizá la solución al enigma estuviese oculta en el significado del sello. La intuición, un sexto sentido, no sabía qué, pero algo le decía que así sería.
Se dirigió, con paso resuelto, como ella era, a la facultad. Buscaría la cátedra de Sigilografía y esperaría que alguien hubiese quedado trabajando a esa hora, alguien como ella, tan apasionado por los misterios.
Subió al tercer piso, llamó a la puerta del catedrático, un hombre venerable aunque siempre distante, dejó que sus nudillos anunciasen la presencia de su visita y pasó.
La sorpresa se alzó ante sus ojos. En las escasas veces en las que había estado en aquel despacho nunca había visto, o es que nunca había estado, un óleo historiado que recogía la imagen de un palanquín negro del que asomaba un anciano ciego con una lámpara encendida. No podía creerlo. ¿Podréis creerlo vosotros?
Y, más aún, quien allí se encontraba trabajando no era el señor carvajal, si no un apuesto joven de ojos brunos, negrísimos pero de mirada clara y sonrisa de luz.
-Por fin llegas. Te estuve esperando.
-Pero... si yo sólo venía en demanda de ayuda para descifrar un sello.
-Claro, él lleva tu nombre, tu grafía. Y yo soy su destinatario. ¿Dejarás que se cumpla el destino?
-¿Es que puedo hacer otra cosa?
Los dos jóvenes supieron, entonces, que ya no deberían buscar más.
El tiempo pasó. Elisa se forjó merecida fama como profesora, enseñando a otras como ella, y a otros, que merecía la pena perseguir sueños, atreverse. Y cuando lo explicaba siempre mostraba el colgante de rubí que lucía en su cuello, un colgante que encerraba... un curioso dibujo. Bueno, curioso para aquél que no conociese su historia.
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viernes, 18 de marzo de 2011
Decálogo para ayudar a una persona ciega
Por si en vuestro deambular cotidiano os topáis con un cegato andarín, vayan aquí algunos consejillos para echarle una mano, que el ojo ya os lo echará él _bueno, mejor digamos sonrisa que ojo, faltaría más, claro_.
Ahora bien, no os creáis, de todo hay en la viña del señor y no todos los ciegos somos lo agradecidos y simpáticos que deberíamos ser. En mi opinión, el mero hecho de que alguien te ofrezca su ayuda (aunque a veces sea más un estorbo que un favor), ya es suficiente para ser aceptada y devuelta con un "gracias, guapa; encantado, señor...
1.- Allí no es ningún lugar. No debéis utilizar las locuciones "allí / allá, aquí / acá porque eso no significa nada para quien no ve. Mejor será indicarle con "a la derecha o izquierda, detrás o delante, etc."
2.- Pregunta primero. Antes de ayudarle (tal vez él no lo necesite o no lo desee, pregúntale si quieres que le ofrezcas su ayuda. Normalmente debería decir que sí,pero... nunca se sabe y hacer las cosas sin avisar, por bienintencionadas que sean, no es bueno y puedes ser rechazado de peores o mejores modos.
3.- Déjate coger tu brazo. Aunque lo usual suele ser que, cuando vas a ayudar a una persona ciega, le cojas tú del brazo, eso no es lo correcto. Lo que se ha de hacer es que el privado de la vista vaya un paso por detrás de ti porque, si tú eres el que ve, lo lógico es que tú vayas por delante y además por el movimiento de tu cuerpo sabemos cómo es el terreno que vamos pisando.
4.- El plato se convierte en un reloj. Si vais a comer juntos, puedes explicarle cómo están dispuestos los alimentos en el plato, haciendo uso de la analogía del reloj. A las 12, tal alimento; a las 6, tal otro, etc.
5.- No agarres el bastón. Hay algunos que tienen la mala costumbre de agarrarte el bastón como si de una correa se tratase. Eso da mucha rabia e inseguridad, ya que si así sucede, el invidente pierde la referencia con el suelo a través de la contera o punta. Es como si te tapasen los ojos por un momento.
6.- Los perros guía mucho más que una mascota. Estos animales, tan bien adiestrados y curiosos para muchos, son los ojos de su dueño. Puedes acariciarlos cuando están descansando pero no darles de comer ni distraerlos cuando van trabajando.
7.- Hablar con naturalidad. Nosotros aspiramos a la normalidad y, una forma de ella, es el lenguaje. No tengas prejuicios ni rubor a la hora de utilizar palabras como ver, mirar, etc.
8.- El orden, elemento clave. Para quienes no vemos, necesitamos saber dónde se dejan las cosas y que no nos las cambien de sitio, ya que, lo que con un golpe de vista se localiza de forma inmediata, con las manos cuesta mucho más encontrarlo. No dejes las puertas medioabiertas..
9.- No jugar a las adivinanzas. Molesta mucho eso de que te digan: "a que no sabes quién soy" o "¿me conoces?" Dime quién eres y déjate de jueguecitos.
10.- Salúdame, te lo agradeceré. Puesto que al no verte, si no me dices nada no sabré que has pasado por mi lado. Pero si me saludas, me alegraré sobremanera ya que has querido hacerlo, ha sido un gesto, todo un detalle ya que si no hubieras querido que me enterase de que pasabas a mi lado, no habrías tenido problema en ocultarlo al no verte.
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Etiquetas: Así soy
martes, 15 de marzo de 2011
El valor de la humildad frente a la ceguera de la soberbia
Cuando uno contempla anonadado la fuerza insuperable de la naturaleza causante de tragedias como la del pasado viernes en Japón, cuando te enfrentas a la realidad de no ser capaz de curar tu ceguera, mientras que te repele el hechho de encontrarte con personas que se muestran por encima del bien y del mal, inalcanzables en su trono despótico de supuesto dogmatismo te reafirmas en el valor de la humildad, del saber que todo el mundo es importante y que siempre se tiene algo que aportar, además de asumir la certeza insoslayable de que el ser humano no puede aspirar a constituirse en Dios por mucho que quieran hacérselo creer.
Cuán necesaria resulta esa dosis de sencillez, de llaneza porque, al fin, todos somos limitados.
Y no se trata de apelar a falsas modestias si no a sinceras realidades. No es cuestión de absurdas presunciones, sí de loables alegrías compartidas ante los retos superados.
Qué errados están quienes se arrogan el considerarse más que los otros, invencibles, inalcanzables porque cuando menos lo esperen alguien o algo para lo que no se encuentran preparados les obligará a lamentarse de esa actitud. Más aún, deberán hacerlo con dolor y pérdida.
Dar valor a lo que uno es y va consiguiendo, sí; mas pretender dárselo de forma superlativa, grosera, no.
Esto me ha enseñado la realidad que me rodea y mi realidad de ciego.
Y además, el premio que se recibe por semejante conducta es el reconocimiento sincero frente al alago gratuito, la adulación.
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Etiquetas: Reflexiones
domingo, 13 de marzo de 2011
Paloma
Con mis mejores deseos de que otra semana más sea dichosa para todos.
Que os guste.
A Paloma, Palomica, no le apetecía nada arrimarse a las paredes de cemento. Le gustaba más hacerlo a la calidez del muro de yedra del jardín en que fuera a haber parejas de enamorados o soñadores con hambre de lecturas.
Y es que Palomica, con sus calcetines a rayas de colores, sus vestidos de lunares y sus gorros de hada, se aparecía en aquellos refugios. ¿Que cómo lo hacía? Pues cómo ha de ser: montada en una escoba.
Ejecutaba su vuelo con la maestría que dan los siglos y la pericia que ofrece el interés de saberse necesaria.
Sí, ella sabía que lo era porque cuando no apadrinaba los encuentros jardineros, el aroma de las flores perdía lozanía, intensidad, y los visitantes salían con sus espíritus amustiados sin que pudieran explicarse el motivo. Ellos no podían, pero ella sí. Sabía que la llama de la magia y la pasión únicamente se prendía con su presencia.
Que no la vieran, no le importaba porque lo esencial resultaba ser el efecto que lograba hasta que un día todo cambió. Alguien la vio y entonces, entonces dio comienzo el final.
Un pintor al que decían loco se sentó una tarde de primavera en el banco que quedaba frente a la entrada del Jardín de los Suspiros. Se proponía plasmar el guiño del sol cual caballero que lo haría, galanteador, ante las bellas damas de su mundo, a los arriates de flores a la hora del ocaso.
Levantó la vista para retener en la retina los colores que debería elegir y entonces contempló cómo, en lo alto del muro se posaba una figura bien extraña, subida a una escoba y con calcetines a rayas verdes, rojas y amarillas.
Decían de él que era el loco porque era capaz de percibir lo que a otros se les escapaba y no alcanzaban a comprender. Mas no era tal. Simplemente era sensible y de alma libre.
Se dijo que si hablaba de aquello se ganaría definitivamente la reputación de orate. Aunque, por otra parte, qué más daba. Si no era por esto, sería por aquello. Ya no había remedio.
Así que se puso a observar y pintar. Conforme iba formando, en su cuaderno de dibujo, la ilustración perseguida,algo increíble comenzó a suceder.
Era como si la estuviese atrapando. No era capaz de apartar su mirada porque la figura de la tapia se diluía conforme la trazaba con su mano experta.
¿Era posible, se dijo_ que la capturara? ¿Y si así lo hiciese, ¿qué supondría eso?
Terminó su trabajo y marchó para casa, satisfecho de lo logrado. Es más, sentía que algo había cambiado en su interior.
Al día siguiente, cuando desayunaba en el bar de siempre su té y su croissant a la plancha, oyó cómo alguien relataba un extraño acontecimiento. Habían hallado abandonada una peculiar escoba en lo alto del muro del Jardín de los Suspiros.
Tiempo después se seguía recordando el sucedido porque, curiosamente, además, desde aquello, los jardines del lugar habían dejado de ser visitados. Nadie se explicaba la causa o razón, teniendo en cuenta que era la temporada propicia para disfrutar de ellos.
El misterio siguió siéndolo hasta que, al año siguiente, otra tarde, a una niña que siempre solía estar sola, no la aceptaban por su diferencia _era ciega_, una hermosa paloma se le posó en su hombro y, con el lenguaje universal de la fantasía, le susurró una historia que hablaba de un hada que volaba en una escoba y un pintor que la había atrapado.
La niña, de nombre Eva, sonrió y comprendió. Al fin podría ser dichosa porque la aceptarían, sabrían que su personita también conocía algo que los demás necesitaban y lo que era mejor, sabía cómo proporcionárselo.
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sábado, 12 de marzo de 2011
Sentirse bien
Sin ánimo pretencioso, pero sí con la intención de animar, querría contaros mi última experiencia como amo de casa y hacerlo, cómo no, en clave de humor y que ayude a crearos una sonrisilla, que para eso es sábado noche y hoy ha sido uno de esos días en los que uno se siente bien, se nota querido y aceptado. Todo un lujo, un regalo y un estímulo para este cegato vuestro.
Pero vayamos a mi última andanza doméstica.
Llego el pasado miércoles a casa a la hora de comer, tras mañana intensa de trabajo y, oh sorpresa, no tengo luz. Primera pregunta: ¿cómo te das cuenta, cómo ves, si no ves, que no hay luz en tu hogar? Es que, como animal de costumbres que es uno, lo primero que hago a esas horas es poner la radio y ese día no funcionaba. El microondas donde caliento la comida, tampoco. La nevera no se oye. Nada, que los aparatos no van.
¿Qué hacer? Mirar a ver cómo están las palancas del diferencial, el automático. Ya está, hay una bajada. ¿Por qué?
Pido auxilio al portero. La respuesta no se hace esperar. La causa de esa bajada de palanca (que node pantalones) es la nevera que en cuanto la conectas a la corriente hace clic, que salte.
Así que nada, nevera nueva al canto.
Pero claro, las cosas no suelen suceder en momentos favorables, si no cuando les apetece, seguramente con intención de tocar las narices. Tengo que marcharme para impartir el taller de lectura y encima no llevo imprimidos los textos que he preparado porque el día de antes se me olvidó grabar el archivo en el cacharrito donde los llevo a la ONCE para imprimirlos y cuando me dispuse a hacerlo, resulta que me quedé como el gallo de Morón (cacareando y sin plumas). Así que esa tarde de miércoles he de salir corriendo y, mientras tanto, los suculentos alimentos tan amorosamente cocinados por mamá, descongelándose _tic tac tic tac_. ¿Qué hacer? Ya me veía aplicando aquella máxima de “la del pobre: reventar, antes que sobre”.
Pero no, se me ocurre una idea luminosa: pedirles a los del bar de abajo, donde acostumbro a vermutear, que me hagan un hueco en su congelador (oigan, no para mí), si no para que me los guarden. Y allá que me voy con mi bolsa de viaje repleta de menestra, arroz, carne guisada y demás. Quién le iba a decir a una bolsa hecha para viajar que le tocaría transportar cajas congeladas. En fin, vivir para ver.
Al día siguiente, jueves, me toca ir de compras neveriles. ¿Cuál elegir? ¿Cabrá en el hueco dispuesto al efecto en mi cocina? ¿Y si me lo han medido mal? En fin, ya se verá.
Que si llévese ésta, que si llévese la otra, que aquélla tiene tal o que si ésta tiene cuál. Y yo qué sé. Con tal de que congele bien y de que refresque convenientemente, ya me vale.
Llega el viernes, me la traen en medio del aguacero y me dicen que de enchufarla ya, nada. Que he de esperar a que el gas se estabilice (¿gas? ¿Qué gas? Si yo lo que he comprado es una nevera, no un globo aerostático). Al menos, las medidas habían sido las correctas.
Me dijeron que se encendería una luz indicando la temperatura, que sólo era cuestión de apretar un botoncito para poner la elegida. ¿Y yo qué sé cuál he de poner? Ale, vete a buscar a un vecino para que te lo indique. Llamo a una puerta, no contestan; llamo a otra, tampoco; a la tercera va la vencida. Viene el chico y me dice: si ya está puesto y en marcha. Tócate los pelendengues y yo buscando a un vecino cuando ya lo había solucionado por mi cuenta.
Y nada, esta mañana vuelta al bar a recoger los congelados y a organizar las cosas.
¿Y sabéis qué os digo? Que estoy muy contento con mi nevera nueva. Así que si os animáis os invito a su inauguración poniendo a refrescar una botellita de… o un sorbete.
Y todo esto lo he hecho yo solito. Qué mayor, que bien me siento. Ser uno más, ser autónomo, valerme por mí mismo.
Larga vida a la nevera.
Publicado por Alberto en 10:36 p. m. 4 Dejaron su huella
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